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Lector profano

 

Para graduarse de poetas o escritores no hay escuelas ni centros superiores. Ellos se forman en la universidad de la vida, por eso a estos dos oficios les tengo mucho respeto. Me causa pavor cuando me llaman escritor, cuando mejor sería que me llamen lector. Sí, antes que nada me considero lector y me gusta leer. Dicen que quienes no practican ni son amantes de la lectura, no pueden ser escritores ni vivir rodeados de libros. Leer es, antes y después que las mujeres, la pasión más hermosa de la vida. De hecho, leer también puede resultar una de las aventuras más creativas, aunque “el lector es como el ama de casa que no recibe reconocimiento ni sueldo alguno”. La recompensa se la lleva como un sello en el alma. Al decir de George Steiner, “leer bien es contestar al texto, ser equivalente al texto”. Y Andrés Boersner  afirma que “Borges no sería nada sin sus lecturas, vale decir, sin sus precursores”.

 

Me interesa la literatura que nos subvierte el orden interno, que nos interroga irreverente, que nos persigue con sus imprecaciones y maldiciones. Hay libros que nos estremecen por sus palabras y hay poemas que no entendemos ni michi; otros libros que nos sulfuran por su inteligencia, con ellos estamos en constante diálogo y discusión, sin duda estos son los mejores. Estos libros tienen la peculiaridad de estar en incesante metamorfosis con cada nueva lectura. Estos libros-reptiles, porque cambian la piel cada vez que nos sumergimos entre sus páginas, me gustan sin contemplaciones. Esa es la literatura que me seduce y encorajina. Aquella literatura que nos arregla la vida y nos encasilla en la modorra de la rutina no son de mi preferencia. Entonces, todos están advertidos...

 

Aquí dejaré testimonio de lo que leo, lo que mis amigos leen, o sea, de lo que yo no leo...