
Tertulia Literaria La Ambulante
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Escritor argentino obtiene galardón con "Los Living"
La novela trata sobre un hombre que embalsama muertos para mantenerlos entre los vivos.
El escritor argentino Martín Caparrós ganó ayer el XXIX Premio Herralde de Novela, que concede la editorial Anagrama, con Los Living, una obra sobre la relación de los hombres con la muerte. Los Living narra las vicisitudes de un hombre cuya infancia queda marcada por la muerte confusa de su padre y de su abuelo; al crecer, se convierte en un adulto fascinado por el tránsito entre la vida y el más allá.
“Tengo que reconocer que la muerte está presente en toda mi obra”, dijo ayer Caparrós en una rueda de prensa. El autor ha publicado a lo largo de su carrera literaria más de veinte libros, entre los que destacan la novela A quien corresponda y el compendio de crónicas titulado Una luna.
Caparrós explicó que su novela, que saldrá a la venta en pocas semanas, es “una farsa trágica” que empieza con un tono de “picaresca contemporánea con toques de humor y poco a poco se va volviendo más densa y amarga”.
El protagonista de la novela se llama Nito y nace en Buenos Aires el día que muere Juan Domingo Perón, en julio de 1974. El relato transcurre a lo largo de unos años “raros de la historia de Argentina, en los que suceden cosas como la Guerra de las Malvinas”, pero “en ningún caso se trata de una novela histórica”, subrayó el autor.
Durante su adolescencia, el protagonista sufre la pérdida de dos de sus seres más queridos y un sacerdote decide utilizar al joven como “arma para extender el miedo a la muerte entre la gente y conseguir más adeptos”. De esta manera, se convierte en “un propagandista de la muerte” acosado por preguntas como “¿cuál es nuestra relación con los muertos?, ¿se puede mantener contacto con ellos? o ¿siguen entre nosotros?”. Esta obsesión le lleva a buscar fórmulas para hacer entender a la sociedad que no es fácil deshacerse de los muertos y, finalmente, opta por embalsamarlos y dejarlos entre los vivos. Así, por ejemplo, la abuela de una familia puede seguir sentada en el sillón donde tenía por costumbre hacerlo, aunque inmóvil. De ahí el título de Los living, en referencia al salón de casa donde los muertos siguen presentes.
“Esta referencia a los muertos olvidados o a su presencia entre nosotros no tiene nada que ver con los desaparecidos de Argentina”, aclaró Caparrós, que considera muy “reduccionista esta interpretación, porque la relación con los muertos es algo muy antiguo y atávico”. Tampoco se trata de una nueva propuesta sobre zombis, tan de moda en nuestros tiempos, porque Caparrós aseguró que no es aficionado a este género. Sí reconoció que se trata de “una novela fuertemente argentina”.
(Barcelona. EFE)
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Juan Cruz
Ayer hubiera cumplido cien años. El escritor argentino Ernesto Sabato murió el pasado 30 de abril dejando tras de sí unos pocos, pero fundamentales, textos para la literatura en español. También el ejemplo de una postura moral y una personalidad retraída, alejada de las luces de la fama.
DOCUMENTO: Páginas inéditas salvadas del fuego
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Jorge Semprún con Mario Vargas Llosa. Foto de Morgana Vargas Llosa. |
El escritor fallece en París a los 87 años - De exiliado a ministro de Cultura, fue deportado al campo de Buchenwald y expulsado del Partido Comunista por disidente.
por Javier Rodríguez Marcos
Jorge Semprún murió anoche (07.06.2011) en París. Tenía 87 años. Con él se pierde para siempre parte de los recuerdos del preso número 44.904, su matrícula en Buchenwald, el campo de concentración alemán en el que vivió deportado entre los 20 y los 22 años. Semprún construyó su obra literaria con los fragmentos de su propia memoria y en esa obra queda, pues, el recuerdo de una vida marcada a fuego por todas las barbaries modernas.
Lea el artículo completo en el siguiente link:
www.elpais.com/articulo/cultura/Muere/Semprun/memoria/siglo/XX/elpepicul/20110608elpepicul_1/Tes
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Ana María Matute es la tercera mujer que recibe el premio, considerado el Nobel de las letras hispanas, tras la española María Zambrano (1988) y la poetisa cubana Dulce María Loynaz (1992).
La escritora española Ana María Matute recibió hoy el Premio Cervantes 2010 de manos del rey don Juan Carlos I, en una emotiva ceremonia celebrada en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. Tras recibir de manos del rey una medalla y una escultura, la escritora admitió en su discurso que prefería "escribir tres novelas seguidas y veinticinco cuentos, sin respiro, a tener que pronunciar" un discurso.
Con emotivas palabras, la escritora, de 85 años, comenzó recordando al poeta chileno Gonzalo Rojas (premio Cervantes 2003) "que nos acaba de dejar" e hizo extensivo el recuerdo a "todos los premios Cervantes que se nos han ido".
Visiblemente emocionada, la escritora repasó su vida y relató cómo se presentó con su primera novela en una editorial, escrita en un cuaderno de tapas negras y hojas cuadriculadas "que los de mi edad saben a qué me refiero".
Matute recordó que San Juan dijo que "el que no ama está muerto y yo me atrevo a decir, que no inventa, no vive" y terminó diciendo que si "se topan con alguno de los personajes de mis novelas, no se lo crean, me los he inventado".
Por su parte, el monarca español destacó la "fina sensibilidad" de la escritora y dio "muchas gracias y mil felicidades de nuevo por tan soberbia obra y su aportación a la literatura española. La creación literaria de nuestra premiada está íntimamente ligada a una trayectoria vital que la llevó a conocer y sentir España en toda su hondura, riqueza y diversidad", añadió el monarca.
"La tragedia de nuestra Guerra Civil dejó una huella imborrable en su alma infantil y juvenil. Una marca que, de alguna manera, ha quedado grabada en gran parte de su producción moldeada desde el prisma de la niñez", concluyó.
La ministra de Cultura, Angeles González-Sinde, subrayó la "valentía" de Ana María Matute por una obra a la que se va "por voluntad y con deseo" y destacó que su literatura enseña que "narrar es el primer recurso para abandonar la barbarie". La galardonada acaba de publicar un recopilatorio de su narrativa breve, incluyendo sus cuentos y artículos periodísticos, bajo el título de "La puerta de la luna", y prepara una nueva novela.
El premio Cervantes, dotado con 125.000 euros, cumplió con la norma no escrita de ser entregado alternativamente a escritores españoles y latinoamericanos, ya que en 2009 fue para al escritor mexicano José Emilio Pacheco. Matute ganó varios galardones en su carrera literaria, incluyendo el Premio Planeta en 1954 por Pequeño Teatro y el Nacional de Literatura 1959 por Los hijos muertos. En 1998 ocupó el asiento K de la Real Academia Española de la Lengua, a la que había ingresado dos años antes.
Matute pertenece a la generación literaria de los años 50, aunque su obra, lírica y a la vez realista, se enmarca de forma independiente, eligiendo a veces esa mirada infantil o juvenil como forma de distanciamiento de una dura realidad, marcada por una infancia dentro de la Guerra Civil española (1936-1939).
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Resulta que abril se ha convertido en un mes aciago para las letras de nuestra América. Garcilaso de la Vega, César Vallejo, José María Eguren y José Carlos Mariátegui se nos fueron en uno de estos abriles de aguaceros y cielos grises. Hace unos días, apenas el mundo de la poesía se reponía de la repentina desaparición física del poeta chileno Gonzalo Rojas, nos sorprende ahora la muerte del escritor peruano Carlos Eduardo Zavaleta, destacado miembro de la llamada generación del 50. Y como si esto fuera poco, este abril se despide dando el zarpazo mortal al último de los clásicos de la literatura argentina: Ernesto Sabato que dejó de existir a pocas semanas de cumplir el siglo de haber nacido.
El Dr. Carlos Eduardo Zavaleta ha fallecido. Así informó su emblemática casa de estudios, la Universidad de San Marcos. "Reconocido por su fecunda obra narrativa y por ser el primero en introducir en nuestro país los estudios sobre el escritor norteamericano William Faulkner. Fue miembro de número del Instituto Ricardo Palma desde 1998 y de la Academia Peruana de la Lengua desde 1999".
Así recuerda la página web de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el sensible fallecimiento del Doctor Carlos Eduardo Zavaleta, autor de múltiples obras y también parte de una fecunda generación de críticos literarios.
Algunas de sus obras, citadas por la referida web son El cínico (1948), Los Ingar (1955, 4.a ed. 1983), Los aprendices (1974, 1977 y 1981), Retratos turbios (1982,1985), El padre del tigre (1993), Un joven, una sombra (1993) y Campo pálido, pero sereno (1977), Viaje hacia la sombra (2000) y Huérfano de mujer (2008).
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Ernesto Sabato, el gran escritor argentino autor de Sobre héroes y tumbas y El túnel, pero también el hombre atormentado y horrorizado que presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), falleció en la madrugada de este sábado, dos meses antes de cumplir 100 años. Sabato, que iba a ser objeto este domingo de un homenaje en la Feria del Libro de Buenos Aires, padecía una bronquitis que no pudo superar, según ha anunciado su compañera Elvira González Fraga. El velatorio se realizará en la localidad de Santos Lugares, muy cerca de la capital porteña, donde tenía su domicilio.
Sabato está considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana no solo por sus novelas, incluida Abaddón el exterminador, sino también por su amplia obra ensayística sobre la condición humana. Obtuvo el Premio Cervantes en 1984, ocasión en la que pronunció un discurso en el que describió a El Quijote como "un simple mortal, tierno desamparado, andariego, el hombre que alguna vez dijo que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida".
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Los mensajes de condolencias de autoridades políticas y académicas se sucedieron a lo largo de la jornada para recordar al Premio Cervantes de Literatura 2003
El poeta falleció a las 06.15 horas (09.15 GMT) de este lunes en una clínica de Santiago donde se encontraba desde el pasado 12 de marzo, cuando fue trasladado desde la ciudad de Chillán, a unos 400 kilómetros al sur de la capital. El 22 de febrero, la salud del escritor, galardonado también con el Premio Nacional de Literatura 1992 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1992, se agravó debido a un infarto cerebral.
Nacido el 20 de diciembre de 1917 en la sureña ciudad de Lebu en el seno de una familia minera, en el mundo literario se considera que Gonzalo Rojas contribuyó a la gestación del llamado "boom" latinoamericano con los seminarios y encuentros que organizó en los años 50 y 60.
Autor de poemarios como "La reniñez" y "La miseria del hombre", su consagración internacional ocurrió en 1977 con "Oscuro", publicado en Venezuela, durante su período de exilio por la dictadura de Augusto Pinochet.
El Gobierno chileno decretó duelo oficial de dos días. Los restos del poeta fueron velados en el Museo Nacional de Bellas Artes, a pocas manzanas del Palacio de La Moneda y posteriormente su cuerpo fue trasladado a Chillán, su "ciudad adoptiva", donde fue sepultado.
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Juan Gabriel Vásquez |
El Premio Alfaguara ha recaído este año en uno de los jóvenes autores en lengua española cuya obra más unanimidad ha despertado en los últimos tiempos: el colombiano afincado en Barcelona Juan Gabriel Vásquez. Nacido en Bogotá en 1973, Vásquez ha obtenido el galardón por El ruido de las cosas al caer, una novela que el jurado ha presentado como "un negro balance de una época de terror y violencia", en una capital colombiana "descrita como un territorio literario lleno de significaciones". Para ese balance, el novelista se vale de los recuerdos y peripecias de Antonio Yammara, empezando por la "exótica fuga y posterior caza de un hipopótamo, último vestigio del imposible zoológico con el que Pablo Escobar exhibía su poder". Al dubitativo Yammara se suma la figura de Ricardo Laverde, un antiguo aviador de tintes faulknerianos que ha pasado 20 años en la cárcel y que, en cierto sentido, representa a la generación de los padres del protagonista.
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por Esther Andradi
Nació blanco pero lo criaron los indios. Habló quechua antes que español, y se identificó tanto con aquellos que acunaron su niñez, que dedicó su vida a describir la marginación, la injusticia y las condiciones de vida de la mayoría de la población de su país. Por si eso fuera poco, tomó partido como antropólogo por esa cultura de amor y respeto a la naturaleza que sostenía al mundo indígena, pero que, en el Perú que le tocó vivir, los blancos despreciaban o confundían con atraso e ignorancia. Se llamaba José María Arguedas y el 18 de enero habría cumplido cien años. Su vida fue corta, su angustia enorme y su actividad literaria y antropológica atravesada por el dolor y la depresión de pertenecer a dos lenguas, dos culturas, dos países aparentemente antagónicos. El país de los blancos y el país de los indios. Trató por todos los medios literarios de reunir esas dos partes que lo habitaban y conseguir la luz de esa ecuación de sombras, pero sintió que fracasaba. Entonces escribió su novela El zorro de arriba y el zorro de abajo, anunciando su suicidio, y antes de concluirla, el 28 de noviembre de 1969, se descerrajó un tiro en la sien. “Quizá conmigo empieza a cerrarse un ciclo, y a abrirse otro en el Perú y lo que él representa“, escribió en ese testamento literario el mayor de los narradores peruanos. Pero de morir ni huellas. Porque ahora que el planeta está en las últimas y la especie humana parece haber perdido definitivamente su norte, la obra de José María Arguedas sigue ahí, cargada de futuro. Más actual que nunca.
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José María Arguedas nació en Andahuaylas, departamento de Apurimac, en la Sierra de Perú, en 1911. Era hijo de un abogado errante originario del Cuzco y de Victoria Altamirano, que falleció cuando José María tenía tres años de edad. Aunque, según escribe en sus Memorias el lingüista Luis E. Valcárcel, amigo y colega de Arguedas, el escritor habría sido hijo de Juanita Tejada, una criada y sirviente. Y que no habría nacido en Andahuaylas sino en la pequeña aldea de Huanipaca, que su verdadera madre enloqueció cuando le arrancaron a su hijo. Que el misterio sobre su origen marcó al escritor de por vida.
Sea como fuere, seguro es que el viudo volvió a casarse y José María creció como “hijo ajeno“, sufriendo el abandono de su madrastra y las crueldades y el sadismo de su hermanastro, porque el padre pasaba mucho tiempo viajando. La madrastra dejó al niño con la servidumbre y los indios lo protegieron: dormía con ellos en la cocina cubierto de pellejos de oveja, y aprendió a hablar quechua antes que español. A los diez años se escapó a la propiedad de su tío y vivió una etapa muy feliz, que iba a nutrir toda su vida con imágenes de armonía con la naturaleza y la solidaridad social entre los indígenas. El mundo andino fue hogar, útero y refugio. José María conoció al indio humillado, callado y servil de las haciendas, pero también al indio comunero, pleno de comunicación en el trabajo colectivo de la tierra. En una carta a Hugo Blanco, emblemático luchador por los campesinos de Perú, y con quien el escritor se escribía en quechua, le confiesa: “Ellos me criaron amándome mucho, porque viéndome que era hijo de misti, veían que me trataban con menosprecio, como a indio. En nombre de ellos, recordándolos en mi propia carne, escribí lo que he escrito, aprendí todo lo que he aprendido y hecho, venciendo barreras que a veces parecían invencibles.”
A los diez años, Arguedas ya dominaba el español como segunda lengua, cristalizando así su condición de raro, por huérfano y forastero entre dos culturas. Un modelo de transculturación, dirían más tarde los entendidos. Por entonces realizó un largo viaje junto a su padre y su hermano por Puquio, Ayacucho, Arequipa, Cuzco. Los recorridos a caballo por la sierra, la presencia religiosa como una amenaza, la fuerza represiva del hacendado contra los indios, marcaron el alma del futuro escritor. La prohibición de cantar, de bailar, de tocar un instrumento, formaba parte de la explotación y el desprecio a todo lo indio. Arguedas lo cuenta así: “En sus ranchos no tenían ni una quena, ni un charanguito siquiera. ¿Por qué será? No cantan, decía yo. Y tenía pena. Después la cocinera del administrador me contó que una noche el viejo había oído tocar una quena en el caserío, fue al rancherío, ocultándose llegó hasta la puerta del cuarto donde tocaban la quena, y entró en la casa diciendo: ‘¡Indios, a esta hora se reza!’ Pidió la flauta y la pisoteó en el suelo.”
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En 1935 publicó Agua, su primer libro de tres cuentos. Arguedas tenía veinticuatro años pero todos sus temas ya estaban ahí: la libertad de los comuneros en contraste con la explotación del indio en las haciendas, la rabia de una cultura ninguneada y la belleza de los cantos y bailes hasta el amanecer; la migración en busca de tierra y trabajo, la fuerza de los ríos y el amor por la naturaleza, gran madre de toda su escritura. En Agua apareció también una nueva lengua: nunca nadie había escrito así en Perú. Era un español correcto, pero intervenido por el quechua, cuyas expresiones lo transformaban sutilmente hasta hacerlo capaz de trasuntar el alma andina. Así hablaban los comuneros de José María Arguedas. En una lengua que dejó de ser atrasada, incompleta, “serrana“, para pasar a ser poética.
Los cuentos de Agua se centran en la aldea, donde los conflictos se dan entre indios y terratenientes. A partir de ese libro, su obra comienza un viaje sin retorno “abarcando todo el mundo humano del país“ y donde las culturas andinas confrontan grandes desafíos. Llegan las tensiones entre la sierra y la costa, los choques de la cultura india con la mestiza y la blanca. Yawar fiesta (1941), su primera novela, tiene lugar en una capital de provincia. Los ríos profundos (1958) ocurre a lo largo de un territorio humano y geográfico cada vez más complejo. El sexto (1961) se desarrolla en un presidio con reos serranos y costeños en la cárcel de la capital del país. Con la novela Todas las sangres (1964), y especialmente en su obra póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971), los problemas entre sierra y costa dan paso a otra dimensión: la pugna entre la nación multicultural, su autonomía socioeconómica y su legado histórico, de un lado, y el poder económico imperial, colonialista, del otro.
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“¿Hasta dónde entendí el socialismo?“,se pregunta José María Arguedas, y aclara: “No lo sé bien, pero no mató en mí lo mágico.” Tal vez por eso su novela Todas las sangres, publicada en 1964, recibió duras críticas, porque no la consideraron “políticamente correcta“. La esperanza de una revolución para cambiar el mundo cobraba fuerza con la incipiente Revolución cubana que Arguedas también admiraba; la tecnología prometía un progreso ilimitado y las culturas ancestrales, de gran potencial lírico, en la práctica eran consideradas arcaicas por la irrefrenable pulsión de modernidad. Arguedas sufrió una profunda depresión, intentó suicidarse en 1966, pero antes escribió el Llamado a algunos doctores, un poema dirigido a quienes “dicen que no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por una cabeza mejor, que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos”. El texto clama por armonizar naturaleza y cultura: “Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan... esas quinientas flores son mis sesos, mi carne. En esta tierra fría siembro quinua de cien colores, de cien clases de semillas poderosas. Los cien colores son también mi alma, mis infatigables ojos...”
Pero, en aquel entonces, la protección del medio ambiente no era un tema y la ecología era apenas una rama oculta en algún lugar de la biología.
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“Si no puedo escribir me mato.” Estaba bien seguro este indio del alma cuando selló su compromiso con ese mundo despreciado e ignorado. Justamente entonces, cuando la literatura latinoamericana entraba por la puerta grande de la literatura universal, la obra de José María Arguedas se quedaba afuera del baile del Boom. ¿Demasiado localista? Famosa es la polémica que mantuvo con Julio Cortázar.“Usted está con un combo andino y yo dirijo unasinfónica en París”, le escribió Julio desde las alturas de la revista Life, y Arguedas, profundamente dolido, le respondió: “Todos somos provincianos, don Julio. Provincianos de las naciones y provincianos de lo supranacional.” Dicen que el Gran Cronopio lamentó toda su vida sus palabras, porque Arguedas se suicidó pocos meses más tarde.
Su última novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo es más que eso: “Quien toca ese libro toca un hombre”, como diría Whalt Whitman. Organizada en dos partes, la novela comienza con el Primer Diario del autor, quien cuenta que ha decidido escribir como acto terapéutico, para evitar el suicidio. De los Diarios intercalados en la estructura de la novela surge la trama de una escritura arisca, que el escritor va pariendo a pedazos, entre pesadumbres y ataques depresivos, viajes a Chile, donde reside la psiquiatra que lo atiende, y a Chimbote, como antropólogo. Chimbote, el nudo de esta novela inconclusa, es el puerto de pescadores, en la costa norte peruana, símbolo de la pesca salvaje que a finales de los sesenta convertirá al Perú en primer exportador de harina de pescado en el mundo.
Ese encuentro de zorros que se debaten entre el mercado, el prostíbulo y el cementerio, es también el testamento literario de Arguedas, su toma de posición con respecto a la literatura que se escribe en el continente.
Arguedas toma partido por el brasilero João Guimaraes Rosa: “Ningún citadino me trató de igual a igual tan íntimamente como este Guimaraes.” Se siente identificado con el uruguayo Juan Carlos Onetti, quien “tiembla en cada palabra, armoniosamente, yo quería llegar a Montevideo para tomarle la mano con que escribe”. Con José Lezama Lima, que “se regodea con las palabras.¡Gordo fabuloso, Cuba que ha devorado y transfigurado la miel y la hiel de Europa!” Y siempre vuelve a Juan Rulfo: “¿Quién ha cargado a la palabra como tú, Juan, de todo el peso de padeceres, de conciencias, de santa lujuria, de todo lo que en la criatura humana hay de ceniza, de piedra, de agua, de pudridez violenta por parir y cantar, como tú? En ese hotel, más muerto que vivo, nos alojaron juntos ¿de pura casualidad? Me hiciste reír... Me acordé de la primera vez que te conocí en Berlín, de cómo te llevé del brazo al ómnibus, con cuánta felicidad...” Palabras de cariño para el joven Mario Vargas Llosa, de admiración para García Márquez, de extrañamiento frente a Alejo Carpentier, de distancia con Carlos Fuentes.
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Cuarenta años después de su muerte, el escritor que revindicó “todas las sangres“ sigue generando polémica en su país. Así, aunque notables intelectuales, entre ellos el Nobel Mario Vargas Llosa, hayan expresado su deseo que el 2011 sea denominado Año del Centenario de José María Arguedas, como un justo tributo a su memoria, los representantes del Congreso no fueron de la misma opinión y estuvieron a un tris de decretar el año del submarino. A último momento, viraron el timón y se decidieron por Machu Pichu. Pero el legado de quien se despidió escribiendo que “cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir feliz, todas las patrias”, brilla por encima de cualquier torneo burocrático. Imposible ignorar su sabiduría y belleza. Ni aun subiéndose a las alturas de Machu Pichu.
http://www.jornada.unam.mx/2011/02/27/sem-esther.html
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Laura Fernández | Barcelona
Destinada a tener una vida fácil, pues era la rica heredera de un magnate de la industria textil, acabó sumergiéndose en el París más delirante, aquel que compartieron Salvador Dalí, Marcel Duchamp y el mismísimo Max Ernst, con quien mantuvo una turbia relación. Leonora Carrington, indomable pintora surrealista, es el objeto de la novela con la que la escritora mexicana Elena Poniatowska ha ganado el Biblioteca Breve, 'Leonora', un libro que "se desarrolla entre la locura y el arte", en palabras de José María Caballero Bonald, miembro del jurado del prestigioso premio que convoca Seix Barral.
Emocionada, Poniatowska quiso dedicar el galardón a todas las mujeres. En especial, a las mujeres mexicanas, "que estamos viviendo tiempos de agresión". Y a su padre y a todas las escritoras "que merecen premios como éste y no los tienen". Buena amiga de Leonora Carrington, el personaje que centra la historia, Poniatowska aseguró que "sé que ella no va a leer esta historia, porque no lee nada que tenga que ver con ella". A menudo cenan juntas, toman el té y Leonora habla de muchas cosas "pero nunca de sí misma". Tampoco menciona a Max Ernst.
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"Creo que ni ella ni Remedios Varo son pintoras surrealistas, simplemente pintan su mundo interior", afirmó la escritora, que dijo que el único periodo surrealista que vivió Carrington fue el que pasó con Ernst en París. "Pero duró poco. Enseguida llegó la guerra y ella tuvo que marcharse. Primero a Madrid, después a Lisboa y finalmente a México, donde se estableció", explicó. País en el que, ya desheredada, empezó a vivir de sus cuadros.
"México fue su refugio, el lugar en el que tuvo a sus hijos y en el que pudo conversar de pintura con alguien con quien compartía mucho, su amiga Remedios Varo", aseguró Poniatowska. Allí desarrolló su mundo infantil", el que aparece en sus pinturas, y huyó de Frida Kalho porque "por entonces Diego Rivera iba armado con una pistola y quería hacer la revolución y Leonora venía de una guerra y no quería ni oír hablar de violencia". "Sí, puede decirse que se trata de un libro moral sobre ella", concluyó Poniatowska.
Elena Poniatowska nació en París en 1932 como la princesa Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, por lo que es de ascendencia aristocrática, hija del príncipe Jean Joseph Evremond Sperru Poniatowska (descendiente directo del rey Estanislao II Poniatowski de Polonia) y de María de los Dolores (Paula) Amor Yturbe, ciudadana mexicana de ascendencia francesa.
Ganó el Alfaguara de novela en 2001 con 'La piel del cielo' y su influencia en la cultura mexicana ha sido siempre muy importante. 'Hasta no verte Jesús mío' (1969) y 'La noche de Tlateloco' (1971), sobre la matanza estudiantil en la plaza de las Tres Culturas de México, son algunas de sus obras. En 2007 ganó el Premio Rómulo Gallegos por 'El tren pasa primero'.
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“Arguedas mostró la naturaleza diversa del Perú”
Aunque el Gobierno no haya estado a la altura de las circunstancias y no haya tenido el tino de ponerle al 2011 el nombre de José María Arguedas, en esta charla el ministro de Cultura, Juan Ossio, destaca los valores de un hombre genial y sensible.
“Leí a Arguedas en 1963, cuando fue mi profesor de Antropología en San Marcos”, nos dice Juan Ossio, ministro de Cultura y discípulo del gran José María Arguedas, de quien se celebra hoy, 18 de enero, su centenario.
por Gonzalo Pajares C.
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¿CÓMO ERA COMO ANTROPÓLOGO?
Arguedas estaba lleno de anécdotas, pues lo que nos contaba en clase eran sus vivencias personales. Destaco su capacidad para compenetrarse con los actores sociales. Hablaba perfectamente el quechua, no solo el de los mistis (patrones) sino el de los runas (campesinos). Por ello, cuando acopiaba material etnográfico se le facilitaban las cosas. Así supo recoger –de forma objetiva, rigurosa y clara– detalles de la vida de sus informantes que estos no le decían a cualquiera. Por ejemplo, los detalles del mito de Inkarri los consiguió así.
¿ESTAS VIVENCIAS PUEDEN SER CATALOGADAS COMO UN MÉTODO DE INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA?
Absolutamente, porque es la mejor manera de conocer objetivamente lo que se desea estudiar. Además, Arguedas era muy riguroso: ordenaba su material de acuerdo a los estándares más altos de la teoría antropológica. Lo que sí debo señalar es que, a veces, se imponía más su carácter de comunicador que de científico puro. Si comparamos su traducción de Dioses y hombres de Huarochirí con la de Taylor, veremos que es el trabajo de un quechua hablante que ha sabido llegar al corazón de su pueblo.
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ARGUEDAS ES UN GRAN ESCRITOR INCLUSO CUANDO HACE CIENCIA. ¿QUÉ APRENDE UNO DEL PERÚ LEYÉNDOLO?
Muchísimo: los contrastes abismales entre la costa y la sierra. Por ejemplo, Yawar Fiesta muestra el vacío de comunicación que se produce entre un pueblo rural y las autoridades nacionales; señala cómo el Gobierno desdeña las costumbres de los pueblos indígenas, pues las considera salvajes, animales y, por eso, erradicables.
¿EN LOS LIBROS DE ARGUEDAS ESTÁ EL PERÚ?
Por lo menos está tal y como yo lo viví. Cuando visité las comunidades que él recorrió supe cómo debió sentirse el día de la famosa mesa de debate sobre Todas las sangres. Allí me di cuenta qué lejanos estaban algunos de mis colegas para comprenderlo y cuánta razón le cupo a José María. Arguedas sobrevive y los otros han quedado en la oscuridad.
¿HOY SE LO LEE MEJOR QUE ANTES?
Sí, porque en su época no se hablaba tanto de la naturaleza diversa de nuestro país, del pluralismo cultural. El acento estaba puesto en la modernización, en la orientación homogeneizadora, en la que cayeron tanto hispanistas como indigenistas, quienes estaban dominados por el centralismo peruano, que veía al Perú como una sociedad homogénea, sin contrastes.
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¿ARGUEDAS ES UN ADELANTADO POR SU MIRADA DIVERSA?
Por supuesto. Él nos abrió los ojos frente a la naturaleza diversa del Perú, frente a todos aquellos que estigmatizaban las tradiciones indígenas; estigmatización que hacían incluso los grupos de izquierda, que veían, por ejemplo, en el servinacuy y en el chacchado de coca costumbres que debían ser erradicadas.
¿COMPARTE LAS IDEAS DE VARGAS LLOSA SOBRE ARGUEDAS?
Hasta cierto punto. José María no quería que el Perú se mantuviese en condiciones de gran tradicionalismo. No creo, como sostiene Vargas Llosa, que Arguedas proponía a un Perú estancado, estático. Si a eso llama una 'utopía arcaica’, se equivocó. Arguedas quería que el Perú se hiciera mestizo: su ideal de país era el equilibrio que habían logrado, en el Valle del Mantaro, el mundo occidental y el mundo andino. José María quería mostrar las bondades del mundo indígena frente a la sociedad occidental. Por entonces estaba de moda aquella vieja concepción del desarrollo que señala que para que surja lo nuevo hay que destruir lo viejo. Arguedas señala que lo viejo puede coexistir con lo moderno: la tarea está en buscar el equilibrio y la síntesis.
¿ARGUEDAS ESTÁ EN SU LISTA DE LOS CINCO PERUANOS MÁS IMPORTANTES DEL SIGLO XX?
Claro. Y también estarían Vargas Llosa, Vallejo, Basadre y Luis E. Valcárcel.
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SIENDO ASÍ, ¿POR QUÉ EL GOBIERNO NO LE PUSO AL 2011 EL 'AÑO DEL CENTENARIO DE ARGUEDAS’?
Por una sencilla razón: tenemos grandes figuras, unos podrían elegir a Arguedas; otros, a un héroe del pasado u otra figura. Entonces, para evitar problemas en cuanto a nombres particulares, cada uno con sus hinchas, buscamos algo más neutral y que ayudase al Perú en su proyección universal.
¿CREE QUE NO HAY UN CONSENSO SOBRE SU ALTURA E IMPORTANCIA?
Ahora hay menos polémica sobre su calidad. En el pasado si fue polémico.
SIENDO UNO DE LOS CINCO PERUANOS MÁS IMPORTANTES DEL SIGLO XX, ¿NO HUBIERA SIDO UN BUEN GESTO RECONOCER SU VALOR?
Si tenemos un conjunto de situaciones favorables para el país, uno debe repartir. Por la neutralidad se prefirió ponerle al 2011 'Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo’.
ARGUEDAS DICE EN EL SEXTO QUE LOS APRISTAS “SON LA CACANA DEL MUNDO”. ¿NO INFLUYÓ ESTO EN LA DECISIÓN DEL GOBIERNO?
Podría ser. Sobre ese punto no me pronuncio. Lo hago sobre los argumentos que se usaron en la competencia de nombres.
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Desde USA, donde reside actualmente el escritor peruano Gregorio Martínez, nos envía esta nota, especial para Latinosenelmundo, acerca del reciente premio Nobel de Literatura 2010 Mario Vargas Llosa.
Gregorio Martínez
Nadie más empecinado que el salmón para nadar contra la corriente, desde el proceloso mar océano, en su porfía por alcanzar la perpetuación de la especie en aguas chirles, río arriba. La ciencia aún no ha establecido si se trata de atavismo o simple arrechura. Por supuesto, el salmón acaba con los forros destrozados, incomible, inútil para cualquier festín.
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Nadar contra la corriente constituye una hazaña. Javier Cercas, escritor español que se considera de izquierda, ha dicho en el diario El País que Mario Vargas Llosa siempre ha nadado contra la corriente. Tanto cuando participó en la célula comunista Cahuide, con Felix Arias Schreiber, Lea Barba, Isaac Humala (padre de Ollanta) y el guerrillero Héctor Bejar, como después, en el momento que rompe con Cuba y se cabrea feliz hacia la derecha.
Diferente al salmón, acaso por cobardía o mayor intelecto, la escurridiza anguila prefiere nadar a favor de la corriente, seguir hacia donde slopa el viento de la conveniencia. Así, todas las anguilas del mundo, las de Borneo y las del Perú, llegan al mismo punto en el Mar de los Sargazos, coño, al mero centro del Triángulo de las Bermudas y, allí, en el fondo oscuro de ese mar misterioso, perpetuan la especie. Precavido, anticipándose a la libre comparación, Mario Vargas Llosa puso el parche antes que asomara el chupo. Entonces, a sus excelentes ensayos los tituló Contra viento y marea. Javier Cercas alude a esto para corroborar que el Nobel laureado toda su vida ha braceado, mejor que el characato Daniel Carpio, enfrentando a la corriente.
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Mentira piadosa en honor al Nobel laureado. Mario Vargas Llosa jamás puso pecho contra el oleaje arisco. Cuando ingresó a la Universidad de San Marcos y se comprometió con la célula comunista de Héctor Béjar, en ese tiempo todo joven idealista o calculador quería mostrar simpatía con el socialismo. Después, en los años 60, no existía escritor que no apoyara la revolución cubana. Lo opuesto significaba el ostracismo. Por esto, poetas exquisitos y escépticos como Francisco Bendezú, Washington Delgado, Manuel Moreno Jimeno, estaban en la trinchera roja.
Apenas cambió el viento y surgieron voces contra Cuba y Fidel Castro, especialmente a raíz del caso del poeta Heberto Padilla, de inmediato Mario Vargas Llosa comenzó su apologética de la economía de mercado, encandilado por la cotización de su figura en las instituciones de Estados Unidos, algunas tan sombrías como American Enterprise Institute, organismo que cobija a gente de la calaña de Samuel Huntington y Charles Murray, racistas venenosos.
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Buena muestra del ostracismo por nadar contra la corriente son los hermanos Bolaños. Escritores que con Gustavo Valcárcel y Manuel Scorza formaron el grupo Poetas del pueblo. Valcárcel y Scorza se apartaron oportunamente del APRA y así se salvaron del ostracismo.
Existen dos formas de nadar contra la corriente. Una es a pulso y coraje, semejante a la faena del salmón y al triunfo de Daniel Carpio, el célebre Carpayo, en el Canal de la Mancha. La otra constituye un artificio cuya praxis dialéctica la ejecuta el diminuto camarón que nace en el mar y sube, hormiguita, por el filo del agua, aprovechando la ley física de la contracorriente, para criarse en el río.
En el Perú, nadie que bracee contra la corriente le otorga méritos a una naricita por el solo hecho de ser respingada. Eso, "naricita respingada" alardea el criollo arcaico y utópico que se cree de abolengo. Si jóvenes mestizos le dicen: ¡suegro!, el criollo de pretendida estirpe responde que sus hijas tienen "naricita respingada" y no se fijan en cholos ni zambos. Evidente, Patricia Llosa tiene otros méritos, no apenas un cursi detalle racial. Pobre Mario Vargas Llosa, hasta desprecia a su padre, en El pez en el agua, sólo por su catadura mestiza y tallán.
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Ningún test exhibe mejor la conformidad de Mario Vargas Llosa con el orden establecido que el principio de la novela Ana Karenina. Dicha proposición de alcance socioeconómico y matemático aparece en la entrada del libro de León Tolstoi: "Las familias felices son todas parecidas; las infelices, cada una distinta en su propio camino de infelicidad".
Mejor dicho, el éxito tiene una receta, una fórmula tan definida como el teorema de Pitágoras. Por esto todos los bestsellers en el mundo siguen la misma estrategia. Y Carmen Barcells, extraordinaria gourmet, impone la receta a latigazos. Tanto que Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez tuvieron que desechar el logro de sus más grandes novelas, La casa verde y Cien años de soledad, para escribir argumentos pegajosos tipo Pantaleón y las visitadoras o Memoria de mis putas tristes. Ya con esa fórmula, Isabel Allende puede escribir pastiches que, traducidos al inglés, en Estados Unidos vende más que Vargas Llosa, García Márquez y Carlos Fuentes juntos.
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Lo mismo ocurre con los países en esto de la receta infalible. Singapur, Corea del Sur, Taiwan son calco y copia, no creación heroica como queria José Carlos Mariátegui. La "carrera" que Mario Vargas Llosa dijo deberle a España es unicamente eso: una carrera exitosa. Pero muchos escritores quieren algo más que una carrera y eligen el riesgo, igual que las familias infelices y los países como Brasil que en los inicios del siglo XXI buscan un nuevo camino.
Antes, Mario Vargas Llosa había dicho que si no hubiera salido del Perú, hoy sería apenas un protoescritor. Error garrafal. Porque Martín Adán es un indiscutible escritor pleno, quizás más trascendente que el propio Nobel laureado, aunque sea un ilustre desconocido que nunca pudo sobrevivir con el producto de su escritura.
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Mario Vargas Llosa debió decir "protoprofesional". Esa es la palabra. En lo de profesional de la escritura sí, Mario Vargas Llosa comparte en el Perú la total primacia con Jaime Bayly y Carlos Castaneda.
Ellos son los tres peruanos más exitosos en la profesión literaria. Siempre han seguido a pie juntillas la fórmula de lo más vendible y, como resultado, han cosechado con creces. Salvo que en tiraje, Mario Vargas Llosa no le llega ni a los tobillos al brujo Carlos Castaneda que en Estados Unidos todo el tiempo ocultó su peruanidad.
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Desde Estafeta Sanmiguelina
Hola amigos y paisanos:
Es cierto que la negativa del gobierno a ponerle "Año del centenario del natalicio de José María Arguedas" al 2011 y a otorgarle una modestísima pensión de gracia al gran compositor Manuel Acosta Ojeda, autor de hermosas páginas de nuestro cantar criollo, son una notificación de que nuestra identidad nacional como país pluricultural, multilingüe, inclusivo, solidario, pacífico, etc. va a tener que ser construida por nosotros, a contrapelo de quienes se creen dueños del Perú, de la verdad, de nuestro futuro y hasta de nuestra dignidad.
No sé desde cuándo, cómo y por qué pensamos -ingenuamente, por lo visto- que los gobiernos, el parlamento, etc. pueden identificarse con lo nuestro que ese Perú profundo y con las necesidades de las mayorías. Que pasará si quienes tenemos una institución usamos en nuestra documentacion el nombre del centenario del grande J.M. Arguedas?
Rosa Castañeda
http://sanmiguelcajamarca.blogspot.com/
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GREMIO DE ESCRITORES DEL PERÚ
2011: AÑO DEL CENTENARIO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS
Resolución 001-2011 / CDN-GEP
El Consejo Directivo Nacional del Gremio de Escritores del Perú, considerando:
1. Que en 2011 se cumplen 100 años del nacimiento de José María Arguedas, el más grande novelista peruano, figura cumbre de la cultura nacional, al igual que José Carlos Mariátegui y César Vallejo;
2. Que la obra integral de José María Arguedas en los diversos aspectos que abarcó: la creación literaria, la investigación antropológica, la difusión de la cultura popular, la docencia escolar y universitaria, interpreta cabalmente la entraña más profunda del ser nacional, sus sueños, tragedias y esperanzas;
3. Que desde este punto de vista la obra de José María Arguedas se inserta en el combate multitudinario e histórico del pueblo peruano por la libertad y la justicia;
4. Que es derecho de las grandes mayorías y sus organizaciones políticas, sociales, culturales, artísticas, educativas, desplegar las iniciativas que encaucen las necesidades históricas de identidad, memoria y símbología con claro contenido popular y democrático;
5. Que el Gremio de Escritores del Perú, como parte del pueblo peruano y particularmente de los trabajadores de la cultura, se adhiere nítidamente a las diversas voces que reclaman establecer al presente como AÑO DEL CENTENARIO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS;
RESUELVE:
1.- Establecer al presente 2011 como AÑO DEL CENTENARIO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS, debiéndose usar esta denominación en todos los espacios de comunicación existentes.
2.- Convocar a todas las entidades dedicadas al arte, la educación y la cultura, a todos los escritores, músicos, plásticos, teatristas, trabajadores, docentes, estudiantes, a adherirse a esta resolución.
3.- Desplegar a lo largo del año la más amplia y permanente actividad de estudio y difusión de la obra integral de José María Arguedas, principalmente entre los niños, adolescentes y jóvenes, mediante todos los recursos que la contienda cultural nos propicia: publicaciones, talleres, debates, conferencias, concursos, con un claro perfil popular y democrático.
Perú, 03 de enero de 2011
Por el Consejo Directivo Nacional del GEP
Zelideth Chávez Cuentas, Presidenta; Alejandro Medina Bustinza, Vicepresidente; Javier Garvich, Secretario; Jorge Luis Roncal, Sec. de Organización; Diego Motta, Sec. de Prensa y Difusión; William Gonzales, Sec. Rel. Institucionales; Samuel Cavero Galimidi, Sec. Rel. Internacionales; Lucía Lulli Escobar, Sec. de Economía; Mirian Chumacero, Sec. de As. Social; Luis Flores Prado, Fiscal
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José María Arguedas |
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Por Rocío Silva Santisteban
“Estoy luchando con tremendo esfuerzo y me siento perplejo por dentro. No sé adónde iré a parar. Lo que me sostiene es mi fervor por el Perú”. Esas fueron las palabras que envió José María Arguedas a su psicoanalista Lola Hoffman en una carta desesperada fechada en marzo de 1967. Un año después, acumulando frustraciones y agobiado por un cansancio existencial, Arguedas escribía su última carta, una carta colectiva a los miembros de su “casa de estudios”, en la que se encuentran las siguientes líneas: “Todo cuanto he hecho mientras tuve energías pertenece al campo ilimitado de la universidad y sobre todo al desinterés y la devoción por el Perú y el ser humano”.
El amor al Perú. ¿Qué es para nosotros el amor al Perú?, ¿qué sentido tuvo para Arguedas el amor al Perú? Fue un amor prístino, transparente, un amor al olor de la tierra, al viejo campesino surcado de arrugas del cual podía enamorarse, un amor de niño, un warma kuyay como el que sintió por el becerrito que latigueó el Kutu, un amor sin límites que, sin embargo, no pudo darle ese “temple de vida” que requería para seguir respirando. Por supuesto que no era un amor a la bandera y a los símbolos patrios, sentimientos vacuos que algunos utilizan incluso como justificación de asesinatos. El de Arguedas fue un amor de otra índole, una sensación de pertenencia a los rincones más oscuros de nuestro país: a la sentina de la cárcel de El Sexto donde también encontró humanidad, o a la belleza de esos ríos profundos que separan en dos una comarca; por eso en esa misma carta termina diciendo: “He vivido atento a los latidos de nuestro país”.
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José María Arguedas |
Lamentablemente los latidos del país nunca estuvieron atentos a José María Arguedas. ¿Qué billete ha llevado su rostro?, ¿qué estatua de homenaje se ha levantado en un lugar céntrico de la capital?, y lo que es peor, ¿qué edición popular ha impreso el gobierno peruano para difundir su obra? Ninguna. (El Congreso ha editado una antología pero no es de divulgación popular). Es cierto que el mejor homenaje es leerlo, pero –a los cien años de su nacimiento– quedaría como un deber del país darle a Arguedas, por ese amor que nos enseña en cada una de sus letras, un vuelto de todo esto. Una nada. Una casi nada. Declarar el 2011 como “Año de José María Arguedas” sea quizás una decisión fatua y burocrática y puede ser que no sirva de nada; pero sí como un símbolo que permita a los niños que asisten a las escuelas más alejadas de Yuyungo o Puquio interesarse por este “gringacho”, que ha sabido silbar y cantar y escribir tomándole el pulso a la alegría y el dolor de ser peruano.
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José María Arguedas |
El Ministerio de Cultura, según su página web, está gestionando ediciones de sus novelas y sobre todo de su obra antropológica aún inédita, concursos de danzas y de artesanías en homenaje al escritor, y el bautizo de un tramo de la carretera Nazca-Urcos con su nombre.
Esperamos que realmente todo esto se lleve a cabo en un año de cambios ministeriales. Pero, sobre todo, recordemos lo que dijo el mismo José María en su Último Diario: “Me gustan, hermanos, las ceremonias honradas. No las fantochadas del carajo”.
http://www.larepublica.pe/archive/all/domingo/20110102/9/node/315148/todos/1558
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Acaba de aparecer una reedición de Los ermitaños, el primer libro de cuentos de Antonio Gálvez Ronceros (Chincha,1932), quizá el escritor peruano que mejor ha retratado el mundo de los campesinos mestizos y negros de la costa peruana. A propósito de ello conversamos con el autor iqueño, un hombre serio que escribe con humor y que ahora anda ocupado en culminar un volumen de cuentos y dos novelas.
Por Raúl Mendoza
El secreto de la escritura de Antonio Gálvez Ronceros ha consistido en saber escuchar. Creció en Chincha y pudo captar de primera mano el habla ingeniosa y divertida de los campesinos costeños, cholos y negros, del sur chico peruano. Así perfiló un estilo personal y reconocible desde Los ermitaños, su primer libro. Es acaso el mayor exponente de la oralidad en la literatura peruana, pero no solo eso: es un maestro del cuento. No se pueden leer sus historias sin quedar atrapado por su tono alegre y envolvente.
“Quiero mostrar un mundo de mucha riqueza conceptual, humorística, con personajes sencillos y humildes. Es gente no ilustrada, que pone en juego la imaginación cuando trata de comunicarse. Y ello los conduce, en vista de que no tienen un rico vocabulario, a imaginar formas ingeniosas de expresión: la comparación, la metáfora, la exageración. Muchas veces, dependiendo del tono con que se concibe la historia, surge el humor”, cuenta el escritor. Ese lenguaje popular, hecho de imágenes, ha sido siempre la materia prima para sus historias.
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Quizá por eso su primer libro, Los ermitaños, publicado en 1962, todavía convoca el interés de los lectores y ha vuelto a aparecer –hace unas semanas– en reedición de Peisa. “Aunque retrate a personajes campesinos y ambientes de provincia, el libro mantiene su vigencia porque las formas de encarar la escritura están dentro de la narrativa contemporánea”, señala. Casi medio siglo después de haber sido escritos, los siete relatos del libro todavía nos conmueven o nos hacen sonreír. La narración no ha envejecido.
El cuento Joche, el más largo del volumen, le costó varios años porque no hallaba el final. Tuvo que venirse a Lima para concluirlo. Los demás relatos fueron saliendo de a pocos. En ellos los escenarios pueden ser realistas, pero hay mucho espacio para la ficción: en El animal está en casa, le da voz a un perro. En El desaparecido, a un hombre se lo lleva el maligno. Y en La cena, a un tipo abusivo le ofrecen un banquete con ratas. El escritor llegó a Lima a principios de los años sesenta. Primero estudió Educación en la universidad La Cantuta y luego Literatura en San Marcos.
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Más tarde retrataría el mundo afroperuano con su segundo libro de relatos y el que lo consagró: Monólogo desde las tinieblas (1975). Ahí recoge el habla negra de las haciendas iqueñas. “No es que haya registrado su modo de hablar con una grabadora como los lingüistas. Yo crecí en ese mundo y creo conocer al negro campesino. Ese conocimiento me basta para, con la imaginación, generar frases que estén muy en caja con la modalidad en que ellos hablan. No se trata solo de escucharlos sino de degustar su lenguaje, paladearlo, sorprendernos con su ingenio”, explica.
En este libro el humor es una presencia constante. Algunos relatos evidencian la precisión con que Gálvez Ronceros puede registrar una escena, una visión del mundo, una forma de encarar la vida, y todo con frases de español afroperuano. El cuento Ya ta’ dicho, por ejemplo, nos hace reír pero también reflexionar sobre el sentimiento de una comunidad marginada cuando está frente a la autoridad. En Etoy ronca, en cambio, se impone la gracia de la situación y del lenguaje. Aquí el fragmento final:
Al llegar donde el camino trazaba una curva prolongada, la negra volvió a hablar:
–Compaire, uté me quiede tumbá.
Entonces el negro la miró y dijo:
–Comairita, si yo la tumbo en ete camino, ¿uté grita?
–No, compaire, poque hata ronca etoy.
Ese es el tono, entre zumbón y festivo, de muchos de los cuentos de Monólogo desde las tinieblas, un clásico de las letras peruanas. Uno puede reírse a carcajadas, por ejemplo, con el cuento Rezador o Miera, o reflexionar con la filosofía de Monólogo para Jutito. Para muchos críticos, con sus dos primeros libros Antonio Gálvez Ronceros ya tenía un puesto asegurado entre nuestros cuentistas mayores. El escritor Miguel Gutiérrez en su libro La Generación del 50: un mundo dividido señala que “Gálvez Ronceros no solo es un buen narrador de historias, sino que, después de Ribeyro, es el más notable cuentista de la Generación del 50”.A pesar de ello, los libros del escritor iqueño no han tenido el éxito de otros autores. Incluso Monólogo... no es una obra que esté en la lista de libros ‘pirateables’. “Varios editores tenían el temor de que eso ocurriera, pero no ha pasado. Si los libros pirata son un síntoma del éxito de un autor, yo no sería de los exitosos”, dice el escritor iqueño. Recuerda que durante la época de Alfonso Barrantes Lingán su libro salió en edición de Munilibros a precio muy rebajado y quizá los ‘piratas’ pensaron que nunca podrían venderlo más barato y se desinteresaron de él.
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Con el tiempo, Antonio Gálvez Ronceros ha escrito dos libros de cuentos más: Historias para reunir a los hombres y Cuaderno de agravios y lamentaciones, de tono más urbano. Si bien la oralidad ya no está tan presente en estos libros, el humor y los personajes que luchan contra una realidad que pretende avasallarlos continúa en sus relatos. “Cuaderno de agravios... es un libro contra el poder, pero no necesariamente político. Habla del poder que ejercen, por ejemplo, un director de escuela en su entorno o el cobrador de un vehículo de transporte público contra un pobre hombre que no tiene para pagar el pasaje”.
En los últimos años también ha incursionado en la novela, aunque el cuento lo emociona más porque la síntesis que exige se acomoda mejor a su temperamento. “Tengo un libro de relatos casi terminado y dos novelas en proceso, una más avanzada que la otra. La primera novela se va a llamar ‘Perro con poeta en la taberna’, que es un largo diálogo entre un perro y un artista de la palabra, y la segunda tendrá de nombre ‘Marleni era el prostíbulo’, la historia de una joven que es la máxima atracción de un burdel de provincia pero que se aleja del oficio cuando un cliente se le muere encima. No digo más”, precisa.
En eso ha estado Antonio Gálvez Ronceros en los últimos tiempos. Y ya no quiere más proyectos. “Ya no soy joven y el tiempo a veces no alcanza para acabar lo empezado. Esos tres libros serán las únicas cosas que escriba de aquí en adelante”. La atmósfera, como es de esperar, será provinciana y el tono será festivo. Por ahora la reedición de Los ermitaños, el libro con el que redondeó un magnífico debut literario, lo ha puesto otra vez en la noticia. Es el justo rescate de una obra que nos abrió las puertas de un mundo desconocido y lo puso para siempre cerca de nosotros.
http://www.larepublica.pe/archive/all/domingo/20110102/24/node/315137/todos/1558
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Efraín Kristal es un peruano radicado en Estados Unidos a raíz de una tragedia familiar. A los doce años partió de Lima con toda la familia. El plan era acompañar a su madre que iba a seguir una maestría en psicología; luego debían retornar al Perú. Pero a los meses de instalarse en el país del norte, su padre murió fulminado por un infarto, y seis años después, un cáncer se llevó a su madre. El viaje sin retorno no cortó el cordón umbilical con el Perú. Los libros de literatura peruana traídos de Lima afirmaron su vocación y le ayudaron a redescubrir el país natal. Hizo estudios de literatura comparada en Berkeley, filosofía en Francia y un doctorado en Stanford. En 1998 publicó en inglés Tentación de la palabra, un libro que da las claves sobre el proceso creativo de las novelas de Mario Vargas Llosa. “Quise saber cómo un hombre de carne y hueso escribe esas obras”, dice el actual director del Departamento de Literatura Comparada de la Universidad de California.
Por Juan Carlos Soto
¿Entiendo que para descubrir cómo Vargas Llosa escribe sus ficciones, además de leer sus novelas, también leyó a sus autores favoritos?
–Jorge Luis Borges sostenía que uno tiene derecho a apropiarse de lo que esté al alcance de su sensibilidad. Vargas Llosa, Carlos Fuentes, García Márquez, Donoso, etc. comenzaron a escribir historias con modelos concebidos, que ellos transformaron y enriquecieron. Los Buddenbrook, de Thomas Mann, es una novela que inspira a Cien años de soledad. La genealogía de los Buendía resulta similar a la familia de los Buddenbrook. No es una coincidencia, Gabo trabajó con el modelo de Mann.
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Efraín Kristal |
–¿Entonces los escritores del boom no son originales?
–Ni Shakespeare es auténtico en ese sentido. La ciudad y Los perros se construye con la idea del colegio como microcosmos de la sociedad peruana, planteada en Los ríos profundos de José María Arguedas y antes en Paco Yunque (César Vallejo). En base a su experiencia personal en el Leoncio Prado, Vargas Llosa toma el modelo, pero le añade otra dimensión; la técnica de William Faulkner. El escritor norteamericano en Luz de agosto y favorito de MVLl plantea esquemas temporales muy precisos y bellos. Primero narra los últimos dos meses de la vida de un personaje, Joe Christmas, a partir de un asesinato que cometió. Luego su permanencia en Jefferson, Mississippi, y finalmente el pasado de tres personajes. En La ciudad y los perros tienes la muerte del esclavo en los últimos meses del Leoncio Prado, luego los años de la colegiatura de todos los muchachos y la vida de tres personajes: el Jaguar, Alberto y el Boa. Faulkner crea a Joe Christmas un modelo para el Jaguar, un niño inocente convertido en criminal por las circunstancias de su vida.
–¿La obra maestra de Vargas Llosa es Conversación en La Catedral?
–Su gran tema en la primera década de novelista es la corrupción. También está en Los jefes, La casa verde y La ciudad y los perros. En esas obras nos demuestra cómo la corrupción afecta a una comunidad y pudre al individuo. Y una sociedad tan corrupta como la peruana no cambiará sin reformas radicales.
–¿La técnica de Conversación… tiene algún referente?
–En ¡Absalón, Absalón! de Faulkner dos muchachos de ideas contrapuestas tienen una conversación larga sobre cómo y por qué se arruina el sur de Estados Unidos. Conversación en La Catedral es un diálogo de 4 horas entre Ambrosio y Santiago Zavala. El primero, ex chofer del padre de Santiago, no entiende cómo este joven odia a su padre Fermín Zavala (todopoderoso de la recreada dictadura de Odría). Zavalita tampoco comprende cómo Ambrosio admira tanto a su padre y por qué tuvo una relación homosexual con él. Surgen otros diálogos, el argumento resulta muy convincente. Por otro lado, Anselmo de La casa verde resulta la reencarnación de El hombre que ríe de Víctor Hugo. El horror físico del personaje del francés MVLl lo transforma en horror moral.
–Luego parece haber un proceso de transición, deja de lado el tema de corrupción...
–Añadiría humor e ironía en Pantaleón y las visitadoras. Luego experimentaría algo distinto inspirado en La Tentación de San Antonio, novela de Gustave Flaubert. La historia alterna entre la vida aislada y austera de un ermitaño que vive en un desierto, pero con sus fantasías. La tía Julia y el escribidor es la ilusión del realismo y una autobiografía de Varguitas, alternada con lo fantasioso; las radionovelas de Pedro Camacho. También trabaja con el concepto del fanático en obras de corte histórico y político como La guerra del fin del mundo, donde combina el fanatismo militar y religioso como detonadores de un cataclismo.
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–Cambia la tesis del novelista: “el culpable del fracaso del individuo no es la sociedad corrupta, sino el individuo mismo”.
–En sus primeras novelas había optimismo sobre las soluciones a los problemas de América Latina. A partir de Lituma en los Andes aparece una actitud pesimista. Paradójicamente, MVLl se reconcilia con sus personajes fanáticos a los que criticó o de los que se burló anteriormente. No le interesa las consecuencias que provoca un fanático, sino los traumas que llevaron a tal condición.
–El gran demonio literario fue su padre. En varias de sus novelas la relación padre e hijo resulta conflictiva.
–Posiblemente. Sospecho que es una máscara de otro tipo de trauma del que él no hablará nunca. Santiago Zavala rechaza al padre, pero cuando se entera de la vida sórdida y homosexual de este se reconcilia con la memoria de él. La reconciliación se convertiría en el tema central de su novelística. En La Fiesta del Chivo, Urania regresa a Santo Domingo no para reconciliarse con el padre, sino con el entorno cercano.
–¿MVLl es muy autobiográfico?
–Proyecta la idea, pero si lo miramos con lupa, no. La tía Julia… es la novela más autobiográfica. Empero, los diálogos entre la tía y el sobrino enamorado resultan transcripciones modernizadas de conversaciones de novelas de caballería. En el Tirant le Blanc hay una relación de una viuda mayor con un adolescente.
–¿La gran novela de Vargas Llosa?
–Conversación en La Catedral por la técnica y cantidad de personajes, La guerra del fin del mundo es equivalente para América Latina de Guerra y Paz de Tolstói. La Fiesta del Chivo es el regreso a la corrupción, pero intenta explicar cómo se corrompe el entorno de un dictador. Eso no se trabajó antes.
–¿Y la más floja?
–¿Quién mató a Palomino Molero? Requería más trabajo. Lo veo como un desahogo de la comisión que investigó la matanza de Uchuraccay.
–¿Y la última novela, El sueño del celta?
–El Robert Casement de la ficción no es el histórico, que murió como un patriota. Hay una relación bella entre Travesuras de la niña mala y El sueño del celta. Ricardo (de Travesuras...) es un tipo golpeado por muchos traumas y que comienza a enfrentarlos gracias al amor. En El sueño..., en Casement hay una búsqueda constante: de defensor de los derechos humanos pasa a activista de la liberación de Irlanda, luego se decepciona de los nacionalistas, quiere reconciliarse con la religión y tampoco puede. Al final solo tiene ganas de morir. Las dos páginas dedicadas al chicote son de antología.
–¿Qué le dijo Vargas Llosa de sus hallazgos?
–Que le había bajado los pantalones (risas).
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–¿Cuál es el gran personaje de Vargas Llosa?
–Santiago Zavala representa las aspiraciones de una generación. Lituma intenta comprender un mundo distinto. La Flora Tristán de Vargas Llosa no es la misma que se conoce en los libros. Más bien se parece a MVLl cuando estaba en campaña política. La original tenía una visión religiosa y algo racista, rasgos que MVLl elimina de la novela (El Paraíso en la otra esquina). Le añade y le quita cosas pensando en su interés.
–Él introduce mucho el tema de la homosexualidad abordada en varias de sus novelas.
–Coincide con la tesis de George Bataille: el erotismo no es verdadero si no hay una transgresión. En la última época hay una suerte de conmiseración por el placer homosexual. La reconciliación de Santiago con su padre homosexual de alguna manera es la semilla. De igual forma, con Paul Gauguin, Robert Casement, etc.
www.larepublica.pe/archive/all/domingo/20110102/20/node/315141/todos/1558
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Foto Claudio Álvarez. El País. |
El rey Carlos Gustavo de Suecia otorgó la semana pasada los premios Nobel de Literatura y de las disciplinas científicas a los galardonados en Estocolmo, poco más de tres horas después de celebrarse la ceremonia del Nobel de la Paz en Oslo, sin la presencia del premiado, el disidente chino Liu Xiaobo. Vargas Llosa, de 74 años, fue el cuarto en recibir el galardón, después de que fueron entregados los de Física, Química y Medicina, y antes del Premio Nobel de Economía.
A continuación algunos artículos y links. El premio Nobel de Literatura 2010 para todos los gustos y disgustos.
Sobre el discurso de Vargas Llosa ante la Academia Sueca
http://puenteareo1.blogspot.com/
Arequipa / Estocolmo, viaje a la gloria
"Mario Vargas Llosa ha encapsulado la historia de la sociedad del siglo XX en una burbuja de imaginación". Esa burbuja "se ha mantenido flotando en el aire durante 50 años y todavía reluce". El escritor peruano estaba junto a su asiento, de pie, ante el rey de Suecia; les separaba la enorme letra N que desde hace más de un siglo es el distintivo que en el Concert Hall de Estocolmo marca el símbolo de los Premios Nobel.
Amor, arma, armario, maravilla
Mario Vargas Llosa perdió la voz, casi, pero se la puso a punto esta mañana para encontrarse con la comunidad hispana en Estocolmo, concentrada por el Instituto Cervantes, que le esperaba con un regalo muy especial.
El Nobel que lloró y que hizo llorar
Mario Vargas Llosa convirtió una carta de batalla sobre su vida en un discurso emocionante que les llevó a las lágrimas a él; a su mujer, Patricia; a sus hijos; a los amigos que le acompañan en Estocolmo y a su agente, Carmen Balcells, que lleva sus asuntos desde hace medio siglo.
especial-novel-mvll-video/ _blank>http://www.larepublica.pe/
http://e.larepublica.pe/image/
http://cartasdesdeurano.blogspot.com/2010/12/algunas-consideraciones-feministas.html
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José Ramos Bosmediano
Estuvo en Lima Walter Lingán en el año que concluye y viajó también al interior del país, particularmente a su tierra Cajamarquina, para presentar su última novela: “El espanto enmudeció los sueños” (arteidea / grupo editorial, Lima, 2010).
Walter Lingán vive en Colonia, (Alemania) desde la década de los 80, ciudad donde estudió Medicina, profesión que ejerce y a la cual le saca el tiempo suficiente para dedicarse, con ímpetu sorprendente, a la literatura. Es un caso más de especialistas en una determinada ciencia que aman y disfrutan del arte de la literatura, como Ernesto Sábato o Nicolás Parra, para citar solo dos ejemplos en Latinoamérica.
Walter Lingán es uno de los peruanos que, como Melacio Castro, ha desarrollado su talento y ha dedicado su acción social a favor de las causas nobles de los peruanos, en Alemania, donde finalmente está procreando también criaturas de ficción.
En el haber literario de Walter Lingán nos encontramos con varias narraciones, desde “Por un puñadito de sal” (1990) hasta “La danza de la viuda negra” (2008), “La ingeniosa muerte de Malena” (2009) y “Un pez en el ojo de la noche” (2009). De manera que estamos ante un autor en franco proceso de crecimiento artístico.
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El novelista y crítico literario Miguel Gutiérrez viene insistiendo en la tesis, no nueva por cierto, que señala el lugar privilegiado del narrador en el tratamiento de la historia. “El novelista es un historiador privilegiado”, escuché decir a Gutiérrez en una de sus conferencias, en el sentido de que al tomar los hechos reales de la historia, el novelista le agrega su propia creación sin deformar la realidad, volviéndola, sí, mucho más clara y hasta bella, claro que bella, que por eso es literatura y no historia propiamente dicha, donde la belleza no es lo importante, o lo más importante, sino la expresión real de los hechos y su proyección o perspectiva científicamente fundamentada.
“El espanto enmudeció los sueños”, novela de Lingán que comentamos en las siguientes líneas, constituye el abordaje de los últimos cuarenta años de la historia del Perú, concretamente desde la singular década de los 70 del siglo pasado hasta la actualidad. Lingán ha querido entregarnos, interpreto desde mi modesta calidad de lector, un fresco de la lucha de clases en el Perú actual, una manera de ver la realidad en su dinamismo y en sus contradicciones fundamentales, un rescate de los protagonistas populares en los hechos que definen este período histórico que aún no ha tenido un desenlace definitivo.
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Se distinguen con nitidez los dos protagonistas de nuestra reciente historia: por un lado, los de abajo, con sus problemas cotidianos, sus conductas sociales delictivas, en algunos de ellos, en un contexto de escasas oportunidades para edificar una vida digna en el “Barrio” y en la familia; pero también con manifestaciones de heroísmo, de sacrificio y de entrega por las causas más nobles dirigidas a la transformación social de la “Nación”. El narrador de la ficción encabeza los ideales de quienes, en la década de los 70, trataron de cambiar la historia del Perú desde una perspectiva popular y socialista. Este narrador es un personaje con solidez espiritual y no un mediocre protagonista de causas perdidas. La presencia de Sendero Luminoso en la obra no tiene nada que ver con el estereotipo de “locos” o “criminales” que la historia oficial ha venido ofreciendo y hasta consolidando en la mente de los peruanos. Su presencia en la novela como “los paladines de la Cuarta Espada”, nombre asignado por el autor al movimiento subversivo dirigido por el “Pensamiento Gonzalo” (Abimael Guzmán Reynoso), es el fruto de circunstancias particulares en la historia del Perú, en las cuales las clases oprimidas no alcanzaron a distinguir la alternativa más correcta para enfrentarse a las clases dominantes que hasta hoy defienden los privilegios de minoría en el poder del Estado. La aventura senderista es presentada a través de sus actos, contrarios a una conducción revolucionaria, enfrentada al aparato estatal en manos de una burguesía aliada a intereses extranjeros. Su derrota no es una pérdida para el país.
La novela nos da una dimensión bastante aproximada de la represión de la dictadura militar de los 70 del siglo XX, de la restauración oligárquica de los 80, de la dictadura fujimontesinista de los 90 y de la primera década del siglo XXI como continuidad del neoliberalismo impuesto por el dúo Fujimori-Montesinos, cuyas denominaciones que enmascaran a los personajes son, respectivamente, “el forajido oriental” y “el espía imperfecto”. Quizás en aras de la síntesis, la narración obvia los acontecimientos que ayudaron a arrinconar a la dictadura militar de Morales Bermúdez, como son las prolongadas luchas de 1978 u 1979, en las cuales los maestros del SUTEP y los frentes de defensa fueron los principales actores de grandes jornadas de masas, colofones del Paro Nacional del 19 de julio de 1977, bellamente presentado en el primer capítulo de la novela, con unos épicos versos del poeta y profesor Cesáreo Martínez. Ocurre también con la ausencia de la larga lucha de los maestros peruanos en 1991 contra los planes fujimoristas de privatizar la educación y destruir los derechos de los docentes.
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Como es la presente historia del Perú. Luchas y derrotas. Ideales y traiciones. El futuro que se aproxima y retrocede. La historia inconclusa que parece reproducirse en uno de los párrafos finales de la novela, cuando la madre dice que seguirá buscando a su retoño asesinado por las fuerzas represivas.
Gran parte de la novela imagina un diálogo entre el preso político revolucionario y el otro preso, “el forajido oriental”, que parece haber perdido su acostumbrada arrogancia de cuando tenía el poder bajo la orientación de “el espía imperfecto”. Es un diálogo que imprime humor a la novela, una manera de destruir al político abusivo e hipócrita, además de ladrón. En este caso, la novela puede tener un mayor efecto sobre la perversión de un ex presidente que la cárcel dorada en la que actualmente se le mantiene, rodeado de todas las comodidades. Pero esta “venganza” literaria no es nueva. El arte es la ficción que supera a la realidad y que sustituye a esta en aquellos elementos que normalmente no se pueden realizar por las debilidades de los que hacen la historia, o deben hacerla de forma diferente a la oficial.
La trama política que presenta la novela de Lingán, si bien sencilla, no conduce a una interpretación estereotipada ni a una visión simplista del lugar de los actores. Está el Perú de hoy, buscando nuevas definiciones para una salida a la crisis de nuestra sociedad. La novela conduce a la esperanza, pues los personajes “de abajo” no han claudicado de sus ideales: han sido, en todo caso, derrotados temporalmente.
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La narrativa de Lingán se inscribe en la que se ha abierto paso en el Perú desde los 90 del siglo XX, tomando el hecho de la violencia como la otra forma de hacer política desde las distintas posiciones que adopta la lucha de clases. En este contexto, han surgido nuevos autores y obras de algunos ya veteranos que enfocan la violencia en el Perú como motivación fundamental de una nueva narrativa que puede definirse también como neorrealismo, ya no solamente urbano, sino la inmersión de lo rural en lo urbano y viceversa. Esta nueva narrativa no invalida las otras escrituras, más bien enriquece la literatura peruana actual. Porque es inevitable el abordaje de la violencia de nuestro tiempo, parafraseando el título de una de las novelas más importantes de los 90, precisamente de Miguel Gutiérrez (“La violencia del tiempo”). No es casual que en la novela de Lingán sean citados por el personaje principal los escritores Santiago Roncagliolo y Dante Castro, entre otros.
La narración contiene una combinación de diálogos alternados que saltan el tiempo y algunos monólogos que buscan perfilar mejor el mundo interior. Lo más logrado del libro, a nuestro parecer, es el capítulo inicial, cuando de la mano del poema de Cesáreo Martínez, nos ofrece el panorama de la jornada de lucha del 19 de julio de 1977, las marchas callejeras, las movilizaciones de masas, la quema de llantas que expresan la furia de los oprimidos, las consignas de lucha, el espíritu combativo de quienes no tienen nada qué perder pero sí mucho qué ganar. Cómo se nota el carácter bastante testimonial del autor respecto a esa década de grandes batallas sociales.
El capítulo primero es una verdadera pieza de inicio de una obra que busca expresar la unidad de un conjunto. Un personaje que representa el lado débil de la sociedad, El Barrio, que trata de señalar su origen y su posible trayectoria para liberarse de un sistema opresivo, que utiliza el arma de la escritura para esclarecer a sus vecinos sobre lo que ocurre en el país.
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Recuerdo que en la presentación del libro uno de los ponentes resaltó la “táctica” del narrador de usar apelativos para no citar directamente a los personajes. Tengo la convicción que esta sustitución no era necesaria, pues los apelativos resultan abiertamente expresivas que, en realidad, no ocultan nada. Me parece que es la parte débil de la novela.
La obra de arte encierra siempre elementos contradictorios dentro de una totalidad interrelacionada. “El espanto enmudeció los sueños” contiene los elementos que definen las contradicciones sociales del Perú actual. La política y la historia del Perú actual no son nada bellas, pero la ficción que Lingán ha creado las presenta singularmente subyugantes como para buscar nuevos desenlaces.
Al comentar el libro de Walter Lingán, estoy consciente de mis limitaciones, pues no tengo la formación necesaria para la crítica literaria. Lo hago como un inquieto lector, sobre todo porque pienso que la literatura, tanto la narrativa como la poesía, cuando son auténticas, contienen las palpitaciones de una sociedad, de una época, con sus contradicciones y sus perspectivas.
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Eduardo Ganoza y la finalista Carmen Amoraga. |
"Tenemos que asumir la Guerra Civil entre todos"
CARLES GELI - Barcelona
Con la misma sorpresa que generó su debut literario en 1975 con La verdad sobre el caso Savolta , Eduardo Mendoza (Barcelona, 1934) ha logrado el 59 premio Planeta con sus nada despreciables 601.000 euros. El asombro ha sido doble, porque el que puede ser tachado como uno de los grandes cronistas de la convulsa historia de Barcelona, lo hizo con una novela que presentó como La muerte de Acteón pero ambientada en Madrid pocos meses antes de la Guerra Civil, un tema que, además, no había abordado hasta la fecha. Su título, Riña de gatos.
"Tenemos que asumir la Guerra Civil entre todos", ha afirmado Mendoza tras recibir el galardón, pues "es un tema que sigue interesando" y "en concreto, ahora hay toda una generación de nuevos lectores jóvenes a los que les interesa mucho", ha defendido. En torno a Riña de gatos, ha explicado que "no es una novela con mensaje político, sino con trasfondo político. Desde luego no es una novela sobre la Guerra Civil, sino de intriga que toca sobre todo dilemas morales".
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"Le plantea al lector qué haría si estuviéramos en esas circunstancias [las del Madrid prebélico de 1936], en las que afortunadamente no estamos", ha remachado Mendoza, quien asegura escribir novelas "solo para ver cómo acaban". Pinceladas de humor pespuntean además una novela que apunta a la gama seria del popular autor y con la que Mendoza obtiene su noveno galardón, el primero, además, que implica que se haya presentado en su ya larga trayectoria desde que conectara con el público como pocos autores en el último franquismo con La verdad sobre el caso Savolta , con la que las letras españolas volvían al modelo de novelas que contaban historias por placer narrativo más que trasunto ideológico o experimental, algo que estaba deseando una nueva hornada de lectores en plena Transición política.
La obra premiada lleva a este hijo de fiscal de regreso a la novela tras el pequeño paréntesis que significó su debut el año pasado en el género del relato, Tres vidas de santos. "Era un reto y, además, deseaba reflexionar", justificó Mendoza, cuya trayectoria ha estado marcada por la novela y, si acaso, por el teatro. Y con brillantez, porque La verdad... obtuvo en 1976 el premio de Crítica.
