
Tertulia Literaria La Ambulante
Saludamos a todos los tertulianos y tertulianas en general,
La Tertulia Literaria La Ambulante se realiza en Colonia/Köln (Alemania) el cuarto viernes de cada mes a partir de las 20:00 horas.
Invitación actual de la Tertulia: ver aquí
¿Quieres tomar contacto con la gente de la tertulia? |
|
![]() | |
El escritor peruano Eduardo González Viaña. |
por Eduardo González Viaña
Mi novela de ese nombre acaba de aparecer en Estados Unidos. Todo en ella es virtual. Se distribuye a través de Amazon.com, la mayor librería digital del planeta. En cualquier punto del planeta, se puede adquirir “El amor de Carmela…” y recibir el libro en dos o tres días. También es posible adquirir derecho a su lectura a través del electrónico Kindle.
Además, en la próxima semana he sido invitado a hacer unas 10 presentaciones virtuales en diversos clubs de lectura de este país a través de video-conferencias. Por fin, para el próximo semestre, estoy invitado a ofrecer un Seminario Doctoral sobre éste y otro de mis libros en la Universidad de Sevilla. Con lo que me gusta Sevilla…!eso por supuesto que no será virtual!
A pedido de algunos amigos, les presento unos fragmentos de “El amor de Carmela me va a matar”. Como les he contado antes, la protagonista es una guapa aunque otoñal sudamericana que ha descubierto el amor d su vida en la pantalla del chat. En los fragmentos que vienen, se cuenta su primer día de amor en San Francisco.
Chuck Williams era el hombre con bastón que, en la sección de equipajes del aeropuerto, alzaba un cartelito con su nombre. El amante de internet se le materializó con blue jean, saco negro, bastón ortopédico, palidez extrema, ojos inmensos y nariz bien proporcionada. ¿Robert Duvall? ¿Era el doble de Robert Duvall? ¡Sí y no!... Era el actor mismo en persona.
Cuando terminó de soñar, le pareció que, en conjunto, era un gringo bastante maduro pero bien plantado. Lo que no terminaba de gustarle era su barba que parecía teñida porque, en contraste con su cabello plateado, lucía un intenso color negro y emitía destellos azules.
Un taxi los llevó hasta una estación del tren. Allí, luego de casi una hora de viaje, descendieron en una estación cuyo nombre Carmela olvidó de inmediato. A la salida, tomaron otro taxi. El carro enrumbó luego hacia un lugar que se hallaba quizá en los suburbios o en un pueblo colindante. No entraron en el downtown de San Francisco ni Chuck le explicó por qué lugares estaban pasando. Atravesaron terrenos industriales deshabitados y por fin ingresaron en un parque con algunas casas. No había veredas ni se veían parroquianos. Se detuvieron frente a una casa de madera de un solo piso, y allí su novio estadounidense le dijo al oído:
—Home, sweet home!
------------------
El amor iba y volvía, y no tardaba en repeirse. En un momento de descanso, Carmela se miró en el espejo del baño. Tenía los ojos que ostentan las personas deslumbradas por el amor. Ella parecía fascinada; él, asustado. El ritmo parecía imponerlo ella. No hablaban. Por fin, él se decidió a pedirle que descansaran un poco.
—Es necesario, ¿sabes?...
—¿Necesario?
—Esto desgasta.
—¿Desgasta?... Te estás asustando, mi niño. No te asustes. Ten calma.
—Estaba pensando.
—¿Sí?
—No pensaba que llegaríamos hasta esto.
—¿No pensabas que seríamos amantes?
—¡Oh, no, claro que pensaba que lo seríamos!... Pero no de inmediato ni con tanta frecuencia...
Carmela volvió a darle palmadas en los hombros y en la cabeza.
![]() |
Varias horas después, mientras se servían unas tazas humeantes del café que ella había traído de Colombia. Chuck mostró entonces su rostro serio.
—Pasemos a lo práctico —le dijo y le entregó un papel en el que se hallaban escritas las instrucciones para administrar la casa.
—Léelo, por favor. Ya sé que entiendes el inglés, pero lo he hecho traducir en la computadora para que todo esté muy claro. Léelo en voz alta.
Carmela leyó:
«1. Todo el mundo se levanta a las seis de la mañana.
2. Hay que regar los maceteros de la sala y desempolvar los muebles.
3. Antes del desayuno, dar de comer a los peces.
4. Abrir la puerta y desenchufar las alarmas.
5. El camión de basura pasa los jueves. El de reciclaje, los viernes.
6. Hay que hacer las camas inmediatamente después de levantarse.
7. Tu dormitorio es el pequeño de al fondo».
Repitió la ubicación del dormitorio y le preguntó si eso era una broma. Por toda respuesta, Chuck sonrió.
—No. No hay broma alguna. Dormiremos separados. Entre los latinos machistas, las parejas duermen juntas y se considera obligatorio que haya contactos entre ellas. En este país, las personas políticamente correctas no lo consideramos correcto ni saludable ni limpio.
En volumen más bajo, el aparato de música repetía incansable:
«Ya me voy pa’ La Habana/ y no vuelvo más.
El amor de Carmela/ me va a matar.
![]() |
«8. Preparar el desayuno para ser servido a las 6:30 de la mañana.
9. Limpiar los pisos de la cocina y de los dos baños.
10. El almuerzo debe estar servido al mediodía y consiste en un sándwich, fruta y yogur.
11. La cena se toma a las seis de la tarde. Incluye carne, verduras, papa y ensalada.
12. Los platos y cubiertos deben ser lavados inmediatamente después de ser usados.
13. Hay que dar de comer al gato cada mañana y, por las tardes, limpiar los excrementos que deja en su canasta.
14. Dos veces por semana, se hace jardinería.
15. Limpiar el refrigerador semanalmente.
16. La lavadora y la secadora están al lado de tu dormitorio. Hay que limpiar el filtro de la secadora cada cinco días.
17. Tendrás un pequeño televisor en tu cuarto, pero debes mantener bajo el volumen y apagar el receptor a las diez de la noche.
18. Tendrás que lavar mi ropa dos veces por día porque padezco de incontinencia».
Carmela releyó en voz alta la instrucción número 7: «Tu dormitorio es el pequeño de al fondo».
Tal vez pensaba que Chuck le estaba jugando una broma y le sonrió, pero no encontró una sonrisa de vuelta. Entonces se le insinuó. Caminó como una gata en torno de él y lo olisqueó. Por toda respuesta, el gringo hizo girar su silla de ruedas y continuó mirando el partido de béisbol en la televisión.
Para ver un video de “El amor de Carmela me va a matar” haga “clic” en: http://www.youtube.com/watch?v=LAjWxmiI2PQ
Para conseguir el libro en Amazon: http://www.amazon.com/El-amor-Carmela-matar-Spanish/dp/1452808953/ref=sr_1_5?ie=UTF8&s=books&qid=1272438659&sr=8-5
![]() |
por Eduardo González Viaña*
-¿Es un pájaro?
-¡Es un avión!
-No, hombre. Es un mojado.
Luego de este diálogo inicial, el coro de “Los Tigres del Norte” canta:
Llegó del cielo, y no es un avión.
Venía en su nave, desde Criptón,
y por lo visto, no es un “americano”
sino otro igual como yo, indocumentado.
Así es que, Migra, él no debe de trabajar
porque aunque duela, Supermán es ilegal.
La ley racista de Arizona no es sino la punta del iceberg. La verdad es que en uno y otro lado de los Estados Unidos, los sectores derechistas se han radicalizado y, además de querer empujar este país hacia doscientos años atrás, están deseosos de convertir la vida de los inmigrantes “hispanos” en un infierno.
En Arizona, a partir de la nueva ley de inmigración, resulta sospechoso cuando no prohibido hablar castellano, expresarse con acento extranjero, tratar con inmigrantes e incluso tener rostro de indocumentado aunque la gobernadora del estado, Jan Brewer no ha podido decir a los periodistas cómo es exactamente esa imagen.
Tan radical y expeditiva es la ley que el propio gobernador de California se ha asustado. El fornido actor de Terminator, Arnold Schwarzenegger, un austriaco nacionalizado estadounidense, ha declarado que no volverá a viajar a Arizona porque –debido a su fuerte acento- podrían apresarlo.
![]() |
De otro lado, Sarah Palin visitó recientemente el estado para expresar su apoyo a la nueva ley, y no pierde ocasión para asegurar que el mejor trato para los hispanos es ponerlos en la frontera con México. Como se sabe, la frustrada candidata republicana a la vicepresidencia, al ser entrevistada por la periodista Katie Couric, no pudo recordar cuáles son los tres países que forman parte de Norte América. Además, comparte con el pasado presidente George W. Bush la posibilidad de hablar con Dios quien, según ellos, les ha ordenado tomar algunas decisiones históricas.
Ya en nuestros tiempos la campaña no es tan sólo contra los que entran ilegalmente, sino contra todos los latinoamericanos quienes, según sus detractores, son una amenaza para la cultura y la identidad “americanas”. Eso se advierte en las palabras del republicano de Arizona, J.D. Hayworth, quien reclama una “moratoria en la inmigración legal procedente de México.”
De su parte, el representante de Colorado también republicano Tom Tancredo califica a Florida como un país del Tercer Mundo, lo cual evidencia que la campaña antiinmigrante es decididamente racista. Tancredo, nieto de inmigrantes latinos, pasa por alto el hecho de que los cubanos de Florida son legales y que ese estado es uno de los más prósperos y desarrollados del país.
En esas circunstancias, los inmigrantes (debo decir, los nuevos, porque éste es un país de inmigrantes) cuentan con el soporte de la gente civilizada y progresista que se ha expresado en multitudinarias manifestaciones en casi todas las ciudades del país. Pero tienen de su lado algo más, y es el humor, la chispa, la gracia y el genio de “latinos” como los “Tigres del Norte” y otros grupos como los “Hermanos Ortiz” según los cuales Supermán es tan ilegal como cualquier otro indocumentado porque entró por el cielo, no tiene pasaporte, ni visa, y ni siquiera licencia para volar.
Cuentan, además, con la inocencia y la valentía de la niña peruana que –cuando la esposa del presidente hablaba en su escuela de una inmigración legal y ordenada- la interrumpió para decirle:- ¡Pero mi mamá no tiene papeles, señora Obama…!
Dejemos que Supermán siga volando:
No tiene mica ni permiso pa’ volar.
Y les apuesto que ni seguro social.
Hay que echar a Superman de esta región
y si se puede, regresarlo pa’ Criptón.
![]() |
Cuando nací, nadie me dijo que arrancar el cordón umbilical de un mordisco podría provocar una desgracia; nadie me advirtió que cuando anocheciera -en la clínica- vendría el cuco al que todos los niños y sus madres temen; tampoco me hablaron del amor, el dolor o el odio; y si acaso alguien se aventuró a conocer mi alma e intentar amarla cuando estuve grande, quien sabe fue porque le resultó imposible resistir la mirada triste (y de niño-suicida) que siempre tuve.
Nadie conoce tanto los secretos de mi soledad como los que se han acercado a mi poesía; y hablo no sólo de los poemas que han surgido de ésta mi cabeza é libro (así me dicen en los bajos fondos), sino también de aquellos que se han constituido en mis siempre vivas lecturas y en experiencias vitales. a Tere -mi madre- por ejemplo, jamás le sugirieron en su momento echar a la basura el biberón y el andador obsoletos que mi difunto padre adquirió para su pequeño vástago, tampoco comprar periódicos, libros y revistas que ella jamás leería y esparcirlos -como juguetes- sobre los muebles de la sala. De ese tiempo proviene –ahora lo sé bien- mi impureza, mi pasión, el estar harto de ser yo, el vicio éste que me conduce a la muerte.
En el tiempo en que nací, en casa nadie hablaba de poesía sino de la turbidez del aire, la buena pesca, las huelgas de los obreros y de la ropa húmeda tendida en los cordeles, apestando; cuando era niño, mamá iba y venía de su oficina haciendo sonar sus tacos desde lejos y dotaba mi mundo de alegría a su llegada, de pequeñas sonrisas con hoyito dibujadas en los cachetes de cuando se es tierno, cuando provocamos nuestro primer incendio –inextinguible- en la cabecita de los fósforos recién hurtados y no se sospecha aún nada malo de la vida.
Quien les habla -o les escribe- no tiene nada sino poesía para justificar la vida. Eso es lo que soy y ésto es lo que he escrito. A estas alturas, es evidente que no me importa o no sé cómo demonios terminar de darle forma a esta especie de introito absurdo, y no me avergüenza decirlo; al contrario, me enorgullezco de ello. Supongo que si hubiese hablado ahora mismo en difícil me hubiera otorgado cierto caché o valor agregado ante los lectores, y si hubiese citado algunos autores y obras clásicas o si las hubiese analizado, interpretado y comparado -de refilón- con mis poemas, a la luz del existencialismo, la semiótica, la hermenéutica, el psicoanálisis y los patrones o vanguardias existentes, otra sería la impresión que dejaría a quienes aún persisten en la lectura de esta nota introductoria y anodina que he titulado de manera subrepticia en honor a una vieja pero querida canción y a su antigua filosofía.
En realidad -y aunque nadie me crea- pasaba de casualidad por esta esquina (por acá ando a veces, cuando no estoy en Twitter). Pasaba y sólo quise detenerme un toque a pedir prestado un lápiz y decir algunas cosas que siempre quise decir pero nunca pude (en verdad jamás me dieron espacio). Pasaba por esta calle para asomarme a alguna ventana abierta de descubrimiento o de confirmación. Quien sabe en el fondo no intentaba sino aprovechar la página en blanco para ejercitar el desapego, el silencio y el desprecio por el orden de esta podrida sociedad en la cual sobrevivimos; quien sabe sólo quise solidarizarme con los hombres y mujeres que padecen en la poesía la más horrible variante de la soledad: la soledad del que ni siquiera se tiene a sí mismo; tal vez me acerqué a ustedes para confiarles que a veces uno aspira a escribir un libro que se comente a sí mismo, que constituya una declaración sin palabras (y muchas veces se fracasa).
Así -como se colige-, yo no soy nadie para decir línea alguna sobre mi poesía ni sobre la poesía de nadie; el tiempo, la crítica y los verdaderos lectores dirán si “Poquita fe” está vivo o si nació muerto, si es poderoso y capaz de promover el pensamiento y la discusión o si para nada sirve y urge echarlo a la hoguera (que se lo lleve el camión de la basura), al olvido. Decirles nomás que los poemas incluidos en esta apretada selección personal (una pieza más de mi prontuario) fueron escritos con el espíritu subversivo que siempre ha conducido mi existencia, decirles que el presente es lo único que tenemos y es lo único que hay (like the song), y que como bien señala Cioran -viejo pata, mejor amigo-, sólo es subversivo el espíritu que pone en tela de juicio la obligación de existir.
Introducción de "Poquita fe". Bisagra Editores. Huancayo, 2010.
![]() | |
Hernán Rivera Letelier / Foto Bernardo Pérez. |
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid
"Cada página es comestible y cada palabra se respira, pasa a los pulmones, a la imaginación, al pensamiento". Esto ha dicho Manuel Vicent, presidente del jurado del XIII Premio Alfaguara de novela, sobre El arte de la resurrección, la novela ganadora de esta edición. En ella el escritor chileno Hernán Rivera Letelier cuenta la historia del Cristo de Elqui, un personaje real que en los años cuarenta recorrió Chile anunciando el fin del mundo. Esta mañana, en la entrega del premio, Vicent ha destacado el sentido musical de Rivera Letelier y ha señalado que la historia que el autor de Antofagasta cuenta en su novela es "actual", pero también "medieval o renacentista o de cualquier época porque las pasiones que retrata no han cambiado a lo largo del tiempo". La peculiaridad en el caso del libro ganador es que "estas pasiones están diluidas en las historias del desierto".
Tras las palabras de Vicent, Ignacio Polanco, presidente del grupo Prisa, ha hecho entrega a Hernán Rivera de un premio que consiste en 130.000 euros, una escultura de Martín Chirino y, como reza su lema, "400 millones de lectores". Desde mañana mismo, al ganador le espera una gira que le llevará hasta otoño por toda América Latina. En estos días, de hecho, Andrés Neuman, ganador de la edición de 2009, publica Cómo viajar sin ver (Alfaguara), su particular diario de ese maratoniano periplo.
Este año, además, Polanco entregó a Rivera Letelier un libro electrónico con la versión digital de El arte de la resurrección. El Alfaguara se convierte así en el primer galardón literario que se publica en España en ese formato. Esa versión estará disponible para los lectores a finales de este mes en la plataforma Libranda, que reúne, entre muchas otras, a grupos editoriales como Santillana, Planeta y Random House Mondadori y que será presentada en público el próximo 8 de junio, durante la Feria del Libro de Madrid.
El sobrio acto de entrega del premio Alfaguara lo ha cerrado el propio premiado con unas palabras en las que ha reconocido su sensación de "ser un impostor" y su temor de que "un ejecutivo de Alfaguara" le tocara en el hombro antes de mandarlo de un "puntapié" a su país, a su desierto. Hernán Rivera Letelier ha recordado también que fue su madre la primera persona a la que oyó hablar del Cristo de Elqui, un personaje que fue apareciendo en varias de sus novelas hasta alzarse con el papel protagonista en El arte de la resurrección. "Venís más descachalandrao que el Cristo de Elqui" fueron las palabras de su madre. Él venía sucio y desastrado de jugar en ese desierto que para el escritor fue su patio de juegos y su territorio mítico: "El desierto de Atacama es mi Comala, mi Macondo, mi Santa María".
![]() |
Publicación de España incluye todos sus relatos. La edición La palabra del mudo reúne también sus cuentos olvidados, desconocidos y un inédito.
por Carlos Villanes Cairo. Madrid.
A más de 80 años de su nacimiento y a 15 de su viaje definitivo, Julio Ramón Ribeyro es un valor en alza y la crítica lo integra en la trilogía más importante de los cuentistas hispanoamericanos junto a Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Es motivo de homenajes y coloquios internacionales, se reeditan sus libros y su figura de clásico de la narrativa corta en español ya nadie discute. En el Perú, la obra de Ribeyro no tiene parangón en el relato breve, salvo en el siglo XIX con la de Ricardo Palma. Ambos tienen a Lima como gran escenario, pero bajo maneras diferentes de sentir e interpretar la esencia humana y social de la vida.
Sus “cuentos completos” aparecieron por primera vez en España en 1994 y luego en el 2000, con varias reediciones, pero es ahora cuando la salida de La palabra del mudo (Barcelona, Seix-Barral, 2010, 1035 pp) parece haber tocado techo. Incluye 6 cuentos olvidados, 3 desconocidos y un inédito, además de los agrupados en sus 8 libros que van desde Los gallinazos sin plumas (1955) hasta Relatos santacrucinos (1992). “Surf”, que permanecía inédito, fue el último cuento que escribió Ribeyro, el 26 de julio de 1994, 5 meses antes de su muerte. Bernardo, un sexagenario barranquino, se instala en su nueva casa y en su soledad, invita a jóvenes amigos, aunque su ansiedad no se calma porque descubre la belleza y gracilidad de los surfistas, de los que montados en una tabla desafían a las olas y a la muerte contra los acantilados. El hombre, de total factura ribeyriana, sube a una tabla y cabalga hacia la eternidad.
![]() |
Los “cuentos olvidados” de Ribeyro y ya publicados en La palabra inmortal (1995), editado por Jorge Coaguila: “La vida gris”, la historia de un hombre que de la cuna a la tumba siempre fue nadie; “La huella”, la persecución de un reguero de sangre que conduce al protagonista a descubrir su propia muerte; “La careta”, a falta de una máscara Juan se pinta la cara y finalmente obligado a quitársela le desgajan la piel con un final espeluznante. “La encrucijada” –un viajero busca la ciudad soñada, llega a la intersección de un camino y se equivoca, como todo en su vida– es el cuento más bello, simbólico y logrado del conjunto. “El caudillo” es el relato de un hombre obligado a ser solidario por su musculatura, y en pago recibe el desdén y la burla. Y “El cuarto sin numerar”, el retorno onírico de un adulto a su niñez, con un testimonio material traído del más allá. Todos ellos, escritos entre 1949 y 1956, no aparecieron en su primer libro.
Entre los desconocidos figuran: “Los huaqueros”, 4 buscadores de tesoros son descubiertos por la policía que en vez de arrestarlos los animan y al no descubrir nada huyen; uno de ellos se lleva, muy feliz, del aparente botín, un cajón de madera para hacer leña. “El abominable” es el principio de una novela inconclusa, sobre un supuesto hombre de las nieves en la sierra central; y “Juegos de la infancia”, un fragmento de la autobiografía de Ribeyro no incluido en su libro, tal vez por el tinte racistoide de “los cholos que hollaban su espacio.” (p.1016). Sencillo, agudo, poético, desencantado vocero de los seres anónimos y anodinos, diseccionador genial del hombre gris, Ribeyro es un clásico en ascenso.
![]() | |
Fedor Dostoievski |
por Gustavo Benites Jara
Entre los libros de mi preferencia abundan las biografías. Tal vez sean mis lecturas favoritas porque en ellas busco la novedad que toda vida tiene, por oscura que parezca. Las biografías, las autobiografías y los diarios íntimos nos muestran seres humanos muy complejos. Hay algunos apasionados, trágicos, sombríos, luminosos, extraños a todo esquematismo: Agustín de Hipona, Vallejo, Dostoievski, Nietzsche, Pascal, Kierkegaard, Teresa de Jesús, Francisco de Asís, Dante, Thomas Merton. Otros parecen como demasiado fríos en su vida: Aristóteles, Kant, Hume, Spinoza, Hegel.
Una biografía para ser buena debe ser el retrato interior de los biografiados: sus búsquedas, su evolución espiritual, sus desgarramientos, su pasión. Además, desarrollar la influencia que recibió de la sociedad y el modo cómo influyó en ella. Esta relación dialéctica es imprescindible, de lo contrario tendríamos un biografiado sin historia, sin el humus de su tiempo, sin el olor ni el sabor de sus campos, de sus campanarios o de su jungla de cemento en los que discurrió su trajinar.
![]() | |
Dante de Andrea del Castagno (1450) |
Hay biógrafos demasiado estúpidos, entre ellos tenemos a determinados hagiógrafos que nos pintan santos deshumanizados, decadentes y afeminados. Hay otros, que no pasan de ser superficiales y vulgares cronistas de unas cuantas anécdotas del personaje.
Las biografías son lo único que no se repite. Solo en la vida total, en el devenir existencial de la persona, hay una auténtica originalidad. Por ello las buenas biografías jamás aburren, aun cuando sea la misma biografía escrita por diversos autores: es que la riqueza humana es muy amplia. En ese sentido es falso lo que afirma Oscar Wilde: que ni en el pecado se puede ser original. Al contrario, diría que se es original en tanto las motivaciones profundas no se repiten, y aunque se repitieran, el espíritu, la experiencia humana es única y por ella pasa todo; por eso, hay esa impronta de novedad en toda vida.
![]() | |
Blaise Pascal |
Cierto es que existen hombres estandarizados, que viven como materia prima de fábrica: se les mete en la vida y van a dar al otro lado sin haber vivido creadoramente. De ellos dijo León Bloy: “Ah, bien sé yo que hay muchos animales llamados racionales que parecen haber vivido sesenta u ochenta años, y a los que un día se les lleva al cementerio sin que jamás hayan logrado salir de la nada. Muchos de ellos hasta han sido famosos en su viaje “del útero al sepulcro”. Sin embargo, en ese viaje, León, los infinitos instantes de cada vida son únicos, originales e irrepetibles.
Cada vida y sus instantes tienen una inconmensurable riqueza. ¿No lo demostró James Joyce en su novela “Ulises”? ¿Y de esa riqueza oceánica no tuvo conciencia el evangelista Juan cuando escribió: “Jesús hizo muchas otras cosas, tantas que, si se escribiera cada una de ellas, creo que no cabrían en el mundo todos los libros que serían escritos”?
![]() | |
Academia de la Lengua Española en Madrid. |
por Gregorio Martínez
En carácter de exclusiva, Gregorio Martínez envió al blog de Rodolfo Ybarra la siguiente colaboración sobre una palabra de uso popular (todavía recordamos las variantes: chulapi y chupila); y ojalá los miembros de la Real Academia Peruana sugieran la inclusión de esta "incómoda" y "malsonante" palabra en los próximos diccionarios. Ahora, luego de algunas consultas, lo reproduzco, antes, por internet consulté la página de la Real Academia Española con el resultado que también dejó aquí para su información.
¡DE PELÍCULA!, así como exclamaba el cantante cubano Rolando Laserie que usaba una gorrita tumbada sobre los ojos que luego imito Alfredo Bryce y en seguida el poeta Roger Santibáñez. El caso es que la Real Academia de la Lengua hace gala de un rico coño peludo, pues contiene en sus páginas la palabra respectiva, coño, aunque marca al vocablo con el estigma de que se trata de una "voz malsonante", pero en el colmo del prejuicio cultural, el Diccionario oficial de la institución que norma el idioma no tiene pichula. Esta palabra, pichula, brilla por su estentórea ausencia en las páginas del lexicón de la Real Academia.
En el espacio que debería ocupar la palabra pichula, el Diccionario muestra un páramo semejante al que exhiben en la entrepierna los muñecos de juguete, no los de consuelo. Consuelo Velásquez, la autora del bolerazo Bésame mucho. Entonces, si el Diccionario carece de pichula, ¿cómo folla el susodicho calepino con la señorona Real Academia? ¿Cómo hace el mataburro para desbrozarle el matorral al rico coño de la institución académica?
Señores de la Real Academia, déjense de gilipolleces y pongan el vocablo pichula en el lugar que le corresponde, allí donde encaja con toda su extensión, y con sus dos acepciones, la que le atañe al puro nervio, a la guasamaya (de guasa, peje caribeño), y la segunda que se refiere a una variedad de paloma torcaza, con cuya carne fina sobrevivió el Cholo Cirilo Cornejo, en los años 30, cuando huyó a la ceja de selva después del levantamiento revolucionario de Huancavelica, en el cual aniquilo a las autoridades y a sus fuerzas represivas.
![]() |
Miembros de la institución que fija, pule y da esplendor al idioma castellano, no sean miedosos, no se amilanen (¿milán o chancay?) al igual que Mario Vargas Llosa cuando, por temor al generalísimo Franco y al fantasma de Torquemada, cambio el título Pichula Cuellar por el tibio y cojudazo Los cachorros. Y de paso, señores académicos, quítense de la mente eso de "voz malsonante". Desde los tiempos de Ferdinand de Saussure, a principios del siglo pasado, la ciencia lingüística nos viene diciendo que en los idiomas no existen voces malsonantes ni buenas ni malas palabras.
Conforme al actual Diccionario de la Lengua Española, publicado por la Real Academia, el vocablo pichula tendría que encajar, ¡qué rico!, en el espacio después de "pichona" y antes de "pichuleador" y de "pichulear" y de "pichuleo" y de "pichulero". Curioso, el Diccionario de la Real Academia menciona una retahíla de acciones pichulescas, pero no incluye al sujeto agente, a la pichula. ¿Cómo puede haber pichuleo y pichuleador sin la existencia de pichula? Cojudismo puro de la institución académica que anacrónicamente registra decires del lunfardo (dialecto argentino) que ya perdieron vigencia y ni siquiera señala este hecho.
Según la Real Academia, pichulear significa engañar, sacar pequeñas ventajas en compras o negocios. Eso se llama sencillamente sisa. Antes, cuando existía la pulpería de la esquina, cada chiquillo y chiquilla eran expertos en sacar sisa cuando los enviaban a comprar. Pero el verdadero pichuleo ocurría cuando uno se encontraba en el urinario de un bar con alguien como el poeta Juan Ojeda que, inspirado, proponía una topadita de pichulas.
El artículo apareció en: http://rodolfoybarra.blogspot.com/
Como no me poseo, al estilo de Chupaca, el diccionario de la Real Academia Española, he recurrido a la página web de la RAE y me encontré con esto:
y buscando la palabra pichula, decía lo siguiente:
pichula. 1. f. vulg. Chile y Perú. pene. |
|
![]() |
Víctima de un cáncer falleció el periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez, quien fue columnista de los diarios LA NACION, The New York Times y El País de España.
Eloy Martínez empezó su carrera como corrector en La Gaceta de Tucumán, provincia que lo vio nacer en 1934. "Si cuidás el lenguaje, la ética viene en consonancia, porque la responsabilidad empieza por la herramienta que manejás", había dicho en una entrevista publicada en El País a propósito de esa experiencia.
En 1991 participó en la creación del periódico Siglo XXI en Guadalajara, México, y del suplemento Primer Plano en Página 12 . Dirigió durante muchos años el programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, de Nueva Jersey, y fue uno de los referentes de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su entrañable amigo Gabriel García Márquez.
![]() |
A partir de 1996 y hasta su muerte, fue columnista de LA NACION. Sus artículos también se publicaron en The New York Times y en El País. Entre sus obras más destacadas se encuentran Lugar común la muerte (1979), señalada como un aporte esencial al Nuevo Periodismo, La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991) y la novela argentina más traducida de todos los tiempos que, a la manera del Facundo de Sarmiento, dinamitó la frontera entre fantasía e historia: Santa Evita (1995).
En 2002 recibió el premio Alfaguara, uno de los más importantes concursos literarios en lengua castellana, por El vuelo de la Reina. El diario madrileño El País le otorgó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo el 22 de abril de 2009. El galardón distingue trabajos en español publicados en medios de todo el mundo. Poco después, el 24 junio de ese mismo año fue incorporado a la Academia Nacional de Periodismo. "Es un gran honor que se debe, creo, a la persistencia con la que vengo trabajando hace más de medio siglo", dijo en esa oportunidad a La Nación, en Argentina.
![]() |
Diversos medios y revistas han dadop cuenta de la muerte del escritor J.D. Salinger, aqui les alcanzo un homenaje del blogger y poeta Rodolfo Ybarra.
por Rodolfo Ybarra
Era de cabello cano, aspecto desgarbado, medía casi dos metros y su decoro personal daba mucho que desear. Tenía el aspecto de alguien salido del manicomio: un psicópata (eso decían quienes le envidiaban o le temían). Lo cierto es que escribía compulsivamente ataviado en un overol de obrero, lo hacía a mano y a máquina de escribir de molde pequeño. No le gustaban las computadoras. Detestaba la tecnología de la máquina y los beneficios de la modernidad.
Había puesto un letrero en la puerta de su casa que decía “Prohibido el paso”, de tal modo que si alguien se atrevía a pasar el cerco sacaba su escopeta, (su herencia de cuando fue militar) y disparaba a mansalva. Todos los días se escuchaban tiros al aire, lo hacía por si acaso. Muchos le tenían miedo y cuando tenían que pasar por el frontis de la casa lo hacían rápidamente, tratando de no detenerse por ningún motivo para evitar cualquier confusión.
![]() |
Durante cuatro décadas no permitió ninguna entrevista ni presencia periodística (no aguantaba a los académicos, por ello no duró mucho tiempo en la universidad); no obstante, llamaba continuamente por teléfono a las más guapas presentadoras de televisión para preguntarles si habían leído Catcher in The Rye (la novela que habla de un joven rebelde que rechazaba el mundo “falso” y patético de los adultos). Acosaba a las señoritas locutoras con sus pocos cuentos conocidos, les recitaba fragmentos enteros de sus nuevos escritos (los que no quería mostrar al mundo, los que escondía debajo del colchón o dentro del ropero). Intentaba seducirlas. Varias modelos lo denunciaron y lo acusaron de maniático.
Su hija en un libro titulado Catcher in the dreams dijo que Salinger tenía secuestrada a su madre, se tomaba su propia orina y no comía carne (pero cuando le invitaban cordero sólo aceptaba si se cocinaba a 150 grados centígrados, ni más ni menos). Demandó legalmente a varios escritores tramposos y bestselleros que intentaron continuar con la historia de Holden Caulfield, pero nunca se presentó en ningún juicio. Estaba al tanto de todo, aun así no daba la cara. Siempre miraba con el ceño fruncido por el ojo mágico de la puerta. Se escondía detrás de las cortinas y observaba al mundo desde su claustro. Quería que lo dejaran vivir lejos de flashes y las preguntas, lejos de ese mundo secular que tanto odiaba. Sus familiares más cercanos dicen que Salinger escribió durante años y sin parar; lo hacía por placer, no le interesaba la fama, ni demostrarle a nadie su verdadero talento. Benedetti dijo de Salinger que "ni se droga ni se escapa; es un atrincherado, pero no un evadido". El gran Faulkner dijo que "Catcher in the Rye es la obra maestra de su generación".