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La tensa Barcelona revolucionaria de entre 1917 y 1919 de la obra abría, amén del uso de la ironía y el humor, una especie de gran retrato de Barcelona del autor que completarían, bajo el aspecto de parodias del género policiaco, El misterio de la cripta embrujada (1979) y El laberinto de las aceitunas (1982) y que, sobre todo, culminaría La ciudad de los prodigios (1986), una de las grandes novelas de y sobre la capital catalana, que obtuvo el premio Ciutat de Barcelona y el de mejor libro extranjero publicado en Francia, reconocimiento internacional que le ocurriría también con Una comedia ligera (1996). La isla inaudita (1989), Sin noticias de Gurb (de 1990 y publicado por entregas en este diario, como El último trayecto de Horacio Dos, de 2002), El año del diluvio (1992, nueva parodia, ahora del folletín), La aventura del tocador de señoras (2001), Mauricio o las elecciones primarias (2006) y El asombroso viaje de Pomponio Flato (2008, uno de los libros más vendidos de ese año) completan una obra que en lo teatral cierran Restauración (1990) y Gloria (2008).
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Un joven inglés experto en pintura española antigua que viaja a España en la primavera de 1936 para tasar un posible cuadro de Velázquez desconocido es la trama con la que arranca la novela ganadora. El sello de la casa es inconfundible: el experto se verá inmediatamente envuelto en una trama de corte policial tanto como política, con personajes reales como José Antonio Primo de Rivera y una tríada de generales que resultan ser Sanjurjo, Queipo de Llano y Franco. El podio literario quedó más clásico: una autora y un poco menos conocida, la valenciana Carmen Amoraga, quedó finalista (150.250 euros) gracias a La primera vez no te conocí, un trágico repaso de las relaciones de una madre con su hija tras sufrir ésta un coma en un accidente de coche.
Amoraga (Picanya, 1969) si bien ya obtuvo con su primera novela en 1997 el premio Ateneo Joven (Para que nadie se pierda); dos novelas más (Todas las caricias y La larga noche) se interpusieron a la obra que hace tres años quedó finalista del Nadal con Algo tan parecido al amor. Ahora repite segunda clasificación pero ya en el gran premio del grupo.
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Selección de declaraciones, entrevistas y reflexiones del escritor portugués. Libro del recordado escritor portugués José Saramago muestra su visión del mundo.
Madrid. EFE.
José Saramago nunca se desvinculó de los problemas del mundo, se involucraba directamente en ellos, como demostraba en sus intervenciones públicas y en entrevistas. Ahora, parte de esas reflexiones aparecen reunidas en un libro como la visión del mundo del gran escritor portugués.
José Saramago en sus palabras es el título de este libro, cuya presentación reunió ayer en el Círculo de Bellas Artes a su viuda Pilar del Río, al ensayista y poeta Fernando Gómez Aguilera, responsable de la selección de textos, y a Pilar Reyes, directora de Alfaguara. El libro ya se vende en Brasil, sale estos días en Portugal y llegará pronto a Estados Unidos. La edición contiene declaraciones que han aparecido en la prensa internacional desde los años setenta hasta marzo del 2009.
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Pilar del Río, viuda del recordado escritor José Saramago. |
En más de 500 páginas el lector encontrará las ideas de Saramago sobre temas como el deterioro de la democracia, las desigualdades sociales, el atropello de los derechos humanos, la religión, la muerte, su concepción de la literatura, etc.
“Son máximas, latigazos verbales, que iluminan al que los lee”, decía Gómez Aguilera, para quien el propósito de este libro es ofrecer el discurso “de una mente brillante, ágil, mordaz, que estuvo siempre acoplada a la realidad de su tiempo”. Y es que Saramago desempeñó su oficio “con la profesionalidad de un operario, la entrega de un militante político, la implicación de un ciudadano consciente y la finura de un escritor”. Y asumió siempre como propia “la función crítica del intelectual”.
“Siempre digo lo que pienso. Nadie podrá decir nunca que le he engañado”, aunque “parece que la honestidad no se usa mucho en los tiempos actuales”. Estas palabras del gran novelista portugués, recogidas al principio del libro, resumen la actitud que mantuvo a lo largo de su vida.
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La viuda de Saramago aseguró que la Fundación que lleva el nombre del escritor defenderá “con uñas y dientes el legado del novelista” y sumará “todas las voluntades” que pueda para difundir su obra y su pensamiento.
Saramago trabajó en los últimos meses de su vida en una nueva novela sobre la industria del armamento. Esa novela se iba a titular “Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas”, un verso del gran poeta y dramaturgo Gil Vicente, y comienza con una bomba que cayó en Extremadura, en la Guerra Civil española, y que no llegó a explotar. A pesar de dejar este proyecto inconcluso, Saramago sigue viviendo en el resto de su obra.
Crítico. El recordado y laureado escritor portugués siempre fue muy crítico de las tendencias dogmáticas. Su viuda recordó que solía decir que “a los derechos humanos les faltaban dos derechos: el derecho a la disidencia y el derecho a la herejía”.
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A propósito del libro “El espanto enmudeció los sueños”, de Walter Lingán.
por Ricardo Vírhuez Villafane
Walter Lingán (San Miguel de Pallaques - Cajamarca) es médico y radica desde 1982 en Colonia, Alemania. Pese a su profesión y a la distancia, ha construido una de las obras más abundantes y sólidas de los últimos años para la narrativa peruana. Hasta la fecha ha publicado Por un puñadito de sal (novela, 1993), El lado oscuro de Magdalena (novela, 1996), Los tocadores de la pocaelipsis (cuentos, 1999), La danza de la viuda negra (cuentos, 2001 y 2008), Oigo bajo tupie el humo de la locomotora / Ich höre unter deinem Fuß den Rauch der Lokomotive (cuentos, en alemán y castellano, 2005), La ingeniosa muerte de Malena (cuentos, 2009), Un pez en el ojo de la noche (novela, 2009), y ahora El espanto enmudeció los sueños (Lima: Arteidea, 2010), una especie de crónica novelada sobre los años de la guerra de fines del siglo XX en el Perú.
Hace un tiempo, en su artículo “Soy maoísta, soy escritor, ¡y qué!” escribió una frase lapidaria sobre la izquierda peruana: “Porque ahora la izquierda es electoralmente cero a la izquierda y alguna izquierda está sentada a la diestra de la derecha”. Con una mirada así, no es difícil imaginar un libro azaroso que parece entrampar con su crítica a la sociedad fujimorista, es decir a la sociedad peruana, corrupta por todos los pliegues y suspiros, y abrir ventanas de optimismo en el personaje principal del libro, castigado injustamente con una carcelería solo merecedora para los terroristas.
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El personaje principal, que a su vez es el narrador de la novela, es un hombre de izquierda que vive en una barriada de Lima Norte y, al igual que el autor durante su juventud, funda un periódico en su barrio. Lima ha sido dividida en la Ciudad y el Barrio, y a este último lugar llegan las fuerzas del orden y se llevan sin más a nuestro personaje, que solo por ser contestón se gana sus buenos años en la cárcel. Ahí conoce a Fujimori, que ha sido sentenciado a 25 años de prisión por robo y asesinatos, entre otras naderías.
A partir de este encuentro, surge el motor desencadenante del libro. Nuestro personaje narrador le “habla” a Fujimori, le dice sus verdades, le encara sus crímenes, le habla con odio y con ternura, con rabia y burla. Fujimori es para el narrador “mi aborrecido y querido Albertillo” (p.66), “mi chinito bailarín” (p.66), “mi querido moncherí” (p.67), etc. Esta relación de amor-odio entre este personaje izquierdista tiene una lúcida explicación: “Me hubiera gustado cogerlo por las solapas, meterle un par de mochazos y sacarle la mugre, pero me agüevé, me dio pena, una cierta lástima” (p.47). La relación entre el izquierdista y el mafioso empieza por la lástima y se convierte en una extraña complicidad: no hay diálogo, pues Fujimori nunca le responde en la cárcel, pero sí hay intercambios de miradas y gestos, ante el monólogo conminativo del narrador.
Walter Lingán construye a su personaje, el izquierdista preso, paso a paso, sin prisas, a partir del monólogo que se convierte en crónica de los años de la guerra. De este modo, el personaje va narrando su vida que cree honesta y consecuente, pero en realidad está pintando uno de los cuadros más crueles y satíricos de un personaje de izquierda desde Historia de Mayta, de Mario Vargas Llosa.
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Prisioneros senderistas en las llamadas "trincheras de combate"... |
El personaje principal, que a su vez es el narrador de la novela, es un hombre de izquierda que vive en una barriada de Lima Norte y, al igual que el autor durante su juventud, funda un periódico en su barrio. Lima ha sido dividida en la Ciudad y el Barrio, y a este último lugar llegan las fuerzas del orden y se llevan sin más a nuestro personaje, que solo por ser contestón se gana sus buenos años en la cárcel. Ahí conoce a Fujimori, que ha sido sentenciado a 25 años de prisión por robo y asesinatos, entre otras naderías.
A partir de este encuentro, surge el motor desencadenante del libro. Nuestro personaje narrador le “habla” a Fujimori, le dice sus verdades, le encara sus crímenes, le habla con odio y con ternura, con rabia y burla. Fujimori es para el narrador “mi aborrecido y querido Albertillo” (p.66), “mi chinito bailarín” (p.66), “mi querido moncherí” (p.67), etc. Esta relación de amor-odio entre este personaje izquierdista tiene una lúcida explicación: “Me hubiera gustado cogerlo por las solapas, meterle un par de mochazos y sacarle la mugre, pero me agüevé, me dio pena, una cierta lástima” (p.47). La relación entre el izquierdista y el mafioso empieza por la lástima y se convierte en una extraña complicidad: no hay diálogo, pues Fujimori nunca le responde en la cárcel, pero sí hay intercambios de miradas y gestos, ante el monólogo conminativo del narrador.
Walter Lingán construye a su personaje, el izquierdista preso, paso a paso, sin prisas, a partir del monólogo que se convierte en crónica de los años de la guerra. De este modo, el personaje va narrando su vida que cree honesta y consecuente, pero en realidad está pintando uno de los cuadros más crueles y satíricos de un personaje de izquierda desde Historia de Mayta, de Mario Vargas Llosa.
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En primer lugar, la visión de la guerra del izquierdista es en realidad el discurso oficial del gobierno fujimorista, que a su vez es la copia obsecuente de los manuales contrasubversivos surgidos de la experiencia de numerosos militares peruanos en la tristemente célebre Escuela de las Américas y la CIA. Es decir, para el izquierdista no se trata de guerra revolucionaria ni insurrección, ni siquiera una guerra errónea de algún partido de izquierda equivocado. Se trata de terrorismo y tiene todos los agravantes de la versión oficial: son los Paladines de la Cuarta Espada, quienes “como discos rayados repetían las estruendosas palabras de su máximo jefe. Como tambores apocalípticos tronando en cielos y montañas anunciando la guerra purificadora” (p.110). Esta visión es expresamente clara: los terroristas no son seres humanos, sino monigotes que repiten lo que dice el jefe; no piensan, no planifican, no tienen ideas, no hablan por sí mismos. Y la guerra no es revolucionaria, sino “purificadora”, “apocalíptica”, es decir religiosa. En aquellos años la izquierda oficial decía también “milenarista”.
Otras citas nos ayudan a completar la idea de la versión oficial subyacente en el discurso del personaje narrador: “Ya no solo se colgaban perros en los postes de electricidad, sino se mataba a cualquier hijo de vecino sospechoso de ir con el cuento a la policía” (p.123). Las muertes son irracionales. Los terroristas matan por placer. Además, “cualquier esquina era buena para acribillar a un policía o soplón, a líderes de barriadas y diversas autoridades. El miedo se hizo cotidiano. Coche bombas explotaban hasta en la sopa. No quedaba casi ningún lugar seguro”. Esto último ensambla perfectamente con el discurso que en estos días Keiko Fujimori (la hija del genocida) repite en su campaña electoral para convencer a los peruanos de que su padre fue el héroe que derrotó al terrorismo: “Antes no se podía salir a las calles”.
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Por otro lado, este personaje es pintado, además, como un acólito sufriente de la iglesia católica, que en el Perú no solo ha producido el pensamiento progresista de Gustavo Gutiérrez y la teología de la liberación, sino además las hordas ultra conservadoras del Opus Dei y del Sodalitium Christianae Vitae, fundado por Luis Fernando Figari en 1972 y que actualmente domina todo el panorama católico en el Perú. “Los curas habían mostrado siempre, sin aspavientos, pero seguros, solidaridad con los pobres que sufren injusticias” (p.81), dice el izquierdista. A diferencia del indigenismo, el movimiento cultural más importante surgido en el Perú, que denunciaba a los curas por practicar el asesinato, el robo, la explotación y la violación de las mujeres, nuestro personaje “limpia” a los curas y los santifica, no sin intención política: en determinado momento, la madre de nuestro personaje, una mujer de armas tomar y que defiende el concepto de lucha de clases, dice sin embargo que “la aureola de un curita ha empezado a iluminar la esperanza de los pobres” y que “votar por el curita no estaría mal” (p.93). Se refiere al cura Marco Arana, defensor de causas ecologistas en Cajamarca y voceado candidato presidencial o regional, cuya escasa aprobación electoral parece haberle hecho desistir de participar en elecciones. A estas alturas, tenemos ya un personaje izquierdista pintado a la medida de una caricatura: eco de resonancia de la versión oficial, y propagandista gratuito de la iglesia católica. Pero no son las únicas características de este personaje.
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Alberto y Keiko Fujimori. |
Nuestro izquierdista, hasta cierto punto, es el típico izquierdista peruano de nuestros días: no es marxista ni comunista, y no es ateo. Es un izquierdista católico y anticomunista por excelencia. “Fuimos los primeros en llamar terroristas a los Paladines de la Cuarta Espada” (p.35), dice refiriéndose a los maoístas iniciadores de la guerra, o senderistas. Rechaza la “demencia maoísta” (p.125). Y tampoco gusta de las revoluciones, como se podría esperar de un izquierdista revolucionario: “Queríamos paz y tranquilidad. Pero nos impusieron la paz de los cementerios, el silencio de las fosas comunes y la ausencia de los desaparecidos” (p.35) dice nuestro izquierdista, feliz con la etapa anterior a la guerra, ya que solo ansiaba “paz y tranquilidad”.
Otro elemento de este personaje es su relación nostálgica con el Apra y su admiración por el MRTA. Como sabemos, el Apra no solo es el partido político más antiguo del país, sino también –desde su fundación por Víctor Raúl Haya de la Torre– una de las organizaciones mafiosas de mayor poder e influencia en todos los aparatos del Estado. Los niveles de corrupción de este partido abarcan absolutamente todas las áreas de la arena política, por lo que han instaurado un sistema de gobierno a la medida de sus intereses: no les importa la ideología ni el programa, solo el enriquecimiento ilícito y el saqueo del Estado, la estrecha relación con el narcotráfico (aun antes que Fujimori y Montesinos) y el remate a empresas extranjeras de un país al que consideran quebrado e inviable, y al que desprecian.
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¿Por qué nuestro personaje siente una lejana nostalgia y admiración por este partido? En parte, por la propaganda aprista. Como hemos visto hasta ahora, al ser eco de la propaganda oficial, el “pensamiento” de nuestro personaje es un pensamiento prestado, enajenado, aplastado por la publicidad. Desde sus inicios, el Apra ha construido una leyenda: los mártires de Chan Chan, la disciplina, los búfalos, etc. Una leyenda totalmente falsa, por supuesto. De ahí que muchos izquierdistas, antes de serlo, hayan sido militantes o simpatizantes apristas, o lo que es más actual, hayan pasado a las filas del gobierno aprista sin pena ni gloria. Nuestro personaje, sin embargo, se rebela. Grita su crítica a Alan García, al que llama “Alan Babá y sus cuarenta ladrones”, aludiendo a los personajes de Las mil y una noches en la historia de Aladino. Pero eso es todo. Apenas esas palabras de “crítica” divertida.
Y la admiración de nuestro personaje por el MRTA es precisamente consecuencia de su admiración aprista. Como sabemos, el MRTA fue un movimiento político y militar surgido de las filas apristas (como en los años 60 lo fue el MIR, integrado por ex apristas) con dos objetivos claros: neutralizar o hacer frente a la guerra senderista, y actuar en los enclaves del narcotráfico para facilitar los negociados del Apra, tanto en la selva alta de San Martín y Huánuco, como en las zonas cocaleras del Alto Huallaga y el Ucayali, a las que llamaban frente Oriental y frente Central. El MRTA devino en una organización guerrillera de tipo foquista, al estilo del Che Guevara, y su relación con el Apra fue intensa, contradictoria y de mutua satisfacción (el “escape” del penal Castro Castro mediante un túnel que nadie vio ni oyó, en 1990, fue el último favor que Alan García pagó por los beneficios del narcotráfico).
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Fujimori. ¿Agradeciendo a dios por los millones de dólares cosechados?. |
“No quedó claro cómo murieron Néstor Cerpa y sus combatientes” (p.162), dice nuestro izquierdista, refiriéndose al líder que dirigió la toma de la residencia del embajador japonés en Lima para salir en la Tv durante cuatro meses, en 1997, y luego morir asesinado junto a otros 13 jovencitos por los comandos del ejército. Nuestro personaje le espeta a Fujimori: “Te detuviste frente al cuerpo inerte de tu enemigo, de Néstor Cerpa, el obrero que ascendió a Comandante y te puso contra las cuerdas” (p.163). La mirada es clara. Ha abandonado la visión oficial y ahora muestra sin tapujos sus preferencias y simpatías.
A estas alturas, ya tenemos un personaje izquierdista cuyas características nos remiten inevitablemente a la izquierda peruana: anticomunista y vocero de la versión oficial sobre la guerra, católico y antimarxista (o no marxista), además de admirador nostálgico del Apra y simpatizante del MRTA. A diferencia de Vargas Llosa, sin embargo, que hace de Mayta un personaje con todo los vicios y lo muestra incluso homosexual, Walter Lingán simplemente pinta a un personaje de nuestro tiempo, a un izquierdista enredado en sus propias carencias, confuso o confundido, aletargado por la inacción, alejado de los sinsabores de las batallas callejeras, aplastado por los largos años en la cárcel, pero optimista al fin y al cabo.
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Los gemelos socios del asesinato y la corrupción: Fujimori y Montesinos. |
De ahí lo interesante de este personaje: es contradictorio.
Pese a todo lo que hemos venido describiendo, al final nuestro personaje se inflama con el verbo de las viejas glorias, más cercano a un iluminado que a la visión de un marxista enojado: “Yo creo, chinito, que la próxima vez sí estaremos maduros para armar una revolución… Como está escrito en la biblia, resucitaremos, haremos la revolución y el amor y de nosotros será el reino de la tierra” (p.155). La ironía de esta frase es devastadora. Pero completemos la imagen: “Llegará el día, no está lejano, cuando un pueblo que ha perdido la fe en la justicia formal sea implacable con todos los chupasangre. Pobre de ustedes pecadores, corruptos… y aunque no nos guste, aunque nos dé miedo, otra vez correrá la sangre de mucha gente, pero esta vez, ojalá, no sea en vano, nueva vida surgirá. Eso creo” (p.167). La sensación de misticismo es absolutamente delirante.
Debemos agregar, por otra parte, que se trata de un libro de lectura rápida, ágil y provocativa. Y no hemos aludido todavía al profundo humor que atraviesa todo el libro, la ironía latente en la descripción fría de los hechos como si el autor hubiese reunido todo el material periodístico de la prensa fujimorista para darle cuerpo en el pensamiento de Gustavo William Hernán Ricardo de la Hoz Díaz del Castillo, desternillante nombre de nuestro protagonista. Se trata, por ello, del material oficial, de hechos públicos y no de historias inéditas.
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El libro es un conjunto de crónicas periodísticas noveladas a partir del discurso de nuestro personaje izquierdista. Es una novela que carece de trama, excepto el resumen que podríamos hacer de un hombre que es detenido injustamente, monologa largamente ante Fujimori en la prisión y finalmente desaparece en extrañas circunstancias. Todo lo demás es el acopio de datos periodísticos sobre la guerra, principalmente, y los actos de corrupción de Fujimori y Alan García.
Walter Lingán ha logrado construir una obra coherente, una sátira feroz del “izquierdista de nuestro tiempo”. Pero no lo hace a la manera de Vargas Llosa en ese sonsonete aburrido que es Historia de Mayta, sino con picardía y mucho humor, burlándose de los personajes y de sus propias palabras. Más allá de las intenciones reales del autor, este libro no deja de ser un documento valioso sobre los vaivenes de la guerra, sobre la personalidad de algunos de sus protagonistas y sobre el profundo daño que el fujimorismo (de Fujimori, de Toledo y de Alan García) ha hecho al país. ¿El siguiente gobierno será también fujimorista? No lo sabemos. El libro es una muestra de la lumpenización del Perú, en todos sus niveles. Resulta irónico, por ello, que el grito final citado arriba no surja de las gargantas callejeras, sino de la prisión, donde el personaje desaparece finalmente para servir de instrumento para la desaparición de Fujimori. Es decir, la visión del libro es pesimista después de todo, ya que se plantea la continuidad de la corrupción y de la impunidad.
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Dentro de las narraciones que tratan el tema de la guerra maoísta, o conflicto armado interno, se ha priorizado la victimización del pueblo sufrido e inocente. Se ha abundado, también, en mostrar el dolor, el sufrimiento y la muerte de este pueblo humillado y ofendido. Y se ha mostrado a los autores de masacres como seres inhumanos, despreciables, malos, locos, salvajes, etc. El libro de Walter Lingán le añade un elemento valioso: además de resumir una época, pinta a un personaje que ha huido de sus manos y de sus intenciones para surgir en toda su contradicción y crudeza, en su orfandad y confusión: el izquierdista peruano.
Un mérito que estoy seguro el autor rechazará, pero quedará como un aporte personal para enriquecer las visiones sobre la guerra que a fines del siglo pasado sacudiera nuestro país, para tenernos en vilo intentando comprender, hasta nuestros días, sus formas y consecuencias, sus razones e ideas, como una marca indeleble para nuestra generación y las generaciones futuras.
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El Cuy. Tira cómica de Juan Acevedo. |
por Gregorio Martínez
Solo el cuy, el muy mentado coroto ojos de candela, supera al hombre en cuanto a celos y egolatría con respecto a la fidelidad conyugal. Mientras que el hombre tuvo que salir primero del neolítico para inventar el cinturón de castidad y el macizo candado Yale, el rijoso cuy, mucho más perspicaz desde el principio de la creación, ya poseía en las propias gónadas un cemento soldimix, instantáneo, con el cual sella el coño de la hembra después del chisgueteo de la eyaculación. Si se produce algún goteo, Alejandro Toledo se encarga de recibirlo para lubricar su campaña de regreso al Palacio de Pizarro. Esto de la babita soldimix del cuy consta en Dr. Tatiana’s Sex Advice to All Creation, obra deliciosa de la bióloga evolucionista Olivia Judson, guapísima científica que escribe en la revista The Economist y tiene doctorados de Oxford y Stanford.
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En gratitud por la clave y alta seguridad, a prueba de cuernos, fue que un bardo quechua sembró metáforas en el aire y compuso el huaino “Candadito Yale”, cuya versión suprema es la que canta Leo Casas con el acompañamiento de la virtuosa guitarra de Hugo Castillo. Esta joya melódica, huaino chuto, la he divisado en Internet gracias al dato preciso del narrador y biólogo marino Rafael Inocente, oriundo de la barriada de Piñonate. Entre el ser humano y el cuy existen coincidencias sospechosas. Ambos caen como mansas palomitas ante la seducción de inescrupulosos que los convierten en conejillos de indias y carne de cañón para los experimentos de la industria farmacéutica. Pero aun en lo fisiológico cuy y antropitecus presentan la misma carencia, una idéntica falla de la mano de Dios. En el reino animal, los únicos seres cuyo organismo no elabora vitamina C son el homo sapiens y el cuy.
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Sobre este punto de la vitamina C, confróntese lo que dice el erudito Bill Bryson en el libro A Short History of Private Life, en el cual también revela, al desgaire, que el reputado escritor británico James Boswell, que siempre estaba atormentado por las postemillas del escorbuto, copulaba con una amante en medio del puente Westminster aprovechando que en Londres la luz era moribunda. Por supuesto, con ventaja y premeditación, el ser humano puede conseguir un limoncito o una pastilla específica de vitamina C. En cambio, el cuy tiene que hilar fino, con alta tecnología, para extraer la vitamina de algunas hojas silvestres o de hortaliza, tal cual lo hacían los indígenas en el Perú antiguo, cuando no había cítricos en estas tierras y menos cebiche al paso.
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En el Perú, nadie ha pintado mejor la mancuerna hombre/cuy que Juan Acevedo en su famosa tira cómica. Dicha historieta nació en el semanario La Calle, publicación alternativa de la revista Marka, todavía en 1979. Ahí también nació, el mismo año, la China Tudela de Rafo León. La historieta de Juan Acevedo primero apareció tímidamente, un cuy asustadizo que el poeta y comentarista de cine Juan Bullita valoró inmediatamente como un personaje atractivo y polifacético. Juan Acevedo, Ernesto Hermoza, Maruja Barrig y Gonzalo Iwasaki percibieron el enorme potencial de dicho cómic y se le reservó espacio regular en la revista La Calle, que los políticos y los intelectuales de izquierda veían con desdén.
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Otra coincidencia sospechosa que une al cuy y al hombre es la creencia mutua de que la excitación orgásmica de la hembra reside en la vagina. Por lo tanto, hay que sellarla o meterle candado para no acabar cornudos. Hasta mediados del siglo XX, la ciencia médica ratificaba dicha creencia. Recién en los años 50 la investigación de Alfred Kinsey demostró que la penetración misma no causaba placer en la hembra. La yema del gusto estaba en la cresta del gallo. Entonces, la Biblia tenía razón. La cópula, la penetración, es solo para la reproducción. El placer constituye una mañosería.
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Al instante la bióloga Olivia Judson empezó a dudar del apotegma bíblico. Más cuando en el Acuario de Londres se encontró frente a una medusa, una malagua abominable que viva y en el agua lucía hermosísima con su cuerpo transparente. No le divisó el menor indicio de aparato genital. Experta en seres vivos, Olivia Judson le preguntó a la malagua, por señas, como hacía para reproducirse. Con una leve ondulación, la malagua respondió que en 85 millones de años su especie jamás había chingado. Si nos entra la arrechura, nos clonamos, agregó la malagua, y ¡prim! disparó un trocito de gelatina incolora.
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De cuy también vive el hombre. |
Así como el antropitecus, el cuy viene en distintos colores, tamaños y fisonomías. Unos tienen el pelo trinchudo, otros lo ostentan crespo o con infinidad de remolinos igual que la peluca de Luis XV. Mientras el cuy hojita de té prefiere la blonda cabellera, el coroto ojos de candela valora más la pelambre azabache retinta. De esta manera el cuy sintetiza, dialécticamente, la ambigüedad del bolero que dice el negro azabache / de tu blonda cabellera, en la voz del difunto Lucho Barrios.
http://peru21.pe/impresa/noticia/tan-celoso-como-cuy/2010-10-24/288334
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por Ricardo Ayllón
Rondo es uno de los libros que mayor curiosidad me ha producido durante los últimos años pues permanentemente he oído hablar acerca de él y de su autor. En diversas ciudades del país, donde encontraba lectores o críticos que conocían el proceso de la actual literatura andina y peruana, llegaba siempre hasta mí el comentario de que Rondo es una novela de lectura inaplazable.
La lectura de esta cuarta edición (Martínez Compañón, octubre de 2010) suscita en mí ciertas reflexiones y conclusiones que, por fortuna, se me revelan relativamente despejadas debido a que he tenido la oportunidad de encontrarme en estos meses con otros libros de Miguel Garnett. En el mes de junio de este año leí de un tirón Yo, Cornelio, su novela más reciente; y, animado por su prosa, leí luego Catequil y Cañadas oscuras. Todo lo cual ha permitido que me haga una idea casi global del imaginario manejado por Garnett en su novelística, de los temas que lo asedian, del tipo de personajes que gusta elegir para sus construcciones ficcionales, de su aporte autobiográfico en el contenido de éstas y de la naturaleza de su mensaje.
Entiendo que por tratarse de la cuarta edición de Rondo, y por considerarse una de las novelas más leídas de la sierra del norte peruano, muchos han venido esta noche no a que se les cuente la historia o trama de la novela, pues sin duda ya la conocen, sino a saber qué nuevas opiniones surgen de su lectura. En lo personal, considero que Rondo es de una textura expresiva digerible y natural, con una tendencia a originar en el lector una inevitable seducción por los personajes y los sucesos narrados. Y es que el edificio argumental está apoyado en una organización social que rápidamente se nos hace familiar, ésta es nada menos que una pequeña y tradicional sociedad andina en la cual están bien definidos los roles de cada uno de los personajes, lo que facilita la interpretación psicológica y el proceder de éstos, y hace que parezcan lógicas sus reacciones y actitudes respecto a la presión que ejercen sobre ellos los sucesos acaecidos en Santa María de Condorcocha, el escenario creado por el autor.
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Primera edición de "Rondo" (1988). |
Son pocas las novelas en el Perú que, luego de publicadas, continúan editándose y leyéndose, continúan llegando a las manos de nuevos lectores recomendadas por quienes los precedieron, pues descubren en ella algo que nunca deja de gustar. Si Rondo ha llegado a esta nueva edición y su área de expansión encuentra cada vez más lectores, es porque algo bueno está ocurriendo; entiendo, inclusive, que ha cobrado mayor interés entre los campesinos de Cajamarca. ¿Y por qué será? La respuesta quizá se oriente a que, si la comparamos con las actuales novelas realistas peruanas que han alcanzado fama (pero no precisamente una gran lectoría) gracias a sus innovaciones estilísticas, temáticas o técnicas, Rondo es más bien del tipo de novelas que privilegia la crítica social sobre el artificio, y que plantea la reflexión personal más allá de la preocupación táctica. Y si, por otra parte, la confrontamos con aquellas novelas que tocan más bien aspectos propios del plano subjetivo o íntimo, pero que en su desarrollo apelan a la providencia para la solución de tales problemas (entiéndase, novelas de autoayuda, que actualmente es un tipo de libros con gran cantidad de seguidores), Rondo nos enrostra en la cara –más bien– nuestros defectos, nos desnuda frente a ese espejo que constituye la personalidad de cada uno de los personajes, en algunos de los cuales hallaremos sin duda nuestra propia imagen. Y, de todo esto, surge el mensaje directo a nuestras conciencias, el llamado de atención tendiente a reforzar la parte más débil de la idea que aún manejamos de sociedad peruana, sea cual fuere el estrato social de donde provengamos o el escalón estructural que representemos.
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"Rondo". Tercera edición. 2003. |
La eventualidad de un huaico o alud que arrasa gran parte del pueblo en la parte final de la novela, podría brindar la apariencia, sin embargo, que la salida del autor es, también, una suerte de intervención antojadiza de la providencia o del destino; pero si lo vemos bien, se trata de una contingencia trágica, de un suceso dramático que llega para empeorar las cosas que ya están bastante perturbadas con el acaecimiento del robo de las prendas de plata de la Virgen de la Asunción en la iglesia, con el injusto encierro en la comisaría de Miguel Ángel y Rondo por ser los primeros sospechosos de dicho robo, con el otro encierro injusto del rondero Vicente Huamán por una falsa acusación de terrorismo, con las aspiraciones egoístas del capitán de la Policía, o con esos desniveles sociales arraigados que han producido el maltrato de los campesinos y la equivocada idea de superioridad por parte de algunos “notables” de Condorcocha como el abogado Arturo Portal o los miembros de la familia Agarrado Murga. Pues bien, la presencia de este huaico o alud, constituye a mi entender no sólo una tragedia más que, sin duda, impresiona al lector y nos hace admirar la habilidad del autor de ponerse casi como un reto esta repentina desventura y ver cómo hará para desenrollar ahora este nuevo nudo en la trama. Sino que este alud es, asimismo, toda una alegoría o metáfora de lo que nos hace falta en la sociedad peruana: un alud es un fenómeno natural que lo rebasa todo, que afecta a todos, que cuando cae sobre una población no hace distingos entre buenos y malos; y que sin duda llega para hacernos entender que ante el poder de la naturaleza todos somos iguales, nadie es más que otro; y que, sin embargo, luego, viene la limpia, la reconstrucción, la renovación. Un alud, de este modo, llega para proponernos un cambio, una purga; y éste, es el mensaje más grande que brinda la novela: el de que luego de vivir una experiencia límite, de haber visto a la muerte tan cerca y de la manera más espantosa, llegará luego la reflexión, la renovación de las conciencias o de la idea que se tiene del mundo y, por supuesto, de nuestros propios corazones. Se trata, en suma, de una verdadera sacudida existencial.
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Miguel Garnett (tercero de izq. a der.) en Cajamarca. Foto WL. 2010. |
Mientras leía la novela pensaba por momentos que la manera esquemática en que están trabajados los personajes y el tipo de comunidad que Garnett propone, son propicios para que el lector pueda entender de manera despejada el mensaje que el autor (recordemos que es sacerdote de profesión) nos plantea. Además que es una que él bien conoce por su trabajo pastoral al interior de nuestras comunidades andinas, y que, posteriormente, repite y hace más versátil artísticamente en Catequil, una novela que estamos también obligados a leer.
Los conflictos que tejen los protagonistas en Rondo, la descripción del panorama humano y urbano, la polarización entre un pueblo que parece extinguirse en la porfía de sus tradiciones, como es Condorcocha, y otro que surge y le hace competencia a raíz de su pragmatismo económico, como es El Cruce; todo ello recubierto por la presencia de un personaje casi alegórico como es el campesino Rondo, provoca una suerte de coexistencia eficaz en el logro de la trama. Sin duda para los preceptos morales que la novela plantea, Rondo es una pieza que se entiende como causa y efecto. El hecho de que su presencia abra la novela en la primera escena, brinda la posibilidad de pensar que su personalidad y sus cualidades excepcionales fueron el motivo iniciático del autor de emprender este trabajo narrativo (ya Garnett ha narrado en alguna oportunidad cómo la primera imagen o escena de la novela se le ocurrió de manera espontánea); y, por otra parte, la sensación producida por su rol de figura emblemática, el hecho de que parezca casi un enviado de la naturaleza y, dentro de su parquedad, se adivine y reconozca en él una suerte de sabiduría andina milenaria, producen una idea de plenitud, de mensaje global en la que se integran, funden y –por qué no– también se extinguen, algunas de las otras personalidades del resto de personajes.
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En la tranquilidad del hogar dulce hogar. Foto WL 2010. |
El entusiasmo de sabernos parte de una sociedad en la cual todavía pueden existir personalidades como la de Rondo, o el encontrar parte de nuestro ser peruano en este relato sencillo pero profundo, consigue, por una parte, que podamos hacer nuestras las eventualidades narradas en el libro; mientras que la habilidad casi natural de envolvernos con el tejido argumental apoyado correctamente por un buen manejo de diálogos, una buena secuencia de espacios y eventos alternados, así como la descripción adecuada del paisaje natural y humano, hace que la lectura no se nos caiga de las manos, y, como ya dije hace un momento, la novela parezca reproducirse en la preferencia de los lectores a la manera de una receta eficaz para saber entender y examinar las desigualdades de nuestra sociedad, así como para indagarnos íntimamente en cuál es el destino que queremos para ella.
Pienso, en conclusión, que aquí reside el éxito de Rondo, y el de Miguel Garnett, su autor, un narrador que parece tener las cosas claras en cuanto al destino de su novelística y al legado espiritual, intelectual y humano que pretende dejar con ella.
* Texto leído el 21 de octubre de 2010, en el auditorio de la Universidad Privada del Norte (Cajamarca),
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Daniel Viglietti en Colonia. Foto WL 2010. |
por Isabel Lipthay, desde Alemania*
querido Daniel:
¡gracias por esa mágica noche de octubre en Colonia! llegaste sin maleta y desarmado. miento. llegaste armado hasta los dientes: la guitarra, los dedos volantes, tu magnífica voz sonora de quien viene de vuelta de casi todo, la poesía, la belleza, un puñado de verdades y todo lo demás. las voces de quienes se enredan en tus cuerdas y tu palabra, presentes y ausentes, Atahualpa, la Viola, Benedetti, la revolución cubana, el Ché, tantos y tantos. los mitos desmitificados. las llagas de nuestra Latinoamérica. sin lloro. con más ternura que rabia. con tu boina, tan parecido a Neruda.
los valientes anónimos que entre los horrores de las dictaduras latinoamericanas escriben en los muros de las ciudades sitiadas. las Ana Claras del continente, apasionadas, bellas, pobladas de locas utopías, „porque busca (n) siempre el modo de no hallar“. Las Magas de la historia, míticas, fuertes, llenando de poesía, belleza y valentía las calles oscuras de la ignominia y la impunidad. trajiste también a los victimarios, que como dijera el entrañable Benedetti -con quien trabajaste años a dos voces- „un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo“.
Daniel, tu voz no se queda en el pasado. nos llevas amorosamente a la selva mexicana de los zapatistas y el subcomandante Marcos, en ese territorio utópico de Chiapas donde el sueño se hace justicia, en tierras de asesinatos de mafias y desesperados „nadies“ ilegales de Latinoamérica intentando llegar con vida a la tierra prometida del norte, allí donde nadie los quiere.
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Daniel Viglietti cantó y encantó al público asistente a la Alte Feuerwache. Karl Müller hizo de traductor. Foto WL 2010. |
Daniel, le cantas a las voces que no cantan, que no saben, que no pueden cantar. al sueño cubano que según tú, comete „errores de amores“. arrullas a la Negrita Martina con una copla chiquita. nos traes a „la única Violeta que nació de una Parra“. nos recuerdas errores mortales del sectarismo de izquierda, como el trágico destino del poeta salvadoreño Roque Dalton, ajusticiado por sus propios camaradas: „lo acusaron de agente de la CIA cuando era agente de la vida. él veía otros colores, como un daltónico“. trajiste contigo a Elena Quintero, quien siendo torturada, inventó una historia para sobrevivir, llevando a sus torturadores a la embajada de Venezuela, logró escapar y saltar el muro, pero ellos entraron a la embajada y la desaparecieron para siempre, mientras su madre, Tota, luchó por encontrarla...
y citas a Benedetti: „mientras no haya libertad se aplaza la primavera“.
los muchos espectadores y espectadoras en Colonia vemos tus dedos danzar sobre las cuerdas, oimos tu voz serena, sonora, melancólica, riente, tierna, golpeada, bella, siempre entera. callamos, cantamos contigo. un hombre solo y una guitarra, una silla, dos micrófonos. un pulóver a tono con su rojo corazón. toda nuestra historia entre tú y nosotros. Karl Müller traduciendo con precisión al alemán entre esa marea de alemanes y latinos de tantos países viviendo en toda Alemania. mientras „las agujas de la vida“ comparan relojes y amores, las murgas y „el vals de la duna“ nos invitan a soñar...
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Daniel Viglietti entrevistado. Foto WL 2010. |
recuerdo aquel recital que tú y nosotros como „Dúo Contraviento“ compartimos en Gelsenkirchen hace 20 años. cuando nos enseñaste que „El diablo en el paraíso“ no era tuyo sino de la Viola. la cantaste hermoso esta noche en Colonia. recordamos que nuestra Mariana era entonces un bebé y amigos nuestros la tuvieron en brazos mientras cantamos antes que tú. cuando te llegó el turno, nuestra niña te escuchó desde nuestros brazos. quizás por eso y otras cuantas cosas, decidió ella de adolescente partir a Chile como voluntaria por un año y trabajar en una población de Santiago con niños. ahora, recién llegada a Alemania, con la fuerza de aquel bello y duro año - terremoto incluido- siente la necesidad de devolver lo recibido. hoy estudia literatura latinoamericana y sueña con ser profesora.
¿ves? también tú eres culpable que nuestra juventud, aquí y allá (disparados a nacer lejos del continente latinoamericano por las dictaduras que dispersaron a sus padres o por otras razones), repito, también tú eres culpable que nuestra juventud, aquí y allá, beba el coctelito explosivo y mágico que tú y otros nos sirvieron desde nuestra adolescencia de los 60.
gracias Daniel por unas cuantas mágicas certezas poéticas. por la porfiada manía de contarnos sueños en estado de vigilia. por no darnos tregua ni dejarnos adormecer. por juntarnos en este abrazo, aferrados a las viejas y nuevas utopías hechas canción.
*Isabel Lipthay. Escritora, periodista y cantante. Vive en Alemania.
www.contraviento.de
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El eterno candidato Mario Vargas Llosa recibió por fin el premio Nobel de Literatura 2010. La agencia de Carmen Balcells en el pabellón 5 en la Feria del Libro de Francfort del Meno estalló de júbilo al enterarse de la sorpresiva nueva. Los peruanos no pudieron hacerse los suecos y vivaron a Vargas Llosa y al Perú. El día sábado el consulado peruano con sede en Francfort del Meno ofreció un brindis con pisco sour en un breve homenaje al flamante Nobel frente al stand de Alianza de Editoriales Peruanas. En comparación a años pasados, no se veía destacado el nombre del Nobel peruano por ningún lado. Ni en el stand de Santillana (Alfaguara) se podía encontrar un libro de Vargas Llosa. No hubo la “vargasmanía” ni posteriormente en las librerías alemanas como si ocurrió con Herta Müller, Elfriede Jelinek, Orham Pamuk o José Saramago.
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Los periódicos y revistas de todo el mundo se llenaron eso si con el rostro de Mario Vargas Llosa, con notas destacando la calidad de su obra, frente a esto también se ha escrito artículos evaluando al político e intelectual liberal y conservador. Lo cierto es que los Nobel siempre dan tema para detractores y entusiastas defensores de los premiados, así como no han premiado a destacados escritores como Tolstoi, Chejov, Zola, Proust, Kafka, Rubén Darío, Joyce, Virginia Woolf, García Lorca, Vallejo, Brecht, Pessoa, Borges, Calvino. Nabokov, Gombrowicz, Thomas Bernhard, Hans Magnus Erzensberger y Peter Handke han preferido galardonar a escritores intrascendentes como Echegaray, Eucken, Carl Sìkeler, Sigrid Undset, Heaney, Szymbrorsky, Gia Xingam, Kertész, Herta Müller.
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Los escritores latinos residentes en Alemania también estuvieron en la feria de Francfort. Ahí pude conversar con los entusiastas animadores del stand Carlos Müller y César Rosales, quién también colaboraba de manera simultánea con el stand dedicado a literatura sobre gastronomía editados por el Fondo Editorial de la Universidad San Martín.
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Carlos Müller y un amigo peruano conversando sobre el Nobel de Literatura 2010 MVLL. |
Y en el stand de Alianza de Editoriales Peruanas conversé brevemente con Luis Zúñiga Morales de Borrador Editores y hablamos de libros y autores con Germán Coronado de la prestigiosa editorial PEISA. También mantuve una larga conversa con Pierre Emile Vandoorne de la editorial Matalamanga. A la hora de despedirme olvidé de comprarle el “último” libro Toda la sangre de Gustavo Faverón Patriau.
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Luis Zúñiga Morales de Borrador Editores. |
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Conversa que te conversa con Pierre Emile Vandoorne de Editorial Matalamanga. |
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Frente al coloso que alberga a la Feria Internacional del Libro de Francfort del Meno. |
Sin duda, lo que llamó la atención de millones de personas en el mundo entero fue el espectacular y milagroso rescate de los 33 mineros chilenos atrapados desde el pasado 5 de agosto del 2010 y por 69 días en una mina en el desierto de Atacama.
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El gran rescate de los mineros chilenos. |
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por Julio César Londoño
ES DISCUTIBLE QUE VARGAS LLOSA sea un gran escritor. Lo innegable es que tiene una suerte enorme.
No todo el mundo nace bello, rico y talentoso. Y no todo el mundo escribe a los 29 años La ciudad y los perros, una novela muy legible, escrita por un muchacho, sobre muchachos (los internos de un colegio militar) y para muchachos. Por eso nadie la lee hoy, ni siquiera los muchachos.
Ha tenido la fortuna de cometer incesto por lo menos dos veces (¡qué envidia!) y de surfear en la cresta de tres olas concurrentes: el boom latinoamericano, la fiebre mundial de la izquierda (a la que le sacó todo el jugo posible) y la afición europea por todo lo latinoamericano, desde libros hasta música folclórica, marihuana y artesanías.
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Ha incursionado en todos los géneros con un éxito muy superior a la calidad de sus libros. Su teatro es más jarto que el teatro promedio. A pesar de que nadie lo ha leído, o tal vez por eso mismo, su libro de crítica, García Márquez, historia de un deicidio, es famosísimo. A Emir Rodríguez Monegal le dijo, sin temblarle la voz, que Tirant lo blanc era mejor que el Quijote.
Su único libro de cuentos, Los jefes, no le gusta ni a él, hasta el punto de que siempre se ha negado a reeditarlo.
Sus novelas fallan en la forma y en el contenido. En la forma, porque su prosa es gris incluso en los pasajes más pretenciosos: “Todos daban por descontado que Javier se graduaría con una tesis brillante, sería un catedrático brillante y un poeta o crítico igualmente brillante”. (La tía Julia y el escribidor, Seix Barral, 1997, p. 19). Difícil ser más opaco. Que se sepa, nadie ha encontrado hasta ahora en sus siete mil páginas un giro que nos sorprenda, un hallazgo verbal, una idea inteligente. Pero la mejor prueba de su fracaso es que no ha sido capaz de crear, luego de 16 novelas, un solo personaje memorable.
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MVLL frente a su caricatura en Santillama de la Mar. |
En sus contenidos hay demasiado sexo y política; y la política, se sabe, puede ser parte de la escenografía de una novela, no la protagonista, como sucede en casi todos sus libros. Hay que reconocer que el hombre nunca incurre en el panfleto (siempre decanta el asunto con una destreza casi tan buena como la que exhibe la Canción de Solentiname, de Cortázar) y que encontró una fórmula irresistible: socialismo, sociología, historia y sexo, literariamente adobados.
Varios críticos han señalado su obsesión por la palabra verga y quizá por la “cosa en sí”, como diría Kant, pero en realidad este es un vocablo pertinente en la literatura erótica porque pene y falo son sustantivos asaz flácidos. El sexo es un tema novelístico, claro, pero V. Llosa es tan reiterativo que lo banaliza; lo agota. Se parece mucho a Alberto, ese “muchacho bien” de La ciudad y los perros que podía escribir un relato pornográfico diario para consumo interno de los cadetes del colegio militar.
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MVLL un Nobel entre luces y sombras. |
¿Merecía el Nobel el peruano? La pregunta admite varias respuestas. Si consideramos que Murakami estaba entre los candidatos, hay que decir que V. Llosa volvió a tener suerte. Si nos atenemos al consenso de los hombres de letras, entonces fue merecidísimo. Si recordamos que lo han recibido Echegaray, Le Clezio y Elfriede Jelinek, entonces el Nobel es indigno de V. Llosa. Pero si recordamos que nunca lo recibieron Joyce, Kafka, Proust, Conrad, Tolstoi, Rilke ni Henry James, entonces, hay que decirlo, el hombre merecía la Orden Fujimori o la Cruz de Boyacá… ¡o ambas!
De buenas el hombre, qué duda cabe, pero también de malas porque compartir siglo y vecindario con Borges, Rulfo, Gabo y Neruda es el colmo de la mala pata. Por eso, por éstos, Marito siempre será, pese al Nobel, a su gloria y a sus grandes tirajes, un escritor de segunda fila del hemisferio austral.
http://elespectador.com/columna-228719-un-peruano-suerte
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por Jorge Luis Roncal
Se ha otorgado el Nobel a Vargas Llosa y de pronto se paralizó el mundo. Un esperable aluvión mediático inundó todos los espacios, contagiando incluso a quienes desde el radicalismo verbal hasta hace poco denostaban al novelista -con las excepciones que confirman la regla- y ahora le buscan tres pies al gato para subirse al carro. No se preocupen, al fondo hay sitio. Obviamente la mediocridad impresa en papel o amparada en la net aplaudió a rabiar la distinción. Y ya se alistan, como no podía ser de otra manera, para hacer cola, abrirse paso a codazos y empujones, y tomarse la foto de su vida con el Escribidor. Incluso quienes han criticado duramente el chauvinismo y todo tipo de patrioterismo muestran ahora un súbito sentimiento de orgullo nacional, casi casi a lo Polo Campos. Bueno, hasta aquí, normal nomás. Pero de pronto resulta que quienes no comparten esta fiesta de la impostura son poco menos que traidores a la patria, terrucos, agentes de Castro o de Chávez.
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Por favor… Tranquilos, relájense, a qué viene ese ataque de intolerancia disfrazada de amor por las letras. Si les parece que la obra de Vargas es maciza, incuestionable, olvidando bodrios como Cuadernos de don Rigoberto, propuestas tendenciosas que falsifican los hechos como Historia de Mayta o La fiesta del chivo, o esa antología de ataques hepáticos que es El pez en el agua –revisen lo que escribió allí sobre el maestro Cornejo Polar-, y finalmente asumen que quien suscribió el Informe Uchuraccay está por encima del bien y el mal, está bien, es su derecho. Pero no todos estamos obligados a bailar al son que nos toquen. Aquí, modestamente, pretendemos conservar la memoria y la capacidad de crítica sin hacer hígado. Y preferimos más bien persistir en la relectura democrática de la cultura, la sociedad y la política, aquella que ponga en su lugar a Pancho Izquierdo, Lucho Nieto, Julián Huanay, sólo por citar tres casos. Para ellos este intento de homenaje en verso.
Te mirarán como a un bicho raro, un duende, un aparecido
como a un desquiciado sin nombre y sin memoria
Pretenderán que le cantes al ruiseñor, a las libélulas, los lirios
a la inmaculada concepción
a la bondad de las inversiones extranjeras
al crecimiento sostenido de la economía
Te ofrecerán el oro y el moro
un cheque en blanco
el premio nóbel de la paz (de los cementerios)
la mujer más bella de la tierra
el varón más hermoso del planeta
la presidencia del congreso
Te guiñarán el ojo
te contarán el cuento
te pasarán la mano, te susurrarán al oído,
te aplaudirán afiebrados antes de escucharte
dirán que eres lo máximo, lo ya no ya, el despelote
Prometerán coronarte en la explanada de Palacio
otorgarte el laurel de oro de los vates
el premio mundial de poesía
la beca más sabrosa de por vida
llenarte de medallas y diplomas
y el honoris causa de Harvard
Desearán que desconozcas a Mariátegui y Vallejo
que te olvides de Oquendo, Arguedas y Churata
que te enemistes con Romualdo, Rose, Scorza, Nieto y Valcárcel
y consideres aventureros e ilusos a Heraud y al Che Guevara
piezas de museo al Grupo Intelectual Primero de Mayo
y al Grupo Narración
y huacos inservibles a Mazzi, Huanay, Izquierdo Ríos, Florián y Bacacorzo
Querrán expropiarte el ritmo y la cadencia
confiscarte la métrica, las imágenes, la magia y la sorpresa
hurtarte la alegría de río turbulento
arrebarte el desenfado, la frescura y rebeldía de tu pueblo
extirparte la insurgencia
arrancarte de cuajo el manantial de palabras que deslumbran
Te expulsarán de los parques, las plazas y las calles
y brotarás danzando en las montañas
Arruinarán tus poemas clandestinos
tus versos de amor en servilletas
y tú, obstinada, digna, irreverente
esculpirás tus graffitis en cerros y paredes
Te expulsarán del viento y volverás como tormenta
te arrojarán del cielo y crecerá tu incendio
te impondrán la última versión de la mordaza, el grillete, la capucha
y tu música se escuchará hasta en la luna
Querrán mutilarte los sueños
matar tus ilusiones
enterrar tu júbilo, tu risa, tu jarana
Violarán el cuarto del poeta
causarán destrozos, romperán la única mesa de escritura
sembrarán dinamita, propaganda, manuscritos
para encerrarte de por vida en Piedras Gordas
Te enseñarán sus fauces, sus colmillos, sus metracas
te harán una pasantía por las torturas más horrendas
te mostrarán el rincón donde mueren los presos olvidados
buscarán trabajarte al susto con las fosas de la guerra
Te reventarán el pecho a culatazos
te colgarán de las uñas
te aplicarán el submarino
y crecerá tu sonrisa de muchacha enamorada
Querrán romperte y corromperte
Querrán silenciarte y mancillarte
Querrán desaparecerte del mapa para siempre
Querrán quebrarte y no podrán quebrarte
Querrán comprarte y no podrán comprarte
¡Querrán callarte y no podrán callarte!
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Gráfico de Die Zeit Nro. 40 |
La más grande feria del libro del mundo se inauguró hoy 5 de octubre y estará abierta desde el 6 al 10 de octubre del 2010 en su 62. edición en Francfort del Meno. Invitado de honor de este año es el país sudamericano de Argentina. Durante cinco días Frankfurt am Main será el punto de encuentro para autores, editoriales, agencias, librerías, productores de cine y lectores.
Se esperan cerca de 300 000 visitantes
Más de 7 533 expositores de 111 países, más de 299 000 visitantes y alrededor de 10 000 periodistas se esperan este año. Se ha comentado que muchos expositores han presentado su inscripción en el último minuto, pues hasta septiembre los organizadores contaban con menos stands y títulos. La feria del libro 2010 en la metrople del Meno se convierte en este año en la más importante dirección mundial para libros y medios digitales asi como para derechos y licencias.
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Tres primeros días solo para público especializado
Como en los años anteriores los tres primeros días la feria del libro está destinada sólo para el público especializado. El público en general recién podrá disfrutar de las cerca de 3 000 conferencias, lecturas y discusiones a partir del 9 hasta el 10 de octubre.
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Los escritores latinoamericanos e hispanos residentes en Alemania estarán presentes nuevamente en la feria y les reproduzco la nota que se hizo circular hace unas semanas atrás:
La Asociación de Autores Latinoamericanos en la Inmigración, en colaboración con la Frankfurter Buchmesse y la Fundación Gesellschaft zur Förderung der Literatur für Afrika, Asien und Lateinamerika, tendrá nuevamente el Stand, conocido y visitado por todos (desde el año 2001), en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt del 06 al 10 de octubre de 2010.
Ofrecemos una plataforma de promoción a los trabajos literarios o ensayísticos de autores que escriban en español y que residan en Europa, o vivan al menos temporalmente aquí, es la meta de esta asociación, además de constituir un foro de encuentro abierto entre literaturas y culturas.
Están por tanto invitados todos los autores antiguos y nuevos a volver a participar
- Autores que quieran participar por primera vez este año en la Feria de Frankfurt les rogamos de enviar lo más pronto posible su ficha de datos y los materiales de exposición con las observaciones pertinentes a la dirección electrónica indicada abajo (Es que la Feria ya comienza el 14 de octubre.)
- Autores que ya participaron en los años anteriores también están invitados a enviar una ficha biográfica actualizada y enviar los nuevos trabajos (desde hace 3 años) publicados o no. Los libros expuestos en años anteriores están conservados, y si no hay orden contraria se volverán a exponer.
- Para manuscritos no publicados recomendamos presentar sino unas 10 a 20 páginas de prueba y un resumen sobre la continuación del trabajo en caso de tratarse de una obra más extensa.
- Se entiende que todos aquellos que de todas formas quieren visitar la Feria pueden entregarnos sus materiales personalmente en el stand.
- Para manuscritos y/o autores no publicados recomendamos presentar sino unas 10 a 20 páginas de prueba y un resumen sobre la continuación del trabajo en caso de tratarse de una obra más extensa. Este año dedicaremos una parte de nuestra exposición a manuscritos que puedan ser potencialmente interesantes para agentes o editoriales.
- Recuerden que la ubicación del stand es:
Halle 5.0 / Stand Nr.: E-929
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Sin duda, una vez más estaré perdido en este mundo de letras y de negocios jugosos a cuenta de libros y autores. Luego entonces tendré tiempo para escribir un pequeño reportaje. Les dejo aquí algunos link para que tengan mayor información.
http://www.revistadelibros.com/articulo_completo.php?art=4774
y para que practiquen alemán un interesante artículo del semanario Die Zeit:
http://www.zeit.de/themen/kultur/frankfurter-buchmesse-2010/index
http://www.buchmesse.de/de/fbm/
La autora nicaragüense Gioconda Belli. |
Poeta, novelista, ex militante sandinista y, ante todo, una mujer provocadora y rebelde. Así se muestra la nicaragüense Gioconda Belli, quien visitará Lima para presentar su último libro, El país de las mujeres, que plasma lo que ocurriría en una nación gobernada íntegramente por el sexo femenino. Aquí un repaso por esos días de juventud cuando luchaba contra la violenta y corrupta dictadura de Anastasio Somoza.
Por Karen Espejo
El hombre que la ame sabrá descorrer las cortinas de su piel, encontrar la profundidad de sus ojos. El hombre que la ame reconocerá su rostro en la trinchera, mientras los dos disparan juntos contra el enemigo... Luego ella morderá su carne, salada y fuerte. Seguirá hacia su ombligo, ese centro donde empieza el cosquilleo, y bajará después hacia sus piernas, firmes como sus convicciones guerrilleras... Y en la soledad, los libros desparramados sobre su cama, como hombres con los que se va acostando, le arañarán los pezones y el sexo, y la llenarán de un semen especial hecho de letras... Y recordará ella las caras tristes de las gentes de su pueblo, como amanecen siempre y lo seguirán haciendo hasta que no se vistan de dinamita y se vayan a invadir palacios de gobierno, ministerios, cuarteles... con un fosforito en la mano.
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Lo ha dicho Gioconda Belli en sus diversos poemas desde 1970, levantando el revuelo de una sociedad intolerante ante una mujer casada que hablaba de “sexo y humedades”. Quizás lo que más sorprendía es que la lucha política de esos tiempos se enroscara con tanta fuerza en sus versos, o que la revolución de su pueblo fuera abordada con metáforas tan eróticas. Y es que, desde los 22 años, la poeta, novelista y periodista nicaragüense no solo se dejó seducir por la literatura sino que se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el grupo rebelde que desbarató la dictadura del general Anastacio Somoza y su familia, quienes sometieron cruelmente al país centroamericano durante casi cinco décadas (desde 1934 hasta 1979).
Y allí estaba ella, un mediodía de 1972, sentada en el parque Las Piedrecitas, de Managua, jurando lealtad al Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN), con una mano en alto y la otra sobre su vientre de embarazada. Gioconda sabía que se enfrentaba a un régimen represivo y corrupto. En 1967 la masacre de la avenida Roosevelt, en Managua, en la que murieron más de cien personas a manos de los esbirros de Somoza, la llenó de indignación. Así, en un exorcismo de conciencia que pudo más que su miedo, Belli juró ante su patria, ante su historia y ante el Che Guevara que pondría su vida y su alma por la revolución.
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Belli y su libro "El país de las mujeres". |
“Yo me metí con la convicción de que me podía morir, de que era una decisión súper trascendental en mi vida, pero en cierta manera creo que me hice sandinista por vergüenza. Me daba vergüenza saber la situación de miseria del pueblo nicaragüense y que lo toleráramos, que no nos rebeláramos contra semejante injusticia. Entonces sentía que, si no lo hacía yo, lo iba a tener que hacer mi hija. Y de alguna manera le reclamaba a la generación de mis padres que no había hecho nada, y me dije: ¿cuándo va a parar esto?”, reveló la escritora años atrás al presentar su libro autobiográfico El país bajo mi piel.
Entonces Gioconda abandonó el ambiente privilegiado en el que había crecido, y a su rol de esposa y madre le sumó el de militante de sangre sandinista. Así, pasó de ser colaboradora clandestina a encargada de enviar el correo secreto para comunicar reuniones encubiertas, y se empapó aún más en la lucha al convertirse en activista de la resistencia contra Somoza. Participó en huelgas en las que su cuerpo esquivó disparos y sus dedos acariciaron las armas las veces que fueron necesarias. Tan involucrada estuvo la escritora que para salvaguardar su vida se vio obligada a vivir en el exilio en México y Costa Rosa, alejada de su familia y de su pueblo, hasta el triunfo de la insurgencia sandinista.
Durante ese tiempo, Belli descargó dolorosas y provocativas estrofas de protesta, que la ubicaron como una de las pioneras en la poesía revolucionaria en Nicaragua. Y es que esos días de rebelión significaron para ella hechos “heroicos” y “eróticos”, que acoplaron más plumas a esas alas literarias que le escribían a su país, a su gente y a la lucha que los liberó. En 1994, la escritora se retiró del FSLN por considerar que “se había cerrado el espacio democrático en el grupo”. Terminaba así su matrimonio político e ideológico con el sandinismo oficial. Desde entonces sería una disidente, decepcionada de una dirigencia autoritaria, corrupta y espuria que había traicionado los ideales de Sandino por los que murieron miles de nicaragüenses. “Sentí que estaban pisoteando ese capital moral, esa mística que fue lo que hizo del Frente un movimiento que inspiró a tanta gente, para dilapidarlo por posiciones, por pactos de cúpulas, por la repartición de propiedades y recursos del Estado entre los dirigentes sandinistas. Fue una sensación de vergüenza de que les hubiéramos fallado a nuestros propios muertos”, declaró hace algún tiempo en una radio de su ciudad.
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Gioconda Belli presentará en Lima su último libro, El país de las mujeres, Premio Hispanoamericano de Novela 2010, en el que vislumbra lo que sería una nación gobernada íntegramente por mujeres, en el quimérico territorio de Faguas. ¿Se imagina? El poder femenino acaparándolo todo: desde la presidencia, moldeando el cuerpo de ministras y el batallón de policías, hasta llegar a las choferes, barrenderas y todo el personal presente en las oficinas de Estado. ¿Y los hombres? Pues todos son enviados a sus casas con una paga de seis meses, para hacerse cargo de sus casas y de trabajos comunitarios. El sueño de muchas, pensarán algunos; la segunda revolución que pretende la escritora, sospecharán otros.
Lo cierto es que el responsable de este cambio en la ficción es el Partido de la Izquierda Erótica (PIE), liderado por la periodista Viviana Sansón y cuyo símbolo de campaña son dos pies con las uñas pintadas de rojo. El PIE, según Gioconda, se inspiró en una agrupación verdadera de mujeres con el mismo nombre que se creó durante la lucha antisomocista y con las que se reunía clandestinamente para coordinar estrategias que solucionen los problemas de las mujeres.
No es el único aspecto basado en la vida real. También se puede hallar un símil entre Juana de Arco, la asistenta presidencial del país de Faguas, y Zoilamérica Narváez, la hijastra del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. La primera fue explotada sexualmente por un magistrado del gobierno, y la segunda, como se recordará, denunció públicamente las violaciones a las que era sometida desde los nueve años por el actual mandatario de la nación centroamericana.
La obra de Belli pone de manifiesto además que “el mundo está perdiendo el 50% de su potencial humano”, al continuar girando sobre un eje de desigualdades. Piénselo, la sociedad todavía no está preparada para que las mujeres tengan plena participación en el ámbito laboral, sin cargar sobre sus hombros la gran parte de la responsabilidad del hogar. El libro demuestra cómo un país evoluciona cuando se da toda la confianza a las mujeres y cuando los hombres son apartados del poder por sus bajos niveles de testosterona. Sinceramente, la idea es tentadora.
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25 al 30 de octubre
El Centro de Estudiantes de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Lima, Perú
CONVOCA AL CONGRESO
“Literatura y violencia política.
Homenaje a Óscar Colchado Lucio”
Semana de la Literatura en San Marcos
¿Cómo desde la Literatura se ha pensado, reflexionado y representado la violencia política de las décadas 80 y 90 del último siglo? ¿Cuáles son los mecanismos discursivos usados por la Literatura para reflexionar y fortalecer en la memoria colectiva los acontecimientos históricos sobre la violencia política? Sin duda, la literatura peruana constituye ya un gran campo discursivo lleno de voces diversas (narradores, poetas, editores, dramaturgos, cineastas, compositores) que se deben tomar en cuenta para entender los mecanismos de representación ficcional de la violencia política y las implicancias y presupuestos de dichas representaciones. La importancia de pensar estos mecanismos de representación radica en que nuestro país ha vivido muchas formas de violencia, ya sea implícita como explícita, pero ninguna tuvo tanto impacto social como la que presenció a causa de los hechos en torno a la acción de los grupos subversivos y el aparato estatal, desde años antes de 1980 hasta nuestros días. De esta forma, el carácter refractario de la literatura no ha marginado los contenidos producidos en esta parte de nuestra historia. Así, el epílogo no solo fueron las pérdidas humanas sino también el papel que ha jugado y juega nuestra literatura como ente modelizador de contenidos artísticos. Por esta razón, los estudios literarios peruanos y latinoamericanos exigen azuzar las diversas investigaciones en torno a dichos contenidos pues ya forman parte de nuestra historia literaria. Y respondiendo a esta necesidad crítica y teórica, el congreso “Literatura y violencia política. Homenaje a Óscar Colchado Lucio” trata de cubrir un vacío histórico-literario. Por lo mismo, buscamos la presentación de ponencias en torno a temas ligados a la violencia política desde la perspectiva de la Literatura, así como incursiones en torno a una de las figuras más representativas de esta tendencia: Óscar Colchado Lucio. Los temas son:
1.- Literatura de la violencia política.
· Novela
· Cuento
· Poesía
· Testimonio
· Teatro
· Cine, etc.
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Óscar Colchado, escritor peruano. Foto 2010. WL. |
2.- Investigaciones en torno a la obra de Óscar Colchado Lucio.
3.- Metacrítica (teoría e historiografía) sobre la literatura de la violencia política.
Los interesados deberán presentar sus sumillas a la siguiente dirección electrónica: semanadelaliteratura2010@
Se mandarán dos archivos adjuntos: el primero con los datos del participante (Nombres, teléfonos celular y fijo, correo electrónico y datos académicos); y el segundo con la sumilla. Esta deberá contar con perspectiva teórica, variables e hipótesis. Se tiene como máximo 250 caracteres. También se deberá adjuntar la bibliografía correspondiente.
La recepción de trabajos se inicia el 23 de agosto y cierra el 26 de septiembre. Los resultados y el programa del congreso se publicarán el 3 de octubre a través del blog y el gmail del Celit. Luego de conocidos los resultados, los seleccionados deben enviar (a la misma dirección: semanadelaliteratura2010@
Comité Académico:
Dr. Marco Martos Carrera
Dr. Carlos García-Bedoya
Dra. Susana Reisz
Dr. Juan Carlos Ubilluz
Dr. Raúl Bueno Chávez
Dr. Julio Ortega
Dr. José Antonio Mazzotti
Dr. Víctor Vich
Dra. Rocío Ferreira
Dra. Rocío Silva Santisteban
Comité Organizador:
CELIT (Centro de Estudiantes de Literatura)
Dorian Espezúa Salmón
Mauro Mamani Macedo
Alex Morillo Sotomayor
Elizabeth Lino Cornejo
Gonzalo Cornejo Soto
Manuel Larrú Salazar
Más información en: http://
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por Gregorio Martínez
Basta un solo pinche poema bien logrado, eso sí, fraguado a conciencia, para que un libro de poesía sea memorable y, por tanto, condenado y colocado abierto, despernancado, mostrando la yema del gusto, exactamente en el mismísimo índice de la tentación prohibida. Mejor que a pedido de boca, el poemario Soy otra (Ediciones Sol y Niebla), hechura de Patricia del Valle, tiene dicho ansiado alcance, el logro específico que distingue, que marca la raya en el firmamento. Esa raya que todos queremos tocar con los ojos o con la lengua, vaquera de la Finojosa. Saco la prueba al canto. Pongo aquí el lúbrico botón de muestra:
Nací en la soledad del mar
Vuelo hacia mi destino
Como mariposa nocturna
Directo al fuego.
¿Para qué más? Ahí está todo, definitivo y concluyente a la manera de un buen polvo. Al cántico dormirás/ noche de luna yo vendré. Exactamente como dice el poema prehispánico quechua que siempre nos lo recordaba, en idioma nativo, el Dr. Jorge Puccinelli. Cántico de filito de la cama, no de canción.
Además, el poema implica conflicto interno y declaración de guerra contra el orden establecido. Incluso más allá de la vieja teoría que proclama el compromiso del escritor. Quienes conocen a la autora, a Patricia del Valle, lo saben bien. Más cuando el libro está organizado en un marco de señas de identidad.
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Ella no es de medias tintas. Tampoco de medias de seda, las del tango que cantaba Pablo Paredes. Antes, Patricia del Valle escribía con bolígrafo y tinta seca, ese invento del húngaro argentino Lazlo Biro. Ahora, la autora de Soy otra escribe con tinta electrónica y destellos de luz. Excepto cuando se entrega a su oficio de arquitecta y recurre, arcaica, a la tinta china y a la pluma de tajo, preferible a un programa omnisciente de Apple Computer.
Patricia del Valle pertenece a la hornada que podría llamarse Generación del 80. Julio Heredia, Domingo de Ramos, Juan Carlos Lázaro, Mariela Dreyfus, Patricia Alba, y por ahí va la cuadrilla, danzando al ritmo de una tecnocumbia-chicha del grupo Chacalón en el estadio de Huachipa. Esa generación que se hizo durante el mayor fragor de Sendero Luminoso, aquel acoso con dinamita del campo a la ciudad, apegado al catecismo maoísta.
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En ese tiempo aciago todavía muchos creían, ilusos y soñadores, que Abimael Guzmán era, realmente, el presidente Gonzalo, un hombre de intelecto excepcional, un verdadero pensador, un ideólogo, un filósofo nativo por lo menos de la estatura del revolucionario albanés Enver Hoxa. Otro trafero. Aceptaban, abrumados por el coro de elogios de mentes lúcidas como Pablo Macera o Alfredo Torero, que Abimael Guzmán había interpretado genialmente el marxismo maoísmo y que, en algún momento, iba a entregar su mentado ‘Pensamiento Gonzalo’.
En cuanto a logro escueto, también el rosetón del frontis de la Catedral de Chartres, solito, justifica todo el esplendor de una arquitectura vasta que ya dura un milenio. Dicho templo no necesita otro alarde. De toda la inmensa edificación, a la Catedral de Chartres le basta un pinche rosetón de perfecta geometría para alcanzar la perpetuidad.
Conozco a un pintor, Javier Cabada, de la promoción de Alberto Quintanilla, Milner Cajahuaringa, que cruza el océano, viaja hasta Chartres, únicamente para contemplar el rosetón que ya ha visto tantas veces, incluso en fotografías cuando estaba en Bellas Artes. Yo releo del mismo modo el poema de Patricia del Valle y el cuarteto, verso a verso, resiste el análisis. No se pasma. Todavía seduce. Nunca serán palabras que se lleva el viento.
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Durante mucho tiempo, desde la época de Palermo y Chinochino, legendarios bares del centro de Lima, Patricia del Valle fue silenciosa testigo del menester poético. Sus manos menudas sobre su canasta de Caperucita Roja que usaba en lugar de cartera. Ella jamás metió su cuchara cuando Tulio Mora y Juanito Ramírez Ruiz discutían sobre los portentos de Ezra Pound. Solamente escuchaba. Sin embargo, me consta, Patricia del Valle conocía la calaña racista y fascista de Ezra Pound y de T.S.Eliot.
Solo después de décadas de silencio y de aprendizaje, solo después de haber cruzado infinidad de veces el húmedo asfalto de la Colmena, en audaz travesía de Palermo a Chinochino, traslado forzoso a golpe de medianoche, Patricia del Valle empieza a desembuchar lo que mantuvo en salmuera. Ella fue testigo del quehacer poético y ahora, por derecho propio, tira las barajas del tarot literario.
Si algo le falta al poemario Soy otra, ese algo es aserrín. Aserrín del bar Chinochino y también del Cuchitril, cerca a la librería de don Juan Mejía Baca. Y como trasfondo, el chajuaco de la polémica sobre el carácter de la revolución que requería el Perú, el alegato de si éramos un país semifeudal o capitalista neocolonial. Quizás por recato o mesura, Patricia del Valle ha preferido no soltar el gallo en Soy otra. Pero eso sí, se manda de hacha directo al fuego, mariposa nocturna.
http://peru21.pe/impresa/edicion/2010-09-12/238054
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Isabel Allende. Foto de Moleskine Literario de Iván Thays. |
por Enrique Fernández Darraz
El pasado jueves (02.09.2010) se entregó el premio nacional de literatura a Isabel Allende, la "embajadora" de las letras chilenas, como ha sido llamada con frecuencia. Esta decisión estuvo rodeada de polémicas de todo tipo, que comenzaron mucho antes de la entrega del premio y que probablemente nos persigan aún por algunas semanas. Por una parte estaban los que decían que la escritura de Isabel Allende no está al nivel de lo que podría ser una literatura merecedora de tal premio. Le gusta mucho al público, es una gran vendedora, qué duda cabe, pero eso no es equivalente a que su obra tenga un valor literario superior. Por otro lado estaban quienes hacían un esfuerzo argumentativo contrario combinando su éxito editorial con una cierta calidad literaria y trataban de insertarla en una corriente tardía del realismo mágico, que habría llegado - a juicio de los mismos entendidos - no a copiarlo, sino a enriquecerlo con otras visiones.
También hubo quienes lo fundamentaron decididamente desde la óptica del público lector, que es quien en definitiva - señalaban - justificaría el premio. Los argumentos no eran menores: más de cincuenta millones de libros vendidos, traducidos a 27 idiomas. O, como dijo otro intelectual comentarista, "no hay aeropuerto en el mundo en que no haya un libro de Isabel Allende". Incluso algunos señalaron que se lo merecía por el simple hecho de ser mujer.
Y así, suma y sigue. La comunicación de la entrega del premio la hizo el propio Ministro de Educación, Joaquín Lavín, en una video conferencia. Isabel Allende, al enterarse, rompió en llanto y aseguró que éste era el premio más importante que había recibido en su vida. La situación general estuvo cargada de una emotividad mediática (como le gusta a Lavín), que distó mucho de otros premios nacionales, que apenas merecieron unas líneas en la prensa. Ya algo más descansada y menos emocionada, en otra entrevista declaró que lo sucedido era un situación justa y que nadie podría decir que éste había sido un premio político. El argumento implícito era que ella, siendo de izquierda, había sido reconocida por un gobierno de derecha. Con lo que, de paso, aprovechaba de criticar una cierta mezquindad que habría tenido la Concertación con su obra.
Seguramente Isabel Allende dijo eso también para desmarcarse de otros premiados, como Bernardino Bravo Lira, quien un día antes había recibido el de Historia, siendo él alguien que claramente gusta de las interpretaciones conservadoras de nuestro pasado. Puede que sea así, pero, dicho sea de paso, nadie duda de que su obra es historiográfica. Pero más allá de esta elucubración, Isabel Allende se equivoca. Su premio es político y tal vez más que cualquier otro. O ¿Qué podría ser para la derecha chilena más político que demostrar que también escribir puede ser un buen negocio y que el éxito en el mercado puede definir incluso lo que debe ser entendido o no como literatura?
http://pensemoschile.blogspot.com/
más información:
http://ivanthays.com.pe/page/3
http://puenteareo1.blogspot.com/
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El escritor argentino Rodolfo Enrique Fogwill. Foto de Moleskine Literario. |
Fogwill es un escritor poco conocido por el gran público pero que vale la pena leer. Tanto por su escritura como por sus estructuras narrativas, temas abordados y reflexiones con las que salpicaba sus cuentos, novelas, poemas y ensayos. Empiezo con esta recomendación del escritor argentino (Buenos Aires, 1941), fallecido el pasado 22 de agosto, porque su calidad literaria está por encima del rosario de etiquetas que ha precedido los artículos sobre su muerte: provocador, excéntrico, cascarrabias, mordaz, irreverente, agudo, maldito, brillante. Y que, la verdad, él mismo se encargaba de promover. Una reunión de palabras que buscan definirlo y describirlo y que yo resumo en una sola: Frentero. Así era él con la vida y la literatura. Sincero y transparente. Una actitud de capa caída, en el mundo en general, en favor de la hipocresía y lo políticamente correcto en una sociedad en la que casi nadie dice lo que piensa, para no quedar mal o conservar su puesto de trabajo, a la vez que casi nadie quiere escuchar verdades. Nada de llamar las cosas por su nombre porque se corre el riesgo de ser tildado de todo menos de honesto. La docilidad campante.
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Rodolfo Enrique Fogwill lo sabía. Conspiraba contra todo eso y la falta de autocrítica, incluso con ironía y humor. Así ejerció su derecho de honestidad donde muchos vieron impertinencia, o amenaza. Lo dijo y lo escribió en sus libros y en artículos como en algunos de Babelia, la revista de EL PAÍS, a la cual concedió una entrevista el semestre pasado para la sección El Rincón, en la que aseguraba estar trabajando en tres novelas. Pero todo empezó en 1979, cuando siendo un gran publicista debutó en la narrativa al ganar el premio Coca-Cola con Mis cuentos punk. Tres años más tarde llegaría uno de los libros por los que será recordado: Los pichiciegos. Después más historias y más reflexiones.
Más información: www.página12.com, www.perfil.com, www.el pais.com/suple/babelia.
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El cronista y ensayista mexicano Carlos Monsiváis murió el 19 de junio del 2010 a la edad de 72 años después de que estuvo más de dos meses ingresado en un hospital de la capital mexicana por problemas respiratorios. En las primeras reacciones, la prensa mexicana coincide en afirmar que Carlos Monsiváis es una figura imprescindible para poder entender México. Monsiváis había sido ingresado en el hospital de Nutrición Salvador Zubirán, en el sur de la capital mexicana, a principios de abril pasado aquejado por males respiratorios. Desde hace años, el escritor batallaba contra una fibrosis pulmonar.
Carlos Monsiváis nació en Ciudad de México el 4 de mayo de 1938, de 1938 y estudió en la Escuela de Economía y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue autor, entre otras, de obras como "Días de guardar", "Los rituales del caos", “Amor perdido”, “Catecismo para indios remisos” y "Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina".
Era un escritor prolífico, de agudeza intelectual e indispensable analista de la actualidad mexicana e internacional. En México se lo consideraba el “cronista de la vida cotidiana”. Obtuvo numerosos reconocimientos, entre ellos el Príncipe Claus de Holanda (1998), la medalla Gabriela Mistral de Chile (2001) y el Premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (antes Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo) de 2006, así como con un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Arizona (2006). El galardón más reciente le fue otorgado por el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo (CCPNP), el pasado 12 de mayo cuando llevaba hospitalizado más de un mes.
El ensayista mexicano se autodefinía como un “simple lector” y su inteligencia e ironía le sirvieron como herramientas esenciales para narrar y reflexionar sobre la actualidad de su país. Su último trabajo, “Apocalipstick” es una recopilación de crónicas sobre Ciudad de México, ciudad que aparece como una asamblea de lugares e historias.
Discurso de aceptación de Carlos Monsiváis del doctorado Honoris Causa en San Marcos
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por Luzmán Salas Salas
La obra de Walter Lingán, El espanto enmudeció los sueños, exhibe la zozobra de personajes envueltos en la vorágine de la convulsión social. La primera parte se refiere a la época del gobierno militar de Velasco, y luego la dictadura de Francisco Morales Bermúdez. Algún pasaje romántico del personaje narrador con Patricia otorga un matiz de ternura lírica a la novela. Seguidamente, el personaje revela su situación de prisionero y reafirma su amor a Patricia. El autor recurre a sus recursos literarios para plasmar una sensación de romanticismo erótico:
Lo único que sueño es volver a tener un lugarcito en tu alma. Sólo por ello vale la pena luchar y morir en el intento. Me veo tomando las armas de la ternura y, convertido en Cupido armado, avanzar palmo a palmo por los valles de tu cuerpo encendido. Establecer zonas liberadas en los territorios de tu cintura, en el fuego de tu vientre, tomar por asalto los contornos de tus senos, depositar mi arsenal voluptuoso entre tus piernas, enardecer el jugo de tu boca con el napalm de mis deseos, entrar triunfante en todas las esquinas de tu corazón, y, al final, establecer en tu pecho el gobierno del amor democrático-popular de nuevo tipo… Ay, ay, ay paloma me salió bacán esta declaración de amor comprometido, pero sólo son sueños, nada más que sueños locos, deseos inalcanzables, ilusiones imposibles de realizar porque tú ya estás a varios años luz de mi vida.
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Profesor Luzmán Salas luego de presentar la novela de Walter Lingán en el CIC-Yanacocha de Cajamarca |
El tema de la obra se nucleariza en la situación social convulsa, represiva y corrupta durante el gobierno de Fujimori, llamado por el narrador “El forajido oriental”. El autor narra la huida de este siniestro personaje al Japón, su renuncia por fax, su retorno a Chile y su extradición al Perú. También desfilan en estas páginas personajes sombríos como Alan García “Alán Babá y sus cuarenta ladrones”, Keiko, “La estudiante de los millones”, el General Nicolás Hermosa Ríos “El general victorioso” y el Grupo Colina “El escuadrón pollada”.
La obra satiriza y ridiculiza despiadadamente a Fujimori. También se narra la captura y prisión de Abimael, la disolución del Congreso y el origen de Fujimori. A manera de una crónica periodística, en tono irónico, estilo directo, realista, contundente, usando el lenguaje popular, realiza una cruda denuncia y revelación de los actos de corrupción y rapiña de Fujimori. La sintaxis adopta a veces formas peculiares como ésta: El político más feo que el hambre Chirinos Soto se burlaba de ti diciendo decía no eras peruano de primera generación. (p. 36).
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De izq. a der. Walter Lingán y los escritores sanmiguelinos Antonio Goicochea y Elmer Rodas en el CIC-Yanacocha de Cajamarca. |
La técnica narrativa de esta obra radica en la estructuración de un supuesto diálogo –aunque más propiamente un monólogo- con Fujimori. Represiones y persecuciones indignantes aparecen en la obra. Armando, un muchacho de La Cantuta es involucrado injustamente como sospechoso de subversión. Su madre Raida defiende la inocencia de Armando, pero la policía lo lleva detenido
La prosa del narrador se eleva para ofrecernos este párrafo: Mariposas fúnebres quemaron sus alas en los débiles voltios de luz descuartizada, torturada. El rocío herido en los ojos de mamá Raida se deshizo en miles de estrellitas. Sus manos maternales se cerraron en puños violentos y gritó: ¡Militares malditos! No puedo comprender ¿por qué del seno de madres tan cariñosas nacen hijos tan, pero tan crueles? Nuevamente aparece el diálogo con Fujimori para recordarle la creación de grupos militares clandestinos que luchan contra “Los Paladines de la Cuarta Espada”. A veces la narración apela al lenguaje coloquial como éste: Tus generales bailaban en una pata. Y luego aparece el origen del título de la novela al referir el autor en la página 78: ...Y el espanto enmudeció los sueños; Albertito, los caballos del apocalipsis se desbocaron por las calles de la ciudad.
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Algunas de las obras de Walter Lingán en el CIC-Yanacocha de Cajamarca. |
La represión se agudiza. Llegan los soldados en la madrugada a casa de doña Angélica Mendoza de Ascarza y sacan a su hijo de los pelos. Era su segundo hijo que llevaban; antes fue su hija quien no volvió más. Los soldados cometen atrocidades; se descubren fosas comunes; Alan García les ofreció esclarecer estas situaciones cuando llegue a ser Presidente. Nunca cumplió, y cometió el genocidio de El Frontón. Se responsabilizó a los militares. El Comando de Rodrigo Franco amenazó a los buscadores de los familiares, y la gente del “Pensamiento Gonzalo” es criticada por las injustas y generalizadas matanzas.
La obra es una tremenda ironía y una burla despiadada sobre la triste figura de Fujimori. Leamos lo que se refiere en la página 89: Oye, Alberto, ¿qué sueñas cuando jateas? Cuenta nomás chinito, yo no le diré a nadie, ni a mamá. Ya sabes que de la cárcel me sacarán muerto, así es que todo lo que me cuentas se irá conmigo a la tumba. Albertito, ¿has soñado alguna vez con la muerte? Puta madre, chino de mierda, ya no sé cómo hacer para que hables. Al verte así callado, serio, pareces una piedra sin vida y me haces recordar esos versos de Pablo Neruda: Me gustas cuando callas porque estás como ausente/ y me oyes desde lejos y mi voz no te toca…
Y más adelante, en la p. 97, el diálogo recriminatorio y condenatorio se reitera: Cómo pues, Alberto, motejarme de terruco, como broma era bien pesada, pero como eras presidente, dictador, mandamás de la nación, había que seguirte la cuerda. Lo que no entiendo Alberto Fujimori es tu dureza en mi caso, no te pudieron conmover las lágrimas de mamá, de mi esposa y de mi hijo. Nada. Todo el mundo sabía que era inocente y seguiste en tus trece. Ni un paso atrás, bien mierda eres chino jijuna. Sigo cargando el estigma de terruco por tu culpa, te lo digo en tu propia cara, ahora que somos vecinos, ahora que somos presidiarios.
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Parte del público asistente a la presentacion de la novela de Walter Lingán en el CIC-Yanacocha de Cajamarca. |
Los tenebrosos personajes a quienes alude el autor son calificados así:
Alberto Fujimori = El forajido oriental.
Montesinos = El espía imperfecto.
Los terroristas = Paladines de la Cuarta Espada.
Nicolás Hermosa Ríos = El General Victorioso.
Keiko Fujimori = La estudiante de los millones.
Panchito Tudela = Canciller de la Vergüenza.
Alan García = Alan Babá y sus cuarenta ladrones.
Seguidamente el autor emplea los recursos lapidarios del discurso narrativo: Hoy quisiera despedirme con los versos del poeta Cesáreo Martínez: “No te preocupes por la historia, ella no te juzgará, porque dicen que la historia no se ocupa de la mierda”.
En la tercera parte, aflora la expresión poética: Madre, la prisión es algo más que el candor de tu carne dormida. Aparece la ternura poética, la añoranza y la nostalgia maternal por el hijo que está injustamente prisionero. Y no falta el reproche cargado de maldiciones contra el dictador, sus generales y el Pensamiento Gonzalo. Se intensifica el dramatismo. La madre, acompañada de su nieto, hijo del prisionero, visita la cárcel y se da con la sorpresa de que han matado a su hijo. Indultan a José Enrique Crousillat, el corrupto empresario de la pantalla.
El final es conmovedor, teniendo como epígrafe el texto de la canción del canta-autor argentino León Gieco: Sólo le pido a Dios, la madre del narrador exclama: El luto se ha convertido en el símbolo de la incansable búsqueda de mi hijo y en todos mis sueños lo veo en El Barrio, atareado en publicar su periódico y rompiendo las únicas zapatillas en entusiastas partidos de fútbol con sus amigos.
Éste es el cuadro espeluznante y sombrío que ofrece el destacado novelista Walter Lingán en su obra El espanto enmudeció los sueños, cuyo tema central es la triste y funesta descomposición social y moral que ha vivido y sigue viviendo nuestro país.
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José Saramago, escritor portugués y Premio Nobel de Literatura 1998. |
El 18 de junio del 2010 falleciór el escritor portugués, Premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago a los 87 años en su casa de Lanzarote. Como informan la mayoría de medios, el deceso ocurrió luego de una noche “serena y plácida”, junto a su familia. La muerte se debió, según la página oficial del escritor, a un “fallo multiorgánico después de una larga enfermedad”.
Asimismo, El País señala que hasta días antes de su fallecimiento, el premio Nobel se encontraba escribiendo una nueva novela titulada Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas. Tenía recién 30 páginas concluidas.
Así informó el hecho la prensa internacional: Le Monde, Le Figaro, The New York Times
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El escritor peruano Eduardo González Viaña. |
por Eduardo González Viaña
Mi novela de ese nombre acaba de aparecer en Estados Unidos. Todo en ella es virtual. Se distribuye a través de Amazon.com, la mayor librería digital del planeta. En cualquier punto del planeta, se puede adquirir “El amor de Carmela…” y recibir el libro en dos o tres días. También es posible adquirir derecho a su lectura a través del electrónico Kindle.
Además, en la próxima semana he sido invitado a hacer unas 10 presentaciones virtuales en diversos clubs de lectura de este país a través de video-conferencias. Por fin, para el próximo semestre, estoy invitado a ofrecer un Seminario Doctoral sobre éste y otro de mis libros en la Universidad de Sevilla. Con lo que me gusta Sevilla…!eso por supuesto que no será virtual!
A pedido de algunos amigos, les presento unos fragmentos de “El amor de Carmela me va a matar”. Como les he contado antes, la protagonista es una guapa aunque otoñal sudamericana que ha descubierto el amor d su vida en la pantalla del chat. En los fragmentos que vienen, se cuenta su primer día de amor en San Francisco.
Chuck Williams era el hombre con bastón que, en la sección de equipajes del aeropuerto, alzaba un cartelito con su nombre. El amante de internet se le materializó con blue jean, saco negro, bastón ortopédico, palidez extrema, ojos inmensos y nariz bien proporcionada. ¿Robert Duvall? ¿Era el doble de Robert Duvall? ¡Sí y no!... Era el actor mismo en persona.
Cuando terminó de soñar, le pareció que, en conjunto, era un gringo bastante maduro pero bien plantado. Lo que no terminaba de gustarle era su barba que parecía teñida porque, en contraste con su cabello plateado, lucía un intenso color negro y emitía destellos azules.
Un taxi los llevó hasta una estación del tren. Allí, luego de casi una hora de viaje, descendieron en una estación cuyo nombre Carmela olvidó de inmediato. A la salida, tomaron otro taxi. El carro enrumbó luego hacia un lugar que se hallaba quizá en los suburbios o en un pueblo colindante. No entraron en el downtown de San Francisco ni Chuck le explicó por qué lugares estaban pasando. Atravesaron terrenos industriales deshabitados y por fin ingresaron en un parque con algunas casas. No había veredas ni se veían parroquianos. Se detuvieron frente a una casa de madera de un solo piso, y allí su novio estadounidense le dijo al oído:
—Home, sweet home!
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El amor iba y volvía, y no tardaba en repeirse. En un momento de descanso, Carmela se miró en el espejo del baño. Tenía los ojos que ostentan las personas deslumbradas por el amor. Ella parecía fascinada; él, asustado. El ritmo parecía imponerlo ella. No hablaban. Por fin, él se decidió a pedirle que descansaran un poco.
—Es necesario, ¿sabes?...
—¿Necesario?
—Esto desgasta.
—¿Desgasta?... Te estás asustando, mi niño. No te asustes. Ten calma.
—Estaba pensando.
—¿Sí?
—No pensaba que llegaríamos hasta esto.
—¿No pensabas que seríamos amantes?
—¡Oh, no, claro que pensaba que lo seríamos!... Pero no de inmediato ni con tanta frecuencia...
Carmela volvió a darle palmadas en los hombros y en la cabeza.
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Varias horas después, mientras se servían unas tazas humeantes del café que ella había traído de Colombia. Chuck mostró entonces su rostro serio.
—Pasemos a lo práctico —le dijo y le entregó un papel en el que se hallaban escritas las instrucciones para administrar la casa.
—Léelo, por favor. Ya sé que entiendes el inglés, pero lo he hecho traducir en la computadora para que todo esté muy claro. Léelo en voz alta.
Carmela leyó:
«1. Todo el mundo se levanta a las seis de la mañana.
2. Hay que regar los maceteros de la sala y desempolvar los muebles.
3. Antes del desayuno, dar de comer a los peces.
4. Abrir la puerta y desenchufar las alarmas.
5. El camión de basura pasa los jueves. El de reciclaje, los viernes.
6. Hay que hacer las camas inmediatamente después de levantarse.
7. Tu dormitorio es el pequeño de al fondo».
Repitió la ubicación del dormitorio y le preguntó si eso era una broma. Por toda respuesta, Chuck sonrió.
—No. No hay broma alguna. Dormiremos separados. Entre los latinos machistas, las parejas duermen juntas y se considera obligatorio que haya contactos entre ellas. En este país, las personas políticamente correctas no lo consideramos correcto ni saludable ni limpio.
En volumen más bajo, el aparato de música repetía incansable:
«Ya me voy pa’ La Habana/ y no vuelvo más.
El amor de Carmela/ me va a matar.
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«8. Preparar el desayuno para ser servido a las 6:30 de la mañana.
9. Limpiar los pisos de la cocina y de los dos baños.
10. El almuerzo debe estar servido al mediodía y consiste en un sándwich, fruta y yogur.
11. La cena se toma a las seis de la tarde. Incluye carne, verduras, papa y ensalada.
12. Los platos y cubiertos deben ser lavados inmediatamente después de ser usados.
13. Hay que dar de comer al gato cada mañana y, por las tardes, limpiar los excrementos que deja en su canasta.
14. Dos veces por semana, se hace jardinería.
15. Limpiar el refrigerador semanalmente.
16. La lavadora y la secadora están al lado de tu dormitorio. Hay que limpiar el filtro de la secadora cada cinco días.
17. Tendrás un pequeño televisor en tu cuarto, pero debes mantener bajo el volumen y apagar el receptor a las diez de la noche.
18. Tendrás que lavar mi ropa dos veces por día porque padezco de incontinencia».
Carmela releyó en voz alta la instrucción número 7: «Tu dormitorio es el pequeño de al fondo».
Tal vez pensaba que Chuck le estaba jugando una broma y le sonrió, pero no encontró una sonrisa de vuelta. Entonces se le insinuó. Caminó como una gata en torno de él y lo olisqueó. Por toda respuesta, el gringo hizo girar su silla de ruedas y continuó mirando el partido de béisbol en la televisión.
Para ver un video de “El amor de Carmela me va a matar” haga “clic” en: http://www.youtube.com/watch?v=LAjWxmiI2PQ
Para conseguir el libro en Amazon: http://www.amazon.com/El-amor-Carmela-matar-Spanish/dp/1452808953/ref=sr_1_5?ie=UTF8&s=books&qid=1272438659&sr=8-5
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por Eduardo González Viaña*
-¿Es un pájaro?
-¡Es un avión!
-No, hombre. Es un mojado.
Luego de este diálogo inicial, el coro de “Los Tigres del Norte” canta:
Llegó del cielo, y no es un avión.
Venía en su nave, desde Criptón,
y por lo visto, no es un “americano”
sino otro igual como yo, indocumentado.
Así es que, Migra, él no debe de trabajar
porque aunque duela, Supermán es ilegal.
La ley racista de Arizona no es sino la punta del iceberg. La verdad es que en uno y otro lado de los Estados Unidos, los sectores derechistas se han radicalizado y, además de querer empujar este país hacia doscientos años atrás, están deseosos de convertir la vida de los inmigrantes “hispanos” en un infierno.
En Arizona, a partir de la nueva ley de inmigración, resulta sospechoso cuando no prohibido hablar castellano, expresarse con acento extranjero, tratar con inmigrantes e incluso tener rostro de indocumentado aunque la gobernadora del estado, Jan Brewer no ha podido decir a los periodistas cómo es exactamente esa imagen.
Tan radical y expeditiva es la ley que el propio gobernador de California se ha asustado. El fornido actor de Terminator, Arnold Schwarzenegger, un austriaco nacionalizado estadounidense, ha declarado que no volverá a viajar a Arizona porque –debido a su fuerte acento- podrían apresarlo.
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De otro lado, Sarah Palin visitó recientemente el estado para expresar su apoyo a la nueva ley, y no pierde ocasión para asegurar que el mejor trato para los hispanos es ponerlos en la frontera con México. Como se sabe, la frustrada candidata republicana a la vicepresidencia, al ser entrevistada por la periodista Katie Couric, no pudo recordar cuáles son los tres países que forman parte de Norte América. Además, comparte con el pasado presidente George W. Bush la posibilidad de hablar con Dios quien, según ellos, les ha ordenado tomar algunas decisiones históricas.
Ya en nuestros tiempos la campaña no es tan sólo contra los que entran ilegalmente, sino contra todos los latinoamericanos quienes, según sus detractores, son una amenaza para la cultura y la identidad “americanas”. Eso se advierte en las palabras del republicano de Arizona, J.D. Hayworth, quien reclama una “moratoria en la inmigración legal procedente de México.”
De su parte, el representante de Colorado también republicano Tom Tancredo califica a Florida como un país del Tercer Mundo, lo cual evidencia que la campaña antiinmigrante es decididamente racista. Tancredo, nieto de inmigrantes latinos, pasa por alto el hecho de que los cubanos de Florida son legales y que ese estado es uno de los más prósperos y desarrollados del país.
En esas circunstancias, los inmigrantes (debo decir, los nuevos, porque éste es un país de inmigrantes) cuentan con el soporte de la gente civilizada y progresista que se ha expresado en multitudinarias manifestaciones en casi todas las ciudades del país. Pero tienen de su lado algo más, y es el humor, la chispa, la gracia y el genio de “latinos” como los “Tigres del Norte” y otros grupos como los “Hermanos Ortiz” según los cuales Supermán es tan ilegal como cualquier otro indocumentado porque entró por el cielo, no tiene pasaporte, ni visa, y ni siquiera licencia para volar.
Cuentan, además, con la inocencia y la valentía de la niña peruana que –cuando la esposa del presidente hablaba en su escuela de una inmigración legal y ordenada- la interrumpió para decirle:- ¡Pero mi mamá no tiene papeles, señora Obama…!
Dejemos que Supermán siga volando:
No tiene mica ni permiso pa’ volar.
Y les apuesto que ni seguro social.
Hay que echar a Superman de esta región
y si se puede, regresarlo pa’ Criptón.
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Cuando nací, nadie me dijo que arrancar el cordón umbilical de un mordisco podría provocar una desgracia; nadie me advirtió que cuando anocheciera -en la clínica- vendría el cuco al que todos los niños y sus madres temen; tampoco me hablaron del amor, el dolor o el odio; y si acaso alguien se aventuró a conocer mi alma e intentar amarla cuando estuve grande, quien sabe fue porque le resultó imposible resistir la mirada triste (y de niño-suicida) que siempre tuve.
Nadie conoce tanto los secretos de mi soledad como los que se han acercado a mi poesía; y hablo no sólo de los poemas que han surgido de ésta mi cabeza é libro (así me dicen en los bajos fondos), sino también de aquellos que se han constituido en mis siempre vivas lecturas y en experiencias vitales. a Tere -mi madre- por ejemplo, jamás le sugirieron en su momento echar a la basura el biberón y el andador obsoletos que mi difunto padre adquirió para su pequeño vástago, tampoco comprar periódicos, libros y revistas que ella jamás leería y esparcirlos -como juguetes- sobre los muebles de la sala. De ese tiempo proviene –ahora lo sé bien- mi impureza, mi pasión, el estar harto de ser yo, el vicio éste que me conduce a la muerte.
En el tiempo en que nací, en casa nadie hablaba de poesía sino de la turbidez del aire, la buena pesca, las huelgas de los obreros y de la ropa húmeda tendida en los cordeles, apestando; cuando era niño, mamá iba y venía de su oficina haciendo sonar sus tacos desde lejos y dotaba mi mundo de alegría a su llegada, de pequeñas sonrisas con hoyito dibujadas en los cachetes de cuando se es tierno, cuando provocamos nuestro primer incendio –inextinguible- en la cabecita de los fósforos recién hurtados y no se sospecha aún nada malo de la vida.
Quien les habla -o les escribe- no tiene nada sino poesía para justificar la vida. Eso es lo que soy y ésto es lo que he escrito. A estas alturas, es evidente que no me importa o no sé cómo demonios terminar de darle forma a esta especie de introito absurdo, y no me avergüenza decirlo; al contrario, me enorgullezco de ello. Supongo que si hubiese hablado ahora mismo en difícil me hubiera otorgado cierto caché o valor agregado ante los lectores, y si hubiese citado algunos autores y obras clásicas o si las hubiese analizado, interpretado y comparado -de refilón- con mis poemas, a la luz del existencialismo, la semiótica, la hermenéutica, el psicoanálisis y los patrones o vanguardias existentes, otra sería la impresión que dejaría a quienes aún persisten en la lectura de esta nota introductoria y anodina que he titulado de manera subrepticia en honor a una vieja pero querida canción y a su antigua filosofía.
En realidad -y aunque nadie me crea- pasaba de casualidad por esta esquina (por acá ando a veces, cuando no estoy en Twitter). Pasaba y sólo quise detenerme un toque a pedir prestado un lápiz y decir algunas cosas que siempre quise decir pero nunca pude (en verdad jamás me dieron espacio). Pasaba por esta calle para asomarme a alguna ventana abierta de descubrimiento o de confirmación. Quien sabe en el fondo no intentaba sino aprovechar la página en blanco para ejercitar el desapego, el silencio y el desprecio por el orden de esta podrida sociedad en la cual sobrevivimos; quien sabe sólo quise solidarizarme con los hombres y mujeres que padecen en la poesía la más horrible variante de la soledad: la soledad del que ni siquiera se tiene a sí mismo; tal vez me acerqué a ustedes para confiarles que a veces uno aspira a escribir un libro que se comente a sí mismo, que constituya una declaración sin palabras (y muchas veces se fracasa).
Así -como se colige-, yo no soy nadie para decir línea alguna sobre mi poesía ni sobre la poesía de nadie; el tiempo, la crítica y los verdaderos lectores dirán si “Poquita fe” está vivo o si nació muerto, si es poderoso y capaz de promover el pensamiento y la discusión o si para nada sirve y urge echarlo a la hoguera (que se lo lleve el camión de la basura), al olvido. Decirles nomás que los poemas incluidos en esta apretada selección personal (una pieza más de mi prontuario) fueron escritos con el espíritu subversivo que siempre ha conducido mi existencia, decirles que el presente es lo único que tenemos y es lo único que hay (like the song), y que como bien señala Cioran -viejo pata, mejor amigo-, sólo es subversivo el espíritu que pone en tela de juicio la obligación de existir.
Introducción de "Poquita fe". Bisagra Editores. Huancayo, 2010.
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Hernán Rivera Letelier / Foto Bernardo Pérez. |
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid
"Cada página es comestible y cada palabra se respira, pasa a los pulmones, a la imaginación, al pensamiento". Esto ha dicho Manuel Vicent, presidente del jurado del XIII Premio Alfaguara de novela, sobre El arte de la resurrección, la novela ganadora de esta edición. En ella el escritor chileno Hernán Rivera Letelier cuenta la historia del Cristo de Elqui, un personaje real que en los años cuarenta recorrió Chile anunciando el fin del mundo. Esta mañana, en la entrega del premio, Vicent ha destacado el sentido musical de Rivera Letelier y ha señalado que la historia que el autor de Antofagasta cuenta en su novela es "actual", pero también "medieval o renacentista o de cualquier época porque las pasiones que retrata no han cambiado a lo largo del tiempo". La peculiaridad en el caso del libro ganador es que "estas pasiones están diluidas en las historias del desierto".
Tras las palabras de Vicent, Ignacio Polanco, presidente del grupo Prisa, ha hecho entrega a Hernán Rivera de un premio que consiste en 130.000 euros, una escultura de Martín Chirino y, como reza su lema, "400 millones de lectores". Desde mañana mismo, al ganador le espera una gira que le llevará hasta otoño por toda América Latina. En estos días, de hecho, Andrés Neuman, ganador de la edición de 2009, publica Cómo viajar sin ver (Alfaguara), su particular diario de ese maratoniano periplo.
Este año, además, Polanco entregó a Rivera Letelier un libro electrónico con la versión digital de El arte de la resurrección. El Alfaguara se convierte así en el primer galardón literario que se publica en España en ese formato. Esa versión estará disponible para los lectores a finales de este mes en la plataforma Libranda, que reúne, entre muchas otras, a grupos editoriales como Santillana, Planeta y Random House Mondadori y que será presentada en público el próximo 8 de junio, durante la Feria del Libro de Madrid.
El sobrio acto de entrega del premio Alfaguara lo ha cerrado el propio premiado con unas palabras en las que ha reconocido su sensación de "ser un impostor" y su temor de que "un ejecutivo de Alfaguara" le tocara en el hombro antes de mandarlo de un "puntapié" a su país, a su desierto. Hernán Rivera Letelier ha recordado también que fue su madre la primera persona a la que oyó hablar del Cristo de Elqui, un personaje que fue apareciendo en varias de sus novelas hasta alzarse con el papel protagonista en El arte de la resurrección. "Venís más descachalandrao que el Cristo de Elqui" fueron las palabras de su madre. Él venía sucio y desastrado de jugar en ese desierto que para el escritor fue su patio de juegos y su territorio mítico: "El desierto de Atacama es mi Comala, mi Macondo, mi Santa María".
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Publicación de España incluye todos sus relatos. La edición La palabra del mudo reúne también sus cuentos olvidados, desconocidos y un inédito.
por Carlos Villanes Cairo. Madrid.
A más de 80 años de su nacimiento y a 15 de su viaje definitivo, Julio Ramón Ribeyro es un valor en alza y la crítica lo integra en la trilogía más importante de los cuentistas hispanoamericanos junto a Julio Cortázar y Jorge Luis Borges. Es motivo de homenajes y coloquios internacionales, se reeditan sus libros y su figura de clásico de la narrativa corta en español ya nadie discute. En el Perú, la obra de Ribeyro no tiene parangón en el relato breve, salvo en el siglo XIX con la de Ricardo Palma. Ambos tienen a Lima como gran escenario, pero bajo maneras diferentes de sentir e interpretar la esencia humana y social de la vida.
Sus “cuentos completos” aparecieron por primera vez en España en 1994 y luego en el 2000, con varias reediciones, pero es ahora cuando la salida de La palabra del mudo (Barcelona, Seix-Barral, 2010, 1035 pp) parece haber tocado techo. Incluye 6 cuentos olvidados, 3 desconocidos y un inédito, además de los agrupados en sus 8 libros que van desde Los gallinazos sin plumas (1955) hasta Relatos santacrucinos (1992). “Surf”, que permanecía inédito, fue el último cuento que escribió Ribeyro, el 26 de julio de 1994, 5 meses antes de su muerte. Bernardo, un sexagenario barranquino, se instala en su nueva casa y en su soledad, invita a jóvenes amigos, aunque su ansiedad no se calma porque descubre la belleza y gracilidad de los surfistas, de los que montados en una tabla desafían a las olas y a la muerte contra los acantilados. El hombre, de total factura ribeyriana, sube a una tabla y cabalga hacia la eternidad.
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Los “cuentos olvidados” de Ribeyro y ya publicados en La palabra inmortal (1995), editado por Jorge Coaguila: “La vida gris”, la historia de un hombre que de la cuna a la tumba siempre fue nadie; “La huella”, la persecución de un reguero de sangre que conduce al protagonista a descubrir su propia muerte; “La careta”, a falta de una máscara Juan se pinta la cara y finalmente obligado a quitársela le desgajan la piel con un final espeluznante. “La encrucijada” –un viajero busca la ciudad soñada, llega a la intersección de un camino y se equivoca, como todo en su vida– es el cuento más bello, simbólico y logrado del conjunto. “El caudillo” es el relato de un hombre obligado a ser solidario por su musculatura, y en pago recibe el desdén y la burla. Y “El cuarto sin numerar”, el retorno onírico de un adulto a su niñez, con un testimonio material traído del más allá. Todos ellos, escritos entre 1949 y 1956, no aparecieron en su primer libro.
Entre los desconocidos figuran: “Los huaqueros”, 4 buscadores de tesoros son descubiertos por la policía que en vez de arrestarlos los animan y al no descubrir nada huyen; uno de ellos se lleva, muy feliz, del aparente botín, un cajón de madera para hacer leña. “El abominable” es el principio de una novela inconclusa, sobre un supuesto hombre de las nieves en la sierra central; y “Juegos de la infancia”, un fragmento de la autobiografía de Ribeyro no incluido en su libro, tal vez por el tinte racistoide de “los cholos que hollaban su espacio.” (p.1016). Sencillo, agudo, poético, desencantado vocero de los seres anónimos y anodinos, diseccionador genial del hombre gris, Ribeyro es un clásico en ascenso.
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Fedor Dostoievski |
por Gustavo Benites Jara
Entre los libros de mi preferencia abundan las biografías. Tal vez sean mis lecturas favoritas porque en ellas busco la novedad que toda vida tiene, por oscura que parezca. Las biografías, las autobiografías y los diarios íntimos nos muestran seres humanos muy complejos. Hay algunos apasionados, trágicos, sombríos, luminosos, extraños a todo esquematismo: Agustín de Hipona, Vallejo, Dostoievski, Nietzsche, Pascal, Kierkegaard, Teresa de Jesús, Francisco de Asís, Dante, Thomas Merton. Otros parecen como demasiado fríos en su vida: Aristóteles, Kant, Hume, Spinoza, Hegel.
Una biografía para ser buena debe ser el retrato interior de los biografiados: sus búsquedas, su evolución espiritual, sus desgarramientos, su pasión. Además, desarrollar la influencia que recibió de la sociedad y el modo cómo influyó en ella. Esta relación dialéctica es imprescindible, de lo contrario tendríamos un biografiado sin historia, sin el humus de su tiempo, sin el olor ni el sabor de sus campos, de sus campanarios o de su jungla de cemento en los que discurrió su trajinar.
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Dante de Andrea del Castagno (1450) |
Hay biógrafos demasiado estúpidos, entre ellos tenemos a determinados hagiógrafos que nos pintan santos deshumanizados, decadentes y afeminados. Hay otros, que no pasan de ser superficiales y vulgares cronistas de unas cuantas anécdotas del personaje.
Las biografías son lo único que no se repite. Solo en la vida total, en el devenir existencial de la persona, hay una auténtica originalidad. Por ello las buenas biografías jamás aburren, aun cuando sea la misma biografía escrita por diversos autores: es que la riqueza humana es muy amplia. En ese sentido es falso lo que afirma Oscar Wilde: que ni en el pecado se puede ser original. Al contrario, diría que se es original en tanto las motivaciones profundas no se repiten, y aunque se repitieran, el espíritu, la experiencia humana es única y por ella pasa todo; por eso, hay esa impronta de novedad en toda vida.
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Blaise Pascal |
Cierto es que existen hombres estandarizados, que viven como materia prima de fábrica: se les mete en la vida y van a dar al otro lado sin haber vivido creadoramente. De ellos dijo León Bloy: “Ah, bien sé yo que hay muchos animales llamados racionales que parecen haber vivido sesenta u ochenta años, y a los que un día se les lleva al cementerio sin que jamás hayan logrado salir de la nada. Muchos de ellos hasta han sido famosos en su viaje “del útero al sepulcro”. Sin embargo, en ese viaje, León, los infinitos instantes de cada vida son únicos, originales e irrepetibles.
Cada vida y sus instantes tienen una inconmensurable riqueza. ¿No lo demostró James Joyce en su novela “Ulises”? ¿Y de esa riqueza oceánica no tuvo conciencia el evangelista Juan cuando escribió: “Jesús hizo muchas otras cosas, tantas que, si se escribiera cada una de ellas, creo que no cabrían en el mundo todos los libros que serían escritos”?
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Academia de la Lengua Española en Madrid. |
por Gregorio Martínez
En carácter de exclusiva, Gregorio Martínez envió al blog de Rodolfo Ybarra la siguiente colaboración sobre una palabra de uso popular (todavía recordamos las variantes: chulapi y chupila); y ojalá los miembros de la Real Academia Peruana sugieran la inclusión de esta "incómoda" y "malsonante" palabra en los próximos diccionarios. Ahora, luego de algunas consultas, lo reproduzco, antes, por internet consulté la página de la Real Academia Española con el resultado que también dejó aquí para su información.
¡DE PELÍCULA!, así como exclamaba el cantante cubano Rolando Laserie que usaba una gorrita tumbada sobre los ojos que luego imito Alfredo Bryce y en seguida el poeta Roger Santibáñez. El caso es que la Real Academia de la Lengua hace gala de un rico coño peludo, pues contiene en sus páginas la palabra respectiva, coño, aunque marca al vocablo con el estigma de que se trata de una "voz malsonante", pero en el colmo del prejuicio cultural, el Diccionario oficial de la institución que norma el idioma no tiene pichula. Esta palabra, pichula, brilla por su estentórea ausencia en las páginas del lexicón de la Real Academia.
En el espacio que debería ocupar la palabra pichula, el Diccionario muestra un páramo semejante al que exhiben en la entrepierna los muñecos de juguete, no los de consuelo. Consuelo Velásquez, la autora del bolerazo Bésame mucho. Entonces, si el Diccionario carece de pichula, ¿cómo folla el susodicho calepino con la señorona Real Academia? ¿Cómo hace el mataburro para desbrozarle el matorral al rico coño de la institución académica?
Señores de la Real Academia, déjense de gilipolleces y pongan el vocablo pichula en el lugar que le corresponde, allí donde encaja con toda su extensión, y con sus dos acepciones, la que le atañe al puro nervio, a la guasamaya (de guasa, peje caribeño), y la segunda que se refiere a una variedad de paloma torcaza, con cuya carne fina sobrevivió el Cholo Cirilo Cornejo, en los años 30, cuando huyó a la ceja de selva después del levantamiento revolucionario de Huancavelica, en el cual aniquilo a las autoridades y a sus fuerzas represivas.
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Miembros de la institución que fija, pule y da esplendor al idioma castellano, no sean miedosos, no se amilanen (¿milán o chancay?) al igual que Mario Vargas Llosa cuando, por temor al generalísimo Franco y al fantasma de Torquemada, cambio el título Pichula Cuellar por el tibio y cojudazo Los cachorros. Y de paso, señores académicos, quítense de la mente eso de "voz malsonante". Desde los tiempos de Ferdinand de Saussure, a principios del siglo pasado, la ciencia lingüística nos viene diciendo que en los idiomas no existen voces malsonantes ni buenas ni malas palabras.
Conforme al actual Diccionario de la Lengua Española, publicado por la Real Academia, el vocablo pichula tendría que encajar, ¡qué rico!, en el espacio después de "pichona" y antes de "pichuleador" y de "pichulear" y de "pichuleo" y de "pichulero". Curioso, el Diccionario de la Real Academia menciona una retahíla de acciones pichulescas, pero no incluye al sujeto agente, a la pichula. ¿Cómo puede haber pichuleo y pichuleador sin la existencia de pichula? Cojudismo puro de la institución académica que anacrónicamente registra decires del lunfardo (dialecto argentino) que ya perdieron vigencia y ni siquiera señala este hecho.
Según la Real Academia, pichulear significa engañar, sacar pequeñas ventajas en compras o negocios. Eso se llama sencillamente sisa. Antes, cuando existía la pulpería de la esquina, cada chiquillo y chiquilla eran expertos en sacar sisa cuando los enviaban a comprar. Pero el verdadero pichuleo ocurría cuando uno se encontraba en el urinario de un bar con alguien como el poeta Juan Ojeda que, inspirado, proponía una topadita de pichulas.
El artículo apareció en: http://rodolfoybarra.blogspot.com/
Como no me poseo, al estilo de Chupaca, el diccionario de la Real Academia Española, he recurrido a la página web de la RAE y me encontré con esto:
y buscando la palabra pichula, decía lo siguiente:
pichula. 1. f. vulg. Chile y Perú. pene. |
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Víctima de un cáncer falleció el periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez, quien fue columnista de los diarios LA NACION, The New York Times y El País de España.
Eloy Martínez empezó su carrera como corrector en La Gaceta de Tucumán, provincia que lo vio nacer en 1934. "Si cuidás el lenguaje, la ética viene en consonancia, porque la responsabilidad empieza por la herramienta que manejás", había dicho en una entrevista publicada en El País a propósito de esa experiencia.
En 1991 participó en la creación del periódico Siglo XXI en Guadalajara, México, y del suplemento Primer Plano en Página 12 . Dirigió durante muchos años el programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, de Nueva Jersey, y fue uno de los referentes de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su entrañable amigo Gabriel García Márquez.
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A partir de 1996 y hasta su muerte, fue columnista de LA NACION. Sus artículos también se publicaron en The New York Times y en El País. Entre sus obras más destacadas se encuentran Lugar común la muerte (1979), señalada como un aporte esencial al Nuevo Periodismo, La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991) y la novela argentina más traducida de todos los tiempos que, a la manera del Facundo de Sarmiento, dinamitó la frontera entre fantasía e historia: Santa Evita (1995).
En 2002 recibió el premio Alfaguara, uno de los más importantes concursos literarios en lengua castellana, por El vuelo de la Reina. El diario madrileño El País le otorgó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo el 22 de abril de 2009. El galardón distingue trabajos en español publicados en medios de todo el mundo. Poco después, el 24 junio de ese mismo año fue incorporado a la Academia Nacional de Periodismo. "Es un gran honor que se debe, creo, a la persistencia con la que vengo trabajando hace más de medio siglo", dijo en esa oportunidad a La Nación, en Argentina.
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Diversos medios y revistas han dadop cuenta de la muerte del escritor J.D. Salinger, aqui les alcanzo un homenaje del blogger y poeta Rodolfo Ybarra.
por Rodolfo Ybarra
Era de cabello cano, aspecto desgarbado, medía casi dos metros y su decoro personal daba mucho que desear. Tenía el aspecto de alguien salido del manicomio: un psicópata (eso decían quienes le envidiaban o le temían). Lo cierto es que escribía compulsivamente ataviado en un overol de obrero, lo hacía a mano y a máquina de escribir de molde pequeño. No le gustaban las computadoras. Detestaba la tecnología de la máquina y los beneficios de la modernidad.
Había puesto un letrero en la puerta de su casa que decía “Prohibido el paso”, de tal modo que si alguien se atrevía a pasar el cerco sacaba su escopeta, (su herencia de cuando fue militar) y disparaba a mansalva. Todos los días se escuchaban tiros al aire, lo hacía por si acaso. Muchos le tenían miedo y cuando tenían que pasar por el frontis de la casa lo hacían rápidamente, tratando de no detenerse por ningún motivo para evitar cualquier confusión.
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Durante cuatro décadas no permitió ninguna entrevista ni presencia periodística (no aguantaba a los académicos, por ello no duró mucho tiempo en la universidad); no obstante, llamaba continuamente por teléfono a las más guapas presentadoras de televisión para preguntarles si habían leído Catcher in The Rye (la novela que habla de un joven rebelde que rechazaba el mundo “falso” y patético de los adultos). Acosaba a las señoritas locutoras con sus pocos cuentos conocidos, les recitaba fragmentos enteros de sus nuevos escritos (los que no quería mostrar al mundo, los que escondía debajo del colchón o dentro del ropero). Intentaba seducirlas. Varias modelos lo denunciaron y lo acusaron de maniático.
Su hija en un libro titulado Catcher in the dreams dijo que Salinger tenía secuestrada a su madre, se tomaba su propia orina y no comía carne (pero cuando le invitaban cordero sólo aceptaba si se cocinaba a 150 grados centígrados, ni más ni menos). Demandó legalmente a varios escritores tramposos y bestselleros que intentaron continuar con la historia de Holden Caulfield, pero nunca se presentó en ningún juicio. Estaba al tanto de todo, aun así no daba la cara. Siempre miraba con el ceño fruncido por el ojo mágico de la puerta. Se escondía detrás de las cortinas y observaba al mundo desde su claustro. Quería que lo dejaran vivir lejos de flashes y las preguntas, lejos de ese mundo secular que tanto odiaba. Sus familiares más cercanos dicen que Salinger escribió durante años y sin parar; lo hacía por placer, no le interesaba la fama, ni demostrarle a nadie su verdadero talento. Benedetti dijo de Salinger que "ni se droga ni se escapa; es un atrincherado, pero no un evadido". El gran Faulkner dijo que "Catcher in the Rye es la obra maestra de su generación".
Hace poco, mientras caminaba dentro de su encierro voluntario, tropezó y se cayó rompiéndose la cadera, desde ese instante su salud entró en deterioro (había vivido más de 90 años como un intraterrestre, pero era fuerte como un roble), los últimos días estuvo pensando en cómo terminar una historia que trataba sobre un viejo renegón y lunático que sólo quería escribir apartado de todo sin que nadie lo perturbara, sin que nadie le tocara el hombre para decirle que ya era tarde, que era hora de dormir; hasta que su corazón solitario y cansado --ese motor de hojalata que los humanos descuidamos en las grandes tareas-- dejó de latir para siempre sobre el centeno.
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Han pasado 99 años desde que Andahuaylas diera a luz a José María Arguedas. Ahora, en su ausencia, el escritor y antropólogo es recordado por todo el valioso esfuerzo que desempeñó para incorporar la cultura indígena al curso de un país que aún vive fragmentado. Las celebraciones que realizaron diversas instituciones culturales en Perú con motivo de un aniversario más de su nacimiento recogieron una gama de perspectivas literarias, artísticas y musicales.
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Nacido el 18 de enero de 1911, Arguedas sufrió carencias afectivas desde su infancia: primero por la muerte de su madre cuando él apenas tenía 2 años, y luego por los constantes viajes que realizaba su padre, un juez de litigios, que lo dejaba a merced de sus infames madrastra y hermanastro. En ese periodo de maltratos, su único consuelo fue la amable compañía de los sirvientes indígenas de la hacienda ayacuchana donde vivía, por lo que asumiría una identidad cercana a la suya –aprendiendo su lengua, sus valores y sus creencias– que luego reivindicaría a través de sus más importantes obras como son Los ríos profundos o Todas las sangres, además de cumplir una abnegada labor de conservación de la tradición andina.
En Lima, los agasajos fueron múltiples. El lunes, fecha central del aniversario, la institución educativa Aduni inauguró una exposición bibliográfica que fue acompañada por la proyección del documental “Arguedas: Hermano compañero, compañero de sangre”, del cineasta nacional Rómulo Ruiz Bravo.
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En Lima, los agasajos fueron múltiples. El lunes, fecha central del aniversario, la institución educativa Aduni inauguró una exposición bibliográfica que fue acompañada por la proyección del documental “Arguedas: Hermano compañero, compañero de sangre”, del cineasta nacional Rómulo Ruiz Bravo.
Para el miércoles 20 a las 3 pm, en el Congreso peruano el escritor Elías Rengifo analizó a través de una charla la trascendencia del pensamiento y vigencia de quien es considerado uno de los intelectuales peruanos más importantes del siglo XX. Y en la Derrama Magisterial se desarrolló a las 7:15 pm la mesa redonda “Cerros y arenales Arguedianos” entre Wilfredo Kapsoli y Vicente Otta, acto al que seguirá un marco musical en el que destacan Margot Palomino, Doly Príncipe, Germán Fuertes, entre otros exponentes.
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La Universidad San Marcos le rendió homenaje a su ilustre estudiante a través de una jornada artística en la que además de la presentación del documental “José María Arguedas” –que dio inicio a un conversatorio entre la musicóloga Chalena Vásquez y el escritor Julián Pérez– se presentó un nutrido grupo de artistas folclóricos. Además no faltaron danzantes de tijera, sikuris y conjuntos tradicionales. Ese mismo día el grupo de rock quechua Uchpa ofreció un concierto a las 7 pm en la sede de la Av. Bolivia de Aduni, en el que –muy a su estilo– interpretó temas como “Lorochay” y “Saruykuy”, que fueran alguna vez entonados por el maestro Arguedas.
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Andahuaylas, tierra natal del escritor, también se sumó a las celebraciones por Arguedas, inaugurando el Museo “Todas las sangres” en el municipio de San Jerónimo. Este cuenta con un local acondicionado para una sala de exposición permanente y una galería de exposiciones itinerantes, además de una valiosa pinacoteca en la que Antonio Galindo ha reunido arte de “todas las sangres”, gracias al esfuerzo y la colaboración de numerosos artistas e intelectuales de todo el país.
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Vinculado en los años 60 al grupo Narración, Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) publicó “El viejo saurio se retira”, temprana novela a la que siguió un largo silencio hasta el campanazo de “La violencia del tiempo”, que lo colocó en primera fila en las letras peruanas. El diálogo que sigue parte de “Las confesiones de Tamara Fiol”, su más reciente novela, para abordar temas literarios y políticos.
por Federico Cárdenas
¿Tu protagonista, Tamara Fiol, parte de un modelo real?
–Sí, una mujer extraordinaria a la que conocí y que figura también en otra novela. Muchos la admiraban, pero también se decía que tenía una historia complicada con un sujeto que había sido también de izquierda y que luego de un proceso largo había terminado en el campo opuesto. Me preguntaba cómo habría sido esta relación.
–¿Y la idea de los largos diálogos telefónicos entre Morgan –el periodista norteamericano que indaga sobre ella– y Tamara?
–Así era como conversaba con esta amiga. Mientras vivió, me sentía inhibido de tomarla como personaje, pero ella falleció y a las pocas semanas sentí que podía comenzar la novela, contando libremente su historia. Subrayo lo de libremente porque he cambiado muchísimo y la historia es en gran parte una invención.
–¿Morgan Batres en este sentido sería un alter ego, una máscara que tomas como autor?
–Así me lo han dicho, y es verdad que hay elementos autobiográficos, como la prótesis en la cadera que luego tendrá el personaje, algo que me pasó mientras escribía el libro. Me parecía literariamente interesante que la historia fuera vista desde una mirada extranjera, alguien que no está tan involucrado, de modo que su lectura de los hechos no sea prejuiciosa. De otro lado, en mi narrativa siempre ha habido una vinculación entre lo regional, lo nacional y lo cosmopolita y en este sentido me interesaba vincular la violencia interna del país con aquella existente en el mundo. Es también la razón para hacer de Batres un reportero de guerra. Pero en él, más que rasgos míos, hay rasgos de lo que en diversos momentos quise ser.
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–¿Y Raúl Arancibia? ¿Es el más inventado de los personajes?
–No, parte también de un modelo real, aunque suma trayectorias de diversos personajes de izquierda, que del Apra pasan al comunismo y acaban de fujimoristas. En algún momento se le compara con Ravínez, pero creo que este último era superior, pues alguna motivación moral y política debió quedarle.
–¿Tamara y Arancibia te permiten hacer la historia de las dos vertientes de la izquierda en el siglo XX, la socialista y la aprista?
–Claro, el tratar de reconstruir el pasado familiar de ambos me sirve para hacer una crónica de las luchas de la izquierda a lo largo del siglo XX, empezando con el anarquismo, al que pertenece el abuelo de Tamara.
–Hay un pasaje de la novela sobre esos momentos en que el odio y la violencia homicida se apoderan del país. ¿La última parte del siglo XX, con la guerra interna, queda comprendida en esta descripción?
–Sí. No hay que olvidar que Batres llega al Perú para efectuar una investigación sobre las mujeres de SL. Y queda insatisfecho, pues estas mujeres tienen blindada su conciencia y no revelan nada de su intimidad o de sus dudas. Es por esto que él acude a Tamara Fiol, otra luchadora, para remontar en el origen de la violencia. En la novela no oculto la violencia de SL. Parto de la idea de que un escritor que trata esos temas debe ser ante todo novelista y dejar de lado sus simpatías o pasiones políticas. He procurado por ello que mi novela –y en general mi obra literaria– no sea ni apología ni panfleto. A mí nunca me ha interesado la política coyuntural. Me interesa la política como tema literario, como pasión y búsqueda del poder, algo que puede ser tan intenso como la pasión amorosa. La afirmación del yo encuentra a veces un cauce a través de la pasión política, que abarca el sueño o la fantasía de llegar al poder y transformar las cosas.
–¿Nunca intentaste retomar “Matavilela”, esa novela juvenil de la que se llegó a publicar un capítulo?
–Creo que lo he hecho con Tamara Fiol. Cuando intenté “Matavilela” tenía detrás un modelo extraordinario, la novela “Estados Unidos de Norteamérica” de John Dos Passos, pero tenía 25 años y no estaba preparado para un proyecto así. Quería contar la vida de 10 personajes nacidos entre 1930 y 1940 en distintos lugares del país y en diferentes clases sociales y el modo como la política entra en algún momento a sus existencias. Llegué a escribir 29 páginas y luego no pude seguir, “Confesiones de Tamara Fiol” realiza en pequeño lo que pensaba hacer.
–¿Y tu visión de la bohemia limeña? En la novela hay una visión muy exacta de lo que fueron los años 50.
–La trabajé mucho. Estoy ligado más bien a la bohemia de los años 60, pero he tenido amigos mayores que me han contado mucho. Llegué a Lima a fines de los 50 y algo alcancé, pero el resto es reconstruido. Esos recorridos por la Plaza San Martín, la Plaza de Armas. He querido restituir la geografía exacta de unos años que quienes los vivieron consideraban felices. La Musa y el Pianista son dos personajes que también cuentan con modelos reales y que me permiten dar el aroma de esas noches.
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–Tu polémico libro sobre la generación del 50 fue reeditado hace unos años y hacías ver en un breve texto que solo habías cambiado un par de adjetivos. ¿Tu visión de esa generación sigue siendo tan crítica?
–Creo que hay que tener en cuenta en qué condiciones se escribió el libro, en una época muy difícil para mí. No lo digo como justificación, pues creo que en el libro trazo una diferencia entre la obra creativa de todos ellos –algunos de los cuales han sido mis maestros y hermanos mayores– y su conducta personal. No es una cuestión ideológica, porque siempre pensé que cada uno tenía derecho a pensar como quisiera. Muchos se enojaron porque toqué a algunos autores que eran insospechables y que incluso representaban a la izquierda, y debo confesar que las más difíciles para mí fueron las páginas sobre Ribeyro, a quien admiro mucho. Sin embargo, puede verse que en el libro le dedico un largo capítulo como narrador, lo que quiere decir que no cuestiono para nada su literatura, sino su inconsecuencia.
–También ubicas como figura mayor a Jorge Eduardo Eielson...
–Sí, y hubo amigos que me dijeron que por qué, siendo yo socialista, no exaltaba a Romualdo, Rose, Scorza u otras figuras. Pero para mí el esplendor poético de Eielson, y su sentimiento desgarrado son incomparables. Se le acusó de esteticista, lo que me parece un gran error. Eielson tiene un lenguaje maravilloso. Agregaré que lo mismo me dijeron de Vargas Llosa. Pero que esté en desacuerdo con su posición ideológica no impide que lo reconozca como un gran novelista y un intelectual perturbador. Mi gran desacuerdo con “La utopía arcaica” no impidió que leyera el libro en una noche. Volviendo a la Generación del 50, diré que me parece admirable en su conjunto, e incluso superior a la de Basadre y Raúl Porras, que puso la agenda del siglo XX. Pero, los del 50 son más completos: tienen ocho o diez poetas de primera línea, muy buenos narradores, historiadores y artistas.
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– ¿Qué se puede rescatar del Apra?
–Ante todo no creo que, como se viene sosteniendo en los últimos tiempos –con la lamentable participación de sectores de la izquierda– que Mariátegui y Haya de la Torre sean figuras equiparables. No, son personajes profundamente diferentes en lo ideológico, político, moral y humano. El objetivo estratégico por el que Haya fundó el Apra, esto es, oponerse al cambio revolucionario socialista, se ha mantenido en su ya larga historia. Por supuesto ha habido cambios de piel de carácter contingente, coyuntural y oportunista. Por lo demás, el sectarismo, la violencia bufalesca, los dobles discursos, el maquiavelismo, la demagogia, el cinismo, que practican sus actuales dirigentes, empezando por García, constituyen el legado pedagógico de Haya. En mi novela rescato a los militantes de base que sacrificaron sus vidas por una doctrina cuyo verdadero sentido ocultaban la retórica y la demagogia populista. Un caso radical, casi trágico, fue el acto de aquel perturbado joven que cumpliendo directivas acaso subliminales asesinó a los esposos Miró Quesada, quien después en la cárcel, como un apestado, fue abandonado a su suerte. También destaco la figura de Antenor Orrego por el papel que desempeñó en los años formativos de Vallejo y después del adolescente Ciro Alegría, aunque con los años el primero se hizo comunista y Ciro terminó renunciando al Apra. Los últimos intelectuales de valía que estuvieron ligados al Apra, como partidarios y simpatizantes (Valcárcel, Rose, Bendezú, Scorza), pertenecieron a la Generación del 50 y todos rompieron con el Apra, o bien fundaron el Apra Rebelde y luego el MIR. Desde entonces el Apra es un páramo desolado en el campo de la intelectualidad, el arte y la literatura.
La República. Lima-Perú.
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por Eloy Jáuregui. La República. Lima 2009
Los muertos cada vez escriben mejor. Eso ocurre con Julio Ramón, Bolaño y Cabrera Infante. ¿Y los de voz inmortal? Gardel, Lavoe, Infante, cantan también, de manera desenfrenada, pero de la penitenciaría de sus discos no salen. Del otro Infante difunto, no sé. “Cabrera Infante sabía que moría y escribió un texto que revisaba toda su obra”, cuenta su viuda, musa y factótum de “La ninfa inconstante”, novela póstuma del cubano, la ballerina Miriam Gómez. Temo decir que ‘lo dudo’, como entonaran Los Panchos.
De Julio Ramón Ribeyro acabo de ver publicado un cuento inédito, “Surf”, dizque de 1994 en los dos tomos de “La Palabra del mudo” que acaba de publicar Seix Barral y que en la Feria Ricardo Palma vale un ojo y, felizmente te queda el otro, para leerlo. ¿Dónde estaba ese cuento? ¿Lo escribió él? ¿Lo encontró Alida Cordero, su viuda? No dudo de su autenticidad, dudo como Los Panchos.
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Lo de Roberto Bolaño sí es sorprendente, han aparecido novelas descomunales y cuyas ediciones ha manejado con dedos de hierro Carolina López, la viuda del escritor chileno muerto el 15 de julio de 2003, e Ignacio Echevarría, quien encontró en la computadora de Bolaño decenas de archivos ordenados como cajas chinas, cuentos, luego hechos novelas y también poemas en prosa que hablan de ese furor por una textualización insondable y anchurosa.
No soy suspicaz, pero estos descubrimientos siempre me parecieron digno de sospecha, que la flamante novela “El Tercer Reich” de Bolaño fuese anunciada por el agente Andrew Wylie sin que su editor Jorge Herralde, del sello Anagrama, sepa del asunto, ya parece extraño. Pero Wylie tenía lo suyo. Anunciaba también que estaba en su poder otras dos novelas de Bolaño, “Diorama” y “Los sinsabores del verdadero policía o Asesinos de Sonora”. A ver, vamos por partes y cucharadas. Que un agente descubra novelas de un escritor muerto no es nuevo. Conozco más bien el caso de un ‘vivo’ como Paulo Coelho, que maneja una fábrica de literatura vaporosa y que crea un lector ligero y una lectora etérea que lee sus libros como quien se baña sin mojarse el cabello después de un buen polvo con el otro.
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Bolaño escribía a mano –eso lo sabíamos cuando nos enviaba cartas desde México, Girona o Blanes. Luego trasladaba sus textos corrigiendo a máquina mecánica. Recién en 1995 pudo comprarse una computadora de segunda y, según su esposa Carolina, antes de morir pudo digitalizar apenas 60 ‘pantallazos’ de las más o menos 350 cuartillas mecanografiadas. No soy matemático, apenas poeta, pero de 60 ‘pantallazos’ no puedes parir 5 libros de más de 300 páginas.
Igual sucede con Cabrera Infante. He terminado de leer su novela póstuma “La ninfa inconstante” (Galaxia Gutenberg, 2008). Nada que ver con la monumental “Tres Tristes Tigres” (1967) o “La Habana para un infante difunto” (1979). El libro póstumo es un remedo adefesiero. Ingeniería de editores, lucro de libreros, negocio de viudas. Esa apropiación habla de un acto inmoral. Conocí a Georgette Vallejo y conozco a Sybila Arredondo de Arguedas. Ellas defendieron las obras de sus esposos a dentelladas. Jamás descubrieron libros debajo de la cama. Cierto, mujeres de maestros. Y ese honor es puro amor.
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El movimiento Hora Zero apareció en 1970 con una propuesta poética radical y renovadora. Casi cuarenta años después, sus mayores exponentes se reunieron la semana pasada para la presentación de Hora Zero. Los broches mayores del sonido, una antología compilada por Tulio Mora. Fue un recital cargado de remembranzas y reafirmaciones. Hoy los poetas peinan canas, pero siguen siendo los mismos irreverentes que alguna vez patearon la puerta del círculo oficial de la cultura peruana.
por Ghiovani Hinojosa. La República. Lima-Perú.
Un cholo calato en el Rímac. Eso sería –si fuera una persona– el movimiento Hora Zero. Lo dice orondo el poeta Tulio Mora, el primero en llegar a este festín de rebeldía otoñal. Son las cinco de la tarde y el escritor cuya imponente voz retumbaba antaño luce hoy un inofensivo cabello cano. Pero el tiempo solo apacigua la apariencia: “Rodolfo Hinostroza afirmaba en los 60 que no es lo mismo un griego desnudo mirando el río Támesis que un cholo calato en el Rímac. Nosotros quisimos ser el cholo calato en el Rímac”, relata con cierto tono incendiario.
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El hall de la Biblioteca Nacional, en San Borja, es el escenario del reencuentro de esta generación. Uno a uno, van trayendo sus pasos, aletargados por los años, los cultores de la ‘poesía integral’, ese concepto estético según el cual no hay que despreciar las palabras cotidianas y los adagios populares, sino más bien ubicarlos como los cimientos de un arte que conmueva al hombre común. Los abrazos solo pueden ser efusivos, como aquel con el que Sergio Castillo recibe a Jorge Pimentel, el respetado jefe de este clan de veteranos. Los poetas horazerianos interrumpen las emotivas reverencias para comprobar sorprendidos que Pimentel sigue siendo el ‘dandy’ del grupo: lo sugieren su estilo zalamero de andar, su terno pulcro y apretujado y su chalina ploma alrededor del cuello como una boa en celo.
Enrique Verástegui, el poeta que a los 19 años derretía a las chicas con los versos de ‘Datzibao’ (“me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en / tus ojos y amé todas tus cosas / y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas preguntas y cuestiones”), prefiere excluirse del tumulto y depositar su cuerpo errante en un confortable sillón rojo. Se reclina hacia atrás y juega como un niño con sus pies entrelazados. “Algunos críticos te consideran una voz aparte dentro de Hora Zero”, lo interrumpo. Se reincorpora velozmente y comenta esta afirmación con una dicción realmente confusa: “Yo los veía como un grupo de chiquillos que querían hacer cosas, veo en ellos la metáfora del avance cultural del Perú. En realidad yo era un outsider dentro de ese movimiento. Guardo con ellos una estrecha amistad”.
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Verástegui aún recuerda cuando, de la mano con su pequeña hija, repartía panfletos con los manifiestos de Hora Zero Internacional en el cabaret Moulin Rouge, en el centro de París. Era fines de los 70 y él –y su entonces pareja, la poeta Carmen Ollé– trataban de convencer a los extranjeros de las bondades de la nueva poesía latinoamericana. Jacques Chirac, quien por esos años era el alcalde de la capital francesa, no tuvo ningún reparo en llamarlos “revolucionarios de café”. Eso –como dicen los mexicanos– les valía madre a los militantes de Hora Zero. Todo rechazo, toda exclusión, todo insulto, era tomado en este colectivo de artistas como un premio a su rebeldía.
Ahora, en medio de palmadas y fraseos susurrantes, los poetas de esa generación vuelven a ser el centro de flashes y cámaras de video. Posan sonrientes, con la tranquilidad de quien sabe que su principal misión en el mundo ha sido cumplida con creces. La función está por empezar, así que todos los practicantes del verso bello y coloquial se reúnen en las escaleras subterráneas que dan al auditorio de la biblioteca. La ilusión de un recital palpita en sus corazones como hace cuatro décadas.
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Todos los Hora Zero. Eloy Jáuregui, Miguel Burga, Fernando Obregón, Enrique Verástegui, Maynor Freyre, Alberto "Cholín" Escalante, Jorge Espinoza Sánchez (editor del libro), Ángel Garrido Espinoza, Tulio Mora, Jorge Pimentel, Carlos Alberto Ostolaza, Abel Herrera, Paco Guzmán, Paul Guillén y Óscar Orellana en Barranco |
“La poesía en el Perú después de Vallejo solo ha sido un hábil remedo, trasplante de otras literaturas (…). Ellos no escribieron nada auténtico, no emprendieron ninguna investigación, no descubrieron ni renovaron nada”. Estas acusaciones fulminantes corresponden a “Palabras urgentes”, el primer manifiesto del grupo Hora Zero, publicado en 1970 como parte del primer número de la revista del mismo nombre. Se trató de un pasquín hecho con un mimeógrafo –legendaria y rudimentaria impresora– por los entusiastas alumnos de Letras de la Universidad Federico Villarreal Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz. Ambos despotricaban contra la poética peruana tradicional, a la que consideraban elitista y purista. Salvo Vallejo –afirmaban–, los poetas habían permanecido apartados de la realidad de las calles. Acusaban a quienes creían que escribir era un ejercicio meramente estético y mágico –Jorge Eduardo Eielson y Javier Sologuren– y exigían que cada letra tenga un sentido social.
No ocultaban su componente ideológico marxista y su adhesión a la Revolución Cubana. Sus recitales solían estar impregnados de arengas contra el imperialismo yanqui. En realidad, el sueño socialista era entonces el ideal dominante en las universidades peruanas. No solo Cuba llevaba más de una década de oposición contra el sistema capitalista, sino que en el país el general Juan Velasco Alvarado ya había iniciado una ola de estatizaciones y reformas de corte nacionalista. De algún modo, Hora Zero era una suerte de partido político: servía como tribuna para poetas de izquierda, pero también para voces que celebraban la vida con simpleza.
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“Dejémonos de formalismos, acá todos somos poetas”, grita Eloy Jáuregui como si no tuviera un micrófono al frente e inaugura así esta noche de poemas. El auditorio está casi repleto y este maestro de ceremonias deslenguado tiene un ejemplar de “Hora Zero. Los broches mayores del sonido” en las manos. Lo agita como si quisiera dejar en evidencia el peso considerable de esta antología de 630 páginas, y agrega con cachacienta finura: “Esto y la Biblia. Punto”. Aplausos.
Los poetas desfilan por el estrado leyendo sus mejores versos. Pasan José Carlos Rodríguez, Sergio Castillo y Yulino Dávila. César Gamarra sorprende con unos maullidos onomatopéyicos que envuelven al auditorio en un ambiente selvático. Miguel Burga –el narrador de Hora Zero– es interrumpido por un achorado Eloy que no le deja terminar la lectura de su cuento “Piel de globo”. Burga, insistente, no deja el escenario. El aire desafiante es horazeriano.
El broche de oro lo hace Jorge Pimentel. Su lírica potente seduce a los asistentes y los versos de “Trombosis para un caballo” llegan a los oídos como pullazos de palabras. El hipnotizante movimiento pendular de sus brazos –que operan como el metrónomo de su ritmo– acompaña este jolgorio del verbo. Hora Zero revolucionó la poesía peruana con un aire fresco y contestatario. Todo esto se ve esta noche.
LOS MUCHACHOS
Pregúntale a los muchachos, pregúntale:
ellos saben que los días no perdonan,
ellos conocen que en cualquier hora
cae una jaula dentro del cuerpo
que después incluso la respiración propaga…
Pregúntale a los muchachos, pregúntale:
ellos saben que no se puede salir de la tierra
y que no es castigo
sino el perfume de un milagro inacabable
Ellos (como debe ser) son fuertes
porque la naturaleza los jala al amor puro,
al amor puro posado sobre el suelo
como una piedra blanca
o un pájaro cordial recién llegado.
Pregúntale a los muchachos a dónde llegarán,
quiénes están viajando y qué encontrarán
los que están buscando.
Pregúntale qué color tiene la explosión,
qué sabor el trago de incendios.
Y dónde están ahora los 36 kilómetros de vía férrea
que la dinamita, de la Cordillera Negra, separó.
Pregúntale no qué agua rasguña la sed colosal,
sino qué álgebras no mostrarán al firmamento
los nuevos valles que vienen apurados.
Pregúntale lo que harán los niños
con las lunas arrugadas
y con los luceros recogidos por el pensamiento
detrás y lejos de la carne de los sueños…
Pregúntale a los muchachos
Pregúntale a los muchachos…
Juan Ramírez Ruiz (1946-2007)
SI TIENES UN AMIGO QUE TOCA TAMBOR
Si tienes un amigo que toca tambor
cuídalo, es más que un consejo, cuídalo.
Porque ahora ya nadie toca tambor,
más aún, ya nadie tiene un amigo.
Cuídalo entonces,
que ese amigo guardará tu casa.
Pero no lo dejes con tu mujer, recuerda
que es tu mujer y no la de tu amigo.
Si sigues este consejo, vivirás
mucho tiempo. Y tendrás tu mujer
y un amigo que toca tambor.
Manuel Morales
(Iquitos 1943 – Porto Alegre 2007)
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Claude Lévi-Strauss nació en Bruselas el 28 de noviembre de 1908, hijo de padres judíos franceses de origen alsaciano. Realizó sus estudios en París, en los liceos Janson de Sailly y Condorcet. Estudió derecho y filosofía en la Sorbona. No continuó sus estudios de derecho, sólo los de filosofía en 1931. Después de trabajar unos pocos años de docencia en enseñanza secundaria, aceptó una oferta de última hora para ser parte de la misión cultural francesa en Brasil, país al que serviría como profesor visitante en la Universida de Sao Paolo.
Vivió en Brasil desde 1935 a 1939, y allí llevó a cabo su primer trabajo de campo etnográfico, dirigiendo exploraciones periódicas en el Mato Grosso y la selva tropical amazónica. Ésta fue la experiencia que cimentó su identidad como profesional de la antropología. Volvió a Francia en la víspera de la Segunda Guerra Mundial y fue movilizado de 1939 a 1940 al estallar ésta. Después del armisticio se trasladó a EEUU, donde impartió clases en la Nueva Escuela de Investigaciones Sociales de Nueva York. En esta ciudad conoció y trató al lingüista Roman Jakobson, cuya obra fue fundamental para la evolución de sus ideas.