Hace poco, mientras caminaba dentro de su encierro voluntario, tropezó y se cayó rompiéndose la cadera, desde ese instante su salud entró en deterioro (había vivido más de 90 años como un intraterrestre, pero era fuerte como un roble), los últimos días estuvo pensando en cómo terminar una historia que trataba sobre un viejo renegón y lunático que sólo quería escribir apartado de todo sin que nadie lo perturbara, sin que nadie le tocara el hombre para decirle que ya era tarde, que era hora de dormir; hasta que su corazón solitario y cansado --ese motor de hojalata que los humanos descuidamos en las grandes tareas-- dejó de latir para siempre sobre el centeno.
![]() |
Han pasado 99 años desde que Andahuaylas diera a luz a José María Arguedas. Ahora, en su ausencia, el escritor y antropólogo es recordado por todo el valioso esfuerzo que desempeñó para incorporar la cultura indígena al curso de un país que aún vive fragmentado. Las celebraciones que realizaron diversas instituciones culturales en Perú con motivo de un aniversario más de su nacimiento recogieron una gama de perspectivas literarias, artísticas y musicales.
![]() |
Nacido el 18 de enero de 1911, Arguedas sufrió carencias afectivas desde su infancia: primero por la muerte de su madre cuando él apenas tenía 2 años, y luego por los constantes viajes que realizaba su padre, un juez de litigios, que lo dejaba a merced de sus infames madrastra y hermanastro. En ese periodo de maltratos, su único consuelo fue la amable compañía de los sirvientes indígenas de la hacienda ayacuchana donde vivía, por lo que asumiría una identidad cercana a la suya –aprendiendo su lengua, sus valores y sus creencias– que luego reivindicaría a través de sus más importantes obras como son Los ríos profundos o Todas las sangres, además de cumplir una abnegada labor de conservación de la tradición andina.
En Lima, los agasajos fueron múltiples. El lunes, fecha central del aniversario, la institución educativa Aduni inauguró una exposición bibliográfica que fue acompañada por la proyección del documental “Arguedas: Hermano compañero, compañero de sangre”, del cineasta nacional Rómulo Ruiz Bravo.
![]() |
En Lima, los agasajos fueron múltiples. El lunes, fecha central del aniversario, la institución educativa Aduni inauguró una exposición bibliográfica que fue acompañada por la proyección del documental “Arguedas: Hermano compañero, compañero de sangre”, del cineasta nacional Rómulo Ruiz Bravo.
Para el miércoles 20 a las 3 pm, en el Congreso peruano el escritor Elías Rengifo analizó a través de una charla la trascendencia del pensamiento y vigencia de quien es considerado uno de los intelectuales peruanos más importantes del siglo XX. Y en la Derrama Magisterial se desarrolló a las 7:15 pm la mesa redonda “Cerros y arenales Arguedianos” entre Wilfredo Kapsoli y Vicente Otta, acto al que seguirá un marco musical en el que destacan Margot Palomino, Doly Príncipe, Germán Fuertes, entre otros exponentes.
![]() |
La Universidad San Marcos le rendió homenaje a su ilustre estudiante a través de una jornada artística en la que además de la presentación del documental “José María Arguedas” –que dio inicio a un conversatorio entre la musicóloga Chalena Vásquez y el escritor Julián Pérez– se presentó un nutrido grupo de artistas folclóricos. Además no faltaron danzantes de tijera, sikuris y conjuntos tradicionales. Ese mismo día el grupo de rock quechua Uchpa ofreció un concierto a las 7 pm en la sede de la Av. Bolivia de Aduni, en el que –muy a su estilo– interpretó temas como “Lorochay” y “Saruykuy”, que fueran alguna vez entonados por el maestro Arguedas.
![]() |
Andahuaylas, tierra natal del escritor, también se sumó a las celebraciones por Arguedas, inaugurando el Museo “Todas las sangres” en el municipio de San Jerónimo. Este cuenta con un local acondicionado para una sala de exposición permanente y una galería de exposiciones itinerantes, además de una valiosa pinacoteca en la que Antonio Galindo ha reunido arte de “todas las sangres”, gracias al esfuerzo y la colaboración de numerosos artistas e intelectuales de todo el país.
![]() |
Vinculado en los años 60 al grupo Narración, Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) publicó “El viejo saurio se retira”, temprana novela a la que siguió un largo silencio hasta el campanazo de “La violencia del tiempo”, que lo colocó en primera fila en las letras peruanas. El diálogo que sigue parte de “Las confesiones de Tamara Fiol”, su más reciente novela, para abordar temas literarios y políticos.
por Federico Cárdenas
¿Tu protagonista, Tamara Fiol, parte de un modelo real?
–Sí, una mujer extraordinaria a la que conocí y que figura también en otra novela. Muchos la admiraban, pero también se decía que tenía una historia complicada con un sujeto que había sido también de izquierda y que luego de un proceso largo había terminado en el campo opuesto. Me preguntaba cómo habría sido esta relación.
–¿Y la idea de los largos diálogos telefónicos entre Morgan –el periodista norteamericano que indaga sobre ella– y Tamara?
–Así era como conversaba con esta amiga. Mientras vivió, me sentía inhibido de tomarla como personaje, pero ella falleció y a las pocas semanas sentí que podía comenzar la novela, contando libremente su historia. Subrayo lo de libremente porque he cambiado muchísimo y la historia es en gran parte una invención.
–¿Morgan Batres en este sentido sería un alter ego, una máscara que tomas como autor?
–Así me lo han dicho, y es verdad que hay elementos autobiográficos, como la prótesis en la cadera que luego tendrá el personaje, algo que me pasó mientras escribía el libro. Me parecía literariamente interesante que la historia fuera vista desde una mirada extranjera, alguien que no está tan involucrado, de modo que su lectura de los hechos no sea prejuiciosa. De otro lado, en mi narrativa siempre ha habido una vinculación entre lo regional, lo nacional y lo cosmopolita y en este sentido me interesaba vincular la violencia interna del país con aquella existente en el mundo. Es también la razón para hacer de Batres un reportero de guerra. Pero en él, más que rasgos míos, hay rasgos de lo que en diversos momentos quise ser.
![]() |
–¿Y Raúl Arancibia? ¿Es el más inventado de los personajes?
–No, parte también de un modelo real, aunque suma trayectorias de diversos personajes de izquierda, que del Apra pasan al comunismo y acaban de fujimoristas. En algún momento se le compara con Ravínez, pero creo que este último era superior, pues alguna motivación moral y política debió quedarle.
–¿Tamara y Arancibia te permiten hacer la historia de las dos vertientes de la izquierda en el siglo XX, la socialista y la aprista?
–Claro, el tratar de reconstruir el pasado familiar de ambos me sirve para hacer una crónica de las luchas de la izquierda a lo largo del siglo XX, empezando con el anarquismo, al que pertenece el abuelo de Tamara.
–Hay un pasaje de la novela sobre esos momentos en que el odio y la violencia homicida se apoderan del país. ¿La última parte del siglo XX, con la guerra interna, queda comprendida en esta descripción?
–Sí. No hay que olvidar que Batres llega al Perú para efectuar una investigación sobre las mujeres de SL. Y queda insatisfecho, pues estas mujeres tienen blindada su conciencia y no revelan nada de su intimidad o de sus dudas. Es por esto que él acude a Tamara Fiol, otra luchadora, para remontar en el origen de la violencia. En la novela no oculto la violencia de SL. Parto de la idea de que un escritor que trata esos temas debe ser ante todo novelista y dejar de lado sus simpatías o pasiones políticas. He procurado por ello que mi novela –y en general mi obra literaria– no sea ni apología ni panfleto. A mí nunca me ha interesado la política coyuntural. Me interesa la política como tema literario, como pasión y búsqueda del poder, algo que puede ser tan intenso como la pasión amorosa. La afirmación del yo encuentra a veces un cauce a través de la pasión política, que abarca el sueño o la fantasía de llegar al poder y transformar las cosas.
–¿Nunca intentaste retomar “Matavilela”, esa novela juvenil de la que se llegó a publicar un capítulo?
–Creo que lo he hecho con Tamara Fiol. Cuando intenté “Matavilela” tenía detrás un modelo extraordinario, la novela “Estados Unidos de Norteamérica” de John Dos Passos, pero tenía 25 años y no estaba preparado para un proyecto así. Quería contar la vida de 10 personajes nacidos entre 1930 y 1940 en distintos lugares del país y en diferentes clases sociales y el modo como la política entra en algún momento a sus existencias. Llegué a escribir 29 páginas y luego no pude seguir, “Confesiones de Tamara Fiol” realiza en pequeño lo que pensaba hacer.
–¿Y tu visión de la bohemia limeña? En la novela hay una visión muy exacta de lo que fueron los años 50.
–La trabajé mucho. Estoy ligado más bien a la bohemia de los años 60, pero he tenido amigos mayores que me han contado mucho. Llegué a Lima a fines de los 50 y algo alcancé, pero el resto es reconstruido. Esos recorridos por la Plaza San Martín, la Plaza de Armas. He querido restituir la geografía exacta de unos años que quienes los vivieron consideraban felices. La Musa y el Pianista son dos personajes que también cuentan con modelos reales y que me permiten dar el aroma de esas noches.
![]() |
–Tu polémico libro sobre la generación del 50 fue reeditado hace unos años y hacías ver en un breve texto que solo habías cambiado un par de adjetivos. ¿Tu visión de esa generación sigue siendo tan crítica?
–Creo que hay que tener en cuenta en qué condiciones se escribió el libro, en una época muy difícil para mí. No lo digo como justificación, pues creo que en el libro trazo una diferencia entre la obra creativa de todos ellos –algunos de los cuales han sido mis maestros y hermanos mayores– y su conducta personal. No es una cuestión ideológica, porque siempre pensé que cada uno tenía derecho a pensar como quisiera. Muchos se enojaron porque toqué a algunos autores que eran insospechables y que incluso representaban a la izquierda, y debo confesar que las más difíciles para mí fueron las páginas sobre Ribeyro, a quien admiro mucho. Sin embargo, puede verse que en el libro le dedico un largo capítulo como narrador, lo que quiere decir que no cuestiono para nada su literatura, sino su inconsecuencia.
–También ubicas como figura mayor a Jorge Eduardo Eielson...
–Sí, y hubo amigos que me dijeron que por qué, siendo yo socialista, no exaltaba a Romualdo, Rose, Scorza u otras figuras. Pero para mí el esplendor poético de Eielson, y su sentimiento desgarrado son incomparables. Se le acusó de esteticista, lo que me parece un gran error. Eielson tiene un lenguaje maravilloso. Agregaré que lo mismo me dijeron de Vargas Llosa. Pero que esté en desacuerdo con su posición ideológica no impide que lo reconozca como un gran novelista y un intelectual perturbador. Mi gran desacuerdo con “La utopía arcaica” no impidió que leyera el libro en una noche. Volviendo a la Generación del 50, diré que me parece admirable en su conjunto, e incluso superior a la de Basadre y Raúl Porras, que puso la agenda del siglo XX. Pero, los del 50 son más completos: tienen ocho o diez poetas de primera línea, muy buenos narradores, historiadores y artistas.
![]() |
– ¿Qué se puede rescatar del Apra?
–Ante todo no creo que, como se viene sosteniendo en los últimos tiempos –con la lamentable participación de sectores de la izquierda– que Mariátegui y Haya de la Torre sean figuras equiparables. No, son personajes profundamente diferentes en lo ideológico, político, moral y humano. El objetivo estratégico por el que Haya fundó el Apra, esto es, oponerse al cambio revolucionario socialista, se ha mantenido en su ya larga historia. Por supuesto ha habido cambios de piel de carácter contingente, coyuntural y oportunista. Por lo demás, el sectarismo, la violencia bufalesca, los dobles discursos, el maquiavelismo, la demagogia, el cinismo, que practican sus actuales dirigentes, empezando por García, constituyen el legado pedagógico de Haya. En mi novela rescato a los militantes de base que sacrificaron sus vidas por una doctrina cuyo verdadero sentido ocultaban la retórica y la demagogia populista. Un caso radical, casi trágico, fue el acto de aquel perturbado joven que cumpliendo directivas acaso subliminales asesinó a los esposos Miró Quesada, quien después en la cárcel, como un apestado, fue abandonado a su suerte. También destaco la figura de Antenor Orrego por el papel que desempeñó en los años formativos de Vallejo y después del adolescente Ciro Alegría, aunque con los años el primero se hizo comunista y Ciro terminó renunciando al Apra. Los últimos intelectuales de valía que estuvieron ligados al Apra, como partidarios y simpatizantes (Valcárcel, Rose, Bendezú, Scorza), pertenecieron a la Generación del 50 y todos rompieron con el Apra, o bien fundaron el Apra Rebelde y luego el MIR. Desde entonces el Apra es un páramo desolado en el campo de la intelectualidad, el arte y la literatura.
La República. Lima-Perú.
![]() |
por Eloy Jáuregui. La República. Lima 2009
Los muertos cada vez escriben mejor. Eso ocurre con Julio Ramón, Bolaño y Cabrera Infante. ¿Y los de voz inmortal? Gardel, Lavoe, Infante, cantan también, de manera desenfrenada, pero de la penitenciaría de sus discos no salen. Del otro Infante difunto, no sé. “Cabrera Infante sabía que moría y escribió un texto que revisaba toda su obra”, cuenta su viuda, musa y factótum de “La ninfa inconstante”, novela póstuma del cubano, la ballerina Miriam Gómez. Temo decir que ‘lo dudo’, como entonaran Los Panchos.
De Julio Ramón Ribeyro acabo de ver publicado un cuento inédito, “Surf”, dizque de 1994 en los dos tomos de “La Palabra del mudo” que acaba de publicar Seix Barral y que en la Feria Ricardo Palma vale un ojo y, felizmente te queda el otro, para leerlo. ¿Dónde estaba ese cuento? ¿Lo escribió él? ¿Lo encontró Alida Cordero, su viuda? No dudo de su autenticidad, dudo como Los Panchos.
![]() |
Lo de Roberto Bolaño sí es sorprendente, han aparecido novelas descomunales y cuyas ediciones ha manejado con dedos de hierro Carolina López, la viuda del escritor chileno muerto el 15 de julio de 2003, e Ignacio Echevarría, quien encontró en la computadora de Bolaño decenas de archivos ordenados como cajas chinas, cuentos, luego hechos novelas y también poemas en prosa que hablan de ese furor por una textualización insondable y anchurosa.
No soy suspicaz, pero estos descubrimientos siempre me parecieron digno de sospecha, que la flamante novela “El Tercer Reich” de Bolaño fuese anunciada por el agente Andrew Wylie sin que su editor Jorge Herralde, del sello Anagrama, sepa del asunto, ya parece extraño. Pero Wylie tenía lo suyo. Anunciaba también que estaba en su poder otras dos novelas de Bolaño, “Diorama” y “Los sinsabores del verdadero policía o Asesinos de Sonora”. A ver, vamos por partes y cucharadas. Que un agente descubra novelas de un escritor muerto no es nuevo. Conozco más bien el caso de un ‘vivo’ como Paulo Coelho, que maneja una fábrica de literatura vaporosa y que crea un lector ligero y una lectora etérea que lee sus libros como quien se baña sin mojarse el cabello después de un buen polvo con el otro.
![]() |
Bolaño escribía a mano –eso lo sabíamos cuando nos enviaba cartas desde México, Girona o Blanes. Luego trasladaba sus textos corrigiendo a máquina mecánica. Recién en 1995 pudo comprarse una computadora de segunda y, según su esposa Carolina, antes de morir pudo digitalizar apenas 60 ‘pantallazos’ de las más o menos 350 cuartillas mecanografiadas. No soy matemático, apenas poeta, pero de 60 ‘pantallazos’ no puedes parir 5 libros de más de 300 páginas.
Igual sucede con Cabrera Infante. He terminado de leer su novela póstuma “La ninfa inconstante” (Galaxia Gutenberg, 2008). Nada que ver con la monumental “Tres Tristes Tigres” (1967) o “La Habana para un infante difunto” (1979). El libro póstumo es un remedo adefesiero. Ingeniería de editores, lucro de libreros, negocio de viudas. Esa apropiación habla de un acto inmoral. Conocí a Georgette Vallejo y conozco a Sybila Arredondo de Arguedas. Ellas defendieron las obras de sus esposos a dentelladas. Jamás descubrieron libros debajo de la cama. Cierto, mujeres de maestros. Y ese honor es puro amor.
![]() |
El movimiento Hora Zero apareció en 1970 con una propuesta poética radical y renovadora. Casi cuarenta años después, sus mayores exponentes se reunieron la semana pasada para la presentación de Hora Zero. Los broches mayores del sonido, una antología compilada por Tulio Mora. Fue un recital cargado de remembranzas y reafirmaciones. Hoy los poetas peinan canas, pero siguen siendo los mismos irreverentes que alguna vez patearon la puerta del círculo oficial de la cultura peruana.
por Ghiovani Hinojosa. La República. Lima-Perú.
Un cholo calato en el Rímac. Eso sería –si fuera una persona– el movimiento Hora Zero. Lo dice orondo el poeta Tulio Mora, el primero en llegar a este festín de rebeldía otoñal. Son las cinco de la tarde y el escritor cuya imponente voz retumbaba antaño luce hoy un inofensivo cabello cano. Pero el tiempo solo apacigua la apariencia: “Rodolfo Hinostroza afirmaba en los 60 que no es lo mismo un griego desnudo mirando el río Támesis que un cholo calato en el Rímac. Nosotros quisimos ser el cholo calato en el Rímac”, relata con cierto tono incendiario.
![]() |
El hall de la Biblioteca Nacional, en San Borja, es el escenario del reencuentro de esta generación. Uno a uno, van trayendo sus pasos, aletargados por los años, los cultores de la ‘poesía integral’, ese concepto estético según el cual no hay que despreciar las palabras cotidianas y los adagios populares, sino más bien ubicarlos como los cimientos de un arte que conmueva al hombre común. Los abrazos solo pueden ser efusivos, como aquel con el que Sergio Castillo recibe a Jorge Pimentel, el respetado jefe de este clan de veteranos. Los poetas horazerianos interrumpen las emotivas reverencias para comprobar sorprendidos que Pimentel sigue siendo el ‘dandy’ del grupo: lo sugieren su estilo zalamero de andar, su terno pulcro y apretujado y su chalina ploma alrededor del cuello como una boa en celo.
Enrique Verástegui, el poeta que a los 19 años derretía a las chicas con los versos de ‘Datzibao’ (“me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en / tus ojos y amé todas tus cosas / y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas preguntas y cuestiones”), prefiere excluirse del tumulto y depositar su cuerpo errante en un confortable sillón rojo. Se reclina hacia atrás y juega como un niño con sus pies entrelazados. “Algunos críticos te consideran una voz aparte dentro de Hora Zero”, lo interrumpo. Se reincorpora velozmente y comenta esta afirmación con una dicción realmente confusa: “Yo los veía como un grupo de chiquillos que querían hacer cosas, veo en ellos la metáfora del avance cultural del Perú. En realidad yo era un outsider dentro de ese movimiento. Guardo con ellos una estrecha amistad”.
![]() |
Verástegui aún recuerda cuando, de la mano con su pequeña hija, repartía panfletos con los manifiestos de Hora Zero Internacional en el cabaret Moulin Rouge, en el centro de París. Era fines de los 70 y él –y su entonces pareja, la poeta Carmen Ollé– trataban de convencer a los extranjeros de las bondades de la nueva poesía latinoamericana. Jacques Chirac, quien por esos años era el alcalde de la capital francesa, no tuvo ningún reparo en llamarlos “revolucionarios de café”. Eso –como dicen los mexicanos– les valía madre a los militantes de Hora Zero. Todo rechazo, toda exclusión, todo insulto, era tomado en este colectivo de artistas como un premio a su rebeldía.
Ahora, en medio de palmadas y fraseos susurrantes, los poetas de esa generación vuelven a ser el centro de flashes y cámaras de video. Posan sonrientes, con la tranquilidad de quien sabe que su principal misión en el mundo ha sido cumplida con creces. La función está por empezar, así que todos los practicantes del verso bello y coloquial se reúnen en las escaleras subterráneas que dan al auditorio de la biblioteca. La ilusión de un recital palpita en sus corazones como hace cuatro décadas.
![]() | |
Todos los Hora Zero. Eloy Jáuregui, Miguel Burga, Fernando Obregón, Enrique Verástegui, Maynor Freyre, Alberto "Cholín" Escalante, Jorge Espinoza Sánchez (editor del libro), Ángel Garrido Espinoza, Tulio Mora, Jorge Pimentel, Carlos Alberto Ostolaza, Abel Herrera, Paco Guzmán, Paul Guillén y Óscar Orellana en Barranco |
“La poesía en el Perú después de Vallejo solo ha sido un hábil remedo, trasplante de otras literaturas (…). Ellos no escribieron nada auténtico, no emprendieron ninguna investigación, no descubrieron ni renovaron nada”. Estas acusaciones fulminantes corresponden a “Palabras urgentes”, el primer manifiesto del grupo Hora Zero, publicado en 1970 como parte del primer número de la revista del mismo nombre. Se trató de un pasquín hecho con un mimeógrafo –legendaria y rudimentaria impresora– por los entusiastas alumnos de Letras de la Universidad Federico Villarreal Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz. Ambos despotricaban contra la poética peruana tradicional, a la que consideraban elitista y purista. Salvo Vallejo –afirmaban–, los poetas habían permanecido apartados de la realidad de las calles. Acusaban a quienes creían que escribir era un ejercicio meramente estético y mágico –Jorge Eduardo Eielson y Javier Sologuren– y exigían que cada letra tenga un sentido social.
No ocultaban su componente ideológico marxista y su adhesión a la Revolución Cubana. Sus recitales solían estar impregnados de arengas contra el imperialismo yanqui. En realidad, el sueño socialista era entonces el ideal dominante en las universidades peruanas. No solo Cuba llevaba más de una década de oposición contra el sistema capitalista, sino que en el país el general Juan Velasco Alvarado ya había iniciado una ola de estatizaciones y reformas de corte nacionalista. De algún modo, Hora Zero era una suerte de partido político: servía como tribuna para poetas de izquierda, pero también para voces que celebraban la vida con simpleza.
![]() |
“Dejémonos de formalismos, acá todos somos poetas”, grita Eloy Jáuregui como si no tuviera un micrófono al frente e inaugura así esta noche de poemas. El auditorio está casi repleto y este maestro de ceremonias deslenguado tiene un ejemplar de “Hora Zero. Los broches mayores del sonido” en las manos. Lo agita como si quisiera dejar en evidencia el peso considerable de esta antología de 630 páginas, y agrega con cachacienta finura: “Esto y la Biblia. Punto”. Aplausos.
Los poetas desfilan por el estrado leyendo sus mejores versos. Pasan José Carlos Rodríguez, Sergio Castillo y Yulino Dávila. César Gamarra sorprende con unos maullidos onomatopéyicos que envuelven al auditorio en un ambiente selvático. Miguel Burga –el narrador de Hora Zero– es interrumpido por un achorado Eloy que no le deja terminar la lectura de su cuento “Piel de globo”. Burga, insistente, no deja el escenario. El aire desafiante es horazeriano.
El broche de oro lo hace Jorge Pimentel. Su lírica potente seduce a los asistentes y los versos de “Trombosis para un caballo” llegan a los oídos como pullazos de palabras. El hipnotizante movimiento pendular de sus brazos –que operan como el metrónomo de su ritmo– acompaña este jolgorio del verbo. Hora Zero revolucionó la poesía peruana con un aire fresco y contestatario. Todo esto se ve esta noche.
LOS MUCHACHOS
Pregúntale a los muchachos, pregúntale:
ellos saben que los días no perdonan,
ellos conocen que en cualquier hora
cae una jaula dentro del cuerpo
que después incluso la respiración propaga…
Pregúntale a los muchachos, pregúntale:
ellos saben que no se puede salir de la tierra
y que no es castigo
sino el perfume de un milagro inacabable
Ellos (como debe ser) son fuertes
porque la naturaleza los jala al amor puro,
al amor puro posado sobre el suelo
como una piedra blanca
o un pájaro cordial recién llegado.
Pregúntale a los muchachos a dónde llegarán,
quiénes están viajando y qué encontrarán
los que están buscando.
Pregúntale qué color tiene la explosión,
qué sabor el trago de incendios.
Y dónde están ahora los 36 kilómetros de vía férrea
que la dinamita, de la Cordillera Negra, separó.
Pregúntale no qué agua rasguña la sed colosal,
sino qué álgebras no mostrarán al firmamento
los nuevos valles que vienen apurados.
Pregúntale lo que harán los niños
con las lunas arrugadas
y con los luceros recogidos por el pensamiento
detrás y lejos de la carne de los sueños…
Pregúntale a los muchachos
Pregúntale a los muchachos…
Juan Ramírez Ruiz (1946-2007)
SI TIENES UN AMIGO QUE TOCA TAMBOR
Si tienes un amigo que toca tambor
cuídalo, es más que un consejo, cuídalo.
Porque ahora ya nadie toca tambor,
más aún, ya nadie tiene un amigo.
Cuídalo entonces,
que ese amigo guardará tu casa.
Pero no lo dejes con tu mujer, recuerda
que es tu mujer y no la de tu amigo.
Si sigues este consejo, vivirás
mucho tiempo. Y tendrás tu mujer
y un amigo que toca tambor.
Manuel Morales
(Iquitos 1943 – Porto Alegre 2007)
![]() |
Claude Lévi-Strauss nació en Bruselas el 28 de noviembre de 1908, hijo de padres judíos franceses de origen alsaciano. Realizó sus estudios en París, en los liceos Janson de Sailly y Condorcet. Estudió derecho y filosofía en la Sorbona. No continuó sus estudios de derecho, sólo los de filosofía en 1931. Después de trabajar unos pocos años de docencia en enseñanza secundaria, aceptó una oferta de última hora para ser parte de la misión cultural francesa en Brasil, país al que serviría como profesor visitante en la Universida de Sao Paolo.
Vivió en Brasil desde 1935 a 1939, y allí llevó a cabo su primer trabajo de campo etnográfico, dirigiendo exploraciones periódicas en el Mato Grosso y la selva tropical amazónica. Ésta fue la experiencia que cimentó su identidad como profesional de la antropología. Volvió a Francia en la víspera de la Segunda Guerra Mundial y fue movilizado de 1939 a 1940 al estallar ésta. Después del armisticio se trasladó a EEUU, donde impartió clases en la Nueva Escuela de Investigaciones Sociales de Nueva York. En esta ciudad conoció y trató al lingüista Roman Jakobson, cuya obra fue fundamental para la evolución de sus ideas.
![]() |
Llamado a Francia en 1944 por el Ministerio de Asuntos Exteriores, regresó a Estados Unidos en 1945. Tras un breve paso por la embajada francesa en Washington como agrehado cultural (1946–1947), regresó a París para doctorarse en la Sorbona tras presentar tesina y tesis doctoral (1948): La vida familiar y social de los indios Nambikwara y Las estructuras elementales de parentesco. La primera obra fue publicada al siguiente año, e instantáneamente reconocida como una de las más importantes de la antropología, con una crítica favorable de Simone de Beauvoir, que la vio como un importante estudio de la posición de la mujer en las culturas no occidentales.
Su obra, con título análogo a la famosa Las formas elementales de la vida religiosa, de Émile Durkheim, Las estructuras elementales del parentesco, reexaminó cómo las personas organizaban sus familias en un trabajo muy técnico y complejo. Mientras antropólogos británicos tales como Alfred Reginald Radcliffe-Brown sostenían que los parentescos estaban basados en la ascendencia de un ancestro común, Lévi-Strauss pensaba que estos parentescos tenían más que ver con la «alianza» entre dos familias, cuando la mujer de un grupo se casaba con el hombre de otro. A diferencia de Radcliffe-Brown, quien consideraba a la familia nuclear como la unidad del sistema de parentesco, Lévi-Strauss pensaba que no era la familia nuclear la unidad, sino la relación entre dos familias, es decir, la alianza que se produce entre dos familias cuando un hombre entrega a su hermana a cambio de otra mujer.
![]() |
Entre 1940 y principios de 1950, Lévi-Strauss continuó publicando y cosechó éxitos considerables. Con su regreso a Francia, se implicó en la administración del CNRS y el Museo del Hombre, antes de llegar a ocupar un puesto en la École Pratique des hautes Études.
Siendo Lévi-Strauss ya conocido en los círculos académicos, en 1955 publicó Tristes trópicos. Este libro era esencialmente un viaje novelado, sobre sus expediciones etnográficas en Brasil entre 1935 y 1939. En él hizo un uso exquisito de la prosa, la filosofía y el análisis etnográfico, hasta lograr una obra maestra. Los organizadores del Premio Goncourt, de hecho, lamentaron no estar capacitados para premiarlo, porque Tristes trópicos era técnicamente un relato de no ficción.
El pensamiento salvaje, de 1962, supuso una verdadera conmoción en las ciencias humanas, por su reconocimiento del trabajo mental del mal llamado «primitivo», por su defensa de una ciencia del neolítico, heredera además ya de una tradición investigadora anterior, que conseguía clasificaciones de toda la realidad natural (y social) mediante el uso de 'propiedades sensibles', de procedimientos analíticos no tan alejados de su objeto como hará la ciencia moderna.
![]() |
Los cuatro tomos de sus Mitológicas (1964–1971) constituyen una de las obras más decisivas y originales de la antropología del siglo XX, con su acercamiento singular a la mitología americana; analiza en ellas los «mitemas» o elementos significativos de miles de éstos por medio de todo tipo de oposiciones (alto/bajo, crudo/cocido, seco/húmedo, etc.).
En 2008, al cumplir los cien años, apareció una selección de su obra en la colección de La Pléiade, que está dedicada habitualmente a ciertos escritores consagrados. En ella se recogían asimismo piezas inéditas. Las aportaciones más decisivas del trabajo de Lévi-Strauss se pueden resumir en tres grandes temas: la teoría de la alianza, los procesos mentales del conocimiento humano y la estructura de los mitos.
Falleció en París el viernes 30 de octubre de 2009.
![]() |
El pasado 4 de noviembre se cumplieron 100 años del nacimiento del escritor peruano Ciro Alegría. En algunos periódicos aparecieron escuetas notas sobre la obra de este gran escritor. Los escritores denominados “representantes de la literatura peruana” no han dicho nada. Los críticos que exaltan las bondades de los dizque nuevos escritores peruanos (reducidos a un grupo contado con las manos) ni se han enterado de dicho acontecimiento. Los otros escritores y los otros blogeros han dado cuenta de la importancia de este escritor cuya novela principal El mundo es ancho y ajeno, ha sido traducida a 48 idiomas y publicada en 70 países. Récord que ya quisieran ciertos escritores mediáticos.
por Carlos Villanes Cairo. Madrid.
Escrita cuando tenía 31 años, en el exilio, tuberculoso y sin trabajo fijo, El mundo es ancho y ajeno es la obra más importante de Ciro Alegría (Marcabal, 1909 - Lima, 1967), y, a juicio de muchos, la mayor novela peruana de todos los tiempos. Con ella ganó el Premio Latinoamericano de Novela Farrar & Rinehart (1941), en Nueva York, con un jurado presidido por John Dos Passos.
Traducida y publicada en 48 idiomas y en 70 países, es la novela peruana más difundida en lengua castellana. Publicada por 20 editoriales españolas y desde los años 60, en que salió por primera vez en el Perú, con una tirada de 100 mil ejemplares para un festival del libro, nunca ha dejado de reimprimirse en la patria de Vallejo, que fue maestro de Alegría, cuando éste era niño.
![]() |
Brillante desde el título, El mundo es ancho y ajeno, ocurre en una comunidad de la sierra del norte del Perú, convulsionada por la resistencia de sus habitantes y su sabio alcalde a la expoliación de los gamonales, el holocausto y la emigración de las víctimas.
Pero Alegría fue más allá del villorrio andino y del indigenismo. Mostró al viejo ayllu, su esplendor, agonía y tragedia. Descubrió la gran ciudad con sus penurias, sus obreros y sus sindicatos; la hacienda costeña, la aberración marginal y racista; la semiesclavitud en los plantíos de la selva; el espacio subterráneo degradado de las minas; pero sobre todo la evolución de la conciencia social de muchos de sus personajes, mágicos al iniciar el libro y definitivamente alzados contra la tiranía civil, judicial, y hegemónica de la corrupción y el poder político, creando seres memorables como Benito Castro, el Fiero Vásquez, Álvaro Amenábar, Pascuala, Nasha Suro, y en especial Rosendo Maqui, que a juicio de José Saramago se parece a don Quijote.