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Llamado a Francia en 1944 por el Ministerio de Asuntos Exteriores, regresó a Estados Unidos en 1945. Tras un breve paso por la embajada francesa en Washington como agrehado cultural (1946–1947), regresó a París para doctorarse en la Sorbona tras presentar tesina y tesis doctoral (1948): La vida familiar y social de los indios Nambikwara y Las estructuras elementales de parentesco. La primera obra fue publicada al siguiente año, e instantáneamente reconocida como una de las más importantes de la antropología, con una crítica favorable de Simone de Beauvoir, que la vio como un importante estudio de la posición de la mujer en las culturas no occidentales.
Su obra, con título análogo a la famosa Las formas elementales de la vida religiosa, de Émile Durkheim, Las estructuras elementales del parentesco, reexaminó cómo las personas organizaban sus familias en un trabajo muy técnico y complejo. Mientras antropólogos británicos tales como Alfred Reginald Radcliffe-Brown sostenían que los parentescos estaban basados en la ascendencia de un ancestro común, Lévi-Strauss pensaba que estos parentescos tenían más que ver con la «alianza» entre dos familias, cuando la mujer de un grupo se casaba con el hombre de otro. A diferencia de Radcliffe-Brown, quien consideraba a la familia nuclear como la unidad del sistema de parentesco, Lévi-Strauss pensaba que no era la familia nuclear la unidad, sino la relación entre dos familias, es decir, la alianza que se produce entre dos familias cuando un hombre entrega a su hermana a cambio de otra mujer.
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Entre 1940 y principios de 1950, Lévi-Strauss continuó publicando y cosechó éxitos considerables. Con su regreso a Francia, se implicó en la administración del CNRS y el Museo del Hombre, antes de llegar a ocupar un puesto en la École Pratique des hautes Études.
Siendo Lévi-Strauss ya conocido en los círculos académicos, en 1955 publicó Tristes trópicos. Este libro era esencialmente un viaje novelado, sobre sus expediciones etnográficas en Brasil entre 1935 y 1939. En él hizo un uso exquisito de la prosa, la filosofía y el análisis etnográfico, hasta lograr una obra maestra. Los organizadores del Premio Goncourt, de hecho, lamentaron no estar capacitados para premiarlo, porque Tristes trópicos era técnicamente un relato de no ficción.
El pensamiento salvaje, de 1962, supuso una verdadera conmoción en las ciencias humanas, por su reconocimiento del trabajo mental del mal llamado «primitivo», por su defensa de una ciencia del neolítico, heredera además ya de una tradición investigadora anterior, que conseguía clasificaciones de toda la realidad natural (y social) mediante el uso de 'propiedades sensibles', de procedimientos analíticos no tan alejados de su objeto como hará la ciencia moderna.
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Los cuatro tomos de sus Mitológicas (1964–1971) constituyen una de las obras más decisivas y originales de la antropología del siglo XX, con su acercamiento singular a la mitología americana; analiza en ellas los «mitemas» o elementos significativos de miles de éstos por medio de todo tipo de oposiciones (alto/bajo, crudo/cocido, seco/húmedo, etc.).
En 2008, al cumplir los cien años, apareció una selección de su obra en la colección de La Pléiade, que está dedicada habitualmente a ciertos escritores consagrados. En ella se recogían asimismo piezas inéditas. Las aportaciones más decisivas del trabajo de Lévi-Strauss se pueden resumir en tres grandes temas: la teoría de la alianza, los procesos mentales del conocimiento humano y la estructura de los mitos.
Falleció en París el viernes 30 de octubre de 2009.
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El pasado 4 de noviembre se cumplieron 100 años del nacimiento del escritor peruano Ciro Alegría. En algunos periódicos aparecieron escuetas notas sobre la obra de este gran escritor. Los escritores denominados “representantes de la literatura peruana” no han dicho nada. Los críticos que exaltan las bondades de los dizque nuevos escritores peruanos (reducidos a un grupo contado con las manos) ni se han enterado de dicho acontecimiento. Los otros escritores y los otros blogeros han dado cuenta de la importancia de este escritor cuya novela principal El mundo es ancho y ajeno, ha sido traducida a 48 idiomas y publicada en 70 países. Récord que ya quisieran ciertos escritores mediáticos.
por Carlos Villanes Cairo. Madrid.
Escrita cuando tenía 31 años, en el exilio, tuberculoso y sin trabajo fijo, El mundo es ancho y ajeno es la obra más importante de Ciro Alegría (Marcabal, 1909 - Lima, 1967), y, a juicio de muchos, la mayor novela peruana de todos los tiempos. Con ella ganó el Premio Latinoamericano de Novela Farrar & Rinehart (1941), en Nueva York, con un jurado presidido por John Dos Passos.
Traducida y publicada en 48 idiomas y en 70 países, es la novela peruana más difundida en lengua castellana. Publicada por 20 editoriales españolas y desde los años 60, en que salió por primera vez en el Perú, con una tirada de 100 mil ejemplares para un festival del libro, nunca ha dejado de reimprimirse en la patria de Vallejo, que fue maestro de Alegría, cuando éste era niño.
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Brillante desde el título, El mundo es ancho y ajeno, ocurre en una comunidad de la sierra del norte del Perú, convulsionada por la resistencia de sus habitantes y su sabio alcalde a la expoliación de los gamonales, el holocausto y la emigración de las víctimas.
Pero Alegría fue más allá del villorrio andino y del indigenismo. Mostró al viejo ayllu, su esplendor, agonía y tragedia. Descubrió la gran ciudad con sus penurias, sus obreros y sus sindicatos; la hacienda costeña, la aberración marginal y racista; la semiesclavitud en los plantíos de la selva; el espacio subterráneo degradado de las minas; pero sobre todo la evolución de la conciencia social de muchos de sus personajes, mágicos al iniciar el libro y definitivamente alzados contra la tiranía civil, judicial, y hegemónica de la corrupción y el poder político, creando seres memorables como Benito Castro, el Fiero Vásquez, Álvaro Amenábar, Pascuala, Nasha Suro, y en especial Rosendo Maqui, que a juicio de José Saramago se parece a don Quijote.
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Alguna crítica decimonónica, partidista y “muy moderna”, ha ejercido un soterrado silencio a esta gran novela. No así los nuevos catadores de la literatura peruana. El mundo es ancho y ajeno es para Alejandro Losada, la novela fundadora de la realidad peruana; Ricardo González Vigil y Tomás Escajadillo han visto en ella técnicas modernas de narrativa; Eduardo Urdanivia, su apego a los moldes socialistas; el español Arturo del Hoyo, renovadora y totalizante de la realidad peruana; Antonio Cornejo Polar, histórica y progresista, sin descuidar el arte; Vargas Llosa, como la primera novela clásica del Perú; la rusa Liuba Lapshiná, superando en mucho a la ideología aprista anterior a 1948; o el parisino Henry Bonnville, para señalar sus virtudes humanas y sociales, pero también que fue concebida para seducirnos con su lenguaje hechicero.
Pero además, el discurso literario de Alegría tiene 7 planos lingüísticos diferentes, la oralidad con interpolación de relatos, las particularidades ideolectales de sus personajes, los textos de corriente de conciencia, la asunción de intemporalidad, raccontos e inclusive flash-backs y la división de la novela en bloques temáticos, dan en la cara a cuantos como Emir Rodríguez Monegal, el novelista chileno José Donoso o Alfredo Bryce, quieran achacarle su falta de modernidad.
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De esta manera, la novela cumbre de Alegría se convierte en una epopeya que pese a su gran contenido social se desarrolla dentro de una admirable poética, que convierte al indio en sustancia literaria, se universaliza y crea personajes arquetípicos válidos en cualquier parte. Con toda justicia se la valora como un símbolo del hombre americano por la tierra, por su reivindicación como persona y reclamo de respeto a su cultura y, por ello, una de las obras de obligada referencia en toda la literatura iberoamericana.
Finalmente, sólo unas palabras para Rosalía Amézquita, primera esposa de Ciro Alegría, que en la desesperanza, la enfermedad y la desesperación del exilio, supo darle amor y ayuda material en los cruciales momentos cuando escribió sus 3 novelas fundamentales.
Homenajes en Lima, Cajamarca y Huamachuco
1] El Centro Cultural de la U. de San Marcos rinde homenaje al escritor andino. El crítico literario Tomás Escajadillo abordará el original y polémico tema: “Rumi: ¿existió o no existió?”. El acto académico tendrá lugar en el Salón General del C.C. de San Marcos (Av. Nicolás de Piérola 1222, Parque Universitario), 7:00 p.m. Libre.
2] En Cajamarca. A partir de hoy, que es la inauguración, hasta el 7 de noviembre en Cajamarca, setenta escritores del Perú coincidirán en el IV Encuentro de Narradores Peruanos “Ciro Alegría”. En realidad, se trata de un homenaje al autor de El mundo es ancho y ajeno. El encuentro contará con la presencia de Dora Varona, viuda del escritor. Esta cita ha sido organizada por la Universidad de Cajamarca, el gobierno regional de Cajamarca y la minera Yanacocha.
3) Del 28 al 31 de octubre en Huamachuco el Gremio de Escritores del Perú realizó rindió homenaje a Ciro Alegría en el marco del VIII Encuentro Nacional de Escriteres “Manuel Jesús Baquerizo”.
http://centenariociroalegria.blogspot.com/ http://www.cajamarcaopina.com/home/content/view/8977/2/ http://terraignea.blogspot.com/2009/10/viii-encuentro-nacional-de-escritores.html http://gremiodeescritoresdelperu.jimdo.com/blog/
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Profesor Américo Ferrari en Ginebra. |
por Nilo Tomaylla
Aunque sus apellidos evoquen el norte y el sur de Italia. El es peruano, limeño como la mazamorra morada, más exactamente de orígenes huachanos. Es uno de los poetas vivos más importantes de esa generación, llamada del 50. Su trayectoria está ligada a varios destinos que son caros al Perú y al mundo. Citemos: César Vallejo, César Moro, José A. Valente, Georgette Vallejo. Las casas donde dejó sus enseñanzas como La Sorbona de Paris, la universidades de Barcelona, de Sevilla y finalmente la de Ginebra donde se jubiló ha muchos años de hoy. Traductor del poeta alemán Novalis.
El tiene 80 años y los pelos blancos.
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W. Lingán, Americo Ferrari y Rodrigo Díaz en Ginebra. 2009. |
El Consulado Peruano, La universidad y la librería Albatros de Ginebra haciendo un esfuerzo rindieron emotivo homenaje a este gran escritor. El profesor Jenaro Talens, catedrático de la facultad de letras, al comentar el último libro de Ferrari, Pavesas, editorial Albatros, 2009, dijo del poeta que por su trabajo poético era uno de los más altos representantes de la poesía española (en el sentido de un mapa lingüístico), por una escritura incólume de los accidentes ideológicos o libre de corrientes estéticas.
Sin embargo hay que señalar que su exilio a lo largo de estos años se debió a que dejó la patria peruana, casi a empellones, luego del segundo encierro carcelario que sufrió durante la época del dictador Manuel Odría. En aquellos años los jóvenes apristas soñaban cambiar los destinos del país. La mejor comunión con Américo Ferrari, por este 12 de octubre, fecha de su nacimiento, es abrir al azar su último libro y deleitarnos con dos poemas. Uno donde plasma la ironía metafísica, muy característica de sus libros. O el otro de fondo otoñal que nos muestra que el gran camino del hombre termina siempre en un buen crepúsculo.
DOLORES el dolor de cabeza -cosa de este mundo- mortifica un poco el dolor sin cabeza -cosa de otro mundo- mortifica más.
CAMINO al fin uno se irá caminando sin prisa como para no llegar adonde nada es. |
Claro, nuestro deseo es que Américo Ferrari siga produciendo todavía muchos más versos. ¡Salud poeta!
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El poeta mexicano J.E. Pacheco |
por PABLO ORDAZ. 10/10/2009 Babelia. El País
José Emilio Pacheco repasa su proceso creativo, y su exigencia lo lleva a compartir la afirmación: "En la poesía, lo que no es excelente es despreciable". El escritor mexicano publica un nuevo poemario, "La edad de las tinieblas". El 17 de noviembre recibirá en Madrid el XVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
Hay una voz que emociona a los jóvenes mexicanos. Es la de un hombre de 70 años que conoció a Octavio Paz, a Luis Cernuda, a Vicente Aleixandre, a Max Aub, a Jorge Luis Borges. Hay un poema de 1967 que emociona a todas las generaciones de mexicanos. Se llama Alta Traición y dice así: "No amo mi patria. / Su fulgor abstracto / es inasible. / Pero (aunque suene mal) / daría la vida / por diez lugares suyos, / cierta gente, / puertos, bosques de pinos, fortalezas, / una ciudad deshecha, gris, monstruosa, / varias figuras de su historia, montañas / -y tres o cuatro ríos". La voz y el poema pertenecen a José Emilio Pacheco, pero más allá de lo extenso de su obra, de la importancia de los premios recibidos, lo que inspira la vida y la obra del último premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana se resume en una frase que intercala en la conversación: "Es muy curioso todo". Y es en la manera gozosa en que lo dice, en el deseo inagotable de aprender y en su forma de transmitir lo que sabe, siempre como un regalo, nunca como una lección, donde está el alma de José Emilio Pacheco, su conexión tan íntima con lo mejor de México.
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-Qué casa más bonita.
-La queremos mucho.
La cita es a las nueve de la mañana, en su casa, para desayunar. José Emilio Pacheco estrecha la mano del periodista y en ese momento, fin del verano, ciudad de México, colonia de La Condesa, dos temores se sientan frente a frente. El del poeta a las entrevistas. El del periodista ante un sabio que odia las entrevistas. Después de un primer café de tanteo, y ante las primeras preguntas, José Emilio Pacheco decide confesar: "¿Ves?, encendiste la grabadora y enmudecí. Hay gente que tiene el talento para hacer entrevistas, pero yo carezco absolutamente de ese talento. Después de cada entrevista, me quedo pensando: ¿por qué no le dije esto...? Debería haberle dicho aquello otro... Ten en cuenta que yo estoy acostumbrado a escribir, a ver lo que pienso. Y si no veo lo que estoy diciendo, ¿cómo puedo pensar?" Confesión por confesión, el reportero le cuenta que hasta la noche anterior no le llegó por correo electrónico su último libro, La edad de las tinieblas, que en España publica Visor.
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Y que fue abrir el archivo, empezar a leer los 50 poemas en prosa y sentir ternura con Bolotó, "el terror de las hormigas", miedo ante la mirada del insecto, "en la noche del insecto hay un minuto en que se pregunta a qué sabrá sentirse humano", nostalgia de aquella lejana tarde con aquella mujer, "nos llevamos tan bien que sin decirlo preferimos no volver a vernos...". Al apagar el ordenador, ya alta la madrugada, el periodista había desaparecido y se había convertido en uno más de sus rendidos admiradores. Cuando José Emilio Pacheco acude a alguna celebración literaria en México, los organizadores saben que habrá lleno absoluto, y que sus lectores no se conformarán con la delicia de escucharlo hablar, sino que querrán saludar al autor de Las batallas en el desierto, que se retrate con ellos, que les dedique un libro...
Cuando se pregunta aquí y allá por José Emilio Pacheco, las respuestas coinciden: "¿Lo vas a entrevistar? ¡Qué suerte! Es una persona encantadora, un sabio como los de antes. Eso sí -bajan la voz-, ten en cuenta que José Emilio Pacheco odia las entrevistas". Pacheco se disculpa: "La paradoja es que a mí me gusta mucho leer las entrevistas, pero hay veces que me preguntan: ¿y usted qué intentó reflejar con este poema...? Ah, pues yo, no sé qué responder... Prefiero que hablemos tranquilamente y luego tú escribes lo que creas más conveniente. ¿Te he ofrecido ya café? ¿Qué poema me decías que te había gustado?"
Sin duda, uno de los poemas más sobrecogedores es precisamente el que da título al libro, 'La edad de las tinieblas'. En uno de los párrafos, José Emilio Pacheco describe así un quinqué: "Me intriga pensar en lo que han dicho mis padres: en el petróleo de la lámpara flotan reducidos a esencia bosques y dinosaurios de la prehistoria. Millones de años se han necesitado para humedecer la lengüeta de jerga que convertida en mecha soporta la llama. Una campana de cristal la protege y le permite iluminarnos. En el quinqué se consumen los restos fósiles de una vida improbable. La noche huele a luz carbonizada".
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PREGUNTA. ¿Qué se siente cuando uno escribe una frase redonda, una frase definitiva como ésa? "La noche huele a luz carbonizada...".
RESPUESTA. Uno se siente muy satisfecho, sí, eso sí.
P. ¿Y cuando se percata de que un libro suyo publicado en 1981 - Las batallas en el desierto- tiene aún tanta vigencia que sigue siendo traducido, admirado por lectores de 16 años...?
R. Una gran satisfacción, sí, pero también alguna forma de humildad. Uno no tiene la intención de provocar ese efecto, es algo que tiene el texto. Porque uno siempre quisiera escribir bien y que las cosas salieran. Pero no salen...
P. ¿Es muy exigente?
R. Sí, guardo o destruyo mucho.
P. ¿Y cuándo sabe si un texto es bueno o malo?
R. Eso me costaría mucho decirlo. Tal vez uno sí tiene la intuición de lo que está bien. El problema es que es una intuición provisional, porque después de que sale el libro sigo corrigiendo... Soy un horror para los editores.
P. A propósito de los versos, usted cuenta en La edad de las tinieblas: "Los veo formarse indefensos y salir en busca de alguien que los resguarde. La inmensa mayoría les da la espalda. Cuando ellos se acercan las personas desvían la mirada y hacen como si los versos no existieran". ¿Cuándo decide que sus poemas están listos para subir al metro y vencer "la hostilidad, el desprecio o cuando menos la indiferencia de los pasajeros"?
R. No hay ninguna regla. Podemos ver poema por poema, y te diré: "Mira, éste me costó un trabajo infinito, un trabajo de años". Y otros, en cambio, salen prácticamente de primera intención. Es muy extraño...
P. ¿Y ni siquiera la experiencia sirve?
R. Para nada, al contrario. Con 20 años piensas que tal vez un día llegues a escribir con una facilidad, con una certeza y un conocimiento... Y no, nunca. Siempre es por primera vez, siempre. Y, además, la mayoría de las cosas salen muy mal. La mayoría de los textos que haces son malísimos, para que uno te salga bien necesitas hacer 50 muy malos.
P. Tan malos no serán...
R. Sí, sí. Mayans, un neoclásico del siglo XVIII, decía: "En la poesía, lo que no es excelente es despreciable". Y tenía razón.
P. O sea, que hay pocas cosas más espantosas que un poeta malo...
R. Sí, sí, y además hay otra cosa: ya nadie admite la crítica. Eso se acabó con los cafés. Hay que acostumbrarse de nuevo a que la gente no esté de acuerdo en todo contigo, que no te diga que todo lo que escribes está bien. Porque si yo ahora le digo a alguien: oye, no me gustó... No lo acepta. Eso es impensable ahora.
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P. ¿Cómo agrupa los poemas?
R. Se van haciendo y de repente digo: aquí hay un libro, pero nunca me he propuesto escribir un libro de poesía. Ésa es una cosa muy singular que tenía Pablo Neruda. Que Pablo Neruda decía: voy a hacer un libro. Y entonces lo hacía. No iba reuniendo poemas. Por ejemplo, yo digo que Rubén Darío es un poeta de poemas, no de libros de poemas. Rubén Darío hace poemas, nunca piensa en el libro, y Neruda sí.
P. Por cierto, ¿es verdad que usted no quiso conocer a Pablo Neruda?
R. Sí, porque yo qué le iba a decir a Neruda, prefería leerlo. Me dijeron: esta noche va a estar aquí Neruda (supongo que rodeado de otras 800 personas). Y qué le iba a decir yo: buenas noches, señor Neruda, me gustan muchos sus poemas...
P. Neruda, Cernuda, Aleixandre... Los conoció a todos...
R. Los conocí a todos por cuestiones de edad. Sobre todo a la gente de los sesenta. La influencia de la literatura española en México fue muy grande. Hay que tener en cuenta que el exilio fue una catástrofe humana, pero a la vez una bendición cultural y de intercambio. Yo nazco en el 1939, y por tanto toda mi vida pasa al lado del exilio. Hay dos escritores que tuvieron mucha importancia en México: Max Aub y Vicente Aleixandre... Vicente Aleixandre escribía una carta a cualquier poeta hispanoamericano que le mandara un libro. Recibí muchas cartas de Aleixandre, pero cuando estuve en Madrid en 1968 no me atreví a ir a Velintonia. Jamás lo vi en persona. Y los libros españoles llegaban a casa de Max y uno podía leerlos. Él fue realmente un vínculo muy importante. Me da mucho gusto que ahora se le esté haciendo justicia a Max.
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P. Hasta no hace mucho era prácticamente un desconocido en España.
R. Sí, y aquí también. Es lo que suele pasar con una obra tan vasta y tan variada. De hecho, él tiene una frase muy buena: el hombre orquesta nunca alcanzará la notoriedad del solista.
P. Da la impresión a veces de que antes, en los tiempos de las cartas y los barcos, había más contacto entre las dos orillas que ahora, con el correo electrónico y el avión..., que ahora hay más distancia.
R. Sí, pero es precisamente por lo contrario. Porque hoy todo está más a la mano. ¿Cuántas veces voy yo al castillo de Chapultepec o al Museo de Antropología? ¡Nunca! Porque me quedan a unos minutos de mi casa. Si en vez de vivir aquí viniese a México de visita, estaría allí ahora mismo. Es lo que pasa también con Internet.
A José Emilio Pacheco le apasiona la riqueza del español. Se puede pasar horas hablando -y disfrutando- de las distintas maneras que tiene nuestro idioma de nombrar la misma cosa. "Yo creo que hay que respetar. ¿Por qué la gente de Santiago de Chile o de Tegucigalpa va a hablar como yo? No tiene ninguna razón. El castellano es de Castilla, pero en México hablamos español porque está hecho de todas las Españas. Camilo José Cela y Francisco Umbral o Miguel Delibes escriben en castellano, pero yo no puedo escribir en castellano. Yo escribo en español".
P. ¿Y se puede traducir del uno al otro?
R. Claro, no seamos demasiado puristas en esto. El traductor debe traducir para su comunidad lingüística inmediata. Sólo hay que fijarse en el teatro. Las obras de teatro se adaptan hasta por regiones. Hay muchas palabras que se utilizan en la Ciudad de México que no se dicen en Monterrey o en Mérida. Y se tienen que adaptar. Por ejemplo, cosas tan elementales como la resbaladilla... ¿Cómo se dice en España?
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P. El tobogán.
R. Pues en Nuevo León es el resbaladero. Había cuando era niño un artículo del Reader's Digest que se titulaba 'El inglés que usted no sabe que sabe', por todas las palabras similares, los falsos amigos o cuñados... Yo quiero escribir un libro que se llame El español que usted no sabe que sabe...
Y sobre eso hay una anécdota que viene a colación: "Vas a ver. Vino Borges, en 1973, nunca había venido. Era muy antimexicano Borges, y le dieron el Premio Alfonso Reyes. Regresa a Buenos Aires, lo entrevistan en La Nación y le preguntan cómo fue su viaje. Ah, maravilloso, respondió, estupendo, me trataron tan bien... ¿Y qué fue lo que le gustó? Todo, las pirámides de Teotihuacán... Pero más que nada, yo pensé que a los 74 años yo hablaba castellano, y aprendí un verbo mexicano que me encanta, y que ahora uso todo el tiempo, que es platicar. Entonces, la próxima vez que vi a Borges, le dije: es inconcebible, porque quién sabe qué pasó en el mundo hispánico que hacia 1930 desapareció de todas partes excepto de México platicar. Y le añadí: platicar está en toda la literatura medieval, está en toda la literatura del Siglo de Oro, del siglo XVIII, del siglo XIX y está en sus libros... Y él me decía, no, es que platicar es conversar. Y yo le respondía que no. En este momento tú y yo estamos platicando, si estuviéramos ante la televisión estaríamos conversando. Platicar es una cosa privada. En España es charlar. Pero a mí, para mi habla de la Ciudad de México, charlar es un cultismo de platicar. O poniendo como ejemplo otra palabra: en Guanajuato, aguardar es lo normal y lo culto es esperar, para mí no. Para mí suena más raro estoy aguardando. Fíjate, en el mismo país, ¿no te parece maravilloso?"
P. Yo soy de Sevilla y allí se utiliza mucho convidar en vez de invitar, y en el resto de España no tanto...
R. Ah, convidar es muy de México. Te puedo convidar a un café... O, mira, la primera vez que yo llegué a Bogotá, me dijeron: ¿no le provoca un tintico? Y yo le respondí, no, no bebo antes del almuerzo... Y resulta que un tinto es un café... Pero, además, aquí provocar se perdió. En el habla de mi infancia, provocar es tener ganas de vomitar. Qué curioso es todo. ¿Tú entonces crees que el andaluz es el origen del habla de América...?
P. A tanto no soy capaz de llegar, pero sí es verdad que en México se encuentran en perfecto estado de salud palabras que en España ya están muertas y que en Andalucía sólo están moribundas...
R. Pues a mí me han dicho ingleses que la misma impresión tienen en Estados Unidos. Por ejemplo, a ti qué te sale más natural, ¿estrecho o angosto...?
Sobre la mesa hay una foto que acaba de cumplir 50 años. En ella están, sentados en el suelo y en animada conversación, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol y Carlos Monsiváis. Los tres escritores, los tres mexicanos, los tres supervivientes de una época que ya sólo queda en la memoria. Dice José Emilio Pacheco: "Antes de la inseguridad, esta ciudad era muy agradable. Por eso se vino a vivir aquí García Márquez, tanta gente. Yo conocía a los cineastas, a los pintores... Ahora no conozco ni a los escritores. Entonces se podía vivir en la calle. Yo acompañaba a Monsiváis a su casa y de regreso él me acompañaba a mí". Hay en La edad de las tinieblas un poema en prosa, titulado 'A la extranjera', en el que Pacheco llora a México perdido: "A usted le duele esta ciudad que también ha hecho suya y lamenta ver cómo la hemos destruido y la seguimos arrasando. No entiendo sus razones para amar un sitio desesperante y sin esperanza. O tal vez existe la esperanza porque usted se encuentra aquí una vez más y llena de luz otra estación sombría.
Nací en un lugar que se llamaba como éste y ocupaba su espacio. Ahora también en mi suelo natal soy extranjero en tierra extraña. Ya no conozco a nadie ni reconozco nada. Usted, en cambio, no es extranjera en ningún lado. Usted es de todas partes como la música. Por favor, no se vaya. No se lleve al partir un fragmento de luz entre el desierto pardo y la barbarie que por codicia y estupidez hemos engendrado". Han pasado dos horas. José Emilio Pacheco sale a la puerta de su casa a despedir al invitado. Unas muchachas que pasan por la acera de enfrente lo reconocen y sonríen.
A finales de noviembre, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, mil jóvenes se reunirán con Pacheco para celebrar su 70º aniversario. Porque su poesía "es de todas partes como la música". Porque en México aún se ama a los poetas más que a los futbolistas. Porque aquí "tal vez existe la esperanza". También recibirá un homenaje en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), que se celebrará del 28 de noviembre al 6 de diciembre (www.fil.com.mx/).
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por Virginia Vilchez Samanez
El director de la Revista Peruana de Literatura y de Editorial Pasacalle, Ricardo Vírhuez Villafane, nos cuenta sobre la producción literaria y editorial de diferentes regiones del Perú, que ha tenido la oportunidad de conocer debido a haberles dedicado la mayoría de los ocho números de la mencionada revista. Nos habla de la riqueza de la literatura oral amazónica, de la calidad narrativa de los escritores huanuqueños, de los buenos trabajos de edición que se hacen en Arequipa y la gran cantidad de tomos publicados en Cajamarca de los relatos orales de las comunidades campesinas. “El conocimiento del universo literario y editorial peruano es todavía una meta por alcanzar”, afirma. Destaca también el importante rol que pueden cumplir los municipios a favor de la cultura, como ya lo vienen haciendo algunos. Menciona, como ejemplos, el municipio de Huari que ha publicado más de 20 títulos, y las municipalidades de Marca y Recuay que ayudaron a crear un pequeño fondo editorial y apoyaron la reedición de la novela Anusia, de Julio César Pozo Cueva, considerada como ‘la primera novela ancashina’.
-¿Cuándo surge Pasacalle?
-Editorial Pasacalle se formó hace tres años. En un primer momento surge exclusivamente para formalizar la empresa que publica la Revista Peruana de Literatura, que ya va por su octavo número. Pero, a partir del año pasado, estamos publicando libros y dando servicio editorial. Más adelante esperamos apostar por nuestros propios títulos.
-¿Qué frecuencia tiene la revista?
-Sale cuando se puede. Lo habíamos planificado para que se editaran tres números por año, pero a veces salía un número por año, otras veces dos, y una vez sí publicamos tres números al año. Esta vez esperamos publicar por lo menos dos números, ahora que acaba de salir el número 8 dedicado a la literatura huanuqueña. Hay que tener en cuenta que el especial por región la hacen prácticamente los propios escritores e intelectuales de la ciudad a cuya región le dedicamos el número; entonces compartimos los ejemplares con ellos, y lo distribuimos en un promedio de 30 ciudades. Como el objetivo de esta revista es difundir a los autores y las obras que se producen en una región, resulta poco lucrativa y no permite manejar rápidamente el financiamiento del siguiente número. La solución, obviamente, es contar con el financiamiento, por lo menos para la impresión, de alguna institución privada o pública, pero salvo el caso del gobierno regional de Loreto, y hace poco del Centro Cultural de España, no hemos contado con ningún apoyo. Lo cual demuestra que, pese a nuestros escasos recursos, aun así podemos trabajar, publicar y difundir la literatura peruana, a sus autores y sus libros, independientes de intereses políticos o económicos.
-La característica de la revista es que cada número está dedicado a una región o a una ciudad.
-Salvo el caso del número 2, que le dedicamos a Chimbote, todas las demás están dedicadas a una región. La idea motivadora es sencilla: si queremos hablar de literatura peruana, hay que enterarnos de toda la literatura que se produce en nuestro país. Sino, ¿de qué vamos a hablar?
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-¿Qué nos puedes decir sobre la producción literaria de las diversas regiones?
-La que más me ha sorprendido es la literatura oral amazónica, que es extraordinaria, un universo impresionante. Creo que solamente la literatura oral amazónica añadiría tomos y tomos a la literatura peruana, al igual que la literatura oral andina. Ambas son formas literarias muy auténticas y dinámicas. Pero hablando de la literatura escrita, hecha por escritores, tenemos buenas obras en Huánuco, donde probablemente exista la mejor narrativa que se hace en el Perú. O la poesía muy seria y experimental, con muy buenos editores, que se hace en Arequipa. El siguiente número de nuestra revista, después de Huánuco, estará dedicado a Arequipa. A manera de anécdota, te cuento que cuando presentamos el número dedicado a Cajamarca, después de haber investigado y viajado tantas veces, nos enteramos de que el antropólogo Alfredo Mires había publicado más de ciento veinte tomos de recopilación oral durante su trabajo con las comunidades campesinas de Cajamarca. Imagina semejante riqueza literaria. Lo que revela que nuestro conocimiento del universo literario peruano es todavía una meta por alcanzar.
-¿Cuáles son las características de la revista?
-Tratamos de abarcar la mayor cantidad posible de manifestaciones literarias. La mitad de la revista está dedicada a la literatura de una región, pero en la otra mitad entrevistamos a escritores que se conocen muy poco o cuya producción literaria es valiosa pero carecen de la difusión adecuada. También hay ensayos, estudios, reseñas de libros. Y hemos realizado, el año pasado, el Concurso de Novela Política que lo ganó Harol Gastelú Palomino, a quien premiaremos y publicaremos este año. También hemos realizado concursos de literatura escolar en colegios de provincia, y premiamos a los alumnos con libros y pequeños obsequios. El objetivo de la revista es, por un lado, difundir la literatura que se hace en todo el Perú, pero también dar dinamismo a las manifestaciones literarias mediante concursos y talleres literarios. Ahora hemos lanzado un concurso de novela juvenil, con premio de 3 mil soles y publicación de la obra ganadora.
-¿Qué otras actividades realizan mediante la revista?
-En el primer número, por ejemplo, lanzamos la idea de formar la Asociación de Escritores del Perú, cuyo objetivo principal es la defensa de los derechos de autor. No existe en el Perú ninguna institución que luche por eso, como la APDAYC lucha por los derechos de los compositores. Esa sigue siendo una meta a largo plazo. O la idea de que no se publiquen solo mil ejemplares, ya que publicar ese tiraje en el Perú representa solo el 0,003% de la población peruana, es decir casi nada. Estamos condenados a que casi nadie nos lea cada vez que publicamos mil ejemplares. Nos gustarían tirajes de cien, doscientos mil ejemplares, pero como las editoras particulares no tendrían el capital para hacerlo ni capacidad de venta, una de las propuestas es que lo hagan los municipios o los gobiernos regionales o el ministerio de Educación.
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-¿Qué nos puedes decir sobre el rol de las autoridades municipales o regionales en relación a la cultura?
-Es muy contradictorio y muy variado. Algunos municipios están ayudando a crear su pequeño fondo editorial o a publicar algunas ediciones, como el caso de Marca y la provincia de Recuay, que ayudaron a reeditar la novela Anusia, de Julio César Pozo Cueva, que fue la primera novela marquina y al mismo tiempo la primera novela ancashina escrita por un ancashino, y con ese criterio los convencimos para formar el fondo editorial de Recuay y fondo editorial de Marca, pero aún no ha surgido otro título. Parece que necesitan un poco más de iniciativas. El gobierno regional de Arequipa también está comprometido con la publicación de libros. Y en el anterior gobierno regional de Loreto se publicaron 11 libros de autores loretanos, que se distribuyó gratuitamente entre la población local, y que presentamos en Lima junto a Oswaldo Reynoso y el congresista Víctor Isla. Pero lo que más me ha sorprendido es la experiencia de Huari, cuyo alcalde tiene como meta la cultura, primero, y en ese afán ha publicado más de veinte títulos, no solo de autores huarinos o ancashinos, sino también de otras regiones. Hace poco, el alcalde de Chiquián también se comprometió a formar el fondo editorial municipal. Pero la mayoría de alcaldes definitivamente no quieren saber nada con la cultura.
-¿Qué tiraje tiene la Revista Peruana de Literatura?
-1,000 ejemplares, que distribuimos en más de treinta ciudades del interior y algunos ejemplares van al extranjero, donde hay mucho interés por nuestra publicación.
-¿Qué apoyo recibes?
-Todo el gasto es de nuestro bolsillo, de nuestro esfuerzo, pues a pesar de que recibimos promesas de que nos van a apoyar, finalmente no pasa nada. Por eso con Javier Garvich, el editor de la revista, celebramos cada salida de un nuevo número de la revista como un triunfo. Las únicas experiencias de apoyo que tuvimos, para cubrir parte de la impresión, fue del gobierno regional de Loreto en el número que dedicamos a esta región, y para este número 8, del Centro Cultural de España. Hemos escrito a muchos amigos escritores para sumarse al esfuerzo, pues al final todos salimos ganando, al final ganamos el conocimiento de la literatura peruana que jamás saldría en diarios ni revistas, y hemos contado con el apoyo de Zein Zorrilla, siempre atento a nuestras publicaciones, de Melacio Castro y Walter Lingán, que viven en Alemania.
-¿Y la comercialización?
-En esas más de treinta ciudades donde repartimos la revista, entregamos paquetes a nuestros corresponsales. Los llamamos así, corresponsales, que es un título pomposo pero que en realidad son colaboradores, amigos, escritores, profesores. Ellos se encargan de distribuirlas, tratamos de que en primer lugar sea a un público objetivo, es decir personas relacionadas con la literatura, ya sea escritores o profesores de literatura, porque finalmente son personas que más provecho le van a sacar, y también a las bibliotecas de los colegios y de los municipios, si existieran. Pero la situación de pobreza, y por otro lado ciertas malas prácticas, impiden que la venta de ese grueso de revistas regresen a nosotros para planificar el siguiente número.
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R. Virhuez y Jaime Uribe (Alcalde de Huaral). |
-¿Qué hacer?
-Siempre estamos buscando alternativas, imaginando salidas. Uno de los intentos que hicimos fue llegar a las librerías del INC, y fue una experiencia que no repetiremos. Para darte una idea, en Huánuco el encargado de la librería quería que presentáramos primero una solicitud de autorización a la directora del INC de Lima para ver si eso era posible. La burocracia, tan absurda como siempre. Por otra parte, el comportamiento de las librerías independientes deja mucho que desear. Por un lado, no difunden lo que tienen y no cumplen con pagar, si es que han vendido, o demoran muchísimo; y, por otro lado, son tan pocas las librerías, que en realidad funcionan como papelerías donde exhiben algunos libros. Por eso creo que a todas las editoriales en el Perú nos falta resolver el gran problema de la distribución.
-Sin embargo, nos hablas de libros que has editado cuyos tirajes se han agotado.
-Cuando publiqué el libro Anusia, en coordinación con las municipalidades de Recuay y de Marca, pensé que ofrecerlo a un público neutro, general, no iba a ser una buena política de distribución. Entonces, lo que hice fue ofrecerlo a determinados alcaldes ancashinos que pudieran estar interesados. Lo otro fue presentar la novela en el Club Ancash, ante un público ancashino interesado en cultura ancashina. Además, era una muy buena edición, con un formato novedoso, y se trataba de la primera novela ancashina escrita por un ancashino, de modo que había un valor adicional, un valor histórico. Por eso se agotó la edición. Creo que fue una buena estrategia y aun ahora me piden el libro. Estoy tentado de sacar una nueva edición.
-¿Y en el caso de Eva Nibelunga?
-Es una coedición con Miguel Rodríguez Liñán, que es un escritor muy bueno que nació en Trujillo, creció en Chimbote y actualmente radica en Francia. Se trata de un libro delicioso, muy cercano al vitalismo de Henry Miller, donde las aventuras eróticas y existenciales de un peruano y varios latinoamericanos en Aix-en-Provence, una bella ciudad francesa, ha dado pie a una novela volcánica, erótica, vital, poética, muy intensa. Y mi problema aquí es que ya no tengo un público objetivo, como en el caso de Anusia, y por esa razón las ventas son muy lentas.
-Tú no trabajas con librerías; entonces ¿cómo son las ventas?
-Bueno, como viajo constantemente, llevo los libros adonde voy, hago la propaganda por internet, busco públicos muy precisos, porque al fin y al cabo mil ejemplares prácticamente no es nada. Cuando publico un libro, espero venderlo en dos o tres meses. Hasta ahora Eva Nibelunga me está durando algunos meses; a diferencia de Anusia, que sí voló en un par de meses.
-Hay editoriales que sacan 300 ejemplares y pasan dos o tres años sin venderlos.
-Es que se trata de la manera de vender, de buscar públicos objetivos. Yo no espero que el lector venga a mí. He visto que esa política no da buenos resultados. En nuestro país el lector casi nunca va, hay que ir al lector. De otro lado, el Plan Lector es otra gran alternativa que está sucediendo en el Perú para poder vender libros. Lamentablemente se vende todo tipo de libros, lo ideal sería la existencia de un filtro, que sería un maestro lector, capaz de discernir y seleccionar la mejor literatura para los niños y jóvenes; sin embargo, a pesar de todo, lo importante es que se están vendiendo libros.
-¿Piensas incursionar en la publicación de libros para el Plan Lector?
-Lo estoy pensando. El Plan Lector nos abre un mercado inmenso. Hay una necesidad enorme en colegios públicos y privados, no de mil ejemplares, sino de decenas de miles de ejemplares, que todavía no están cubiertos en su totalidad. Requerimos, por eso, de ediciones masivas que cubran esa demanda. Y, por supuesto, que se paguen derechos de autor. Todos saldríamos beneficiados con una política editorial honesta.
-Pero vemos que los profesores no leen y por tanto no saben qué libros recomendar. ¿Cuáles deberían ser las cualidades de un libro para el Plan Lector?
-Lo que acabas de mencionar es muy cierto, y eso se solucionaría fácilmente si tuviéramos maestros que leen. Lamentablemente, no tenemos maestros que sean buenos lectores y se dejan impresionar con una edición colorida o a cambio de algo, un porcentaje de la venta, algún premio, una agenda, en fin. Yo pienso que los tres elementos negativos para que la lectura en el Perú se estanque son: primero, un padre hipócrita que impide que su hijo acceda a todo tipo de lecturas, que quiere que su hijo solamente lea lo que va de acuerdo con sus ideas, sus temores o su religión. O padres que desean que sus hijos sean profesionales, pero se niegan a invertir en libros. Hay padres que impiden la lectura de un libro solo porque aparece la palabra “carajo”, como pasó en Huaral; y en Carhuaz fue peor, pues un padre de familia de secundaria quemó Eva nibelunga porque contenía algunas escenas eróticas. Si tenemos en cuenta que los cuentos infantiles clásicos abarcan toda la vida, la muerte, el erotismo, la enfermedad, el canibalismo, que están en esos cuentos que nosotros hemos oído de niños, entonces negarle algún tema a un joven es arrancarle la belleza misma de la literatura. Lo que un niño o un joven ve en la TV y en el cine es mucho más pernicioso y atrevido de lo que pueda leer en un libro. Lo que debe preocuparnos, más bien, es explicar al niño y al joven esos temas, en caso no los entienda del todo, pero no negarle el camino a una lectura amplia y libre. Segundo, tenemos maestros que no leen, y no solamente maestros poco preparados en su materia. La lectura debería ser la base del conocimiento de cualquier maestro; el maestro debería conocer la mayor cantidad posible de libros que va a recomendar a sus niños. Y finalmente, el tercer elemento son esas ediciones pobres, pobres en material, en contenido, que están pululando en el Perú. Por un lado libros piratas, y por otro lado libros dedicados a los colegios que en muchos casos ni siquiera son los originales, o libros cuya calidad literaria está muy en duda. En mi opinión esos son los tres elementos que impiden que la lectura mejore y crezca en el país.
-¿De qué manera deberían relacionarse las editoriales con los docentes?
-Creo que mediante una especie de regla ética entre las editoriales se podría acceder al compromiso de publicar libros de la mejor calidad literariamente hablando, de la mejor calidad gráfica, del uso de buen papel y buen pegado o cosido, y de no engatuzar con regalitos a los maestros moralmente relajados. El problema radica en que una editorial es una empresa privada, es decir, una empresa cuya finalidad es el lucro. Tal vez se tendría que apostar por algunas medidas que comprometan al lector-comprador, por ejemplo, algo que queremos promocionar a través de la Revista Peruana de Literatura, el que solamente se compren libros a las editoras que hayan pagado derechos de autor. Si existiera una asociación de escritores que pudiera defender los derechos de autor, podríamos añadirle una mayor exigencia en aspectos técnicos y de contenido. Sin esta asociación, los escritores están repartidos por todo sitio y carecen de representatividad, a pesar de que existen asociaciones, gremios y grupos en todo el Perú que supuestamente los representan, pero en el fondo vemos que el elemento principal, que es la defensa de los derechos de autor, no está defendido por ninguna institución. En resumen, mientras no exista una asociación de escritores, la relación entre la empresa editorial y el maestro estará inclinada a las decisiones de la editorial, que no siempre es justa.
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Ricardo Virhuez y la poeta huanuqueña Gloria Dávila |
-¿Y cómo ves la producción literaria actualmente?
-Hace poco fui a Depósito Legal, de la Biblioteca Nacional, y pregunté cuántos pedidos de depósito legal existían, para de ese modo calcular la cantidad de libros publicados. El promedio es que se publican 1,500 libros al mes en el Perú, aproximadamente. No es una cifra exacta, porque mucha gente no registra ni pide su número de Depósito legal, pero aun cuando solo fuera la mitad, se trata de una cifra impresionante.
-Los escritores de las regiones son más formales en eso, según tengo entendido.
-La gran ventaja del registro es que se hace por internet y en un minuto ya tienes tu número de Depósito legal. De repente el problema está en que luego tienen que enviar el paquete de libros al registrador, que a menudo no ocurre y hay omisiones. A partir de esa cifra aproximada, habría que ver cuáles son de literatura, poesía, textos escolares, etc, pero es una producción bibliográfica inmensa.
-¿Cuál es la región con más actividad editorial?
-De lo que yo conozco, en Iquitos hubo la experiencia del gobierno regional que creó su fondo editorial y publicó 11 libros, pagando en efectivo los derechos de autor y obsequiando todos los libros dentro del territorio loretano. A partir de allí ha surgido una editorial independiente que está siguiendo la misma línea de pagar derechos de autor y de distribuir y vender. Luego, la más dinámica de las que conozco es la de Chimbote, Río Santa Editores. Ha ayudado mucho a promocionar los libros de autores chimbotanos. Su lema es “Para dejar de ser forasteros en nuestra propia tierra, leamos lo nuestro”, y ha creado un ambiente de mucha identificación con los escritores locales. A partir de la experiencia de Río Santa, han surgido otras experiencias editoriales chimbotanas, como Ornitorrinco y Mantícora Editores. Creo que la idea del Plan Lector para difundir los libros regionales en las ciudades donde se producen está dando buenos resultados, por lo menos para los editores locales. No olvidemos que en Huánuco una experiencia editorial exitosa es la de Editora Perú, de Hebert Laos; mientras que en Trujillo lo es de la editorial Papel de Viento, con ediciones populares en formato de bolsillo, que cubre casi toda la bibliografía del norte del país. Y en Ayacucho resaltan dos experiencias valiosas, la de Editorial Altazor, que ha mejorado muchísimo la calidad de sus ediciones, y la de Ediciones Cernícalo, capaz de vender más de 10 mil ejemplares en ediciones populares de un solo título. Y en Tacna ha surgido también una nueva propuesta editorial.
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Escritores peruanos durante el I Congreso Internacional de Literatura Peruana en Madrid (R. Virhuez, 1ero. a la derecha) |
-¿Y en Arequipa?
-La experiencia editorial que tiene una mayor preocupación por el texto y por el formato, es la que se produce en Arequipa. Tal vez Arequipa sea el único lugar, fuera de Lima, donde realmente hacen muy buenas ediciones, que dan envidia. En Puno también, a partir de la revista Apumarka y de los escritores que la rodean, así como de las editoriales Lago Sagrado e Hijos de la lluvia, se ha desarrollado una experiencia interesante. Pero con los editores ocurre lo mismo que con los escritores. Para los escritores, hacerse narrador o novelista es empezar empíricamente, no existe una universidad (a pesar de que hay cuatro programas de Literatura en el país, y salvo excepcionales talleres) donde se enseñe el Arte de la ficción o la Escritura creativa. Básicamente se enseña historia de la literatura o teoría literaria, pero no creación, es decir, Literatura. El escritor debe avanzar empíricamente y luego empaparse de técnicas y recursos propios de su trabajo creativo, que junto a su talento formarán la base para crear una obra respetable. Lo mismo pasa con el editor. En el Perú no se enseña la carrera de edición, como sí se hace en Argentina, España, México, como una profesión plena e independiente. Por tanto, los editores deben (debemos) aprender en el camino.
-¿Qué nos puedes decir de los lectores?
-Hay una gran cantidad de lectores cuyas necesidades no son satisfechas no solo porque no llegan los libros a sus manos, sino porque tampoco llegan libros de buena calidad. He comprobado que existen muchos lectores que están dispuestos a pagar el precio de un buen libro, pero como no siempre hay, tienen que contentarse con ediciones piratas o ediciones mal hechas. Como te digo, el negocio editorial es una empresa privada y no siempre los empresarios invierten en su propia capacitación. Los casos de San Marcos y Altazor son interesantes de analizar, pues han dado grandes saltos, han mejorado muchísimo, y han roto por fin esa maldición que cargan los editores independientes, que es la de ser simples intermediarios entre el autor y la imprenta. San Marcos y Altazor ya apuestan por títulos propios y ellos mismos invierten, ellos mismos venden y distribuyen. Aunque, para ser francos, falta todavía dar el siguiente paso, que es el pago en efectivo de los derechos de autor amparados por ley. A fin de cuentas, se hace camino al andar, y se avanza poco a poco.
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R. Virhuez. Al fondo un cuadro de Alfredo Alcalde. |
-¿Hay interés por la lectura en las diferentes regiones?
-Definitivamente, sí. Claro que sí. Esa frase de que el peruano no entiende lo que lee es bastante drástica. Si nos comparamos con otros países, estamos dentro de un promedio mundial. La crisis de la lectura es universal. Cuando salió aquella evaluación sobre nuestra lectoría, muy cerca de nosotros estaba Alemania, y Estados Unidos rondaba por allí. Estados Unidos está muy por debajo de Francia, Japón, Inglaterra. Lo que se hace en estos casos es mejorar la calidad educativa. Si falla la lectoría en los alumnos, es porque la educación está mal. Si un gobierno (como el actual y los anteriores) mantiene una educación de bajo nivel, es porque políticamente le conviene una mayoría incapaz de discernir y elegir adecuadamente. Por eso el Plan Lector es un arma de doble filo, que podemos aprovechar para multiplicar las lecturas en los niños y jóvenes, siempre que contemos con el apoyo de los padres (¡abajo los padres hipócritas!), los maestros (¡vivan los maestros que leen!) y los editores (¡queremos libros de mejor calidad!). No te olvides que si se publican mil quinientos libros al mes en el Perú, significa que hay una lectoría en crecimiento sorprendente, o es una lectoría que siempre estaba ahí, aunque invisible para nosotros. A esto hay que añadir el enorme consumo de libros piratas, que ya es un producto masivo. ¿Quién compra libros piratas, si no son lectores necesitados de lectura? Si tomas en cuenta la cifra de lectores de diarios y revistas, más los de libros piratas y libros legales, sumaremos una cifra enorme. Si es así, entonces el problema no está en si se lee o no, sino en qué se lee. Es la calidad de lectura lo que debe preocuparnos. No es gratuito que se siga leyendo masivamente los diarios chichas o amarillos. Creo que por ahí hay que apuntar. El problema de compresión lectora es un problema consecuente a la buena lectura. Te explico por qué. Un buen libro es un cuerpo coherente de ideas e imágenes, por más atrevido que sea artísticamente. La lectura de ese buen libro transmitirá al niño o al joven, libro a libro, año a año, la costumbre de un razonamiento coherente, la riqueza de ideas, el colorido de las experiencias distintas, la belleza del mundo y de los seres humanos, en fin. Si su lectura no es apropiada ni profunda, va a razonar con limitaciones, obviamente, sin la riqueza idiomática de un libro bien escrito. En términos generales, creo que estamos avanzando en los niveles de lectura, cada día se publican más libros, hay más talleres de capacitación, y parece que los maestros se van a rendir por fin ante un buen libro de compañía.
-¿Vives de la editorial?
-Hubiera preferido que me preguntaras si vivo de la literatura, para responderte que sí, aunque sea ilusoriamente. En realidad, vivo de mi trabajo editorial, efectivamente. Me dedico a Pasacalle a tiempo completo desde el año pasado, y no me arrepiento del rumbo que he tomado. Sé que la perspectiva es prometedora y es algo que me gusta. Para decidirme por este oficio recordé aquella frase de Confucio, que dice: Escoge un trabajo que te gusta, y nunca más tendrás que trabajar. Publico no solo la Revista Peruana de Literatura, sino también libros, revistas turísticas y de gestión de algunas municipalidades, doy servicios editoriales, y también estoy apostando por mis propios libros, las novelas que escribí y tengo inéditas. Por eso cuando te digo que quiero agotar mis libros en dos o tres meses es porque debo hacerlo, lo necesito, de eso vivo. Vender el libro que publico es una necesidad perentoria, y creo que la mejor manera de ser editor es no tener otro trabajo. Allí uno descubre cosas que no la descubriría si vive cómodamente de otros trabajos. Sin embargo, si tuviera que elegir, preferiría simplemente seguir escribiendo, vivir de mis derechos de autor (ya sea por mis libros, artículos, conferencias o talleres) y dejar que personas con mucha más imaginación que yo, con mucho más atrevimiento, nos diera la felicidad de un hermoso libro, de un buen trabajo editorial, de una novela hermosamente inútil pero necesaria.
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por Javier Garvich
No, no hablamos de un ménage à trois, ni de un gang bang, ni de un bukkake, ni de cualquier otra de esas prácticas sexuales que solamente existen en la fantasía de la mayoría de los peruanos. Tampoco vamos a referirnos a alguna historia de bricheros, que de eso ya tenemos harto y bastante. No, les voy a contar un cuento, alguno de vosotros posiblemente ya conozca el final.
Hasta hace unos meses muy pocos paisanos sabíamos quién era Stieg Larsson; de hecho sabemos muy poco de la literatura sueca más allá de los cuentos para niños de Selma Lagerlöf, las policiales de Henning Mankell y, claro, el rollo de los premios Nobel. Así que Stieg Larsson nos podía sonar perfectamente como un baterista del grupo ABBA o el último fichaje del Barcelona FC (que, por cierto, esta temporada fichó a un sueco).
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No, Stieg Larsson es uno de esos quijotes que surgen de cuando en cuando. Rebelde, feminista convencido, defensor de los derechos de los inmigrantes, antiguo militante de las juventudes comunistas (dentro de lo que pueda significar ser comunista en Suecia) y paladín del periodismo alternativo escandidavo. Larsson no se cortaba a la hora de investigar a la actual extrema derecha sueca (sus orígenes nazis y sus conexiones con la gran banca), de criticar los abusos de poder del Estado o de denunciar los espejismos del paraíso escandinavo. Fue amenazado de muerte por los neonazis suecos durante lustros y eso motivó que nunca se casara con la compañera de su vida. Desde la pequeña revista Expo, se dedicó a combatir la hipocresía y los demonios de su sociedad.
Pero Larsson también era un apasionado de la novela negra y nunca se olvidó de su vocación de escritor. Vocación que estalló a los 45 años cuando decidió -de manera divertida- escribir un best-seller que se convirtiera en el Plan de Pensiones para él y su pareja. Fumador, trabajhólico e irreverente; escribió tres tomos de un tirón que, dada su fama de periodista de calidad, no tardó en encontrar editor.
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En el 2004, semanas antes de la publicación de su obra, Stieg Larsson murió de un ataque al corazón. No solo no pudo ver el éxito global de su trilogía sino que su padre y su hermano (que siempre despreciaron a Stieg por sus ideas y por no querer hacer plata como todo el mundo) heredaron los derechos de autor haciéndose asquerosamente ricos mientras su ex-pareja no recibió un solo céntimo, dada la ley sueca que no reconoce sucesiones en parejas de hecho no inscritas públicamente. Perra suerte, o quizá el postrer capítulo de la obra de Stieg que, en lo fundamental, es una ácida crítica de la sociedad sueca, democrática y progresista de boquilla, pero terriblemente indiferente frente a las injusticias que aparecen en sus narices.
El caso fue que, hace tres meses, me enteré de estas cosas zappeando el canal de Televisión Española, alucinando cómo los madrileños hacían unas colas inmensas para conseguir su último libro traducido. "Bah, otro bestseller de mierda" mascullé, ya que eso pienso de El niño del pijama a rayas o la popular tetralogía de Stephenie Meyer. Además, "lo caro que estará ese libro cuando llegue a Lima".
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Llevando consigo esos pensamientos cascarrabias, me metí por una de mis calles favoritas, Quilca, de la que les he hablado antes extensamente. Y dio la casualidad que en la misma noche en que ví el informativo de la televisión me encontré con...¿quééé? En efecto, con una cuidada edición pirata de la primera novela de la trilogía de Larsson Los hombres que no amaban a las mujeres, trece soles, la compré al toque. Enganchadísimo, me la leí en un dos por tres y ya estaba buscando el segundo volumen con la ansiedad de un toxicómano. A la semana siguiente, en Quilca lo encontré. Y así empezó el romance.
Lisbeth es el gran personaje de la novela. Ella es una jovencita escuchimizada, sociópata, con una saludable desconfianza frente a las instituciones públicas, bisexual, boxeadora a pesar de su frágil contextura y extraordinaria hacker que, a sus ventitantos añitos, nunca terminó el colegio. Víctima de una cadena de injusticias de la cual son responsables directos los principales poderes del Estado; Lisbeth desarrolla un pensamiento propio condensado en un feminismo radical y en una convicción eufórica de supervivencia. Huérfana de ideologías y teorías, Lisbeth se enfrenta y juzga a la sociedad desde una cruda ética nacida en la reflexión de su propia experiencia como víctima: "No hay inocentes, solo diversos grados de responsabilidad".
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Lisbeth es capaz de desfigurar a un sádico jurista para que no la vuelva a tocar, aprovecha la guerra periodística contra un oligarca mafioso para meterse en su computadora y saquear su cuenta financiera, se regodea en la violencia que inflinge a psicópatas, asesinos a sueldo o machistas extremos como un elemento más de su propia concepción de defensa personal. No tiene amigos aunque preserva un sentimiento de lealtad y tácita solidaridad con los indefensos (sobre todo indefensas). No tiene pareja estable, pero gusta del sexo intenso si se presenta la ocasión. Ignorante de las humanidades y las artes, su única pasión fuera de la informática son las matemáticas puras. Casi no habla, casi no sonríe, actúa mediante una aplastante y políticamente incorrecta lógica: "Ese tipo odia a las mujeres, es otro cabrón, no hay sitio para los cabrones en este mundo".
Lisbeth ayuda a un periodista free-lance (alter ego idealizado del propio Stieg Larsson) en campañas quijotescas: Desafía a imperios financieros, tasajea los brazos torcidos de dinastías industriales, hace frente a todo el aparato de seguridad sueco, no se cansa de señalar públicamente a funcionarios corruptos, policías machistas e intelectuales mentirosos. Aunque eso la convierta en una marginal.
Porque a primera vista, a los ojos bienpensantes del hombre común, Lisbeth es una transtornada mental, un detritus patológico que se escapó de los inmaculados servicios de salud para arremeter y alterar el curso normal de la pacífica y democrática sociedad sueca. Los periodistas la describen como una terrorista media loca con el gatillo fácil, los policías la ven como una serial killer heredera de una banda de lesbianas satánicas, los médicos la consideran pura carne de psiquiatría, los jueces esperan hacer carrera política deteniendo quien consideran poco más que una iracunda asesina juvenil.
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Y sin embargo la realidad es radicalmente distinta. Ella, contradictoria y huraña, es la buena de la historia, ella tiene la verdad de los hechos frente a la mentira mediática, ella defiende la libertad de ser frente a una sociedad que necesita etiquetarla como pasaporte de normalidad ciudadana. Ella tiene como pares de desventuras a putas explotadas, inmigrantes refugiados, periodistas disidentes, rockeras freaks, informáticos antisociales, un jubilado apopléjico y jóvenes sin un centavo. Sus enemigos, por contra, son altos funcionarios, doctores, respetados capitanes de empresa, matones de toda laya, personajes mediáticos y hasta ex-agentes de la GuerraFría.
Lisbeth no es Lara Croft, ojo. No es una máquina de acción. Ella usa su violencia y su ira no solamente como mecanismo de defensa sino en oposición a la violencia estructural del sistema. Su sociopatía no es una disfunción psíquica sino un producto de los sufrimientos que las instituciones y la sociedad civil le propinaron desde niña. Sú praxis es una sugerente fusión de anarquistas del siglo XIX, punkies del class war británico y nuevas tecnologías contraculturales. Lisbeth es un símbolo de la oveja negra, del derecho a decir no, de la sospecha del poder como prueba de inteligencia.
Todo esto lo construí mientras devoré los otros dos tomos de la trilogía, todos comprados en las generosas galerías de Quilca. Sí, nuestra industria pirata patria no esperó a que se agotaran los primeros stocks sino que apostó por toda la saga. En un par de semanas estaban los tres libros mientras en las librerías de postín recién colocaban el primer tomo en sus estanterías. Una orgullosa empleada de Crisol me dijo que el tercer tomo llegaría a comienzos de octubre. No quise bajarle la moral respondiéndole que en Quilca hace rato que tenían la coleción completa. Y algo más: Así como es común ver las novedades cinematográficas en DVDs piratas antes que la pongan en cartelera, ahora se ha dado lo mismo en el campo editorial al venderse las copias antes que el original aprezca en librerías. Y creo que es la primera vez. Tener La reina en el palacio de las corrientes de aire ayer y a trece luquitas en vez de esperar meses para ver como accedo al mismo libro pagando noventa solazos, tiene un nombre para mí: satisfación.
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La actriz Noomi Rapace interpetando a Lisbeth en la versión fílmica de Los hombres que no amaban a las mujeres. |
Y así, como un nuevo converso, hastié a muchos de mis amigos hablándoles repetidamente de esos libros. En muy poco tiempo me di cuenta que no era el único. Muchos , de alguna manera, llegamos a Lisbeth Salander por diversos caminos. Algunos habían leido algunos sueltos en los periódicos, otros se enteraron por los blogs y siempre estaba el boca a boca (otros pesados como yo, que les hastiaron antes). Profes de filosofía, activistas universitarios y, como no, escritores; todos prendados de esa antiheroína llena de tatuajes que se alimenta casi exclusivamente de leche y pan-pizza. El último en ser flechado, adivinen quién fue.
Para quienes recién se han enterado un poco de que iba esta historia, deben ya tomarme como un pesado ¿Tanta bulla por un bestseller policial? ¿Es esa tu historia de amor?
Es mucho más: Es denuncia de las mentiras de nuestro tiempo, es la propuesta de un tipo de ética en un mundo sin ideologías, ni grandes relatos, ni ningún tipo de sentido común que no sea ganar dinero. Es una propuesta de lucha y de justicia más allá de lo políticamente correcto e incluso de la visión convecional de los Derechos Humanos. Es una reivindicación atractiva del feminismo como ejercicio de pensar decentemente. Es también una manera de ver cómo se construye un siglo XXI bastante distinto del anterior. Es una manera de querer al ser humano, de redescubrir el empeño de las personas sencillas, vulnerables e incluso indefensas por no rendirse.
Esas personas pequeñas, con sus propias cualidades, que se niegan a pactar para ser como los demás; es un tesoro incalculable en los tiempos que corren. Y, afortunadamente, no son tan escasas en el Perú. Aquí siempre nos encontramos con esas Lisbeth Salander cobrizas, chatas, calladas pero decididas. Todos los peruanos llegaremos alguna vez a encontrarnos con una Lisbeth.
Hace años yo encontré a una. Y espero muchas más.
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por Soledad Gallegos Díaz
La cantante argentina Mercedes Sosa, nacida en San Miguel de Tucumán (noroeste) en 1935, es la cantante folclórica más reconocida y premiada de Argentina. Comenzó con quince años su carrera artística y alcanzó la popularidad a finales de los años 60. Firme defensora de los derechos humanos, fue censurada por la dictadura militar argentina (1976-1983) y se exilió en Europa, donde prosiguió con su trabajo con grandes figuras iberoamericanas de la canción.
Durante su larga carrera, Mercedes Sosa ganó un disco de platino por "Gestos de amor" (1994) y tres premios Grammy Latino, y fue distinguida con múltiples reconocimientos por su labor en defensa de los derechos humanos y las libertades.
La Negra, la cantante folklorista de América Latina por excelencia, Mercedes Sosa, ha fallecido hoy domingo 04 de octubre del 2009 en una clínica de Buenos Aires, a los 74 años, víctima de una enfermedad hepática que se complicó con problemas cardio-respiratorios. Miles de seguidores en América Latina y en España (donde estuvo exiliada cuatro años durante la dictadura militar argentina) cantaron con ella su extraordinaria interpretación de Alfonsina y el mar, y otras zambas, chacareras, milongas y tonadas que popularizaron en los años 70 y 80 el folklore latinoamericano en todo el mundo y la convirtieron en una de las mejores y más famosas intérpretes del continente.
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Su muerte ha sido acogida con dolor también en los medios rockeros y de música pop de América Latina, a los que siempre prestó su generoso apoyo y colaboración. Su relación con los músicos jóvenes argentinos fue constante: era ella la que les buscaba para ofrecerles incorporar algunas de sus canciones en los álbumes de música folklórica que iba produciendo (más de 40 a lo largo de su carrera). En su último álbum doble, Cantora, ya enferma, fueron muchos de esos músicos quienes se ofrecieron a cantar duetos con ella: Shakira, Fito Paéz, Charly García, Caetano, Soledad (la actriz de La promesa de sus ojos), Julieta Venegas, Drexter o los españoles Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina colaboraron para lanzar un disco que ahora esta nominado como mejor álbum del año para los Grammys Latinos 2009. "La Negra era la mejor cantante de Argentina y la voz de América Latina", ha asegurado Fito Páez. Ella, sin embargo, rehusó siempre el apelativo de "la voz de América Latina", que le parecía excesivo.
Michelle Bachelet, presidenta de Chile, que se encontraba el viernes visitando precisamente el pueblo natal de la folclorista chilena Violeta Parra, expresó su cariño y su admiración por Mercedes Sosa y recordó la amistad que mantuvieron ambas cantantes. La Negra Sosa cantó insuperablemente algunos de los temas más famosos de Parra, entre ellos su Gracias a la vida. "Ella era, quizás, la voz mas vigorosa de América Latina", lamentó Bachelet. "Mercedes fue un ser bondadoso, sin ningún tipo de maldad y su presencia era una necesidad para todos los que actuamos o grabamos con ella", ha resumido el letrista Antonio Tarragó Ros, en nombre de los músicos argentinos.
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Mercedes Sosa fue siempre una cantante comprometida con causas políticas y sociales. Formó parte de la bohemia que acompañó el folklore argentino en los años 70-80, el llamado Movimiento del Nuevo Cancionero, y participó en cuanta marcha, manifestación o encuentro hubo en esa época a favor de las comunidades indígenas, luchas sindicales o encuentros políticos sobre los derechos humanos. Durante un concierto celebrado al inicio de la dictadura militar fue detenida, junto con buena parte de su público. Al recobrar la libertad, marchó al exilio (España y Francia), de donde no regresaría definitivamente hasta la llegada del presidente Raúl Alfonsín y la democracia. En una reciente entrevista comentó aquellos momentos de intensa lucha política: "Antes, los sueños eran más radicales; perfectos. Ahora, se hace lo que se puede".
Viuda, con un hijo y dos nietas, Mercedes Sosa se distinguió por su magnífica voz, con registros de soprano y de una belleza muy singular, y su conexión con todas las grandes figuras del folklore latinoamericano, desde Atahualpa Yupanqui a Violeta Parra. Sus interpretaciones de la Cantata Suramericana o la Misa Criolla recibieron premios internacionales. Sin embargo ella siempre se consideró una "negra petisa (una mujer pobre, morena y pequeña), sin glamour, tal y como se refiere a mí la oligarquía de mi país". "Este es un país de negros", decía con ironía, "en el que todos son rubios".
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En los últimos tiempos, cansada y enferma, aseguraba encontrarse feliz, rodeada de afecto. "Tengo suerte", decía, "...pero me ha costado mucho". La Negra Sosa luchó hasta el final por cumplir los objetivos del Manifiesto del Nuevo Cancionero que firmó en Mendoza, en 1964, cuando sólo tenia 28 años, y en el que se proponía renovar la canción argentina popular para conseguir que "se integre en la vida de todo el pueblo, expresando sus sueños, sus alegrías, sus luchas y sus esperanzas".
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El narrador peruano Daniel Alarcón, residente en EEUU, obtuvo en Berlín el nuevo Premio de Literatura Internacional. |
Daniel Alarcón (1977, Lima) fue distinguido en Berlín con el nuevo Premio de Literatura Internacional que se otorga en Alemania, según dio a conocer este 28 de septiembre el jurado.
"Estoy contento, orgulloso y agradecido" dijo tras el anuncio del premio Alarcón, escritor nacido en Perú pero criado y residente en Estados Unidos. El premio está dotado de 36.000 dólares y es concedido anualmente por la Casa de las Culturas de de Berlín (HKW). El reconocimiento a Alarcón, que vive desde su infancia en Oakland, California, y escribió la primera versión del libro Lost City Radio, de 2007 (aparecido en español como Radio Ciudad Perdida), al que el jurado califica de "preciso bosquejo literario".
"Leí algunos de libros que eran también candidatos al premio y me encantaron, así que uno nunca sabe bien por qué estas cosas salen", agregó. Vivir en Estados Unidos "no fue una elección", contó. "Mi familia se fue de Perú en los años noventa, y aunque mi primera lengua en el ámbito familiar fue el español, la lengua en la que aprendí que escribir fue el inglés, que hoy es definitivamente mi idioma".
"La crítica me catalogó como un escritor peruano y me siento contento y orgulloso por eso", dijo Alarcón. "Pero más allá de Perú, la literatura en español me parece muy rica y me da gran satisfacción que me incluyan, como si hubiera logrado algo que no merecía", dijo el autor, quien caracterizó su bilingüismo como algo muy bueno. La novela de Alarcón se publicó en 2007 y está ambientada en un país indeterminado pero identificable con Perú, inmediatamente después de una guerra civil. El personaje central es la locutora radial Norma, que conduce la emisión Lost City Radio; los oyentes le hacen llegar relatos mediante los que buscan a sus familiares y amigos desaparecidos durante la guerra.
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Se trata "una novela que nos confronta con un mundo de violencia", dijo el académico y miembro del jurado Ottmar Ette, e hizo referencia a la violencia que vivió Perú en los años de Sendero Luminoso. "Los personajes son muy complejos y de dimensión transnacional", señaló sobre la obra. "Elegimos un libro que fuera urgente y necesario, que no se integrara a la tradición de bienestar europea sino que tuviera que ver con condiciones actuales del mundo y donde además el trabajo lingüístico fuera de calidad excepcional", puntualizó por su parte la miembro del jurado Katharina Narbutovic.
El jurado se refiere en el fallo al "refinado entrelazamiento de fragmentos narrativos diversos, no cronológicos, sobre el trasfondo de la violencia latinoamericana" de la novela, cuyo tema central son "Los desaparecidos y la lucha contra el olvido". El director del HKW, Bernd M. Scherer, destacó a partir de una cita de Goethe el papel que la literatura internacional siempre tuvo para Alemania. "No se puede pensar la cultura alemana si no se considera la influencia de la literatura extranjera", señaló.
El premio internacional de literatura del HKW, uno de los foros de arte más importantes de Berlín, se orienta a la literatura actual sobre todo de Asia, África y América, que con frecuencia tiene carácter transcultural y está escrita por migrantes, retratando un nomadismo tanto entre lenguas y mundos como entre formas literarias, informó el HKW. Para la primera edición del premio, 81 editoriales presentaron 140 obras, traducidas de 33 lenguas. Entre las obras finalistas estaba también "Dos Veces Junio", del argentino Martín Kohan.
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por Antonio Goicochea Cruzado
No se necesitaba ser pitonisa para pronosticar un futuro promisorio para el narrador y poeta William Guillén Padilla, porque su obra literaria es de una calidad que a todas luces merece el reconocimiento universal. Este prolegómeno es necesario porque en el 2007, a la aparición de la segunda edición de “Los escritos del oidor”, le hice el comentario, que él lo incluyó en su blog, y que a continuación transcribo sin ningún cambio, por lo premonitorio, ya que en estos días su cuento “El Abuelo”, acaba de ser antologado por el Fondo Editorial de EDUCAP en La edición de Mural de palabras 2. A tal merecimiento, tal honor.
Los Escritos del Oidor, de William Guillén Padilla (Hualgayoquino-Cajamarquino-Peruano, con una perspectiva de convertirse en ciudadano del mundo), va por su tercera edición, lo que dice de la acogida que este libro de hermosos relatos ha tenido en el público lector de Cajamarca, del Perú y del Mundo, ya que Lluvia Editores, (febrero 2007) lo ha puesto a disposición del mundo hispano.
Son 149 relatos, que guardan la estructura de cuento: narración breve, oral o escrita, de un suceso real o imaginario, aparecen en ellos un reducido número de personajes que participan en una sola acción con un solo foco temático, de una estructura que permite una lectura placentera.
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En los relatos hay condensación, acontecimiento inicial, acontecimiento central, eje alrededor del cual se organizan las demás acciones o hechos; tensión “in crescendo” (crisis); punto de quiebre (como lo dice el propio W.G. en sus conferencias) y disolución, nuevo clima o anticlima (como lo dice Saniel Lozano A.). Ya lo decía Gracián “si lo breve bueno, doblemente bueno”. Demuestra maestría en el arte de narrar.
W. Guillén dirige su atención hacia una economía narrativa, es conciso. Breves y condensados son sus relatos, se interesa más por las motivaciones de los personajes que por los propios sucesos, sin dejar de lado a estos últimos. Logra establecer un sutil equilibrio entre la importancia del personaje y la importancia de la trama.
En los cuentos de Guillén, lo fantástico aparece siempre vinculado al juego mental, y sus elementos recurrentes son el tiempo, los escenarios, los laberintos imaginarios. Desbordan en fantasía, muertos que narran su vida (La muerte, además, es el tema recurrente en los relatos), animales que piensan, perros que conversan, seres de otras lindes, etc. Relatos no ausentes de crítica a nuestra sociedad, comparten invariablemente la fusión de fantasía, realidad y compromiso político
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William Guillén y Esteban Quiróz |
Crea un mundo ficticio intenso. Nos ubica en Torón y Paitaó, al que con sutileza critica, profundizando en la psicología de los personajes.