![]() |
Alguna crítica decimonónica, partidista y “muy moderna”, ha ejercido un soterrado silencio a esta gran novela. No así los nuevos catadores de la literatura peruana. El mundo es ancho y ajeno es para Alejandro Losada, la novela fundadora de la realidad peruana; Ricardo González Vigil y Tomás Escajadillo han visto en ella técnicas modernas de narrativa; Eduardo Urdanivia, su apego a los moldes socialistas; el español Arturo del Hoyo, renovadora y totalizante de la realidad peruana; Antonio Cornejo Polar, histórica y progresista, sin descuidar el arte; Vargas Llosa, como la primera novela clásica del Perú; la rusa Liuba Lapshiná, superando en mucho a la ideología aprista anterior a 1948; o el parisino Henry Bonnville, para señalar sus virtudes humanas y sociales, pero también que fue concebida para seducirnos con su lenguaje hechicero.
Pero además, el discurso literario de Alegría tiene 7 planos lingüísticos diferentes, la oralidad con interpolación de relatos, las particularidades ideolectales de sus personajes, los textos de corriente de conciencia, la asunción de intemporalidad, raccontos e inclusive flash-backs y la división de la novela en bloques temáticos, dan en la cara a cuantos como Emir Rodríguez Monegal, el novelista chileno José Donoso o Alfredo Bryce, quieran achacarle su falta de modernidad.
![]() |
De esta manera, la novela cumbre de Alegría se convierte en una epopeya que pese a su gran contenido social se desarrolla dentro de una admirable poética, que convierte al indio en sustancia literaria, se universaliza y crea personajes arquetípicos válidos en cualquier parte. Con toda justicia se la valora como un símbolo del hombre americano por la tierra, por su reivindicación como persona y reclamo de respeto a su cultura y, por ello, una de las obras de obligada referencia en toda la literatura iberoamericana.
Finalmente, sólo unas palabras para Rosalía Amézquita, primera esposa de Ciro Alegría, que en la desesperanza, la enfermedad y la desesperación del exilio, supo darle amor y ayuda material en los cruciales momentos cuando escribió sus 3 novelas fundamentales.
Homenajes en Lima, Cajamarca y Huamachuco
1] El Centro Cultural de la U. de San Marcos rinde homenaje al escritor andino. El crítico literario Tomás Escajadillo abordará el original y polémico tema: “Rumi: ¿existió o no existió?”. El acto académico tendrá lugar en el Salón General del C.C. de San Marcos (Av. Nicolás de Piérola 1222, Parque Universitario), 7:00 p.m. Libre.
2] En Cajamarca. A partir de hoy, que es la inauguración, hasta el 7 de noviembre en Cajamarca, setenta escritores del Perú coincidirán en el IV Encuentro de Narradores Peruanos “Ciro Alegría”. En realidad, se trata de un homenaje al autor de El mundo es ancho y ajeno. El encuentro contará con la presencia de Dora Varona, viuda del escritor. Esta cita ha sido organizada por la Universidad de Cajamarca, el gobierno regional de Cajamarca y la minera Yanacocha.
3) Del 28 al 31 de octubre en Huamachuco el Gremio de Escritores del Perú realizó rindió homenaje a Ciro Alegría en el marco del VIII Encuentro Nacional de Escriteres “Manuel Jesús Baquerizo”.
http://centenariociroalegria.blogspot.com/ http://www.cajamarcaopina.com/home/content/view/8977/2/ http://terraignea.blogspot.com/2009/10/viii-encuentro-nacional-de-escritores.html http://gremiodeescritoresdelperu.jimdo.com/blog/
|
|
![]() | |
Profesor Américo Ferrari en Ginebra. |
por Nilo Tomaylla
Aunque sus apellidos evoquen el norte y el sur de Italia. El es peruano, limeño como la mazamorra morada, más exactamente de orígenes huachanos. Es uno de los poetas vivos más importantes de esa generación, llamada del 50. Su trayectoria está ligada a varios destinos que son caros al Perú y al mundo. Citemos: César Vallejo, César Moro, José A. Valente, Georgette Vallejo. Las casas donde dejó sus enseñanzas como La Sorbona de Paris, la universidades de Barcelona, de Sevilla y finalmente la de Ginebra donde se jubiló ha muchos años de hoy. Traductor del poeta alemán Novalis.
El tiene 80 años y los pelos blancos.
![]() | |
W. Lingán, Americo Ferrari y Rodrigo Díaz en Ginebra. 2009. |
El Consulado Peruano, La universidad y la librería Albatros de Ginebra haciendo un esfuerzo rindieron emotivo homenaje a este gran escritor. El profesor Jenaro Talens, catedrático de la facultad de letras, al comentar el último libro de Ferrari, Pavesas, editorial Albatros, 2009, dijo del poeta que por su trabajo poético era uno de los más altos representantes de la poesía española (en el sentido de un mapa lingüístico), por una escritura incólume de los accidentes ideológicos o libre de corrientes estéticas.
Sin embargo hay que señalar que su exilio a lo largo de estos años se debió a que dejó la patria peruana, casi a empellones, luego del segundo encierro carcelario que sufrió durante la época del dictador Manuel Odría. En aquellos años los jóvenes apristas soñaban cambiar los destinos del país. La mejor comunión con Américo Ferrari, por este 12 de octubre, fecha de su nacimiento, es abrir al azar su último libro y deleitarnos con dos poemas. Uno donde plasma la ironía metafísica, muy característica de sus libros. O el otro de fondo otoñal que nos muestra que el gran camino del hombre termina siempre en un buen crepúsculo.
DOLORES el dolor de cabeza -cosa de este mundo- mortifica un poco el dolor sin cabeza -cosa de otro mundo- mortifica más.
CAMINO al fin uno se irá caminando sin prisa como para no llegar adonde nada es. |
Claro, nuestro deseo es que Américo Ferrari siga produciendo todavía muchos más versos. ¡Salud poeta!
|
![]() | |
El poeta mexicano J.E. Pacheco |
por PABLO ORDAZ. 10/10/2009 Babelia. El País
José Emilio Pacheco repasa su proceso creativo, y su exigencia lo lleva a compartir la afirmación: "En la poesía, lo que no es excelente es despreciable". El escritor mexicano publica un nuevo poemario, "La edad de las tinieblas". El 17 de noviembre recibirá en Madrid el XVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
Hay una voz que emociona a los jóvenes mexicanos. Es la de un hombre de 70 años que conoció a Octavio Paz, a Luis Cernuda, a Vicente Aleixandre, a Max Aub, a Jorge Luis Borges. Hay un poema de 1967 que emociona a todas las generaciones de mexicanos. Se llama Alta Traición y dice así: "No amo mi patria. / Su fulgor abstracto / es inasible. / Pero (aunque suene mal) / daría la vida / por diez lugares suyos, / cierta gente, / puertos, bosques de pinos, fortalezas, / una ciudad deshecha, gris, monstruosa, / varias figuras de su historia, montañas / -y tres o cuatro ríos". La voz y el poema pertenecen a José Emilio Pacheco, pero más allá de lo extenso de su obra, de la importancia de los premios recibidos, lo que inspira la vida y la obra del último premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana se resume en una frase que intercala en la conversación: "Es muy curioso todo". Y es en la manera gozosa en que lo dice, en el deseo inagotable de aprender y en su forma de transmitir lo que sabe, siempre como un regalo, nunca como una lección, donde está el alma de José Emilio Pacheco, su conexión tan íntima con lo mejor de México.
![]() |
-Qué casa más bonita.
-La queremos mucho.
La cita es a las nueve de la mañana, en su casa, para desayunar. José Emilio Pacheco estrecha la mano del periodista y en ese momento, fin del verano, ciudad de México, colonia de La Condesa, dos temores se sientan frente a frente. El del poeta a las entrevistas. El del periodista ante un sabio que odia las entrevistas. Después de un primer café de tanteo, y ante las primeras preguntas, José Emilio Pacheco decide confesar: "¿Ves?, encendiste la grabadora y enmudecí. Hay gente que tiene el talento para hacer entrevistas, pero yo carezco absolutamente de ese talento. Después de cada entrevista, me quedo pensando: ¿por qué no le dije esto...? Debería haberle dicho aquello otro... Ten en cuenta que yo estoy acostumbrado a escribir, a ver lo que pienso. Y si no veo lo que estoy diciendo, ¿cómo puedo pensar?" Confesión por confesión, el reportero le cuenta que hasta la noche anterior no le llegó por correo electrónico su último libro, La edad de las tinieblas, que en España publica Visor.
![]() |
Y que fue abrir el archivo, empezar a leer los 50 poemas en prosa y sentir ternura con Bolotó, "el terror de las hormigas", miedo ante la mirada del insecto, "en la noche del insecto hay un minuto en que se pregunta a qué sabrá sentirse humano", nostalgia de aquella lejana tarde con aquella mujer, "nos llevamos tan bien que sin decirlo preferimos no volver a vernos...". Al apagar el ordenador, ya alta la madrugada, el periodista había desaparecido y se había convertido en uno más de sus rendidos admiradores. Cuando José Emilio Pacheco acude a alguna celebración literaria en México, los organizadores saben que habrá lleno absoluto, y que sus lectores no se conformarán con la delicia de escucharlo hablar, sino que querrán saludar al autor de Las batallas en el desierto, que se retrate con ellos, que les dedique un libro...
Cuando se pregunta aquí y allá por José Emilio Pacheco, las respuestas coinciden: "¿Lo vas a entrevistar? ¡Qué suerte! Es una persona encantadora, un sabio como los de antes. Eso sí -bajan la voz-, ten en cuenta que José Emilio Pacheco odia las entrevistas". Pacheco se disculpa: "La paradoja es que a mí me gusta mucho leer las entrevistas, pero hay veces que me preguntan: ¿y usted qué intentó reflejar con este poema...? Ah, pues yo, no sé qué responder... Prefiero que hablemos tranquilamente y luego tú escribes lo que creas más conveniente. ¿Te he ofrecido ya café? ¿Qué poema me decías que te había gustado?"
Sin duda, uno de los poemas más sobrecogedores es precisamente el que da título al libro, 'La edad de las tinieblas'. En uno de los párrafos, José Emilio Pacheco describe así un quinqué: "Me intriga pensar en lo que han dicho mis padres: en el petróleo de la lámpara flotan reducidos a esencia bosques y dinosaurios de la prehistoria. Millones de años se han necesitado para humedecer la lengüeta de jerga que convertida en mecha soporta la llama. Una campana de cristal la protege y le permite iluminarnos. En el quinqué se consumen los restos fósiles de una vida improbable. La noche huele a luz carbonizada".
![]() |
PREGUNTA. ¿Qué se siente cuando uno escribe una frase redonda, una frase definitiva como ésa? "La noche huele a luz carbonizada...".
RESPUESTA. Uno se siente muy satisfecho, sí, eso sí.
P. ¿Y cuando se percata de que un libro suyo publicado en 1981 - Las batallas en el desierto- tiene aún tanta vigencia que sigue siendo traducido, admirado por lectores de 16 años...?
R. Una gran satisfacción, sí, pero también alguna forma de humildad. Uno no tiene la intención de provocar ese efecto, es algo que tiene el texto. Porque uno siempre quisiera escribir bien y que las cosas salieran. Pero no salen...
P. ¿Es muy exigente?
R. Sí, guardo o destruyo mucho.
P. ¿Y cuándo sabe si un texto es bueno o malo?
R. Eso me costaría mucho decirlo. Tal vez uno sí tiene la intuición de lo que está bien. El problema es que es una intuición provisional, porque después de que sale el libro sigo corrigiendo... Soy un horror para los editores.
P. A propósito de los versos, usted cuenta en La edad de las tinieblas: "Los veo formarse indefensos y salir en busca de alguien que los resguarde. La inmensa mayoría les da la espalda. Cuando ellos se acercan las personas desvían la mirada y hacen como si los versos no existieran". ¿Cuándo decide que sus poemas están listos para subir al metro y vencer "la hostilidad, el desprecio o cuando menos la indiferencia de los pasajeros"?
R. No hay ninguna regla. Podemos ver poema por poema, y te diré: "Mira, éste me costó un trabajo infinito, un trabajo de años". Y otros, en cambio, salen prácticamente de primera intención. Es muy extraño...
P. ¿Y ni siquiera la experiencia sirve?
R. Para nada, al contrario. Con 20 años piensas que tal vez un día llegues a escribir con una facilidad, con una certeza y un conocimiento... Y no, nunca. Siempre es por primera vez, siempre. Y, además, la mayoría de las cosas salen muy mal. La mayoría de los textos que haces son malísimos, para que uno te salga bien necesitas hacer 50 muy malos.
P. Tan malos no serán...
R. Sí, sí. Mayans, un neoclásico del siglo XVIII, decía: "En la poesía, lo que no es excelente es despreciable". Y tenía razón.
P. O sea, que hay pocas cosas más espantosas que un poeta malo...
R. Sí, sí, y además hay otra cosa: ya nadie admite la crítica. Eso se acabó con los cafés. Hay que acostumbrarse de nuevo a que la gente no esté de acuerdo en todo contigo, que no te diga que todo lo que escribes está bien. Porque si yo ahora le digo a alguien: oye, no me gustó... No lo acepta. Eso es impensable ahora.
![]() |
P. ¿Cómo agrupa los poemas?
R. Se van haciendo y de repente digo: aquí hay un libro, pero nunca me he propuesto escribir un libro de poesía. Ésa es una cosa muy singular que tenía Pablo Neruda. Que Pablo Neruda decía: voy a hacer un libro. Y entonces lo hacía. No iba reuniendo poemas. Por ejemplo, yo digo que Rubén Darío es un poeta de poemas, no de libros de poemas. Rubén Darío hace poemas, nunca piensa en el libro, y Neruda sí.
P. Por cierto, ¿es verdad que usted no quiso conocer a Pablo Neruda?
R. Sí, porque yo qué le iba a decir a Neruda, prefería leerlo. Me dijeron: esta noche va a estar aquí Neruda (supongo que rodeado de otras 800 personas). Y qué le iba a decir yo: buenas noches, señor Neruda, me gustan muchos sus poemas...
P. Neruda, Cernuda, Aleixandre... Los conoció a todos...
R. Los conocí a todos por cuestiones de edad. Sobre todo a la gente de los sesenta. La influencia de la literatura española en México fue muy grande. Hay que tener en cuenta que el exilio fue una catástrofe humana, pero a la vez una bendición cultural y de intercambio. Yo nazco en el 1939, y por tanto toda mi vida pasa al lado del exilio. Hay dos escritores que tuvieron mucha importancia en México: Max Aub y Vicente Aleixandre... Vicente Aleixandre escribía una carta a cualquier poeta hispanoamericano que le mandara un libro. Recibí muchas cartas de Aleixandre, pero cuando estuve en Madrid en 1968 no me atreví a ir a Velintonia. Jamás lo vi en persona. Y los libros españoles llegaban a casa de Max y uno podía leerlos. Él fue realmente un vínculo muy importante. Me da mucho gusto que ahora se le esté haciendo justicia a Max.
![]() |
P. Hasta no hace mucho era prácticamente un desconocido en España.
R. Sí, y aquí también. Es lo que suele pasar con una obra tan vasta y tan variada. De hecho, él tiene una frase muy buena: el hombre orquesta nunca alcanzará la notoriedad del solista.
P. Da la impresión a veces de que antes, en los tiempos de las cartas y los barcos, había más contacto entre las dos orillas que ahora, con el correo electrónico y el avión..., que ahora hay más distancia.
R. Sí, pero es precisamente por lo contrario. Porque hoy todo está más a la mano. ¿Cuántas veces voy yo al castillo de Chapultepec o al Museo de Antropología? ¡Nunca! Porque me quedan a unos minutos de mi casa. Si en vez de vivir aquí viniese a México de visita, estaría allí ahora mismo. Es lo que pasa también con Internet.
A José Emilio Pacheco le apasiona la riqueza del español. Se puede pasar horas hablando -y disfrutando- de las distintas maneras que tiene nuestro idioma de nombrar la misma cosa. "Yo creo que hay que respetar. ¿Por qué la gente de Santiago de Chile o de Tegucigalpa va a hablar como yo? No tiene ninguna razón. El castellano es de Castilla, pero en México hablamos español porque está hecho de todas las Españas. Camilo José Cela y Francisco Umbral o Miguel Delibes escriben en castellano, pero yo no puedo escribir en castellano. Yo escribo en español".
P. ¿Y se puede traducir del uno al otro?
R. Claro, no seamos demasiado puristas en esto. El traductor debe traducir para su comunidad lingüística inmediata. Sólo hay que fijarse en el teatro. Las obras de teatro se adaptan hasta por regiones. Hay muchas palabras que se utilizan en la Ciudad de México que no se dicen en Monterrey o en Mérida. Y se tienen que adaptar. Por ejemplo, cosas tan elementales como la resbaladilla... ¿Cómo se dice en España?
![]() |
P. El tobogán.
R. Pues en Nuevo León es el resbaladero. Había cuando era niño un artículo del Reader's Digest que se titulaba 'El inglés que usted no sabe que sabe', por todas las palabras similares, los falsos amigos o cuñados... Yo quiero escribir un libro que se llame El español que usted no sabe que sabe...
Y sobre eso hay una anécdota que viene a colación: "Vas a ver. Vino Borges, en 1973, nunca había venido. Era muy antimexicano Borges, y le dieron el Premio Alfonso Reyes. Regresa a Buenos Aires, lo entrevistan en La Nación y le preguntan cómo fue su viaje. Ah, maravilloso, respondió, estupendo, me trataron tan bien... ¿Y qué fue lo que le gustó? Todo, las pirámides de Teotihuacán... Pero más que nada, yo pensé que a los 74 años yo hablaba castellano, y aprendí un verbo mexicano que me encanta, y que ahora uso todo el tiempo, que es platicar. Entonces, la próxima vez que vi a Borges, le dije: es inconcebible, porque quién sabe qué pasó en el mundo hispánico que hacia 1930 desapareció de todas partes excepto de México platicar. Y le añadí: platicar está en toda la literatura medieval, está en toda la literatura del Siglo de Oro, del siglo XVIII, del siglo XIX y está en sus libros... Y él me decía, no, es que platicar es conversar. Y yo le respondía que no. En este momento tú y yo estamos platicando, si estuviéramos ante la televisión estaríamos conversando. Platicar es una cosa privada. En España es charlar. Pero a mí, para mi habla de la Ciudad de México, charlar es un cultismo de platicar. O poniendo como ejemplo otra palabra: en Guanajuato, aguardar es lo normal y lo culto es esperar, para mí no. Para mí suena más raro estoy aguardando. Fíjate, en el mismo país, ¿no te parece maravilloso?"
P. Yo soy de Sevilla y allí se utiliza mucho convidar en vez de invitar, y en el resto de España no tanto...
R. Ah, convidar es muy de México. Te puedo convidar a un café... O, mira, la primera vez que yo llegué a Bogotá, me dijeron: ¿no le provoca un tintico? Y yo le respondí, no, no bebo antes del almuerzo... Y resulta que un tinto es un café... Pero, además, aquí provocar se perdió. En el habla de mi infancia, provocar es tener ganas de vomitar. Qué curioso es todo. ¿Tú entonces crees que el andaluz es el origen del habla de América...?
P. A tanto no soy capaz de llegar, pero sí es verdad que en México se encuentran en perfecto estado de salud palabras que en España ya están muertas y que en Andalucía sólo están moribundas...
R. Pues a mí me han dicho ingleses que la misma impresión tienen en Estados Unidos. Por ejemplo, a ti qué te sale más natural, ¿estrecho o angosto...?
Sobre la mesa hay una foto que acaba de cumplir 50 años. En ella están, sentados en el suelo y en animada conversación, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol y Carlos Monsiváis. Los tres escritores, los tres mexicanos, los tres supervivientes de una época que ya sólo queda en la memoria. Dice José Emilio Pacheco: "Antes de la inseguridad, esta ciudad era muy agradable. Por eso se vino a vivir aquí García Márquez, tanta gente. Yo conocía a los cineastas, a los pintores... Ahora no conozco ni a los escritores. Entonces se podía vivir en la calle. Yo acompañaba a Monsiváis a su casa y de regreso él me acompañaba a mí". Hay en La edad de las tinieblas un poema en prosa, titulado 'A la extranjera', en el que Pacheco llora a México perdido: "A usted le duele esta ciudad que también ha hecho suya y lamenta ver cómo la hemos destruido y la seguimos arrasando. No entiendo sus razones para amar un sitio desesperante y sin esperanza. O tal vez existe la esperanza porque usted se encuentra aquí una vez más y llena de luz otra estación sombría.
Nací en un lugar que se llamaba como éste y ocupaba su espacio. Ahora también en mi suelo natal soy extranjero en tierra extraña. Ya no conozco a nadie ni reconozco nada. Usted, en cambio, no es extranjera en ningún lado. Usted es de todas partes como la música. Por favor, no se vaya. No se lleve al partir un fragmento de luz entre el desierto pardo y la barbarie que por codicia y estupidez hemos engendrado". Han pasado dos horas. José Emilio Pacheco sale a la puerta de su casa a despedir al invitado. Unas muchachas que pasan por la acera de enfrente lo reconocen y sonríen.
A finales de noviembre, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, mil jóvenes se reunirán con Pacheco para celebrar su 70º aniversario. Porque su poesía "es de todas partes como la música". Porque en México aún se ama a los poetas más que a los futbolistas. Porque aquí "tal vez existe la esperanza". También recibirá un homenaje en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), que se celebrará del 28 de noviembre al 6 de diciembre (www.fil.com.mx/).
|
![]() |
por Virginia Vilchez Samanez
El director de la Revista Peruana de Literatura y de Editorial Pasacalle, Ricardo Vírhuez Villafane, nos cuenta sobre la producción literaria y editorial de diferentes regiones del Perú, que ha tenido la oportunidad de conocer debido a haberles dedicado la mayoría de los ocho números de la mencionada revista. Nos habla de la riqueza de la literatura oral amazónica, de la calidad narrativa de los escritores huanuqueños, de los buenos trabajos de edición que se hacen en Arequipa y la gran cantidad de tomos publicados en Cajamarca de los relatos orales de las comunidades campesinas. “El conocimiento del universo literario y editorial peruano es todavía una meta por alcanzar”, afirma. Destaca también el importante rol que pueden cumplir los municipios a favor de la cultura, como ya lo vienen haciendo algunos. Menciona, como ejemplos, el municipio de Huari que ha publicado más de 20 títulos, y las municipalidades de Marca y Recuay que ayudaron a crear un pequeño fondo editorial y apoyaron la reedición de la novela Anusia, de Julio César Pozo Cueva, considerada como ‘la primera novela ancashina’.
-¿Cuándo surge Pasacalle?
-Editorial Pasacalle se formó hace tres años. En un primer momento surge exclusivamente para formalizar la empresa que publica la Revista Peruana de Literatura, que ya va por su octavo número. Pero, a partir del año pasado, estamos publicando libros y dando servicio editorial. Más adelante esperamos apostar por nuestros propios títulos.
-¿Qué frecuencia tiene la revista?
-Sale cuando se puede. Lo habíamos planificado para que se editaran tres números por año, pero a veces salía un número por año, otras veces dos, y una vez sí publicamos tres números al año. Esta vez esperamos publicar por lo menos dos números, ahora que acaba de salir el número 8 dedicado a la literatura huanuqueña. Hay que tener en cuenta que el especial por región la hacen prácticamente los propios escritores e intelectuales de la ciudad a cuya región le dedicamos el número; entonces compartimos los ejemplares con ellos, y lo distribuimos en un promedio de 30 ciudades. Como el objetivo de esta revista es difundir a los autores y las obras que se producen en una región, resulta poco lucrativa y no permite manejar rápidamente el financiamiento del siguiente número. La solución, obviamente, es contar con el financiamiento, por lo menos para la impresión, de alguna institución privada o pública, pero salvo el caso del gobierno regional de Loreto, y hace poco del Centro Cultural de España, no hemos contado con ningún apoyo. Lo cual demuestra que, pese a nuestros escasos recursos, aun así podemos trabajar, publicar y difundir la literatura peruana, a sus autores y sus libros, independientes de intereses políticos o económicos.
-La característica de la revista es que cada número está dedicado a una región o a una ciudad.
-Salvo el caso del número 2, que le dedicamos a Chimbote, todas las demás están dedicadas a una región. La idea motivadora es sencilla: si queremos hablar de literatura peruana, hay que enterarnos de toda la literatura que se produce en nuestro país. Sino, ¿de qué vamos a hablar?
![]() |
-¿Qué nos puedes decir sobre la producción literaria de las diversas regiones?
-La que más me ha sorprendido es la literatura oral amazónica, que es extraordinaria, un universo impresionante. Creo que solamente la literatura oral amazónica añadiría tomos y tomos a la literatura peruana, al igual que la literatura oral andina. Ambas son formas literarias muy auténticas y dinámicas. Pero hablando de la literatura escrita, hecha por escritores, tenemos buenas obras en Huánuco, donde probablemente exista la mejor narrativa que se hace en el Perú. O la poesía muy seria y experimental, con muy buenos editores, que se hace en Arequipa. El siguiente número de nuestra revista, después de Huánuco, estará dedicado a Arequipa. A manera de anécdota, te cuento que cuando presentamos el número dedicado a Cajamarca, después de haber investigado y viajado tantas veces, nos enteramos de que el antropólogo Alfredo Mires había publicado más de ciento veinte tomos de recopilación oral durante su trabajo con las comunidades campesinas de Cajamarca. Imagina semejante riqueza literaria. Lo que revela que nuestro conocimiento del universo literario peruano es todavía una meta por alcanzar.
-¿Cuáles son las características de la revista?
-Tratamos de abarcar la mayor cantidad posible de manifestaciones literarias. La mitad de la revista está dedicada a la literatura de una región, pero en la otra mitad entrevistamos a escritores que se conocen muy poco o cuya producción literaria es valiosa pero carecen de la difusión adecuada. También hay ensayos, estudios, reseñas de libros. Y hemos realizado, el año pasado, el Concurso de Novela Política que lo ganó Harol Gastelú Palomino, a quien premiaremos y publicaremos este año. También hemos realizado concursos de literatura escolar en colegios de provincia, y premiamos a los alumnos con libros y pequeños obsequios. El objetivo de la revista es, por un lado, difundir la literatura que se hace en todo el Perú, pero también dar dinamismo a las manifestaciones literarias mediante concursos y talleres literarios. Ahora hemos lanzado un concurso de novela juvenil, con premio de 3 mil soles y publicación de la obra ganadora.
-¿Qué otras actividades realizan mediante la revista?
-En el primer número, por ejemplo, lanzamos la idea de formar la Asociación de Escritores del Perú, cuyo objetivo principal es la defensa de los derechos de autor. No existe en el Perú ninguna institución que luche por eso, como la APDAYC lucha por los derechos de los compositores. Esa sigue siendo una meta a largo plazo. O la idea de que no se publiquen solo mil ejemplares, ya que publicar ese tiraje en el Perú representa solo el 0,003% de la población peruana, es decir casi nada. Estamos condenados a que casi nadie nos lea cada vez que publicamos mil ejemplares. Nos gustarían tirajes de cien, doscientos mil ejemplares, pero como las editoras particulares no tendrían el capital para hacerlo ni capacidad de venta, una de las propuestas es que lo hagan los municipios o los gobiernos regionales o el ministerio de Educación.
![]() |
-¿Qué nos puedes decir sobre el rol de las autoridades municipales o regionales en relación a la cultura?
-Es muy contradictorio y muy variado. Algunos municipios están ayudando a crear su pequeño fondo editorial o a publicar algunas ediciones, como el caso de Marca y la provincia de Recuay, que ayudaron a reeditar la novela Anusia, de Julio César Pozo Cueva, que fue la primera novela marquina y al mismo tiempo la primera novela ancashina escrita por un ancashino, y con ese criterio los convencimos para formar el fondo editorial de Recuay y fondo editorial de Marca, pero aún no ha surgido otro título. Parece que necesitan un poco más de iniciativas. El gobierno regional de Arequipa también está comprometido con la publicación de libros. Y en el anterior gobierno regional de Loreto se publicaron 11 libros de autores loretanos, que se distribuyó gratuitamente entre la población local, y que presentamos en Lima junto a Oswaldo Reynoso y el congresista Víctor Isla. Pero lo que más me ha sorprendido es la experiencia de Huari, cuyo alcalde tiene como meta la cultura, primero, y en ese afán ha publicado más de veinte títulos, no solo de autores huarinos o ancashinos, sino también de otras regiones. Hace poco, el alcalde de Chiquián también se comprometió a formar el fondo editorial municipal. Pero la mayoría de alcaldes definitivamente no quieren saber nada con la cultura.
-¿Qué tiraje tiene la Revista Peruana de Literatura?
-1,000 ejemplares, que distribuimos en más de treinta ciudades del interior y algunos ejemplares van al extranjero, donde hay mucho interés por nuestra publicación.
-¿Qué apoyo recibes?
-Todo el gasto es de nuestro bolsillo, de nuestro esfuerzo, pues a pesar de que recibimos promesas de que nos van a apoyar, finalmente no pasa nada. Por eso con Javier Garvich, el editor de la revista, celebramos cada salida de un nuevo número de la revista como un triunfo. Las únicas experiencias de apoyo que tuvimos, para cubrir parte de la impresión, fue del gobierno regional de Loreto en el número que dedicamos a esta región, y para este número 8, del Centro Cultural de España. Hemos escrito a muchos amigos escritores para sumarse al esfuerzo, pues al final todos salimos ganando, al final ganamos el conocimiento de la literatura peruana que jamás saldría en diarios ni revistas, y hemos contado con el apoyo de Zein Zorrilla, siempre atento a nuestras publicaciones, de Melacio Castro y Walter Lingán, que viven en Alemania.
-¿Y la comercialización?
-En esas más de treinta ciudades donde repartimos la revista, entregamos paquetes a nuestros corresponsales. Los llamamos así, corresponsales, que es un título pomposo pero que en realidad son colaboradores, amigos, escritores, profesores. Ellos se encargan de distribuirlas, tratamos de que en primer lugar sea a un público objetivo, es decir personas relacionadas con la literatura, ya sea escritores o profesores de literatura, porque finalmente son personas que más provecho le van a sacar, y también a las bibliotecas de los colegios y de los municipios, si existieran. Pero la situación de pobreza, y por otro lado ciertas malas prácticas, impiden que la venta de ese grueso de revistas regresen a nosotros para planificar el siguiente número.
![]() | |
R. Virhuez y Jaime Uribe (Alcalde de Huaral). |
-¿Qué hacer?
-Siempre estamos buscando alternativas, imaginando salidas. Uno de los intentos que hicimos fue llegar a las librerías del INC, y fue una experiencia que no repetiremos. Para darte una idea, en Huánuco el encargado de la librería quería que presentáramos primero una solicitud de autorización a la directora del INC de Lima para ver si eso era posible. La burocracia, tan absurda como siempre. Por otra parte, el comportamiento de las librerías independientes deja mucho que desear. Por un lado, no difunden lo que tienen y no cumplen con pagar, si es que han vendido, o demoran muchísimo; y, por otro lado, son tan pocas las librerías, que en realidad funcionan como papelerías donde exhiben algunos libros. Por eso creo que a todas las editoriales en el Perú nos falta resolver el gran problema de la distribución.
-Sin embargo, nos hablas de libros que has editado cuyos tirajes se han agotado.
-Cuando publiqué el libro Anusia, en coordinación con las municipalidades de Recuay y de Marca, pensé que ofrecerlo a un público neutro, general, no iba a ser una buena política de distribución. Entonces, lo que hice fue ofrecerlo a determinados alcaldes ancashinos que pudieran estar interesados. Lo otro fue presentar la novela en el Club Ancash, ante un público ancashino interesado en cultura ancashina. Además, era una muy buena edición, con un formato novedoso, y se trataba de la primera novela ancashina escrita por un ancashino, de modo que había un valor adicional, un valor histórico. Por eso se agotó la edición. Creo que fue una buena estrategia y aun ahora me piden el libro. Estoy tentado de sacar una nueva edición.