¿Dé dónde vienen los recuerdos de William Guillén? Imagino a la querida y recordada abuela de W.G. con una visión mágico religiosa, relatándole cuentos de aparecidos, de almas en pena, de maitines y de penitentes en Semana Santa, de perros que aúllan a la presencia del alma que transita en pena, de pordioseros trashumantes, de líderes comunales o bandoleros que roban bienes ajenos y que él ahora nos lo transmite transformados, a nosotros que por estar muy imbuidos del inconciente colectivo andino (cajamarquino) lo sentimos tan cercanos. Guarda, en símbolos, la memoria de sus orígenes.
Los cuentos tradicionales y maravillosos (o real-maravillosos) han despertado siempre un inusitado interés en los humanistas y estudiosos, por sus características peculiares de encantamientos que hacen referencia a lejanos mitos y a una conciencia colectiva histórica de los pueblos.
La hipotetopoieses, en el proceso lector, es la capacidad de formular hipótesis y de refutarlas o confirmarlas. Esta capacidad debe cultivarse permanentemente para ser buenos lectores. La lectura de los relatos de W. Guillén, permiten un permanente ejercicio hipotetopoietico.
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¿Si nos mordiera en el cuello, querido profesor? ¿Si en el cuello nos mordiera?
Antes de continuar, sírvase contestar las siguientes preguntas. ¿Quién es el autor? ¿En qué libro aparece el relato?, ¿Qué hipótesis puede formular respecto del título? ¿De qué tratará el relato? ¿Cuál será el escenario en que se desarrolla el relato? ¿Qué nos quiere decir el autor con la expresión: “¿Si en el cuello nos mordiera?”, ¿Cómo continuará el relato?. Hipotetice.
“La pregunta enlutó la clase y convirtió en un gran hielo al postulante para la plaza de profesor de primeros auxilios que a nuestra escuelita llegó dos días antes, con zapatos charol y terno inglés”.
¿Acertó usted?, ¿Qué nos quiere decir el autor con las expresiones: La pregunta enlutó la clase y convirtió en un gran hielo al postulante… ¿Qué nos dice la expresión “(…) llegó dos días antes, con zapatos charol y terno inglés. ¿Cómo continuará el relato? Siga hipotetopoiético.
“Minutos antes había explicado, con gran destreza, las diferentes maneras de prevenir la muerte si a alguno de nosotros nos mordiera -Dios nos libre- una víbora.
Pero, querido maestro, ¿si la mordedura fuese en el cuello mismo? ¿Si la víbora lo hiciera cuando estamos durmiendo en el campo?
Como una estatua remojada en luna, el profesor seguía de pie, mirándome, cual serpiente presta a devorarme.
¿Nos aplicaríamos torniquete en el cuello, querido profesor? ¿Podríamos respirar? ¿No sería mejor la muerte?”
¿Acertó usted? ¿Qué nos quiere decir el autor con las expresiones: “como remojado de luna”. ¿Cómo continuará el relato? Siga hipotetopoiético.
“El maestro primario mordió la tiza y huyó por el primer blanco que encontró: la ventana abierta del salón de clase. El jurado lo descalificó con el siguiente argumento: no tiene capacidad para responder las insistentes y sencillas preguntas formuladas en clase.
El curso de primeros auxilios continuó sin tener profesor y los alumnos nos dedicamos -en las horas que correspondían al curso- a buscar víboras entre las piedras de la calle más alejada de la escuela, tal y como lo habíamos convenido con los miembros del jurado, que a preguntar de ese modo nos enseñaron”.
¿En qué medida sus hipótesis se confirmaron? Otro ejercicio: Usted, plantee libremente sus hipótesis: Errar humano es
Sí que era bonita, como una muñequita. Bonita y amable, la cabaretera de quien me enamoré a la primera mirada. ¡Qué andar! ¡Qué ojos! No hubo palabras para describirla a plenitud. Era una diva. Un caramelo. Agua fresca y limpia en cualquier desierto.
Así era ella, la más más cabaretera de «El Jardín de las Delicias». Era, digo, en pasado, pues ella era él y ya no hablo más.
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por José Ramos Bosmediano*
Al heroico pueblo de Honduras, que lucha contra la barbarie neoliberal, a sus heridos, asesinados, perseguidos y encarcelados que luchan por la segunda independencia de la patria de Morazán.
Federico (Fico) García, cuzqueño y peruano entrañable, acaba de renunciar de la Dirección del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cargo que desempeñó con indudable capacidad profesional y con la altura ética de quien tiene del trabajo cultural una concepción y un amor que vienen de su identificación con lo más profundo de las creaciones culturales de nuestro pueblo y de sus más auténticos intérpretes. Su carta, que generosamente nos remitió, es una misiva respetuosa dirigida hacia el ejecutor de la represión administrativa en la mayor universidad del Perú, lamentablemente. Hasta para dirigirse a esa canalla Fico es un caballero.
¿Y quién es Fico García para que inmediatamente hayan circulado artículos, notas, cartas para desagraviarle y mañana martes 29 se realice un homenaje en el Hotel Bolívar de la gloriosa plaza San Martín de Lima? Primero, es un político de izquierda, probado en tantas jornadas de lucha desde los grandes movimientos campesinos de fines de los 50 y principios de los 60; un cineasta comprometido con las personalidades que han definido, más que nadie, la historia de la resistencia popular en el Perú: Túpac Amaru II y José Carlos Mariátegui, dos de sus películas más conocidas, desde mi propia experiencia, realizadas a punto de tesón y recursos limitados, vapuleados por la “crítica” cinematográfica imperante en nuestro país; novelista que aún está en camino de más obras. Al lado de Pilar, su esposa y compañera de lucha, Fico ha enfrentado, con dignidad, lo que significa en el Perú ser un intelectual comprometido con las causa del socialismo.
¿Y quién ha obligado a Fico a renunciar de su trabajo tan dignamente desempeñado desde hace más de cuatro años? Nada menos que el Rector de la gloriosa universidad “Decana de América”, un señor de apellido Izquierdo, sin ningún mérito intelectual que su sola profesión de Médico. No lo pidió por escrito, para que no quede “huella”, como es la artimaña de todo mandón criollo; no establece fundamento aceptable más que una razón de sumisión al orden establecido y a los intereses de los que mandan coyunturalmente desde Palacio de Gobierno. El tal Izquierdo es el primer ejecutor de las oscuras decisiones de un gobierno que tiene miedo hasta a los caracteres escritos en un librito que se leerá más por curiosidad que por respeto y afán de conocer algo nuevo. Este rector ya había delatado su poca altura cuando fue embolinado por las mañoserías del Alcalde Luis Castañeda Lossio, depredador de los bienes raíces de la Universidad de San Marcos. No se sabe si por ignorancia o por algún interés que también, a veces, coincide con la ignorancia, el rector Izquierdo permitió destruir los muros de la universidad, atropello que solamente los dignos estudiantes salieron a enfrentarse, como siempre ha ocurrido desde los años de la lucha por la reforma universitaria de 1919 en el Perú.
¿Y de dónde vino la orden, explícita o implícita, no importa, para echar a Fico de su trabajo? Nada menos que de la campaña orquestada por el gobierno y sus acólitos en la “gran prensa” contra todos los que asistieron a la presentación del libro “De puño y letra” del firmante del “Acuerdo de Paz” con el fujimontesinismo de los 90, Abimael Guzmán Reynoso. Uno de los estercoleros de la prensa escrita limeña, “El Correo”, se encargó de llenar sus negras páginas con los resultados del trabajo del actual servicio de inteligencia (¿?), poniendo la soplonería al servicio de la represión política. Todos los que conversaron y comieron con el brocker Canán no esperaron mejor momento para esgrimir la “defensa de la democracia” y buscar, en el acto de presentación, a los culpables de su fracaso en su supuesta lucha contra el “narcoterrorismo”. Como siempre, el Poder Judicial se ha encargado de ejecutar las órdenes políticas para la “investigación”.
Los Alan García, Jorge del Castillo, Mauricio Mullder, Aurelio Pastor y Mercedes Cabanillas, las más visibles y no menos obtusas cabezas de la administración aprista, seguirán manteniendo su poder en un país dominado por esa cultura criolla, tan mediocre como dañina, hecha de artimañas y superficialidades conceptuales, hasta que los nuevos vientos que recorren nuestra América desbrocen en camino de una nueva independencia en el Perú.
Fico García, como tantos intelectuales dignos, seguirá el rumbo de la honestidad, el decoro y la firmeza en la lucha por un “Perú nuevo dentro de un mundo nuevo”. José Carlos Mariátegui no habló, escribió y vivió por casualidad.
Contamana, río Ucayali, octubre 28 del 2009.
*José Ramos Bosmediano, educador, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en América, ex Secretario General del SUTEP (Sindicato Único de los Trabajadores del Perú).
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Ha renunciado, o más bien ha sido destituido, del director del Centro Cultural de San Marcos, el cineasta Federico García Hurtado, por haber asistido a la presentación del libro “De puño y letra”, de Abimael Guzmán, que provocara tanto revuelo la semana pasada y fuera diligentemente promocionado por el ministro de Justicia, Aurelio Pastor, al punto que el tiraje se agotó en pocos días.
El rector Luis Izquierdo Vásquez le pidió la renuncia, lo que constituye una violación a la libertad de información y de libre concurrencia, y también una expresión de los vaivenes de la actual gestión del rectorado sanmarquino, tan temeroso de estar ligado nuevamente a tendencias subversivas que prefiere vulnerar derechos básicos y elementales del estado de derecho. Más allá de la discutible figura de García, esta situación trasciende lo personal y forma parte de un peligroso clima persecutorio, en el que se demuestra que, después de tanta historia, se ha aprendido muy poco.
El nuevo titular es Carlos Del Águila Chávez, quien hasta la semana pasada era el director del Museo de Arqueología y Antropología de San Marcos, entidad que forma parte del Centro Cultural.
Carta de renuncia de Fico García
Lima 21 de setiembre de 2009
Señor Doctor
Me dirijo a su Despacho para saludarlo y al mismo tiempo, hacer efectiva mi renuncia al cargo de Director General del Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que me solicitara verbalmente el día 17 del presente mes.
Como es de su conocimiento, el día 11 de setiembre del presente año, asistí como invitado, en mi calidad de periodista, cineasta, escritor y estudioso del acontecer político de nuestro país, a la conferencia de prensa realizada en el Hotel Riviera con motivo de la presentación del libro “De puño y letra” del Sr. Abimael Guzmán.
Considero necesario manifestarle que el haber sido designado por usted como funcionario de la universidad más antigua de América, no recorta en modo alguno mi derecho a la libre información, a la libre concurrencia, y al libre pensamiento, aunque en este caso, como ya lo he expresado públicamente, discrepe con los conceptos vertidos en el mencionado libro y con la posición ideológica y política del autor. Una conferencia de prensa colmada de periodistas como ocurrió el día señalado, es un acto público y no constituye falta ni delito alguno en un régimen auténticamente democrático, como pretende demostrar el diario “Correo” en una verdadera cacería de brujas en su artículo “El auditorio de Abimael” y en especial en el acápite “Académicos sanmarquinos”.
Es su derecho señor Rector solicitar mi renuncia cuando así lo estime conveniente, y el mío de discrepar con las razones esgrimidas por usted personalmente para mi destitución, pues considero que tienen como fondo la intolerancia a las ideas y vulnera el derecho de información y de libre concurrencia que nos asiste a todos los peruanos.
Estoy convencido que la universidad es el espacio mas idóneo para debatir ideas y proposiciones, aunque sean contrarias al orden establecido. Hemos logrado que “La Casona” sanmarquina esté ya convertida en un referente de la cultura y las artes, reconocido por propios y extraños, en cualquier parte del mundo.
Agradezco la oportunidad que me dio usted para realizar un viejo anhelo de mis años juveniles.
Federico García Hurtado |
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Una "epidemia de conformismo" ha paralizado en los primeros años del siglo XXI la vida pública, donde lo único que importa es el poder del mercado. Los mezquinos intereses personales sustituyen a las voces críticas.
por Ramin Jahanbegloo*
Las dos culturas, el conocido ensayo del científico y novelista británico C. P. Snow, salió a la luz en 1959. Snow defendía ahí la tesis de que el colapso de la comunicación entre las dos culturas de la sociedad moderna -las ciencias y las humanidades- era un freno para la resolución de los problemas del mundo. Medio siglo después, el debate iniciado por Snow ha tomado una nueva forma. El siglo XXI representa, en términos generales, la separación de los intelectuales y la política. Pocas veces habían estado tan alejados los intelectuales y el mundo político.
Los intelectuales críticos son hoy una especie en vías de extinción. Temen la política, y se diría que la política muestra una indiferencia absoluta por todo lo que se pueda denominar intelectual. Hay otros muchos que consideran que nos encontramos ante un declive de lo intelectual. Según ellos, la intelectualidad se ha distanciado de la esfera pública para acercarse a un mundo cada vez más profesionalizado y más empresarial. En otras palabras, los intelectuales están perdiendo su autoridad pública para dirigirse al poder, al tiempo que cada vez son más incapaces de realizar sus funciones de una forma independiente y crítica. Nunca se habían mostrado tan profundamente opuestas la conciencia crítica y la esfera pública.
Parece que los intelectuales de hoy pensaran que puesto que todas las verdades morales son relativas, ya no hay necesidad de ser la voz moral de un mundo sin voz. El afán de ciertos intelectuales de aparentar que lo políticamente correcto y sensato es desestimar la importancia que tienen los imperativos morales en la esfera pública no es más que una forma de hacer coincidir las necesidades humanitarias urgentes del mundo en el que vivimos con las necesidades concretas de su carrera o su ascenso profesional. Asalariados, ocupando cátedras o titularidades permanentes, pensionistas, muchos intelectuales se encuentran encadenados a la rueda de una carrera y una profesión respetables que paradójicamente estanca su capacidad para la crítica en un contexto no conflictivo.
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Para ser más precisos, los mezquinos intereses personales han destruido los llamados intereses públicos de los intelectuales. Al olvidarse de la política, rápidamente y sin dejar lugar para el arrepentimiento, muchos intelectuales del mundo actual degradaron y abandonaron la idea de la esfera pública, transformándose en defensores de la cultura de masas carentes de todo sentido crítico. Es en virtud de esta falta de sentido crítico con respecto a la vida pública por lo que los politólogos y los expertos culturales han venido a sustituirlos como actores sociológicos en el mundo contemporáneo. A los intelectuales ya no les interesa reflexionar y debatir sobre los valores, su único interés reside en el comentario de los hechos. Así, con la aparición de la aldea global postindustrial, dominada por las redes mediáticas y la comunicación tecnológica, en las que las voces disidentes suelen estar acalladas, una "epidemia de conformismo" ha paralizado al completo la vida pública, convirtiéndola en una entidad impulsada única y exclusivamente por el mercado.
Para investigar la evolución del compromiso de los intelectuales en la historia europea del siglo XX, tenemos que empezar con el affaire Dreyfus y la aparición de la categoría "intelectual". Pese a las diferentes posturas que cristalizaron durante el affaire Dreyfus, ambas partes estaban de acuerdo en que el intelectual tenía que comprometerse. Uno de los que participó a favor de Dreyfus fue Julian Benda, el filósofo judío conocido fundamentalmente como autor de La traición de los intelectuales, donde afirma que "la labor del intelectual es defender los valores universales, por encima de la política del momento". Para Benda, por consiguiente, el intelectual es un sujeto que opera dentro de un marco moral y se atiene a unos valores trascendentales, libre de las impurezas de la política. Probablemente Zola se merece este honor, no por sus novelas, sino porque llegó a ser un intelectual que atacó la injusticia, el prejuicio y la intolerancia en la esfera pública. De este modo restauró la función que Sócrates había reservado para el filósofo: defender la universalidad de la búsqueda de la verdad y luchar contra la violencia.
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El método de Sócrates para dominar la violencia era el uso del diálogo frente a las convicciones políticas. Con su mayéutica -conócete a ti mismo- Sócrates invitaba a los atenienses a interrogarse. Y aunque sea un fin en sí mismo, aprender a interrogarse es también una condición y un punto de partida para cualquier intelectual que quiera obrar honestamente. La honestidad es abrirse a la pluralidad humana; es cobijar la idea, intrínseca al trabajo de un intelectual dialógico, de que cada persona contiene "multitudes", como dice Whitman en su Canto a mí mismo. Todo intelectual necesita de esta multiplicidad, no sólo para conectar con los otros, sino también para ensalzar y valorar, como un elemento constitutivo del mundo, las diferencias que existen entre las personas. La idea de diferencia presupone otro valor igualmente esencial a la condición de intelectual: el respeto.
Una de las tareas del intelectual es pensar en cómo reformar y mejorar la sociedad. Su empeño primordial debe centrarse en la educación cívica de los otros ciudadanos para la responsabilidad que entraña la auto-gobernanza democrática. ¿No perdería todo el significado que tiene para nosotros el valor supremo de la historia si admitiéramos que son muchos los intelectuales que consideran que lo que denominamos examen crítico de la esfera política es un ejercicio fútil? Si no se lee y se ejerce el espíritu crítico, la historia podría convertirse en una simple repetición de los errores humanos. Por el contrario, cuando se comprometen con la historia, los intelectuales no sólo necesitan una mente abierta, sino también crítica, capaz de entender que las verdades pueden ser parciales; una mente que se interrogue continuamente. Lo importante aquí es que la manera de protegerse contra toda tentación de colaboración con el mal es interrogarse y reflexionar con sentido crítico.
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Con este planteamiento, la pregunta es: ¿cómo se puede hablar de preservar la ética en la esfera política y de no caer en el mal cuando han dejado de existir los absolutos morales? Poco después de terminada la guerra, en 1945 y en uno de los primeros ensayos que aparecieron al respecto, Hannah Arendt decía que "el problema del mal será el tema fundamental de la vida intelectual en la Europa de posguerra, de la misma manera que la muerte fue el tema de reflexión fundamental después de la Primera Guerra Mundial". Creo que Arendt estaba en lo cierto, sobre todo porque en el mundo de hoy el problema del mal y sus implicaciones políticas constituye un desafío importante para el estatus público y la integridad moral de los intelectuales.
Cierto es que todos somos moralmente responsables de las calamidades e injusticias del mundo en el que vivimos. Pero no es menos cierto que el papel social y político de los intelectuales conlleva una mayor responsabilidad moral. Como señala Max Weber, el compromiso intelectual requiere la ética del héroe, pues hace falta una gran valentía moral para enfrentarse a las responsabilidades que se adquieren en la esfera pública.
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Muchos creen, por supuesto, que ser hoy un intelectual comprometido con la vida pública no es nada del otro mundo, ya que ser demócrata y vivir en una democracia no supone ningún riesgo, ningún desafío. Pero, dado que no puede haber una democratización y una globalización reales si no están acompañadas de una labor crítica real por parte de los intelectuales, en su función de contrapoderes, ser hoy un intelectual crítico significa también ejercer de conciencia moral del mundo globalizado. Por eso, para los intelectuales comprometidos, la verdadera lucha no se limita a estar a favor o en contra de la política, sino que se trata sobre todo de una batalla en defensa de lo humanitario frente a lo inhumano. Se trata de tener la valentía de alzar la voz en nombre de la no violencia y en contra de la injusticia. Por esta razón, aunque el concepto haya perdido hoy la fuerza que tuvo en el momento del caso Dreyfus, se ha de mantener la función del intelectual público. Mientras los humanos sigamos creyendo que la esperanza no es una palabra fútil, los intelectuales no dejarán de ser útiles en todas las sociedades.
*Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, es catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Toronto. Traducción de Pilar Vázquez. De El País (España).
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Es una sala pequeña llena de fotografías, afiches, banderolas y banderines con los diversos rostros del poeta nacido en 1892, en Santiago de Chuco, y fallecido en París en 1938, cuyo nombre completo es César Abraham Vallejo Mendoza. Hay estantes pequeños llenos de libros, revistas y publicaciones, álbumes de fotografías, cartas y diplomas que se han ido acumulando con el paso del tiempo.
También hay una imagen de Santiago, el mayor. Quienes visitan el Museo César Vallejo -según César Vallejo Ynfantes- son por lo general estudiantes de secundaria “a quienes los profesores les inculcan un sentimiento de civismo e identidad cultural. Así es como ha crecido la figura de César Vallejo”. Pero debido al creciente interés de nuevos investigadores del extranjero que visitan con frecuencia el centro, César Vallejo Infantes ha decidido acudir con un proyecto coherente ante el Ministerio de Educación y el INC para conseguir una fuente de financiación y adecuar mejor el ambiente. También se propone “convocar a concursos anuales sobre la poesía de César Vallejo, realizar publicaciones económicas de cinco soles, sucesivamente, de las obra del poeta y organizar un Congreso Mundial Vallejiano cada dos años para conocer y difundir mejor su valor universal”.
¿Cuántos libros, folletos y revistas se habrán escrito sobre Vallejo? ¿Cuántas películas y videos? ¿Será posible reunir todo cuanto se ha editado en varios idiomas y en distintos países donde se conoce a Vallejo? Se trata de un desafío enorme no sólo para César Vallejo Ynfantes sino para toda la familia, pero sobre todo para las personas vinculadas a las entidades que llevan el nombre del poeta que escribió Los heraldos negros, Trilce, España, aparta de mí este cáliz y Poemas humanos. Pero todo proyecto histórico empieza así, con infinita pasión e inquebrantable fe. No obstante, habrá que acompañar en sus gestiones a César Vallejo Ynfantes para que el Museo César Vallejo, se convierta en una entidad mayor y sea un centro de convergencia de los investigadores de su obra y del público en general y así se transforme en un aula abierta hacia el futuro.
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Nuevamente el rostro lívido de la Bestia, el fascismo, último recurso del capitalismo asesino, desesperado por mantener sus privilegios seculares, masacra impunemente al pueblo peruano. Los señores del caucho se han reencarnado horrorosamente en los gobernantes de una república bananera: Alan García Pérez, el genocida de los penales, el Gabinete Ministerial en pleno, compinches de la masacre, los congresistas del APRA, Unidad Nacional y el fujimorismo, mienten todos al pueblo peruano, insistiendo en que la población amazónica y sus dirigentes son los culpables de la masacre desatada con exclusiva responsabilidad de Alan García Pérez. El silencio tanto como la desidia nos vuelven cómplices del crimen y nosotros, un puñado de escritores asqueados del circo mediático racista que falsea la verdad de la matanza ordenada por Alan García Pérez, no queremos frenar nuestra lengua.
Hemos visto —no por los canales de televisión— cómo cientos de policías de la DINOES armados cual rambos cholos provocaron al pueblo amazónico. Hemos visto cómo decenas de francotiradores apostados en las azoteas de las casas tiraban a matar con fusiles de guerra iniciando así la carnicería, hemos visto y recibido informes de cómo helicópteros artillados bombardeaban al pueblo inerme, protegido tan sólo con lanzas y flechas (claro, son unos salvajes y feroces chunchos reducidores de cabezas) y si ese pueblo alzado, harto de mentiras y negociaciones estériles y mañosas, ha conseguido armas de fuego es porque en su arrojo se las arrebataron a brazo partido a policías protegidos por chalecos antibalas, expertos en debelar levantamientos, ¿o qué quiere la señora Cabanillas, que el pueblo se deje matar poniendo el pecho abierto como en tantos otros degolladeros realizados en contra de peruanos desarmados?
Encender la televisión o escuchar RPP en estos instantes provoca intensas arcadas. El cerco mediático racista tergiversa los hechos y se empeña brutalmente en demostrar que solamente son policías quienes han muerto en el genocidio. Lamentamos la muerte de esos policías manipulados por el poder corrupto. Pero, ¿quién en su sano juicio osaría defender un orden democrático pútrido en donde un policía o un maestro ganan menos de ochocientos soles y un congresista o ministro se embolsica veinte mil soles mensuales? ¿quién en su sano juicio puede creer que lanzas y flechas pueden más que fusiles de guerra, pueden más que helicópteros artillados, pueden más que granadas y bombas lacrimógenas?
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Voluntarios belgas (http://catapa.be/en/north-peru-killings) y amigos presentes en el lugar de la masacre, nos envían fotos, vídeos y testimonios de la cacería desatada por el gobierno en contra de nuestros hermanos amazónicos. En emisoras de Loreto se habla de 150 pobladores asesinados y de la deserción de decenas de soldados, hijos de nativos masacrados. En estos momentos sabemos de buena fuente que las fuerzas del desorden están carbonizando los cadáveres con lanzallamas, están arrojando los cadáveres —que se niegan a devolver a los deudos— a los ríos y quebradas, están fusilando a los líderes indígenas capturados, están deteniendo a todo aquél que tenga “cara de indígena”, están amenazando a periodistas locales y regionales para que no difundan la espantosa verdad del genocidio. Luego el cerco mediático racista dirá que estos indígenas desaparecidos fueron delincuentes terroristas que se hicieron al monte, coronando así esa asociación funcional para el Estado criollo: indio, terrorista y delincuente.
Es el propio Estado criollo-burgués quien le ha declarado la guerra al pueblo alzado que reclama por el respeto de esa institucionalidad jurídica que el propio Estado dice defender cuando le conviene. El mentado DL 1090 es ANTICONSTITUCIONAL, no contempló jamás el mecanismo de consulta que manda el Convenio OIT 169 suscrito por el Estado criollo y que ahora desconoce. La tenebrosa jactancia de Yehude Simon Munaro no debería sorprendernos: “es el peor de los traidores”, dijo de él alguna vez el finado Alfonso Barrantes Lingán y muchos recuerdan su actitud servil frente al delincuente Kenya Fujimori para lograr prebendas cuando estaba preso por terrorismo. El absoluto cinismo de Alan García Pérez, Yehude Simon Munaro, Mercedes Cabanillas, Ántero Florez-Araoz, Javier Velásquez Quesquén, Rosario Fernández y el hipócrita oxapampino Antonio Brack Egg, causaría envidia a Diógenes llamado el Perro. El Estado criollo encarnado en estos miserables derrama nuevamente sangre inocente de los que sólo tienen su tierra y sus selvas y sus ríos y ni eso quieren dejar estos miserables porque todo se compra y todo se vende en esta democracia de chiquero, porque así lo demandan las transnacionales norteamericanas y chilenas, porque así queda tranquilo San Dionisio Romero Seminario, el izquierdista del Opus Dei, porque si el perro del hortelano jode, entonces Alan García ordena matar al perro del hortelano
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Hace pocos días el escritor admirador de Sancho Panza (“un ciudadano mucho más respetuoso de la ley y del prójimo que su amo”, ha dicho del buen Sancho el entrometido novelista en Venezuela), Mario Vargas Llosa, garrapateó un artículo para rechazar una expresión (“el Perú no necesita Museos de la Memoria”) de Antero Florez-Araoz, Ministro de Defensa del régimen aprista, ex-funcionario del fujimorato y conocido ultraderechista del Partido Popular Cristiano. Pues bien, las ociosas palabras de Vargas Llosa no sirvieron de nada, pues como diría cualquier muchacho listo, Alan García se caga en la memoria, la reconciliación y cualquier concepto que remita a la paz nacional. En su ordinariez Florez-Araoz dijo algo que Vargas Llosa no acepta racionalmente, pero cala en lo más profundo de su ser, como lo demuestra el Informe Uchuraccay, en el cual el novelista tipifica a los uchuraccainos de bárbaros, primitivos, violentos y tutelables. Hace pocos días Vargas Llosa apareció por televisión abrazando al genocida Alan García Pérez, a quien antes despreciaba. Al parecer fue Vargas quien convenció a García de la conveniencia ante los ojos de la comunidad internacional de aceptar la creación del Museo de la Memoria. Con esta nueva matanza, Alan García le demuestra a Mario Vargas Llosa el gran interés que le anima por un Museo de la Memoria.
Deseamos dejar patente nuestra más enérgica repulsa por este orden injusto que se ha impuesto en nuestra patria desde el fujimorato. La imposición a sangre y fuego del MODELO ECONÓMICO NEOLIBERAL —ese que defiende Mario Vargas Llosa— ha causado la masacre de cientos de peruanos humildes de la Amazonía, una masacre que pudo ser evitada por los “señores autoridades”, quienes tan sólo han ratificado que la agresión, el desprecio y el olvido hacia las comunidades nativas amazónicas continúa como hace 500 años. Demandamos que el Estado criollo, corrupto y genocida, derogue los decretos de la muerte y demandamos la vacancia de la Presidencia de la República así como un juicio internacional por delito de genocidio contra Alan García Pérez y sus compinches del Gabinete Ministerial.
Si Julio Ramón Ribeyro fue lo suficientemente diplomático para amarrar su lengua cuando la matanza de los penales en el 1986 y no devolver la Orden del Sol impuesta por el genocida durante su primer gobierno, ¿Vargas Llosa se hará de los cojones necesarios para enfrentar públicamente a su nuevo amigo, el genocida Alan García, y exigir la vacancia inmediata de la Presidencia de la República? Esta vez ya no bastarán cartitas porque “la manera como se ha reprimido estos motines sugiere —por segunda vez—más un arreglo de cuentas con el enemigo que una operación cuyo objetivo era restablecer el orden”.
Un gran brujo amazónico, Ino Moxo, dijo hace mucho tiempo, “cuando pienso en Fitzcarrald y en sus mercenarios, cuando pienso que esos genocidas eran hombres, me dan ganas de nacionalizarme culebra”. Dudamos que el Vargas Llosa amigo de Aznar, Bush y Tatcher demuestre su pregonado humanismo y renuncie al encargo del genocida. Dudamos que el novelista desista a presidir la Comisión de Alto Nivel que desarrollará el proyecto del Museo de la Memoria: persistirá en el empeño, persistirá en la afrenta contra los cientos de pobladores masacrados por las balas asesinas del Estado criollo. A fin de cuentas ambos, García y Vargas, pertenecen al bando neoliberal y nosotros terminaremos con Ino Moxo nacionalizándonos culebra.
7 de junio del 2009
Nota: Hacemos un llamado a la comunidad nacional e internacional a adherirse a este manifiesto escribiendo al siguiente correo electrónico: hernaninno@gmail.com
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António Lobo Antunes (Lisboa, 1942) se recuperó hace un par de años de un cáncer y, para alegría de sus lectores, ha publicado después Mi nombre es Legión (Mondadori), una novela sobre personajes marginales en una Lisboa periférica con un policía como hilo conductor. "Sentía vergüenza", manifestó ayer en Madrid, "cuando me recuperaba de la enfermedad en el hospital porque yo iba a seguir viviendo y otra gente, más joven, iba a morir. Pensé durante mi tratamiento que en honor a esa gente hay que dejar testimonio del paso del tiempo y de la vida. Un anciano me dijo en el hospital que no estamos preparados para morir, sino para vivir. Es verdad, lo suscribo. Por ello creo que la literatura es la única manera de vencer al tiempo, sólo el arte puede vencer a la muerte".
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Con esa actitud de "las cartas boca arriba" que proporciona haber superado un trance grave, Lobo Antunes compareció ayer ante los periodistas y mantendrá hoy un coloquio con sus lectores en Casa de América tras haber obtenido el premio Fil de literatura en lenguas romances que concede la Feria del Libro de la mexicana Guadalajara. Escéptico sobre las distinciones -"que ni mejoran ni empeoran la obra literaria"- uno de los autores europeos vivos más importantes, traducido a muchos idiomas, desmitificó sin piedad a los escritores. "La literatura representa un mundo", comentó, "plagado de competencia y de envidias. Los escritores deberían ser como los tigres que no se devoran entre ellos. Pero no ocurre así. Antes de dedicarme a la literatura, los escritores me parecían gente muy fascinante y luego sufrí una cierta desilusión. Además, en algunas épocas todo este ambiente de premios, traducciones y contratos por libros que no has escrito hizo que me sintiera como un Julio Iglesias de las letras".
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Hasta tal punto este irónico, descreído y brillante Lobo Antunes ha puesto las cartas boca arriba después de su enfermedad que se permitió comentar a los periodistas: "Ustedes pregunten lo que quieran que yo contestaré lo que me parezca". No para de filosofar sobre la vida y la literatura este hijo de familia de abogados y médicos, psiquiatra de formación, que fue oficial en la guerra colonial en Angola y que sostiene que nunca ha escrito sobre aquella terrible experiencia "por respeto a los muertos". Y en conversación con este diario Lobo Antunes explica, a propósito de su novela Mi nombre es Legión, que "las fronteras entre el bien y el mal siempre aparecen muy difusas". "En la guerra estás matando porque te entrenan para eso y, un rato después, estás salvando vidas. Es cierto además que en las situaciones límite encontramos la parte más sublime y la más despreciable de las personas".
Tras anunciar que escribirá más libros, pese a haber anunciado en alguna ocasión que se cortaba la coleta, Lobo Antunes sentencia que cada novela es un organismo vivo que el autor debe manejar. "En Mi nombre es Legión", aclara, "el policía protagonista se convierte en una especie de escritor que lucha con el material que tiene y que, en este caso, son personajes solos y desarraigados en un ambiente de emigrantes africanos.
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Son gentes que sólo saben expresarse a través de la violencia porque no pertenecen ya a una África que han perdido ni a una Europa que no las acepta". En una Lisboa de desarraigados, Lobo Antunes ilustra la reflexión moral entre el bien y el mal con una anécdota escalofriante. "Vivo en un barrio donde acuden travestis y veo, en ocasiones, que llegan clientes en buenos coches con sillitas de bebés en los asientos traseros. Es decir, esos clientes de la prostitución son honrados padres de familia de día y sórdidos demandantes de que los penetren con los tacones por las noches".
Vitalista y amante de los placeres, fumador y buen comedor, admirador de las mujeres atractivas, Lobo Antunes se siente en España como en casa, aunque añora las gaviotas y el mar de Lisboa. "Toda la península Ibérica debería ser una federación", proclama uno de los escritores portugueses más seguidos en España. Declara que mantiene una vida aislada y frecuenta poco los actos sociales, aunque editoriales, universidades y centros culturales lo reclaman en medio mundo. Pero sus amigos representan un tesoro para Lobo Antunes. "Es más fácil confesarse y hablar con los amigos que con la familia. En definitiva, la familia son los amigos que tú eliges".
Miguel Angel Villena. El País.
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Murió Mario Benedetti
El domingo 17 de mayo falleció en Montevideo el escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti. Tenía 88 años, una enfermedad intestinal crónica, y una ferviente forma de vivir en poesía. Autor de más de ochenta libros de poesía, novelas, cuentos y ensayos, así como de guiones de cine, consagró toda su vida y obra a engrandecer el patrimonio literario y artístico de nuestra América.
Benedetti fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005). Su última obra publicada, el poemario "Testigo de uno mismo", fue presentada en agosto del año pasado. Antes de su último ingreso, Benedetti estaba trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es "Biografía para encontrarme".
El mundo de las letras está de luto una vez más, la noticia se ha desparramado como un reguero de pólvora por todo el mundo. Aquí les transcribo algunas expresiones de admiración y respeto por el amigo, compañero y poeta comprometido.
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Mi querido Mario,
de Moleskine Literario |
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Foto: EFE. |
Juan Cruz
La muerte de Mario se produjo semanas después de su última hospitalización por fallos multiorgánicos que al final le cegaron el humor y la vida; pero había empezado a morir mucho antes; hace tres años falleció su mujer, Luz, con la que vivió toda la vida, en la libertad y en el destierro; él creyó siempre que la enfermedad de Luz, que se olvidaba de apagar las luces de la casa, en Madrid, era una simple distracción, e incluso le compró artilugios con los que dominar las consecuencias de su sordera. El poeta del compromiso, del amor y de la alegría, sintió luego que, en efecto, esas ausencias eran debidas a un alzheimer que inundó la casa de desolación y de huida.
Se fue con ella, de nuevo, a Montevideo, y allí la cuidó hasta que finalmente le dejó del todo. Y le dejó malherido. Benedetti tuvo algunos momentos de alegría después, como cuando Hortensia Campanella, su biógrafa última, le entregó el manuscrito en el que se condensa la vida entera del escritor que nos ha dejado. Él ironizó ante tanto papel, y delante de Ariel, su fiel ayudante, dijo: "¿Tanto he hecho?"
Pero su alma estaba herida; seguía escribiendo, poemas, haikus, animado por su editor de poemas, Chus Visor; tenía la casa llena de literatura; en un tiempo él fue política, enteramente, sus poemas estaban al servicio de la rabia que le produjeron las dictaduras del sur, la suya, la uruguaya, que le persiguió a muerte, y la argentina, que fue cómplice de aquella y también quiso matarle. Mató a un amigo suyo, el líder político Zelmar Michelini, y esta muerte fue un símbolo de las muertes que hubo antes y después en la vida acosada de hombres como él. Luz fue su bastón. Y Palma y Cuba y Lima sus lugares de exilio; a los tres les guardó siempre gratitud; fue un gran defensor de la Cuba de Fidel, por eso mismo, pero jamás utilizó esa afinidad para discutir, en los últimos tiempos sobre todo, lo que en esa revolución que él quiso se fue torciendo.
Era un hombre cordial, enteramente, pero era un tímido absoluto. Los que le conocieron en España le recuerda, por ejemplo, en la Feria del Libro de Madrid, puntilloso, anotando con palotes los libros que firmaba; y le recuerdan rechazando el pescado con espinas y en general las tonterías; era un conversador tranquilo; llegaba a los sitios con su maletita marrón gastada, y dentro llevaba siempre poemas o cartas, en esos momentos en que cumplía compromisos parecía a la vez el escolar que fue y también el oficinista.
Su apariencia era la de un juez de paz, pero nunca hubo paz dentro de su alma, ni siquiera cuando se le vio feliz, con sus manos a la espalda, con su mirada desvaída por las lentillas, con su bigote largo e invariable a lo largo de una vida en la tantos se enamoraron al tiempo que recitaban sus poemas o escuchaban las canciones que hicieron con sus versos su paisano Daniel Viglietti y el catalán Joan Manuel Serrat. Con Viglietti tiene una anécdota que se parece a algunas de las que le convertían también en un escolar huidizo al que le asustaba la fama, al tiempo que le agradaba que algunos, ante sus recitales multitudinarios, le dijeran que parecía una estrella de rock.
Hubiera sido incapaz de cantar, pero un día se encontró con Viglietti en París, en un aeropuerto, y Daniel le dijo a Mario: "Estoy haciendo música para sus poemas". "Y yo estoy haciendo poemas". Entonces el poeta se quedó pensando, y añadió, riendo como reía, como para no molestar: "Tenemos que hacer algo con esta casualidad". De esa casualidad nacieron conciertos, libros; eran como dos en la carretera; cuando vimos a Viglietti en Montevideo, en el entierro de Idea Vilariño, a mediados de abril, la gran amiga generacional de Mario, el cantante nos dijo: "Y lo de Mario. Estamos tan mal, y vamos aún a lo peor".
Se apaga la voz de su compañero, pero quedan la voz de las canciones. Montevideo fue su último sitio, y fue casi el primero. Su largo recorrido por la vida conoció una interrupción terrible, cuando los médicos le detectaron tumores que aconsejaron operación, en el Hospital XII de Octubre de Madrid. Allí le atendió, entre otros, el doctor José Toledo, que le conocía, y todo el mundo se desvivió por él como si no fuera tan solo un enfermo sino un padre, o un hermano, el hombre que había iluminado con sus versos (de amor, de política, de tierra, de aire) la vida de cualquiera. Un día, poseído por el dramatismo al que a veces lo llevó su pesimismo, el que también está en sus poemas, y en sus narraciones, Mario decidió abandonarse.
Como hubiera dicho Idea, que le precedió en la muerte, empezó a decir para qué. Detrás de esa decisión de no seguir hay algunos versos, como estos: "Me he ido quedando sin mis escogidos/Ellos me dieron vida/aliento/paso/ de soledad con su llamita tenue/ y el olfato para reconocer/ cuánta poesía era de madera/ y crecía en nosotros sin saberlo/ Me he quedado sin proust y sin vallejo/ sin quiroga ni onetti ni pessoa/ ni pavese ni walsh ni paco urondo/ sin eliseo diego sin alberti/ sin felisberto hernández sin neruda/ se fueron despacito en fila india".
En ese clima de desolación en el que lo pusieron la enfermedad y su porvenir Mario descuidó su aspecto, dejó de afeitarse, y alguien le dijo, una madrugada: "Así no puedes estar. Tú eres guapo, un hombre así parece enfermo. Ya no lo estás". Le bastó. Al día siguiente se rasuró del todo, se puso de limpio, y cuando este amigo le visitó otra vez y se hizo el distraído sobre su nuevo aspecto, el viejo poeta revivido le llamó la atención y le dijo:
-¿No te has fijado que hoy sí me afeité?
Era un hombre insobornable, el más comprometido de su tiempo. Su muerte deja en silencio mustio su época, su ejemplo y la raíz de sus versos. Pero los muchos que le cantan no lo dejarán, como él decía del verdadero amor, en lo oscuro.
de El País.
Un amigo, un hermano
La obra de Mario Benedetti, amigo, hermano, es sorprendente en todos los aspectos, ya sea por la extensión en la variedad de géneros que toca, ya sea por la densidad de su expresión poética como por la extrema libertad conceptual que usa. El léxico de Benedetti ha ignorado deliberadamente la supuesta existencia de palabras "poéticas" y de otras que no lo son. Para Benedetti, la lengua, toda ella, es poética. Leída desde esta perspectiva, la obra del gran poeta uruguayo se nos presenta, no sólo como suma de una experiencia vital, sino, sobre todo, como la búsqueda persistente y lograda de un sentido, el del ser humano en el planeta, en el país, en la ciudad o en la aldea, en su casa simplemente o en la acción colectiva. Son muchas las razones que nos llevan a la lectura de Benedetti. Tal vez la principal sea ésa, precisamente: que el poeta se ha convertido en voz de su propio pueblo. O sea, en poeta universal.
José Saramago |
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Foto Chema Conesa. |
"Le conocí primero como poeta, luego como hombre", señala Joan Manuel Serrat, gran conocedor de la obra del poeta, y al que ya hace unos veinticinco años le llamó para comunicarle que quería poner música a los poemas de El sur también existe.
"Me fue muy fácil conectar y trabajar con él y lo que me gustó mucho fue que entendió la diferencia que hay entre un poeta y un escribidor de canciones, técnicamente hablando, y rehizo aquellos versos, para hacer letras de canciones, de una forma muy natural, porque comprendió bien los problemas que puede tener el músico a la hora de crear una canción".
"Me gustaba mucho su curiosidad, su forma de incorporar, mezclar y bajar la poesía a la calle, subirla a un escenario, acercarla a la gente, por eso es un poeta muy transversal".
Serrat dijo al conocer la noticia de la muerte de Benedetti: "Vivo con la pena de perder un amigo que no voy a poder volver a ver, cuando regrese a Montevideo no lo voy a encontrar y estos vacíos que me va creando la vida cada vez son más complicados de sobrellevar, a pesar de que uno entienda muy bien qué camino es éste y que no hay otro".
A la hora de hablar de qué ha sido Benedetti para la poesía latinoamericana y para la cultura mundial, Serrat guarda silencio: "Aunque esté claro que ha sido fundamental no sé medir algo así, lo que sí sé es lo que ha sido para mí y por encima de cualquier otra cosa ha sido mi amigo, siempre me ha regalado su cariño, su comprensión y su generosidad y ha sido un referente como hombre coherente, solidario y comprometido. Mientras él con sus pies empujaba la vida, también la poesía le empujaba a él, su poesía ha sido un acto de reflexión en voz alta con el que nos ha hecho reflexionar a todos; una poesía que giraba en torno a un mundo cercano plural y compartido". Para el cantante la poesía de Benedetti era sumamente "contagiosa": "Por lo cercana que le resultaba siempre al lector, mejor dicho, que le resulta, porque de ella no hay que hablar en pasado".
Una vida que no tiene respuestas
Javier Rodríguez Marcos
"La vida es una máquina / para la que no hay respuestas / ni repuestos". Eso dicen unos versos de Máquina, un poema incluido en Testigo de uno mismo, el último libro de Mario Benedetti, publicado pocos días antes de su muerte y lleno, no ya de versos finales sino, como decía él mismo, gran futbolero, de "versos semifinales". Puede que Benedetti supiera más de repuestos que de respuestas. De hecho, uno de sus muchos primeros trabajos lo consiguió en una empresa de recambios del automóvil. Recaló en ella después de dejar colgado el bachillerato y de pasar por el Liceo Alemán de Montevideo. También después de pasar penurias porque un falso amigo estafó a su padre, químico, vendiéndole una farmacia vacía. Fue en Tacuarembó, la capital del estado al que pertenece Paso de los Toros, el pueblo en el que nació Mario Benedetti en 1920.
En 1945 publicó su primer libro, La víspera indeleble, un poemario que nunca quisó reeditar. Contaba Benedetti que su visión de la lírica cambió al descubrír en Buenos Aires la poesía "sencilla y clara" de Baldomero Fernández Moreno. Hasta entonces, la poesía que se escribía en el Río de la Plata estaba tejida con un léxico de importación: "Los poemas estaban llenos de corzos y gacelas. Animales que aquí no hay", recordaba el autor de Poemas de la oficina (1956). Puede que éste sea el libro en el que aparece ya madura la voz del Benedetti más conocido: sencilla, irónica, sentimental, como dicha en medio de una conversación. En un tiempo en el que la poesía parecía hecha para ser declamada engolando las esdrújulas en un campo de fútbol, el escritor uruguayo se unía al tono cercano de Nicanor Parra y Ernesto Cardenal. De esa pasta están hechos títulos como Noción de patria (1963), Poemas de otros (1974), Cotidianas (1979) y El olvido está lleno de memoria (1995). Esos libros le valieron en 1999 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante del género, pero, sobre todo, le valieron el fervor de un público que se identificaba con poemas amorosos como Corazón coraza, Hagamos un trato o Táctica y estrategia. Las canciones de Daniel Viglietti o Joan Manuel Serrat y un filme como El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, no hicieron más que multiplicar la fama del poeta más popular de América Latina después de Neruda.
Además de poesía, Mario Benedetti escribió de todo: artículos de periódico, ensayos, teatro y narrativa. En 1960 publicó La tregua, una novela adaptada para el cine por Sergio Renán que en 1977 optó al Oscar que terminaría llevándose Amarcord. Su compromiso con la izquierda uruguaya le costó, tras el golpe de Estado de 1973, un exilio que le llevó a Cuba y de allí a España, después de ser expulsado de Perú por un policía que se quedó dormido mientras él hacía las maletas y, de paso, se deshacía de documentos comprometedores. Al despertar sólo acertó a decir: "Por favor, no se lo diga a mis jefes". Mario Benedetti tardó 10 años en volver a Uruguay. Hacía ya tiempo que había escrito que su noción de patria era "la urgencia de decir nosotros". |
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El escritor, además de hablar sobre su nuevo libro de cuentos, Recuerda a Ribeyro, García Márquez y su larga estancia europea.
Por Pedro Escribano.
Alfredo Bryce ha vuelto al Perú, ahora sí para quedarse, porque vendió su casa que tenía en Barcelona. También ha vuelto al género del cuento, en el cual ya tiene harta pista (su primer libro fue de cuentos), tanto que acaba de publicar, para coincidencias de pistas, La esposa del Rey de las Curvas (Ed. Peisa). Así que Bryce está en lo suyo y a toda velocidad.
El libro reúne diez relatos en que los personajes, como siempre, vienen a través de su memoria, de los territorios de la infancia o de sus temporadas en Europa. Vienen risueños, orales, tanto que él dice que lo han convertido en un cuentacuentero.
–La experiencia vivida, la infancia, la familia, siguen siendo la cantera de donde salen tus personajes.
–Sí, pero hay que ver en qué medida. Ahora yo estoy planeando una nueva novela. Tengo un archivo, he leído un montón. Ahora estoy haciendo visitas a todas las casas que fueron de mi familia, por ejemplo la de mi abuelo, que era un palacete y que ahora es de la Logia Amazónica del Perú. Tengo que pedir un gran favor para ingresar a ella porque ahora es un templo. En esa casa tengo millones de recuerdos. Allí estuve tuve toda mi infancia, adolescencia, hasta que me fui a Europa.
–¿Eleodoro Holguín, personaje de uno de tus cuentos, tiene algo del pellejo de Bryce? Holguín es un hombre que también se va a Europa.
–Pues sí, yo creo para mi generación y todas las anteriores desde mediados del siglo XIX hasta finales siglo XX, el viaje a Europa era parte de la formación de un intelectual. Era necesario, tú no podías completar aquí una formación debida. Ahora el mundo es mucho más global, ahora todos esos viajes son más un placer que una necesidad, pero si tú vas a París todavía está repleto de peruanos, latinoamericanos, que se han ido allí en busca de ser escritores, artistas en general.
–Antes ese viaje y estadía era una penuria. ¿Hoy en día se padece igual?
–Yo creo que debe ser tan duro como entonces, tal vez incluso más. No a nivel material, porque las cosas se han abaratado, los viajes se han abaratado. En mi tiempo era muy caro. Yo me fui en un barco de carga, de la Marcona Mining Company, cargado de minerales. Allí había dos o tres dormitorios, que eran de los dueños de los barcos y que los daban como becas a estudiantes que iban a Europa y no tenían pasajes. Mi fortuna era cien dólares.
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–Te ibas y regresabas al Perú, ¿eres nostálgico?
–Sí pues, soy un gran nostálgico de un mundo que ya no existe. Yo he estado poco a poco retornando al Perú. Mi retorno de 1999 fue muy frustrado porque no soporté el horror del fujimorismo. Me dieron duro por no aceptar la Orden del Sol de Fujimori. Me dieron una paliza y me dejaron frente a la embajada de EEUU. Mira tú la soberbia de esa gente. Me fui, el Perú no podía ser eso. Pero ya he vuelto, vendí mi casa de Barcelona.
–Podemos decir, Bryce tiene residencia en Lima?
–Empiezo a residir. Mis muebles, mi biblioteca ya están aquí.
–En tus libros siempre hay tías, como en este la tía Herminia, ¿son eternas?
–Sí, la tía Herminia parecía haber vivido a lo largo de varias generaciones de los Bryce y Echenique. Yo la habré conocido de cien años y aún así seguía viniendo a joder todos los domingos con su pesimismo atroz. Todo era malo, todo iba a salir mal, todo se quebraba…
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–Según el cuento, a veces la achuntaba.
–A veces la achuntaba, la desgraciada (risas). Bueno, ahora es un personaje más literario. Si tú supieras, ahora en Miraflores yo me paseo y me cruzo con un montón de primos míos, que son primos por el lado Echenique y que fueron mis amigos entrañables desde chico algunos de ellos. Cuando los veo, nos saludamos con una sonrisa, tímidamente, pero nos saludamos. Hay un hielo que no se rompe. En realidad, es una timidez por ambas partes. Por mi lado, calculada, porque cada uno de esos tipos es un tesoro literario para mí. Y a lo mejor la cago, literalmente la cago si me acerco a él, le invito una copa y le digo “y hermano, qué tal”, y me descubre que soy un huevón de mierda. Yo quiero conservarlos como los recuerdo y como los veo, que son muy decadentes. Quiero escribir una novela sobre la decadencia de una familia.
–Por qué tienes la manía de acercar lo trágico con lo cómico. ¿La risa en realidad es la mueca del dolor?
–Sí, eso decía el gran Ramón del Valle Inclán, las risas y las lágrimas son los caminos de Dios y los míos. Así decía el viejo vanidoso de sí mismo. Escribió la primera novela sobre el dictador en América Latina, Tirano Banderas, después vino la de Carpentier, Gabo, Mario, etc. Tirano Banderas transcurre en Venezuela.
–Hugo Chávez la debe tener.
–En la chimenea… (risas)
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–Estos tiempos ya no están para decirlos con tu libro La felicidad jaja.
–No pues. La Virgen no está para tafetanes como dice el refrán español. Está para milagros solamente, pero este presidente que tenemos no creo que haga ninguno en todo su gobierno. Más bien parece que obra una virgen de milagros un poco rara. Alan García es un estado desagradable de cosas.
–¿Te has imaginado como político? Seguro lo hacías bien.
–Hubiera sido pésimo político porque a mí me convencen todos los amigos. Yo con tal de darle gusto a un amigo cambio de rojo a verde, azul, chino, lo que quieras me convierto con tal de estar a gusto con un amigo. Tengo ideales, mis ideales son los amigos. La política está tan desprestigiada que no me interesa un pepino, menos la nuestra. Creo que ya se ha visto lo suficiente de este gobierno, un gabinete entero renuncia por corrupción, un presidente cínico que no ha hecho ningún pecadillo.
–Hablemos de tus amigos, de Julio Ramón Ribeyro
–Es uno de los grandes. Él me hizo leer a muchos autores peruanos y extranjeros. Julio era un gran lector, como era tímido no se le notaba, pero era un hombre notablemente culto. Para mí fue un padre en Europa, era mayor que yo, un amigo, un hermano y un maestro porque yo no escribía nada. Pero eso era mutuo. Cuando él escribía un cuento, me llamaba y me decía: voy a tu casa, a tomar un vino y te leo un cuento. Y yo cuando terminaba algo, corría a su casa también.
–En tus Antimemorias cuentas que los escritores del boom eran glamorosos, Ribeyro te hacía sentir bien porque no tenía plumas de pavo real.
–Exactamente, Julio era un tímido, un hombre reservado, se entregaba mucho a la conversación, pero con poca gente. Es muy graciosa la imagen, con todo el cariño lo digo por Mario Vargas Llosa, pero cuando uno iba a un cóctel, siempre parecía que Mario había llegado por la puerta principal y Julio por la puerta de servicio. Una cosa increíble, la vida predestina a los seres hasta por las puertas que usa. A mis amigos escritores yo los comparaba con cantantes de éxito, recuerdo que yo decía que Vargas Llosa era el Julio Iglesias de la literatura y Ribeyro el Agustín Lara.
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–¿Hiciste amistad con Gabo?
–Mucha, maravillosa amistad.
–¿Bohemia con él?
–No, cuando yo lo conocí ya era un hombre muy consciente de su fama, muy consciente de su poder. Eso era lo único que podía estorbar en él, era demasiado serio, aunque a mí me toleraba cualquier capricho, incluso me pedía algún favor, que me quedara a dormir en su casa para salir al día siguiente a su Cuba, donde Fidel, porque Fidel quería cualquier capricho, cojudez, que se le ocurría, Gabo me pedía que yo me prestara al juego, me llevaba a su casa, pero yo le decía, si no me das una botella de whisky y un vaso de hielo yo no voy a dormir, cojudo. Y me lo ponía. Tomaba un par de tragos conmigo y se iba. La vida bohemia de Gabo se acaba con Cien años de soledad, empezó a vivir como un pachá. Pero la supo hacer porque vivió muy tranquilo, muy sereno, rodeado de amigos muy selectos. Pero nos separaba algo muy importante, su pasión por el poder. Él no solamente era poderoso sino también siempre está en las bambalinas del poder, que le encantaba. Pero yo no creo que Gabo apoye los crímenes de Fidel y tanta cosa, sino su amigo se convirtió en un monstruo, pero es la amistad típica de dos caribeños. A Gabo también le seducía el aspecto de poder de Fidel. A mí me interesa el Gabo privado porque a mí el poder no me interesa. No he podido nunca acoplarme a una persona poderosa, además les traigo mala suerte, porque el único amigo rico que he tenido lo ha perdido todo por andar conmigo, creo, pero sigue siendo mi hermano.
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Juan Marsé. Foto EFE. |
Contra la literatura "del ombligo"
Por Rosa Mora
El flamante Premio Cervantes de Literatura 2008, Juan Marsé, ha desgranado en el paraninfo de la Universidad de Alcalá un discurso comprometido con la literatura que cuenta "buenas historias". En presencia de los Reyes de España, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde y otras autoridades políticas, culturales y académicas, Marsé ha arremetido contra la literatura "del ombligo"(la llamada metaliteratura): "Me deja frío". El novelista ha defendido el valor de la memoria compartida "que fue durante años sojuzgada, esquilmada y manipulada", así como su identidad de catalán que escribe en castellano.
Juan Marsé (Barcelona, 1933) es uno de los novelistas más potentes de la literatura española, con un talento innato para la narración forjado en un férreo trabajo. En una decena escasa de novelas nos ha devuelto, primero la memoria escamoteada por la dictadura franquista, y nos ha llevado luego a la indagación de la propia identidad.
Por eso sorprende que se haya tardado tanto en darle el Premio Cervantes, pero bienvenido sea. A sus lectores les sabe a gloria y a él también, por lo que tiene de reconocimiento a su obra y a la generación de los cincuenta catalana. Le aturullan un poco los fastos y las ceremonias, pero el viernes pasado acudió disciplinadamente a recoger su chaqué, "pingüino", dice él, de alquiler y "a cargo del Ministerio de Cultura".
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Juan Marsé en el Paraninfo de la UNiversidad de Alcalá. Foto EFE. |
Lo que más le molesta a Marsé es que le llamen intelectual y lamenta no haber sido más ordenado en sus lecturas, aunque ha leído mucho. Como dicen sus amigos, se formó en un cine de barrio. No tuvo una infancia ni una adolescencia fácil. Siendo casi un crío ya trabajaba en un taller de joyería.
Lo suyo ha sido siempre contar aventis, como decían de chicos, historias inventadas a partir de hechos reales o filtradas por la memoria popular. Incluso su vida parece una aventis cuando la cuenta. Por ejemplo, su madre murió tras el parto y su padre biológico, taxista, comentó a una pareja que viajaba en el coche sus problemas con el recién nacido. El matrimonio Marsé, que no podía tener hijos, decidió adoptarlo allí mismo. Increíble, ¿verdad?
A partir de esa infancia difícil y de la dura posguerra, de las aventis, del cine, su gran pasión, Marsé ha creado un territorio propio, que va de los antiguos barrios de la Salut, el Carmel, el Guinardó, Gràcia y alguna incursión al Eixample, la Barcelona derrotada de la posguerra. En esos lugares se mueven personajes maravillosos, de clases bajas, de xarnegos (inmigrantes), de burgueses decadentes.
Uno de los mejores regalos que han recibido estos días Marsé y sus lectores son los seis volúmenes de la Biblioteca Juan Marsé (Lumen), las novelas favoritas del escritor: Últimas tardes con Teresa, la historia de una universitaria burguesa e izquierdista y el Pijoaparte, un inmigrante murciano. La oscura historia de la prima Montse, cuyo primer capítulo ha reescrito Marsé para esta edición definitiva. Si te dicen que caí, impresionante novela sobre lo más sórdido del franquismo. Un día volveré, en la que un guerrillero y atracador sale de la cárcel después de 13 años y olvida sus deseos de venganza. El embrujo de Shanghai, las aventuras de un revolucionario en la lejana china. Rabos de lagartija, que nos habla de la estafa de los sueños, una de las constantes de su obra. Otra es que sus personajes no son nunca absolutamente buenos ni absolutamente malos.
Pueden leer el texto completo del discurso: aquí!
De El País. España.
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EL escritor Mario Vargas Llosa |
Algunos escritores peruanos, intelectuales y artistas también se han pronunciado, en todos los tonos, acerca de la sentencia al ex dictador Alberto Fujimori y el enaltecedor comportamiento de los jueces que dictaron laejemplar sentencia. Aquí, en primer lugar la entrevista al reconocido escritor Mario Vargas Llosa y luego dos textos que me hicieron llegar por correo electrónico José Luis Mejía (Poeta) y Ricardo Virhuez (Director de la Revista de Literatura Peruana). También les recomiendo visitar el blog de Gustavo Faverón donde desenmascara la inmoralidad de Jaime Bayly al pedir éste la libertad del criminal: Fujimori según Bayly
Mario Vargas Llosa. Afirma que es un día histórico para la democracia del Perú y de Latinoamérica, que la sentencia es impecable, una suerte de vacuna contra los golpistas de Estado.
Pedro Escribano.
Fujimori ha sido hallado culpable, ¿qué reflexión le merece el veredicto del Tribunal?
Creo que es un día histórico para el Perú y para la democracia peruana. Tiene una extraordinaria significación. Es la primera vez en nuestra historia que un dictador es juzgado durante un gobierno democrático por un tribunal civil concediéndole todas las garantías del derecho de defensa, en un proceso que ha sido celebrado como ejemplar por los observadores de todas las organizaciones internacionales y que sanciona con una pena muy severa los abusos contra los derechos humanos que se cometieron bajo su dictadura y su complicidad. Creo que los aspirantes a dictadores actuales y futuros lo van a pensar muchas veces antes de destruir el Estado de derecho como hizo Fujimori, y utilizar la violencia irracional como actuó en su gobierno para enfrentarse al terrorismo. Es un hecho importantísimo que va a reforzar nuestras instituciones democráticas, que va a servir de vacuna contra futuros dictadores y golpes de Estado. Toda América Latina tiene que celebrar este hecho porque va a defendernos contra esa epidemia que hemos padecido a lo largo de nuestra historia, que es el autoritarismo, las dictaduras, los caudillos.
sentencia impecable.
¿Este fallo muestra un Poder Judicial independiente?
Hay que felicitar al Poder Judicial, que tiene que haber resistido presiones tremendas. Sobre todo felicitar a esos tres jueces, al presidente del tribunal por la manera tan serena, rigurosa e independiente con que ha llevado este proceso. Yo creo que la sentencia es impecable y debe ser aplaudida por todos los demócratas, por todos los ciudadanos libres del Perú.
¿El fallo da otra imagen del Poder Judicial si pensamos en lo que era en el fujimorismo?
Es un indicio muy claro de que hay en proceso, por lo menos, una reforma profunda en el Poder Judicial. Imagínese lo que era el Poder Judicial cuando era un puro instrumento del señor Fujimori y de Montesinos y que estaba allí, simplemente para manifestar en el plano legal los caprichos, los atropellos, los abusos del poder a los que daba apariencia legal y apariencia de justicia. Es una imagen nueva además para el Perú en el campo internacional. Acabo de ver en la BBC de Londres los comentarios sobre el juicio y la sentencia, realmente uno se sentía orgulloso de que se hablara de esa manera de lo que ocurre este día en el Perú.
Keiko Fujimori dice que es un “fallo de odio y de venganza”.
Yo creo que el odio y la venganza, sobre todo, hicieron correr mucha sangre como ha quedado demostrado en este proceso, durante la dictadura de Fujimori y Montesinos. Por el contrario, este juicio se ha llevado a cabo con una gran serenidad, dando pues todas las facilidades y más de las que suele conceder un Poder Judicial en el mundo al acusado. Ha habido una transparencia absoluta, se ha permitido a su abogado defensor hablar a lo largo de días y casi semanas. Se ha transmitido por los medios tantos los alegatos en su defensa como el alegato del propio acusado. Creo que la sentencia, quienes la han oído, pueden advertir el extremado rigor y la minucia y prolijidad con que todos los hechos han sido examinados, los testimonios cotejados. Creo que la sentencia impresiona muchísimo por su carácter desapasionado, riguroso, estrictamente legal. Sigo pensando que es un gran día para la justicia en el Perú. Hay que pensar también que esta sentencia es un desagravio a las tantas víctimas de los atropellos, asesinatos, desapariciones, robos, campañas de insidia, calumnias que se vertieron en esos años de impunidad.
Siempre denunció a Fujimori y a Montesinos, ¿esperaba que un día como éste llegara?
Quiere que le diga que francamente, no. Yo pensaba que iba a ocurrir con esta dictadura como había ocurrido con Odría, Velasco, que nunca se les tomó cuentas, que al final si hubo alguna sanción fue puramente moral. Yo pensé que también en este caso los asesinatos, los robos, los atropellos terribles, las trasgresiones a la ley, iban a quedar impunes como tantas veces en nuestra historia. Que no haya sido así esta vez, de alguna manera, con este fallo se sanciona en Fujimori a todos quienes medraron durante los años de la dictadura y colaboraron con él y Montesinos, y se treparon al poder volviéndose cómplices de crímenes terribles y de robos sin precedentes en nuestra historia, pues han quedado no solo moral sino jurídicamente sancionados hoy día con esta sentencia.
El turno de montesinos
Se marcó un precedente.
Sí, es una especie de vacuna importante contra futuros golpes de Estado, contra caudillos, porque siempre hay, son pocos, pero hay aspirantes a dictadores. Ahora ya saben lo que puede ocurrirles. Esto es muy importante no solo para el Perú sino para toda América Latina donde, por desgracia, esa espada de Damocles de golpes de Estado, de dictaduras, está siempre latente. Es un hecho muy importante que el Perú haya sido capaz, uno de los primeros países de América Latina, en sancionar de esta manera civil, legal y democrática a un dictador.
¿La misma suerte le espera a Vladimiro Montesinos?
Sin duda, él fue el brazo derecho y el instrumento de Fujimori, pues lo menos que puede ocurrir es una sentencia semejante en su caso. No hay que olvidar que este es uno de los otros juicios que vienen en camino.
“El fujimorismo no tendrá ningún futuro en el Perú”
Se ha dado la sanción jurídica, ¿qué devenir tendrá la base social del fujimorismo?
Basta tener un poquito de memoria histórica para saber que todos los dictadores de la historia moderna del Perú han generado siempre pequeñas colas, coletas, que durante algún tiempo, algunos años, son una presencia en la vida política peruana, grupos, grupúsculos de nostálgicos, de gentes que añoran el poder que perdieron, pero que se van luego descomponiendo y desapareciendo. Ocurrió con Sánchez Cerro, Odría, Velasco y va a ocurrir también con Fujimori, de tal manera que es ingenuo y completamente antihistórico creer que el fujimorismo tiene un futuro en el Perú. No tiene ninguno, absolutamente ninguno. Es un fenómeno absolutamente transitorio por más que las encuestas quieran, digamos, inflar la presencia de la hija del dictador. Yo soy más optimista sobre mi país. Creo que el Perú ha ingresado a una nueva etapa, en la que se acabaron las dictaduras. Las dictaduras están hoy día en el banquillo de los acusados sentenciados a 25 años por sus crímenes. Es difícil que el pueblo peruano sea tan ciego, tan insensato de dar un nuevo aval a quien está hoy día condenado en la cárcel por sus crímenes.
(Edición impresa La República)
Fujimori tiene razón
Ricardo Virhuez
Fujimori tiene razón cuando se pregunta por qué a él se le acusa de crímenes de lesa humanidad, mientras se olvida que en los gobiernos de Fernando Belaunde se realizaron masacres contra miles de campesinos, pues desarrollaba la política de “tierra arrasada”, pedía a gritos la legalización de la pena de muerte y manifestaba que “tiraba al tacho de basura” los informes de Amnistía Internacional que retrataban uno de los genocidios más grandes de nuestra historia y traumas mucho mayores que las sufridas en la guerra con Chile; y de Alan García en su primer periodo, caracterizado no solo por los asesinatos masivos en las cárceles de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara, o los terribles casos de masacres de campesinos en Cayara y Accomarca, sino también por la conformación de decenas de grupos paramilitares conformados por apristas armados que asesinaban mujeres, niños, ancianos y jóvenes, como el grupo Rodrigo Franco, uno de los más conocidos.
“Yo no soy el único genocida”, parece decir Fujimori, en patético y lastimero aullido de defensa.
Lo que yo veo es que Fujimori confiesa, por primera vez, y sin decirlo, que la política de genocidio contra el campesino peruano, quechuahablante, pobre, de cualquier edad, es una política de Estado y no solo de gobierno.
Dice, sin decirlo, que las masacres violentas del hombre andino y amazónico son estrategias consecutivas, coherentes e imperturbables del Estado peruano, gobierne quien gobierne. Es como si los dos partidos políticos gobernantes más nefastos y reaccionarios de nuestro país, las fuerzas armadas y la iglesia católica, permitieran el gobierno de cualquier partido político o caudillo de turno, siempre y cuando demuestren servilismo y obediencia a las prácticas seculares de exterminio del hombre andino.
Por ello es fácil entender por qué ahora, ya sin guerra popular o sin violencia política o sin guerra interna o sin terrorismo (popular y de Estado), las masacres continúan. Las decenas de comunidades campesinas o distritos pobres afectados por la minería, muriendo poco a poco, son prueba elocuente de que el genocidio continúa. Mueren alcaldes afectados por mercurio, los niños están condenados a muerte por contaminación de minerales en la sangre, las aguas emponzoñadas por la minería dan muerte en lugar de vida.
Fujimori tiene razón. Él no es el único genocida. Belaunde y García lo fueron peores. Pero no por eso su delito es menor. Fujimori es un asesino, un monstruo, y los monstruos surgidos en nuestra sociedad merecen la muerte o la cadena perpetua. Veinticinco años es un anuncio de regalo de nuestra timidez penal para casos verdaderamente graves. Total, aun en prisión seguirá gozando de todos los lujos y comodidades que los apristas en el gobierno le deben y agradecen, por ser una irremplazable cabeza de turco. |
Todos los políticos son culpables, o casi todos. Si los juzgara un tribunal formado por hombres buenos “en el buen sentido de la palabra” –como decía Machado–, nueve de cada diez darían con sus huesos y sus delitos en la cárcel. El poder corrompe y pocos pasan por la Casa de Gobierno sin ensuciarse, con dinero o con sangre, las manos; por eso crean leyes con puertas falsas, dictan normas especiales y tejen un entramado jurídico que garantiza su impunidad.
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La poeta peruana Blanca Varela, falleció en Lima el 12 de marzo del 2009 a los 82 años de edad. De esta manera la poesía peruana ha perdido a uno de sus mejores representantes y partió dejando un gran legado que se extiende por todo el suelo latinoamericano. Su voz, su palabra, tiene tanta fuerza, tanta vida, que desconcierta. Ir a su poesía es una experiencia irrepetible. Un hallazgo constante y apasionado. Nació en Lima el 10 de agosto de 1926.
Sus estudios en Letras y Educación los realizó en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, lugar donde conoció a Sebastián Salazar Bondy, Javier Sologuren, Jorge Eduardo Eielson, más adelante con esos compañeros y junto a Gonzalo Rose, Washington Delgado, Pablo Guevara, Alejandro Romualdo, Leopoldo Chariarse, entre otros integrarían la Generación del 50. En 1946 conoce a quien sería su esposo, el pintor Fernando de Szyszlo. Por esos años asiste a las tertulias de la Peña Pancho Fierro de Alicia Bustamante. Luego viajarían a París. En 1960 regresa a Lima para establecerse definitivamente. Tuvo dos hijos: Vicente y Lorenzo. En 1996 fallece Lorenzo en un accidente aéreo.
Autora de importantes poemarios como Ese puerto existe (1959), Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Camino a Babel – Antología (1986), Canto villano – Poesía reunida (1986), Poesía escogida 1949-1991 (1993), Del orden de las cosas (1993), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Como Dios en la nada - Antología 1949-1998 (1999), Concierto animal (1999), Donde todo termina abre las alas – Poesía reunida 1949-2000 (2001), entre otras publicaciones aparecidas en revistas y periódicos.
Sus obras fueron traducidas al alemán, francés, inglés, italiano, portugués y ruso. Considerada por la crítica como una de las voces poéticas más relevantes de América Latina, Varela obtuvo algunos galardones más importantes de la poesía en español, entre ellos el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en el 2001. El año 2006 fue la primera mujer que ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, de la misma forma que el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
Blanca Varela ha muerto. Adiós, poeta. |
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por Aurora INTXAUSTI
Una novela del escritor chileno sobre la memoria gana el Premio Primavera
Recuerdos, historias contadas entre amigos con amor, ironía y humor se han deslizado hasta las páginas de La sombra de lo que fuimos. Ese material le ha valido a Luis Sepúlveda (Ovalle, Chile, 1949) para hacerse ayer con el Premio Primavera de Novela. El escritor se siente "obligado", según reconocía anoche desde Chile, a contar como protagonista la historia de su país, una historia teñida de tristeza y sufrimiento tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet y la dictadura militar (1973-1990). "Nos robaron el tiempo y la juventud. Aprendimos a vivir sabiendo lo que nos faltaba pero mirando de frente".
En la novela premiada, el escritor cuenta la historia de cuatro hombres sexagenarios que han compartido su vida antes de la dictadura, durante el régimen militar y el exilio, y que, tras años sin verse, se encuentran otra vez y deciden emprender una nueva aventura. "Son capaces de mirar con humor al pasado, algo impensable para los militares".
El autor de Un viejo que leía novelas de amor, traducida a 70 idiomas, tuvo un destacado papel como líder del movimiento estudiantil chileno. Tras el golpe de Estado de 1973, fue primero encarcelado durante dos años y después fue puesto bajo arresto domiciliario. Aunque logró escapar y permanecer en la clandestinidad casi un año, fue apresado de nuevo con sentencia de por vida por traición y subversión, finalmente convertida en exilio.
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El libro, según el autor, "está plagado de experiencias personales y de otras que me han sido contadas y que han sido vividas por gente próxima a mí". ¿Qué le llevó a volver la mirada al pasado? "Las historias falsas que circulan sobre el Gobierno de la Unidad Popular del derrocado presidente Salvador Allende".