-¿Y en el caso de Eva Nibelunga?
-Es una coedición con Miguel Rodríguez Liñán, que es un escritor muy bueno que nació en Trujillo, creció en Chimbote y actualmente radica en Francia. Se trata de un libro delicioso, muy cercano al vitalismo de Henry Miller, donde las aventuras eróticas y existenciales de un peruano y varios latinoamericanos en Aix-en-Provence, una bella ciudad francesa, ha dado pie a una novela volcánica, erótica, vital, poética, muy intensa. Y mi problema aquí es que ya no tengo un público objetivo, como en el caso de Anusia, y por esa razón las ventas son muy lentas.
-Tú no trabajas con librerías; entonces ¿cómo son las ventas?
-Bueno, como viajo constantemente, llevo los libros adonde voy, hago la propaganda por internet, busco públicos muy precisos, porque al fin y al cabo mil ejemplares prácticamente no es nada. Cuando publico un libro, espero venderlo en dos o tres meses. Hasta ahora Eva Nibelunga me está durando algunos meses; a diferencia de Anusia, que sí voló en un par de meses.
-Hay editoriales que sacan 300 ejemplares y pasan dos o tres años sin venderlos.
-Es que se trata de la manera de vender, de buscar públicos objetivos. Yo no espero que el lector venga a mí. He visto que esa política no da buenos resultados. En nuestro país el lector casi nunca va, hay que ir al lector. De otro lado, el Plan Lector es otra gran alternativa que está sucediendo en el Perú para poder vender libros. Lamentablemente se vende todo tipo de libros, lo ideal sería la existencia de un filtro, que sería un maestro lector, capaz de discernir y seleccionar la mejor literatura para los niños y jóvenes; sin embargo, a pesar de todo, lo importante es que se están vendiendo libros.
-¿Piensas incursionar en la publicación de libros para el Plan Lector?
-Lo estoy pensando. El Plan Lector nos abre un mercado inmenso. Hay una necesidad enorme en colegios públicos y privados, no de mil ejemplares, sino de decenas de miles de ejemplares, que todavía no están cubiertos en su totalidad. Requerimos, por eso, de ediciones masivas que cubran esa demanda. Y, por supuesto, que se paguen derechos de autor. Todos saldríamos beneficiados con una política editorial honesta.
-Pero vemos que los profesores no leen y por tanto no saben qué libros recomendar. ¿Cuáles deberían ser las cualidades de un libro para el Plan Lector?
-Lo que acabas de mencionar es muy cierto, y eso se solucionaría fácilmente si tuviéramos maestros que leen. Lamentablemente, no tenemos maestros que sean buenos lectores y se dejan impresionar con una edición colorida o a cambio de algo, un porcentaje de la venta, algún premio, una agenda, en fin. Yo pienso que los tres elementos negativos para que la lectura en el Perú se estanque son: primero, un padre hipócrita que impide que su hijo acceda a todo tipo de lecturas, que quiere que su hijo solamente lea lo que va de acuerdo con sus ideas, sus temores o su religión. O padres que desean que sus hijos sean profesionales, pero se niegan a invertir en libros. Hay padres que impiden la lectura de un libro solo porque aparece la palabra “carajo”, como pasó en Huaral; y en Carhuaz fue peor, pues un padre de familia de secundaria quemó Eva nibelunga porque contenía algunas escenas eróticas. Si tenemos en cuenta que los cuentos infantiles clásicos abarcan toda la vida, la muerte, el erotismo, la enfermedad, el canibalismo, que están en esos cuentos que nosotros hemos oído de niños, entonces negarle algún tema a un joven es arrancarle la belleza misma de la literatura. Lo que un niño o un joven ve en la TV y en el cine es mucho más pernicioso y atrevido de lo que pueda leer en un libro. Lo que debe preocuparnos, más bien, es explicar al niño y al joven esos temas, en caso no los entienda del todo, pero no negarle el camino a una lectura amplia y libre. Segundo, tenemos maestros que no leen, y no solamente maestros poco preparados en su materia. La lectura debería ser la base del conocimiento de cualquier maestro; el maestro debería conocer la mayor cantidad posible de libros que va a recomendar a sus niños. Y finalmente, el tercer elemento son esas ediciones pobres, pobres en material, en contenido, que están pululando en el Perú. Por un lado libros piratas, y por otro lado libros dedicados a los colegios que en muchos casos ni siquiera son los originales, o libros cuya calidad literaria está muy en duda. En mi opinión esos son los tres elementos que impiden que la lectura mejore y crezca en el país.
-¿De qué manera deberían relacionarse las editoriales con los docentes?
-Creo que mediante una especie de regla ética entre las editoriales se podría acceder al compromiso de publicar libros de la mejor calidad literariamente hablando, de la mejor calidad gráfica, del uso de buen papel y buen pegado o cosido, y de no engatuzar con regalitos a los maestros moralmente relajados. El problema radica en que una editorial es una empresa privada, es decir, una empresa cuya finalidad es el lucro. Tal vez se tendría que apostar por algunas medidas que comprometan al lector-comprador, por ejemplo, algo que queremos promocionar a través de la Revista Peruana de Literatura, el que solamente se compren libros a las editoras que hayan pagado derechos de autor. Si existiera una asociación de escritores que pudiera defender los derechos de autor, podríamos añadirle una mayor exigencia en aspectos técnicos y de contenido. Sin esta asociación, los escritores están repartidos por todo sitio y carecen de representatividad, a pesar de que existen asociaciones, gremios y grupos en todo el Perú que supuestamente los representan, pero en el fondo vemos que el elemento principal, que es la defensa de los derechos de autor, no está defendido por ninguna institución. En resumen, mientras no exista una asociación de escritores, la relación entre la empresa editorial y el maestro estará inclinada a las decisiones de la editorial, que no siempre es justa.
![]() | |
Ricardo Virhuez y la poeta huanuqueña Gloria Dávila |
-¿Y cómo ves la producción literaria actualmente?
-Hace poco fui a Depósito Legal, de la Biblioteca Nacional, y pregunté cuántos pedidos de depósito legal existían, para de ese modo calcular la cantidad de libros publicados. El promedio es que se publican 1,500 libros al mes en el Perú, aproximadamente. No es una cifra exacta, porque mucha gente no registra ni pide su número de Depósito legal, pero aun cuando solo fuera la mitad, se trata de una cifra impresionante.
-Los escritores de las regiones son más formales en eso, según tengo entendido.
-La gran ventaja del registro es que se hace por internet y en un minuto ya tienes tu número de Depósito legal. De repente el problema está en que luego tienen que enviar el paquete de libros al registrador, que a menudo no ocurre y hay omisiones. A partir de esa cifra aproximada, habría que ver cuáles son de literatura, poesía, textos escolares, etc, pero es una producción bibliográfica inmensa.
-¿Cuál es la región con más actividad editorial?
-De lo que yo conozco, en Iquitos hubo la experiencia del gobierno regional que creó su fondo editorial y publicó 11 libros, pagando en efectivo los derechos de autor y obsequiando todos los libros dentro del territorio loretano. A partir de allí ha surgido una editorial independiente que está siguiendo la misma línea de pagar derechos de autor y de distribuir y vender. Luego, la más dinámica de las que conozco es la de Chimbote, Río Santa Editores. Ha ayudado mucho a promocionar los libros de autores chimbotanos. Su lema es “Para dejar de ser forasteros en nuestra propia tierra, leamos lo nuestro”, y ha creado un ambiente de mucha identificación con los escritores locales. A partir de la experiencia de Río Santa, han surgido otras experiencias editoriales chimbotanas, como Ornitorrinco y Mantícora Editores. Creo que la idea del Plan Lector para difundir los libros regionales en las ciudades donde se producen está dando buenos resultados, por lo menos para los editores locales. No olvidemos que en Huánuco una experiencia editorial exitosa es la de Editora Perú, de Hebert Laos; mientras que en Trujillo lo es de la editorial Papel de Viento, con ediciones populares en formato de bolsillo, que cubre casi toda la bibliografía del norte del país. Y en Ayacucho resaltan dos experiencias valiosas, la de Editorial Altazor, que ha mejorado muchísimo la calidad de sus ediciones, y la de Ediciones Cernícalo, capaz de vender más de 10 mil ejemplares en ediciones populares de un solo título. Y en Tacna ha surgido también una nueva propuesta editorial.
![]() | |
Escritores peruanos durante el I Congreso Internacional de Literatura Peruana en Madrid (R. Virhuez, 1ero. a la derecha) |
-¿Y en Arequipa?
-La experiencia editorial que tiene una mayor preocupación por el texto y por el formato, es la que se produce en Arequipa. Tal vez Arequipa sea el único lugar, fuera de Lima, donde realmente hacen muy buenas ediciones, que dan envidia. En Puno también, a partir de la revista Apumarka y de los escritores que la rodean, así como de las editoriales Lago Sagrado e Hijos de la lluvia, se ha desarrollado una experiencia interesante. Pero con los editores ocurre lo mismo que con los escritores. Para los escritores, hacerse narrador o novelista es empezar empíricamente, no existe una universidad (a pesar de que hay cuatro programas de Literatura en el país, y salvo excepcionales talleres) donde se enseñe el Arte de la ficción o la Escritura creativa. Básicamente se enseña historia de la literatura o teoría literaria, pero no creación, es decir, Literatura. El escritor debe avanzar empíricamente y luego empaparse de técnicas y recursos propios de su trabajo creativo, que junto a su talento formarán la base para crear una obra respetable. Lo mismo pasa con el editor. En el Perú no se enseña la carrera de edición, como sí se hace en Argentina, España, México, como una profesión plena e independiente. Por tanto, los editores deben (debemos) aprender en el camino.
-¿Qué nos puedes decir de los lectores?
-Hay una gran cantidad de lectores cuyas necesidades no son satisfechas no solo porque no llegan los libros a sus manos, sino porque tampoco llegan libros de buena calidad. He comprobado que existen muchos lectores que están dispuestos a pagar el precio de un buen libro, pero como no siempre hay, tienen que contentarse con ediciones piratas o ediciones mal hechas. Como te digo, el negocio editorial es una empresa privada y no siempre los empresarios invierten en su propia capacitación. Los casos de San Marcos y Altazor son interesantes de analizar, pues han dado grandes saltos, han mejorado muchísimo, y han roto por fin esa maldición que cargan los editores independientes, que es la de ser simples intermediarios entre el autor y la imprenta. San Marcos y Altazor ya apuestan por títulos propios y ellos mismos invierten, ellos mismos venden y distribuyen. Aunque, para ser francos, falta todavía dar el siguiente paso, que es el pago en efectivo de los derechos de autor amparados por ley. A fin de cuentas, se hace camino al andar, y se avanza poco a poco.
![]() | |
R. Virhuez. Al fondo un cuadro de Alfredo Alcalde. |
-¿Hay interés por la lectura en las diferentes regiones?
-Definitivamente, sí. Claro que sí. Esa frase de que el peruano no entiende lo que lee es bastante drástica. Si nos comparamos con otros países, estamos dentro de un promedio mundial. La crisis de la lectura es universal. Cuando salió aquella evaluación sobre nuestra lectoría, muy cerca de nosotros estaba Alemania, y Estados Unidos rondaba por allí. Estados Unidos está muy por debajo de Francia, Japón, Inglaterra. Lo que se hace en estos casos es mejorar la calidad educativa. Si falla la lectoría en los alumnos, es porque la educación está mal. Si un gobierno (como el actual y los anteriores) mantiene una educación de bajo nivel, es porque políticamente le conviene una mayoría incapaz de discernir y elegir adecuadamente. Por eso el Plan Lector es un arma de doble filo, que podemos aprovechar para multiplicar las lecturas en los niños y jóvenes, siempre que contemos con el apoyo de los padres (¡abajo los padres hipócritas!), los maestros (¡vivan los maestros que leen!) y los editores (¡queremos libros de mejor calidad!). No te olvides que si se publican mil quinientos libros al mes en el Perú, significa que hay una lectoría en crecimiento sorprendente, o es una lectoría que siempre estaba ahí, aunque invisible para nosotros. A esto hay que añadir el enorme consumo de libros piratas, que ya es un producto masivo. ¿Quién compra libros piratas, si no son lectores necesitados de lectura? Si tomas en cuenta la cifra de lectores de diarios y revistas, más los de libros piratas y libros legales, sumaremos una cifra enorme. Si es así, entonces el problema no está en si se lee o no, sino en qué se lee. Es la calidad de lectura lo que debe preocuparnos. No es gratuito que se siga leyendo masivamente los diarios chichas o amarillos. Creo que por ahí hay que apuntar. El problema de compresión lectora es un problema consecuente a la buena lectura. Te explico por qué. Un buen libro es un cuerpo coherente de ideas e imágenes, por más atrevido que sea artísticamente. La lectura de ese buen libro transmitirá al niño o al joven, libro a libro, año a año, la costumbre de un razonamiento coherente, la riqueza de ideas, el colorido de las experiencias distintas, la belleza del mundo y de los seres humanos, en fin. Si su lectura no es apropiada ni profunda, va a razonar con limitaciones, obviamente, sin la riqueza idiomática de un libro bien escrito. En términos generales, creo que estamos avanzando en los niveles de lectura, cada día se publican más libros, hay más talleres de capacitación, y parece que los maestros se van a rendir por fin ante un buen libro de compañía.
-¿Vives de la editorial?
-Hubiera preferido que me preguntaras si vivo de la literatura, para responderte que sí, aunque sea ilusoriamente. En realidad, vivo de mi trabajo editorial, efectivamente. Me dedico a Pasacalle a tiempo completo desde el año pasado, y no me arrepiento del rumbo que he tomado. Sé que la perspectiva es prometedora y es algo que me gusta. Para decidirme por este oficio recordé aquella frase de Confucio, que dice: Escoge un trabajo que te gusta, y nunca más tendrás que trabajar. Publico no solo la Revista Peruana de Literatura, sino también libros, revistas turísticas y de gestión de algunas municipalidades, doy servicios editoriales, y también estoy apostando por mis propios libros, las novelas que escribí y tengo inéditas. Por eso cuando te digo que quiero agotar mis libros en dos o tres meses es porque debo hacerlo, lo necesito, de eso vivo. Vender el libro que publico es una necesidad perentoria, y creo que la mejor manera de ser editor es no tener otro trabajo. Allí uno descubre cosas que no la descubriría si vive cómodamente de otros trabajos. Sin embargo, si tuviera que elegir, preferiría simplemente seguir escribiendo, vivir de mis derechos de autor (ya sea por mis libros, artículos, conferencias o talleres) y dejar que personas con mucha más imaginación que yo, con mucho más atrevimiento, nos diera la felicidad de un hermoso libro, de un buen trabajo editorial, de una novela hermosamente inútil pero necesaria.
|
![]() |
por Javier Garvich
No, no hablamos de un ménage à trois, ni de un gang bang, ni de un bukkake, ni de cualquier otra de esas prácticas sexuales que solamente existen en la fantasía de la mayoría de los peruanos. Tampoco vamos a referirnos a alguna historia de bricheros, que de eso ya tenemos harto y bastante. No, les voy a contar un cuento, alguno de vosotros posiblemente ya conozca el final.
Hasta hace unos meses muy pocos paisanos sabíamos quién era Stieg Larsson; de hecho sabemos muy poco de la literatura sueca más allá de los cuentos para niños de Selma Lagerlöf, las policiales de Henning Mankell y, claro, el rollo de los premios Nobel. Así que Stieg Larsson nos podía sonar perfectamente como un baterista del grupo ABBA o el último fichaje del Barcelona FC (que, por cierto, esta temporada fichó a un sueco).
![]() |
No, Stieg Larsson es uno de esos quijotes que surgen de cuando en cuando. Rebelde, feminista convencido, defensor de los derechos de los inmigrantes, antiguo militante de las juventudes comunistas (dentro de lo que pueda significar ser comunista en Suecia) y paladín del periodismo alternativo escandidavo. Larsson no se cortaba a la hora de investigar a la actual extrema derecha sueca (sus orígenes nazis y sus conexiones con la gran banca), de criticar los abusos de poder del Estado o de denunciar los espejismos del paraíso escandinavo. Fue amenazado de muerte por los neonazis suecos durante lustros y eso motivó que nunca se casara con la compañera de su vida. Desde la pequeña revista Expo, se dedicó a combatir la hipocresía y los demonios de su sociedad.
Pero Larsson también era un apasionado de la novela negra y nunca se olvidó de su vocación de escritor. Vocación que estalló a los 45 años cuando decidió -de manera divertida- escribir un best-seller que se convirtiera en el Plan de Pensiones para él y su pareja. Fumador, trabajhólico e irreverente; escribió tres tomos de un tirón que, dada su fama de periodista de calidad, no tardó en encontrar editor.
![]() |
En el 2004, semanas antes de la publicación de su obra, Stieg Larsson murió de un ataque al corazón. No solo no pudo ver el éxito global de su trilogía sino que su padre y su hermano (que siempre despreciaron a Stieg por sus ideas y por no querer hacer plata como todo el mundo) heredaron los derechos de autor haciéndose asquerosamente ricos mientras su ex-pareja no recibió un solo céntimo, dada la ley sueca que no reconoce sucesiones en parejas de hecho no inscritas públicamente. Perra suerte, o quizá el postrer capítulo de la obra de Stieg que, en lo fundamental, es una ácida crítica de la sociedad sueca, democrática y progresista de boquilla, pero terriblemente indiferente frente a las injusticias que aparecen en sus narices.
El caso fue que, hace tres meses, me enteré de estas cosas zappeando el canal de Televisión Española, alucinando cómo los madrileños hacían unas colas inmensas para conseguir su último libro traducido. "Bah, otro bestseller de mierda" mascullé, ya que eso pienso de El niño del pijama a rayas o la popular tetralogía de Stephenie Meyer. Además, "lo caro que estará ese libro cuando llegue a Lima".
|
Llevando consigo esos pensamientos cascarrabias, me metí por una de mis calles favoritas, Quilca, de la que les he hablado antes extensamente. Y dio la casualidad que en la misma noche en que ví el informativo de la televisión me encontré con...¿quééé? En efecto, con una cuidada edición pirata de la primera novela de la trilogía de Larsson Los hombres que no amaban a las mujeres, trece soles, la compré al toque. Enganchadísimo, me la leí en un dos por tres y ya estaba buscando el segundo volumen con la ansiedad de un toxicómano. A la semana siguiente, en Quilca lo encontré. Y así empezó el romance.
Lisbeth es el gran personaje de la novela. Ella es una jovencita escuchimizada, sociópata, con una saludable desconfianza frente a las instituciones públicas, bisexual, boxeadora a pesar de su frágil contextura y extraordinaria hacker que, a sus ventitantos añitos, nunca terminó el colegio. Víctima de una cadena de injusticias de la cual son responsables directos los principales poderes del Estado; Lisbeth desarrolla un pensamiento propio condensado en un feminismo radical y en una convicción eufórica de supervivencia. Huérfana de ideologías y teorías, Lisbeth se enfrenta y juzga a la sociedad desde una cruda ética nacida en la reflexión de su propia experiencia como víctima: "No hay inocentes, solo diversos grados de responsabilidad".
![]() |
Lisbeth es capaz de desfigurar a un sádico jurista para que no la vuelva a tocar, aprovecha la guerra periodística contra un oligarca mafioso para meterse en su computadora y saquear su cuenta financiera, se regodea en la violencia que inflinge a psicópatas, asesinos a sueldo o machistas extremos como un elemento más de su propia concepción de defensa personal. No tiene amigos aunque preserva un sentimiento de lealtad y tácita solidaridad con los indefensos (sobre todo indefensas). No tiene pareja estable, pero gusta del sexo intenso si se presenta la ocasión. Ignorante de las humanidades y las artes, su única pasión fuera de la informática son las matemáticas puras. Casi no habla, casi no sonríe, actúa mediante una aplastante y políticamente incorrecta lógica: "Ese tipo odia a las mujeres, es otro cabrón, no hay sitio para los cabrones en este mundo".
Lisbeth ayuda a un periodista free-lance (alter ego idealizado del propio Stieg Larsson) en campañas quijotescas: Desafía a imperios financieros, tasajea los brazos torcidos de dinastías industriales, hace frente a todo el aparato de seguridad sueco, no se cansa de señalar públicamente a funcionarios corruptos, policías machistas e intelectuales mentirosos. Aunque eso la convierta en una marginal.
Porque a primera vista, a los ojos bienpensantes del hombre común, Lisbeth es una transtornada mental, un detritus patológico que se escapó de los inmaculados servicios de salud para arremeter y alterar el curso normal de la pacífica y democrática sociedad sueca. Los periodistas la describen como una terrorista media loca con el gatillo fácil, los policías la ven como una serial killer heredera de una banda de lesbianas satánicas, los médicos la consideran pura carne de psiquiatría, los jueces esperan hacer carrera política deteniendo quien consideran poco más que una iracunda asesina juvenil.
![]() |
Y sin embargo la realidad es radicalmente distinta. Ella, contradictoria y huraña, es la buena de la historia, ella tiene la verdad de los hechos frente a la mentira mediática, ella defiende la libertad de ser frente a una sociedad que necesita etiquetarla como pasaporte de normalidad ciudadana. Ella tiene como pares de desventuras a putas explotadas, inmigrantes refugiados, periodistas disidentes, rockeras freaks, informáticos antisociales, un jubilado apopléjico y jóvenes sin un centavo. Sus enemigos, por contra, son altos funcionarios, doctores, respetados capitanes de empresa, matones de toda laya, personajes mediáticos y hasta ex-agentes de la GuerraFría.
Lisbeth no es Lara Croft, ojo. No es una máquina de acción. Ella usa su violencia y su ira no solamente como mecanismo de defensa sino en oposición a la violencia estructural del sistema. Su sociopatía no es una disfunción psíquica sino un producto de los sufrimientos que las instituciones y la sociedad civil le propinaron desde niña. Sú praxis es una sugerente fusión de anarquistas del siglo XIX, punkies del class war británico y nuevas tecnologías contraculturales. Lisbeth es un símbolo de la oveja negra, del derecho a decir no, de la sospecha del poder como prueba de inteligencia.
Todo esto lo construí mientras devoré los otros dos tomos de la trilogía, todos comprados en las generosas galerías de Quilca. Sí, nuestra industria pirata patria no esperó a que se agotaran los primeros stocks sino que apostó por toda la saga. En un par de semanas estaban los tres libros mientras en las librerías de postín recién colocaban el primer tomo en sus estanterías. Una orgullosa empleada de Crisol me dijo que el tercer tomo llegaría a comienzos de octubre. No quise bajarle la moral respondiéndole que en Quilca hace rato que tenían la coleción completa. Y algo más: Así como es común ver las novedades cinematográficas en DVDs piratas antes que la pongan en cartelera, ahora se ha dado lo mismo en el campo editorial al venderse las copias antes que el original aprezca en librerías. Y creo que es la primera vez. Tener La reina en el palacio de las corrientes de aire ayer y a trece luquitas en vez de esperar meses para ver como accedo al mismo libro pagando noventa solazos, tiene un nombre para mí: satisfación.
![]() | |
La actriz Noomi Rapace interpetando a Lisbeth en la versión fílmica de Los hombres que no amaban a las mujeres. |
Y así, como un nuevo converso, hastié a muchos de mis amigos hablándoles repetidamente de esos libros. En muy poco tiempo me di cuenta que no era el único. Muchos , de alguna manera, llegamos a Lisbeth Salander por diversos caminos. Algunos habían leido algunos sueltos en los periódicos, otros se enteraron por los blogs y siempre estaba el boca a boca (otros pesados como yo, que les hastiaron antes). Profes de filosofía, activistas universitarios y, como no, escritores; todos prendados de esa antiheroína llena de tatuajes que se alimenta casi exclusivamente de leche y pan-pizza. El último en ser flechado, adivinen quién fue.
Para quienes recién se han enterado un poco de que iba esta historia, deben ya tomarme como un pesado ¿Tanta bulla por un bestseller policial? ¿Es esa tu historia de amor?
Es mucho más: Es denuncia de las mentiras de nuestro tiempo, es la propuesta de un tipo de ética en un mundo sin ideologías, ni grandes relatos, ni ningún tipo de sentido común que no sea ganar dinero. Es una propuesta de lucha y de justicia más allá de lo políticamente correcto e incluso de la visión convecional de los Derechos Humanos. Es una reivindicación atractiva del feminismo como ejercicio de pensar decentemente. Es también una manera de ver cómo se construye un siglo XXI bastante distinto del anterior. Es una manera de querer al ser humano, de redescubrir el empeño de las personas sencillas, vulnerables e incluso indefensas por no rendirse.
Esas personas pequeñas, con sus propias cualidades, que se niegan a pactar para ser como los demás; es un tesoro incalculable en los tiempos que corren. Y, afortunadamente, no son tan escasas en el Perú. Aquí siempre nos encontramos con esas Lisbeth Salander cobrizas, chatas, calladas pero decididas. Todos los peruanos llegaremos alguna vez a encontrarnos con una Lisbeth.
Hace años yo encontré a una. Y espero muchas más.
|
![]() |
por Soledad Gallegos Díaz
La cantante argentina Mercedes Sosa, nacida en San Miguel de Tucumán (noroeste) en 1935, es la cantante folclórica más reconocida y premiada de Argentina. Comenzó con quince años su carrera artística y alcanzó la popularidad a finales de los años 60. Firme defensora de los derechos humanos, fue censurada por la dictadura militar argentina (1976-1983) y se exilió en Europa, donde prosiguió con su trabajo con grandes figuras iberoamericanas de la canción.
Durante su larga carrera, Mercedes Sosa ganó un disco de platino por "Gestos de amor" (1994) y tres premios Grammy Latino, y fue distinguida con múltiples reconocimientos por su labor en defensa de los derechos humanos y las libertades.
La Negra, la cantante folklorista de América Latina por excelencia, Mercedes Sosa, ha fallecido hoy domingo 04 de octubre del 2009 en una clínica de Buenos Aires, a los 74 años, víctima de una enfermedad hepática que se complicó con problemas cardio-respiratorios. Miles de seguidores en América Latina y en España (donde estuvo exiliada cuatro años durante la dictadura militar argentina) cantaron con ella su extraordinaria interpretación de Alfonsina y el mar, y otras zambas, chacareras, milongas y tonadas que popularizaron en los años 70 y 80 el folklore latinoamericano en todo el mundo y la convirtieron en una de las mejores y más famosas intérpretes del continente.
![]() |
Su muerte ha sido acogida con dolor también en los medios rockeros y de música pop de América Latina, a los que siempre prestó su generoso apoyo y colaboración. Su relación con los músicos jóvenes argentinos fue constante: era ella la que les buscaba para ofrecerles incorporar algunas de sus canciones en los álbumes de música folklórica que iba produciendo (más de 40 a lo largo de su carrera). En su último álbum doble, Cantora, ya enferma, fueron muchos de esos músicos quienes se ofrecieron a cantar duetos con ella: Shakira, Fito Paéz, Charly García, Caetano, Soledad (la actriz de La promesa de sus ojos), Julieta Venegas, Drexter o los españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina colaboraron para lanzar un disco que ahora esta nominado como mejor álbum del año para los Grammys Latinos 2009. "La Negra era la mejor cantante de Argentina y la voz de América Latina", ha asegurado Fito Páez. Ella, sin embargo, rehusó siempre el apelativo de "la voz de América Latina", que le parecía excesivo.
Michelle Bachelet, presidenta de Chile, que se encontraba el viernes visitando precisamente el pueblo natal de la folclorista chilena Violeta Parra, expresó su cariño y su admiración por Mercedes Sosa y recordó la amistad que mantuvieron ambas cantantes. La Negra Sosa cantó insuperablemente algunos de los temas más famosos de Parra, entre ellos su Gracias a la vida. "Ella era, quizás, la voz mas vigorosa de América Latina", lamentó Bachelet. "Mercedes fue un ser bondadoso, sin ningún tipo de maldad y su presencia era una necesidad para todos los que actuamos o grabamos con ella", ha resumido el letrista Antonio Tarragó Ros, en nombre de los músicos argentinos.
![]() |
Mercedes Sosa fue siempre una cantante comprometida con causas políticas y sociales. Formó parte de la bohemia que acompañó el folklore argentino en los años 70-80, el llamado Movimiento del Nuevo Cancionero, y participó en cuanta marcha, manifestación o encuentro hubo en esa época a favor de las comunidades indígenas, luchas sindicales o encuentros políticos sobre los derechos humanos. Durante un concierto celebrado al inicio de la dictadura militar fue detenida, junto con buena parte de su público. Al recobrar la libertad, marchó al exilio (España y Francia), de donde no regresaría definitivamente hasta la llegada del presidente Raúl Alfonsín y la democracia. En una reciente entrevista comentó aquellos momentos de intensa lucha política: "Antes, los sueños eran más radicales; perfectos. Ahora, se hace lo que se puede".
Viuda, con un hijo y dos nietas, Mercedes Sosa se distinguió por su magnífica voz, con registros de soprano y de una belleza muy singular, y su conexión con todas las grandes figuras del folklore latinoamericano, desde Atahualpa Yupanqui a Violeta Parra. Sus interpretaciones de la Cantata Suramericana o la Misa Criolla recibieron premios internacionales. Sin embargo ella siempre se consideró una "negra petisa (una mujer pobre, morena y pequeña), sin glamour, tal y como se refiere a mí la oligarquía de mi país". "Este es un país de negros", decía con ironía, "en el que todos son rubios".
![]() |
En los últimos tiempos, cansada y enferma, aseguraba encontrarse feliz, rodeada de afecto. "Tengo suerte", decía, "...pero me ha costado mucho". La Negra Sosa luchó hasta el final por cumplir los objetivos del Manifiesto del Nuevo Cancionero que firmó en Mendoza, en 1964, cuando sólo tenia 28 años, y en el que se proponía renovar la canción argentina popular para conseguir que "se integre en la vida de todo el pueblo, expresando sus sueños, sus alegrías, sus luchas y sus esperanzas".
![]() | |
El narrador peruano Daniel Alarcón, residente en EEUU, obtuvo en Berlín el nuevo Premio de Literatura Internacional. |
Daniel Alarcón (1977, Lima) fue distinguido en Berlín con el nuevo Premio de Literatura Internacional que se otorga en Alemania, según dio a conocer este 28 de septiembre el jurado.
"Estoy contento, orgulloso y agradecido" dijo tras el anuncio del premio Alarcón, escritor nacido en Perú pero criado y residente en Estados Unidos. El premio está dotado de 36.000 dólares y es concedido anualmente por la Casa de las Culturas de de Berlín (HKW). El reconocimiento a Alarcón, que vive desde su infancia en Oakland, California, y escribió la primera versión del libro Lost City Radio, de 2007 (aparecido en español como Radio Ciudad Perdida), al que el jurado califica de "preciso bosquejo literario".
"Leí algunos de libros que eran también candidatos al premio y me encantaron, así que uno nunca sabe bien por qué estas cosas salen", agregó. Vivir en Estados Unidos "no fue una elección", contó. "Mi familia se fue de Perú en los años noventa, y aunque mi primera lengua en el ámbito familiar fue el español, la lengua en la que aprendí que escribir fue el inglés, que hoy es definitivamente mi idioma".
"La crítica me catalogó como un escritor peruano y me siento contento y orgulloso por eso", dijo Alarcón. "Pero más allá de Perú, la literatura en español me parece muy rica y me da gran satisfacción que me incluyan, como si hubiera logrado algo que no merecía", dijo el autor, quien caracterizó su bilingüismo como algo muy bueno. La novela de Alarcón se publicó en 2007 y está ambientada en un país indeterminado pero identificable con Perú, inmediatamente después de una guerra civil. El personaje central es la locutora radial Norma, que conduce la emisión Lost City Radio; los oyentes le hacen llegar relatos mediante los que buscan a sus familiares y amigos desaparecidos durante la guerra.
![]() |
Se trata "una novela que nos confronta con un mundo de violencia", dijo el académico y miembro del jurado Ottmar Ette, e hizo referencia a la violencia que vivió Perú en los años de Sendero Luminoso. "Los personajes son muy complejos y de dimensión transnacional", señaló sobre la obra. "Elegimos un libro que fuera urgente y necesario, que no se integrara a la tradición de bienestar europea sino que tuviera que ver con condiciones actuales del mundo y donde además el trabajo lingüístico fuera de calidad excepcional", puntualizó por su parte la miembro del jurado Katharina Narbutovic.