Sepúlveda considera que se ha escrito poco en torno a los años de la dictadura y el golpe de Pinochet y que la sociedad tiene el derecho de saber por los protagonistas de la historia lo que ocurrió realmente en Chile. "Las historias que a mí me interesan son las de los perdedores, las que no figuran en los libros de historia". El jurado de este premio, convocado por la Editorial Espasa Calpe y Ámbito Cultural El Corte Inglés y dotado con 200.000 euros, considera que La sombra de lo que fuimos es una novela "escrita con el corazón y con el estómago".
El finalista del Premio Primavera de Novela, José María Beneyto, optó por ambientar su obra en la Alemania de entreguerras. Los elementos del mundo refleja, según explicó ayer el autor, "el sentimiento de culpa que ha lastrado Europa tras el régimen nazi y el Holocausto". A través de su relato, Beneyto ha tratado de comprender la complejidad de los personajes que participaron en ese periodo histórico. Entre ellos se encuentra "El Profesor", un eminente jurista y catedrático de la Universidad de Berlín que participó en la redacción de las leyes que fueron esenciales para el desmantelamiento de la República de Weimar y el establecimiento del nacionalsocialismo.
Tomado de El País (Madrid - España).
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por César Hildebrandt
“No quiero llegar a ser un viejo decrépito”, dijo alguna vez Julio Cortázar.
Y se murió a los 70, antes de ser un viejo de verdad siquiera. Los rufianes del chisme dicen que se murió de Sida, como si eso importara.
Se murió, sencillamente. Pero dejó una obra que lo sobrepasa, un ejemplo de coherencia que los tránsfugas siempre le envidiaron, y un modo de ser y de leer, de escribir y de jazzear, de puntuar y de vocear que lo hacen único e inolvidable.
Cortázar fue un escritor genial que no quería honores. Lo que tuvo siempre fueron lectores. Y lo que podía regalar era estilo.
Hay escritores de enorme talento sobre los que pesa, sin embargo, la desgracia de carecer de firma. Son buenísimos pero jamás le sacaron al idioma una franquicia que les permitiera algunas exclusividades (que en eso consiste el estilo, no me digan).
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Cortázar, en cambio, dejaba la huella de un bisonte en cada página. No hay cómo confundirlo. Allí están sus parrafadas enormes que imitaban el oleaje, su antisolemnidad, su incapacidad orgánica de ser huachafo, sus cuentos sin sobras, sus guiños anarcosurrealistas, sus burlas despiadadas, su intelectualismo moteado de ternura (ejemplo: algunas conversaciones de Lucía -la Maga- con Horacio Oliveira).
Y por encima de todo eso estaba la marca Cortázar: un modo personal y brillantísimo de entender la narración, de quitarle sonsonetes al idioma, de incorporar ráfagas de monólogo interior sin perder de vista la exterioridad del relato.
Y unas ganas de joder que sólo podían venir de un hombre lúdico y de un espíritu burlón. Ejemplo clásico de estas ganas es el idioma inventado en “Rayuela” (el glíglico) para describir el sexo entre la Maga y Oliveira (¿o debería decir entre la Maga y cualquiera?). El glíglico consistía en frases como esta:
“Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa...”
La primera vez que leí “Rayuela” fue en 1966, a los 18 años. Leyendo esa página de jerga de cama (y hasta de camastro) reí como sólo se puede reír a los 18. Y lo increíble es que ahora, varias mujeres y décadas después, el “glíglico” me sigue alegrando y entonando.
Valga este recuerdo para quienes sólo quieren evocar al Cortázar comprometido y casi nicaragüense. Ese Cortázar valía -aunque escribió una mala novela que se llamó “Libro de Manuel”-, pero a su lado siempre estuvo el Cortázar intemporal que me cambió la vida con su prosa de gabardina sucia.
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Y no hablo, claro, sólo de “Rayuela”. Hablo también de sus cuentos -los mejores que se han escrito en la literatura latinoamericana-, esas piezas maestras que nos llevaban al desespero (los de “Bestiario”), o a la parodia de la inviabilidad social (“La autopista del sur”), o a los lugares menos soleados de la creación (“El perseguidor”).
Cortázar fue un cuentista magistral de muchísimos cuentos y el novelista supremo de una sola novela. Y esa fue “Rayuela”, un libro actualmente proscrito, quizá porque nada tiene que ver con los aspartames seudoliterarios que hoy cotizan las editoriales y sus mafias.
“Rayuela” es uno de los pocos libros que me hizo mirar al mundo de otra manera y a la literatura de otra manera y al amor de otrísima manera. Jamás podré olvidar a la Maga siendo leal a Oliveira y defendiendo su soledad de hembra deseada en el París que hablaba de Mondrian:
“-No sea asqueroso -dijo monótonamente la Maga-. ¿Qué gana con querer embarrar a Horacio? ¿No sabe que estamos separados, que se ha ido por ahí, con esta lluvia?”
No hay muchos libros que te abran los ojos y que te llenen los oídos. “Rayuela” es uno de ellos. Y hoy que estamos cerca del vigésimoquinto aniversario de la muerte de Julio Cortázar he sacado de un estante el viejo libro -decrépito, él sí- y lo he ido brincando y salteando como si fuera lo que es: una rayuela, el juego misterioso que Cortázar nos hizo jugar, el juego que termina en un cielo pintado con tiza en una acera.
de La Primera (Lima-Perú)
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John Updike |
por Bárbara Celis
John Updike, cronista y azote de las clases medias, muere a los 76 años de un cáncer de pulmón - El personaje de Conejo Angstrom es su gran creación literaria.
Ya no habrá más libros ni más polémicas firmadas por John Updike. Ganador de casi todos los premios literarios salvo el Nobel, la voz imprescindible de este coloso de las letras estadounidenses se apagó ayer para unirse en el silencio de las recientemente desaparecidas de Norman Mailer o Saul Bellow. Con ellos compartió inquietudes generacionales y más de una acalorada discusión.
Updike, uno de los grandes cronistas de los cambios culturales y morales experimentados a lo largo del siglo XX por Estados Unidos, quedará como responsable, entre otras cosas, de elevar el adulterio suburbial a la categoría de alta literatura.
Falleció ayer en Beverly Farms, (Massachusetts). Un cáncer de pulmón le quitó la vida a los 76 años, suficientes para que el prolífico escritor publicase 27 novelas y 45 colecciones de relatos cortos, ensayos, poesía y crítica. Aún tenía un libro pendiente, My father's tears and other stories que se publicará a finales de año.
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Brazil. John Updike. Tusquets Editores. 1994 |
Recogió dos veces el premio Pulitzer por sus libros Conejo es rico y Conejo en paz, dos de las obras de una tetralogía protagonizada por Harry Conejo Angstrom, personaje suburbial del que Updike se sirvió a lo largo de cuatro décadas para analizar los peores aspectos del llamado sueño americano. El lenguaje utilizado en esos libros, así como su descripción de las mujeres (a las que el personaje protagonista se refiere como "coños"), propiciaron una lluvia de acusaciones contra Updike por misoginia. Éstas le han perseguido a lo largo de su vida literaria gracias a una serie que le reportó sus mayores éxitos.
Conejo, el protagonista, es un hombre que vive su gran momento adolescente como jugador de baloncesto en una ciudad suburbial y que, tras casarse, comienza a hundirse a través de un matrimonio infeliz, continuas infidelidades, un trabajo que no le llena, un repunte económico fugaz hasta su muerte en Florida con 56 años, un recorrido que emula sospechosamente al de millones de estadounidenses. El propio Updike lo describió como el vehículo para expiar sus angustias y sus resentimientos. Decidió matarlo en 1990 porque él mismo estaba enfermo y temía morir sin que sus lectores supieran dónde acababa su famoso personaje. No obstante, en 2001 Updike publicó una quinta entrega, titulada Conejo en el recuerdo y otras historias, en la que aparecían diferentes habitantes de la particular tetralogía.
"Ser un escritor famoso es como ser un enano alto. Siempre estás en el límite de la normalidad", dijo Updike respecto a su condición de novelista célebre. Era una posición de la que nunca disfrutó demasiado y ni siquiera cuando Hollywood llamó a su puerta para llevar al cine su libro Las brujas de Eastwick se dejó ver en público más de la cuenta. Ni siquiera con las actrices de la película, Michelle Pfeiffer, Cher y Susan Sarandon.
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"Ser famoso es un fardo, pequeño pero un fardo", declaró en una entrevista reciente en el diario Daily Telegraph. Además de misógino, se le acusó de racista y de falta de compromiso político y hubo quién, como Norman Mailer, le criticó por escribir para lectores ignorantes. El pasado año John Updike recibió el nada halagador premio en reconocimiento a su carrera por "mal sexo" en la literatura de ficción.No obstante, en cuestiones de estilo hay pocos escritores tan aclamados como Updike, entregado a los detalles y a la poetización de prácticamente todos los temas que tocaba, desde la crítica de arte hasta el golf. "Quiero darle a lo mundano un toque de belleza", comentó de su trabajo como escritor. En una entrevista en el diario británico Daily Telegraph, hace apenas tres meses, dijo: "Me interesa describir las cosas con precisión pero nunca me he visto a mí mismo como alguien que escribe bonito".
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El terrorista. John Updike. Tusquets Editores. 2007 |
La revista The New Yorker fue la primera en ver su talento. Corría el año 1954 y Updike, que de pequeño había soñado con ser dibujante de cómics, se entregó de adolescente a la escritura, influido por su madre, escritora frustrada que trabajaba como dependienta. Había crecido en una ciudad de suburbio en Pensilvania a la sombra de un padre que perdió su trabajo durante la Gran Depresión y que le inculcó valores que hoy parecen perdidos, como el de la necesidad de trabajar duro para llegar lejos.
Estudió en Harvard y Oxford, donde también recuperó su pasión de infancia por la pintura y a los 22 años llamó a la puerta de The New Yorker con una poesía, Duet, With Muffled Brake Drums, y apenas dos meses después con un relato breve, Friends from Philadelphia.
A finales de los cincuenta, Updike ya había publicado su primera novela, La feria del asilo, una colección de relatos y otra de poesía. Sin embargo, su primer best seller llegaría en 1968 con Parejas, donde desmenuzaba con todo detalle la vida marital desde su punto de vista más deprimente, el de la infidelidad, el engaño y la frustración. Vendió millones de ejemplares. Hace dos años, presintiendo la muerte, publicó su ensayo Aún mirando, donde reflexionaba sobre las obras de artistas que sabían que sus días estaban contados, como Beethoven, Edward Said o Shakespeare. Hablaba de la curiosidad por las últimas palabras. Quién sabe cuáles fueron las suyas.
de El País (Madrid - España)
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Matadoras, Antología de nuevas narradoras peruanas / Editorial Estruendomudo. Lima 2008. |
Por Anouk Guiné
ENTRE LIBERTAD SEXUAL, QUEJA AL MACHISMO Y SUFRIMIENTO
La antología Matadoras - Nuevas narradoras peruanas, recientemente editada por Estruendomudo, resulta ser feliz e inconscientemente feminista.
La historia literaria fue escrita en clave masculina, con un canon literario del mismo corte. Esto implica la invisibilización y el silenciamiento de la literatura hecha por mujeres y cuyo trabajo sería “irracional”, “no profesional” y “no serio”. No es que las prosistas fueron pocas por décadas, sino que su aparición editorial fue muy tardía por las razones que acabo de dar.
Considerada como “subliteratura”, no es de extrañar que muchos hombres no lean a las mujeres, y que por lo general éstos falten a eventos relacionados con la literatura femenina. Este estado de cosas no se desmintió en la presentación de Matadoras el 23 de octubre 2008 en París -con el editor Álvaro Lasso y dos de las autoras antologadas, Grecia Cáceres y Nataly Villena- donde los varones, en particular los narradores peruanos y latinoamericanos que viven en la capital, brillaron por su ausencia, mientras nunca faltan a tal evento cuando se trata de uno de sus pares.
Felicitemos a A. Lasso quien, lejos de cualquier intento de ghettoización de la literatura femenina, da voz a 13 narradoras y nos ofrece una antología de alta calidad. Esperemos que sea un punto de partida para sacar a luz los textos de otras narradoras. Esta tarea es fundamental si se quiere poner fin a la amnesia de género en la literatura, si las mujeres quieren inventar espacios que escapen a los canones masculinos, o si quieren penetrar terrenos invadidos por los hombres sin tener que justificarse, y si quieren que su existencia deje de ser definida por referencia a los hombres.
Por cierto, las 13 Matadoras no tienen encima la mirada de un hombre cuando escriben. Nos lo comprueban al transgredir las normas en cuanto crean a partir del sujeto mujer, un sujeto “completo”, mientras la masculinidad se revela “incompleta” como en Casa de estrafalario, el muy sensual cuento de Katya Adaui.
Hay en esta antología tres grandes ejes que hacen que sea inconscientemente feminista. Primero, la expresión sumamente libre, liberal y libertina de la sexualidad, segundo, la queja explicita al machismo, y tercero, el sufrimiento femenino. Estos temas se entremezclan y articulan a lo largo de la antología.
En Corte a Sofía, de Alicia Bisso, el personaje principal “se entrega al sexo con personas nuevas”, y busca a su ex novio “sólo para tener sexo”. Es mejor “no esperar nada de nadie”, “por más que digan lo que sea, por más que te hagan el amor con esa misma fuerza… Olvídalos. No son más que eso. Hombres que comparten contigo una o dos noches y ya”. “El típico cabrón que va de ligue en ligue”, dice Rossana Díaz en La lucha contra el estornino.
En Al frente, de Nataly Villena, se deja a un peruano “vividor” y “borracho” y se viaja por España hasta Marruecos, una frontera que se vuelve también sexual al descubrir que uno de los personajes es una lesbiana que volverá a ver a su ex novia en Tánger. En esta zona fronteriza e impersonal del Mediterráneo, cerrada y abierta a la vez, las protagonistas se ven perdidas pero iniciando una nueva historia. “Al frente, todo aquello que habíamos perdido nos aguarda”.
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La homosexualidad también está presente en el cuento de Mónica Belevan, Trouvez Hortense, a través de la voz de Rimbaud en Adén.
La protagonista de Mate de Coca, de Susana Noltenius, se libera de un marido egoista. Al visitar la Casa de las Vírgenes del Sol, confiesa: “Me inquieta la idea de ser elegida para algo tan infame como el encierro”, y expresa la libertad vivida con su amante: “yo yacía sobre su cama, él a mis pies… deslizó sus manos, sus labios y su cuerpo por mis piernas, mis caderas, abdomen y pecho”. “No le incomodan los líquidos de nuestros cuerpos corriendo entre nuestras piernas”.
Claudia Ulloa nos lleva por una sexualidad libertina en Línea: “Con el punzón (de una navaja) me dejó en la piel un rasguño muy leve, que me mató de placer… me metí a la ducha y vi la línea que él había dejado sobre mi cuerpo… Era una línea larga que iba desde mi garganta hasta el pubis y se unía a la línea de mi sexo”. Al día siguiente ofrece públicamente su cuerpo en plena calle.
Para Grecia Cáceres, en Una Pena de Amor, la protagonista maldice al que la dejó: “Que le haga su show a las otras, a las que no saben aún lo que es un machito de su especie, que te aplasta y no le importa lo que sientas, que te toma y que te suelta…” “Nadie te dice nada y un buen día te encuentras aplastada en el asiento trasero de un carro, medio vestida, incómoda… no siento nada, sólo espero que pase el bolondrón… ¿Tú quisieras eso para tu cuerpo? Terminar toda adolorida, en posiciones absurdas, en lugares peligrosos, temiéndole a todo, pensando en el embarazo aunque según él se sale antes”.
En Callejón oscuro de María Luisa del Río, una mujer cansada de su pareja cuenta: “Esta mañana me ha pedido que lo espere con el almuerzo listo, pero en lugar de meter los tallarines a la olla… me he entretenido con una película porno que encontré entre su ropa. Lo he sentido llegar… Ha caminado hacia la cocina y no ha encontrado nada, se ha molestado y nos hemos mandado a la mierda. He tirado la puerta, he salido a la calle… y me he subido a una combi para irme a cualquier otro pueblo de la cordillera”.
La soledad y el maltrato a sí misma son otros sufrimientos presentes aquí, una soledad que puede “clavar” como “un cuchillo muy filudo” (Bisso). Algunas mujeres mueren y renacen al ritmo de sus casas, como en La casa muerta de Alina Gadea, y en Las dos orillas de Giselle Klatic. “Más tarde pensaría que doña Isabel había depredado la casa como una mujer que se infringe un castigo a sí misma, cortando su preciosa melena al ras del cráneo o pintándose toda la cara con lápiz de labio frente a un espejo para humillarse cruelmente a sí misma”, escribe Gadea. La casa “parecía muerta. Yo había querido morirme junto con ella, abandonarme en su abandono… La casa agonizaba y me pedía que la rescate, que me rescate a mí misma”, dice la madre en duelo de Klatic.
Culpabilidad, falta de confianza y desesperación son otros de los sufrimientos. Deprimida por su sobrepeso, sus arrugas y cañas, la protagonista de Díaz “no es nadie” sin antidepresivos. El Aliento de Karina Pacheco empieza con el suicidio de una mujer joven que se dispara en el corazón. Y Monserrat Alvarez, en Este cuento se autodestruirá en X minutos, habla de la feminización de la pobreza a través de una intelectual que plantea el suicidio, la prostitución y el trabajo doméstico como alternativas laborales.
Esperemos que más voces de mujeres sigan liberándose, y que antologías de este tipo florezcan en Perú.
de Revista Sieteculebras. Nro. 25. Noviembre 2008.
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por Alberto Manguel *
No sabemos en qué momento el cuentista supo que lo que contaba sería un género literario. Lo cierto es que en algún momento de nuestra historia el cuento se diferenció del poema, de la novela y del ensayo, y emergió como un género literario distinto para que los profesores universitarios tuvieran de qué ocuparse. Sin embargo, más allá de esas divisiones burocráticas, el lector intuye que el cuento no es novela, que una diferencia que puede medirse (pero no definirse) por el número de páginas, distingue uno del otro.
Borges alguna vez dijo que escribía cuentos porque la novela le parecía una exageración. Detrás de la boutade se oculta una verdad literaria: la novela expande la narración, el cuento la concentra. Los mini-relatos de Augusto Monterroso no pueden ser leídos como mini-novelas; el equivalente de esa parodia es, para la novela, la casi interminable Comedia humana de Balzac. El cuento retiene en su nombre sus orígenes sin duda orales, calidad que preservan aún hoy los narradores orales de las plazas de mercado en Marruecos, Colombia, Gabón.
La escritura, que todo formaliza (quizás porque nace como un instrumento contable, para sumar o restar cabezas de ganado), empieza desde temprano a dar al cuento artificios y estrategias. Refinándose en fábula, parábola, anécdota, historia humorística o moral, relato erótico, histórico, filosófico, de terror, el cuento adquiere, según su categoría, rasgos particulares que, si bien son reconocidos, los autores del género se empeñan en cambiar.
Así las historias de fantasmas ("viejas como el miedo", decía Adolfo Bioy Casares) al principio, en Mesopotamia y Egipto, debieron su eficacia a la mera aparición de un muerto; luego a un muerto transformado en otra cosa, un esqueleto en Roma, una sombra en la Italia de Boccaccio, un zorro en China; finalmente, con los grandes autores del siglo diecinueve el fantasma se reduce a una ausencia, a algo horriblemente real y sin embargo invisible.
Cambios similares pueden rastrearse en las otras categorías, nuevas maneras de contar a las cuales el lector rápidamente se acostumbra. Ya en el siglo dieciocho, los lectores de cuentos son tan diestros en el arte de seguir las maniobras del autor, que Diderot se ve obligado a destruir o renovar sus expectativas con un cuento que (imitando al futuro Magritte) titula Esto no es un cuento.
El cuento es quizás el más conservador de todos los géneros. Cambia el estilo, el tono, el impacto del final o del comienzo, la posición del narrador, la voluntad fantástica o documentalista, pero no, en términos generales, su forma. Si bien pueden encontrarse ejemplos de cuentos que escapan cabalmente al modelo de narración tradicional (pienso en El joven intrépido en trapecio volante de William Saroyan y en alguno de Raymond Carver), la mayor parte de ellos sigue el consejo del Rey en Alicia en el País de las Maravillas, "Comienza en el comienzo y sigue hasta llegar al final; allí para". Casi no existen cuentos de estructura tan libre como el Tristram Shandy de Lawrence Sterne o Cobra de Severo Sarduy.
Y autores como James Joyce y Julio Cortázar, que tan brutalmente renovaron la novela, escribieron cuentos exquisitamente clásicos cuya originalidad se halla en la voz y la temática, o en la aproximación a esa temática, no en la forma misma del cuento. Por absurdas razones comerciales, las editoriales han decretado que los cuentos no se venden. No se venden Poe, Kipling, O. Henry, Chéjov, Katherine Mansfield, Ernest Hemingway, John Cheever, Borges, Silvina Ocampo, Alice Munro, Mavis Gallant. Y sin embargo, más que nunca, los cuentos siguen escribiéndose y, no lo dudo, leyéndose. Tal vez porque, en su clásica, modesta precisión, nos permiten concebir la insoportable complejidad del mundo como una íntima y breve epifanía.
* Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) es autor de Todos los hombres son mentirosos (RBA) y Una historia de la lectura (Lumen y Alianza).
De Babelia. Suplemento literario de El País. Enero 2009.
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por Fernando Savater
Sus relatos son artefactos lógicos, de precisión clínica, y en ellos cada acontecimiento y cada detalle se encaminan a producir un efecto único y traumático.
De pocos autores puede decirse que hayan dado origen a un nuevo género literario, pero a Edgar Allan Poe se le atribuye a justo título la paternidad de dos: el cuento fantástico moderno y la narración detectivesca. Dejemos en esta ocasión a un lado a Dupin y su progenie de sabuesos. Poe introduce en literatura el virus hasta hoy felizmente incurable de una nueva forma de lo macabro y lo espeluznante, elementos ancestrales de los relatos desde que los primeros humanos se sentaron a escucharlos en torno al fuego recién inventado, mientras en la negrura circundante acechaban los tigres de dientes de sable y barritaban los mamuts.
Sin duda el autor norteamericano toma algunos ingredientes para su pócima -la comicidad grotesca, los personajes caricaturescos y las visiones opiáceas- del inevitable E. T. A. Hoffmann, pero su receta es absolutamente personal. Para empezar, descarta las concesiones a la superstición, a la leyenda milagrosa y a los demonios de sacristía. Su pánico no viene de fuera sino que nace en el interior descreído del hombre moderno. Como bien aclara en el prefacio de sus Cuentos de lo grotesco y arabesco con orgullo de precursor: "Si el terror ha sido el tema de buena parte de mis obras, este terror no proviene de Alemania sino de mi alma".
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En sus narraciones lo sobrenatural siempre es la prolongación de lo natural por otros medios: lo que desafía a las leyes de la naturaleza es la subjetividad que las interpreta y quisiera transgredirlas hasta sacudirse su yugo fatal. En la mayor parte de los casos los cuentos están narrados en primera persona para que el lector tenga menos escapatoria cuando llegue lo irremediable. Sus protagonistas llevan dentro de sí una grieta precursora del inminente desastre, como la fachada de la casa Usher. Por esa grieta penetran -o salen- los espectros encarnados del pavor. Pero no hay en dichos relatos concesiones a la vaguedad ni la incoherencia de corte romántico: son artefactos lógicos, de precisión clínica, en los que cada acontecimiento y cada detalle ambiental se encaminan a producir un efecto único y traumático. Por eso resultan inolvidables y hasta quienes menos aprecian sus recursos truculentos no pueden ya librarse nunca de lo que les sucedió al encontrarse por vez primera con el corazón delator o cuando conocieron al señor Valdemar.
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Es difícil comprimir en pocas líneas la nómina de seguidores que tiene Poe, tanto entre los escritores como primordialmente entre los lectores, aunque naturalmente sólo puedo referirme con nombres y apellidos a aquellos. Los primeros estuvieron, por supuesto, en su propio país, como su contemporáneo de origen irlandés Fitz James O'Brien (su impresionante cuento ¿Qué era aquello? prefigura El Horla de Maupassant y las pesadillas de Lovecraft, ambos también discípulos del bostoniano) o Ambrose Bierce, el mejor de todos por su humor macabro y el trato familiar con fantasmas, que sólo igualará M. R. James. Después Baudelaire lo importa a Europa y así impregna a los mejores de cada país: Villiers de l'Isle-Adam, Gustavo Adolfo Bécquer (algunas de sus Leyendas cuentan entre lo más exquisito del género), Sheridan Le Fanu o el mismísimo Charles Dickens.
Quizá el mejor heredero de Poe sea R. L. Stevenson, no sólo en la obra maestra Jeckyll y Hyde sino también en Olalla o Markheim. Después, Arthur Machen, El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y la lista inacabable de los contemporáneos: Borges, que sigue la línea lógica y cosmológica menos frecuentada, Robert E. Howard (Palomos del infierno, La sombra de la bestia), Ray Bradbury, Julio Cortázar, Richard Matheson (¡aquella negra maravilla de tres páginas con que se dio a conocer, Nacido de hombre y mujer!), Robert Bloch, Jean Ray, Stephen King o buenos autores españoles como José María Latorre o Pilar Pedraza... Porque ¿quién de los que ayer o incluso hoy mismo de verdad cuentan no sigue la traza de Poe, es decir, su poe-ética?
Lamentamos que su vida fuese breve, como si supiésemos cuánto debe durar la vida de cada cual para realizarse plenamente. Y le compadecemos porque fue desdichado, atendiendo superficialmente a su neurosis, a su pobreza, a la pérdida temprana de su amada Virginia, a su alcoholismo... Demasiada presunción por parte de nosotros, los felices. ¿Desdichado? Nada sabemos del gozo sombrío de inaugurar esa alameda rigurosa y siniestra por la cual aún transitamos, con la jauría infernal en los talones. Quizá él nos espera, sonriente y verdoso, al otro lado.
Edgar Allan Poe. Cuentos completos. Traducción de Julio Cortázar. Edición a cargo de Fernando Iwasaki y Jorge Volpi, comentada por 67 escritores hispanohablantes. Páginas de Espuma. Cuentos completos. Traducción de Julio Cortázar. Edhasa. Cuentos completos. Prólogo, traducción y notas de Julio Cortázar. Augur. Poe. Una vida truncada. Peter Ackroyd. Edhasa.
de Babelia. Suplemento Literario de El País.
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por J. Ernesto Ayala Dip
El escritor y periodista mexicano Daniel Sada ha ganado por unanimidad del jurado el XXVI Premio Herralde de novela con la obra Casi nunca, que retrata una relación amorosa a tres bandas entre un ingeniero agrónomo, una prostituta y una ilustre señorita. Por primera vez en 26 años, Anagrama también publicará las otras obras finalistas. La novela finalista ha sido Un lugar llamado Oreja de Perro, del peruano Iván Thays.
Daniel Sada (1953) se dio a conocer con Porque parece mentira la verdad nunca se sabe (Tusquets, 2001). Una novela diríamos casi rabelesiana, por la amplitud de sus registros narrativos y lingüísticos, por su frondosidad argumental (hay quien contabilizó 25 tramas entrecruzadas y 90 personajes) y por su apego a la verbosidad festiva. Ahora, Sada nos entrega Casi nunca, una novela en la estela formal de la anterior. Sólo que su peso argumental se reduce drásticamente y los personajes que le dan vida son fácilmente identificables. El trasfondo histórico de ambas novelas remite a un mismo segmento cronológico, los años cuarenta. Pero ese encuadre temporal apunta en el libro que ahora se comenta a desvelar el viejo litigio entre castidad y sexualidad, a narrar sus flagrantes y, por qué no, cómicas contradicciones. Pero antes de avanzar en este terreno, insistamos en la reflexión estilística. Daniel Sada no usa el idioma como si se tratara de un ejercicio de prestidigitación. La lengua plebeya compite con la culta. El giro coloquial, la lengua fronteriza, la dicción mestiza descubren pliegues psicológicos con mayor precisión que lo que se obtendría con cualquier otro recurso introspectivo en la novela. Y descubre sobre todo la contradicción crucial que se va desplegando durante toda la narración: los rodeos o atajos ideológicos de que se nutren la moral de nuestra civilización (la judeocristiana) para posponer (que no suprimir) el goce del cuerpo. La novela de Sada bascula entre estos dos polos: el cuerpo que se vende (probablemente con remordimientos judeocristianos) frente al cuerpo que se oculta (para, a la postre, venderse luego mejor, sin ningún remordimiento). Así, Sada une nudo moral con escritura, para entendernos, inmoral.
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Casi nunca está dividida en cinco partes. La voz que narra es omnisciente. Digamos algo al respecto. Es una voz (a la vez que sujeto y objeto de la novela) que parece acompañarnos, lectores del siglo veintiuno. Está muy cerca de cada personaje, respira con ellos pero también parecería respirar con nosotros. Tiene cierto sentido del decoro. No cede, por ejemplo, a ciertas indiscreciones, como si no tuviera acceso a los pensamientos de los personajes. Si alguien atraviesa una puerta, esa voz es impotente para violar su intimidad. Dicha voz también nos ahorra detalles de la trama, si considera que resultarían innecesarios para el lector. Este criterio irónico de la voz en tercera persona forma parte del festín novelesco que nos regala Sada. El héroe de la novela se llama Demetrio Sordo (su nombre, por cierto, nada tiene que ver con el motivo literario que arrastra desde el siglo XVI). Es agrónomo y su existencia se debate entre la prostituta Mireya de Oaxaca y la casta y paciente Renata de Sacramento. Demetrio debe elegir entre la carnal realidad de la primera y la promesa virginal de la segunda. Alrededor de Demetrio adquieren significación narrativa el dibujo de varios secundarios de lujo: la madre y la tía del protagonista, y la madre de Renata. Esta novela no tiene la sustancia desmitificadora de la historia de México que tenía la más arriba mencionada, pero el narrador no evita, cuando puede, darnos indicaciones histórico-sociales concretas del país de 1945.
Sin su propuesta lingüística, esta novela hubiera sido otra. No más o menos diferente. Otra. Y eso porque dicha propuesta arrastra un propósito mucho más sustancial. Tiene que ver con lo cómico y lo serio en la literatura y en la Historia. Y por supuesto, en la sexualidad. Es lo que nos dice Milan Kundera en El arte de la novela: "Los auténticos genios de la comicidad no son los que más hacen reír, sino los que descubren una zona desconocida de lo cómico". Casi nada se desenvuelve en este privilegiado territorio. Y además, puede que termine significando lo que Gógol señalaba para una historia graciosa. "Si se observa atentamente y durante mucho tiempo una historia graciosa, se vuelve cada vez más triste".
De Babelia. Suplemento literario de EL País.
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El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante (Foto: Conchitina). |
Por Joaquín MARCO
La fotografía de la solapa de esta edición de la novela póstuma del cubano Guillermo Cabrera Infante, residente en Londres desde 1966, nos muestra la figura de un joven con gafas oscuras y abundante cabello negro. Corresponde a un desconocido Cabrera Infante en la azotea de la revista “Carteles” en 1957. Contaría entonces alrededor de veintiocho años (había nacido en Gibara, en la provincia de Oriente, en 1929) y éstos serán los elegidos para la acción de este relato donde volverá a servirse del registro autobiográfico. Tras su fallecimiento en la capital británica, en febrero de 2005, se difundió la noticia de la existencia de una novela inédita que ahora ve la luz. Cabe añadir que los personajes se sitúan desde el recuerdo en La Habana de aquellos años.
El autor vuelve así, tras su espléndida La Habana para un infante difunto (1979), a recuperar una juventud perdida y el mitificado escenario de una ciudad que se convertiría en “el centro de mi universo. En realidad era mi universo. Una nébula clara. Recorrerla era un viaje por la galaxia. En el cielo había dos soles” (p. 21). El instrumento del que se servirá el autor-protagonista-narrador será la memoria. Abre el libro una advertencia que justifica el mecanismo elegido: “Según la física cuántica se puede abolir el pasado o, peor todavía, cambiarlo. No me interesa eliminar y mucho menos cambiar mi pasado. Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo. Esa máquina es la memoria. Gracias a ella puedo volver a vivir ese tiempo infeliz, feliz a veces. Pero, para suerte o desgracia, sólo puedo vivirlo en una sola dimensión, la del recuerdo” (p. 11).
Como indica ya el título, La ninfa inconstante, vendrá a presidir con un deje nostálgico la recuperación de un tiempo en el que confluyen la juventud, la efervescencia urbana y el amor. Estela Morris, su protagonista, mantiene cierto paralelismo con aquella “niña mala” (Travesuras de la niña mala, 2006) de la novela de Mario Vargas Llosa. El protagonista vivirá intensamente su descubrimiento y sus ardientes amores iniciales, cuando ella todavía no ha alcanzado la mayoría de edad. Poco después se describirá su transformación en mujer y sabremos, dada la distancia desde la que se narra, algunos detalles de su futura evolución, de sus posteriores parejas, de su inclinación al lesbianismo y hasta de su muerte. Sin embargo, el autor ha elegido un momento preciso, puntual, del desarrollo de su personalidad, el que coincide con su oficio de periodista en la revista “Carteles” en el marco de una ciudad lúdica, como su mismo arte de narrar. En gran medida los aciertos de su elaboración textual residen en el juego del espléndido lenguaje narrativo que ya conocíamos de sus novelas anteriores, aunque aquí tal juego resulte más intenso. Abundan las cacofonías, las distorsiones de frases hechas, los juegos de palabras, su personal sentido del humor, la utilización de citas de diversos autores que el lector ilustrado podrá advertir, personajes novelescos y cinematográficos (es de sobra conocida su afición y dedicación al cine). El ingenio de un Cabrera Infante culto que entiende la novela como una fórmula de la autobiografía y ésta como parte de un ensayo sobre el significado de la existencia. Merecería ser anotado para no perderse en la intrincada selva de las alusiones. No desdeñará ni siquiera las greguerías (p. 157) y subyacerá en la historia amorosa un argumento próximo al bolero, sustrato folklórico, constante y fórmula narrativa que explicitará muy a menudo. Cuando el protagonista, casado y con hijos, conoce a esta muchacha ya nos advierte: “ya que soy el narrador tendré que hacer el papel de villano”. Por consiguiente, entre la compleja relación que se establecerá, en el fugaz amor a primera vista, nunca se recurrirá a fórmulas morales.
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Guillermo Cabrera Infante tratará de evadirse del esquema que trazó en su día Vladimir Nabokov con su ejemplar Lolita, aunque la trama inicial muestre un natural paralelismo. No aparecerá aquí, sin embargo, el sentido moralizante de la sociedad estadounidense, sino el liberalismo erótico-sentimental cubano. En realidad, la frágil trama amorosa (porque de novela de amor y desamor se trata) es una mera excusa para recrearse en La Habana perdida y ubicua: “Bajamos por la calle O hasta 23, la esquina marcada por una exhibición de autos ingleses: Austin Healy, MG (las iniciales son inolvidables), etcétera. Caminamos por 23 arriba para pasar por delante del edificio Alaska y, enfrente, cruzando la calle, estaba la vidriera de Chryslers y Cadillacs. Seguimos por el costado del edificio Radiocentro, esa ballena varada en la costa. Allí, en la esquina estaba, como todas las noches, El Artista Cubano…” (p. 54). Éste será uno de los múltiples paseos urbanos de los amantes que habrán de permitirle describirnos las líneas de autobuses, los restaurantes, las pensiones, los hoteles, las playas, los night clubs, los barrios en los que discurre la acción. Incluso se incluye un callejero (p. 177) o se alude a la decadencia del hotel Trotcha en El Vedado (“No era su esplendor (que ocurrió en el siglo pasado) sino su decadencia lo que me fascinaba. Era como una metáfora sin sentido literal pero literario gracias a mi habilidad de encontrar parecido entre cosas dispares” (p.200).
La capacidad asimiladora de cuanto le rodea y aún de sí mismo le permitirá aprovechar el título de su novela “¿Vista del amanecer en el trópico?” (p. 125) y, de nuevo en la p. 245, para describir los ojos de aquella “niña prodigio”: “Sus ojos pálido ópalo, eran de un claro atardecer en el trópico y pronto se sumirían en una noche oscura con fosforescencias peligrosas” (p. 243), capaz de servirse de la ironía en cualquier circunstancia: “A esa desdicha- da hora de las seis de la mañana, hora pro novios, salimos a la calle”.
Pese a las circunstancias históricas en las que se sitúa la novela, apenas si aparecen menciones políticas, salvo en las páginas 222 y siguientes, cuando el protagonista precisa el tiempo narrativo: “No habían pasado seis meses del asalto al Palacio Presidencial, que terminó entre sangre y el fracaso”. Habrá de servirle para describir a Olga Andreu que pretendía saber la opinión política del narrador y de su íntimo Branly. Tras mencionar que había ya aparecido, a sus dieciséis años, en otro de sus libros, describirá a la muchacha comiéndose las uñas de los pies: “Olga era muy limpia pero lo de comerse las uñas de los pies era, ¿como diría?, un gesto in extremis” (p. 223). La trama desemboca en el desamor, casi en el olvido. Cuando se rememora la figura de Estela, ella ya ha desaparecido: “Nos salvará este paraíso, nos condenará este infierno: un libro, la vida. De verdad, verdugo nunca fue mi tarea más temida, y encontré entre las cenizas de mi amor, su corazón intacto.// No fue un solo verano de felicidad, sino un verano todo de miseria y furia y fuego.” (p. 270). El juego verbal, la intertextualidad y el humor caracterizan esta brillante novela. Todo parece conducir hacia una reflexión sobre la esencia de la cubanidad, de la que se ocupó en obras anteriores. El narrador –o el mismo autor– nos confiesa: “Participo de la paranoia nacional y aun de la esquizofrenia nativa de haber sido un país esclavista que se convirtió en una nación mulata con el negro como recuerdo del esclavo: el país se hizo todo mestizo/…/ Lo peligroso del cubano es que es un esclavo liberado” (p. 278). No será el sexo lo que convierta el descubrimiento en pasión. Tan sólo una vez, proclama, hicieron el amor (se sirve en la ocasión del cubanismo “singar”). Sin embargo, la describe sensualmente: “…llevaba el sexo literalmente a flor de piel. La piel dulce. Con labia en su cuerpo. Grandes labios, breves labios” (p. 146).
Las alusiones a filmes, a citas, a títulos de obras, a personajes literarios, como el poeta modernista colombiano Barba-Jacob, la anécdota de Ruskin, la mención de un verso de García Lorca u otro de Miguel Hernández, Belmonte y Sevilla o el tío de Branly, en su piso transformado en un santuario de recuerdos nazis, enriquecen una historia tamizada por la sensibilidad nostálgica del autor, capaz de asomarse con una sonrisa al despropósito o tratar, como un poeta, sus descripciones hasta quebrarlas: “Ah, bella blonda, monda y lironda. O monda sola. Ella, rubia, se doblaba sobre la guitarra amarilla mientras Branly ejecutaba, ése es el verbo, un bolero, [triste como la tarde], cantó” (p. 167).
"La realidad son los otros"
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Carlos Martínez Rivas |
PROTESTA ANTE UN ACTO DE CENSURA OFICIAL
El diario El País de Madrid ha iniciado la publicación de una serie de antologías de los más renombrados poetas hispanoamericanos, bajo la dirección de José Manuel Caballero Bonald. Entre los poetas escogidos para tener un libro en esta serie, se hallaba el nicaragüense Carlos Martínez Rivas (1924-1998), y el prólogo correspondiente fue encargado a su compatriota Sergio Ramírez.
El gobierno de Nicaragua, que reclama ser dueño de los derechos de autor del poeta fallecido, ha vetado a Sergio Ramírez como prologuista, condicionando la autorización de la publicación de la obra a que sea sustituido. Tanto el diario El País, como el propio Caballero Bonald, han rechazado esta pretensión, y en consecuencia la antología de Martínez Rivas ha sido retirada de la serie, con lo que su espléndida poesía es impedida, por causa de una acción arbitraria, de llegar a decenas de miles de lectores.
Los participantes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que firmamos este pronunciamiento, denunciamos este inaudito acto de censura oficial al escritor Sergio Ramírez, que de paso lo es a la obra de Carlos Martínez Rivas, y lo condenamos con toda energía. Ningún gobierno puede arrogarse la potestad de vetar o prohibir la palabra de un escritor, y un acto semejante no puede calificarse sino de totalitario.
Invitamos a otros escritores, intelectuales, artistas, periodistas y editores, a sumarse a este pronunciamiento.
Guadalajara, diciembre de 2008.
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Gracias a la gentileza del escritor nicaragüense Sergio Ramírez les presentamos aqui el prólogo censurado por el gobierno de Daniel Ortega.
Sergio Ramírez
A la hora del desayuno de mis tiempos oficiales en el gobierno de la revolución ya estaba allí el correo de Carlos Martínez Rivas como si una mano invisible lo hubiera dejado sobre la mesa: un sobre de manila que había tenido antes otro uso, rotulado con su letra escolástica, firmes y elásticos arabescos de tiempos de empatador y tintero que enlazaban con sus rúbricas, como virutas, unas palabras con otras. Caligrafía de alumno díscolo del Colegio Centroamérica de Granada junto al Gran Lago de Nicaragua, mimado de los jesuitas, sobre todo del poeta navarro Ángel Martínez Baigorri, su mejor maestro, y mimado de las musas. Dóctor, se dirigí a mí en el sobre, o Doktor. Él era the poet, nada más el poeta.
Ya estaban allí también los informes oficiales, los recados tempraneros, los partes y las tiras de telex que ya no existen más, pero la avidez me llevaba de primero a rasgar el sobre de Carlos para encontrar, sino era otra vez su testamento ológrafo, porque varias veces fui su heredero universal honorífico y legatario otras tantas veces de su biblioteca, disposición esta última que llegó a anular bajo el temor, sic, de que “la convertiría en una biblioteca popular”, sus poemas aún envueltos en el dorado calor del horno: madeleines para mojar en la taza de te de tilo a la hora del asma en Combray, croissantes para comer de pie junto a la barra en los desayunaderos de piso cubierto de aserrín de la rue Monsieur-le-Prince, muy al alba aguardentosa, hora de la alta resaca, mareo nostrum, los tiempos aquellos en que Octavio Paz lo recuerda aparecer entre los amigos de la inquerida bohemia con una guitarra y una botella llena de ron.
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El poeta Carlos Martínez Rivas |
Su casa de Managua en el barrio de Altamira, uno de esos colmenares construidos después del terremoto, era como una panadería. Aunque alguien dijera por allí, quizás nosotros dos mismos conversando en eterna risa que ya traíamos muertos de risa desde los años ejemplares que compartimos en la década de los setenta en Costa Rica, que él llamaba con risa Costa Risa, encerrados en mi oficina burocrática de San Pedro de Montes de Oca, o en su celda monacal del falso Hotel Sheraton de la Avenida Central de San José, nombre ampuloso para un albergue de media mala muerte que sus propietarios chinos habían inscrito en el registro de marcas y no había trasnacional del mundo que pudiera quitarles, o como una ocurrencia más de aquellas de las tertulias de anochecer discutiendo literatura con José Coronel Urtecho a la luz de lámparas tubulares en el corredor con barandas de la hacienda Las Brisas que daba al Río Medio Queso anegándose en tinieblas, aunque alguien dijera, digo, cualquiera de nosotros dos, que más que una panadería se trataba más bien de una cueva, la cueva de Altamira con sus bisontes en la pared y el minotauro hidrópico que era él mismo paseándose en pelota entre esos muebles que no eran de hogar, sino de oficina de impuestos porque casa y muebles se los había proveído el gobierno, para qué más servía una revolución sino para amparar a un poeta, acaso sobre su desnudez una robe de chambre amarilla como una capa pluvial esponjándose en el aire tibio de la mañana. Y el espejo y la navaja de afeitar cruzados sobre la bacía llena de espuma de jabón. Cueva, o torre.
A esa puerta de la panadería de Altamira en la Managua que hervía a cuarenta grados centígrados llamó Graham Greene un mediodía de los dichosos años ochenta y el panadero barrigón en robe de chambre amarilla, válgame Dios, pelo hirsuto y labios tumefactos, abotagado de gin barato como aquel de la Fábrica Nacional de Licores de Costa Rica, comprado por cuartas en el Chellez Bar y que sabía a Pinesol, no le quiso abrir, y our man in Managua se quedó en el porche donde crecía feraz, el monte. La zarza ardiendo. Llamó con mejor suerte Mario Vargas Llosa, suerte que conocía a Blanca Varela y tuvo entonces entrada, y en la boca del horno le propuso al fauno comprarle su tomo crítico de las cartas de Flaubert, un viejo Flammarion de postguerra, y no se lo quiso vender, ni por todo el oro del mundo, me dijo luego esponjando en orgulloso disgusto la boca.
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Sergio Ramírez (Foto: Mike Wolff) |
Por nada del mundo vendería tampoco la reproducción de la foto de Baudelaire, obra de Nadal, fijada con chinches al estante, pero quién quita un día de estos se la roban, como tantas cosas que desaparecen aquí, en toda fábrica de pan ocurre, se roban los huevos, la mantequilla. Hasta los moldes. Tanto derelict (palabra suya preferida=a social outcast, vagrant) rodeando a su dioscuro coronado de pámpanos, pululando ya de noche entre los sacos de harina, hurgando entre los desperdicios, un cardumen de gorgojos que busca pedacitos de gloria, fragmentos brillantes dispersos por el piso sin barrer, y a quienes el panadero de barba entrecana, una barba de días, gozoso de su papel, dirige como si se tratara de las pulgas amaestradas de un circo venido a menos.
En ese cuarto -la alacena- están los libros en sus estantes y los viejos periódicos arpillados en mesas y en el piso donde andan los gatos, el viejo Poe que bota a su paso pelambre, el primero. ¡Amontillado! ¡Quién tuviera a su disposición un barril de amontillado aunque fuera en el rincón de la escena de un crimen! Huele por doquier a alcohol derramado, a orines estancados, a materia fecal, a desperdicios de cocina; pero aquí en la alacena toda la materia prima es apetitosa, aceite, harina, azúcar, sal: son los libros sabios y suculentos que uno siempre quisiera leer, libros citables, precisos, suficientes para confeccionar las hogazas de pan que se sirven en la fonda de Henry Fielding (Tom Jones, expósito, Libro I, Capítulo 1): los formidables portables de Penguin, ese Edmond Wilson, por ejemplo (y se colocaba imaginariamente el tomo bajo el brazo, dando un orgulloso paseo). O el sólido bollo, harina y levadura, que es Jude the obscure de Thomas Hardy, y qué me decís de Sons and Lovers de D.H. Lawrence, ¿y Der Tod des Vergil, de Hermane Broch?, la muerte de Virgilio, no menos que la otra muerte, La muerte en Venecia, Der Tod im Venedig de Thomas Mann, y Dirk Bogarde sudando en la barbería funeraria bajo el maquillaje espectral. Una pronunciación espaciada, declamatoria, de cada título, el goce sapiente de cada palabra, como lo haría seguramente en las tertulias de cinco de la tarde Alexander Pope conversando con Orlando, el caballero-mujer de Virginia Wolf.
Libros arrastrados en el aluvión de su vida, piedras, lodo, amores perdidos, guitarras despanzurradas como aquella su guitarra en bandolera con la que lo vio llegar Octavio Paz, Carlos trastejando las cuerdas en el bar ya sin clientes del Hôtel des Etats-Unis, y otros amaneceres con Blanca Varela, y Fernando de Szyslo, y Julio Cortázar, y Ernesto Cardenal, todos juntos en aquella mesa del fondo que se aleja en un zoom inverso hasta que el obturador de la cámara se cierra en oscuridad, eternos desconsuelos, rencores de bolero, él, que como San Juan de la Cruz lloraba por verse postergado, (a ti te premian, a mi me plagian, le dijo en un poema a Octavio Paz), manías persecutorias, desprecio fementido de la fama.
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Escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Foto: Petr Hammer Verlag) |
Lecturas insuficientes: no hay lecturas suficientes, Doktor, porque ser sabio del todo sería como la muerte según el Doktor Faustus de Thomas Mann. Libros metidos en cajas de leche condensada para atravesar el mar, handle with extreme care, y los que se quedaron perdidos en París, y los otros abandonados en el apartamento de Argüelles en Madrid cuando fue el consejero cultural de la Embajada de Nicaragua que deambulaba por los bares hasta las claras del alba, y los que reposan aún en una oscura bodega en Los Ángeles, California, en espera del regreso de su dueño, el empleado de aduana marítima, puntual cuando no estaba en las cantinas, de corbata y cuello duro, mangas cortas, un clerk, como Rousseau el aduanero de los leones apacibles en azul nocturno. Igual a como vestía cuando lo conocí en León en tertulia improvisada, en la casa de Edgardo Buitrago en mayo de 1964, yéndose ya a España a asumir su puesto en la embajada, y yo a Costa Rica a asumir el mío en el Consejo Superior Universitario Centroamericano, clerk=la persona que realiza tales funciones como llevar registros y atender correspondencia, el clerk (oficinista) que guarda en una gaveta del escritorio el libro que lee furtivamente, talvez las poesías escogidas de William Blake, talvez las de Emily Dickinson: At last, to be identified!/At last, the lamps upon thy side/The rest of life to see! (¡Al fin, ser identificado! ¡Al fin las lámparas a tu lado, lo que queda de vida para ver!)
Después, en esa casa de Altamira, la cueva que fue panadería, estaban las sartenes, colocadas en orden, donde esperaban para entrar al horno los textos en proceso (work always in progress). Se ve lo que no se toca. Carpetas rotuladas con plumones violeta, negro, marrón, a las que nadie puede asomarse, y sin embargo, todo mundo se asoma, todo mundo se siente en esta feria con el derecho de secuestrar esos manuscritos (mecanoscritos) para llevárselos como souvenirs, travestis sin fortuna, efebos indefensos como aquel del dormir plácido en el sótano del Louvre, erinnias mal disfrazadas de monjas, o peor, de vedettes, o de vampiresas, putillas, poetillas: si no estuviera el otro. El difuso terco mundillo del amanecer. La pululante línea de la imperfección y el anonimato…
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Y finalmente el horno, la máquina de escribir, seriamente colocada sobre el escritorio de contador segundo, frente al sillón de vinilo estacionado a la distancia precisa. Su firma al pie de cada poema, cmr. La manía cmr ha llegado a consistir en sus constantes denuncias contra los tipógrafos primero, y las operadoras de computadora al acabarse los tipógrafos, porque cometen demasiados errores y arruinan los textos ¡La fatalidad de una letra trastocada, de la línea de un verso mal cortada, traiciones a la fidelidad! De modo que las cuartillas salidas de la máquina, y tecleadas con primor maniático¾a veces con subrayados en rojo (llegó la hora en que esas cintas de máquina de dos colores dejaron, alas, de existir) iban directamente a la plana del suplemento literario, fotografiadas en vivo. Si es que iban, porque había aún una mejor manía, la de negarse a publicar sus poemas.
Pasaron los años. El horno, con su rojo fulgor de infierno, aventando chispas por la boca que traga las sartenes, no hay modo que no siga encendido en la cueva desierta del panadero que toda la vida pasó aprendiendo a actuar, a vivir, a beber como Baudelaire, la perfomance de su vida que fue toda su vida. Suyo el rescoldo del absintio, suya la resaca del ajenjo que tiñen de verde las llamas del horno y el cielo del paraíso, infierno de cielo. Un ensayo de infierno. Ensayo con trajes, hoy, dress rehearsal, y la gran gala, poet, suspendida por fuerza mayor. Pan duro, duro aprendizaje. La última sopita. La cama final de la sala J del Hospital Militar de Managua.
El coche funerario arrastrado por la pareja de caballos enclenques de cabezas empenachadas y los lomos cubiertos por un velo negro como de mosquitero, va por la Calle Real de Granada mientras los transeúntes se alinean extrañados en las aceras porque detrás la banda militar toca marchas dolientes. Y no hay manera que se aparte de la cabeza del muerto eximio el recuerdo implacable de su madre endeudada que se suicidó porque había dispuesto de las joyas que el Monte de Piedad le confiaba para colocar, sólo para que el hijo se hiciera poeta en París, el hijo pródigo, el hijo prodigio. Y la edición príncipe de un mil ejemplares de La insurrección solitaria, su único libro que siempre crecía o disminuía, según el caso, que se trajo de México casi íntegra y se comieron la humedad y las polillas en la bodega de un beneficio de café de la hacienda de un pariente suyo, cercana a Managua. ¿Hay un ataúd que clavan con gran prisa en alguna parte? Ce bruit mystérieux sonne comme un départ…
Y vestido ya para la gran gala, según la foto de Nadal, mantos y mangas de mujeres lo depositan en la obscura y helada tumba que se buscó. Y que viene a ser lo mismo según su San Malcolm Lowry y el mío, la oscura tumba donde yace mi amigo.
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El poeta peruano José Watanabe. |
Por Carlos Villanes Cairo. Madrid.
En España, a José Watanabe (Laredo, 1945 - Lima, 2007), se le lee cada vez más en los institutos y en las universidades porque siempre habla con la sapiencia del verdadero poeta, sin los malabarismos del pensamiento ni la vacua pedantería del lenguaje, que ensombrece a los bardos de uso, hace huir a los lectores y ha convertido a la poesía en la Cenicienta de las editoriales. Pero también disfruta de su literatura la gente anónima, la que sin grandes campañas de publicidad lo mantuvo con La piedra alada, un libro anterior, en el pedestal de los más vendidos durante casi un año, colocándolo a lo largo de 9 semanas en la cima del podio.
La salida de sus Poesía Completa en la Colección La Cruz del Sur de la editorial valenciana Pre-Textos (456 pp.), con un afinado prólogo de Darío Jaramillo, reafirma el aprecio de una lectoría hispanohablante cada vez más entregada a su arte. Atípico en su formación, casi autodidacta, hijo de jornaleros de hacienda y mestizo, de un japonés emigrado y una mujer de extracción andina, para Watanabe la aprehensión de la poesía era como el fugaz destello de un flash, la captación instantánea de una imagen vista a través de la niebla, donde los contornos precisos se difuminan pero queda la esencia que le conmueve, deslumbra y empuja a escribir con urgencia vital, nunca visceral, pese al cáncer que lo atenazaba.
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Poesía Completa. José Watanabe. Editorial Pre-Textos. Valencia. España. 2008. 456 pp. |
Lo descubrió todavía adolescente y se lo contó a Pedro Escribano, viendo en La Punta la salvadora semántica del cruce de señales marinas agitadas de banderas en la niebla; para evitar el naufragio cotidiano de la incuria, el ninguneo, la ausencia en grupos generacionales o pabellones desplegados de los años 70 y 80 cuando protestar era imperativo. Pero la verdadera poesía nace acorazada. Y Watanabe en su parquedad, la sencillez de sus versos y sus temas, es conciso, preciso y directo. No está con amaneramientos de imitación a los mayores, ni a los "ismos", que convierten a muchos poetas en herbazal bajo los grandes árboles y a empedrar el infierno literario con sus buenas intenciones.
Un sutil y extraño panteísmo, una envolvente hierofanía, al alimón oriental y peruanísima, movía su pluma en un universo de pueblo, de hacienda azucarera, como fue Laredo, su tierra nativa ahora casi fantasma, pero que fue bellamente real en su niñez, cuando la gobernaban señores de horca y cuchillo. Watanabe huye de toda reivindicación, de toda bandería política y literaria. Para él es más importante redescubrir el amor de familia, la exquisitez de la naturaleza, el destino final de los días del hombre; en suma la vida cotidiana a la que miraba embelesado, buscando descubrir el chispazo, la mínima señal que le indicara que ahí había un poema. Ha confesado que gozaba más escribiendo que leyendo, por eso fue capaz de interpretar el lenguaje secreto del mundo y entregárnoslo en forma de poesía como Tagore, como la parte terrígena de Neruda, como los misterios marineros de Frost, y los adormilados abetos del sueco Martinson, premio Nobel en 1974.
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Se apagó la voz de Yma Súmac a los 86 años. Legendaria soprano peruana fue derrotada por un cáncer de colon. Será enterrada en Hollywood.
por Hans Huerto
La Noticia llegó como uno de sus arrebatos vocales que rompieron todo parámetro inventado por el ser humano. Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo, Yma Súmac para el mundo, se apagó víctima del cáncer al colón, contra el que luchó desde febrero –cuando se lo diagnosticaron– hasta este último sábado, cuando falleció en Hollywood, la ciudad que la acogió hace más de sesenta años y que incluso la ha honrado con una estrella con su nombre en su no menos célebre Paseo de la Fama. Es así que la página web oficial de la soprano y actriz informó el domingo que las exequias de la diva –que se desenvolvió sin miramientos entre el jazz, el rock y una particular recreación de los sonidos del Ande que muy bien caracterizaron su trayectoria como "Princesa Inca"– se celebraron a nivel "muy, muy privado, en ubicación desconocida".
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Asimismo, el portal señala que la cantante –nacida en Cajamarca el 13 de setiembre de 1922, fecha que ha sido materia de toda una discusión– pasó el último año de su vida "rodeada por la gente que la amó y cuidó de ella con el mayor esmero posible, por flores, cartas de sus admiradores, fotos de sus días de gloria... y sus asistentes personales, dos pequeños chihuahuas que amó mucho". Yma Súmac dejó un hijo, Kapushka Vivanco, que reside en España y que estuvo en contacto con su madre constantemente. La artista cajamarquina vivía en Estados Unidos, al cuidado de asistentes personales y bajo un régimen legal mediante el cual un estudio de abogados velaba por sus intereses y su integridad, tal como recuerda Miguel Molinari, comentarista lírico y promotor del bel canto en el Perú.
Molinari condujo la gestión que trajo de nuevo a Yma Súmac al Perú, en 2006, cuando recibió diversas condecoraciones en honor a su trayectoria artística, entre ellas la Orden del Sol del Estado peruano y la Medalla Jorge Basadre de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El comentarista lírico señaló que Yma Súmac se mostró solícita para volver después de varios años a Perú: "Ella necesitaba de su país. Acá no se le dio el reconocimiento en su tiempo, le hacían falta las condecoraciones de su patria, pues las recibió de varios lugares, menos en la suya. Entonces, fue la mujer más feliz de la tierra". Y es que la carrera de Yma Súmac se inicia en Perú, pero pronto busca nuevos horizontes, en Buenos Aires y posteriormente en Estados Unidos. Debutó como cantante folclórica a los 20 años en Radio Nacional y, poco después, se casó con Moisés Vivanco (hasta su divorcio en 1965), compositor que dedicó su obra a los arreglos que mejor funcionaran para lucir el amplísimo rango vocal de la cantante: si una soprano educada alcanza dos octavas, Yma Súmac podía llegar a cinco en su pico.
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HOMENAJES
Nuestro mayor tenor, Juan Diego Flórez, no escatimó elogios para Yma Súmac. En comunicación con Rosa María Palacios, en Radio Kapital, dijo: "No tuve la oportunidad de conocerla, pero sí he sabido de su trayectoria, he escuchado sus discos. Me llena de alegría que, antes de irse, mi país la haya condecorado con las distinciones más altas". Y es que, como apunta Molinari, logró notoriedad –además de su peculiar recreación de sonidos de la naturaleza en sus piezas de raigambre peruana– "anunciando ser la última descendiente de los incas y que su voz encerraba sus misterios telúricos. Así, fue la iniciadora del world music, la verdadera música de fusión, por los años cincuentas". A Yma Súmac no le interesó la ópera –aunque cantó un par de arias profesionalmente– y desarrolló un estilo más libre, plagado de referencias sonoras de mil rincones del globo. Ese ímpetu le valió las críticas de algunos folclóricos, que por estos lares veían lo de Yma Súmac como una deformación de la tradición, cuando en realidad se trató de una visionaria. Por suerte, esta vez, nuestra historia corrigió sus errores. Pero, sobre todo, se vio enriquecida con el paso de su voz. Descanse en paz.
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En 1958, Yma Sumac era un verdadero ídolo admirado por el mundo. Ese año el escritor y musicólogo cubano Alejo Carpentier, impulsado por la excepcional publicidad que recibía la peruana, la fue a ver en un concierto en París. "Cuando el público acude a conocer el portento, piensa en todo menos en la música que va a cantar Yma Sumac", escribió: "Casi no sabe si debe aplaudir a una mujer que canta, o a un fenómeno". Y añadió: "Una vez oídos los dos primeros 'números' de un programa suyo, ya puede retirarse el espectador. Está enterado de todo. Ninguna sorpresa le espera, fuera de los cambios de trajes". Carpentier creía que Zoila Chávarri del Castillo hizo de su voz una atracción de circo en lugar de entregarse al arte culto. "Para ella, en vez de constituir una inapreciable riqueza, la posesión de una voz excepcional se ha vuelto una limitación, un obstáculo, una rémora, vedándole los caminos de la verdadera música, de la universal, de la eterna. En vez de llamarse Mozart, Schubert, Schumann o Brahms, sus compositores todos se llaman Moisés Vivanco", su marido.
Es verdad que prefirió el trato de fenómeno y que desechó la posibilidad de que autores de nota escribieran para su voz. Por eso cultivó la mentira de que era descendiente de Atahualpa, que cantaba como las vírgenes del Sol y que provenía de una tradición de sacerdotisas del Imperio Inca. Amaba el folclorismo. Y tenía un buen olfato comercial. Al año siguiente de la crónica de Alejo Carpentier, Yma Sumac publicó uno de sus álbumes más populares, Mambo! (1959), un conjunto de 11 temas compuestos por Vivanco para insertarse en el baile de moda que impuso Dámaso Pérez Prado. Luego volvió a la música de inspiración andina. Nunca cambió. Carpentier auguró otro futuro si decidía dar el salto: "Será una verdadera cantante y no un simple objeto de exhibición. Será una artista, y dejará de ser considerada como un mero fenómeno. Dará recitales verdaderos, y no será ya la discutida atracción de un show". Pero Yma Sumac prefirió ser un fenómeno. Cuando retornó al Perú en 2006, comprobó que lo seguía siendo. Así prefieren recordarla los que la admiran. Amén.
LEGADO
Ábumes. Con canciones sudamericanas, en clave hollywoodense, grabó Voice of the Xtabay, Legend of the Sun Virgin, Mambo!, Fuego del Ande, entre otros. Su último trabajo fue Miracles! (1971).
Filmes. El secreto de los incas (con Charlton Heston), los musicales mexicanos Las canciones unidas y Música de siempre, entre otras.
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El escritor francés Jean-Marie Gustave Le Clézio. Premio Nobel de Literatura 2008. |
Por Alfredo Vanini
Del último premio Nobel de Literatura muchos calificativos han circulado esta última semana: eterno nómada, escritor de lo exótico y del desarraigo, viajero secreto y místico. Otros han sido menos benévolos: aburrido, pesado, cultor del formalismo nouveau roman. Incluso en Chile un crítico literario con apellido de marca registrada –que dicen es el mejor de aquellos lares, patentado supongo– ha vaticinado, cual Casandra, que será olvidado en dos años.
Si bien es cierto que la vigorosa actividad editorial francesa hace imposible que se lea estrictamente todo (un centenar de novelas aparece cada setiembre solo en Francia), pocas veces un galardonado con el premio literario más prestigioso del planeta y el que más dinero da ha suscitado tanta virulencia como perplejidad.
Porque lo leemos hace ya sus buenos quince años y porque los lectores pueden encontrar abundantes datos sobre él en la web, no nos preguntaremos quién es Jean Marie Gustave Le Clézio; más útil sería preguntarse cuál es su universo narrativo. Arriesgaremos un poco más, yendo de lo genérico a lo particular. Preguntémonos: ¿qué premia la Academia sueca cuando otorga el Nobel a un escritor y no a otro?
Sin barroquismo, su creador, Alfred Nobel, en un solo párrafo de su testamento, va directo al grano (no olvidemos que inventó también la dinamita): "Lo que queda de mi fortuna quedará dispuesta del modo siguiente: el capital, invertido en valores seguros por mis testamentarios, constituirá un fondo cuyos intereses serán distribuidos cada año en forma de premios entre aquellos que durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad. (…)
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Una parte a la persona que haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista dentro del campo de la literatura (…)". Dos ideas principales: una general, "mayor beneficio a la humanidad", y otra particular, "obra literaria de tendencia idealista". Clarísimo. No es un premio para el escritor que más vende, o para el que más entretenidas historias cuente. Ni para el más simpático, ni para el más comprometido políticamente.
Tampoco dice nada respecto a la calidad literaria, aunque admitamos que el hecho de posar el dictamen sobre los hombros de los académicos de su país otorga un carácter doctoral a las decisiones. Mucha tinta ha corrido desde 1901, año en que otorgaron los premios por primera vez, y sería pertinente dilucidar sobre el lugar que el gusto contemporáneo concede a la literatura. Y nos parece que el entretenimiento y el goce tienen hoy valor de ley.
El discurso del rey-mercado habría impuesto el predominio del buen oficio del contador de historias sobre cualquier otra consideración, sea esta el ejercicio del imaginario, la innovación del estilo o el deleite de la experimentación. Lo que vende, en suma. Literatura como mercancía y prestigio (¡y sabemos cuántas formas hay de obtener promoción social en el maremagnum de la industria de libros!). Los adeptos a esta tendencia asumen como medida de calidad literaria su propio bostezo, sin percibir que acaso ese gesto revela más bien sus poquedades personales, ya sea en gustos y hábitos o, peor aún, en comprensión de lo leído. Los ejemplos que esgrimen para legitimar su dogma son siempre los mismos: "El viejo y el mar", de Hemingway, y "Crónica de una muerte anunciada", de García Márquez.
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Ambas cuentan historias con desarrollo cronológico lineal y su estilo simplísimo nos atrapa de inmediato. Y ciertamente ambas son joyas literarias. No afirmamos que contar bien simples historias sea prescindible, pero ¿cronología y estilo simples (y cero experimentación) son condiciones únicas para ahuyentar el temido bostezo? Falso absolutamente. Con otros dos ejemplos lo demostramos: en "Un día perfecto para el pez banana", Salinger, escritor norteamericano, nos ofrece un relato en solo dos secuencias –dos diálogos para ser más precisos, uno de ellos telefónico– sin que exista conexión aparente de una con la otra. La narración cronológica, las descripciones de personajes y el estilo son casi inexistentes. Invitamos a cualquiera a leerlo: lo enganchará desde la primera línea y el final lo dejará petrificado.
El otro ejemplo es "La náusea" de Sartre (otro ganador del Nobel, que rechazó): cartas, diario personal, acción y pensamiento, distintos planos temporales, decenas de personajes, superposición de estilos. Todo eso no nos impide mantener los ojos sobre el libro hasta saber qué pasa con Antoine Roquentin, su atribulado personaje. Y todo esto viene a colación respecto a la impronta de "escritor pesado y desconocido" imputada a Le Clézio, un magnífico escritor que, por diversas razones, no vende mucho en nuestro país (lo que ha motivado que un regular escritor chileno, que sí vende mucho, defina envidiosamente a Le Clézio como "mister nobody cares") .
Volvamos al Nobel. ¿Debería la Academia sueca orientar sus elecciones del lado de los imperativos de la fama o el mercado? No tendría por qué. Ni podría hacerlo. Uno, porque tiene un claro encargo que cumplir. Y dos –y esto es lo más importante– porque nociones como "mayor beneficio a la humanidad" e "idealismo", por más gaseosas que les parezcan a algunos, no son meras contingencias de las que los escritores, y los artistas en general, debieran sustraerse forzosamente. En ese sentido, la Academia sueca ha demostrado coherencia en la coronación de varios de los últimos Nobel literarios: Nadine Gordimer, Toni Morrison y V.S Naipaul, más allá de sus cualidades literarias o de sus volúmenes de ventas, han sabido impregnar a su escritura singular de un humanismo rico y universal, consagrado a pensar el mundo de manera distinta.
Acaso tanta batahola respecto al Nobel se deba a que, en estos últimos años, solo reconocemos como grande a la literatura escrita por los grandes escritores, lo cual es triste si lo pensamos un poco. Y por esta razón es que algunos vienen reclamando a gritos un Nobel para Vargas Llosa, lo cual es aún más triste. Y no sólo porque está cada vez más lejos de él, sino porque además no se lo merece. No, según las consideraciones de don Alfred Nobel que la Academia sueca debe cada año escrupulosamente respetar. Más bien, si pensamos en un escritor peruano, magistral narrador, que expresaba mediante el lenguaje su deseo fundamental de posibilitar la utopía de una sociedad ideal y de una humanidad compartida en una tierra común, un nombre surge de inmediato: Arguedas, pero ¿quién se atrevería a afirmar que, más que Vargas Llosa, es José María Arguedas quien hubiese recibido el Nobel de vivir hasta hoy? Es sin embargo una verdad irrefutable.
¿Qué leer de Le Clézio? ¿"El atestado", su primera novela, en la que el personaje de Adam Pollo multiplica las tribulaciones del Roquentin de Sartre? ¿"Viaje a Rodrigues", relato en primera persona, sin un solo diálogo, donde el personaje central busca las huellas de su mítico abuelo "sobre la tierra ardiente, negra y dura, que rechaza al hombre"? ¿"Diego y Frida", la palpitante biografía, escrita sobre el terreno mismo, de estos dos amantes salvajes que cambiaron para siempre el destino del arte mexicano? ¿O "Desierto", dos relatos, dos distintos tiempos que se entrecruzan sobre el fondo de la guerra colonial y el páramo de arena como último espacio de libertad? ¿O "El sueño mexicano", brillante ensayo sobre el pasado y presente de México? ¿O alguno de sus otros catorce libros?
A ustedes les toca elegir la manera más libre de conocer, sin intermediarios, a este escritor francés, flamante y justo Premio Nobel de literatura 2008.
Tomado de La Republica
Dominical 19.10.2008 (Perú)
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Durante décadas envuelto en un manto de misterio y elevado a la categoría de mito literario tras su prematura muerte, Luis Hernández, quizá el poeta peruano más original e inclasificable, ha sido objeto de una biografía exhaustiva titulada "La armonía de H. Vida y obra de Luis Hernández Camarero" del periodista Rafael Romero Tassara.
Por: Alfredo Vanini
El medio editorial peruano no es muy fecundo en biografías. Quizá por esa antigua manía limeña de decirlo todo a media voz. Rezago colonial y cortesano, que nos impone dos extremos: el chisme artero o la complicidad del secretismo. La "mirada Perricholi": oculta, oblicua, nunca amplia ni franca. Y del otro lado, la tendencia muy nuestra a mitificar. La hagiografía: tentación venial para un biógrafo quien debe, con todas sus fuerzas, ceñirse al rigor del historiador y librarse al buen oficio del cronista, contar con estilo propio una vida real y ajena. El difícil justo medio entre la pasión por el personaje y la objetividad que impone el pasado, sobre todo si es reciente. No abundamos pues en biógrafos, no obstante hay aquí vidas fascinantes nunca contadas: vidas de músicos, de pintores, de poetas.
Fascinante vida la de Luis Hernández Camarero, poeta y médico, nacido en Lima en 1941 y fallecido en Buenos Aires en 1977. Y extraordinaria la investigación que Rafael Romero Tassara ha hecho de este poeta singular, y que Jaime Campodónico ha publicado en una edición que incluye fotos, dibujos y documentos inéditos, cedidos por la familia, Max y Carlos Hernández, hermanos del poeta, pero también por parientes y amigos cercanos.
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Madre e hijo. Luis en brazos de mamá Rosa Camarero, antes de cumplir un año. Lima, 1942. |
Alejándose del mito y de esa aureola trágica que los años han construido alrededor del poeta de Jesús María, "La armonía de H" cuenta la vida real del hombre en oposición a lo que Romero llama la "imagen pública-legendaria-oficial" del personaje. Algo a lo que el propio LH contribuyó, si pensamos en versos donde ficción y realidad se mezclan. Uno entre tantos: "Soy Luisito Hernández/ CMP 8977/ Ex campeón de peso welter/ Interbarrios; soy Billy/ The Kid también (…)". La mitad de este verso, incluso el número de colegiado (carnet que este libro reproduce), es verdad, pero muchos apasionados de la poesía de Hernández, pensábamos que el título boxístico también lo era.
Presunción sostenida en la contextura física del poeta, que lo asemeja, efectivamente, a un boxeador. Entrevistado por Romero, su hermano Carlos nos aclara que nunca boxeó, y que ello era solo un juego del poeta. Otro ejemplo: la "Autobiografía al estilo de Pérez Galdós", cuyo original, hoy perdido, pertenecía a Teodora Horna, la querida Teo, nana de los Hernández. De este escrito afirma Romero que "hay más de imaginación que de autobiografía".
Muchas luces se brindan sobre distintos aspectos de la vida del poeta, desde su niñez hasta su muerte, pasando por su primer poemario de 1961 y su último recital en 1976. Algunos aspectos poco conocidos, como su gusto por la historieta y la ciencia ficción, Sturgeon en particular. Su afición por el jazz (tocaba el clarinete en la banda de su amigo Augusto Guishiken).
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En Jesús María, 1956: Carlos Hernández, Rosa Camarero, Max y Luis Hernández. |
Sus varios viajes a Europa, que le otorgaron un cosmopolitismo que no encajaba bien en el medio literario limeño de su época que tan duro fue con su obra (el libro reproduce la arrogante crítica que le hiciera un joven Antonio Cisneros a su tercer poemario). El haber presenciado, de paso por París, los acontecimientos de Mayo del 68. Y que la frase que da nombre al conjunto de su obra, "Vox Horrísona", le vino a la mente cuando su Volvo (que él llamaba "el elefante blanco") no encendía, emitiendo sonidos chirriantes.
Pero lo más importante del libro es que desmiente contundentemente las teorías hasta hoy supuestas sobre su muerte: una, la teoría del suicidio, largamente extendida entre los estudiantes de literatura ya en 1985, año que adquirí la antología que publicó Mirko Lauer, también amigo cercano de LH; y dos, la teoría, felizmente menos difundida pero bastante más descabellada, de su eliminación a manos de la represión militar argentina, especie que hace pocos meses, un semanario local, con más sensacionalismo que responsabilidad, publicitó en su portada. ¿La verdad? A pocos días de su retorno a Lima, y ya curado de una yatrogenia en una clínica de Buenos Aires, Hernández, que nació y creció en una ciudad sin trenes, habría tenido un fatídico accidente en una vía férrea. Así de simple, así de triste.
Pero la "La armonía de H" tiene otro mérito: describe minuciosamente la manera como LH se hace poeta. La puesta en valor de su fuerte espíritu científico y artístico, lo que desvirtúa su supuesta imagen de "poeta maldito". El papel de la astronomía, otra de sus pasiones, es decisivo: según Romero, Hernández prácticamente inicia su obra poética fascinado por el influjo de las teorías del astrónomo alemán Johannes Kepler. "Sin duda su historia de poeta –escribe Romero Tassara– tuvo una génesis distinta de la que se ha creído hasta hoy".
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Agua Dulce, 1953. Los de la derecha son los hermanos Luis y Carlos Hernández. |
La "imagen pública-legendaria-oficial" tampoco incluía a quien es, presumiblemente, el gran amor de LH, Josefina Wuemes, "la chica de los tres árboles" que vivía también en Jesús María. La conoció en la adolescencia, y veinte años después aún pensaba en ella. Josefina jamás habría cedido a sus galanteos. María Zöllner es el otro amor en su vida, este sí correspondido. De Betty Adler, su último gran amor, sí se conocía bastante.
Se da cuenta también del origen de lo que es su práctica habitual en los años setenta, el regalo de sus famosos cuadernos. La cosa habría empezado de la manera más simple: el cuaderno original del poemario "Orilla" le fue regalado por Hernández al doctor Roberto Criado en 1961. Aunque la práctica se hiciera ya sistemática a partir de 1969, tras su regreso de Europa e inspirado por la lectura de "Obra abierta" de Umberto Eco.
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Con su hermano Carlos, los hijos de este y doña Rosa Camarero. Jesús María, 1974. |
Para terminar, solo dos objeciones: que el propio biógrafo se incluya en su libro y que nos haga saber de sus peregrinajes sobre los pasos del poeta está muy bien y es legítimo, pero la soberbia que exhibe en sus juicios sobre las aproximaciones de otros contrastan demasiado con el humanismo de LH, quien hizo de la generosidad y del amor al prójimo un estandarte. La segunda es aún más objetiva: no una sino varias veces Romero se refiere al gobierno de Velasco, años en que Hernández vivió su plena madurez poética, como un "régimen fascista", reduciendo a un lugar común un período político que, guste o no,
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En el parque Lezama, Buenos Aires, 1977. |
siendo uno de los más complejos de nuestra historia. Si el fascismo se define en parte como "el culto a la personalidad del caudillo y el respeto a las estructuras económicas capitalistas" (Littré dixit) entonces, joven amigo, el gobierno de Velasco será lo que usted quiera, menos un régimen fascista.
Hacia el final del libro, Romero cuenta que Carlos Hernández le dijo: "Mira, escribe lo que quieras de Lucho, pero a condición de que sea verdad y que de una buena vez se haga algo que perdure". La biografía que Rafael Romero Tassara ha escrito sobre Luis Hernández cumple sobradamente el anhelo de su familia.
Tomado de La República. Revista Dominical. 28.09.2008 (Perú)
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Manuel Scorza en una foto de archivo. El escritor asumió la defensa de los campesinos cerreños. (Foto: Archivo La República) |
El 09 de setiembre de 1920 nació en Lima Manuel Scorza, autor de Redoble por rancas. Su saga novelística narró la épica de los Andes. También fue un destacado poeta.
por Pedro Escribano.
Manuel Scorza, el autor flamígero de los poemas de Las imprecaciones y de la saga novelística que inició con Redoble por Rancas, hoy en día hubiera cumplido 80 años de vida. El también autor de La tumba del relámpago nació en Lima, pero su imaginación justiciera galopó por los Andes, por la serranía del pueblo de Rancas, donde los pastizales de los comuneros eran cercados con alambres de púas por la minera Cerro de Pasco Corporation.
Ante ese abuso, el escritor tomó las armas, es decir, su pluma. Desde las canteras de su creatividad enfiló una verdadera fuerza de caballería en defensa de los campesinos y narró una verdadera épica en los Andes. Así nació la saga narrativa que llamó "La guerra silenciosa" –Redoble por Rancas, Historia de Garabombo el invisible, El jinete insomne, Cantar de Agapito Robles y La tumba del relámpago– en la que los personajes de ficción son, en muchos casos, para que lo coteje la Historia, de carne y hueso.
Entre Lima y los andes
No es raro hallar textos que señalan que Manuel Scorza nació en Acoria, en Huancavelica. No es verdad. El escritor nació en la Maternidad de Lima el 9 de setiembre de 1928. La confusión de Acoria como lugar de su nacimiento se debe a que como el niño Manuel sufría de los bronquios, sus padres lo llevaron muy niño a la sierra de Huancavelica.
Scorza estudió en el Colegio Leoncio Prado. Allí, el colmo de la osadía, clandestinamente junto a otros compañeros leía La Tribuna y se hizo aprista. Pero años después, cuando el APRA tomó otros rumbos, renunció ante el líder aprista con la célebre carta "Goodbye, míster Haya".
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Con Héctor Chacón, el Nictálope, uno de los personajes de carne y hueso de sus ficciones narrativas. |
El escritor se solidarizó con los humildes, como intelectual y como ciudadano, como poeta y novelista. Leíanos en una nota de César Lévano que Scorza una vez escribió que "en el mundo hay cuatro estaciones; en los Andes cinco: primavera, verano, otoño, invierno y masacre".
Estaba convencido de que la literatura era un arma. Para él no existía lo mágico. "La literatura, en cambio, nace de la hirviente realidad. En ese sentido, es el único sector de la ideología latinoamericana que refleja hechos: no se alimenta con imágenes de hechos deformados por la presbicia de imágenes culturales colonizadas" (texto inédito, LR, 10/09/2006).
Pero tras el novelista, también está el poeta. Juan Gonzalo Rose subrayó su estatura de poeta épico (y poeta lírico también). "Sus poemas no son de esperanza. En los jóvenes creadores de la poética social latinoamericana, a los cuales él se ha afiliado, hallamos siempre, como sostén, la gozosa esperanza; esperanza derivada de un conocimiento científico del devenir humano, de una fe invencible y militante. Solo algunos cantos de su libro se hallan vestidos de este fulgor esperanzado; pero, en general, el tono predominante en su obra es el amargo, casi el desesperado (...)". (Texto inédito, LR, 26/11/2003).
Manuel Scorza murió 28 de noviembre de 1983, en un accidente de aviación, en Barajas, España. Pero no oscureció. El relámpago persiste.
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Portada de su primera novela. |
Edgardo Rivera Martínez (Escritor)
Promotor cultural
La narrativa y los aportes que sobre ella hizo Manuel Scorza fueron valiosos en su momento. Además, hay que decirlo, nadie como él para promover la cultura, como lo hizo con la iniciativa de creación de la recordada serie Populibros. Asimismo, también reivindicó, desde otro ángulo, las culturas andinas. Lamentablemente la energía al momento de poner en marcha un plan de fomento de la literatura, para que la cultura esté al alcance de todos, edición masiva de libros y títulos, no se ha repetido.
Hildebrando Pérez (Poeta)
Celebro al poeta
A los 80 años del nacimiento de Manuel Scorza, nosotros apreciamos que la mejor porción de su creatividad está en el rubro de la poesía. Evidentemente lo que más ha llamado la atención ha sido su narrativa, sus novelas. Sin embargo atendiendo al lenguaje poético, al lirismo interno, la imaginería desbordante de Las imprecaciones y Los adioses por un lado, y el vuelo de sus Desengaños del mago, si tuviera que elegir a Scorza como creador literario, sería, sin dudarlo, al poeta que me conmueve y deslumbra.
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Alejandro Romualdo (Foto: La República). |
Es una de las voces poéticas más altas, no solo de la generación del 50, sino de la poesía del Perú
Por Pedro Escribano
Murió a solas quien por todos alzó su voz, la de ciudadano y la de poeta, que en su caso era la misma voz. El poeta Alejandro Romualdo fue hallado muerto entre sus libros y sueños en su casa de San Isidro. En realidad, es una muerte anunciada. El autor de "Canto coral a Túpac Amaru, que es la libertad", poema que todo escolar conoce, vivía solo desde hace años, recluido en su silencio, sin conceder entrevistas ni pedir nada a nadie.
Él lo había dicho: "Yo de esta sociedad no podía esperar nada. En este sentido, no tengo ninguna defraudación, ninguna decepción, puesto que me he enfrentado a ella. (...) El retraimiento no es una decisión voluntaria, sino una situación social: tiempo al tiempo." (Hueso húmero No. 11).
Más claro ni el agua. Su soledad no era postura, fingimiento o romanticismo sino, hay que decirlo, una forma de dolor social. Como poeta, es uno de los exponentes más altos, no solo de la Generación del Cincuenta –en la que por esos años lideró la llamada poesía social en oposición de la poesía pura–, sino de toda la poesía peruana. Templado en acero, sus versos combativos, con el eco de Vallejo, también estaban llenos de trinos de amor y esperanza.
Alejandro Romualdo Valle no podía ser de otra manera. Había nacido en Trujillo, La Libertad, en 1926 y solía declararse un hombre libre.
"Nací en La Libertad. Salí a la luz/ como una espada dando gritos de alma./ Nací a la luz, al aire libre y albo/ junto a la mar, oh inmensa mar amarga", escribe en su poema "Mar de fondo", que está en el libro homónimo publicado en 1951.
Hijo del recordado actor Álex "Mono" Valle. "Yo soy la prueba de que el hombre desciende del mono", solía bromear por su origen.
Estudió Letras en la U. de San Marcos, pero también estudió arte. Fue un excelente dibujante. Sus dibujos los publicaba en La Prensa y en Expreso con la firma de Xano.
En los años cincuenta, mismo combatiente, lideró la llamada poesía social por la quebró lanzas en verdaderas polémicas, como la que sostuvo con Vargas Llosa y José Miguel Oviedo. ("Sus poemas estaban hechos de artesanía y buen oído, juegos de palabras, encabalgamientos desconcertantes y desplantes morales y políticos", así lo recuerda Vargas Llosa en El pez en el agua).
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OBRA CONCRETA
Su poesía, de verbo metálico, paradójicamente se había iniciado con una poesía de marca simbolista como en La torre de los alucinados (1949), que ganó el Premio Nacional de Poesía. Después su poesía devino épica, justiciera. Pero al final ensambló ambas actitudes poéticas.
Su bibliografía también está compuesta por Cámara lenta (1950), El cuerpo que tú iluminas (1951), Mar de fondo y España elemental (ambos poemarios de 1952), Poesía concreta (1954), Poesía (1954), Edición extraordinaria (1958), Como Dios manda (1967), Cuarto Mundo (1970), El movimiento y el sueño (1971), En la extensión de la palabra (1974), Poesía íntegra (1986), Mapa del paraíso (Antología, 1998), Né pane, né circo (Roma, 2002). El INC, durante la gestión de Luis Lumbreras publicó la edición peruana de Ni pan ni circo.
Romualdo vivía solo, con la única ley que le quedaba: su dignidad. Recordemos que hubo una campaña de intelectuales solicitando al gobierno de Alan García una pensión para que el vate se ayude. Le pusieron una condición, que él la pida y firme la solicitud. Él nunca aceptó. Y es que no, pues, no son los gobiernos sino el Estado el que debe a los poetas y artistas.
Romualdo era un poeta esquivo. El año pasado sin embargo pudimos conversar (LR 31/8/2007). Aquí dos respuestas suyas.
–¿Y cómo se llevaron con los poetas del 60? ¿Rivalizaban?
–Creo que bien, aunque ellos se apegaron a la poesía anglosajona.
–O sea, la diferencia era estética.
–No. La diferencia era ideológica. Nosotros escribíamos con el eco de César Vallejo.
Ese era Romualdo, un heraldo vivo de Vallejo.
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Despedida. Romualdo es velado en la Casona de San Marcos. |
A OTRA COSA
Basta ya de agonía. No me importa
la soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.
Quiero salir al sol. Verle la cara
al mundo. Y a la vida que me toca,
quiero salir, al son de una campana
que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa
con tanto amor. Abrir una alborada
de paz, en paz con todos los mortales,
Y penetre el amor en las entrañas
del mundo. Y hágase la luz a mares.
Déjense de sollozos y peleen
para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por su nombres.
Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
de acabar de llorar mustios collados,
campos de soledad. ¡A otra cosa!
Basta ya de gemidos. No me importa
la soledad de nadie. Tengo ganas
de ir por el sol. Y al aire de este mundo
abrir, de paz en paz, una esperanza.
– De poesía concreta , 1952.
Testimonio
No le perdonaron
Arturo Corcuera (Poeta)
Te marchaste, Xano, como viviste siempre, abandonado, satanizado, golpeado. "Tanto por mí ha pasado/ que parezco un pasadizo." Te dieron duro con un palo y también con una soga como a tu par César Vallejo. No saben tus enemigos que se puede matar al pájaro, pero no al trino. Tu canto coral seguirá girando en su órbita como los astros por los siglos de los siglos. Fuiste siempre un poeta en la extensión de la palabra. Nunca te perdonaron que cantaras de tal manera que te entendiéramos todos. Al explotador y al reaccionario tu poesía transgresora y contestataria se les atraganta como una espina o les quema, sancochándoles las tripas, como agua ardiente. Pocos te conocieron a cabalidad, eras el Fénix de los Ingenios, actor en la intimidad , humorista, dibujante, editor, escritor, poeta por excelencia, prosista, polemista de quilates. No saben lo que se pierden los jóvenes olvidándote sin haberte leído. Hay otros que se llenan la boca con tus versos y al mismo tiempo meten presos a los poetas, o los dejan a su suerte llenándose la boca de hambre y de sed. Qué enorme hueco negro dilatándose cada día nos dejará desde ahora tu ausencia, socavón de dolor y desamparo. Sufriste el Perú como pocos, a pesar de ser y decirlo "soy más peruano que la marinera… Necesitamos agua, mucha agua, y sin llorar miseria,/ sin pedir nada a nadie… la lúgubre pizarra que tenemos por patria,/ la inmensa, triste, amarga patria. Llévame de la mano, tú ahora,/ hacia otra noche mucho menos ardua".
Épica y estética
Carlos germán Belli (Poeta)
Alejandro Romualdo surge en plena eclosión del arte abstracto y el movimiento letrista, pero él tempranamente era un devoto de la poesía comprometida con los desposeídos y la memoria histórica de nuestro país, y fruto de esta adhesión literaria es justamente su célebre poema "Canto coral a Túpac Amaru, que es la libertad".
Pero a Alejandro Romualdo no solo se le recordará por ello (de por sí un legado valiosísimo en nuestras letras), sino por toda su obra en que la épica está codo a codo con la estética, lo cual hace una sobresaliente voz poética hispanoamericana del siglo XX
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Última foto que Javier Heraud se tomó en Lima, antes de partir a La Habana, era 1962. |
Por Javier Garvich Rebatta
De Javier Heraud se ha dicho casi todo y su prestigio en la poesía peruana es indiscutible. Aprovechando el grave momento en el cual, por voluntad de sus familiares, se han trasladado sus restos desde su ya mítica tumba en Puerto Maldonado hasta Lima (merced a la generosa labor del Equipo Peruano de Antropología Forense) y -más aún- ahora que se conmemoran 45 años de su muerte; cabe hacer algunas disquisiciones que puedan servir a los escritores jóvenes de hoy.
Como ya lo señalé en un comment por allá, algo que me sigue extrañando en el ecoambiente informativo y noticioso relativo a Heraud es que:
" Es curioso como en los medios hegemónicos se respeta a Javier Heraud y se lo vé, en el peor de los casos, como un iluso o el último de los románticos. Cuando hoy en día el sanbenito de “terrorista” le quedaría hasta pequeño. Por un lado creo que hay una suerte de mitificación generacional legitimada no sé por qué (quizá porque muchos de sus simpatizantes están reconvertidos como Béjar o simplemente muertos hace años y en paz). Pero creo que hay otra cosa y es el elemento racial-clasista. Heraud era Heraud y no Atoccsa, Curi o Tasayco. Era de lima limón, de gente bien y seguramente compañero de clase de quienes luego fueron banqueros o contralmirantes. Al césar lo que es del césar y mi tocayo murió en su ley, pero me llega altamente que otros con menos pedigrí social sean vistos como poco más que hienas sangrientas enemigas de la patria y bla bla bla…"
1) Curiosamente, a ningún miembro del rastrero periodismo oficial le da por llamar "terrorista" a Heraud, a pesar que él asumió explícitamente la via armada para cambiar las cosas, siguió cursos de entrenamiento militar en Cuba y viajó al Perú para montar una guerrilla que combatiría inexorablemente contra la policía y las Fuerzas Armadas, bajo un modelo guevarista en el cual no se escapaban ni los curas si éstos eran enemigos de la Revolución. Heraud contaba con un plus que, pese al actual stablishment, no lo convirtió en traidor a la patria y sí en un icono tolerado por el sistema (incluso por El Comercio).
2) Otra atingencia. Antes era legítimo usar las armas. Alternativa quizá equivocada y tristona, pero considerada -décadas y siglos ha- como legítima. Nadie osaría llamar a Mariano Melgar "terrorista", "violentista" o "autoritario" por elegir levantarse contra la Corona en vez de negociar con ella cuotas de poder y buen gobierno (De hecho, en muchos sectores de historiadores -de la PUCP, todo hay que decirlo- está hoy de moda decir que habían bastantes posibilidades de consenso entre realistas y criollos americanos que fueron lamentablemente superadas por los hechos consumados de San Martín y Bolívar). En esa órbita, hasta a Miguel Grau le colgaríamos el sambenito de "terrorista", por apoyar con la violencia la insurrección vivanquista contra el gobierno elegido de Castilla. Pero hoy, cualquier comunero o trabajador minero que con una huaraca se enfrenta a la Policía nacional ya tiene el socorrido estigma. Protestar firmemente ya es sinónimo de "terrorista", no importa la causa. El gran Domingo de Ramos, con su poesía y un coctel molotov en la mano, hace cuarenta años sería un héroe popular; hoy estaría purgando pena en Canto Grande. El pensamiento hegemónico ha hecho hoy de la violencia un recurso privativo solo de los Estados y ya no se tolera, bajo ninguna circunstancia, que la población civil se levante políticamente en armas. Pero Heraud murió en 1963.
3) Y finalmente, Heraud era poeta. No era obrero textil, contador público, peón de almacén, trabajador metalmecánico, vendedor ambulante o ingeniero agrónomo. A Heraud el aura de poeta lo hizo mucho más legendario y recordado que sus propios compañeros de armas caidos en combate a quien casi nadie recuerda. Un áura que uno calificaría de injusta (sobre todo si uno no es poeta). Si Heraud no fuese Heraud ¿Cómo sería hoy recordado?
Con todo esto no he querido desmerecer en absoluto ni la obra ni la estatura de mi tocayo. Pero sí he querido señalar esas disonancias para volvernos a replantear críticamente la presencia de Heraud entre nosotros. Unos ven a Heraud a la distancia, simpático pero lejano, con la misma postura acrítica de nuestros textos escolares de historia. Para otros -y saludo la valentía- se señala directamente que la trayectoria de Heraud debería representar lo que los jóvenes peruanos no deben hacer, el camino que no deben seguir.
El debate está abierto ¿Cuáles son los límites para nuestra rebeldía y nuestras ganas de cambiar las cosas? ¿como hacer para que el criterio de clase y de raza no siga ensuciando nuestro recuerdo y aceptemos la patraña de tener revolucionarios "buenos" y "malos"? ¿Te hubiera gustado que los criollos resistieran las tentativas rupturistas y apoyaran a Abascal, resistieran exitosamente a las tropas de San Martín y Bolívar y el Perú terminara siendo una de las últimas colonias españolas como Cuba, Puerto Rico y las Filipinas? ¿La poesía, incluso la libertaria, se mancha con la sangre?
Una reflexión final: Me hubiera gustado que Heraud viviera, que entre tazas de café o chelas me dijera cómo fue capaz de entrar a Puerto Maldonado llamando tanto la atención, llegando en tropel al ventiúnico hotel de la ciudad con unos tipos ostensiblemente barbudos y que cuadraban con el esteriotipo del comunista y sin nigún contacto con la población. Que cómo se podía ser tan ciego, que cómo se podía ser tan loco. Que cómo jugó la increíble carta de dejar la vida muelle de la oligarquía limeña para hechizarse en Moscú y en Pekín, lanzándose gigantescamente al vacío y terminar su vida junto a las orillas de un río remoto con solo ventiún años.
Bueno Javier, por lo menos a tí no te llaman terruco ni antipatria. Tu poesía ha sido la barrera contra los baldazos de indignidad que los de siempre arrojan sobre quienes les señalan sus felonías y crímenes.
Tocayo, descansa en paz.
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Poeta Melissa Patiño sería liberada luego de más de dos meses de detención. |
La magistrada Jessica León Yarango, titular del Primer Juzgado Penal Supraprovincial de Lima, ordenó la inmediata libertad de Melissa Patiño, joven estudiante que fue recluida en el penal de Chorrillos, tras ser detenida el pasado 29 de febrero bajo el supuesto delito de colaboración con el terrorismo, informó su abogada Silvia Romero, integrante del Instituto de Defensa Legal (IDL).
El Poder Judicial accedió así al pedido de variación del mandato de detención por comparecencia, argumentando que en el transcurso del proceso se ha desvanecido la probabilidad de que Patiño Hinostroza evada la acción de la justicia o pueda perturbar la actividad probatoria.
Ratifica inocencia
Por otra parte, Romero Borda ratificó en Ideeleradio que la denuncia contra su patrocinada era inconsistente, pues los hechos no configuran el delito penal por el que se le acusa, ya que dijo, sólo participó como asistente en el Congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana que se llevó a cabo en la ciudad de Quito, Ecuador.
“En ningún momento mi patrocinada participó, organizó, preparó, condujo o adiestró acciones terroristas, actividades tipificadas en este delito”, manifestó.
La joven fue detenida en Tumbes tras regresar del Congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB) realizado en Quito, donde acudió en reemplazo de Luis Enrique Amaya, conductor del programa de radio “Círculo del Sur”.
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Con La maravillosa vida breve de Oscar Wao, el autor dominicano ganó el premio Pulitzer de Novela. La obra es una muestra de la mezcla de pueblos, tradiciones y lenguas. Por otra parte, es la primera narración de ambiente latino escrita en inglés que tiene un estrecho parentesco con las novelas históricas latinoamericanas en idioma español.
Por Alicia Borinsky para LA NACION
El hood, the barrio, patio, muchacha, chico, las nannies, hola, vámonos, the bodega , empanadas, ¡azúcar!, tener attitude, salsa, el freezer, el super, ser top, los sneakers y the paella se naturalizan y mezclan en un inglés y español que dan testimonio de la gente que va y viene por las calles de Estados Unidos. No se trata de un bilingüismo que deje a cada idioma idéntico a sí mismo sino de un sonido nuevo tanto para el inglés como para el español, de una cadencia que nos invita a reconocer que la inmigración hispana ya está instalada en el Norte.
Junot Díaz, que acaba de publicar su primera novela: The Brief Wondrous Life of Oscar Wao ( La maravillosa vida breve de Oscar Wao ), es un ejemplo de la nueva cultura estadounidense. Mientras sus predecesores practicaban un relativo pintoresquismo, Díaz propone algo nuevo que lo ubica como cultor de un arte con una rica capacidad alusiva. Autor de un volumen de cuentos, Drown [ Los boys ], y colaborador del New Yorker , fue inmediatamente considerado como uno de los grandes talentos de la literatura norteamericana y su carrera comenzó a ser seguida con mucha atención pero el pasaje de los años y la ausencia de la novela hicieron que algunos dudaran de la existencia de esa novela. Era posible, después de todo, que la velada característica autobiográfica de los cuentos implicara que el autor se había agotado en un brillante ejercicio de autopresentación. Ahora, al cabo de diez años de espera, la novela está ante nosotros.
Junot Díaz nació en 1968 en Santo Domingo y a los seis años emigró a Nueva Jersey con sus padres. Allí comenzó un período de integración en la vida de Estados Unidos con el tipo de escollos lingüísticos frecuentes entre quienes comparten sus circunstancias. En lo personal, su existencia fue particularmente difícil. En la década del ochenta, casi al mismo tiempo que su padre abandonaba el hogar, uno de sus hermanos moría de leucemia y el grupo constituido de madre y cuatro hijos se vio forzado a vivir en la pobreza.
Díaz aprendió trabajosamente el inglés y cuando lo hizo, abandonó el español, que solo recuperaría a través del estudio, a una edad más avanzada. Sus padres huyeron de un Santo Domingo gobernado por Trujillo y su infancia estuvo dominada por el secreteo acerca de los crímenes cometidos por el régimen, los padecimientos infligidos a familiares y allegados comentados a medias, refractados en comportamientos que solo entendería más adelante a través de su escritura. La lengua materna de Junot Díaz es, como esas historias, un recuerdo actualizado por una elección personal cuya contraparte cultural emerge en su obra. Estudió en las universidades de Rutgers y Cornell. Actualmente es profesor en el MIT (Massachusetts Institute of Technology), donde enseña literatura creativa en inglés. Se autodefine frecuentemente no como escritor ( write r) sino como artista ( artist ).
Durante una visita que hizo a Cornell para leer partes de su novela, un estudiante le preguntó cómo se sentía enseñando en el MIT, universidad sumamente exclusiva y destacada por su enfoque científico. Hay un lugar común en Estados Unidos que sostiene que los estudiantes que asisten al MIT manifiestan una incomprensión bastante radical con respecto a la razón de ser de las humanidades. Díaz respondió que cree que su misión es enseñarles a ser compasivos y admitir la necesidad del error para equilibrar la creencia en la infalibilidad de la mirada científica. Esa perspectiva anima la construcción de la novela, que abunda en datos incorporados tentativamente y un gusto por detalles que no se ordenan en un todo armónico sino que adoptan el retazo como principio de composición.
Hombre de color oriundo de Santo Domingo, a Díaz le preocupa que su obra sucumba a una mirada que lo trivialice y lo muestre solo como representante de su condición histórica y racial. Los cuentos de Drown están escritos en un inglés nervioso, interesado en captar el ritmo del habla de la calle, con una atención a la vida cotidiana que recuerda ciertos momentos de Saul Bellow en clave hispana. El lector que busque una especificidad colectiva, el ser latino, hallará aquí algo de lo que desea. La maestría de esos relatos, que presentan ambientes y personajes, reside en la crueldad y la distancia con que se narran, dejando a un lado el sentimentalismo de otros escritores latinos. Hay violencia, sexo, pobreza y palabras en español que se entremezclan con el inglés.
La novela es un acontecimiento literario de mayor originalidad. En ella se entretejen historias íntimas de personajes que han ido de Santo Domingo a Nueva Jersey, narradas con un ritmo que a ratos se acerca al de una antología de cuentos, ya que algunos de los capítulos poseen una unidad que los hace bastante independientes. El mundo de Trujillo en Santo Domingo es evocado como un universo brutal, con persecuciones caprichosas, robos, asesinatos y violaciones. Las notas al pie que remiten a versiones de hechos históricos completan el ambiente de intrigas políticas y sentimentales. Leemos allí acerca de Zsa Zsa Gabor, Barbara Hutton, Porfirio Rubirosa, problemas limítrofes, el carácter de la educación trujillista, que permitió que un estudiante graduado respondiera a una pregunta sobre las civilizaciones desde la era precolombina diciendo que la más importante había sido la de Santo Domingo durante la era de Trujillo.
Oscar Wao es un apodo dado al protagonista por un personaje que le nota un parecido con Oscar Wilde. Oscar es un nerd, lo que en inglés significa una mezcla de traga y marginado, alguien que no es cool , canchero ni piola en el habla porteña. Obeso, obsesionado por las novelas gráficas, los juegos de video y la computadora, Oscar lee y escribe, es un intelectual que mezcla el mundo de la cultura oficialmente considerada alta y la de ciencia ficción de raigambre definidamente popular. En un contexto en el cual las historias que relacionan a los otros personajes entre sí tienen que ver con las relaciones sexuales y la naturalización de la obscenidad para comunicarse verbal y sentimentalmente, Oscar carga a cuestas con su virginidad. Sus intentos por conseguir una mujer son ridiculizados, su cuerpo se interpone y solo hacia el final de la novela logra consumar el acto sexual.
La novela está tironeada por varias tradiciones que incorpora con éxito en su factura. El machismo de la literatura latina, que representa a las mujeres a través de su anatomía, está omnipresente pero la incapacidad que Oscar tiene para relacionarse con ellas revisa la tradición con una nota amargamente paródica.
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Esta es la primera novela latina en inglés que acusa un intenso parentesco con la narrativa latinoamericana en español, particularmente con la novela histórica y, sobre todo, con la obra de Mario Vargas Llosa. Como en esta tradición, Junot Díaz hilvana sucesos íntimos de personajes cuyas vidas están signadas por los gobiernos y las sociedades en los cuales transcurren sus días, en una trama que abunda en corrupción fiscal, violaciones de derechos humanos y frivolidad. El protagonismo de la cultura popular de los jóvenes norteamericanos de los años ochenta sugiere que Oscar tiene una patria, es decir, un idioma personal que lo aísla doblemente en su calidad de nerd virginal y dominicano en Estados Unidos. La evocación del trujillato produce una mirada sin nostalgia hacia los orígenes.
Junot Díaz no quiere ser encasillado en la necesidad de representar una colectividad. Hay una multiplicidad de grupos evocados en la novela: dominicanos, fanáticos de la cultura norteamericana de los años 80, adolescentes que exploran su sexualidad, exiliados políticos, turistas que regresan a su lugar de origen, latinos en las universidades norteamericanas. Todos ellos están presentados mediante un habla articulada en un inglés hispanizado que nos deja entrever Latinoamérica. Aun cuando Díaz rechace a aquellos lectores que tiendan a proyectarse como comunidad en su obra, es difícil no asociar su éxito con la capacidad de representar a una sociedad de migrantes que, en lugar de limitarse a aprender inglés, practica el contagio de sonidos, es expeditiva en su voluntad de comunicación y celebra el hallazgo de la palabra adecuada soslayando su origen lingüístico.
El spanglish es una versión de este fenómeno. Hay quienes lo reconocen como una lengua que ya tiene su diccionario y otros que observan, con reticencia, que es solo hablado por un grupo cuya inevitable integración en la sociedad estadounidense relegará el spanglish al rincón de las curiosidades históricas. La realidad cotidiana en Estados Unidos ofrece un abanico idiomático cuya presencia pone entre paréntesis cualquier decisión política sobre edificación de barreras para impedir la inmigración y las supuestas protecciones culturales que proclaman lengua oficial al inglés.
Para los escritores hispanos que escriben en inglés en Estados Unidos, es difícil no sucumbir a la tentación de autorrepresentarse, cultivar exageradas idiosincrasias nacionales y elaborar un mito de identidad étnica que los propone en una clave a la vez exótica y emblemática de un cambio cultural que afecta la definición del país en el cual viven. La diferencia entre el lugar en el que se vive y el lugar de donde se proviene propone un hueco frecuentemente tramposo por lo nostálgico, que se llena con imágenes musicales, culinarias, sexuales. Ante la hibridez de un idioma que surge de la mezcla, la alternativa es pintar hiperbólicamente a los personajes, sus amores y desengaños. De ese modo, en la localización de lo que se cuenta, los lectores norteamericanos reconocen a su propio país pero también se ilusionan con la idea de que en Cuba o en Puerto Rico la vida, al menos en las novelas llamadas latinas , se experimenta de un modo más intenso. Y son las palabras importadas del español las que traen consigo una atmósfera por la cual el inglés gana algo que ya tiene en su nueva composición demográfica.
La curiosidad con que se lee a los nuevos autores enmascara a menudo el deseo de que sean diferentes, estereotipables, vehículos para emprender un turismo interno que los mantenga separados. La autoexotización para el consumo contribuye a crear esta percepción y cierto público lector se relaciona con las obras con el mismo apetito con que prueba platos regionales. Esta banalización de lo extranjero no es nueva pero es particularmente errónea en Estados Unidos porque el idioma nacional y la tradición literaria se encuentran en una transición cuyas características van mucho más allá de la cuestión inmigratoria.
Entre las novedades que trae Junot Díaz está la de su presencia, anclada en el inglés actual como testimonio de su múltiple pertenencia cultural. En su obra se filtran la tradición anglonorteamericana, la latinoamerciana y la latina, que tiene ya cultores importantes como Oscar Hijuelos, cuya novela The Mambo Kings Sing Songs of Love ( Los reyes del mambo tocan canciones de amor ) sirvió de base para una película ( Los reyes del mambo ); Cristina García, autora de Dreaming in Cuban ( Soñar en cubano ) y Sandra Cisneros ( The House on Mango Street/Una casa en Mango Street ).
El personaje trágico y a ratos ridículo de Oscar Wao, refugiado en novelas gráficas, cómicsy juegos de video, nos recuerda que compartimos la necesidad ineluctable de construir una vida íntima, aunque tengamos que armarla en medio de ruido, violencia, viajes entre idiomas y culturas. La naturalidad con que Oscar está incómodo en cualquier sitio, sobre todo en su cuerpo, nombra algo que intuimos como un hallazgo acerca de la vida en la actualidad.
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Ayuntamiento de Valladolid |
La 41 edición de la Feria Internacional del Libro de Valladolid acogerá entre el 1 y el 11 de mayo un programa de actos que contará con la presencia especial de Perú como país invitado y con la participación en las mesas redondas de literatos de Bolivia, Colombia, México, Uruguay, Italia, Noruega y Portugal.
Del 1 al 11 de mayo habrán mesas redondas sobre la relación de la literatura con el cine, la poesía, el cómic y la gastronomía y un homenaje a Francisco Umbral.
El alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, presentó el jueves los actos de la edición del 2008 de esta cita cultural y literaria junto a la consejera de Cultura de la Junta de Castilla y León, María José Salgueiro, y el director de la feria, el poeta hispano-peruano, Diego Valverde.
Además, se contará con el director de la Biblioteca de los Uffizzi en Florencia y se harán sendos homenajes a Gustavo Martín Garzo y los fallecidos Francisco Umbral y Francisco Javier Martín Abril.
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Escritores peruanos: Jorge Benavides (Izq.) y Walter Lingán en Madrid, 2007 |
Como es habitual desde hace unos años, se contará con un país latinoamericano como invitado. De esta manera, el día 8 de mayo la literatura peruana será la protagonista de los actos, con la celebración de dos mesas redondas en las que participará una delegación encabezada por el embajador del país andino en España, José Luis Pérez Sánchez-Cerro.
Así mismo se contará con la presencia de escritores como Doménico Chiappe (Lima, 1970), Martín Rodríguez Gaona (Lima, 1969), Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964), Patricia de Souza (Ayacucho, 1964) y Goran Tocilovac nacido en Belgrado-Serbia, 1955 pero estudió en la Universidad de San Marcos de Lima. Por otra parte, el espacio del Paseo Central Campo Grande recibirá a escritores de Bolivia, Colombia, México, Uruguay, Italia, Noruega y Portugal.
Autores y homenajes
Un total de 56 casetas se instalarán en el Paseo Central del Campo Grande y se habilitarán varios espacios para las mesas redondas, las exposiciones y las actividades infantiles. Valverde destacó de entre los más de 100 autores que visitarán la feria, la presencia de Julia Navarro, Albert Boadella, Inés Pedrosa, Pablo D`Ors y Javier Tomeo, quienes presentarán sus últimas obras.
Las mesas redondas acogerán también nombres "muy destacados", como es el caso de la que se celebrará en homenaje al escritor y periodista Francisco Umbral, fallecido el pasado mes de agosto del 2007, y en la que participarán el director del diario El Mundo , Pedro J. Ramírez, el periodista Raúl del Pozo y la viuda de Umbral, María España.
También recibirá un homenaje el vallisoletano Gustavo Martín Garzo quien, como ensalzó León de la Riva, "lleva tiempo difundiendo su labor por el mundo". Por otro lado los también vallisoletanos Francisco Javier Martín Abril, fallecido en 1997, y el poeta, pintor, periodista y académico, Félix Antonio González.
Otra de las citas destacadas se centrará en la relación de cine y literatura con la intervención del director José Luis Borau y el cantautor, escritor y cineasta, Luis Eduardo Aute. Igualmente, la poesía será el tema del que trate otro encuentro en el que participarán Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Olvido García Valdés y José Jiménez Lozano.
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Por Eduardo González Viaña
Un lector honesto me pregunta:
¿qué hago para entender a Vallejo?
Le respondo:
Póngase de pie. Estire los brazos hacia delante. Junte las manos por las muñecas. Si no puede mantenerlas así, haga que se las aten. Camine usted después una cuadra, dos, tres o más. Usted no sabe hacia dónde se dirige porque tiene nueve guardias armados detrás, y son ellos los que los que le dicen que avance. Además, de rato en rato, lo empujan cuando usted vacila porque es muy difícil caminar de esa manera.
En la esquina que da a la catedral de Trujillo, usted tropezó y cayó. ¡Levántate, carajo!- le gritó uno de los uniformados. Hacerlo era casi imposible. Un transeúnte lo ayudó. Eso enfureció a sus captores porque querían burlarse de usted mientras trataba de levantarse.
Comenzaron a cruzar en sesgo la plaza de armas. Unos muchachos que pasaban por allí lo reconocieron, y gritaron que era injusto, que no debían tratarlo a usted de esa forma. Los guardias le dieron un empujón y le ordenaron que avanzara a paso de carrera. Detrás se escucharon dos balazos.
Habían disparado al aire para espantar a los posibles testigos. Bordearon la pila y continuaron hacia la esquina de la municipalidad. Usted ya sabía hacia dónde iban. Buscó con la vista a algún amigo para que informara que se lo llevaban a la cárcel.
Una cuadra y media más abajo se detuvieron ante la gran puerta de rejas, y llamaron a gritos al portero. El hombre llegó corriendo, y la abrió. A usted no le quitaron las esposas. Debían hacerlo para que subiera los tres peldaños de esa puerta, pero tenían instrucciones de humillarlo.
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Con la misma compañía, atravesó usted dos patios del penal. Ya estaba algo oscuro, y usted tropezó dos veces. Por fin se detuvieron ante un pasillo oscuro. Allí lo dejaron con dos custodios que lo esperaban. Ellos sí le quitaron las esposas, pero también le gritaron que avanzara. Caminaron hacia un portón oscuro, y cuando usted intentaba divisar lo que había allí adentro, le dieron un empujón. Un preso que aguardaba en el calabozo le gritó que usted estaba llegando al infierno.
¿Le duelen las muñecas? Un poco, ¿no? Ahora usted sabe que está en la cárcel y que no hay fecha prevista para su salida. Adivina usted que pasará de ser víctima a ser inculpado. Lo acusarán de incendiario, de terrorista. El juez suplantará testigos y dibujará firmas para inventar las pruebas.
Al saber que usted está acusado de terrorista, sus amigos más prudentes ni siquiera pronunciarán su nombre e incluso dirán que nunca lo conocieron. Usted sabe que de ese tipo de cárceles y condenas, librados al arbitrio de la autoridad, sólo se sale muerto o loco. Así ha sido ayer y así es ahora. Y si usted sale alguna vez, tendrá que irse precipitadamente al extranjero para morir allí.
Y por último, si usted llega a ser famoso, muchos se atreverán a decir que nunca quiso volver a su patria. Los bufones escribirán sobre usted. Las reinas de belleza lo citarán entre sus preferencias. Los carceleros de hoy guardarán un minuto de silencio en su memoria, y dispararán 21 camaretazos sobre los presos rendidos.
Si usted quiere entender un poco más esta historia, lo invito a leer el primer capítulo de mi libro VALLEJO EN LOS INFIERNOS. Se halla en mi blog bajo este mismo título. Haga clic al final de PARA ENTENDER A VALLEJO, y entre allí con confianza.
http://www.elcorreodesalem.com/
Pedro Escribano, desde Trujillo.
La carta que pudo salvar al poeta. Misiva inédita fue presentada en festival de poesía en Trujillo. Revela que revuelta por la que fue acusado injustamente el poeta fue en realidad de la soldadesca y no por motivos políticos.
Es una carta inédita que bien pudo servir para absolverlo de los cargos de incendiario con los que se abrió proceso judicial a César Vallejo en Santiago de Chuco, en agosto de 1920. Como se recuerda, el 1 de agosto de ese año una turba quemó la casa comercial de Santa María y a consecuencia de la asonada murió de un balazo en el cráneo, disparado por un soldado, Antonio Ciudad. El autor de Los heraldos negros fue involucrado y acusado en el proceso judicial, por el que se convirtió en un perseguido de la justicia peruana y no tuvo otra opción, seguro de su inocencia, que migrar a París, Francia, en 1923.
La referida carta fue presentada y comentada por el crítico e investigador literario Blasco Bazán Vera en el marco del I Festival Internacional de Poesía César Vallejo. El tenor de la correspondencia da cuenta de que los soldados habían recibido órdenes para disparar. Asimismo, refiere que estos soldados fueron fusilados para que luego –orden que no se cumplió– fueran quemados. En sus camisas, según el remitente, se hallaron papeles con nombres de los que ellos debían liquidar.
La misiva, además de revelar pormenores de los luctuosos hechos del 1 de agosto del 1920, está fechada el 4 de julio (*) de ese año en Santiago de Chuco, firmada por un tal Joaquín y está dirigida al señor Rubén Haro, primo del remitente. Sin duda, se trata de un documento capital que servirá para esclarecer, 88 años después, cómo ocurrieron los hechos y cuánta injusticia se cometió con César Vallejo. El poeta fue llevado preso a Trujillo –estuvo encarcelado ciento doce días– y de esa experiencia después escribiría en un poema que allí había pasado "el momento más grave" de su vida. Además de narrar los hechos, la correspondencia cita nombres de personas sin señalar los apellidos, o alude sin referir los nombres, pero Bazán Vera se ha dado el trabajo de investigar y concluir fehacientemente de quiénes se trata. Más adelante daremos cuenta de la investigación realizada por el citado crítico literario.
LAS REVELACIONES
Para entender y situarnos mejor ante este documento, transcribiremos la carta de manera literal.
Santiago de Chuco, julio(*) 4 de 1920
Señor Rubén Haro Chanchacap
Estimado primo.
Grata satisfacción siento al dirigirte la presente para hacerte presente mis afectuosos saludos lo mismo que a toda la familia, yo, lo mismo que Francisco y demás quedamos regular, solo un poco conmovidos por lo que te voy a manifestar.
El domingo como a las tres de la tarde y con un plan premeditado, se levantó la fuerza contra el subprefecto Meza queriendo victimarlo, pero, felizmente, dada la pronta intervención de sus amigos, pudo salvarse, muriendo don Antonio Ciudad horrorosamente por un soldado que le destapó el cráneo.
El subprefecto ordenó el fusilamiento de los soldados asesinos y culpables, orden que cumplieron estrictamente dando muerte a tres soldados. Los amigos del que fue señor Ciudad, indignados por su muerte, no se contentaron con la muerte de los soldados sino que siguieron a los que los habían comprado −como así declaró un soldado en momentos de morir− rompieron el telégrafo y teléfono y daba miedo al ver por la calle a una multitud de gente armada pidiendo la cabeza de Bringas y de varios.
Por la noche incendiaron la casa comercial de Santa María quemándose todo lo que existía en ella así como también el techo de la tienda de Pablo Sánchez, pero nada de mercadería, te aseguro que esta será la página más negra que registrará la historia de este maldito pueblo. La muerte estaba para Meza y si moría él, hubiesen habido lo menos doce o quince muertos porque así han encontrado documentos en los bolsillos de los soldados muertos. Hasta hoy se ha dado sepultura a los restos del señor Ciudad. El subprefecto ordenó quemar los cadáveres de los soldados, pero ya no lo hicieron y los sepultaron uno encima de otro.
Se dice que vendrá gente del hospital y varias partes a atacar e incendiar la casa de Moreno y quizá así lo hagan. La provincia está muy movida y triste, por lo mismo están excitados. Si atacan a Moreno habrá tantos muertos.
Dispensa que a esto nomás me limite ya te daré nuevas noticias próximamente según lo que en adelante ocurra.
Con saludos para todos se despide tu primo.
Joaquín (firma).
(*) Blasco Bazán Vera afirma que se trata de un error involuntario del remitente
NOMBRES Y DETALLES
Según investigación de Bazán Vera, el remitente, el tal "Joaquín" no es otra persona que Joaquín Carranza Zavaleta, quien remite la carta a su primo Rubén Haro, quien residía en el caserío de Chanchacap, ubicado en la provincia de Otuzco. El nombre completo del destinatario es Rubén Haro Zavaleta.
El investigador también esclarece el nombre de "Francisco", citado en la carta. Se trata de Francisco Haro Zavaleta, hermano de padre y madre de Rubén Haro Zavaleta. Era un distinguido profesor graduado en el Centro Pedagógico de Lima. Era el único profesor titulado que trabajaba en Santiago de Chuco y pensionaba en la casa de su primo Joaquín Carranza Zavaleta.
"Francisco Haro –afirma Bazán Vera– aparte de la acentuada ascendencia que gozaba entre los alumnos, pobladores y autoridades de Santiago de Chuco, se vio pronto directamente envuelto en las muertes de Antonio Ciudad, de los soldados y en el incendio de la casa de Carlos Santa María Aranda, quien era un personaje de primacía económica y política de ese entonces".
Bazán Vera, que no ha dejado cabos sueltos, señala que el Auto que abre la Instrucción en que el doctor José Martínez Céspedes ordena ejecutar la correspondiente instrucción penal contra todos los responsables de los hechos del 1º de agosto de 1920, como se recoge en el libro Proceso a Vallejo, escrito por Germán Patrón Candela, fundador del Instituto de Estudios Vallejianos, que el 5 de agosto se presentó Francisco Haro Zavaleta a dar su instructiva y en la que declaró lo siguiente:
"…al sublevarse la tropa contra el subprefecto, y que efectivamente vio pasar a este (el subprefecto) junto con el doctor César Vallejo y otras personas que se dirigían al cuartel: que el doctor César Vallejo dijo: 'Cálmense que ya les van a pagar', mientras otros gendarmes armados hablaban con el subprefecto; que el alférez Dubois, ordenó cuatro pasos a retaguardia y 'fuego', y que la descarga le voló el sombrero al señor Ciudad cayendo herido en la acera".
No queremos terminar sin decir cómo así Blasco Bazán Vera obtuvo este valioso hallazgo. Según el investigador, esta carta le fue entregada a su persona por el profesor Manuel Álvarez Haro, nieto de don Rubén Haro Zavaleta. Cuenta que se la entregó no sin confesarle que su hermana Alicia Álvarez Haro tenía por costumbre quemar toda clase de papeles viejos de su casa y que "menos mal no quemó esta carta". Un verdadero milagro.
Así, el tenor de la carta no solo complementa algunos hechos de Santiago de Chuco de 1920, de los cuales se tiene conocimiento, sino también hecha nuevas luces para creer en la total inocencia de nuestro poeta.
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Los motivos de Melissa
La detención de la poeta Melissa Patiño, junto a otras seis personas, cuando regresaba luego de participar en un encuentro político de la Coordinadora Continental Bolivariana realizada en Ecuador, ha generado una serie de interpretaciones en los corrillos de la “Cholósfera”.
Gustavo Faverón, ha publicado un post polémico acerca de la detención de la poeta Melissa Patiño. Frente a la formidable riada de declaraciones y manifiestos de apoyo a la poeta, Faverón se ha descolgado con unos comentarios de los cuales destacamos dos puntos:
-Faverón sospecha que Melissa no es tan inocente, dado que asistió a un evento repleto de chavistas y adláteres, todos simpatizantes de las FARC y con lazos con diversas organizaciones izquierdistas, cada una más radical que la otra. La teórica cercanía con esos colectivos, además, le parece de por sí repelente. Ah, y Gustavo defiende su derecho a sospechar.
- Faverón implícitamente descalifica a poetas y artistas que optan por vías y salidas que a Faverón personalmente le repugnan (léase grupos que exaltan la lucha armada o que aún creen en la sociedad sin clases o aún beben del marxismo clásico, por mencionar algunos). Al preconizar la violencia, ya no son inocentes: Han cruzado la linea roja (nunca mejor dicho).
Frente a las respuestas de Silvio Rendón (La culpabilidad, y no la inocencia, es lo que se prueba. La asistencia a un evento chavista no la convierte en terrorista), Faverón replica que él no habla como abogado, sino desde una suerte de polisemia apoyada en su derecho a dudar y sospechar.
Por ootro lado Javier Garvich manifiesta:
-Las sospechas de Faverón no son literarias ni existenciales. Son ideológicas. Faverón desconfía profundamente de todo lo que huela a progresismo y hace cruces frente a la pirotecnia bolivariana, máxime ahora que se ha hecho más presente en el panorama regional. Le parece obvio que la Coordinadora Bolivariana sea un organismo de fachada de grupos terroristas y –no lo dice, quizá no lo supone, pero lo sospecha- Melissa sea una de esas compañeras de viaje y tontas útiles, de la cual la historia del siglo XX está llena (sobre el concepto Compañeros de Viaje, pueden leer dos interpretaciones antagónicas aquí y aquí).
-Personalmente, a Melissa no la apoyo por su condición de poeta. La defiendo porque cualquier persona tiene derecho a asistir a un evento y con eso no hace daño a nadie ni la convierte en un ruiseñor del chavismo. Es más, aún si tuviera posiciones de ultraizquierda sigo defendiéndola porque tiene derecho a expresarse, a decir sus ideas en voz alta.
-El problema del planteamiento ideológico de Faverón es que se le puede volver en contra. Si Faverón asiste a un evento patrocinado por la multinacional Monsanto ¿Eso lo hace cómplice de las atrocidades ecológicas que perpetra esa empresa en medio mundo? ¿Y si él y sus superamigos de EEUU participan en un mitin de la Legión Americana, eso los hace esbirros del fascismo contemporáneo? ¿No desearía Faverón que lo defendiéramos si –Zeus no lo quiera- cayera preso por el régimen de Beijing (mismo Richard Gere en Red corner)?
Poetas u obreros, intelectuales o empresarios, trabajadores del metal o del arte, todos, absolutamente todos tienen derecho a opinar y a discernir. Si sus opiniones y acciones no me gustan, eso no es óbice para cerrar los ojos ante lo que es una canallada más de nuestro fútil Ministerio del Interior. Que Faverón recuerde el brechtiano poema de Martin Niemöller:
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los
comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista...
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El martes cuatro de marzo, un puñado de poetas, artistas e intelectuales quisieron congregarse frente a la sede de la Dincote. Motivo: Mostrar su rechazo con la arbitraria detención de la poeta Melissa Patiño.
Contra ellos, el gobierno mandó su cochambroso rochabús, cuarenta policías y tres camionetas rurales armadas como si se fueran a la guerra. Los defensores de la ley y el orden se batieron valientemente aporreando al escritor Rodolfo Ybarra y destrozando la peligrosa cámara de su compañera Gisela. El cochambroso rochabús se abrió paso y cual invencible panzer empezó a rociar agua hirviendo contra la multitud de iracundos poetas, ensañándose con Víctor Delfín (posiblemente por su pasado antifujimorista) y Dante Castro (seguro porque vivió y estudió en Cuba). Luego, los heroicos policías se reagruparon y cargaron contra Rosina Valcárcel (comunacha conocida) y Miguel Ildefonso (para qué vives en Apolo). Destaquemos también el intrépido apaleamiento a Giancarlo Huapaya (que amenzaba con realizar una performance artística) y a Domingo de Ramos (otro poeta del pueblo, nunca aprenderán). Y no se olvidaron de repartir palizas a los jóvenes escritores Alessandra Tenorio y Florentino Díaz, seguramente para que no imiten a sus mayores.
Si el Estado se comporta así para taparles la boca a poetas y escritores ¿Qué es lo que vendrá después? ¿Listas negras? ¿Encarcelamiento preventivo? ¿Encierro bajo cargos infundados? ¿presiones a las editoriales para que no les publiquen nada? ¿Nos pondrán a todos en un campo de concentración para mantenernos quietecitos durante las cumbres mundiales de Lima?
No se veía una represión similar a poetas y artistas desde las célebres huelgas del SUTEP a fines de los años setenta. En esa ocasión el responsable de las golpizas era una dictadura militar. En este caso, un gobierno que ya se le parece bastante.
La joven gestora cultural y poeta Melissa Rocío Patiño Hinostroza (20años) ha sido detenida y acusada de terrorista por asistir como promotora cultural y comunicadora social a un encuentro político de la Coordinadora Bolivariana de Ecuador. Melissa Patiño es miembro del grupo cultural "Círculo del sur" grupo que reúne a jóvenes poetas que organizan recitales en Lima sur. Además, participa en la producción del programa "Todas las voces" de radio Stereo Villa 101.7. Es estudiante de administración en la universidad de San Marcos. ¿Qué hacía Melissa con la coordinadora Bolivariana? La historia es la siguiente: el director y conductor del programa radial, Luis Enrique Amaya Álvarez, recibió la invitación de la Coordinadora Continental Bolivariana para asistir a este encuentro en su calidad de hombre de radio. El II encuentro de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB), congregó a alrededor de 800 delegados de Cuba, Venezuela, Perú,Uruguay, Brasil, Bolivia y se hizo a puertas abiertas en Ecuador, con conocimiento de las autoridades de ese país. Cuando terminó el encuentro, Melissa fue subida a un bus por los organizadores del evento junto a muchas otras personas. En ese bus iban otras seis personas que ahora la policía sindica como "integrantes del MRTA". Los abajo firmantes que conocemos a Melissa Patiño sabemos que ni sus acciones ni su posición política tienen cercanía alguna al de algún movimiento subversivo marxista leninista peruano o internacional. Sabemos que ha sido detenida sin que exista prueba alguna en su contra de algún delito que haya cometido y que ha sido privada de su libertad en un abuso de autoridad intolerable. Los abajo firmantes exigimos su inmediata libertad.
Javier Arévalo Giancarlo Huapaya Cárdenas Rafael García Godos Alessandra Tenorio Florentino Díaz Víctor Ruiz Diego Lazarte Salomón Valderrama Vanessa Martínez Joan Viva Wilver Moreno Luis Enrique Amaya Julio César Vega Pablo Salazar Gloria Ramos Alejandra Escajadillo Julián Alberto Alaluna Paul Guillén Harold Alva Oscar Saavedra Villaroel (Chile)
Y mi firma, por supuesto.
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Por Javier Garvich
Créanme que yo esperaba que el sainete de la detención de los siete acusados de no se qué (¿terrorismo?¿conspiración?) -entre los que se encuentra la poeta Melissa Patiño- terminaría con el mismo resultado de detenciones similares que se han hecho anteriormente en este gobierno; es decir: liberación y no me acuerdo. Sin embargo, el gobierno aprista ha dado una vuelta más de tuerca en su política represiva y, tan pancho, ha decidido poner a los siete detenidos en reclusión a sabiendas que va a perder el juicio y pagar –con el dinero de todos los peruanos- los costes del pleito. De momento, Melissa Patiño ha podido dar declaraciones exclusivas al diario La Primera desde su nueva residencia: El penal de Santa Mónica.
Y el gobierno sigue sin dar un informe explícito acerca de por qué se les incrimina a los siete detenidos. El atestado apenas habla de registrar conexiones con organizaciones terroristas. Como si estar en la lista de correos de Aurelio Pastor ya me convirtiera en aprista.
Pero eso no es todo.
Según cuenta el poeta Rodolfo Ybarra, “el día de ayer viernes 14 de marzo, decenas de policías y un grupo de boinas rojas irrumpieron en el jirón Quilca, buscando a poetas y artistas a los que requisaron DNIs con el fin de identificar a "alguien" en especial. Según informan varios poetas los documentos fueron devueltos luego de que fueron refrendados y empadronados en una lista que los policías tienen en su poder. Según me escriben otros parroquianos, hay varios artistas que estarían siendo buscados intensamente por solidarizarse con Melissa Patiño”.
Una costumbre antigua y que busca un fin ridículo y, a la larga, contraproducente: Atarantar a los jóvenes, sugerirles a lo bestia que “no se metan en política”. Los resultados de esta medida lo pueden ver en el estupendo testimonio de Raúl Wiener. A ver si nos enteramos: el Estado ha gastado recursos para recorrerse la Calle más libre del Perú en busca de poetas e intelectuales considerados subversivos por el poder y sus serviles medios. En pleno siglo XXI tenemos a un Estado que quiere fichar escritores. Es la penúltima estupidez de un clima de paranoia pituca-conservadora que ya ha merecido una crítica clara de un columnista nada sospechoso de chavismo.
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No es de extrañar que desde el Cuzco, el poeta Iván Yauri proponga “formar un Comité de Artistas contra la Represión, que denuncie todo lo que sucede y va a continuar sucediendo. Sin ninguna duda ya estamos entre los objetivos del gobierno, como hace 20 años, junto a todos los líderes y activistas populares. Lo cuál es a la vez un honor y una seria responsabilidad que hay que asumir como corresponde”.
Si el gobierno quería meterle miedo a los escritores, ha conseguido exactamente lo contrario. ¿Qué vendrá después? ¿Allanamientos a Centros Culturales? ¿Proliferación pública de listas negras (como esa que quieren hacer de acusados de terrorismo)? ¿Más detenciones? ¿Quema de libros? (no se exalten, que esta costumbre no es nueva en el Perú).
Se supone que las Cumbres Mundiales iban a dar una cara optimista al Perú, pero ya están ofreciendo rostros tenebrosos. Si Alan García y su séquito de palafreneros querían un año tranquilo sin manifestaciones ni broncas, pues a este paso se van a llevar la sorpresa de sus vidas. De momento, el 2008 se está convirtiendo en el Año de la Represión.
El fascismo no hay que verlo solamente como un esquema político exclusivo de algunos regímenes europeos de los años treinta. El fascismo es una actitud: Subyugar como sea (mediante la mentira, la propaganda o la propia represión) a los ciudadanos, domesticando a las instituciones y aniquilando a sus pares más críticos, en aras de un proyecto vertical cuyos guardianes son una minoría selecta. Que alguien me diga que esto no está sucediendo en el Perú.
El llamado de Iván Yauri es inapelable: Urge que escritores, artistas e intelectuales formen un coordinadora que los defienda frente a las agresiones de un Ministerio del Interior bestializado que ve en poetas rebeldes o artistas díscolos el largo brazo de Chávez. Amigos, FRENEMOS LA BARBARIE.
Danilo Sánchez Lihón
El 12 de marzo de 1815, caía abatido por un pelotón de fusilamiento en el campo de batalla de Humachiri, en Arequipa, el poeta y prócer de la libertad Mariano Melgar, amante apasionado y patriota legendario.
1. Fervores, arrebatos y pasiones
Decimos con frecuencia que la historia del Perú fue insigne y gloriosa en la época pre-inca cuando florecieron culturas de fábula, admirables y sorprendentes como las de Chavín de Huántar, Tiahuanaco, Mochica-Chimú, Nazca y Paracas, sin mencionar otras insignes como Vicus, Huari, Lambayeque, Chancay. De igual modo, en la época incaica cuando Pachacútec y Túpac Yupanqui consolidaron una cultura que hizo prodigios como la domesticación de la papa, los alimentos deshidratados, y una organización donde no había noche en que ser humano alguno se quedara de hambre o abandonado, sin techo y sin amparo, que le prodigaba la comunidad por ley sagrada.
Pero también en el virreynato, período con relumbres y fulgores de imperio, etapa en la cual el dominio del Perú en América del Sur fue absoluto pues era el único virreynato antes que se desprendieran de él el Virreinato de Nueva Granada, 1717, y el del Río de La Plata, 1776. Sin embargo, en la mesa del comedor de mi hogar materno, cuando yo era niño, mi padre que fue maestro recreaba ante nuestros ojos deslumbrados, fastos y memorias de la época republicana, hechos que para mí resultaban fabulosos, titánicos y plenos de extraordinaria y fascinante grandeza, de arrebatos y fervores supremos, en donde los personajes eran paladines sobrehumanos.
Allí, los ejércitos se perseguían insomnes por desiertos ardorosos, desfiladeros abismales y punas nevadas; donde el General Agustín Gamarra, dos veces Presidente de la República, caía muerto en el campo de batalla de Ingavi, en las orillas heladas del lago Titicaca; donde el teniente coronel Domingo Nieto vencía en una justa con lanza y sable –que contemplaban los batallones estupefactos– al gigantesco comandante Camacaro de Colombia en el Portete de Tarqui definiendo de ese modo la guerra desatada; donde don Ramón Castilla, arrastrando mil fusiles, moría sobre su caballo en el indescifrable desierto de Atacama.
Otro bólido fulgurante era Felipe Santiago Salaverry, quien sublevado a los 29 años en el Callao fue elegido Jefe Supremo de la Nación, quien fue vencedor mítico en Uchumayo para luego caer derrotado en Socavaya y ser fusilado en la Plaza de Armas de Arequipa el año 1836. Mi padre tocaba extasiado en su violín “La salaverrina” –y la banda de mi escuela la entonaba con sus tambores y cornetas en los desfiles– aquella marcha militar que ayudó a que los combatientes de ese general flamígero y alucinado –cuya banda de músicos entonaba dianas y pasacalles en los fémures de sus enemigos caídos– venciera en innumerables batallas y sucumbiera solo en la única que perdió y que le costó la vida. El hijo de ese soldado ígneo, quien fue huérfano desde niño, sería más tarde el principal poeta del romanticismo peruano, quien escribiera poemas como el que finaliza diciendo:
¡Oh! cuando vea en la desierta playa,
con mi tristeza y mi dolor a solas,
el vaivén incesante de las olas
me acordaré de ti;
cuando veas que una ave solitaria
cruza el espacio en moribundo vuelo,
buscando un nido entre la mar y el cielo
¡acuérdate de mí!
2. Imagen nata del trovador y el héroe
¿Qué tenían, o de qué estaban hechos, aquellos hombres? Solo cabía una explicación que aceptaba mi conciencia: pertenecían a un país de fábula, convulso, quimérico y sensual. Y tenían no solo entusiasmo y pasiones sino que estaban ungidos de un fulgor divino. Pero entre todas estas historias la que más ganaba mi simpatía, entusiasmo y adhesión y me conmovía hondamente, era el aura de vida y la gesta heroica de Mariano Melgar: primero niño genial, después púber impetuoso, pronto adolescente atormentado por los misterios del ser, arrebatado luego de amor por una niña de trece años.Presto se hizo joven bizarro que abrazó los ideales y compromisos de hacer y forjar aquí –cuando el Perú era una colonia irredenta– la justicia social.
Fue después hombre que renunció a todo, entonces se hizo labriego y finalmente optó por el sacrificio y el martirio de entregar su vida, convicto y confeso, por la aspiración de una patria libre y digna. Fue Mariano Melgar un ser generoso, que unía a su emoción de amante apasionado, la de intelectual esclarecido y ciudadano consecuente y leal con el suelo que lo vio nacer; quien el 12 de marzo era fusilado en el campo de batalla de Humachiri, en Arequipa, a los 24 años de edad, luchando por la independencia del Perú y América:
Ya llegó el instante fiero
Silvia, de mi despedida,
pues ya anuncia mi partida
con estrépito el cañón.
A darte el adiós postrero
llega ya tu tierno amante,
lleno de llanto el semblante
y de angustia el corazón.
Llega tu objeto divino
tiéndeme tus brazos bellos,
a ver si logro que en ellos
dulce acogida me des.
No conseguirá el destino
el golpe que quieres darme
porque antes de separarme
me verá muerto a tus pies.
Llamaré instante de gloria
a aquel en que vi tus gracias
y origen de mis desgracias
a aquel que las perdí.
Mil veces esta memoria
harás que el dolor me acabe
y tú entre tanto quién sabe
si te acordarás de mí.
Al salir el sol brillante,
al poner sus luces bellas
al nacer lunas y estrellas
estaré pensando en ti.
Él encarna la imagen, el lance y la hazaña nata del héroe y del trovador, la del cantor popular conspicuo y la del defensor de lo justo y lo bueno, la del hombre embargado de auténticas pasiones y legítimos principios; bello y tajante, henchido de ideales, quien mira desafiante la boca de los fusiles que le han de cegar la vida, siendo la representación sublime del héroe romántico por excelencia en el Perú. Dio el halo mágico y legendario que tiene la literatura peruana, recogiendo la tradición esencial y auténtica de la poesía quechua de un lado y la castellana del otro, que es necesario no perder como viene aconteciendo ahora, cediendo a una corriente ajena, superflua y alienada.
3. Donde los bienes son males y los placeres tumultos
Nació en Arequipa, el 10 de agosto del año 1791, hijo de español: Juan de Dios Melgar, y de india: Andrea Valdivieso. Su hogar de infancia fue de condición humilde pero sus dotes y virtudes le dieron inmediata posición de categoría y honores, siendo querido, respetado y admirado por clérigos, personalidades del foro, maestros y por todas aquellas personas académica y socialmente cultivadas. Fue niño precoz, quien a los 3 años ya conocía “todos los secretos de la lectura” y a los 8 dominaba el latín siendo nombrado Auxiliar de Clases en la Escuela del Convento de los Franciscanos Descalzos de Arequipa. Traduce a los poetas, filósofos y oradores de la antigüedad; y lee aquellos textos a sus compañeros de colegio. Pero un día una niña singular insufla su vida de singular arrebato y lo cautiva para siempre. Es su gran ilusión, su exaltación para vivir y muy pronto su decisión también para morir:
¡Ay, amor!, dulce veneno,
¡ay, tema de mi delirio,
solicitado martirio
y de todos males lleno.
¡Ay, amor! lleno de insultos,
centro de angustias mortales,
donde los bienes son males
y los placeres tumultos.
¡Ay, amor! ladrón casero
de la quietud más estable.
¡Ay, amor, falso y mudable!
¡Ay, que por tu causa muero!
¡Ay, amor! glorioso infierno
Y de infernales injurias,
león de celosas furias,
disfrazado de cordero.
¡Ay, amor!, pero ¿qué digo,
que conociendo quién eres,
abandonando placeres,
soy yo quien a ti te sigo?
4. Levantad esos rostros abatidos
Para seguir estudios de derecho y leyes en la Universidad de San Marcos viaja a Lima dejando a aquella chiquilla, que luego inmortalizó en sus versos con el nombre de Silvia y quien al partir le hizo la promesa de no olvidarse ni abandonarlo nunca. En el puerto de Mollendo le impresiona profundamente el océano, emoción que lo inspira a escribir su oda “Al autor del mar”:
El mar inmenso viene entero
ya parece tragarse el continente,
aviva su corriente,
y en eterno hervidero
choca, vuelve a chocar…
De aquí hasta donde raya el horizonte
se ve criar la blanquísima nube:
se exhala, crece y sube;
y al valle, al prado, al monte
va a dar frescura y riego, y sus corrientes
sustentan y producen los vivientes…
Acaba, bravo mar, tu fuerte guerra;
islas sin puerto vuelve a las ciudades;
y en una sola a mí con Silvia encierra.
En Lima se imbuye de los ideales independentistas. En medio de la conjura revolucionaria escribe su “Oda a Baquíjano y Carrillo y también su “Oda a la libertad”:
Oíd, cese el llanto
levantad esos rostros abatidos,
indios que con espanto,
esclavos oprimidos
del cielo y de la tierra sin consuelo
cautivos habéis sido en vuestro suelo…
Asume un compromiso pleno con la causa indígena y los ideales que asume la revolución emancipadora. Su verbo se vuelve proclama de adhesión por los humildes, marginados y desheredados de la tierra, de identificación con las aspiraciones populares. Da coherencia a sus ideas y a su vida, de amor consagrado a una mujer y de consagración a sus aspiraciones de libertad para su pueblo.
5. El amor se convierte en queja y lamento
Pero al volver a Arequipa el amor de su vida, Silvia, se muestra esquiva. Al parecer no le agradan las ideas que ahora él encarna. Y así, el destino trenza sus dedos para que el amor sublime que él siente por ella se convierta en queja y lamento:
No nació la mujer para querida
por esquiva, por falsa y por mudable;
y porque es bella, débil, miserable,
no nació para ser aborrecida.
No nació para verse sometida,
porque tiene carácter indomable;
y pues prudencia en ella nunca es dable,
no nació para ser obedecida.
Porque es flaca no puede ser soltera,
porque es infiel no puede ser casada,
por mudable no es fácil que bien quiera.
Si no es, pues, para amar o ser amada,
sola o casada, súbdita o primera,
la mujer no ha nacido para nada.
Pero su amor es mucho. No puede quedarse con el desengaño. Tampoco quiere ocultarlo ni apagarlo, mucho menos disimularlo. No puede tenerlo callado, lo hace público y manifiesto. Y se deshace en suspiros, lamentos y quebrantos. Y sucumbe ante las heridas que lo afligen:
BIEN PUEDE EL MUNDO ENTERO CONJURARSE
Bien puede el mundo entero conjurarse
contra mi dulce amor y mi ternura,
y el odio infame y tiranía dura
de todo su rigor contra mí armarse;
Bien puede el tiempo rápido cebarse
en la gracia y primor de su hermosura,
para que cual si fuese llama impura
pueda el fuego de amor en mí acabarse;
Bien puede en fin la suerte vacilante,
que eleva, abate, ensalza y atropella,
alzarme o abatirme en un instante;
Que al mundo, al tiempo y a mi varia estrella,
más fino cada vez y más constante,
les diré: «Silvia es mía y yo soy de ella”.
6. ¿Por qué a verte volví, Silvia querida?
¿Por qué este designio? ¿A qué viene este desengaño? ¿Por qué me tocó a mí la flecha, el estigma, la fatalidad del amor? Si tú eras para mí, ¿por qué se tuercen los hilos? ¿Por qué se confunden las hebras? ¿Por qué esos renglones torcidos? Y decide dejarlo todo –por lo inmenso y radical que es, pero a la vez frágil ante el aleteo del ángel– y determina entonces sublimarlo en vida y hacerlo un bien popular, hacerlo trova, espíritu del pueblo, de la gente humilde, hacerlo canción popular, no poesía académica sino dije y canto rodado en la boca de la gente sencilla. Decide hacerlo perdurable e infinito en el ideal, más allá de este mundo, de esta vida y de la muerte:
¿POR QUÉ A VERTE VOLVÍ, SILVIA QUERIDA?
(Elegía I)
¿Por qué a verte volví, Silvia querida?
¡Ay triste! ¿para qué? ¡Para trocarse
mi dolor en más triste despedida!
Quiere en mi mal mi suerte deleitarse;
me presenta más dulce el bien que pierdo:
¡Ay! ¡Bien que va tan pronto a disiparse!
¡Oh, memoria infeliz! ¡Triste recuerdo!
Te vi... ¡qué gloria! pero ¡dura pena!
Ya sufro el daño de que no hice acuerdo.
Mi amor ansioso, mi fatal cadena,
a ti me trajo con influjo fuerte.
Dije: «Ya soy feliz, mi dicha es plena».
Pero ¡ay! de ti me arranca cruda suerte;
este es mi gran dolor, este es mi duelo;
en verte busqué vida y hallo muerte.
7. Vuelve que ya no puedo vivir sin tus cariños
Y he aquí que se produce uno de los saltos más extraordinarios que se han dado en la poesía y el arte en el Perú, porque no hay hecho que haya sido más decisivo para nuestras letras que esta decisión de Mariano Melgar, de desterrarse, de cambiar de clase social, de irse a vivir en el campo, la de hacerse chacarero y encontrar allí la verdadera expresión de su canto. Y tal como lo pensó lo llevó a cabo. Se hizo campesino total: de poncho y ojotas, de pantalones arremangados y sombrero mojado por la lluvia y quemado por el sol; de pisar la tierra arisca y helada, con los pies descalzos y los brazos curtidos solo con la diferencia que sus manos eran diestras también en saber tocar la guitarra y escribir.