El jurado se refiere en el fallo al "refinado entrelazamiento de fragmentos narrativos diversos, no cronológicos, sobre el trasfondo de la violencia latinoamericana" de la novela, cuyo tema central son "Los desaparecidos y la lucha contra el olvido". El director del HKW, Bernd M. Scherer, destacó a partir de una cita de Goethe el papel que la literatura internacional siempre tuvo para Alemania. "No se puede pensar la cultura alemana si no se considera la influencia de la literatura extranjera", señaló.
El premio internacional de literatura del HKW, uno de los foros de arte más importantes de Berlín, se orienta a la literatura actual sobre todo de Asia, África y América, que con frecuencia tiene carácter transcultural y está escrita por migrantes, retratando un nomadismo tanto entre lenguas y mundos como entre formas literarias, informó el HKW. Para la primera edición del premio, 81 editoriales presentaron 140 obras, traducidas de 33 lenguas. Entre las obras finalistas estaba también "Dos Veces Junio", del argentino Martín Kohan.
|
![]() |
por Antonio Goicochea Cruzado
No se necesitaba ser pitonisa para pronosticar un futuro promisorio para el narrador y poeta William Guillén Padilla, porque su obra literaria es de una calidad que a todas luces merece el reconocimiento universal. Este prolegómeno es necesario porque en el 2007, a la aparición de la segunda edición de “Los escritos del oidor”, le hice el comentario, que él lo incluyó en su blog, y que a continuación transcribo sin ningún cambio, por lo premonitorio, ya que en estos días su cuento “El Abuelo”, acaba de ser antologado por el Fondo Editorial de EDUCAP en La edición de Mural de palabras 2. A tal merecimiento, tal honor.
Los Escritos del Oidor, de William Guillén Padilla (Hualgayoquino-Cajamarquino-Peruano, con una perspectiva de convertirse en ciudadano del mundo), va por su tercera edición, lo que dice de la acogida que este libro de hermosos relatos ha tenido en el público lector de Cajamarca, del Perú y del Mundo, ya que Lluvia Editores, (febrero 2007) lo ha puesto a disposición del mundo hispano.
Son 149 relatos, que guardan la estructura de cuento: narración breve, oral o escrita, de un suceso real o imaginario, aparecen en ellos un reducido número de personajes que participan en una sola acción con un solo foco temático, de una estructura que permite una lectura placentera.
![]() |
En los relatos hay condensación, acontecimiento inicial, acontecimiento central, eje alrededor del cual se organizan las demás acciones o hechos; tensión “in crescendo” (crisis); punto de quiebre (como lo dice el propio W.G. en sus conferencias) y disolución, nuevo clima o anticlima (como lo dice Saniel Lozano A.). Ya lo decía Gracián “si lo breve bueno, doblemente bueno”. Demuestra maestría en el arte de narrar.
W. Guillén dirige su atención hacia una economía narrativa, es conciso. Breves y condensados son sus relatos, se interesa más por las motivaciones de los personajes que por los propios sucesos, sin dejar de lado a estos últimos. Logra establecer un sutil equilibrio entre la importancia del personaje y la importancia de la trama.
En los cuentos de Guillén, lo fantástico aparece siempre vinculado al juego mental, y sus elementos recurrentes son el tiempo, los escenarios, los laberintos imaginarios. Desbordan en fantasía, muertos que narran su vida (La muerte, además, es el tema recurrente en los relatos), animales que piensan, perros que conversan, seres de otras lindes, etc. Relatos no ausentes de crítica a nuestra sociedad, comparten invariablemente la fusión de fantasía, realidad y compromiso político
![]() | |
William Guillén y Esteban Quiróz |
Crea un mundo ficticio intenso. Nos ubica en Torón y Paitaó, al que con sutileza critica, profundizando en la psicología de los personajes.
¿Dé dónde vienen los recuerdos de William Guillén? Imagino a la querida y recordada abuela de W.G. con una visión mágico religiosa, relatándole cuentos de aparecidos, de almas en pena, de maitines y de penitentes en Semana Santa, de perros que aúllan a la presencia del alma que transita en pena, de pordioseros trashumantes, de líderes comunales o bandoleros que roban bienes ajenos y que él ahora nos lo transmite transformados, a nosotros que por estar muy imbuidos del inconciente colectivo andino (cajamarquino) lo sentimos tan cercanos. Guarda, en símbolos, la memoria de sus orígenes.
Los cuentos tradicionales y maravillosos (o real-maravillosos) han despertado siempre un inusitado interés en los humanistas y estudiosos, por sus características peculiares de encantamientos que hacen referencia a lejanos mitos y a una conciencia colectiva histórica de los pueblos.
La hipotetopoieses, en el proceso lector, es la capacidad de formular hipótesis y de refutarlas o confirmarlas. Esta capacidad debe cultivarse permanentemente para ser buenos lectores. La lectura de los relatos de W. Guillén, permiten un permanente ejercicio hipotetopoietico.
![]() |
¿Si nos mordiera en el cuello, querido profesor? ¿Si en el cuello nos mordiera?
Antes de continuar, sírvase contestar las siguientes preguntas. ¿Quién es el autor? ¿En qué libro aparece el relato?, ¿Qué hipótesis puede formular respecto del título? ¿De qué tratará el relato? ¿Cuál será el escenario en que se desarrolla el relato? ¿Qué nos quiere decir el autor con la expresión: “¿Si en el cuello nos mordiera?”, ¿Cómo continuará el relato?. Hipotetice.
“La pregunta enlutó la clase y convirtió en un gran hielo al postulante para la plaza de profesor de primeros auxilios que a nuestra escuelita llegó dos días antes, con zapatos charol y terno inglés”.
¿Acertó usted?, ¿Qué nos quiere decir el autor con las expresiones: La pregunta enlutó la clase y convirtió en un gran hielo al postulante… ¿Qué nos dice la expresión “(…) llegó dos días antes, con zapatos charol y terno inglés. ¿Cómo continuará el relato? Siga hipotetopoiético.
“Minutos antes había explicado, con gran destreza, las diferentes maneras de prevenir la muerte si a alguno de nosotros nos mordiera -Dios nos libre- una víbora.
Pero, querido maestro, ¿si la mordedura fuese en el cuello mismo? ¿Si la víbora lo hiciera cuando estamos durmiendo en el campo?
Como una estatua remojada en luna, el profesor seguía de pie, mirándome, cual serpiente presta a devorarme.
¿Nos aplicaríamos torniquete en el cuello, querido profesor? ¿Podríamos respirar? ¿No sería mejor la muerte?”
¿Acertó usted? ¿Qué nos quiere decir el autor con las expresiones: “como remojado de luna”. ¿Cómo continuará el relato? Siga hipotetopoiético.
“El maestro primario mordió la tiza y huyó por el primer blanco que encontró: la ventana abierta del salón de clase. El jurado lo descalificó con el siguiente argumento: no tiene capacidad para responder las insistentes y sencillas preguntas formuladas en clase.
El curso de primeros auxilios continuó sin tener profesor y los alumnos nos dedicamos -en las horas que correspondían al curso- a buscar víboras entre las piedras de la calle más alejada de la escuela, tal y como lo habíamos convenido con los miembros del jurado, que a preguntar de ese modo nos enseñaron”.
¿En qué medida sus hipótesis se confirmaron? Otro ejercicio: Usted, plantee libremente sus hipótesis: Errar humano es
Sí que era bonita, como una muñequita. Bonita y amable, la cabaretera de quien me enamoré a la primera mirada. ¡Qué andar! ¡Qué ojos! No hubo palabras para describirla a plenitud. Era una diva. Un caramelo. Agua fresca y limpia en cualquier desierto.
Así era ella, la más más cabaretera de «El Jardín de las Delicias». Era, digo, en pasado, pues ella era él y ya no hablo más.
|
![]() |
por José Ramos Bosmediano*
Al heroico pueblo de Honduras, que lucha contra la barbarie neoliberal, a sus heridos, asesinados, perseguidos y encarcelados que luchan por la segunda independencia de la patria de Morazán.
Federico (Fico) García, cuzqueño y peruano entrañable, acaba de renunciar de la Dirección del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cargo que desempeñó con indudable capacidad profesional y con la altura ética de quien tiene del trabajo cultural una concepción y un amor que vienen de su identificación con lo más profundo de las creaciones culturales de nuestro pueblo y de sus más auténticos intérpretes. Su carta, que generosamente nos remitió, es una misiva respetuosa dirigida hacia el ejecutor de la represión administrativa en la mayor universidad del Perú, lamentablemente. Hasta para dirigirse a esa canalla Fico es un caballero.
¿Y quién es Fico García para que inmediatamente hayan circulado artículos, notas, cartas para desagraviarle y mañana martes 29 se realice un homenaje en el Hotel Bolívar de la gloriosa plaza San Martín de Lima? Primero, es un político de izquierda, probado en tantas jornadas de lucha desde los grandes movimientos campesinos de fines de los 50 y principios de los 60; un cineasta comprometido con las personalidades que han definido, más que nadie, la historia de la resistencia popular en el Perú: Túpac Amaru II y José Carlos Mariátegui, dos de sus películas más conocidas, desde mi propia experiencia, realizadas a punto de tesón y recursos limitados, vapuleados por la “crítica” cinematográfica imperante en nuestro país; novelista que aún está en camino de más obras. Al lado de Pilar, su esposa y compañera de lucha, Fico ha enfrentado, con dignidad, lo que significa en el Perú ser un intelectual comprometido con las causa del socialismo.
¿Y quién ha obligado a Fico a renunciar de su trabajo tan dignamente desempeñado desde hace más de cuatro años? Nada menos que el Rector de la gloriosa universidad “Decana de América”, un señor de apellido Izquierdo, sin ningún mérito intelectual que su sola profesión de Médico. No lo pidió por escrito, para que no quede “huella”, como es la artimaña de todo mandón criollo; no establece fundamento aceptable más que una razón de sumisión al orden establecido y a los intereses de los que mandan coyunturalmente desde Palacio de Gobierno. El tal Izquierdo es el primer ejecutor de las oscuras decisiones de un gobierno que tiene miedo hasta a los caracteres escritos en un librito que se leerá más por curiosidad que por respeto y afán de conocer algo nuevo. Este rector ya había delatado su poca altura cuando fue embolinado por las mañoserías del Alcalde Luis Castañeda Lossio, depredador de los bienes raíces de la Universidad de San Marcos. No se sabe si por ignorancia o por algún interés que también, a veces, coincide con la ignorancia, el rector Izquierdo permitió destruir los muros de la universidad, atropello que solamente los dignos estudiantes salieron a enfrentarse, como siempre ha ocurrido desde los años de la lucha por la reforma universitaria de 1919 en el Perú.
¿Y de dónde vino la orden, explícita o implícita, no importa, para echar a Fico de su trabajo? Nada menos que de la campaña orquestada por el gobierno y sus acólitos en la “gran prensa” contra todos los que asistieron a la presentación del libro “De puño y letra” del firmante del “Acuerdo de Paz” con el fujimontesinismo de los 90, Abimael Guzmán Reynoso. Uno de los estercoleros de la prensa escrita limeña, “El Correo”, se encargó de llenar sus negras páginas con los resultados del trabajo del actual servicio de inteligencia (¿?), poniendo la soplonería al servicio de la represión política. Todos los que conversaron y comieron con el brocker Canán no esperaron mejor momento para esgrimir la “defensa de la democracia” y buscar, en el acto de presentación, a los culpables de su fracaso en su supuesta lucha contra el “narcoterrorismo”. Como siempre, el Poder Judicial se ha encargado de ejecutar las órdenes políticas para la “investigación”.
Los Alan García, Jorge del Castillo, Mauricio Mullder, Aurelio Pastor y Mercedes Cabanillas, las más visibles y no menos obtusas cabezas de la administración aprista, seguirán manteniendo su poder en un país dominado por esa cultura criolla, tan mediocre como dañina, hecha de artimañas y superficialidades conceptuales, hasta que los nuevos vientos que recorren nuestra América desbrocen en camino de una nueva independencia en el Perú.
Fico García, como tantos intelectuales dignos, seguirá el rumbo de la honestidad, el decoro y la firmeza en la lucha por un “Perú nuevo dentro de un mundo nuevo”. José Carlos Mariátegui no habló, escribió y vivió por casualidad.
Contamana, río Ucayali, octubre 28 del 2009.
*José Ramos Bosmediano, educador, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en América, ex Secretario General del SUTEP (Sindicato Único de los Trabajadores del Perú).
![]() |
Ha renunciado, o más bien ha sido destituido, del director del Centro Cultural de San Marcos, el cineasta Federico García Hurtado, por haber asistido a la presentación del libro “De puño y letra”, de Abimael Guzmán, que provocara tanto revuelo la semana pasada y fuera diligentemente promocionado por el ministro de Justicia, Aurelio Pastor, al punto que el tiraje se agotó en pocos días.
El rector Luis Izquierdo Vásquez le pidió la renuncia, lo que constituye una violación a la libertad de información y de libre concurrencia, y también una expresión de los vaivenes de la actual gestión del rectorado sanmarquino, tan temeroso de estar ligado nuevamente a tendencias subversivas que prefiere vulnerar derechos básicos y elementales del estado de derecho. Más allá de la discutible figura de García, esta situación trasciende lo personal y forma parte de un peligroso clima persecutorio, en el que se demuestra que, después de tanta historia, se ha aprendido muy poco.
El nuevo titular es Carlos Del Águila Chávez, quien hasta la semana pasada era el director del Museo de Arqueología y Antropología de San Marcos, entidad que forma parte del Centro Cultural.
Carta de renuncia de Fico García
Lima 21 de setiembre de 2009
Señor Doctor
Me dirijo a su Despacho para saludarlo y al mismo tiempo, hacer efectiva mi renuncia al cargo de Director General del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que me solicitara verbalmente el día 17 del presente mes.
Como es de su conocimiento, el día 11 de setiembre del presente año, asistí como invitado, en mi calidad de periodista, cineasta, escritor y estudioso del acontecer político de nuestro país, a la conferencia de prensa realizada en el Hotel Riviera con motivo de la presentación del libro “De puño y letra” del Sr. Abimael Guzmán.
Considero necesario manifestarle que el haber sido designado por usted como funcionario de la universidad más antigua de América, no recorta en modo alguno mi derecho a la libre información, a la libre concurrencia, y al libre pensamiento, aunque en este caso, como ya lo he expresado públicamente, discrepe con los conceptos vertidos en el mencionado libro y con la posición ideológica y política del autor. Una conferencia de prensa colmada de periodistas como ocurrió el día señalado, es un acto público y no constituye falta ni delito alguno en un régimen auténticamente democrático, como pretende demostrar el diario “Correo” en una verdadera cacería de brujas en su artículo “El auditorio de Abimael” y en especial en el acápite “Académicos sanmarquinos”.
Es su derecho señor Rector solicitar mi renuncia cuando así lo estime conveniente, y el mío de discrepar con las razones esgrimidas por usted personalmente para mi destitución, pues considero que tienen como fondo la intolerancia a las ideas y vulnera el derecho de información y de libre concurrencia que nos asiste a todos los peruanos.
Estoy convencido que la universidad es el espacio mas idóneo para debatir ideas y proposiciones, aunque sean contrarias al orden establecido. Hemos logrado que “La Casona” sanmarquina esté ya convertida en un referente de la cultura y las artes, reconocido por propios y extraños, en cualquier parte del mundo.
Agradezco la oportunidad que me dio usted para realizar un viejo anhelo de mis años juveniles.
Federico García Hurtado |
|
![]() |
Una "epidemia de conformismo" ha paralizado en los primeros años del siglo XXI la vida pública, donde lo único que importa es el poder del mercado. Los mezquinos intereses personales sustituyen a las voces críticas.
por Ramin Jahanbegloo*
Las dos culturas, el conocido ensayo del científico y novelista británico C. P. Snow, salió a la luz en 1959. Snow defendía ahí la tesis de que el colapso de la comunicación entre las dos culturas de la sociedad moderna -las ciencias y las humanidades- era un freno para la resolución de los problemas del mundo. Medio siglo después, el debate iniciado por Snow ha tomado una nueva forma. El siglo XXI representa, en términos generales, la separación de los intelectuales y la política. Pocas veces habían estado tan alejados los intelectuales y el mundo político.
Los intelectuales críticos son hoy una especie en vías de extinción. Temen la política, y se diría que la política muestra una indiferencia absoluta por todo lo que se pueda denominar intelectual. Hay otros muchos que consideran que nos encontramos ante un declive de lo intelectual. Según ellos, la intelectualidad se ha distanciado de la esfera pública para acercarse a un mundo cada vez más profesionalizado y más empresarial. En otras palabras, los intelectuales están perdiendo su autoridad pública para dirigirse al poder, al tiempo que cada vez son más incapaces de realizar sus funciones de una forma independiente y crítica. Nunca se habían mostrado tan profundamente opuestas la conciencia crítica y la esfera pública.
Parece que los intelectuales de hoy pensaran que puesto que todas las verdades morales son relativas, ya no hay necesidad de ser la voz moral de un mundo sin voz. El afán de ciertos intelectuales de aparentar que lo políticamente correcto y sensato es desestimar la importancia que tienen los imperativos morales en la esfera pública no es más que una forma de hacer coincidir las necesidades humanitarias urgentes del mundo en el que vivimos con las necesidades concretas de su carrera o su ascenso profesional. Asalariados, ocupando cátedras o titularidades permanentes, pensionistas, muchos intelectuales se encuentran encadenados a la rueda de una carrera y una profesión respetables que paradójicamente estanca su capacidad para la crítica en un contexto no conflictivo.
![]() |
Para ser más precisos, los mezquinos intereses personales han destruido los llamados intereses públicos de los intelectuales. Al olvidarse de la política, rápidamente y sin dejar lugar para el arrepentimiento, muchos intelectuales del mundo actual degradaron y abandonaron la idea de la esfera pública, transformándose en defensores de la cultura de masas carentes de todo sentido crítico. Es en virtud de esta falta de sentido crítico con respecto a la vida pública por lo que los politólogos y los expertos culturales han venido a sustituirlos como actores sociológicos en el mundo contemporáneo. A los intelectuales ya no les interesa reflexionar y debatir sobre los valores, su único interés reside en el comentario de los hechos. Así, con la aparición de la aldea global postindustrial, dominada por las redes mediáticas y la comunicación tecnológica, en las que las voces disidentes suelen estar acalladas, una "epidemia de conformismo" ha paralizado al completo la vida pública, convirtiéndola en una entidad impulsada única y exclusivamente por el mercado.
Para investigar la evolución del compromiso de los intelectuales en la historia europea del siglo XX, tenemos que empezar con el affaire Dreyfus y la aparición de la categoría "intelectual". Pese a las diferentes posturas que cristalizaron durante el affaire Dreyfus, ambas partes estaban de acuerdo en que el intelectual tenía que comprometerse. Uno de los que participó a favor de Dreyfus fue Julian Benda, el filósofo judío conocido fundamentalmente como autor de La traición de los intelectuales, donde afirma que "la labor del intelectual es defender los valores universales, por encima de la política del momento". Para Benda, por consiguiente, el intelectual es un sujeto que opera dentro de un marco moral y se atiene a unos valores trascendentales, libre de las impurezas de la política. Probablemente Zola se merece este honor, no por sus novelas, sino porque llegó a ser un intelectual que atacó la injusticia, el prejuicio y la intolerancia en la esfera pública. De este modo restauró la función que Sócrates había reservado para el filósofo: defender la universalidad de la búsqueda de la verdad y luchar contra la violencia.
![]() |
El método de Sócrates para dominar la violencia era el uso del diálogo frente a las convicciones políticas. Con su mayéutica -conócete a ti mismo- Sócrates invitaba a los atenienses a interrogarse. Y aunque sea un fin en sí mismo, aprender a interrogarse es también una condición y un punto de partida para cualquier intelectual que quiera obrar honestamente. La honestidad es abrirse a la pluralidad humana; es cobijar la idea, intrínseca al trabajo de un intelectual dialógico, de que cada persona contiene "multitudes", como dice Whitman en su Canto a mí mismo. Todo intelectual necesita de esta multiplicidad, no sólo para conectar con los otros, sino también para ensalzar y valorar, como un elemento constitutivo del mundo, las diferencias que existen entre las personas. La idea de diferencia presupone otro valor igualmente esencial a la condición de intelectual: el respeto.
Una de las tareas del intelectual es pensar en cómo reformar y mejorar la sociedad. Su empeño primordial debe centrarse en la educación cívica de los otros ciudadanos para la responsabilidad que entraña la auto-gobernanza democrática. ¿No perdería todo el significado que tiene para nosotros el valor supremo de la historia si admitiéramos que son muchos los intelectuales que consideran que lo que denominamos examen crítico de la esfera política es un ejercicio fútil? Si no se lee y se ejerce el espíritu crítico, la historia podría convertirse en una simple repetición de los errores humanos. Por el contrario, cuando se comprometen con la historia, los intelectuales no sólo necesitan una mente abierta, sino también crítica, capaz de entender que las verdades pueden ser parciales; una mente que se interrogue continuamente. Lo importante aquí es que la manera de protegerse contra toda tentación de colaboración con el mal es interrogarse y reflexionar con sentido crítico.
![]() |
Con este planteamiento, la pregunta es: ¿cómo se puede hablar de preservar la ética en la esfera política y de no caer en el mal cuando han dejado de existir los absolutos morales? Poco después de terminada la guerra, en 1945 y en uno de los primeros ensayos que aparecieron al respecto, Hannah Arendt decía que "el problema del mal será el tema fundamental de la vida intelectual en la Europa de posguerra, de la misma manera que la muerte fue el tema de reflexión fundamental después de la Primera Guerra Mundial". Creo que Arendt estaba en lo cierto, sobre todo porque en el mundo de hoy el problema del mal y sus implicaciones políticas constituye un desafío importante para el estatus público y la integridad moral de los intelectuales.
Cierto es que todos somos moralmente responsables de las calamidades e injusticias del mundo en el que vivimos. Pero no es menos cierto que el papel social y político de los intelectuales conlleva una mayor responsabilidad moral. Como señala Max Weber, el compromiso intelectual requiere la ética del héroe, pues hace falta una gran valentía moral para enfrentarse a las responsabilidades que se adquieren en la esfera pública.
![]() |
Muchos creen, por supuesto, que ser hoy un intelectual comprometido con la vida pública no es nada del otro mundo, ya que ser demócrata y vivir en una democracia no supone ningún riesgo, ningún desafío. Pero, dado que no puede haber una democratización y una globalización reales si no están acompañadas de una labor crítica real por parte de los intelectuales, en su función de contrapoderes, ser hoy un intelectual crítico significa también ejercer de conciencia moral del mundo globalizado. Por eso, para los intelectuales comprometidos, la verdadera lucha no se limita a estar a favor o en contra de la política, sino que se trata sobre todo de una batalla en defensa de lo humanitario frente a lo inhumano. Se trata de tener la valentía de alzar la voz en nombre de la no violencia y en contra de la injusticia. Por esta razón, aunque el concepto haya perdido hoy la fuerza que tuvo en el momento del caso Dreyfus, se ha de mantener la función del intelectual público. Mientras los humanos sigamos creyendo que la esperanza no es una palabra fútil, los intelectuales no dejarán de ser útiles en todas las sociedades.
*Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto. Traducción de Pilar Vázquez. De El País (España).
![]() |
Es una sala pequeña llena de fotografías, afiches, banderolas y banderines con los diversos rostros del poeta nacido en 1892, en Santiago de Chuco, y fallecido en París en 1938, cuyo nombre completo es César Abraham Vallejo Mendoza. Hay estantes pequeños llenos de libros, revistas y publicaciones, álbumes de fotografías, cartas y diplomas que se han ido acumulando con el paso del tiempo.
También hay una imagen de Santiago, el mayor. Quienes visitan el Museo César Vallejo -según César Vallejo Ynfantes- son por lo general estudiantes de secundaria “a quienes los profesores les inculcan un sentimiento de civismo e identidad cultural. Así es como ha crecido la figura de César Vallejo”. Pero debido al creciente interés de nuevos investigadores del extranjero que visitan con frecuencia el centro, César Vallejo Infantes ha decidido acudir con un proyecto coherente ante el Ministerio de Educación y el INC para conseguir una fuente de financiación y adecuar mejor el ambiente. También se propone “convocar a concursos anuales sobre la poesía de César Vallejo, realizar publicaciones económicas de cinco soles, sucesivamente, de las obra del poeta y organizar un Congreso Mundial Vallejiano cada dos años para conocer y difundir mejor su valor universal”.
¿Cuántos libros, folletos y revistas se habrán escrito sobre Vallejo? ¿Cuántas películas y videos? ¿Será posible reunir todo cuanto se ha editado en varios idiomas y en distintos países donde se conoce a Vallejo? Se trata de un desafío enorme no sólo para César Vallejo Ynfantes sino para toda la familia, pero sobre todo para las personas vinculadas a las entidades que llevan el nombre del poeta que escribió Los heraldos negros, Trilce, España, aparta de mí este cáliz y Poemas humanos. Pero todo proyecto histórico empieza así, con infinita pasión e inquebrantable fe. No obstante, habrá que acompañar en sus gestiones a César Vallejo Ynfantes para que el Museo César Vallejo, se convierta en una entidad mayor y sea un centro de convergencia de los investigadores de su obra y del público en general y así se transforme en un aula abierta hacia el futuro.
![]() |
Nuevamente el rostro lívido de la Bestia, el fascismo, último recurso del capitalismo asesino, desesperado por mantener sus privilegios seculares, masacra impunemente al pueblo peruano. Los señores del caucho se han reencarnado horrorosamente en los gobernantes de una república bananera: Alan García Pérez, el genocida de los penales, el Gabinete Ministerial en pleno, compinches de la masacre, los congresistas del APRA, Unidad Nacional y el fujimorismo, mienten todos al pueblo peruano, insistiendo en que la población amazónica y sus dirigentes son los culpables de la masacre desatada con exclusiva responsabilidad de Alan García Pérez. El silencio tanto como la desidia nos vuelven cómplices del crimen y nosotros, un puñado de escritores asqueados del circo mediático racista que falsea la verdad de la matanza ordenada por Alan García Pérez, no queremos frenar nuestra lengua.
Hemos visto —no por los canales de televisión— cómo cientos de policías de la DINOES armados cual rambos cholos provocaron al pueblo amazónico. Hemos visto cómo decenas de francotiradores apostados en las azoteas de las casas tiraban a matar con fusiles de guerra iniciando así la carnicería, hemos visto y recibido informes de cómo helicópteros artillados bombardeaban al pueblo inerme, protegido tan sólo con lanzas y flechas (claro, son unos salvajes y feroces chunchos reducidores de cabezas) y si ese pueblo alzado, harto de mentiras y negociaciones estériles y mañosas, ha conseguido armas de fuego es porque en su arrojo se las arrebataron a brazo partido a policías protegidos por chalecos antibalas, expertos en debelar levantamientos, ¿o qué quiere la señora Cabanillas, que el pueblo se deje matar poniendo el pecho abierto como en tantos otros degolladeros realizados en contra de peruanos desarmados?
Encender la televisión o escuchar RPP en estos instantes provoca intensas arcadas. El cerco mediático racista tergiversa los hechos y se empeña brutalmente en demostrar que solamente son policías quienes han muerto en el genocidio. Lamentamos la muerte de esos policías manipulados por el poder corrupto. Pero, ¿quién en su sano juicio osaría defender un orden democrático pútrido en donde un policía o un maestro ganan menos de ochocientos soles y un congresista o ministro se embolsica veinte mil soles mensuales? ¿quién en su sano juicio puede creer que lanzas y flechas pueden más que fusiles de guerra, pueden más que helicópteros artillados, pueden más que granadas y bombas lacrimógenas?
![]() |
Voluntarios belgas (http://catapa.be/en/north-peru-killings) y amigos presentes en el lugar de la masacre, nos envían fotos, vídeos y testimonios de la cacería desatada por el gobierno en contra de nuestros hermanos amazónicos. En emisoras de Loreto se habla de 150 pobladores asesinados y de la deserción de decenas de soldados, hijos de nativos masacrados. En estos momentos sabemos de buena fuente que las fuerzas del desorden están carbonizando los cadáveres con lanzallamas, están arrojando los cadáveres —que se niegan a devolver a los deudos— a los ríos y quebradas, están fusilando a los líderes indígenas capturados, están deteniendo a todo aquél que tenga “cara de indígena”, están amenazando a periodistas locales y regionales para que no difundan la espantosa verdad del genocidio. Luego el cerco mediático racista dirá que estos indígenas desaparecidos fueron delincuentes terroristas que se hicieron al monte, coronando así esa asociación funcional para el Estado criollo: indio, terrorista y delincuente.
Es el propio Estado criollo-burgués quien le ha declarado la guerra al pueblo alzado que reclama por el respeto de esa institucionalidad jurídica que el propio Estado dice defender cuando le conviene. El mentado DL 1090 es ANTICONSTITUCIONAL, no contempló jamás el mecanismo de consulta que manda el Convenio OIT 169 suscrito por el Estado criollo y que ahora desconoce. La tenebrosa jactancia de Yehude Simon Munaro no debería sorprendernos: “es el peor de los traidores”, dijo de él alguna vez el finado Alfonso Barrantes Lingán y muchos recuerdan su actitud servil frente al delincuente Kenya Fujimori para lograr prebendas cuando estaba preso por terrorismo. El absoluto cinismo de Alan García Pérez, Yehude Simon Munaro, Mercedes Cabanillas, Ántero Florez-Araoz, Javier Velásquez Quesquén, Rosario Fernández y el hipócrita oxapampino Antonio Brack Egg, causaría envidia a Diógenes llamado el Perro. El Estado criollo encarnado en estos miserables derrama nuevamente sangre inocente de los que sólo tienen su tierra y sus selvas y sus ríos y ni eso quieren dejar estos miserables porque todo se compra y todo se vende en esta democracia de chiquero, porque así lo demandan las transnacionales norteamericanas y chilenas, porque así queda tranquilo San Dionisio Romero Seminario, el izquierdista del Opus Dei, porque si el perro del hortelano jode, entonces Alan García ordena matar al perro del hortelano
![]() |
Hace pocos días el escritor admirador de Sancho Panza (“un ciudadano mucho más respetuoso de la ley y del prójimo que su amo”, ha dicho del buen Sancho el entrometido novelista en Venezuela), Mario Vargas Llosa, garrapateó un artículo para rechazar una expresión (“el Perú no necesita Museos de la Memoria”) de Antero Florez-Araoz, Ministro de Defensa del régimen aprista, ex-funcionario del fujimorato y conocido ultraderechista del Partido Popular Cristiano. Pues bien, las ociosas palabras de Vargas Llosa no sirvieron de nada, pues como diría cualquier muchacho listo, Alan García se caga en la memoria, la reconciliación y cualquier concepto que remita a la paz nacional. En su ordinariez Florez-Araoz dijo algo que Vargas Llosa no acepta racionalmente, pero cala en lo más profundo de su ser, como lo demuestra el Informe Uchuraccay, en el cual el novelista tipifica a los uchuraccainos de bárbaros, primitivos, violentos y tutelables. Hace pocos días Vargas Llosa apareció por televisión abrazando al genocida Alan García Pérez, a quien antes despreciaba. Al parecer fue Vargas quien convenció a García de la conveniencia ante los ojos de la comunidad internacional de aceptar la creación del Museo de la Memoria. Con esta nueva matanza, Alan García le demuestra a Mario Vargas Llosa el gran interés que le anima por un Museo de la Memoria.
Deseamos dejar patente nuestra más enérgica repulsa por este orden injusto que se ha impuesto en nuestra patria desde el fujimorato. La imposición a sangre y fuego del MODELO ECONÓMICO NEOLIBERAL —ese que defiende Mario Vargas Llosa— ha causado la masacre de cientos de peruanos humildes de la Amazonía, una masacre que pudo ser evitada por los “señores autoridades”, quienes tan sólo han ratificado que la agresión, el desprecio y el olvido hacia las comunidades nativas amazónicas continúa como hace 500 años. Demandamos que el Estado criollo, corrupto y genocida, derogue los decretos de la muerte y demandamos la vacancia de la Presidencia de la República así como un juicio internacional por delito de genocidio contra Alan García Pérez y sus compinches del Gabinete Ministerial.
Si Julio Ramón Ribeyro fue lo suficientemente diplomático para amarrar su lengua cuando la matanza de los penales en el 1986 y no devolver la Orden del Sol impuesta por el genocida durante su primer gobierno, ¿Vargas Llosa se hará de los cojones necesarios para enfrentar públicamente a su nuevo amigo, el genocida Alan García, y exigir la vacancia inmediata de la Presidencia de la República? Esta vez ya no bastarán cartitas porque “la manera como se ha reprimido estos motines sugiere —por segunda vez—más un arreglo de cuentas con el enemigo que una operación cuyo objetivo era restablecer el orden”.
Un gran brujo amazónico, Ino Moxo, dijo hace mucho tiempo, “cuando pienso en Fitzcarrald y en sus mercenarios, cuando pienso que esos genocidas eran hombres, me dan ganas de nacionalizarme culebra”. Dudamos que el Vargas Llosa amigo de Aznar, Bush y Tatcher demuestre su pregonado humanismo y renuncie al encargo del genocida. Dudamos que el novelista desista a presidir la Comisión de Alto Nivel que desarrollará el proyecto del Museo de la Memoria: persistirá en el empeño, persistirá en la afrenta contra los cientos de pobladores masacrados por las balas asesinas del Estado criollo. A fin de cuentas ambos, García y Vargas, pertenecen al bando neoliberal y nosotros terminaremos con Ino Moxo nacionalizándonos culebra.
7 de junio del 2009
Nota: Hacemos un llamado a la comunidad nacional e internacional a adherirse a este manifiesto escribiendo al siguiente correo electrónico: hernaninno@gmail.com
![]() |
António Lobo Antunes (Lisboa, 1942) se recuperó hace un par de años de un cáncer y, para alegría de sus lectores, ha publicado después Mi nombre es Legión (Mondadori), una novela sobre personajes marginales en una Lisboa periférica con un policía como hilo conductor. "Sentía vergüenza", manifestó ayer en Madrid, "cuando me recuperaba de la enfermedad en el hospital porque yo iba a seguir viviendo y otra gente, más joven, iba a morir. Pensé durante mi tratamiento que en honor a esa gente hay que dejar testimonio del paso del tiempo y de la vida. Un anciano me dijo en el hospital que no estamos preparados para morir, sino para vivir. Es verdad, lo suscribo. Por ello creo que la literatura es la única manera de vencer al tiempo, sólo el arte puede vencer a la muerte".
![]() |
Con esa actitud de "las cartas boca arriba" que proporciona haber superado un trance grave, Lobo Antunes compareció ayer ante los periodistas y mantendrá hoy un coloquio con sus lectores en Casa de América tras haber obtenido el premio Fil de literatura en lenguas romances que concede la Feria del Libro de la mexicana Guadalajara. Escéptico sobre las distinciones -"que ni mejoran ni empeoran la obra literaria"- uno de los autores europeos vivos más importantes, traducido a muchos idiomas, desmitificó sin piedad a los escritores. "La literatura representa un mundo", comentó, "plagado de competencia y de envidias. Los escritores deberían ser como los tigres que no se devoran entre ellos. Pero no ocurre así. Antes de dedicarme a la literatura, los escritores me parecían gente muy fascinante y luego sufrí una cierta desilusión. Además, en algunas épocas todo este ambiente de premios, traducciones y contratos por libros que no has escrito hizo que me sintiera como un Julio Iglesias de las letras".
![]() |
Hasta tal punto este irónico, descreído y brillante Lobo Antunes ha puesto las cartas boca arriba después de su enfermedad que se permitió comentar a los periodistas: "Ustedes pregunten lo que quieran que yo contestaré lo que me parezca". No para de filosofar sobre la vida y la literatura este hijo de familia de abogados y médicos, psiquiatra de formación, que fue oficial en la guerra colonial en Angola y que sostiene que nunca ha escrito sobre aquella terrible experiencia "por respeto a los muertos". Y en conversación con este diario Lobo Antunes explica, a propósito de su novela Mi nombre es Legión, que "las fronteras entre el bien y el mal siempre aparecen muy difusas". "En la guerra estás matando porque te entrenan para eso y, un rato después, estás salvando vidas. Es cierto además que en las situaciones límite encontramos la parte más sublime y la más despreciable de las personas".
Tras anunciar que escribirá más libros, pese a haber anunciado en alguna ocasión que se cortaba la coleta, Lobo Antunes sentencia que cada novela es un organismo vivo que el autor debe manejar. "En Mi nombre es Legión", aclara, "el policía protagonista se convierte en una especie de escritor que lucha con el material que tiene y que, en este caso, son personajes solos y desarraigados en un ambiente de emigrantes africanos.
![]() |
Son gentes que sólo saben expresarse a través de la violencia porque no pertenecen ya a una África que han perdido ni a una Europa que no las acepta". En una Lisboa de desarraigados, Lobo Antunes ilustra la reflexión moral entre el bien y el mal con una anécdota escalofriante. "Vivo en un barrio donde acuden travestis y veo, en ocasiones, que llegan clientes en buenos coches con sillitas de bebés en los asientos traseros. Es decir, esos clientes de la prostitución son honrados padres de familia de día y sórdidos demandantes de que los penetren con los tacones por las noches".
Vitalista y amante de los placeres, fumador y buen comedor, admirador de las mujeres atractivas, Lobo Antunes se siente en España como en casa, aunque añora las gaviotas y el mar de Lisboa. "Toda la península Ibérica debería ser una federación", proclama uno de los escritores portugueses más seguidos en España. Declara que mantiene una vida aislada y frecuenta poco los actos sociales, aunque editoriales, universidades y centros culturales lo reclaman en medio mundo. Pero sus amigos representan un tesoro para Lobo Antunes. "Es más fácil confesarse y hablar con los amigos que con la familia. En definitiva, la familia son los amigos que tú eliges".
Miguel Angel Villena. El País.
|
![]() |
Murió Mario Benedetti
El domingo 17 de mayo falleció en Montevideo el escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti. Tenía 88 años, una enfermedad intestinal crónica, y una ferviente forma de vivir en poesía. Autor de más de ochenta libros de poesía, novelas, cuentos y ensayos, así como de guiones de cine, consagró toda su vida y obra a engrandecer el patrimonio literario y artístico de nuestra América.
Benedetti fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005). Su última obra publicada, el poemario "Testigo de uno mismo", fue presentada en agosto del año pasado. Antes de su último ingreso, Benedetti estaba trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es "Biografía para encontrarme".
El mundo de las letras está de luto una vez más, la noticia se ha desparramado como un reguero de pólvora por todo el mundo. Aquí les transcribo algunas expresiones de admiración y respeto por el amigo, compañero y poeta comprometido.
|
Mi querido Mario,
de Moleskine Literario |
![]() | |
Foto: EFE. |
Juan Cruz
La muerte de Mario se produjo semanas después de su última hospitalización por fallos multiorgánicos que al final le cegaron el humor y la vida; pero había empezado a morir mucho antes; hace tres años falleció su mujer, Luz, con la que vivió toda la vida, en la libertad y en el destierro; él creyó siempre que la enfermedad de Luz, que se olvidaba de apagar las luces de la casa, en Madrid, era una simple distracción, e incluso le compró artilugios con los que dominar las consecuencias de su sordera. El poeta del compromiso, del amor y de la alegría, sintió luego que, en efecto, esas ausencias eran debidas a un alzheimer que inundó la casa de desolación y de huida.
Se fue con ella, de nuevo, a Montevideo, y allí la cuidó hasta que finalmente le dejó del todo. Y le dejó malherido. Benedetti tuvo algunos momentos de alegría después, como cuando Hortensia Campanella, su biógrafa última, le entregó el manuscrito en el que se condensa la vida entera del escritor que nos ha dejado. Él ironizó ante tanto papel, y delante de Ariel, su fiel ayudante, dijo: "¿Tanto he hecho?"
Pero su alma estaba herida; seguía escribiendo, poemas, haikus, animado por su editor de poemas, Chus Visor; tenía la casa llena de literatura; en un tiempo él fue política, enteramente, sus poemas estaban al servicio de la rabia que le produjeron las dictaduras del sur, la suya, la uruguaya, que le persiguió a muerte, y la argentina, que fue cómplice de aquella y también quiso matarle. Mató a un amigo suyo, el líder político Zelmar Michelini, y esta muerte fue un símbolo de las muertes que hubo antes y después en la vida acosada de hombres como él. Luz fue su bastón. Y Palma y Cuba y Lima sus lugares de exilio; a los tres les guardó siempre gratitud; fue un gran defensor de la Cuba de Fidel, por eso mismo, pero jamás utilizó esa afinidad para discutir, en los últimos tiempos sobre todo, lo que en esa revolución que él quiso se fue torciendo.
Era un hombre cordial, enteramente, pero era un tímido absoluto. Los que le conocieron en España le recuerda, por ejemplo, en la Feria del Libro de Madrid, puntilloso, anotando con palotes los libros que firmaba; y le recuerdan rechazando el pescado con espinas y en general las tonterías; era un conversador tranquilo; llegaba a los sitios con su maletita marrón gastada, y dentro llevaba siempre poemas o cartas, en esos momentos en que cumplía compromisos parecía a la vez el escolar que fue y también el oficinista.
Su apariencia era la de un juez de paz, pero nunca hubo paz dentro de su alma, ni siquiera cuando se le vio feliz, con sus manos a la espalda, con su mirada desvaída por las lentillas, con su bigote largo e invariable a lo largo de una vida en la tantos se enamoraron al tiempo que recitaban sus poemas o escuchaban las canciones que hicieron con sus versos su paisano Daniel Viglietti y el catalán Joan Manuel Serrat. Con Viglietti tiene una anécdota que se parece a algunas de las que le convertían también en un escolar huidizo al que le asustaba la fama, al tiempo que le agradaba que algunos, ante sus recitales multitudinarios, le dijeran que parecía una estrella de rock.
Hubiera sido incapaz de cantar, pero un día se encontró con Viglietti en París, en un aeropuerto, y Daniel le dijo a Mario: "Estoy haciendo música para sus poemas". "Y yo estoy haciendo poemas". Entonces el poeta se quedó pensando, y añadió, riendo como reía, como para no molestar: "Tenemos que hacer algo con esta casualidad". De esa casualidad nacieron conciertos, libros; eran como dos en la carretera; cuando vimos a Viglietti en Montevideo, en el entierro de Idea Vilariño, a mediados de abril, la gran amiga generacional de Mario, el cantante nos dijo: "Y lo de Mario. Estamos tan mal, y vamos aún a lo peor".
Se apaga la voz de su compañero, pero quedan la voz de las canciones. Montevideo fue su último sitio, y fue casi el primero. Su largo recorrido por la vida conoció una interrupción terrible, cuando los médicos le detectaron tumores que aconsejaron operación, en el Hospital XII de Octubre de Madrid. Allí le atendió, entre otros, el doctor José Toledo, que le conocía, y todo el mundo se desvivió por él como si no fuera tan solo un enfermo sino un padre, o un hermano, el hombre que había iluminado con sus versos (de amor, de política, de tierra, de aire) la vida de cualquiera. Un día, poseído por el dramatismo al que a veces lo llevó su pesimismo, el que también está en sus poemas, y en sus narraciones, Mario decidió abandonarse.
Como hubiera dicho Idea, que le precedió en la muerte, empezó a decir para qué. Detrás de esa decisión de no seguir hay algunos versos, como estos: "Me he ido quedando sin mis escogidos/Ellos me dieron vida/aliento/paso/ de soledad con su llamita tenue/ y el olfato para reconocer/ cuánta poesía era de madera/ y crecía en nosotros sin saberlo/ Me he quedado sin proust y sin vallejo/ sin quiroga ni onetti ni pessoa/ ni pavese ni walsh ni paco urondo/ sin eliseo diego sin alberti/ sin felisberto hernández sin neruda/ se fueron despacito en fila india".
En ese clima de desolación en el que lo pusieron la enfermedad y su porvenir Mario descuidó su aspecto, dejó de afeitarse, y alguien le dijo, una madrugada: "Así no puedes estar. Tú eres guapo, un hombre así parece enfermo. Ya no lo estás". Le bastó. Al día siguiente se rasuró del todo, se puso de limpio, y cuando este amigo le visitó otra vez y se hizo el distraído sobre su nuevo aspecto, el viejo poeta revivido le llamó la atención y le dijo:
-¿No te has fijado que hoy sí me afeité?
Era un hombre insobornable, el más comprometido de su tiempo. Su muerte deja en silencio mustio su época, su ejemplo y la raíz de sus versos. Pero los muchos que le cantan no lo dejarán, como él decía del verdadero amor, en lo oscuro.
de El País.
Un amigo, un hermano
La obra de Mario Benedetti, amigo, hermano, es sorprendente en todos los aspectos, ya sea por la extensión en la variedad de géneros que toca, ya sea por la densidad de su expresión poética como por la extrema libertad conceptual que usa. El léxico de Benedetti ha ignorado deliberadamente la supuesta existencia de palabras "poéticas" y de otras que no lo son. Para Benedetti, la lengua, toda ella, es poética. Leída desde esta perspectiva, la obra del gran poeta uruguayo se nos presenta, no sólo como suma de una experiencia vital, sino, sobre todo, como la búsqueda persistente y lograda de un sentido, el del ser humano en el planeta, en el país, en la ciudad o en la aldea, en su casa simplemente o en la acción colectiva. Son muchas las razones que nos llevan a la lectura de Benedetti. Tal vez la principal sea ésa, precisamente: que el poeta se ha convertido en voz de su propio pueblo. O sea, en poeta universal.
José Saramago |
![]() | |
Foto Chema Conesa. |
"Le conocí primero como poeta, luego como hombre", señala Joan Manuel Serrat, gran conocedor de la obra del poeta, y al que ya hace unos veinticinco años le llamó para comunicarle que quería poner música a los poemas de El sur también existe.
"Me fue muy fácil conectar y trabajar con él y lo que me gustó mucho fue que entendió la diferencia que hay entre un poeta y un escribidor de canciones, técnicamente hablando, y rehizo aquellos versos, para hacer letras de canciones, de una forma muy natural, porque comprendió bien los problemas que puede tener el músico a la hora de crear una canción".
"Me gustaba mucho su curiosidad, su forma de incorporar, mezclar y bajar la poesía a la calle, subirla a un escenario, acercarla a la gente, por eso es un poeta muy transversal".
Serrat dijo al conocer la noticia de la muerte de Benedetti: "Vivo con la pena de perder un amigo que no voy a poder volver a ver, cuando regrese a Montevideo no lo voy a encontrar y estos vacíos que me va creando la vida cada vez son más complicados de sobrellevar, a pesar de que uno entienda muy bien qué camino es éste y que no hay otro".
A la hora de hablar de qué ha sido Benedetti para la poesía latinoamericana y para la cultura mundial, Serrat guarda silencio: "Aunque esté claro que ha sido fundamental no sé medir algo así, lo que sí sé es lo que ha sido para mí y por encima de cualquier otra cosa ha sido mi amigo, siempre me ha regalado su cariño, su comprensión y su generosidad y ha sido un referente como hombre coherente, solidario y comprometido. Mientras él con sus pies empujaba la vida, también la poesía le empujaba a él, su poesía ha sido un acto de reflexión en voz alta con el que nos ha hecho reflexionar a todos; una poesía que giraba en torno a un mundo cercano plural y compartido". Para el cantante la poesía de Benedetti era sumamente "contagiosa": "Por lo cercana que le resultaba siempre al lector, mejor dicho, que le resulta, porque de ella no hay que hablar en pasado".
Una vida que no tiene respuestas
Javier Rodríguez Marcos
"La vida es una máquina / para la que no hay respuestas / ni repuestos". Eso dicen unos versos de Máquina, un poema incluido en Testigo de uno mismo, el último libro de Mario Benedetti, publicado pocos días antes de su muerte y lleno, no ya de versos finales sino, como decía él mismo, gran futbolero, de "versos semifinales". Puede que Benedetti supiera más de repuestos que de respuestas. De hecho, uno de sus muchos primeros trabajos lo consiguió en una empresa de recambios del automóvil. Recaló en ella después de dejar colgado el bachillerato y de pasar por el Liceo Alemán de Montevideo. También después de pasar penurias porque un falso amigo estafó a su padre, químico, vendiéndole una farmacia vacía. Fue en Tacuarembó, la capital del estado al que pertenece Paso de los Toros, el pueblo en el que nació Mario Benedetti en 1920.
En 1945 publicó su primer libro, La víspera indeleble, un poemario que nunca quisó reeditar. Contaba Benedetti que su visión de la lírica cambió al descubrír en Buenos Aires la poesía "sencilla y clara" de Baldomero Fernández Moreno. Hasta entonces, la poesía que se escribía en el Río de la Plata estaba tejida con un léxico de importación: "Los poemas estaban llenos de corzos y gacelas. Animales que aquí no hay", recordaba el autor de Poemas de la oficina (1956). Puede que éste sea el libro en el que aparece ya madura la voz del Benedetti más conocido: sencilla, irónica, sentimental, como dicha en medio de una conversación. En un tiempo en el que la poesía parecía hecha para ser declamada engolando las esdrújulas en un campo de fútbol, el escritor uruguayo se unía al tono cercano de Nicanor Parra y Ernesto Cardenal. De esa pasta están hechos títulos como Noción de patria (1963), Poemas de otros (1974), Cotidianas (1979) y El olvido está lleno de memoria (1995). Esos libros le valieron en 1999 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante del género, pero, sobre todo, le valieron el fervor de un público que se identificaba con poemas amorosos como Corazón coraza, Hagamos un trato o Táctica y estrategia. Las canciones de Daniel Viglietti o Joan Manuel Serrat y un filme como El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, no hicieron más que multiplicar la fama del poeta más popular de América Latina después de Neruda.
Además de poesía, Mario Benedetti escribió de todo: artículos de periódico, ensayos, teatro y narrativa. En 1960 publicó La tregua, una novela adaptada para el cine por Sergio Renán que en 1977 optó al Oscar que terminaría llevándose Amarcord. Su compromiso con la izquierda uruguaya le costó, tras el golpe de Estado de 1973, un exilio que le llevó a Cuba y de allí a España, después de ser expulsado de Perú por un policía que se quedó dormido mientras él hacía las maletas y, de paso, se deshacía de documentos comprometedores. Al despertar sólo acertó a decir: "Por favor, no se lo diga a mis jefes". Mario Benedetti tardó 10 años en volver a Uruguay. Hacía ya tiempo que había escrito que su noción de patria era "la urgencia de decir nosotros". |
![]() |
El escritor, además de hablar sobre su nuevo libro de cuentos, Recuerda a Ribeyro, García Márquez y su larga estancia europea.
Por Pedro Escribano.
Alfredo Bryce ha vuelto al Perú, ahora sí para quedarse, porque vendió su casa que tenía en Barcelona. También ha vuelto al género del cuento, en el cual ya tiene harta pista (su primer libro fue de cuentos), tanto que acaba de publicar, para coincidencias de pistas, La esposa del Rey de las Curvas (Ed. Peisa). Así que Bryce está en lo suyo y a toda velocidad.
El libro reúne diez relatos en que los personajes, como siempre, vienen a través de su memoria, de los territorios de la infancia o de sus temporadas en Europa. Vienen risueños, orales, tanto que él dice que lo han convertido en un cuentacuentero.
–La experiencia vivida, la infancia, la familia, siguen siendo la cantera de donde salen tus personajes.
–Sí, pero hay que ver en qué medida. Ahora yo estoy planeando una nueva novela. Tengo un archivo, he leído un montón. Ahora estoy haciendo visitas a todas las casas que fueron de mi familia, por ejemplo la de mi abuelo, que era un palacete y que ahora es de la Logia Amazónica del Perú. Tengo que pedir un gran favor para ingresar a ella porque ahora es un templo. En esa casa tengo millones de recuerdos. Allí estuve tuve toda mi infancia, adolescencia, hasta que me fui a Europa.
–¿Eleodoro Holguín, personaje de uno de tus cuentos, tiene algo del pellejo de Bryce? Holguín es un hombre que también se va a Europa.
–Pues sí, yo creo para mi generación y todas las anteriores desde mediados del siglo XIX hasta finales siglo XX, el viaje a Europa era parte de la formación de un intelectual. Era necesario, tú no podías completar aquí una formación debida. Ahora el mundo es mucho más global, ahora todos esos viajes son más un placer que una necesidad, pero si tú vas a París todavía está repleto de peruanos, latinoamericanos, que se han ido allí en busca de ser escritores, artistas en general.
–Antes ese viaje y estadía era una penuria. ¿Hoy en día se padece igual?
–Yo creo que debe ser tan duro como entonces, tal vez incluso más. No a nivel material, porque las cosas se han abaratado, los viajes se han abaratado. En mi tiempo era muy caro. Yo me fui en un barco de carga, de la Marcona Mining Company, cargado de minerales. Allí había dos o tres dormitorios, que eran de los dueños de los barcos y que los daban como becas a estudiantes que iban a Europa y no tenían pasajes. Mi fortuna era cien dólares.
![]() |
–Te ibas y regresabas al Perú, ¿eres nostálgico?
–Sí pues, soy un gran nostálgico de un mundo que ya no existe. Yo he estado poco a poco retornando al Perú. Mi retorno de 1999 fue muy frustrado porque no soporté el horror del fujimorismo. Me dieron duro por no aceptar la Orden del Sol de Fujimori. Me dieron una paliza y me dejaron frente a la embajada de EEUU. Mira tú la soberbia de esa gente. Me fui, el Perú no podía ser eso. Pero ya he vuelto, vendí mi casa de Barcelona.
–Podemos decir, Bryce tiene residencia en Lima?
–Empiezo a residir. Mis muebles, mi biblioteca ya están aquí.
–En tus libros siempre hay tías, como en este la tía Herminia, ¿son eternas?
–Sí, la tía Herminia parecía haber vivido a lo largo de varias generaciones de los Bryce y Echenique. Yo la habré conocido de cien años y aún así seguía viniendo a joder todos los domingos con su pesimismo atroz. Todo era malo, todo iba a salir mal, todo se quebraba…
![]() |
–Según el cuento, a veces la achuntaba.
–A veces la achuntaba, la desgraciada (risas). Bueno, ahora es un personaje más literario. Si tú supieras, ahora en Miraflores yo me paseo y me cruzo con un montón de primos míos, que son primos por el lado Echenique y que fueron mis amigos entrañables desde chico algunos de ellos. Cuando los veo, nos saludamos con una sonrisa, tímidamente, pero nos saludamos. Hay un hielo que no se rompe. En realidad, es una timidez por ambas partes. Por mi lado, calculada, porque cada uno de esos tipos es un tesoro literario para mí. Y a lo mejor la cago, literalmente la cago si me acerco a él, le invito una copa y le digo “y hermano, qué tal”, y me descubre que soy un huevón de mierda. Yo quiero conservarlos como los recuerdo y como los veo, que son muy decadentes. Quiero escribir una novela sobre la decadencia de una familia.
–Por qué tienes la manía de acercar lo trágico con lo cómico. ¿La risa en realidad es la mueca del dolor?
–Sí, eso decía el gran Ramón del Valle Inclán, las risas y las lágrimas son los caminos de Dios y los míos. Así decía el viejo vanidoso de sí mismo. Escribió la primera novela sobre el dictador en América Latina, Tirano Banderas, después vino la de Carpentier, Gabo, Mario, etc. Tirano Banderas transcurre en Venezuela.
–Hugo Chávez la debe tener.
–En la chimenea… (risas)
![]() |
–Estos tiempos ya no están para decirlos con tu libro La felicidad jaja.
–No pues. La Virgen no está para tafetanes como dice el refrán español. Está para milagros solamente, pero este presidente que tenemos no creo que haga ninguno en todo su gobierno. Más bien parece que obra una virgen de milagros un poco rara. Alan García es un estado desagradable de cosas.
–¿Te has imaginado como político? Seguro lo hacías bien.
–Hubiera sido pésimo político porque a mí me convencen todos los amigos. Yo con tal de darle gusto a un amigo cambio de rojo a verde, azul, chino, lo que quieras me convierto con tal de estar a gusto con un amigo. Tengo ideales, mis ideales son los amigos. La política está tan desprestigiada que no me interesa un pepino, menos la nuestra. Creo que ya se ha visto lo suficiente de este gobierno, un gabinete entero renuncia por corrupción, un presidente cínico que no ha hecho ningún pecadillo.
–Hablemos de tus amigos, de Julio Ramón Ribeyro
–Es uno de los grandes. Él me hizo leer a muchos autores peruanos y extranjeros. Julio era un gran lector, como era tímido no se le notaba, pero era un hombre notablemente culto. Para mí fue un padre en Europa, era mayor que yo, un amigo, un hermano y un maestro porque yo no escribía nada. Pero eso era mutuo. Cuando él escribía un cuento, me llamaba y me decía: voy a tu casa, a tomar un vino y te leo un cuento. Y yo cuando terminaba algo, corría a su casa también.
–En tus Antimemorias cuentas que los escritores del boom eran glamorosos, Ribeyro te hacía sentir bien porque no tenía plumas de pavo real.
–Exactamente, Julio era un tímido, un hombre reservado, se entregaba mucho a la conversación, pero con poca gente. Es muy graciosa la imagen, con todo el cariño lo digo por Mario Vargas Llosa, pero cuando uno iba a un cóctel, siempre parecía que Mario había llegado por la puerta principal y Julio por la puerta de servicio. Una cosa increíble, la vida predestina a los seres hasta por las puertas que usa. A mis amigos escritores yo los comparaba con cantantes de éxito, recuerdo que yo decía que Vargas Llosa era el Julio Iglesias de la literatura y Ribeyro el Agustín Lara.
![]() |
–¿Hiciste amistad con Gabo?
–Mucha, maravillosa amistad.
–¿Bohemia con él?
–No, cuando yo lo conocí ya era un hombre muy consciente de su fama, muy consciente de su poder. Eso era lo único que podía estorbar en él, era demasiado serio, aunque a mí me toleraba cualquier capricho, incluso me pedía algún favor, que me quedara a dormir en su casa para salir al día siguiente a su Cuba, donde Fidel, porque Fidel quería cualquier capricho, cojudez, que se le ocurría, Gabo me pedía que yo me prestara al juego, me llevaba a su casa, pero yo le decía, si no me das una botella de whisky y un vaso de hielo yo no voy a dormir, cojudo. Y me lo ponía. Tomaba un par de tragos conmigo y se iba. La vida bohemia de Gabo se acaba con Cien años de soledad, empezó a vivir como un pachá. Pero la supo hacer porque vivió muy tranquilo, muy sereno, rodeado de amigos muy selectos. Pero nos separaba algo muy importante, su pasión por el poder. Él no solamente era poderoso sino también siempre está en las bambalinas del poder, que le encantaba. Pero yo no creo que Gabo apoye los crímenes de Fidel y tanta cosa, sino su amigo se convirtió en un monstruo, pero es la amistad típica de dos caribeños. A Gabo también le seducía el aspecto de poder de Fidel. A mí me interesa el Gabo privado porque a mí el poder no me interesa. No he podido nunca acoplarme a una persona poderosa, además les traigo mala suerte, porque el único amigo rico que he tenido lo ha perdido todo por andar conmigo, creo, pero sigue siendo mi hermano.
|
![]() | |
Juan Marsé. Foto EFE. |
Contra la literatura "del ombligo"
Por Rosa Mora
El flamante Premio Cervantes de Literatura 2008, Juan Marsé, ha desgranado en el paraninfo de la Universidad de Alcalá un discurso comprometido con la literatura que cuenta "buenas historias". En presencia de los Reyes de España, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde y otras autoridades políticas, culturales y académicas, Marsé ha arremetido contra la literatura "del ombligo"(la llamada metaliteratura): "Me deja frío". El novelista ha defendido el valor de la memoria compartida "que fue durante años sojuzgada, esquilmada y manipulada", así como su identidad de catalán que escribe en castellano.
Juan Marsé (Barcelona, 1933) es uno de los novelistas más potentes de la literatura española, con un talento innato para la narración forjado en un férreo trabajo. En una decena escasa de novelas nos ha devuelto, primero la memoria escamoteada por la dictadura franquista, y nos ha llevado luego a la indagación de la propia identidad.
Por eso sorprende que se haya tardado tanto en darle el Premio Cervantes, pero bienvenido sea. A sus lectores les sabe a gloria y a él también, por lo que tiene de reconocimiento a su obra y a la generación de los cincuenta catalana. Le aturullan un poco los fastos y las ceremonias, pero el viernes pasado acudió disciplinadamente a recoger su chaqué, "pingüino", dice él, de alquiler y "a cargo del Ministerio de Cultura".
![]() | |
Juan Marsé en el Paraninfo de la UNiversidad de Alcalá. Foto EFE. |
Lo que más le molesta a Marsé es que le llamen intelectual y lamenta no haber sido más ordenado en sus lecturas, aunque ha leído mucho. Como dicen sus amigos, se formó en un cine de barrio. No tuvo una infancia ni una adolescencia fácil. Siendo casi un crío ya trabajaba en un taller de joyería.
Lo suyo ha sido siempre contar aventis, como decían de chicos, historias inventadas a partir de hechos reales o filtradas por la memoria popular. Incluso su vida parece una aventis cuando la cuenta. Por ejemplo, su madre murió tras el parto y su padre biológico, taxista, comentó a una pareja que viajaba en el coche sus problemas con el recién nacido. El matrimonio Marsé, que no podía tener hijos, decidió adoptarlo allí mismo. Increíble, ¿verdad?
A partir de esa infancia difícil y de la dura posguerra, de las aventis, del cine, su gran pasión, Marsé ha creado un territorio propio, que va de los antiguos barrios de la Salut, el Carmel, el Guinardó, Gràcia y alguna incursión al Eixample, la Barcelona derrotada de la posguerra. En esos lugares se mueven personajes maravillosos, de clases bajas, de xarnegos (inmigrantes), de burgueses decadentes.
Uno de los mejores regalos que han recibido estos días Marsé y sus lectores son los seis volúmenes de la Biblioteca Juan Marsé (Lumen), las novelas favoritas del escritor: Últimas tardes con Teresa, la historia de una universitaria burguesa e izquierdista y el Pijoaparte, un inmigrante murciano. La oscura historia de la prima Montse, cuyo primer capítulo ha reescrito Marsé para esta edición definitiva. Si te dicen que caí, impresionante novela sobre lo más sórdido del franquismo. Un día volveré, en la que un guerrillero y atracador sale de la cárcel después de 13 años y olvida sus deseos de venganza. El embrujo de Shanghai, las aventuras de un revolucionario en la lejana china. Rabos de lagartija, que nos habla de la estafa de los sueños, una de las constantes de su obra. Otra es que sus personajes no son nunca absolutamente buenos ni absolutamente malos.
Pueden leer el texto completo del discurso: aquí!
De El País. España.
![]() | |
EL escritor Mario Vargas Llosa |
Algunos escritores peruanos, intelectuales y artistas también se han pronunciado, en todos los tonos, acerca de la sentencia al ex dictador Alberto Fujimori y el enaltecedor comportamiento de los jueces que dictaron laejemplar sentencia. Aquí, en primer lugar la entrevista al reconocido escritor Mario Vargas Llosa y luego dos textos que me hicieron llegar por correo electrónico José Luis Mejía (Poeta) y Ricardo Virhuez (Director de la Revista de Literatura Peruana). También les recomiendo visitar el blog de Gustavo Faverón donde desenmascara la inmoralidad de Jaime Bayly al pedir éste la libertad del criminal: Fujimori según Bayly
Mario Vargas Llosa. Afirma que es un día histórico para la democracia del Perú y de Latinoamérica, que la sentencia es impecable, una suerte de vacuna contra los golpistas de Estado.
Pedro Escribano.
Fujimori ha sido hallado culpable, ¿qué reflexión le merece el veredicto del Tribunal?
Creo que es un día histórico para el Perú y para la democracia peruana. Tiene una extraordinaria significación. Es la primera vez en nuestra historia que un dictador es juzgado durante un gobierno democrático por un tribunal civil concediéndole todas las garantías del derecho de defensa, en un proceso que ha sido celebrado como ejemplar por los observadores de todas las organizaciones internacionales y que sanciona con una pena muy severa los abusos contra los derechos humanos que se cometieron bajo su dictadura y su complicidad. Creo que los aspirantes a dictadores actuales y futuros lo van a pensar muchas veces antes de destruir el Estado de derecho como hizo Fujimori, y utilizar la violencia irracional como actuó en su gobierno para enfrentarse al terrorismo. Es un hecho importantísimo que va a reforzar nuestras instituciones democráticas, que va a servir de vacuna contra futuros dictadores y golpes de Estado. Toda América Latina tiene que celebrar este hecho porque va a defendernos contra esa epidemia que hemos padecido a lo largo de nuestra historia, que es el autoritarismo, las dictaduras, los caudillos.
sentencia impecable.
¿Este fallo muestra un Poder Judicial independiente?
Hay que felicitar al Poder Judicial, que tiene que haber resistido presiones tremendas. Sobre todo felicitar a esos tres jueces, al presidente del tribunal por la manera tan serena, rigurosa e independiente con que ha llevado este proceso. Yo creo que la sentencia es impecable y debe ser aplaudida por todos los demócratas, por todos los ciudadanos libres del Perú.
¿El fallo da otra imagen del Poder Judicial si pensamos en lo que era en el fujimorismo?
Es un indicio muy claro de que hay en proceso, por lo menos, una reforma profunda en el Poder Judicial. Imagínese lo que era el Poder Judicial cuando era un puro instrumento del señor Fujimori y de Montesinos y que estaba allí, simplemente para manifestar en el plano legal los caprichos, los atropellos, los abusos del poder a los que daba apariencia legal y apariencia de justicia. Es una imagen nueva además para el Perú en el campo internacional. Acabo de ver en la BBC de Londres los comentarios sobre el juicio y la sentencia, realmente uno se sentía orgulloso de que se hablara de esa manera de lo que ocurre este día en el Perú.
Keiko Fujimori dice que es un “fallo de odio y de venganza”.
Yo creo que el odio y la venganza, sobre todo, hicieron correr mucha sangre como ha quedado demostrado en este proceso, durante la dictadura de Fujimori y Montesinos. Por el contrario, este juicio se ha llevado a cabo con una gran serenidad, dando pues todas las facilidades y más de las que suele conceder un Poder Judicial en el mundo al acusado. Ha habido una transparencia absoluta, se ha permitido a su abogado defensor hablar a lo largo de días y casi semanas. Se ha transmitido por los medios tantos los alegatos en su defensa como el alegato del propio acusado. Creo que la sentencia, quienes la han oído, pueden advertir el extremado rigor y la minucia y prolijidad con que todos los hechos han sido examinados, los testimonios cotejados. Creo que la sentencia impresiona muchísimo por su carácter desapasionado, riguroso, estrictamente legal. Sigo pensando que es un gran día para la justicia en el Perú. Hay que pensar también que esta sentencia es un desagravio a las tantas víctimas de los atropellos, asesinatos, desapariciones, robos, campañas de insidia, calumnias que se vertieron en esos años de impunidad.
Siempre denunció a Fujimori y a Montesinos, ¿esperaba que un día como éste llegara?
Quiere que le diga que francamente, no. Yo pensaba que iba a ocurrir con esta dictadura como había ocurrido con Odría, Velasco, que nunca se les tomó cuentas, que al final si hubo alguna sanción fue puramente moral. Yo pensé que también en este caso los asesinatos, los robos, los atropellos terribles, las trasgresiones a la ley, iban a quedar impunes como tantas veces en nuestra historia. Que no haya sido así esta vez, de alguna manera, con este fallo se sanciona en Fujimori a todos quienes medraron durante los años de la dictadura y colaboraron con él y Montesinos, y se treparon al poder volviéndose cómplices de crímenes terribles y de robos sin precedentes en nuestra historia, pues han quedado no solo moral sino jurídicamente sancionados hoy día con esta sentencia.
El turno de montesinos
Se marcó un precedente.
Sí, es una especie de vacuna importante contra futuros golpes de Estado, contra caudillos, porque siempre hay, son pocos, pero hay aspirantes a dictadores. Ahora ya saben lo que puede ocurrirles. Esto es muy importante no solo para el Perú sino para toda América Latina donde, por desgracia, esa espada de Damocles de golpes de Estado, de dictaduras, está siempre latente. Es un hecho muy importante que el Perú haya sido capaz, uno de los primeros países de América Latina, en sancionar de esta manera civil, legal y democrática a un dictador.
¿La misma suerte le espera a Vladimiro Montesinos?
Sin duda, él fue el brazo derecho y el instrumento de Fujimori, pues lo menos que puede ocurrir es una sentencia semejante en su caso. No hay que olvidar que este es uno de los otros juicios que vienen en camino.
“El fujimorismo no tendrá ningún futuro en el Perú”
Se ha dado la sanción jurídica, ¿qué devenir tendrá la base social del fujimorismo?
Basta tener un poquito de memoria histórica para saber que todos los dictadores de la historia moderna del Perú han generado siempre pequeñas colas, coletas, que durante algún tiempo, algunos años, son una presencia en la vida política peruana, grupos, grupúsculos de nostálgicos, de gentes que añoran el poder que perdieron, pero que se van luego descomponiendo y desapareciendo. Ocurrió con Sánchez Cerro, Odría, Velasco y va a ocurrir también con Fujimori, de tal manera que es ingenuo y completamente antihistórico creer que el fujimorismo tiene un futuro en el Perú. No tiene ninguno, absolutamente ninguno. Es un fenómeno absolutamente transitorio por más que las encuestas quieran, digamos, inflar la presencia de la hija del dictador. Yo soy más optimista sobre mi país. Creo que el Perú ha ingresado a una nueva etapa, en la que se acabaron las dictaduras. Las dictaduras están hoy día en el banquillo de los acusados sentenciados a 25 años por sus crímenes. Es difícil que el pueblo peruano sea tan ciego, tan insensato de dar un nuevo aval a quien está hoy día condenado en la cárcel por sus crímenes.
(Edición impresa La República)
Fujimori tiene razón
Ricardo Virhuez
Fujimori tiene razón cuando se pregunta por qué a él se le acusa de crímenes de lesa humanidad, mientras se olvida que en los gobiernos de Fernando Belaunde se realizaron masacres contra miles de campesinos, pues desarrollaba la política de “tierra arrasada”, pedía a gritos la legalización de la pena de muerte y manifestaba que “tiraba al tacho de basura” los informes de Amnistía Internacional que retrataban uno de los genocidios más grandes de nuestra historia y traumas mucho mayores que las sufridas en la guerra con Chile; y de Alan García en su primer periodo, caracterizado no solo por los asesinatos masivos en las cárceles de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara, o los terribles casos de masacres de campesinos en Cayara y Accomarca, sino también por la conformación de decenas de grupos paramilitares conformados por apristas armados que asesinaban mujeres, niños, ancianos y jóvenes, como el grupo Rodrigo Franco, uno de los más conocidos.
“Yo no soy el único genocida”, parece decir Fujimori, en patético y lastimero aullido de defensa.
Lo que yo veo es que Fujimori confiesa, por primera vez, y sin decirlo, que la política de genocidio contra el campesino peruano, quechuahablante, pobre, de cualquier edad, es una política de Estado y no solo de gobierno.
Dice, sin decirlo, que las masacres violentas del hombre andino y amazónico son estrategias consecutivas, coherentes e imperturbables del Estado peruano, gobierne quien gobierne. Es como si los dos partidos políticos gobernantes más nefastos y reaccionarios de nuestro país, las fuerzas armadas y la iglesia católica, permitieran el gobierno de cualquier partido político o caudillo de turno, siempre y cuando demuestren servilismo y obediencia a las prácticas seculares de exterminio del hombre andino.
Por ello es fácil entender por qué ahora, ya sin guerra popular o sin violencia política o sin guerra interna o sin terrorismo (popular y de Estado), las masacres continúan. Las decenas de comunidades campesinas o distritos pobres afectados por la minería, muriendo poco a poco, son prueba elocuente de que el genocidio continúa. Mueren alcaldes afectados por mercurio, los niños están condenados a muerte por contaminación de minerales en la sangre, las aguas emponzoñadas por la minería dan muerte en lugar de vida.
Fujimori tiene razón. Él no es el único genocida. Belaunde y García lo fueron peores. Pero no por eso su delito es menor. Fujimori es un asesino, un monstruo, y los monstruos surgidos en nuestra sociedad merecen la muerte o la cadena perpetua. Veinticinco años es un anuncio de regalo de nuestra timidez penal para casos verdaderamente graves. Total, aun en prisión seguirá gozando de todos los lujos y comodidades que los apristas en el gobierno le deben y agradecen, por ser una irremplazable cabeza de turco. |
Todos los políticos son culpables, o casi todos. Si los juzgara un tribunal formado por hombres buenos “en el buen sentido de la palabra” –como decía Machado–, nueve de cada diez darían con sus huesos y sus delitos en la cárcel. El poder corrompe y pocos pasan por la Casa de Gobierno sin ensuciarse, con dinero o con sangre, las manos; por eso crean leyes con puertas falsas, dictan normas especiales y tejen un entramado jurídico que garantiza su impunidad.
|
![]() |
La poeta peruana Blanca Varela, falleció en Lima el 12 de marzo del 2009 a los 82 años de edad. De esta manera la poesía peruana ha perdido a uno de sus mejores representantes y partió dejando un gran legado que se extiende por todo el suelo latinoamericano. Su voz, su palabra, tiene tanta fuerza, tanta vida, que desconcierta. Ir a su poesía es una experiencia irrepetible. Un hallazgo constante y apasionado. Nació en Lima el 10 de agosto de 1926.
Sus estudios en Letras y Educación los realizó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, lugar donde conoció a Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, más adelante con esos compañeros y junto a Gonzalo Rose, Washington Delgado, Pablo Guevara, Alejandro Romualdo, Leopoldo Chariarse, entre otros integrarían la Generación del 50. En 1946 conoce a quien sería su esposo, el pintor Fernando de Szyszlo. Por esos años asiste a las tertulias de la Peña Pancho Fierro de Alicia Bustamante. Luego viajarían a París. En 1960 regresa a Lima para establecerse definitivamente. Tuvo dos hijos: Vicente y Lorenzo. En 1996 fallece Lorenzo en un accidente aéreo.
Autora de importantes poemarios como Ese puerto existe (1959), Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Camino a Babel – Antología (1986), Canto villano – Poesía reunida (1986), Poesía escogida 1949-1991 (1993), Del orden de las cosas (1993), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Como Dios en la nada - Antología 1949-1998 (1999), Concierto animal (1999), Donde todo termina abre las alas – Poesía reunida 1949-2000 (2001), entre otras publicaciones aparecidas en revistas y periódicos.
Sus obras fueron traducidas al alemán, francés, inglés, italiano, portugués y ruso. Considerada por la crítica como una de las voces poéticas más relevantes de América Latina, Varela obtuvo algunos galardones más importantes de la poesía en español, entre ellos el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en el 2001. El año 2006 fue la primera mujer que ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, de la misma forma que el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
Blanca Varela ha muerto. Adiós, poeta. |
|
![]() |
por Aurora INTXAUSTI
Una novela del escritor chileno sobre la memoria gana el Premio Primavera
Recuerdos, historias contadas entre amigos con amor, ironía y humor se han deslizado hasta las páginas de La sombra de lo que fuimos. Ese material le ha valido a Luis Sepúlveda (Ovalle, Chile, 1949) para hacerse ayer con el Premio Primavera de Novela. El escritor se siente "obligado", según reconocía anoche desde Chile, a contar como protagonista la historia de su país, una historia teñida de tristeza y sufrimiento tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet y la dictadura militar (1973-1990). "Nos robaron el tiempo y la juventud. Aprendimos a vivir sabiendo lo que nos faltaba pero mirando de frente".
En la novela premiada, el escritor cuenta la historia de cuatro hombres sexagenarios que han compartido su vida antes de la dictadura, durante el régimen militar y el exilio, y que, tras años sin verse, se encuentran otra vez y deciden emprender una nueva aventura. "Son capaces de mirar con humor al pasado, algo impensable para los militares".
El autor de Un viejo que leía novelas de amor, traducida a 70 idiomas, tuvo un destacado papel como líder del movimiento estudiantil chileno. Tras el golpe de Estado de 1973, fue primero encarcelado durante dos años y después fue puesto bajo arresto domiciliario. Aunque logró escapar y permanecer en la clandestinidad casi un año, fue apresado de nuevo con sentencia de por vida por traición y subversión, finalmente convertida en exilio.
![]() |
El libro, según el autor, "está plagado de experiencias personales y de otras que me han sido contadas y que han sido vividas por gente próxima a mí". ¿Qué le llevó a volver la mirada al pasado? "Las historias falsas que circulan sobre el Gobierno de la Unidad Popular del derrocado presidente Salvador Allende".
Sepúlveda considera que se ha escrito poco en torno a los años de la dictadura y el golpe de Pinochet y que la sociedad tiene el derecho de saber por los protagonistas de la historia lo que ocurrió realmente en Chile. "Las historias que a mí me interesan son las de los perdedores, las que no figuran en los libros de historia". El jurado de este premio, convocado por la Editorial Espasa Calpe y Ámbito Cultural El Corte Inglés y dotado con 200.000 euros, considera que La sombra de lo que fuimos es una novela "escrita con el corazón y con el estómago".
El finalista del Premio Primavera de Novela, José María Beneyto, optó por ambientar su obra en la Alemania de entreguerras. Los elementos del mundo refleja, según explicó ayer el autor, "el sentimiento de culpa que ha lastrado Europa tras el régimen nazi y el Holocausto". A través de su relato, Beneyto ha tratado de comprender la complejidad de los personajes que participaron en ese periodo histórico. Entre ellos se encuentra "El Profesor", un eminente jurista y catedrático de la Universidad de Berlín que participó en la redacción de las leyes que fueron esenciales para el desmantelamiento de la República de Weimar y el establecimiento del nacionalsocialismo.
Tomado de El País (Madrid - España).
![]() |
por César Hildebrandt
“No quiero llegar a ser un viejo decrépito”, dijo alguna vez Julio Cortázar.
Y se murió a los 70, antes de ser un viejo de verdad siquiera. Los rufianes del chisme dicen que se murió de Sida, como si eso importara.
Se murió, sencillamente. Pero dejó una obra que lo sobrepasa, un ejemplo de coherencia que los tránsfugas siempre le envidiaron, y un modo de ser y de leer, de escribir y de jazzear, de puntuar y de vocear que lo hacen único e inolvidable.
Cortázar fue un escritor genial que no quería honores. Lo que tuvo siempre fueron lectores. Y lo que podía regalar era estilo.
Hay escritores de enorme talento sobre los que pesa, sin embargo, la desgracia de carecer de firma. Son buenísimos pero jamás le sacaron al idioma una franquicia que les permitiera algunas exclusividades (que en eso consiste el estilo, no me digan).
![]() |
Cortázar, en cambio, dejaba la huella de un bisonte en cada página. No hay cómo confundirlo. Allí están sus parrafadas enormes que imitaban el oleaje, su antisolemnidad, su incapacidad orgánica de ser huachafo, sus cuentos sin sobras, sus guiños anarcosurrealistas, sus burlas despiadadas, su intelectualismo moteado de ternura (ejemplo: algunas conversaciones de Lucía -la Maga- con Horacio Oliveira).
Y por encima de todo eso estaba la marca Cortázar: un modo personal y brillantísimo de entender la narración, de quitarle sonsonetes al idioma, de incorporar ráfagas de monólogo interior sin perder de vista la exterioridad del relato.
Y unas ganas de joder que sólo podían venir de un hombre lúdico y de un espíritu burlón. Ejemplo clásico de estas ganas es el idioma inventado en “Rayuela” (el glíglico) para describir el sexo entre la Maga y Oliveira (¿o debería decir entre la Maga y cualquiera?). El glíglico consistía en frases como esta:
“Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa...”
La primera vez que leí “Rayuela” fue en 1966, a los 18 años. Leyendo esa página de jerga de cama (y hasta de camastro) reí como sólo se puede reír a los 18. Y lo increíble es que ahora, varias mujeres y décadas después, el “glíglico” me sigue alegrando y entonando.
Valga este recuerdo para quienes sólo quieren evocar al Cortázar comprometido y casi nicaragüense. Ese Cortázar valía -aunque escribió una mala novela que se llamó “Libro de Manuel”-, pero a su lado siempre estuvo el Cortázar intemporal que me cambió la vida con su prosa de gabardina sucia.
![]() |
Y no hablo, claro, sólo de “Rayuela”. Hablo también de sus cuentos -los mejores que se han escrito en la literatura latinoamericana-, esas piezas maestras que nos llevaban al desespero (los de “Bestiario”), o a la parodia de la inviabilidad social (“La autopista del sur”), o a los lugares menos soleados de la creación (“El perseguidor”).
Cortázar fue un cuentista magistral de muchísimos cuentos y el novelista supremo de una sola novela. Y esa fue “Rayuela”, un libro actualmente proscrito, quizá porque nada tiene que ver con los aspartames seudoliterarios que hoy cotizan las editoriales y sus mafias.
“Rayuela” es uno de los pocos libros que me hizo mirar al mundo de otra manera y a la literatura de otra manera y al amor de otrísima manera. Jamás podré olvidar a la Maga siendo leal a Oliveira y defendiendo su soledad de hembra deseada en el París que hablaba de Mondrian:
“-No sea asqueroso -dijo monótonamente la Maga-. ¿Qué gana con querer embarrar a Horacio? ¿No sabe que estamos separados, que se ha ido por ahí, con esta lluvia?”
No hay muchos libros que te abran los ojos y que te llenen los oídos. “Rayuela” es uno de ellos. Y hoy que estamos cerca del vigésimoquinto aniversario de la muerte de Julio Cortázar he sacado de un estante el viejo libro -decrépito, él sí- y lo he ido brincando y salteando como si fuera lo que es: una rayuela, el juego misterioso que Cortázar nos hizo jugar, el juego que termina en un cielo pintado con tiza en una acera.
de La Primera (Lima-Perú)
![]() | |
John Updike |
por Bárbara Celis
John Updike, cronista y azote de las clases medias, muere a los 76 años de un cáncer de pulmón - El personaje de Conejo Angstrom es su gran creación literaria.
Ya no habrá más libros ni más polémicas firmadas por John Updike. Ganador de casi todos los premios literarios salvo el Nobel, la voz imprescindible de este coloso de las letras estadounidenses se apagó ayer para unirse en el silencio de las recientemente desaparecidas de Norman Mailer o Saul Bellow. Con ellos compartió inquietudes generacionales y más de una acalorada discusión.
Updike, uno de los grandes cronistas de los cambios culturales y morales experimentados a lo largo del siglo XX por Estados Unidos, quedará como responsable, entre otras cosas, de elevar el adulterio suburbial a la categoría de alta literatura.
Falleció ayer en Beverly Farms, (Massachusetts). Un cáncer de pulmón le quitó la vida a los 76 años, suficientes para que el prolífico escritor publicase 27 novelas y 45 colecciones de relatos cortos, ensayos, poesía y crítica. Aún tenía un libro pendiente, My father's tears and other stories que se publicará a finales de año.
![]() | |
Brazil. John Updike. Tusquets Editores. 1994 |
Recogió dos veces el premio Pulitzer por sus libros Conejo es rico y Conejo en paz, dos de las obras de una tetralogía protagonizada por Harry Conejo Angstrom, personaje suburbial del que Updike se sirvió a lo largo de cuatro décadas para analizar los peores aspectos del llamado sueño americano. El lenguaje utilizado en esos libros, así como su descripción de las mujeres (a las que el personaje protagonista se refiere como "coños"), propiciaron una lluvia de acusaciones contra Updike por misoginia. Éstas le han perseguido a lo largo de su vida literaria gracias a una serie que le reportó sus mayores éxitos.
Conejo, el protagonista, es un hombre que vive su gran momento adolescente como jugador de baloncesto en una ciudad suburbial y que, tras casarse, comienza a hundirse a través de un matrimonio infeliz, continuas infidelidades, un trabajo que no le llena, un repunte económico fugaz hasta su muerte en Florida con 56 años, un recorrido que emula sospechosamente al de millones de estadounidenses. El propio Updike lo describió como el vehículo para expiar sus angustias y sus resentimientos. Decidió matarlo en 1990 porque él mismo estaba enfermo y temía morir sin que sus lectores supieran dónde acababa su famoso personaje. No obstante, en 2001 Updike publicó una quinta entrega, titulada Conejo en el recuerdo y otras historias, en la que aparecían diferentes habitantes de la particular tetralogía.
"Ser un escritor famoso es como ser un enano alto. Siempre estás en el límite de la normalidad", dijo Updike respecto a su condición de novelista célebre. Era una posición de la que nunca disfrutó demasiado y ni siquiera cuando Hollywood llamó a su puerta para llevar al cine su libro Las brujas de Eastwick se dejó ver en público más de la cuenta. Ni siquiera con las actrices de la película, Michelle Pfeiffer, Cher y Susan Sarandon.
![]() |
"Ser famoso es un fardo, pequeño pero un fardo", declaró en una entrevista reciente en el diario Daily Telegraph. Además de misógino, se le acusó de racista y de falta de compromiso político y hubo quién, como Norman Mailer, le criticó por escribir para lectores ignorantes. El pasado año John Updike recibió el nada halagador premio en reconocimiento a su carrera por "mal sexo" en la literatura de ficción.No obstante, en cuestiones de estilo hay pocos escritores tan aclamados como Updike, entregado a los detalles y a la poetización de prácticamente todos los temas que tocaba, desde la crítica de arte hasta el golf. "Quiero darle a lo mundano un toque de belleza", comentó de su trabajo como escritor. En una entrevista en el diario británico Daily Telegraph, hace apenas tres meses, dijo: "Me interesa describir las cosas con precisión pero nunca me he visto a mí mismo como alguien que escribe bonito".
![]() | |
El terrorista. John Updike. Tusquets Editores. 2007 |
La revista The New Yorker fue la primera en ver su talento. Corría el año 1954 y Updike, que de pequeño había soñado con ser dibujante de cómics, se entregó de adolescente a la escritura, influido por su madre, escritora frustrada que trabajaba como dependienta. Había crecido en una ciudad de suburbio en Pensilvania a la sombra de un padre que perdió su trabajo durante la Gran Depresión y que le inculcó valores que hoy parecen perdidos, como el de la necesidad de trabajar duro para llegar lejos.
Estudió en Harvard y Oxford, donde también recuperó su pasión de infancia por la pintura y a los 22 años llamó a la puerta de The New Yorker con una poesía, Duet, With Muffled Brake Drums, y apenas dos meses después con un relato breve, Friends from Philadelphia.
A finales de los cincuenta, Updike ya había publicado su primera novela, La feria del asilo, una colección de relatos y otra de poesía. Sin embargo, su primer best seller llegaría en 1968 con Parejas, donde desmenuzaba con todo detalle la vida marital desde su punto de vista más deprimente, el de la infidelidad, el engaño y la frustración. Vendió millones de ejemplares. Hace dos años, presintiendo la muerte, publicó su ensayo Aún mirando, donde reflexionaba sobre las obras de artistas que sabían que sus días estaban contados, como Beethoven, Edward Said o Shakespeare. Hablaba de la curiosidad por las últimas palabras. Quién sabe cuáles fueron las suyas.
de El País (Madrid - España)
![]() | |
Matadoras, Antología de nuevas narradoras peruanas / Editorial Estruendomudo. Lima 2008. |
Por Anouk Guiné
ENTRE LIBERTAD SEXUAL, QUEJA AL MACHISMO Y SUFRIMIENTO
La antología Matadoras - Nuevas narradoras peruanas, recientemente editada por Estruendomudo, resulta ser feliz e inconscientemente feminista.
La historia literaria fue escrita en clave masculina, con un canon literario del mismo corte. Esto implica la invisibilización y el silenciamiento de la literatura hecha por mujeres y cuyo trabajo sería “irracional”, “no profesional” y “no serio”. No es que las prosistas fueron pocas por décadas, sino que su aparición editorial fue muy tardía por las razones que acabo de dar.
Considerada como “subliteratura”, no es de extrañar que muchos hombres no lean a las mujeres, y que por lo general éstos falten a eventos relacionados con la literatura femenina. Este estado de cosas no se desmintió en la presentación de Matadoras el 23 de octubre 2008 en París -con el editor Álvaro Lasso y dos de las autoras antologadas, Grecia Cáceres y Nataly Villena- donde los varones, en particular los narradores peruanos y latinoamericanos que viven en la capital, brillaron por su ausencia, mientras nunca faltan a tal evento cuando se trata de uno de sus pares.
Felicitemos a A. Lasso quien, lejos de cualquier intento de ghettoización de la literatura femenina, da voz a 13 narradoras y nos ofrece una antología de alta calidad. Esperemos que sea un punto de partida para sacar a luz los textos de otras narradoras. Esta tarea es fundamental si se quiere poner fin a la amnesia de género en la literatura, si las mujeres quieren inventar espacios que escapen a los canones masculinos, o si quieren penetrar terrenos invadidos por los hombres sin tener que justificarse, y si quieren que su existencia deje de ser definida por referencia a los hombres.
Por cierto, las 13 Matadoras no tienen encima la mirada de un hombre cuando escriben. Nos lo comprueban al transgredir las normas en cuanto crean a partir del sujeto mujer, un sujeto “completo”, mientras la masculinidad se revela “incompleta” como en Casa de estrafalario, el muy sensual cuento de Katya Adaui.
Hay en esta antología tres grandes ejes que hacen que sea inconscientemente feminista. Primero, la expresión sumamente libre, liberal y libertina de la sexualidad, segundo, la queja explicita al machismo, y tercero, el sufrimiento femenino. Estos temas se entremezclan y articulan a lo largo de la antología.
En Corte a Sofía, de Alicia Bisso, el personaje principal “se entrega al sexo con personas nuevas”, y busca a su ex novio “sólo para tener sexo”. Es mejor “no esperar nada de nadie”, “por más que digan lo que sea, por más que te hagan el amor con esa misma fuerza… Olvídalos. No son más que eso. Hombres que comparten contigo una o dos noches y ya”. “El típico cabrón que va de ligue en ligue”, dice Rossana Díaz en La lucha contra el estornino.
En Al frente, de Nataly Villena, se deja a un peruano “vividor” y “borracho” y se viaja por España hasta Marruecos, una frontera que se vuelve también sexual al descubrir que uno de los personajes es una lesbiana que volverá a ver a su ex novia en Tánger. En esta zona fronteriza e impersonal del Mediterráneo, cerrada y abierta a la vez, las protagonistas se ven perdidas pero iniciando una nueva historia. “Al frente, todo aquello que habíamos perdido nos aguarda”.
![]() |
La homosexualidad también está presente en el cuento de Mónica Belevan, Trouvez Hortense, a través de la voz de Rimbaud en Adén.
La protagonista de Mate de Coca, de Susana Noltenius, se libera de un marido egoista. Al visitar la Casa de las Vírgenes del Sol, confiesa: “Me inquieta la idea de ser elegida para algo tan infame como el encierro”, y expresa la libertad vivida con su amante: “yo yacía sobre su cama, él a mis pies… deslizó sus manos, sus labios y su cuerpo por mis piernas, mis caderas, abdomen y pecho”. “No le incomodan los líquidos de nuestros cuerpos corriendo entre nuestras piernas”.
Claudia Ulloa nos lleva por una sexualidad libertina en Línea: “Con el punzón (de una navaja) me dejó en la piel un rasguño muy leve, que me mató de placer… me metí a la ducha y vi la línea que él había dejado sobre mi cuerpo… Era una línea larga que iba desde mi garganta hasta el pubis y se unía a la línea de mi sexo”. Al día siguiente ofrece públicamente su cuerpo en plena calle.
Para Grecia Cáceres, en Una Pena de Amor, la protagonista maldice al que la dejó: “Que le haga su show a las otras, a las que no saben aún lo que es un machito de su especie, que te aplasta y no le importa lo que sientas, que te toma y que te suelta…” “Nadie te dice nada y un buen día te encuentras aplastada en el asiento trasero de un carro, medio vestida, incómoda… no siento nada, sólo espero que pase el bolondrón… ¿Tú quisieras eso para tu cuerpo? Terminar toda adolorida, en posiciones absurdas, en lugares peligrosos, temiéndole a todo, pensando en el embarazo aunque según él se sale antes”.
En Callejón oscuro de María Luisa del Río, una mujer cansada de su pareja cuenta: “Esta mañana me ha pedido que lo espere con el almuerzo listo, pero en lugar de meter los tallarines a la olla… me he entretenido con una película porno que encontré entre su ropa. Lo he sentido llegar… Ha caminado hacia la cocina y no ha encontrado nada, se ha molestado y nos hemos mandado a la mierda. He tirado la puerta, he salido a la calle… y me he subido a una combi para irme a cualquier otro pueblo de la cordillera”.
La soledad y el maltrato a sí misma son otros sufrimientos presentes aquí, una soledad que puede “clavar” como “un cuchillo muy filudo” (Bisso). Algunas mujeres mueren y renacen al ritmo de sus casas, como en La casa muerta de Alina Gadea, y en Las dos orillas de Giselle Klatic. “Más tarde pensaría que doña Isabel había depredado la casa como una mujer que se infringe un castigo a sí misma, cortando su preciosa melena al ras del cráneo o pintándose toda la cara con lápiz de labio frente a un espejo para humillarse cruelmente a sí misma”, escribe Gadea. La casa “parecía muerta. Yo había querido morirme junto con ella, abandonarme en su abandono… La casa agonizaba y me pedía que la rescate, que me rescate a mí misma”, dice la madre en duelo de Klatic.
Culpabilidad, falta de confianza y desesperación son otros de los sufrimientos. Deprimida por su sobrepeso, sus arrugas y cañas, la protagonista de Díaz “no es nadie” sin antidepresivos. El Aliento de Karina Pacheco empieza con el suicidio de una mujer joven que se dispara en el corazón. Y Monserrat Alvarez, en Este cuento se autodestruirá en X minutos, habla de la feminización de la pobreza a través de una intelectual que plantea el suicidio, la prostitución y el trabajo doméstico como alternativas laborales.
Esperemos que más voces de mujeres sigan liberándose, y que antologías de este tipo florezcan en Perú.
de Revista Sieteculebras. Nro. 25. Noviembre 2008.
![]() |
por Alberto Manguel *
No sabemos en qué momento el cuentista supo que lo que contaba sería un género literario. Lo cierto es que en algún momento de nuestra historia el cuento se diferenció del poema, de la novela y del ensayo, y emergió como un género literario distinto para que los profesores universitarios tuvieran de qué ocuparse. Sin embargo, más allá de esas divisiones burocráticas, el lector intuye que el cuento no es novela, que una diferencia que puede medirse (pero no definirse) por el número de páginas, distingue uno del otro.
Borges alguna vez dijo que escribía cuentos porque la novela le parecía una exageración. Detrás de la boutade se oculta una verdad literaria: la novela expande la narración, el cuento la concentra. Los mini-relatos de Augusto Monterroso no pueden ser leídos como mini-novelas; el equivalente de esa parodia es, para la novela, la casi interminable Comedia humana de Balzac. El cuento retiene en su nombre sus orígenes sin duda orales, calidad que preservan aún hoy los narradores orales de las plazas de mercado en Marruecos, Colombia, Gabón.
La escritura, que todo formaliza (quizás porque nace como un instrumento contable, para sumar o restar cabezas de ganado), empieza desde temprano a dar al cuento artificios y estrategias. Refinándose en fábula, parábola, anécdota, historia humorística o moral, relato erótico, histórico, filosófico, de terror, el cuento adquiere, según su categoría, rasgos particulares que, si bien son reconocidos, los autores del género se empeñan en cambiar.
Así las historias de fantasmas ("viejas como el miedo", decía Adolfo Bioy Casares) al principio, en Mesopotamia y Egipto, debieron su eficacia a la mera aparición de un muerto; luego a un muerto transformado en otra cosa, un esqueleto en Roma, una sombra en la Italia de Boccaccio, un zorro en China; finalmente, con los grandes autores del siglo diecinueve el fantasma se reduce a una ausencia, a algo horriblemente real y sin embargo invisible.
Cambios similares pueden rastrearse en las otras categorías, nuevas maneras de contar a las cuales el lector rápidamente se acostumbra. Ya en el siglo dieciocho, los lectores de cuentos son tan diestros en el arte de seguir las maniobras del autor, que Diderot se ve obligado a destruir o renovar sus expectativas con un cuento que (imitando al futuro Magritte) titula Esto no es un cuento.
El cuento es quizás el más conservador de todos los géneros. Cambia el estilo, el tono, el impacto del final o del comienzo, la posición del narrador, la voluntad fantástica o documentalista, pero no, en términos generales, su forma. Si bien pueden encontrarse ejemplos de cuentos que escapan cabalmente al modelo de narración tradicional (pienso en El joven intrépido en trapecio volante de William Saroyan y en alguno de Raymond Carver), la mayor parte de ellos sigue el consejo del Rey en Alicia en el País de las Maravillas, "Comienza en el comienzo y sigue hasta llegar al final; allí para". Casi no existen cuentos de estructura tan libre como el Tristram Shandy de Lawrence Sterne o Cobra de Severo Sarduy.
Y autores como James Joyce y Julio Cortázar, que tan brutalmente renovaron la novela, escribieron cuentos exquisitamente clásicos cuya originalidad se halla en la voz y la temática, o en la aproximación a esa temática, no en la forma misma del cuento. Por absurdas razones comerciales, las editoriales han decretado que los cuentos no se venden. No se venden Poe, Kipling, O. Henry, Chéjov, Katherine Mansfield, Ernest Hemingway, John Cheever, Borges, Silvina Ocampo, Alice Munro, Mavis Gallant. Y sin embargo, más que nunca, los cuentos siguen escribiéndose y, no lo dudo, leyéndose. Tal vez porque, en su clásica, modesta precisión, nos permiten concebir la insoportable complejidad del mundo como una íntima y breve epifanía.
* Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) es autor de Todos los hombres son mentirosos (RBA) y Una historia de la lectura (Lumen y Alianza).
De Babelia. Suplemento literario de El País. Enero 2009.
![]() |
por Fernando Savater
Sus relatos son artefactos lógicos, de precisión clínica, y en ellos cada acontecimiento y cada detalle se encaminan a producir un efecto único y traumático.
De pocos autores puede decirse que hayan dado origen a un nuevo género literario, pero a Edgar Allan Poe se le atribuye a justo título la paternidad de dos: el cuento fantástico moderno y la narración detectivesca. Dejemos en esta ocasión a un lado a Dupin y su progenie de sabuesos. Poe introduce en literatura el virus hasta hoy felizmente incurable de una nueva forma de lo macabro y lo espeluznante, elementos ancestrales de los relatos desde que los primeros humanos se sentaron a escucharlos en torno al fuego recién inventado, mientras en la negrura circundante acechaban los tigres de dientes de sable y barritaban los mamuts.
Sin duda el autor norteamericano toma algunos ingredientes para su pócima -la comicidad grotesca, los personajes caricaturescos y las visiones opiáceas- del inevitable E. T. A. Hoffmann, pero su receta es absolutamente personal. Para empezar, descarta las concesiones a la superstición, a la leyenda milagrosa y a los demonios de sacristía. Su pánico no viene de fuera sino que nace en el interior descreído del hombre moderno. Como bien aclara en el prefacio de sus Cuentos de lo grotesco y arabesco con orgullo de precursor: "Si el terror ha sido el tema de buena parte de mis obras, este terror no proviene de Alemania sino de mi alma".
![]() |
En sus narraciones lo sobrenatural siempre es la prolongación de lo natural por otros medios: lo que desafía a las leyes de la naturaleza es la subjetividad que las interpreta y quisiera transgredirlas hasta sacudirse su yugo fatal. En la mayor parte de los casos los cuentos están narrados en primera persona para que el lector tenga menos escapatoria cuando llegue lo irremediable. Sus protagonistas llevan dentro de sí una grieta precursora del inminente desastre, como la fachada de la casa Usher. Por esa grieta penetran -o salen- los espectros encarnados del pavor. Pero no hay en dichos relatos concesiones a la vaguedad ni la incoherencia de corte romántico: son artefactos lógicos, de precisión clínica, en los que cada acontecimiento y cada detalle ambiental se encaminan a producir un efecto único y traumático. Por eso resultan inolvidables y hasta quienes menos aprecian sus recursos truculentos no pueden ya librarse nunca de lo que les sucedió al encontrarse por vez primera con el corazón delator o cuando conocieron al señor Valdemar.
![]() |
Es difícil comprimir en pocas líneas la nómina de seguidores que tiene Poe, tanto entre los escritores como primordialmente entre los lectores, aunque naturalmente sólo puedo referirme con nombres y apellidos a aquellos. Los primeros estuvieron, por supuesto, en su propio país, como su contemporáneo de origen irlandés Fitz James O'Brien (su impresionante cuento ¿Qué era aquello? prefigura El Horla de Maupassant y las pesadillas de Lovecraft, ambos también discípulos del bostoniano) o Ambrose Bierce, el mejor de todos por su humor macabro y el trato familiar con fantasmas, que sólo igualará M. R. James. Después Baudelaire lo importa a Europa y así impregna a los mejores de cada país: Villiers de l'Isle-Adam, Gustavo Adolfo Bécquer (algunas de sus Leyendas cuentan entre lo más exquisito del género), Sheridan Le Fanu o el mismísimo Charles Dickens.
Quizá el mejor heredero de Poe sea R. L. Stevenson, no sólo en la obra maestra Jeckyll y Hyde sino también en Olalla o Markheim. Después, Arthur Machen, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y la lista inacabable de los contemporáneos: Borges, que sigue la línea lógica y cosmológica menos frecuentada, Robert E. Howard (Palomos del infierno, La sombra de la bestia), Ray Bradbury, Julio Cortázar, Richard Matheson (¡aquella negra maravilla de tres páginas con que se dio a conocer, Nacido de hombre y mujer!), Robert Bloch, Jean Ray, Stephen King o buenos autores españoles como José María Latorre o Pilar Pedraza... Porque ¿quién de los que ayer o incluso hoy mismo de verdad cuentan no sigue la traza de Poe, es decir, su poe-ética?
Lamentamos que su vida fuese breve, como si supiésemos cuánto debe durar la vida de cada cual para realizarse plenamente. Y le compadecemos porque fue desdichado, atendiendo superficialmente a su neurosis, a su pobreza, a la pérdida temprana de su amada Virginia, a su alcoholismo... Demasiada presunción por parte de nosotros, los felices. ¿Desdichado? Nada sabemos del gozo sombrío de inaugurar esa alameda rigurosa y siniestra por la cual aún transitamos, con la jauría infernal en los talones. Quizá él nos espera, sonriente y verdoso, al otro lado.
Edgar Allan Poe. Cuentos completos. Traducción de Julio Cortázar. Edición a cargo de Fernando Iwasaki y Jorge Volpi, comentada por 67 escritores hispanohablantes. Páginas de Espuma. Cuentos completos. Traducción de Julio Cortázar. Edhasa. Cuentos completos. Prólogo, traducción y notas de Julio Cortázar. Augur. Poe. Una vida truncada. Peter Ackroyd. Edhasa.
de Babelia. Suplemento Literario de El País.
![]() |
por J. Ernesto Ayala Dip
El escritor y periodista mexicano Daniel Sada ha ganado por unanimidad del jurado el XXVI Premio Herralde de novela con la obra Casi nunca, que retrata una relación amorosa a tres bandas entre un ingeniero agrónomo, una prostituta y una ilustre señorita. Por primera vez en 26 años, Anagrama también publicará las otras obras finalistas. La novela finalista ha sido Un lugar llamado Oreja de Perro, del peruano Iván Thays.
Daniel Sada (1953) se dio a conocer con Porque parece mentira la verdad nunca se sabe (Tusquets, 2001). Una novela diríamos casi rabelesiana, por la amplitud de sus registros narrativos y lingüísticos, por su frondosidad argumental (hay quien contabilizó 25 tramas entrecruzadas y 90 personajes) y por su apego a la verbosidad festiva. Ahora, Sada nos entrega Casi nunca, una novela en la estela formal de la anterior. Sólo que su peso argumental se reduce drásticamente y los personajes que le dan vida son fácilmente identificables. El trasfondo histórico de ambas novelas remite a un mismo segmento cronológico, los años cuarenta. Pero ese encuadre temporal apunta en el libro que ahora se comenta a desvelar el viejo litigio entre castidad y sexualidad, a narrar sus flagrantes y, por qué no, cómicas contradicciones. Pero antes de avanzar en este terreno, insistamos en la reflexión estilística. Daniel Sada no usa el idioma como si se tratara de un ejercicio de prestidigitación. La lengua plebeya compite con la culta. El giro coloquial, la lengua fronteriza, la dicción mestiza descubren pliegues psicológicos con mayor precisión que lo que se obtendría con cualquier otro recurso introspectivo en la novela. Y descubre sobre todo la contradicción crucial que se va desplegando durante toda la narración: los rodeos o atajos ideológicos de que se nutren la moral de nuestra civilización (la judeocristiana) para posponer (que no suprimir) el goce del cuerpo. La novela de Sada bascula entre estos dos polos: el cuerpo que se vende (probablemente con remordimientos judeocristianos) frente al cuerpo que se oculta (para, a la postre, venderse luego mejor, sin ningún remordimiento). Así, Sada une nudo moral con escritura, para entendernos, inmoral.
![]() |
Casi nunca está dividida en cinco partes. La voz que narra es omnisciente. Digamos algo al respecto. Es una voz (a la vez que sujeto y objeto de la novela) que parece acompañarnos, lectores del siglo veintiuno. Está muy cerca de cada personaje, respira con ellos pero también parecería respirar con nosotros. Tiene cierto sentido del decoro. No cede, por ejemplo, a ciertas indiscreciones, como si no tuviera acceso a los pensamientos de los personajes. Si alguien atraviesa una puerta, esa voz es impotente para violar su intimidad. Dicha voz también nos ahorra detalles de la trama, si considera que resultarían innecesarios para el lector. Este criterio irónico de la voz en tercera persona forma parte del festín novelesco que nos regala Sada. El héroe de la novela se llama Demetrio Sordo (su nombre, por cierto, nada tiene que ver con el motivo literario que arrastra desde el siglo XVI). Es agrónomo y su existencia se debate entre la prostituta Mireya de Oaxaca y la casta y paciente Renata de Sacramento. Demetrio debe elegir entre la carnal realidad de la primera y la promesa virginal de la segunda. Alrededor de Demetrio adquieren significación narrativa el dibujo de varios secundarios de lujo: la madre y la tía del protagonista, y la madre de Renata. Esta novela no tiene la sustancia desmitificadora de la historia de México que tenía la más arriba mencionada, pero el narrador no evita, cuando puede, darnos indicaciones histórico-sociales concretas del país de 1945.
Sin su propuesta lingüística, esta novela hubiera sido otra. No más o menos diferente. Otra. Y eso porque dicha propuesta arrastra un propósito mucho más sustancial. Tiene que ver con lo cómico y lo serio en la literatura y en la Historia. Y por supuesto, en la sexualidad. Es lo que nos dice Milan Kundera en El arte de la novela: "Los auténticos genios de la comicidad no son los que más hacen reír, sino los que descubren una zona desconocida de lo cómico". Casi nada se desenvuelve en este privilegiado territorio. Y además, puede que termine significando lo que Gógol señalaba para una historia graciosa. "Si se observa atentamente y durante mucho tiempo una historia graciosa, se vuelve cada vez más triste".
De Babelia. Suplemento literario de EL País.
![]() | |
El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (Foto: Conchitina). |
Por Joaquín MARCO
La fotografía de la solapa de esta edición de la novela póstuma del cubano Guillermo Cabrera Infante, residente en Londres desde 1966, nos muestra la figura de un joven con gafas oscuras y abundante cabello negro. Corresponde a un desconocido Cabrera Infante en la azotea de la revista “Carteles” en 1957. Contaría entonces alrededor de veintiocho años (había nacido en Gibara, en la provincia de Oriente, en 1929) y éstos serán los elegidos para la acción de este relato donde volverá a servirse del registro autobiográfico. Tras su fallecimiento en la capital británica, en febrero de 2005, se difundió la noticia de la existencia de una novela inédita que ahora ve la luz. Cabe añadir que los personajes se sitúan desde el recuerdo en La Habana de aquellos años.
El autor vuelve así, tras su espléndida La Habana para un infante difunto (1979), a recuperar una juventud perdida y el mitificado escenario de una ciudad que se convertiría en “el centro de mi universo. En realidad era mi universo. Una nébula clara. Recorrerla era un viaje por la galaxia. En el cielo había dos soles” (p. 21). El instrumento del que se servirá el autor-protagonista-narrador será la memoria. Abre el libro una advertencia que justifica el mecanismo elegido: “Según la física cuántica se puede abolir el pasado o, peor todavía, cambiarlo. No me interesa eliminar y mucho menos cambiar mi pasado. Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo. Esa máquina es la memoria. Gracias a ella puedo volver a vivir ese tiempo infeliz, feliz a veces. Pero, para suerte o desgracia, sólo puedo vivirlo en una sola dimensión, la del recuerdo” (p. 11).
Como indica ya el título, La ninfa inconstante, vendrá a presidir con un deje nostálgico la recuperación de un tiempo en el que confluyen la juventud, la efervescencia urbana y el amor. Estela Morris, su protagonista, mantiene cierto paralelismo con aquella “niña mala” (Travesuras de la niña mala, 2006) de la novela de Mario Vargas Llosa. El protagonista vivirá intensamente su descubrimiento y sus ardientes amores iniciales, cuando ella todavía no ha alcanzado la mayoría de edad. Poco después se describirá su transformación en mujer y sabremos, dada la distancia desde la que se narra, algunos detalles de su futura evolución, de sus posteriores parejas, de su inclinación al lesbianismo y hasta de su muerte. Sin embargo, el autor ha elegido un momento preciso, puntual, del desarrollo de su personalidad, el que coincide con su oficio de periodista en la revista “Carteles” en el marco de una ciudad lúdica, como su mismo arte de narrar. En gran medida los aciertos de su elaboración textual residen en el juego del espléndido lenguaje narrativo que ya conocíamos de sus novelas anteriores, aunque aquí tal juego resulte más intenso. Abundan las cacofonías, las distorsiones de frases hechas, los juegos de palabras, su personal sentido del humor, la utilización de citas de diversos autores que el lector ilustrado podrá advertir, personajes novelescos y cinematográficos (es de sobra conocida su afición y dedicación al cine). El ingenio de un Cabrera Infante culto que entiende la novela como una fórmula de la autobiografía y ésta como parte de un ensayo sobre el significado de la existencia. Merecería ser anotado para no perderse en la intrincada selva de las alusiones. No desdeñará ni siquiera las greguerías (p. 157) y subyacerá en la historia amorosa un argumento próximo al bolero, sustrato folklórico, constante y fórmula narrativa que explicitará muy a menudo. Cuando el protagonista, casado y con hijos, conoce a esta muchacha ya nos advierte: “ya que soy el narrador tendré que hacer el papel de villano”. Por consiguiente, entre la compleja relación que se establecerá, en el fugaz amor a primera vista, nunca se recurrirá a fórmulas morales.
![]() |
Guillermo Cabrera Infante tratará de evadirse del esquema que trazó en su día Vladimir Nabokov con su ejemplar Lolita, aunque la trama inicial muestre un natural paralelismo. No aparecerá aquí, sin embargo, el sentido moralizante de la sociedad estadounidense, sino el liberalismo erótico-sentimental cubano. En realidad, la frágil trama amorosa (porque de novela de amor y desamor se trata) es una mera excusa para recrearse en La Habana perdida y ubicua: “Bajamos por la calle O hasta 23, la esquina marcada por una exhibición de autos ingleses: Austin Healy, MG (las iniciales son inolvidables), etcétera. Caminamos por 23 arriba para pasar por delante del edificio Alaska y, enfrente, cruzando la calle, estaba la vidriera de Chryslers y Cadillacs. Seguimos por el costado del edificio Radiocentro, esa ballena varada en la costa. Allí, en la esquina estaba, como todas las noches, El Artista Cubano…” (p. 54). Éste será uno de los múltiples paseos urbanos de los amantes que habrán de permitirle describirnos las líneas de autobuses, los restaurantes, las pensiones, los hoteles, las playas, los night clubs, los barrios en los que discurre la acción. Incluso se incluye un callejero (p. 177) o se alude a la decadencia del hotel Trotcha en El Vedado (“No era su esplendor (que ocurrió en el siglo pasado) sino su decadencia lo que me fascinaba. Era como una metáfora sin sentido literal pero literario gracias a mi habilidad de encontrar parecido entre cosas dispares” (p.200).
La capacidad asimiladora de cuanto le rodea y aún de sí mismo le permitirá aprovechar el título de su novela “¿Vista del amanecer en el trópico?” (p. 125) y, de nuevo en la p. 245, para describir los ojos de aquella “niña prodigio”: “Sus ojos pálido ópalo, eran de un claro atardecer en el trópico y pronto se sumirían en una noche oscura con fosforescencias peligrosas” (p. 243), capaz de servirse de la ironía en cualquier circunstancia: “A esa desdicha- da hora de las seis de la mañana, hora pro novios, salimos a la calle”.
Pese a las circunstancias históricas en las que se sitúa la novela, apenas si aparecen menciones políticas, salvo en las páginas 222 y siguientes, cuando el protagonista precisa el tiempo narrativo: “No habían pasado seis meses del asalto al Palacio Presidencial, que terminó entre sangre y el fracaso”. Habrá de servirle para describir a Olga Andreu que pretendía saber la opinión política del narrador y de su íntimo Branly. Tras mencionar que había ya aparecido, a sus dieciséis años, en otro de sus libros, describirá a la muchacha comiéndose las uñas de los pies: “Olga era muy limpia pero lo de comerse las uñas de los pies era, ¿como diría?, un gesto in extremis” (p. 223). La trama desemboca en el desamor, casi en el olvido. Cuando se rememora la figura de Estela, ella ya ha desaparecido: “Nos salvará este paraíso, nos condenará este infierno: un libro, la vida. De verdad, verdugo nunca fue mi tarea más temida, y encontré entre las cenizas de mi amor, su corazón intacto.// No fue un solo verano de felicidad, sino un verano todo de miseria y furia y fuego.” (p. 270). El juego verbal, la intertextualidad y el humor caracterizan esta brillante novela. Todo parece conducir hacia una reflexión sobre la esencia de la cubanidad, de la que se ocupó en obras anteriores. El narrador –o el mismo autor– nos confiesa: “Participo de la paranoia nacional y aun de la esquizofrenia nativa de haber sido un país esclavista que se convirtió en una nación mulata con el negro como recuerdo del esclavo: el país se hizo todo mestizo/…/ Lo peligroso del cubano es que es un esclavo liberado” (p. 278). No será el sexo lo que convierta el descubrimiento en pasión. Tan sólo una vez, proclama, hicieron el amor (se sirve en la ocasión del cubanismo “singar”). Sin embargo, la describe sensualmente: “…llevaba el sexo literalmente a flor de piel. La piel dulce. Con labia en su cuerpo. Grandes labios, breves labios” (p. 146).
Las alusiones a filmes, a citas, a títulos de obras, a personajes literarios, como el poeta modernista colombiano Barba-Jacob, la anécdota de Ruskin, la mención de un verso de García Lorca u otro de Miguel Hernández, Belmonte y Sevilla o el tío de Branly, en su piso transformado en un santuario de recuerdos nazis, enriquecen una historia tamizada por la sensibilidad nostálgica del autor, capaz de asomarse con una sonrisa al despropósito o tratar, como un poeta, sus descripciones hasta quebrarlas: “Ah, bella blonda, monda y lironda. O monda sola. Ella, rubia, se doblaba sobre la guitarra amarilla mientras Branly ejecutaba, ése es el verbo, un bolero, [triste como la tarde], cantó” (p. 167).
"La realidad son los otros"
|
![]() | |
Carlos Martínez Rivas |
PROTESTA ANTE UN ACTO DE CENSURA OFICIAL
El diario El País de Madrid ha iniciado la publicación de una serie de antologías de los más renombrados poetas hispanoamericanos, bajo la dirección de José Manuel Caballero Bonald. Entre los poetas escogidos para tener un libro en esta serie, se hallaba el nicaragüense Carlos Martínez Rivas (1924-1998), y el prólogo correspondiente fue encargado a su compatriota Sergio Ramírez.
El gobierno de Nicaragua, que reclama ser dueño de los derechos de autor del poeta fallecido, ha vetado a Sergio Ramírez como prologuista, condicionando la autorización de la publicación de la obra a que sea sustituido. Tanto el diario El País, como el propio Caballero Bonald, han rechazado esta pretensión, y en consecuencia la antología de Martínez Rivas ha sido retirada de la serie, con lo que su espléndida poesía es impedida, por causa de una acción arbitraria, de llegar a decenas de miles de lectores.
Los participantes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que firmamos este pronunciamiento, denunciamos este inaudito acto de censura oficial al escritor Sergio Ramírez, que de paso lo es a la obra de Carlos Martínez Rivas, y lo condenamos con toda energía. Ningún gobierno puede arrogarse la potestad de vetar o prohibir la palabra de un escritor, y un acto semejante no puede calificarse sino de totalitario.
Invitamos a otros escritores, intelectuales, artistas, periodistas y editores, a sumarse a este pronunciamiento.
Guadalajara, diciembre de 2008.
![]() |
Gracias a la gentileza del escritor nicaragüense Sergio Ramírez les presentamos aqui el prólogo censurado por el gobierno de Daniel Ortega.
Sergio Ramírez
A la hora del desayuno de mis tiempos oficiales en el gobierno de la revolución ya estaba allí el correo de Carlos Martínez Rivas como si una mano invisible lo hubiera dejado sobre la mesa: un sobre de manila que había tenido antes otro uso, rotulado con su letra escolástica, firmes y elásticos arabescos de tiempos de empatador y tintero que enlazaban con sus rúbricas, como virutas, unas palabras con otras. Caligrafía de alumno díscolo del Colegio Centroamérica de Granada junto al Gran Lago de Nicaragua, mimado de los jesuitas, sobre todo del poeta navarro Ángel Martínez Baigorri, su mejor maestro, y mimado de las musas. Dóctor, se dirigí a mí en el sobre, o Doktor. Él era the poet, nada más el poeta.
Ya estaban allí también los informes oficiales, los recados tempraneros, los partes y las tiras de telex que ya no existen más, pero la avidez me llevaba de primero a rasgar el sobre de Carlos para encontrar, sino era otra vez su testamento ológrafo, porque varias veces fui su heredero universal honorífico y legatario otras tantas veces de su biblioteca, disposición esta última que llegó a anular bajo el temor, sic, de que “la convertiría en una biblioteca popular”, sus poemas aún envueltos en el dorado calor del horno: madeleines para mojar en la taza de te de tilo a la hora del asma en Combray, croissantes para comer de pie junto a la barra en los desayunaderos de piso cubierto de aserrín de la rue Monsieur-le-Prince, muy al alba aguardentosa, hora de la alta resaca, mareo nostrum, los tiempos aquellos en que Octavio Paz lo recuerda aparecer entre los amigos de la inquerida bohemia con una guitarra y una botella llena de ron.
![]() | |
El poeta Carlos Martínez Rivas |
Su casa de Managua en el barrio de Altamira, uno de esos colmenares construidos después del terremoto, era como una panadería. Aunque alguien dijera por allí, quizás nosotros dos mismos conversando en eterna risa que ya traíamos muertos de risa desde los años ejemplares que compartimos en la década de los setenta en Costa Rica, que él llamaba con risa Costa Risa, encerrados en mi oficina burocrática de San Pedro de Montes de Oca, o en su celda monacal del falso Hotel Sheraton de la Avenida Central de San José, nombre ampuloso para un albergue de media mala muerte que sus propietarios chinos habían inscrito en el registro de marcas y no había trasnacional del mundo que pudiera quitarles, o como una ocurrencia más de aquellas de las tertulias de anochecer discutiendo literatura con José Coronel Urtecho a la luz de lámparas tubulares en el corredor con barandas de la hacienda Las Brisas que daba al Río Medio Queso anegándose en tinieblas, aunque alguien dijera, digo, cualquiera de nosotros dos, que más que una panadería se trataba más bien de una cueva, la cueva de Altamira con sus bisontes en la pared y el minotauro hidrópico que era él mismo paseándose en pelota entre esos muebles que no eran de hogar, sino de oficina de impuestos porque casa y muebles se los había proveído el gobierno, para qué más servía una revolución sino para amparar a un poeta, acaso sobre su desnudez una robe de chambre amarilla como una capa pluvial esponjándose en el aire tibio de la mañana. Y el espejo y la navaja de afeitar cruzados sobre la bacía llena de espuma de jabón. Cueva, o torre.
A esa puerta de la panadería de Altamira en la Managua que hervía a cuarenta grados centígrados llamó Graham Greene un mediodía de los dichosos años ochenta y el panadero barrigón en robe de chambre amarilla, válgame Dios, pelo hirsuto y labios tumefactos, abotagado de gin barato como aquel de la Fábrica Nacional de Licores de Costa Rica, comprado por cuartas en el Chellez Bar y que sabía a Pinesol, no le quiso abrir, y our man in Managua se quedó en el porche donde crecía feraz, el monte. La zarza ardiendo. Llamó con mejor suerte Mario Vargas Llosa, suerte que conocía a Blanca Varela y tuvo entonces entrada, y en la boca del horno le propuso al fauno comprarle su tomo crítico de las cartas de Flaubert, un viejo Flammarion de postguerra, y no se lo quiso vender, ni por todo el oro del mundo, me dijo luego esponjando en orgulloso disgusto la boca.
![]() | |
Sergio Ramírez (Foto: Mike Wolff) |
Por nada del mundo vendería tampoco la reproducción de la foto de Baudelaire, obra de Nadal, fijada con chinches al estante, pero quién quita un día de estos se la roban, como tantas cosas que desaparecen aquí, en toda fábrica de pan ocurre, se roban los huevos, la mantequilla. Hasta los moldes. Tanto derelict (palabra suya preferida=a social outcast, vagrant) rodeando a su dioscuro coronado de pámpanos, pululando ya de noche entre los sacos de harina, hurgando entre los desperdicios, un cardumen de gorgojos que busca pedacitos de gloria, fragmentos brillantes dispersos por el piso sin barrer, y a quienes el panadero de barba entrecana, una barba de días, gozoso de su papel, dirige como si se tratara de las pulgas amaestradas de un circo venido a menos.
En ese cuarto -la alacena- están los libros en sus estantes y los viejos periódicos arpillados en mesas y en el piso donde andan los gatos, el viejo Poe que bota a su paso pelambre, el primero. ¡Amontillado! ¡Quién tuviera a su disposición un barril de amontillado aunque fuera en el rincón de la escena de un crimen! Huele por doquier a alcohol derramado, a orines estancados, a materia fecal, a desperdicios de cocina; pero aquí en la alacena toda la materia prima es apetitosa, aceite, harina, azúcar, sal: son los libros sabios y suculentos que uno siempre quisiera leer, libros citables, precisos, suficientes para confeccionar las hogazas de pan que se sirven en la fonda de Henry Fielding (Tom Jones, expósito, Libro I, Capítulo 1): los formidables portables de Penguin, ese Edmond Wilson, por ejemplo (y se colocaba imaginariamente el tomo bajo el brazo, dando un orgulloso paseo). O el sólido bollo, harina y levadura, que es Jude the obscure de Thomas Hardy, y qué me decís de Sons and Lovers de D.H. Lawrence, ¿y Der Tod des Vergil, de Hermane Broch?, la muerte de Virgilio, no menos que la otra muerte, La muerte en Venecia, Der Tod im Venedig de Thomas Mann, y Dirk Bogarde sudando en la barbería funeraria bajo el maquillaje espectral. Una pronunciación espaciada, declamatoria, de cada título, el goce sapiente de cada palabra, como lo haría seguramente en las tertulias de cinco de la tarde Alexander Pope conversando con Orlando, el caballero-mujer de Virginia Wolf.
Libros arrastrados en el aluvión de su vida, piedras, lodo, amores perdidos, guitarras despanzurradas como aquella su guitarra en bandolera con la que lo vio llegar Octavio Paz, Carlos trastejando las cuerdas en el bar ya sin clientes del Hôtel des Etats-Unis, y otros amaneceres con Blanca Varela, y Fernando de Szyslo, y Julio Cortázar, y Ernesto Cardenal, todos juntos en aquella mesa del fondo que se aleja en un zoom inverso hasta que el obturador de la cámara se cierra en oscuridad, eternos desconsuelos, rencores de bolero, él, que como San Juan de la Cruz lloraba por verse postergado, (a ti te premian, a mi me plagian, le dijo en un poema a Octavio Paz), manías persecutorias, desprecio fementido de la fama.
![]() | |
Escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Foto: Petr Hammer Verlag) |
Lecturas insuficientes: no hay lecturas suficientes, Doktor, porque ser sabio del todo sería como la muerte según el Doktor Faustus de Thomas Mann. Libros metidos en cajas de leche condensada para atravesar el mar, handle with extreme care, y los que se quedaron perdidos en París, y los otros abandonados en el apartamento de Argüelles en Madrid cuando fue el consejero cultural de la Embajada de Nicaragua que deambulaba por los bares hasta las claras del alba, y los que reposan aún en una oscura bodega en Los Ángeles, California, en espera del regreso de su dueño, el empleado de aduana marítima, puntual cuando no estaba en las cantinas, de corbata y cuello duro, mangas cortas, un clerk, como Rousseau el aduanero de los leones apacibles en azul nocturno. Igual a como vestía cuando lo conocí en León en tertulia improvisada, en la casa de Edgardo Buitrago en mayo de 1964, yéndose ya a España a asumir su puesto en la embajada, y yo a Costa Rica a asumir el mío en el Consejo Superior Universitario Centroamericano, clerk=la persona que realiza tales funciones como llevar registros y atender correspondencia, el clerk (oficinista) que guarda en una gaveta del escritorio el libro que lee furtivamente, talvez las poesías escogidas de William Blake, talvez las de Emily Dickinson: At last, to be identified!/At last, the lamps upon thy side/The rest of life to see! (¡Al fin, ser identificado! ¡Al fin las lámparas a tu lado, lo que queda de vida para ver!)
Después, en esa casa de Altamira, la cueva que fue panadería, estaban las sartenes, colocadas en orden, donde esperaban para entrar al horno los textos en proceso (work always in progress). Se ve lo que no se toca. Carpetas rotuladas con plumones violeta, negro, marrón, a las que nadie puede asomarse, y sin embargo, todo mundo se asoma, todo mundo se siente en esta feria con el derecho de secuestrar esos manuscritos (mecanoscritos) para llevárselos como souvenirs, travestis sin fortuna, efebos indefensos como aquel del dormir plácido en el sótano del Louvre, erinnias mal disfrazadas de monjas, o peor, de vedettes, o de vampiresas, putillas, poetillas: si no estuviera el otro. El difuso terco mundillo del amanecer. La pululante línea de la imperfección y el anonimato…
![]() |
Y finalmente el horno, la máquina de escribir, seriamente colocada sobre el escritorio de contador segundo, frente al sillón de vinilo estacionado a la distancia precisa. Su firma al pie de cada poema, cmr. La manía cmr ha llegado a consistir en sus constantes denuncias contra los tipógrafos primero, y las operadoras de computadora al acabarse los tipógrafos, porque cometen demasiados errores y arruinan los textos ¡La fatalidad de una letra trastocada, de la línea de un verso mal cortada, traiciones a la fidelidad! De modo que las cuartillas salidas de la máquina, y tecleadas con primor maniático¾a veces con subrayados en rojo (llegó la hora en que esas cintas de máquina de dos colores dejaron, alas, de existir) iban directamente a la plana del suplemento literario, fotografiadas en vivo. Si es que iban, porque había aún una mejor manía, la de negarse a publicar sus poemas.
Pasaron los años. El horno, con su rojo fulgor de infierno, aventando chispas por la boca que traga las sartenes, no hay modo que no siga encendido en la cueva desierta del panadero que toda la vida pasó aprendiendo a actuar, a vivir, a beber como Baudelaire, la perfomance de su vida que fue toda su vida. Suyo el rescoldo del absintio, suya la resaca del ajenjo que tiñen de verde las llamas del horno y el cielo del paraíso, infierno de cielo. Un ensayo de infierno. Ensayo con trajes, hoy, dress rehearsal, y la gran gala, poet, suspendida por fuerza mayor. Pan duro, duro aprendizaje. La última sopita. La cama final de la sala J del Hospital Militar de Managua.
El coche funerario arrastrado por la pareja de caballos enclenques de cabezas empenachadas y los lomos cubiertos por un velo negro como de mosquitero, va por la Calle Real de Granada mientras los transeúntes se alinean extrañados en las aceras porque detrás la banda militar toca marchas dolientes. Y no hay manera que se aparte de la cabeza del muerto eximio el recuerdo implacable de su madre endeudada que se suicidó porque había dispuesto de las joyas que el Monte de Piedad le confiaba para colocar, sólo para que el hijo se hiciera poeta en París, el hijo pródigo, el hijo prodigio. Y la edición príncipe de u