Aquel genio lingüístico, aquel académico riguroso, el políglota escanciado, aquel intelectual venerable que causaba asombro con su ciencia, aquel adivinador de los misterios de la vida y el cosmos, volvió así al grumo, a la piedra de toque, al terrón de polvo que somos todos los seres. Se hizo hombre gleba, humus y de campo, sin reticencias ni tapujos, causando el escándalo en el medio culto y refinado de Arequipa, que lo vieron como un desquiciado mental y social. Dejó todo sin ambajes: abandonó casa, empleo en la curia, honor en la cátedra, su asiento de enaltecimiento y lisonja en el ruedo de amigos y se alejó para siempre. Y todo por amor a Silvia.
Fue tan honda esta entrega de un ser tan acrisolado que toda Arequipa, todavía ahora, en cualquier fonda, posada o tienda, e incluso en el corredor de cualquier casa rural, encontramos intangible esta decisión y el alma del poeta Melgar. Y fue así cómo, y de este modo, él recuperó para la poesía peruana formas soterradas de la poesía quechua. Ese es su aporte trascendental y su gran salto, porque significaba la conquista hispánica al revés: la lengua castellana se dejaba conquistar y sucumbía al sustrato indígena, a la voz de la tierra, al trasfondo anímico de la creación natural del cosmos en este espacio y tiempo. Dejó de escribir su dolor en versos clásicos, en los metros y cadencias hispánicas, y encontró que su queja y su lamento cabían más y mejor en las formas y en los sones andinos, más dulces y temblorosos. Y cada grupo folclórico de la actualidad, cada son y baile popular, y cada rasgo o endecha de expresión de amor que pueda decir el joven más desprevenido en nuestro medio, tiene su raíz y su cogollo en Mariano Melgar.
VUELVE, QUE YA NO PUEDO
Yaraví
Vuelve, que ya no puedo
vivir sin tus cariños:
vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.
Mira que hay cazadores
que con intento inicuo
te pondrán en sus redes
mortales atractivos.
Y cuando te hagan presa
te darán cruel martirio:
no sea que te cacen,
huye de tanto peligro.
Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.
8. Tuyo es mi pecho entero, tuyo es este albedrío
Su canción no deja de ser queja, pero se hace cariñosa, dulce y protectora, como es el alma aborigen:
Ninguno ha de quererte
como yo te he querido,
te engañas si pretendes
hallar amor más fino.
Habrá otros nidos de oro,
pero no como el mío,
por quien vertió tu pecho
sus primeros gemidos.
Vuelve mi palomita,
vuelve a tu nido.
Ya es otro el candor. Ya es otro el tono y el fondo. Es la inocencia del alma andina la que aflora. Ya es otra el alma y el lenguaje. Ya está salvado él y salvados nosotros. Y él ya podía entonces morir. Lo salvó el pueblo humilde. Lo salvó el dolor que se hace solidaridad con el hermano y la naturaleza. Es el alma abierta pero vertiendo su delicadeza más pura:
Bien sabes que yo, siempre
en tu amor embebido,
jamás toqué tus plumas,
ni ajé tu albor divino;
si otro puede tocarlas
y disipar su brillo,
salva tu mejor prenda
ven al seguro asilo.
Vuelve palomita,
vuelve a tu dulce nido.
Y he aquí el diminutivo, que es el aporte de las culturas indígenas al idioma castellano:
No pienses que haya entrado
Aquí otro pajarillo:
No palomita mía,
Nadie toca este sitio.
Tuyo es mi pecho entero,
Tuyo es este albedrío;
Y por ti sola clamo
Con amantes suspiros.
Vuelve palomita,
Vuelve a tu dulce nido.
Es el mundo rural que se ofrece como amparo, tierra imperecedera, paraíso y utopía; y que él recién lo conoce desde dentro y directamente:
9. La dolida esencia y la dulzura plena del “harawi”
Huyó al campo y se tornó en agricultor al lado de los peones indios. Se hizo campesino y chacarero en Majes y ahí conoce la dolida esencia y la dulzura plena para cantar el dolor y la desolación más honda del “harawi” que se entonaba entre los indígenas que trabajaban la tierra.
Yo sólo reconozco
tus bellos coloridos,
yo sólo sabré darles
su aprecio merecido.
Yo sólo así merezco
gozar de tu cariño;
y tú sólo en mí puedes
gozar días tranquilos.
Vuelve, que ya no puedo
vivir sin tus cariños,
vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.
Porque el actual yaraví que él descubre y él nos aporta, en donde letra y música vuelven a asociarse y a fundirse, es el “harawi” quechua, composición lírica anterior a la llegada de los españoles. Es la expresión que bien constituye la primera manifestación mestiza en la literatura peruana y enunciado simbólico de lo que nosotros podemos ser como nación nueva, autónoma y esperanzada. Y esto ocurría en 1813, años antes de la emancipación americana. Mariano Melgar hizo el mestizaje de la poesía española y quechua; se anticipó al movimiento romántico años antes de su reconocimiento oficial en América, pues tiene todas las características del que después fue una corriente literaria universal, como es: el sentimiento, la individualidad, el rompimiento del equilibrio entre fondo y forma, el amor por lo vernacular, la exaltación de las literaturas folclóricas y nacionales.
10. Por mi patria amada y por mi Silvia quiero
Pero he aquí el otro salto, quizá mayor al anterior que no fue el único. He aquí otra entrega absoluta, la otra decisión trascendente e inquebrantable de ese cometa: se decide a tomar las armas en defensa de sus ideales y principios, sin desistir sino afianzando más su decisión y su vínculo de amor a Silvia haciendo indisoluble el yugo entre el amor a la mujer y a la patria amada. Dice:
Dejar amigos… ¿injusticia tanta
pensáis que cometiera?
de imaginarla sólo ya me espanta…
¿Cómo olvidar pudiera
a mi amorosa Silvia? No: es en vano…
Y esto, porque hay un momento en la vida de Mariano Melgar en que sus amigos parecen reprocharle que él pensara en su amor individual a Silvia, cuando todo debía relegarse por la lucha a favor del pueblo entregado a la causa por la independencia. Melgar defiende a Silvia y responde con brío:
El amor a mi patria está enlazado
con la afición más viva
a mi Silvia, en tal modo, que en mi estado
por mutua alternativa…
Él hace y enseña, lo explica en sus versos: que es inseparable su emoción social de su afecto por una mujer, que se enlazan en el amor romántico. Son esos dos amores, que para él no entran en contradicción, los que le dan la vida y lo llevan a la muerte, porque luego afirma:
Por Silvia amo mi patria con esmero,
Y por mi patria amada a mi Silvia quiero.”
Y asume marchar a la guerra, abrir su pecho generoso en el campo de batalla. Pasa de su posición de campesino a su opción de soldado combatiente. Une la pluma a la espada, asociación mítica. Y escribe de ese modo la historia de su vida en el historial versificado de sus amores y de su consagración a sus ideales sublimes.
11. Pudo huir si lo hubiera querido
Mariano Melgar se alista entonces en la rebelión de Mateo Pumacahua contra el régimen colonial español, en aquellos momentos de un poderío demoledor. Intuía de este modo, quizá, que debía morir para poner el corolario a su amor por Silvia y a su patria. En la batalla del 11 de marzo de 1815 peleó con pundonor y arrebato dirigiendo el arma de la artillería. Pero el ejército español estaba compuesto de experimentados profesionales de la guerra. Se lo divisa pasando de uno a otro lugar dando arengas e insuflando de entusiasmo a los guerreros de esa jornada, hasta el final en que al no herirle las balas de la fusilería fue capturado. Decidida la batalla y conociendo el resultado adverso, pudiendo huir si lo hubiera querido, entregó su caballo a su ayudante para que aquél escapara. Y se quedó hasta el final. Fue hecho prisionero. Su destino como dirigente de la sublevación era inminente, estaba trazado y él lo sabía. Antes había escrito:
Temo una muerte temprana
De aflicción y de tormento,
Porque ya no tengo aliento
Y temo el morir mañana.
Su puesto en esta gesta, la de auditor de guerra del ejército patriota, lo comprometía totalmente. La cercanía con el comandante general, estrecha y directa, le resultaba fatal. En la mañana del 12 de marzo de 1815 fue fusilado en el mismo campo de batalla entre el trinar de las aves y el abrirse de las espigas. Se dice que Silvia cayó desmayada y mucho tiempo después permanecía aún gravemente enferma, luego de haberse enterado del fusilamiento de Mariano Melgar. Ya lo había anunciado él:
Muerto yo
tú llorarás.
En ello hay una plena resonancia de cadencia y de compás con el poema quecha recogido por el Inca Garcilaso de la Vega, que dice:
Al cantito
dormirás,
medianoche
yo vendré.
12. Arequipa es Melgar y Melgar Arequipa
Nadie como Melgar para encarnar tanto una época, un alma, un modo de ser, un modo de sentir y de aspirar. Pero también un paisaje y, sobre todo, una ciudad como es Arequipa que vive bajo el influjo de Melgar. A cuatro grandes citas concurrió Melgar en su corta pero arrebatada vida: a la cita con el amor. A la invocación de la patria. Al abrazo con su tierra natal. A la consubstanciación con Dios. Nadie para haberse pegado a cada esquina, a cada techumbre, a cada grumo, aroma y corpúsculo de luz del cielo de Arequipa, que Mariano Melgar. Nadie para ser querido tanto, para identificarse con él la gente de toda condición, laya y posición.
Nadie como Melgar es el cantor del amor, la patria y la libertad en Arequipa, el Perú y América. El pueblo se identifica con él y lo sigue teniendo muy hondo en sus momentos de mayor emoción y confidencia. Lo evoca y lo encarna y lo vuelve a la vida en cada serenata. Lejos incluso de aquella tierra, nunca vi a mi padre más emocionado que cuando cantaba “Melgar” en letra del poeta Percy Gibson y música de Benigno Ballón Farfán. Y hasta yo lo canto ‘emocionado, ¡qué más da!, emocionado’, en sus notas que dicen:
Blanca ciudad, de eterno cielo azul
puro sol, montañas de mi lar
donde nací, en donde me crié
para amar.
Aquí dejo mis sueños,
aquí dejo mi amor,
aquí dejo mis lágrimas,
de eterno desconsuelo,
porque mi estrella triste fue cruel.
Silvia adiós, ya perdida
la esperanza de tu amor mi fe
al partir por mi patria sometida
y por ti mi bien,
voy adiós, voy adiós, adiós, adiós.
Sonó el clarín, voy hacia allá
a defender mi patria
mi adorada Silvia, mi amor,
sonó el clarín vamos allí,
Oh Patria por ti morir quiero
yo y todos con honor.
Oh Arequipa, ciudad de mis ensueños,
coloso Misti, guardián de mi ciudad,
ansío libertad y amor,
amor y libertad Señor.
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El centenario de Neruda rescata a su olvidada hija
por Isabel Lipthay, desde Alemania
"Isa: LA ENCONTRE!!
Ayer entré al cementerio luego de la hora de cierre, recorrí las tumbas y allí estaba, pobretona y tapada de maleza, la pobrecita Malva. Te llamo por detalles".
Antonio Reynaldos, amigo chileno exiliado en Holanda, me lo comunicó desde allá el 4.4.2004, al encontrar -después de meses de largas pesquisas en archivos y entrevistas- la tumba de Malva Marina, la dolorosamente olvidada hija de Pablo Neruda.
Después de 61 años de su muerte y desaparición, Antonio trae a Malva Marina a la luz pública, enviando fotos a mi pequeña pantalla: una lápida vieja y descuidada por los años y el abandono, letras casi ilegibles, malezas trepándose por doquier.
Una semana después, emocionada, me embarco en 4 trenes desde mi ciudad alemana hasta Gouda, ciudad holandesa famosa por sus quesos. Me pregunto qué es lo que busco, aparte de la cercanía de esa pequeña abandonada por Neruda a punto de estallar la Guerra Civil en España, dejada por su madre con una familia de tres hijos en Gouda, muerta a los 8 años de hidrocefalia en medio de la Segunda Guerra Mundial.
Quizás busco la proximidad de una de las historias más tristes de este mundo.
Aún este mundo no lo sabe. No sabe que Malva Marina yace allí. Es una visita secreta. Como si ella misma fuese a hablar, fuese a contarnos la triste historia que aún no conocemos.
Mientras me cambio de trenes en este sábado de exuberante primavera, percibo el paso de Alemania a Holanda. En mi estación de Münster, un grupo de policías vigila los andenes con un perro amenazante, mientras fanáticos del fútbol aúllan con banderas y latas de cerveza. Pienso en Ana Frank y su familia, que en 1933 huyeron de Frankfurt a Holanda quizás por esta misma vía, esperanzados de sobrevivir a la persecusión judía de los nazis. Pienso en María Antonieta Hagenaar, la holandesa de Java que fuera la primera esposa de Neruda. Aquella de los solitarios y desterrados tiempos del poeta de "Residencia en la tierra". La que fue suplantada por Delia del Carril en el corazón de Neruda en los albores de la guerra civil española.
María Antonieta, trágica figura -Maruca para Neruda- parte con Malva Marina en los brazos, la pequeña nacida el 34 en Madrid, ya de 2 años y con hidrocefalia. Maruca huyendo del abandono nerudiano, huyendo de la Guerra Civil, con aquella niña enferma en los brazos, regresando a Holanda probablemente el mismo 1936. Quizás Maruca tomó esta misma vía para regresar a Holanda con la niña, tres años después que Ana Frank, para asistir en 1940 a la ocupación nazi holandesa.
Mi tren pasa por Gronau, cuna de la odiosa "Colonia Dignidad" chilena. Arribamos a Enschede, la primera ciudad holandesa. Cambio de tren. Por la ventanilla, faisanes y sus faisanitos, corderos nuevos, cisnes empollando entre los canales, derroche de brotes verdes y flores, un sol radiante. Entre tanta vida, voy al encuentro de la pequeña enferma, desamada, abandonada, muerta a los 8 años en medio de la Gran Guerra.
Mientras Malva Marina se aleja con su madre de la sangrienta España, de su padre Neruda, la cabeza llena de agua y su soledad de niña minusválida en medio de un continente de fuego, Neruda calla su existencia para siempre. Hay apenas atisbos de una niña en su segunda "Residencia en la Tierra": "Melancolía en las familias", "Maternindad", y sobre todo, "Enfermedades en mi casa":
"sube sangre de niña hacia las hojas manchadas por la luna
y hay un planeta de terribles dientes
envenenando el agua en que caen los niños,
cuando es de noche, y no hay sino la muerte,
solamente la muerte y nada más que llanto".
Y más adelante, en "Oda con un lamento" escribirá el poeta:
"Oh niña entre las rosas, oh presión de palomas,
oh presidio de peces y rosales,
tu alma es una botella llena de sal sedienta
y una campana llena de uvas es tu piel".
(...)
"...hay el agua que cae en mi cabeza,
mientras crece mi pelo,
un agua como el tiempo,
un agua negra
desencadenada..."
Federico García Lorca, en cambio, sí escribió para ella los "Versos en el nacimiento de Malva Marina Neruda", publicados recién en 1984:
(...) "El Elefante blanco está pensando
si te dará una espada o una rosa;
Java, llamas de acero y mano verde,
el mar de Chile, valses y coronas.
Niñita de Madrid, Malva Marina,
no quiero darte flor ni caracola;
ramo de sal y amor, celeste lumbre
pongo pensando en tí sobre tu boca".
También Luis Enrique Délano la recuerda en el libro "Neruda" de Volodia Teitelboim:
"La recuerdo como una niña pálida, de cabellos y ojos oscuros, como los de Neruda(...). No hablaba, solamente miraba con sus ojos grandes y dulces, como asustados. y cantaba!"
Sólo sabemos de una carta del poeta a su padre donde la menciona, publicada en "Neruda" de Teitelboim:
"Parece que la niña nació antes de tiempo, y ha costado mucho que viva... La niña es muy chiquita, nació pesando sólo dos kilos cuatrocientos gramos, pero es muy linda, como una muñequita (...). Por supuesto que la lucha no ha terminado aún, pero creo que se ha ganado ya la mejor parte, y que ahora adelantará en peso y se pondrá gordita pronto".
Malva Marina se aleja de su padre para siempre.
Neruda, en medio del fuego que sangra al pueblo español, viviendo las muertes estremecedoras de García Lorca y Miguel Hernández (de este último se conoce una carta sobre Malva Marina), y otros, organiza congresos antifascistas, escribe "España en el corazón". Regresa a Chile con La Hormiguita, la pintora Delia del Carril. Su padre muere en el sur. Su Mamadre, poco después. Al sacar el ataúd del padre para unirlo a la Mamadre, siento acercarse a Malva Marina en las palabras de su padre:
"La humedad de la zona había partido el ataúd y, al bajarlo de su sitio, yo sin creer lo que veía, vimos bajar de él cantidades de agua, cantidades como interminables de agua (...). Ahora bien, esta agua terrible, esta agua salida de un imposible, insondable, extraordinario escondite (...) me advertía otra vez con su misterioso derrame mi conexión interminable con una determinada vida, región y muerte".
Malva Marina, el agua de su cabeza. El agua del cuerpo de su padre. Y las vírgenes en los cenotes, en México.
Porque después de que Neruda organizara la huida de miles de españoles con el barco "Winipeg" de Francia a Chile, parte a México. Malva Marina cumple 5 años en Gouda, en medio de la guerra, lejos de padre y madre, con su familia adoptiva compuesta por Hendrik Julsing y Gerdina Sierks, y sus hijos Heika, Geesje y Frederik. Si alguno de ellos vive aún, se ignora.
Neruda descubre la magia de México en 1940, mientras los nazis invaden Holanda. El visita los cenotes mayas en Yucatán donde se sacrificaban a las vírgenes con cadenas de oro. También allí pareciera estar Malva Marina presente:
"...pero yo, al entrar en esas soledades, no busqué el oro sino el grito de las doncellas ahogadas. Me parecía oír en los extraños graznidos de los pájaros la ronca agonía de las vírgenes; y en el veloz vuelo con que cruzaban la tenebrosa magnitud del agua inmemorial, adivinaba las manos amarillas de las jóvenes muertas".
Quizás buscaba Neruda a Malva Marina, doncella ahogada en el agua inmemorial de su cabeza?
Mientras Neruda recorría México, comenzaba en 1942 la persecusión de judíos en Holanda y Ana Frank se escondía con su familia en la calle Prinsengracht de Amsterdam. Ana comenzó a escribir su diario de vida mientras Malva Marina vegetaba en Gouda. El 2 de marzo de 1943 terminó la breve vida de Malva Marina. No sabemos cómo. Su padre se enteró de la noticia en México. Ni una palabra dijo en público sobre ella. Tampoco la menciona en sus memorias ni existe algún verso dedicado a María Antonieta.
Todos llevamos zonas dolorosas y oscuras en nuestro interior. Esta es, sin duda, la zona más oscura de Neruda.
Dos años después, en 1944, Ana Frank moría en el campo de concentración de Bergen Belsen y su Diario daría cuenta de aquellos duros tiempos.
Antonio me espera en la estación de Gouda. El mercado con sus famosos quesos, un sol inauditamente luminoso para estos parajes, un mar de gente, invaden las viejas callejuelas de la ciudad. El camino al viejo cementerio es aventurero. Hay que cruzar puentes, molinos de viento, un canal donde empollan aves al lado de los transeúntes, barcos donde vive gente, una fábrica monumental llena de tubos metálicos.
Antonio está aliviado: María Antonieta Hagenaar había pagado antes de su muerte -al parecer en 1965, en La Haya, después de un corto regreso a Chile bajo González Videla- los derechos de la tumba de la niña hasta el 2003. Pensando que ya no existía, descubrió Antonio que hace poco, aquel cementerio antiguo fue declarado monumento nacional, y las tumbas quedarán allí. Me pregunto si será una coincidencia, o Malva Marina esperaba ser descubierta este preciso año en que su padre cumpliría 100 años, y ella, 70.
La entrada al viejo cementerio. Al fondo, los altos tubos metálicos de aquella fábrica. El tiempo se ha detenido aquí. Un verdor antiguo, tumbas carcomidas por las hierbas. El señor Spliep, cuidador del cementerio, nos acompaña a la tumba de Malva Marina, a la izquierda de la entrada. Sólo las lápidas asoman entre la maleza alta. Sí. La tumba de Malva Marina es bella. Tan gris y carcomida como las otras, pero en las cuatro esquinas, con lugar para poner las plantas con flores lilas que le trajimos. Los bordes de su tumba tienen hermosos azulejos blancos. En la lápida puede leerse, traducido del holandés:
"Aqui descansa nuestra querida
MALVA MARINA REJES
nacida en Madrid 18 agosto 1934
fallecida en Gouda 2 marzo 1943".
Siento que la niña -como una suerte de Bella Durmiente- nos esperaba. Esperó 100 años para volver a despertar. Los 100 años de su padre.
Münster, Alemania, 13 de mayo de 2004
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Arriba: Mailer. Abajo: La carátula de su libro Marilyn y con Adele Morales, su segunda esposa peruana a quien apuñaló |
Resumen de diversos periodicos (Walter Lingán)
Desde hace una semana atrás la muerte andaba rondando al escritor estadounidense, uno de los innovadores del nuevo periodismo y conciencia crítica de la sociedad norteamericana. Norman Mailer fue ingresado en octubre pasado dos veces a cuidados intensivos en el hospoital de Mount Sinai de Manhattan, donde fue operado de los pulmones. Pero la muerte ya no le quiso dar más tregua, y el sábado pasado, en la madrugada del 10 de noviembre, le cerró los ojos. Una deficiencia renal acabó con la vida del famoso escritor a la edad de 84 años.
Vivió bajo sus propias leyes. Polémico, revoltoso, se convirtió en uno de los críticos más agudos de la sociedad norteamericana a través de sus novelas, ensayos y columnas periodísticas. Fue un incendiario. Mailer forjó y cultivó la imagen de persona beligerante y espabilada. Bebía, discutía, fumaba hierba, se casó seis veces y durante una fiesta apuñaló por una escena de celos a su segunda esposa, la peruana Adele Morales, y casi le provoca la muerte. A la peruana la conoció en 1951 y hasta 1955 fueron amantes, año en que se casaron. Durante el tiempo que vivieron juntos sostuvieron una relación autodestructiva, alimentada de violentas peleas y reconciliaciones cada vez más breves, hasta que en 1960 se divorciaron.
El escritor estuvo a punto de ser condenado a 15 años de prisión y tratarlo con electroschocks, pero se libró de la cárcel y el manicomio cuando un psiquiatra le diagnóstico “una esquizofrenia paranoica”. En su novela La ultima fiesta, Mailer ofrece su versión de este hecho.
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Arriba: Mailer con el mítico boxeador Cassius Clay. Abajo: Mailer y Günter Grass en Nueva York |
Mailer nació en 1923 en Nueva Jersey, hijo de un judío oriundo de Sudáfrica y una madre incansable, como él mismo la describió. Creció en un barrio de clase trabajadora, en Brooklyn.
Estudió ingeniería aeronáutica en la Universidad de Harvard. Pero dejó las leyes de la dinámica tras la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, en la que participó en el frente del Pacífico y se dedicó a la literatura. A los 25 años de edad, en 1948, publicó Los desnudos y los muertos, una novela con la que irrumpió en la escena literaria estadounidense. Luego probó suerte como guionista de Hollywood pero sus dos obras: Barbary Shore (1951) y The Deer Park (1955) fueron un fracaso.
Su vida, nada tranquila, estuvo jalonada de éxitos y fracasos. Ganó dos veces el premio Pulitzer. La primera vez en 1968 con la novela The Armies of the Night y la segunda once años más tarde con The Executioners Song, sobre la ejecución del condenado Gary Gilmore.
No a la guerra
Ferviente defensor de las causas radicales en los años 60, Norman Mailer se definía como un “conservador de iquierda”. Fue un firme opositor a la guerra de Vietnam, por lo que fue detenido más de una vez. Gran parte de sus obras son de contenido político. Pero él tenía sus propias guerras. Las feministas le declararon la guerra por sus comentarios considerados machistas sobre las relaciones entre los sexos. Lo llamaban “matón intelectual” en la línea de Truman Capote, William Styron y Tom Wolfe.
Con las estrellas
En 1975 escribió La pelea del siglo, que relata el mítico combate un año antes entre Cassius Clay y George Foreman. También escirbió dos libros sobre Marilyn Monroe: Marilyn (1973) y Of Women and their Elegance (1980). Así como sobre el pintor español Pablo Picasso y sobre Lee Harvey Oswald, el presunto asesino de John F. Kennedy.
El adiós
Con motivo de la publicación en España, El castillo en el bosque, sobre la infancia de Adolf Hitler, Mailer habló sobre su vida en El Cultural de El Mundo, donde le preguntaron si todavía conservaba la jactancia del joven Mailer de haber cambiado la conciencia misma de nuestro tiempo.
“Creo que he ejercido cierta influencia en la conciencia de nuestro tiempo, pero no la he cambiado. No, todo ha ido a peor. Todo lo que detesto ha empeorado. La arquitectura de los rascacielos, el plástico, los coches han prosperado. Y la mala escritura. Sí, todo lo horroroso ha prosperado de verdad. Cuando era joven, los escritores solíamos pensar que las novelas podrían cambiar el mundo, pero no, es la televisión la que lo cambia”, respondió el escritor.
Tom Wolfe: “Lo voy a extrañar”
Su colega y compatriota Tom Wolfe se mostró consternado por la muerte de Mailer. “Voy a extrañarlo tremendamente. Tuvimos muchas peleas, ya desde 1964” dijo en la cadena CNN. La rivalidad entre ambos empezó cuando Wolfe escribió una crítica de la novela An American Dream de Mailer, en la que afirmó que Mailer “había robado la trama de Crimen y Castigo, de Dostoievski”, recordó. “Todo parecía muy grave aquella época, pero mirando hacia atrás puedo ver que Mailer era una enorme fuente de energía para todo el mundo literario, era un motor, un generador”.
“No carecía de ego, pero hacía que la aventura fuera deliciosa. En medio de una pelea podía adoptar una actitud feroz. En persona siempre me pareció un caballero cortés, y podía ser extremadamente encantador”, evocó.
Danilo Sánchez Lihón
“Sí hijo. Tú ves, como niño algunas cosas que los mayores no vemos”
José María Arguedas
1. Acervo que constituye nuestra propia sabiduría
El folclor tiene enorme importancia en la formación de la personalidad del ser humano porque es hilo, textura y cobertor que sostiene y da calidez y es expresión máxima de la cultura de un pueblo. Acompaña todo el proceso de adquisición de sensibilidad, conocimientos y conciencia. Dota de ubicación, pertenencia y filiación, así como confiere a la persona de sensibilidad y conciencia individual y colectiva. leer más...
Por Walter Lingán
Melacio Castro, nacido en Caín, una aldea del caldeado norte trujillano, pero residente en Alemania ya varias décadas por lo que no sé si es más peruano que alemán o bicerveza, o sea, viceversa pero con harta cerveza. Se inicia en el difícil mundo de la literatura con su obra titulada: “De sones y de proles o poemas de las cosas sencillas” (Chepén, 1988), cuyo título original: “La agonía súbita” se lo robó el duendecillo de la imprenta. Se trata de treintaitantos poemas que nos remontan en una apasionada odisea por los secretos vericuetos de la infancia, por las fantásticas quimeras estancadas en la memoria, por la nostálgica evocación de nuestros seres queridos, por la enigmática emoción del presente y del futuro. Su estilo simple pero preñado por la profunda intensidad de la sabiduría popular y su lenguaje espontáneo despojado de pomposa retórica alcanzan un ritmo de admirable cadencia sin detenerse, a veces, ante ninguna clase de parámetros ni métricas, más bien, la contextura de sus versos fluye fresca como el agua de los ríos, libre y rumorosa como los vientos. Estas características también son notorias en su libro “La montaña errante” que relaciona pasajes de la historia peruana con algunas costumbres y creencias campesinas, así como también en su poemario “Los campos de mi tierra” que describe la vida en los campos y paisajes del norte del Perú y de Alemania.
Se dice que los escritores actuales no son aquellos señoritos que buscan fulminar la respetabilidad social, enlodarse en folklóricos escándalos, tan de moda hoy, sino que provienen de la clase media, ese sterbendes Tier, y del proletariado deseoso de respetabilidad. Son cholos o morenos hijos del pueblo trabajando afanosamente para alcanzar las cumbres de la respetabilidad. Ese compromiso está por delante. En “Poemas de Anacleto Meléndez” la lucha encabezada por Pedro Pablo Atusparia y Pedro Pablo Cochachín toman una estética ligada a la historia y al paisaje del entorno de Huaraz. En estos versos destaca fundamentalmente la figura heroica de Pedro Pablo Cochachín. Hay frescura y ternura en “Poemas de amor” y en los cuentos de “Crónicas de amor y de muerte”. La lucha por la sobrevivencia como emigrantes en el Viejo Mundo, esas mañas para hacerse querer en estas tierras europeas se desgranan en la novela “Memorias de Manuel”. Actualmente trabaja en “Mi República ignorada”, una suerte de autobiografía en donde le declara su amor a las luchas populares de hombres y mujeres del Perú, ese contingente protagonista único de la historia.
“De sones y de proles” es un canto sublime de dolor y esperanza. Al sumergirnos en su lectura nos aventuramos en el intenso universo en que viven los sectores populares del Perú profundo, analfabeto, inoficial, perdidos en los fantasmas tormentosos de la marginación, de la desocupación, del hambre, de la locura, de la violencia irracional y la miseria. Sin embargo hay lugar para la esperanza, para la sonrisa y la alegría, para la frase tierna. Esa fuente de su creación poética nos la muestra Melacio Castro desde el primer poema al ofrecernos el entorno precario y las pésimas condiciones en que se desenvuelve la vida de la mujer campesina y su familia:
En el lugar donde yo nací –y todos mis hermanos antes de mí-
no había un hospital / ni de esas cosas indispensables
llamadas ambulancias,
ni sabios de guantes blancos,
ni señoritas peinadas –o vestidas- a la moda.
Había por todas partes solamente fuerza de trabajo,
hombres casi animalizados por recios
terratenientes,
niños cargadores,
mujeres jóvenes muchas veces asaltadas
en su propia intimidad,
hermanas nuestras violentadas y hechas madres
sin divina concepción. (…)
La magia de los recuerdos infantiles nos envuelve en su inocencia. Quién no ha jugado con casas de madera o cartón soñando con el paraíso, quién no ha recorrido caminos fascinantes en los lomos de una briosa caña hecha caballo, quién no ha construído poderosas naves que surcaban por “mares de encantos”, quién no ha corrido “plash-plasch” haciendo salpicar los pocitos de agua de las lluvias tras las gallinas, tras las vacas. Estas evocaciones alcanzan una misteriosa turbación en el poema XVII, parafraseando a José Carlos Mariátegui, una “creación heroica” donde el juego, el trabajo y la lucha por algo mejor se amalgaman para convertirse en un mensaje rebelde, ingenuo y satírico.:
Juguemos a la ronda mientras el Niño no está:
¿Niño estás?
-Si, pero estoy segando pasto para mis chanchitos
porque sino el hambre los igualará a nosotros (…)
Juguemos a la ronda mientras el Niño no está:
¿Niño estás?
-Si, y me convertí en Lobo. Fui a pelear con la gente
del gobierno, en Lima, para que se acuerden
de nosotros, pero me dieron de patadas en el culo
y ahora salgo para que ustedes afilen mis enormes dientes
a ver si me los como, a ver si me los como… (…)
No podía dejar de estar presente aquel paisaje norteño vivido a profundidad, como chicha de jora bebida gota a gota hasta el fondo del potito. La naturaleza, unas veces áspera y cruel, siembra el caos y la desesperación, otras veces acogedora, otorga color y vida. Las inclemencias del clima: sequías en la costa, lluvias torrenciales en la sierra. Tormentas, rayos y truenos que desgarran los cielos y despedazan los cerros, ríos cargados de furia destruyendo chacras y sembríos, arrastrando con su corriente humildes viviendas, animales y gente. Pero pasada la tormenta llega la calma. Vino el verano… cuando cesó la lluvia, la tierra toda estaba herida. Y en / cada herida había ausencias y silencios infinitos… nos recuerda el poeta. Luego agrega: en los campos de mi Norte / en la frágil Costa de mi país –allí donde / pocas veces llueve y relampaguea / y truena, / la gente piensa que se aproxima el fin del mundo, / la hecatombe final, / el acabóse… para después llevarnos como de la mano donde la arena desnuda sus senos en forma de dunas y nos conduce por parajes polvorientos, secos, salpicados de retazos verdes donde florecen desafiantes el arroz y el algodón, hasta llegar a ese diminuto caserío de unas cuantas casitas aglutinadas en una sola calle, me refiero al pequeño poblado de Caín, su pueblo. Nombre bíblico y maldito para un pueblo siempre laborioso, / laborioso, / pecaminoso, potencial,… Ahí nació y creció Melacio Castro y el resto de sus hermanos.
En Caín el paisaje se viste de colores. Flores y floripondios, laureles y achiras, claveles y rosas, el poeta henchido de pletórica emoción les declara a todas ellas un amor completo, dulce e inacabable… Viejos algarrobos arrojan sus sombras y en sus ramas anidan palomas y dormitan serpientes, iguanas y lagartijas. Árboles frutales desfilan haciendo gala de perfume y sabor. Mangos, chirimoyas, plátano-manzano, uvas, provocadoras y pecaminosas, invitando e romperles la virginidad de su dulce pulpa… y apartarles sus pepitas con la boca, como quien aparta un sostén.
Tu pulpa, mango, siempre hice a un lado, con todo
respeto, pensando a veces que se trataba de una dama
de cabellos rubios que debía descansar un momento
tras habernos,
ella y yo,
satisfecho mutuamente, (…)
Su madre le repetía sin cesar: Cuando seas grande, / estudia y trabaja para que el Perú sea mejor… pero la escuela es para la inmensa mayoría de peruanos una pausa entre el trabajo y otra vez el trabajo o como nos dice el autor en el poema XXII: Mi primera escuela fue un paréntesis entre mis plantas y mis caminos… y aquí pone de manifiesto una vez más el ya cuestionado programa escolar, con una currícula de espaldas a la realidad del país. Aprendí –aprendimos- que lo blanco es lo mejor, / que lo rubio, y como muestra estaba Jesús, / era angelical, ternura, pasión, amor, / y el “resto” era, o estaba destinado a ser pus; / aprendí que lo europeo era “civilización”, / que lo nuestro era apenas algo primitivo y chusco, / (…) En la escuela, al son de las primeras letras surgiría el primer amor, el amor a la maestra. Melacio Castro también recuerda a su maestra de la escuelita fiscal:
Hermosa mujer mi maestra; tenía hermosos senos,
piernas largas, seductoras; risa fresca de fresco riachuelo
me la imaginaba conmigo a solas tendida en el suelo,
pero su insistencia que pensemos sólo en cosas del cielo
me obligaba a admirar, a adular callando, mis instintos
serenos, sólo sus senos, sólo sus hermosos senos. (…)
Al estilo vallejiano evoca el cuadro familiar. La nostalgia por los lugares andados y habitados por los seres queridos. La casa de quincha, la madre sentada alrededor del fogón, la cocina con sus utensilios de barro y de madera, los perros y los cuyes debajo de la rústica mesa, la oscuridad de los rincones alumbrada por la débil luz de un candil, el padre peleando, aún muerto, por el pan. Los hermanos, los juegos y las travesuras y también las penas. Poema XXIX:
La mesa de comer nuestra
era la parte más viviente y más despierta de nuestra casa.
Era la cosa más nuestra, ¡nuestra!
¡Y mamá… era su impulso, su sostén,
su propia e inacable luz!
Pero esta pintoresca vida y ensoñador paisaje muy admirado por turistas y elevado a la categoría de apostolado se torna acusación, denuncia, de aquellos pueblos olvidados por gobiernos apátridas y sus modelos de desarrollo centralistas y marginadores a pesar de cínicas leyes descentralistas sin olvidar a corruptos demócratas regionales y nacionales. Por eso no es raro que la TBC, la malaria y el cólera, entre otros males, sigan enlutando miles de hogares peruanos. Poema III:
Nuestra casa,
de palo puro, sin ventanas firmes,
sin frígidos frigideres ni tocadiscos ululantes
tosca en sus camas,
sin luz eléctrica ni cantos electrónicos
sin agua potable ni quehaceres potásicos
sin baños higiénicos (…)
Dicen que la historia no se escribe, se hace. Y se hace a golpes y con mucho cariño. ¡Sin pan, sin historia, profana y sin historia divina / nuestras mujeres aprendieron a ser mujeres y nuestros / hombres aprendieron a ser hombres! (Poema X). Los pueblos marginados de la historia escrita oficial, los pueblos analfabetos recurren al lenguaje oral –incluso acallado e ignorado por ciertos intereses económicos y políticos- para trasmitir de generación en generación los acontecimientos y las fechas más importantes en sus vidas. Surgen así gran variedad de narraciones, cantos y creencias. Melacio Castro ha recogido estas historias y nos las vuelve a contar para recordar, para no olvidar. A continuación un fragmento del poema XI:
¿Sabe usted lo que es una huaca?...
dicen que es un templo (en mi país, Pre Inca
o Inca), o un lugar donde uno se cita con el cielo. Otros
dicen: “Es un lugar donde se encuentran muchos tesoros.”
La gente sencilla, dice: “En las huacas, pena…” (…)
“Siendo casi de madrugada –cuenta mi padre- me venía yo
de la Sierra (del Este) montado en mi mula “media luna”,
arreando ocho chivos. Cerca de la “Huaca de las Estacas”,
el camino de Caín es uno solo y angosto, y de polvo
natural lleno. De un momento a otro vi que en las orejas
de los chivos que arreaba había ardiendo una extraña candela;
vi que el suelo se hacía blanco y a los costados
míos se había abierto un campo inmenso, y estaba lleno
de flores. El apero de mi “media luna” de ser simple y
sencillo se había convertido en apero
plateado, con estribos, frenos y
rienda de finísima plata… el camino entero se movió, giró y se dio vuelta:
de un momento a otro yo ya no venía de la Sierra sino que me iba hacia ella. (…)
En el poema IV y XVI nos habla de algo inevitable: la violencia política. En
el poema IV vendrá la madre, hijo, no quiero ver tu pena, / tampoco tu llanto, / junta tus manos a las mis manos / y ambas manos conquisten libertad… Ese es el reto que tiene la literatura que aspira la respetabilidad. La literatura no puede ser sólo el idílico paraíso de unos cuantos entendidos, sino que debería tener un efecto político, que encienda las chispas del entendimiento, que agite la paciencia de la gente y sus pueblos adormecidos. La literatura como arte: ¡HACE DESPERTAR! Elocuente testimonio es la obra de Augusto Salazar Bondi, César vallejo, José María Arguedas, Juan Gonzalo Rosé, Manuel Scorza, Javier Heraud, Mario Florián, entre muchos otros. Así, la obra de Melacio Castro, como la de los jóvenes escritores atrapados en las limitaciones del subdesarrollo, en tierra de sobrevivientes, donde vivir es una hazaña y se sabe que en literatura quien vive una hazaña tiene mucho que contar, se enmarca dentro de este arte renovador que recoge las aspiraciones populares, las recoge de sus enfrentamientos, de sus banderolas y las entrega a su pueblo en el verbo de su poesía:
En la época de la guerrilla
un hermano mío prendió una vela antes de echarse
al camino,
y, dicen que monte, venado o cóndor se hizo.
Debía ser sido eso, casi a medianoche. (…)
Nadie, de los más pequeños sabíamos
lo que era una guerrilla,
pero que era época de guerrilla, sabíamos, oíamos. (…)
Una madrugada –después de mucho tiempo- (…)
Y mientras una planta de palta serrana sembrábamos
en un costeño huerto,
él hablaba diciendo:
“La paz con justicia social puede ser un hecho cierto,
cierto…”
Y en Lima, como todo provinciano, es un emigrado que se sorprende del mundo criollo. No puede olvidar sus costumbres ni la percepción del mundo serrano-norteño. “Sus ojos”, como nos dice, no comprenden esa Lima sucia, bullanguera, caótica, estafadora, violenta, prostituida. Esa lima húmeda y de cielo cubierto de nubes oscuras y sucias llorando sin ningún apuro una garúa fina que se pega al cuerpo como un sello de escarcha. Con peculiar nitidez poetiza a Lima fundada contra el campesino, contra los pobres. Una Lima que ha ido perdiendo su perfil aristocrático por la masiva presencia del Perú profundo que a llegado a esta nueva tierra en busca de porvenir. El rostro de la nueva Lima, de la Lima de las últimas décadas, tiene ahora un perfil cholo. A este proceso que ha costado –aún cuesta- sufrimiento, paciencia y coraje le han llamado la cholificación de Lima, para mala suerte de un puñado de blanquitos que han tenido la casualidad de haber nacido en el Perú, perdón, en Lima.
Llegué a Lima (provinciano al fin)
el día que un criollo vendió la plaza San Martín
a un serrano. (…)
Nosotros (Lima)… los anónimos “cholitos” tenemos miedo
de ti (y por ti): te ocupamos poco a poco,
abierta o encubiertamente, y te decimos, si,
que hemos visto tus nubes y tu viento en sangre
y en humo manchados… pero con tu zócalo,
con tus peces y tu hierba, desafiantes, estamos aliados
para hacer posible con toda razón y con todo corazón,
tu necesaria y victoriosa Resurrección…! (…)
El arte, en este caso el arte literario, esa noble tarea de hilvanar, con paciencia y amor, palabras y versos, dicen que es un robo, que se apodera de las cosas ajenas, que su inspiración está fuera del artista. Pero el poeta universal César Vallejo nos advierte cuando escribe que “todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él” y justamente eso hace Melacio Castro con su producción lírica y narrativa. Hombres y mujeres del campo y la ciudad, su vida diaria, sus tradiciones y sus leyendas, sus anécdotas y sus cuentos se confunden para irrumpir en creación literaria sabia y rebelde. El hecho de reflejar la fresca intimidad de las multitudes, sus esperanzas de justicia y amor, su sed de pan y belleza, sin renunciar a la estética, hacen de “Sones y de proles o poemas de las cosas sencillas” una poesía que educa, organiza y unifica para construir un “Perú nuevo dentro de un mundo nuevo.”
Por Nilo TOMAYLLA
Carlos Velásquez Iwaki es mi contemporáneo. Poeta nacido en Kosñipata, Cusco. Allí donde nace el río Madre de Dios y los mitos del pueblo Huachipaire. Lo conocí en 1973, en uno de mis viajes solitarios por el interior del Perú, por entonces él era camionero y yo uno de sus pasajeros. Hablamos durante todo el trayecto de todo menos de Poesía. Hasta que estando en Kosñipata me mostró unas hojas sueltas, eran los primeros rasgos de una poesía que nos deslumbraría a muchos más tarde. Poeta más de la imagen que de la metáfora:
Redescubro mi rostro y el de mi padre y el de mi abuelo
Retratados en un huaco mochica con ceño fruncido
Dando cuenta a su dios de algarrobo babélico
Un día agarró sus bártulos y desapareció. Luego de mucho tiempo reapareció por una de las avenidas del Cusco, fresco como una lechuga. Según me contó había estado viviendo en Buenos Aires; hasta que una mañana el locutor más famoso de argentina de aquellos años, un tal Guerrero o el “peruano parlanchín” puso el huayno “Hermosa tierra de Paucartambo” de los Campesinos, como para molestar a todos los cusqueños que residían en aquella ciudad porteña. La nostalgia pudo más que el encanto de las bonaerenses para su primer retorno hacia la pachamama. Más tarde este tránsito se repetiría entres sus idas y vueltas de Chile, Bolivia y Japón. Por ello admiro su fidelidad a la querencia, lo que a muchos el destino nos ha encorchetado en el regazo de tierras lejanas.
Carlos Velásquez Iwaki, es uno más de los que van engrosando la fila de los artistas de mañana –hablo en el estricto sentido de una poética nueva-. Porque los escritores provincianos de las últimas generaciones empiezan a sacudirse de ese legado envenenado de renegar de sus ancestros y glorificar lo ajeno. Decididamente este grupo, al cual pertenece Velásquez, quiere construir un Machu Picchu de poesía con sus propias manos y sus propias piedras. Qué inocencia provinciana fue haber seguido de cerca a los escritores de Lima. Escritores que vivían a espaldas del Perú, imitando tardamente a Proust o Borgues. Y nosotros los provincianos queriendo imitar al imitador. Que huachafería verse en un espejo y creerse Bryce o Moro. Y este juego pernicioso nos costó el silencio simplemente; por supuesto para la comodidad de los que manejan la llamada cultura peruana, que nos lleva irremediablemente hacia la sentencia que pronunciara Pedro Shimosi, en 1988: Para muchos sobre todo para las editoriales limeñas la literatura peruana empieza en Lima y termina en ella.
Yo no creo en la literatura universal, que sabe más a negocio multinacional, por tanto la literatura peruana, si realmente tiene que llamarse así, se hará desde la vertiente andina o no será simplemente peruana. Mañana se podrá hablar como dijera O. Paz, de un realismo mítico, que puede ser tan presente como la mágica cuyas banderas hondeó en ese barco que se llamó el boom. Realismo mítico enmarcado en poesía o narrativa renovada en el sentido estético y ético. Así Velásquez Iwaki, aflora cánticos antiguos ligada a culturas arcanas, porque en sus venas han sido buriladas las huellas de culturas como la mochica, la nishei, y sobre todo la huachipaire (tomando en cuenta que en la génesis mítica es la tierra que hace al hombre) y en Velásquez su pertenencia a esta última cultura, es umbilical:
CEREMONIA DE GUERRA DEL PUEBLO HUACHIPAIRE….
Padre Apani
llévame a beber tu sangre
y su sangre
Préstame tus ojos
para ganarle camino a la noche
cuando la luna duerme
Madre Chinani
dale huella a mis pies
Que mis orines huelan
lo suficiente
para que mis enemigos
reconozcan mi territorio
Wamanei útero del fuego
en los vientos de la vía Láctea
Nubla sus ojos
Sella sus oídos
Vierte sal en sus aguas
y ceniza cruda a sus fogatas
Afila mis dientes
para devorar sus carnes
hasta apoderarme del espíritu
de tres cabezas.
Poesía mítica y críptica, la de Velásquez, que sin lugar a dudas su último libro “Retrato en Transito” (Ed. Auqui, Barcelona-Cusco, 2006) será una de las piedra angulares para construir o reconstruir una voz nueva desde las entrañas de la tierra andina.
Por WINSTON ORRILLO
El reducido, pero acogedor, espacio de la Casa de España, en el corazón de Lima-la-horrible, bullía de un público cómplice: el que queremos todos los escritores. Habían llegado para ver y escuchar a Eduardo González Viaña, uno de los mayores narradores de la América morena, y, además, uno de los más conspicuos representantes de la diáspora que tiene, por aquí y acullá, a escritores que hacen honor a la conocida frase del Inca Garcilaso: “El Perú, madre de los hijos ajenos; madrastra de los propios”. El acto se retrasa un poquitín no sé si para mostrar, de suyo, oposición a una reciente, apócrifa medida burocrática que pretende cuadricularlo todo (para ocultarlo todo).
Conozco a Eduardo González Viaña desde la década del 60, desde el tiempo de Los peces muertos, desde nuestros contactos en Trujillo, en cierta dulcería de cuyo nombre no puedo acordarme (nunca he comido un arroz con leche como aquél), y de cierto lugar –tienda de los Porturas- en la esquina de la Plaza de Armas, donde he paladeado el mejor cebiche de mi currículum estomacal, pero, sobre todo, donde Eduardo me enseñó a beber una leche de tigre que, hasta ahora, subleva mi gastritis crónica. Era el tiempo, como no, del grupo Trilce, y se desgranan los nombres de Juan Morillo, Angelats, Díaz Herrera, Juan Paredes Carbonell, los hermanos Ibáñez Rosaza, et al; pero donde, sobre todo, se respiraba una insurgencia salutífera que, como gonfalón mayor, agitó el querido Eduardo en el austero ambiente español de hogaño, tarde del referido miércoles, para sorpresa –seguro- de medio mundo, acostumbrados como estamos, en estos tiempos de genuflexión, al silencio cómplice, a la reticencia celestina.
Todo esto, nimbado por la figura de un inolvidable combatiente –como todos, perseguido y encarcelado y calumniado por el abyecto Establishment que padecemos-, me refiero al entrañable Walter Palacios Vinces, a quien –flash back hacia 1965- fuimos a defender cuando lo habían encarcelado en Chiclayo: todo el Congreso de Poesía, que este cronista había organizado, se movilizó hacia la ergástula donde tenían al querido dirigente estudiantil y hombre noble y bueno y rebelde, que, con una elegante boína negra, estaba con nosotros, honrándonos con su compañía, en la calle Natalio Sánchez, Cercado de Lima. La presentación de la novela de Eduardo, El corrido de Dante, era el pretexto para reunirnos. La novela que ya ha agotado varios miles de ejemplares en la patria de Walt Whitman. Y la razón no es peregrina: es que, en ella, se encuentra la voz de los sin voz, el pletórico eco, inútilmente silenciado, de la comunidad hispánica que, malgré tous, se abre paso en las entrañas del monstruo (Martí dixit).
El corrido de Dante es una suerte de mise en scéne de la vida, fúlgida o sórdida, de la comunidad hispánica en USA. El vigor narrativo de la pieza se halla, precisamente, en su capacidad de entrar en un mundo de suyo silenciado en orden a los intereses ad usum. Por ello, sin duda, en el más religioso (recordemos a Mariátegui) sentido del término, es una novela política, en tanto en cuanto es una radiografía de una polis escurridiza, y que sólo nos ofrece las imágenes de sus KFC, sus Mc Donal´s, su Premios Grammys u Óscares, mientras, dentro, bulle un mundo que, segundo a segundo, construye una humanidad diferente, plenamente válida, que es la que aparece en este monumento narrativo de un peruano que aterrizó en la novela con una integérrima alma de poeta, en tanto en cuanto, poiesis es creación, sublevación, permanente reclamo por una vida mejor para todos. Plena de humor, e imposibilitada de renunciar a los aportes de la narrativa de un Carpentier o un Rulfo, el universo novelístico de EGV nos lleva de la mano de la imaginación, al ensueño, a una “realidad” en la que el traje de la quinceañera ha sido diseñado por la madre muerta, allá en los talleres supraterrenales donde, seguramente, mora la que no podía morirse sin que a la hija (la tradición es la tradición) se le celebre el acostumbrado quinceañero. Narcotraficantes seráficos, personajes extraídos de un circo brechtiano o kafkiano, mundo protoplasmático, a veces, el cosmos de USA que aquí se presenta es todo un tratado que, a no dudarlo, dará más de una tesis doctoral (ahora que los scholars están hambrientos de nuevos materiales para seguir sobreviviendo en su estólido sistema de calificaciones profesionales).
La novela, que se inicia con la presencia emblemática del burro Virgilio, es, para decirlo, de una vez, sobre todo, una delicia, una obra que se lee con placer, porque éste es uno de los aspectos que más hay que rescatar en la estilística de González Viaña: la complicidad con el lector, su tributo a la necesidad de, a la vez que leer, penetrar en los meandros de un mundo no de casualidad preterido. Porque últimamente, en mérito a un supuesto viraje del llamado estilo de la postmodernidad, se están creando monumentos impertérritos al aburrimiento, piezas macrocefálicas que coadyuvan, ciertamente, al sueño –no al ensueño- del lector, y que éste debe adquirir, porque así lo mandan los genios del marketing, los tartufos de la sociedad de consumo literaria, los dueños de la conciencia manejada desde una habilidosa campaña mediática que publicita a todo aquello que te aleja de la realidad de un mundo que, definitivamente, tenemos que cambiar, antes de que el calentamiento global acabe con nosotros.
Danilo Sánchez Lihón
Un día como hoy, 12 de marzo, del año 1815, caía abatido por un pelotón de fusilamiento en el campo de batalla de Humachiri, en Arequipa, el poeta y prócer de la libertad Mariano Melgar, amante apasionado y patriota legendario.
1. Fervores, arrebatos y pasiones
Decimos con frecuencia que la historia del Perú fue insigne y gloriosa en la época pre-inca cuando florecieron culturas de asombro como Chavín, Tiahuanaco, Moche, Paracas; de igual modo, en la época incaica cuando Pachacútec y Túpac Yupanqui consolidaron una cultura que hizo prodigios; como también en el virreynato, con relumbres y fulgores de imperio, etapa en la cual el dominio del Perú en América del Sur fue absoluto pues era el único virreynato antes que se desprendieran de él Nueva Granada (1717) y del Río de La Plata (1776). Sin embargo, en la mesa del hogar mi padre que fue maestro recreaba ante nuestros ojos deslumbrados, fastos y memorias de la época republicana, hechos que para mí resultaban fabulosos, titánicos y plenos de extraordinaria y fascinante grandeza, de arrebatos y fervores supremos, en donde los personajes eran paladines sobrehumanos. Los ejércitos se perseguían insomnes por desiertos, desfiladeros y punas: el General Agustín Gamarra, dos veces Presidente de la República, caía muerto en el campo de batalla de Ingavi, en las orillas heladas del lago Titicaca; el teniente coronel Domingo Nieto vencía en una justa con lanza y sable –que contemplaban los batallones estupefactos– al gigantesco comandante Camacaro de Colombia en el Portete de Tarqui definiendo de ese modo la guerra desatada; don Ramón Castilla, arrastrando mil fusiles, moría sobre su caballo en el indescifrable desierto de Atacama.
Otro bólido, Felipe Santiago Salaverry, sublevado a los 29 años en el Callao, elegido Jefe Supremo de la Nación, vencedor mítico en Uchumayo para luego caía derrotado en Socavaya y era fusilado en la Plaza de Armas de Arequipa el año 1836. Mi padre tocaba extasiado en su violín “La salaverrina” –y la banda de mi escuela la entonaba con sus tambores y cornetas en los desfiles– aquella marcha militar que ayudó a que los combatientes de ese general flamígero y alucinado –cuya banda de músicos entonaba dianas y pasacalles en los fémures de sus enemigos caídos en batalla– venciera en innumerables batallas y sucumbiera solo en una que le costó la vida. El hijo de ese soldado ígneo, que quedó huérfano desde niño, sería más tarde el principal poeta del romanticismo peruano, quien escribiera aquel poema que finaliza diciendo:
¡Oh! cuando vea en la desierta playa,
con mi tristeza y mi dolor a solas,
el vaivén incesante de las olas
me acordaré de ti;
cuando veas que una ave solitaria
cruza el espacio en moribundo vuelo,
buscando un nido entre la mar y el cielo
¡acuérdate de mí!
1. Imagen nata del trovador y el héroe
¿Qué tenían, o de qué estaban hechos, aquellos hombres? Solo cabía una explicación para mí: pertenecían a un país de fábula, convulso, quimérico y sensual. Y tenían no solo entusiasmo y pasiones sino que estaban ungidos de un fulgor divino. Pero entre todas estas historias la que más ganaba mi simpatía, adhesión incondicional y que me conmovía hondamente era el aura de vida y la gesta de Mariano Melgar: niño genial, adolescente impetuoso y atormentado por los misterios del ser, arrebatado luego de amor por una niña de trece años, joven bizarro que abraza pronto los ideales y compromisos de hacer y forjar aquí, en una colonia irredenta, la justicia social, hombre después que renuncia a todo, se hace labriego, y finalmente opta por el sacrificio y el martirio de entregar su vida, convicto y confeso por la aspiración de una patria libre y digna.
Fue un ser generoso, que unía a su emoción de amante apasionado, la de hombre de letras esclarecido y ciudadano consecuente y leal con el suelo que lo vio nacer y quien el 12 de marzo era fusilado en el campo de batalla de Humachiri, en Arequipa, a los 24 años de edad, luchando por la independencia del Perú:
Ya llegó el instante fiero
Silvia, de mi despedida,
pues ya anuncia mi partida
con estrépito el cañón.
A darte el adiós postrero
llega ya tu tierno amante,
lleno de llanto el semblante
y de angustia el corazón.
Llega tu objeto divino
tiéndeme tus brazos bellos,
a ver si logro que en ellos
dulce acogida me des.
No conseguirá el destino
el golpe que quieres darme
porque antes de separarme
me verá muerto a tus pies.
Llamaré instante de gloria
a aquel en que vi tus gracias
y origen de mis desgracias
a aquel que las perdí.
Mil veces esta memoria
harás que el dolor me acabe
y tú entre tanto quién sabe
si te acordarás de mí.
Al salir el sol brillante,
al poner sus luces bellas
al nacer lunas y estrellas
estaré pensando en ti.
Él encarna la imagen, el lance y la hazaña nata del trovador, del cantor popular, del hombre embargado de legítimas pasiones; bello y tajante, henchido de ideales, quien mira desafiante la boca de los fusiles que le han de cegar la vida, siendo la representación sublime del héroe romántico por excelencia del Perú. Dio el halo mágico y legendario que tiene la literatura peruana, recogiendo la tradición esencial y auténtica de la poesía quechua y castellana, que es necesario no perder cediendo a una corriente ajena, superflua y desencantada.
3. Donde los bienes son males y los placeres tumultos
Nació en Arequipa, el 10 de agosto del año 1991, hijo de español: Juan de Dios Melgar, y de india: Andrea Valdivieso. Su hogar fue de condición humilde pero sus dotes y virtudes le dieron inmediata posesión de categoría y honores, siendo querido, respetado y admirado por clérigos, personalidades del foro, maestros y por todas aquellas personas académica y socialmente cultivadas. Fue niño precoz, quien a los 3 años ya conocía “todos los secretos de la lectura”; a los 8 domina el latín y es nombrado Auxiliar de Clases en la Escuela del Convento de los Franciscanos Descalzos. Traduce a los poetas, filósofos y oradores de la antigüedad; y lee aquellos textos a sus compañeros de colegio. Pero un día una niña insufla su vida de singular arrebato y lo cautiva para siempre. Es su gran ilusión, su exaltación para vivir y muy pronto su decisión también para morir:
¡Ay, amor!, dulce veneno,
¡ay, tema de mi delirio,
solicitado martirio
y de todos males lleno.
¡Ay, amor! lleno de insultos,
centro de angustias mortales,
donde los bienes son males
y los placeres tumultos.
¡Ay, amor! ladrón casero
de la quietud más estable.
¡Ay, amor, falso y mudable!
¡Ay, que por tu causa muero!
¡Ay, amor! glorioso infierno
Y de infernales injurias,
león de celosas furias,
disfrazado de cordero.
¡Ay, amor!, pero ¿qué digo,
que conociendo quién eres,
abandonando placeres,
soy yo quien a ti te sigo?
4. Levantad esos rostros abatidos
Para seguir estudios de derecho y leyes en la Universidad de San Marcos viaja a Lima dejando a aquella chiquilla, que luego inmortalizó en sus versos con el nombre de Silvia y quien le hizo la promesa al partir de no abandonarlo nunca. En el puerto de Mollendo le impresiona profundamente el océano, emoción que lo inspira a escribir su oda “Al autor del mar”:
El mar inmenso viene entero
Ya parece tragarse el continente,
Aviva su corriente,
Y en eterno hervidero
Choca, vuelve a chocar…
De aquí hasta donde raya el horizonte
Se ve criar la blanquísima nube:
Se exhala, crece y sube;
Y al valle, al prado, al monte
Va a dar frescura y riego, y sus corrientes
Sustentan y producen los vivientes…
Acaba, bravo mar, tu fuerte guerra;
Islas sin puerto vuelve a las ciudades;
Y en una sola a mí con Silvia encierra.
En Lima se imbuye de los ideales independentistas. En medio de la conjura revolucionaria escribe su “Oda a Baquíjano y Carrillo y también su “Oda a la libertad”:
Oíd, cese el llanto
Levantad esos rostros abatidos,
Indios que con espanto,
Esclavos oprimidos
Del cielo y de la tierra sin consuelo
Cautivos habéis sido en vuestro suelo…
Asume un compromiso pleno con la causa indígena y los ideales que asume la revolución emancipadora. Su verbo se vuelve proclama de adhesión por los humildes, marginados y desheredados de la tierra, de identificación con las aspiraciones populares. Da coherencia a sus ideas y a su vida, de amor consagrado a una mujer y de consagración a sus ideales de libertad.
5. El amor se convierte en queja y lamento
Pero al volver a Arequipa el amor de su vida, Silvia, se muestra esquiva. Al parecer no le agradan las ideas que ahora él encarna. Y así, el destino trenza sus dedos para que el amor sublime que él siente se convierta en queja y lamento:
No nació la mujer para querida
por esquiva, por falsa y por mudable;
y porque es bella, débil, miserable,
no nació para ser aborrecida.
No nació para verse sometida,
porque tiene carácter indomable;
y pues prudencia en ella nunca es dable,
no nació para ser obedecida.
Porque es flaca no puede ser soltera,
porque es infiel no puede ser casada,
por mudable no es fácil que bien quiera,
Si no es, pues, para amar o ser amada,
sola o casada, súbdita o primera,
la mujer no ha nacido para nada.
Pero su amor es mucho. No puede quedarse con el desengaño. No quiere ocultarlo ni apagarlo, tampoco lo disimula. No puede tenerlo callado, lo hace público y manifiesto. Y se deshace en lamentos y en suspiros. Y sucumbe ante las heridas que lo afligen:
BIEN PUEDE EL MUNDO ENTERO CONJURARSE
Bien puede el mundo entero conjurarse
contra mi dulce amor y mi ternura,
y el odio infame y tiranía dura
de todo su rigor contra mí armarse;
Bien puede el tiempo rápido cebarse
en la gracia y primor de su hermosura,
para que cual si fuese llama impura
pueda el fuego de amor en mí acabarse;
Bien puede en fin la suerte vacilante,
que eleva, abate, ensalza y atropella,
alzarme o abatirme en un instante;
Que al mundo, al tiempo y a mi varia estrella,
más fino cada vez y más constante,
les diré: «Silvia es mía y yo soy de ella.
6. ¿Por qué a verte volví, Silvia querida?
¿Por qué este designio? ¿A qué viene este desengaño? ¿Por qué me tocó a mí? La flecha, el estigma, la fatalidad del amor, ¿por qué me tocó a mí? Si tú eras para mí, ¿por qué se tuercen los hilos? ¿Por qué se confunden las hebras? ¿Por qué esos renglones torcidos? Y decide dejarlo todo –por lo inmenso y radical que es, pero a la vez frágil ante el aleteo del amor–, decide entonces sublimarlo en vida y hacerlo perdurable e infinito en el ideal, más allá de este mundo, de esta vida y de la muerte:
¿POR QUÉ A VERTE VOLVÍ, SILVIA QUERIDA?
(Elegía I)
¿Por qué a verte volví, Silvia querida?
¡Ay triste! ¿para qué? ¡Para trocarse
mi dolor en más triste despedida!
Quiere en mi mal mi suerte deleitarse;
me presenta más dulce el bien que pierdo:
¡Ay! ¡Bien que va tan pronto a disiparse!
¡Oh, memoria infeliz! ¡Triste recuerdo!
Te vi... ¡qué gloria! pero ¡dura pena!
Ya sufro el daño de que no hice acuerdo.
Mi amor ansioso, mi fatal cadena,
a ti me trajo con influjo fuerte.
Dije: «Ya soy feliz, mi dicha es plena».
Pero ¡ay! de ti me arranca cruda suerte;
este es mi gran dolor, este es mi duelo;
en verte busqué vida y hallo muerte.
7. Vuelve que ya no puedo vivir sin tus cariños
Y he aquí que se produce uno de los saltos más extraordinarios que se han dado en la poesía y el arte en el Perú, porque no hay hecho que haya sido más decisivo para el arte y la cultura nuestras que esta decisión de Mariano Melgar, la de desterrarse, cambiar de clase social, irse a vivir en la campiña y hacerse chacarero. Y se hizo campesino total: de poncho y ojotas, de pantalones arremangados y sombrero mojado por la lluvia y quemado por el sol, de pisar la tierra arisca y helada, con los pies descalzos y los brazos curtidos solo con la diferencia que sus manos eran diestras también en saber tocar la guitarra.
Aquel genio lingüístico, aquel académico consumado, el políglota escanciado, aquel intelectual venerable que causaba asombro con su ciencia, aquel adivinador de los misterios de la vida y el cosmos, volvió así al grumo, a la piedra de toque, al terrón de polvo que somos todos. Se hizo hombre de campo total, sin reticencias ni tapujos causando el escándalo en el medio culto y refinado de Arequipa. Dejó todo sin ambajes: abandonó casa, empleo en la curia, en la cátedra, su asiento en el ruedo de amigos y se alejó para siempre. Y todo por Silvia. Fue tan honda esta entrega de un ser tan acrisolado que toda Arequipa, todavía ahora, en cualquier fonda, posada, tienda e incluso en el corredor de cualquier casa rural encontramos intangible el alma del poeta Melgar. Y fue así cómo, y de este modo, él recuperó para la poesía peruana formas soterradas de la poesía quechua. Dejó de escribir su dolor en versos clásicos, en los metros y cadencias hispánicas, y encontró que su queja y su lamento cabían más y mejor en las formas y en los sones andinos, más dulces y temblorosos:
VUELVE, QUE YA NO PUEDO
(Yaraví)
Vuelve, que ya no puedo
vivir sin tus cariños:
vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.
Mira que hay cazadores
que con intento inicuo
te pondrán en sus redes
mortales atractivos;
y cuando te hagan presa
te darán cruel martirio:
no sea que te cacen,
huye de tanto peligro.
Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.
8. Tuyo es mi pecho entero, tuyo es este albedrío
Su canción no deja de ser queja, pero se hace cariñosa, dulce y protectora, como es el alma indígena:
Ninguno ha de quererte
como yo te he querido,
te engañas si pretendes
hallar amor más fino.
Habrá otros nidos de oro,
pero no como el mío,
por quien vertió tu pecho
sus primeros gemidos.
Vuelve mi palomita,
vuelve a tu nido.
Es el candor y la inocencia del alma andina. Es el alma abierta pero vertiendo su delicadeza más pura:
Bien sabes que yo, siempre
en tu amor embebido,
jamás toqué tus plumas,
ni ajé tu albor divino;
si otro puede tocarlas
y disipar su brillo,
salva tu mejor prenda
ven al seguro asilo.
Vuelve palomita,
vuelve a tu nido.
Y he aquí el diminutivo, que es el aporte de las culturas indígenas al idioma castellano:
No pienses que haya entrado
Aquí otro pajarillo:
No palomita mía,
Nadie toca este sitio.
Tuyo es mi pecho entero,
Tuyo es este albedrío;
Y por ti sola clamo
Con amantes suspiros.
Vuelve palomita,
Vuelve a tu dulce nido.
El mundo rural que se ofrece como paraíso y utopía y que él recién lo conoce desde dentro y directamente:
Yo sólo reconozco
Tus bellos coloridos,
Yo sólo sabré darles
Su aprecio merecido,
Yo sólo así merezco
Gozar de tu cariño;
Y tú sólo en mí puedes
Gozar días tranquilos.
Vuelve, que ya no puedo
Vivir sin tus cariños,
Vuelve mi palomita,
Vuelve a tu dulce nido.
9. La dolida esencia y la dulzura plena del “harawi”
Huyó al campo y se tornó en agricultor al lado de los peones indígenas. Se hizo campesino y chacarero en Majes y ahí conoce la dolida esencia y la dulzura plena para cantar el dolor y la desolación más honda del “harawi” que se entonaba entre los indígenas que trabajaban la tierra. Porque el actual yaraví que él descubre y nos aporta, en donde letra y música vuelven a asociarse y a fundirse, es el “harawi” quechua, composición lírica anterior a la llegada de los españoles y que bien constituye la primera manifestación mestiza en la literatura peruana y expresión simbólica de lo que nosotros podemos ser como nación nueva y esperanzada. Mariano Melgar hizo el mestizaje de la poesía española y quechua; se anticipó al movimiento romántico años antes de su reconocimiento oficial en América, pues tiene todas las características del que después fue una corriente literaria universal, como es: sentimiento, individualidad, rompimiento del equilibrio entre fondo y forma, amor por lo vernacular, exaltación de las literaturas folclóricas y nacionales.
10. Por mi patria amada y por mi Silvia quiero
Pero he aquí el otro salto, quizá mayor al anterior que no fue el único. He aquí otra entrega absoluta, la otra decisión trascendente e inquebrantable: se decide a tomar las armas en defensa de sus ideales y principios, sin desistir sino afianzando más su decisión y su vínculo de amor a Silvia haciendo indisoluble el vínculo entre el amor a la mujer y a la patria. Dice:
Dejar amigos… ¿injusticia tanta
pensáis que cometiera?
de imaginarla sólo ya me espanta…
¿Cómo olvidar pudiera
a mi amorosa Silvia? No: es en vano…
Y esto, porque hay un momento en la vida de Melgar en que sus amigos parecen reprocharle que él pensara en su amor individual a Silvia, cuando todo debía relegarse por la lucha a favor del pueblo entregado a la lucha por la independencia. Melgar defiende a Silvia y responde con brío:
El amor a mi patria está enlazado
con la afición más viva
a mi Silvia, en tal modo, que en mi estado
por mutua alternativa…
Y es que es inseparable su emoción social de su amor romántico. Son esos dos amores, que para él no entran en contradicción, los que le dan la vida y lo llevan a la muerte, porque luego afirma:
Por Silvia amo mi patria con esmero,
Y por mi patria amada a mi Silvia quiero.
Y asume marchar a la guerra. Pasa de su posición de campesino a su opción de combatiente. Escribe de ese modo la historia de su vida en el historial versificado de sus amores y de su consagración a sus ideales.
11. Pudo huir si lo hubiera querido
Mariano Melgar se alista entonces en la rebelión de Mateo Pumacahua contra el régimen colonial español, en aquellos momentos de un poderío demoledor. Intuía de este modo, quizá, que debía morir para poner el corolario a su amor por Silvia y a su patria. En la batalla del 11 de marzo de 1815 peleó con pundonor y arrebato dirigiendo el arma de la artillería. Pero el ejército español estaba compuesto de experimentados profesionales de la guerra. Se lo divisa pasando de uno a otro lugar dando arengas y entusiasmo a los soldados, hasta el final. Decidida la batalla y conociendo el resultado adverso, pudiendo huir si lo hubiera querido, entregó su caballo a su ayudante para que aquél escape. Y se quedó hasta el final. Fue hecho prisionero. Su destino como dirigente de la sublevación era inminente, estaba trazado y él lo sabía. Antes había escrito:
Temo una muerte temprana
De aflicción y de tormento,
Porque ya no tengo aliento
Y temo el morir mañana.
Su puesto en esta gesta, la de auditor de guerra del ejército patriota, lo comprometía totalmente. La cercanía con el comandante general, que era estrecha y directa, le resultaba fatal. En la mañana del 12 de marzo de 1815 es fusilado. Se dice que Silvia cayó desmayada y mucho tiempo después permanecía aún gravemente enferma, luego de haberse enterado del fusilamiento de Mariano Melgar. Ya lo había anunciado él:
Muerto yo tú llorarás.
En ello hay una plena resonancia con el poema quechua recogido por el Inca Garcilaso de la Vega, donde el poema recogido por el cronista dice:
Al cantito
dormirás,
medianoche
yo vendré.
12. Arequipa es Melgar y Melgar Arequipa
Nadie como Melgar para encarnar tanto una época, un alma, un modo de ser. Pero también un paisaje y, sobre todo, una ciudad como es Arequipa que vive bajo el influjo de Melgar. A cuatro grandes citas concurrió Melgar en su corta pero arrebatada vida: a la cita con el amor, con la patria, con su tierra natal y con Dios. Nadie para haberse pegado a cada esquina, a cada techumbre, aroma y luz del cielo en Arequipa. Nadie para ser querido tanto, para identificarse la gente de toda condición, laya y posición, con él. Nadie como Melgar es el cantor del amor, la patria y la libertad en Arequipa. El pueblo se identifica con él y lo sigue teniendo muy hondo en sus momentos de mayor emoción y confidencia. Lo evoca y lo encarna en cada serenata. Lejos incluso de aquella tierra nunca vi a mi padre más emocionado que cuando cantaba “Melgar” en letra del poeta Percy Gibson y música de Benigno Ballón Farfán. Y hasta yo lo canto ‘emocionado, ¡qué más da!, emocionado’, en sus notas que dicen:
Blanca ciudad, de eterno cielo azul
puro sol, montañas de mi lar
donde nací, en donde me crié
para amar.
Aquí dejo mis sueños,
aquí dejo mi amor,
aquí dejo mis lágrimas,
de eterno desconsuelo,
porque mi estrella triste fue cruel.
Silvia adiós, ya perdida
la esperanza de tu amor mi fe
al partir por mi patria sometida
y por ti mi bien,
voy adiós, voy adiós, adiós, adiós.
Sonó el clarín, voy hacia allá
a defender mi patria
mi adorada Silvia, mi amor,
sonó el clarín vamos allí,
Oh Patria por ti morir quiero
yo y todos con honor.
Oh Arequipa, ciudad de mis ensueños,
coloso Misti, guardián de mi ciudad,
ansío libertad y amor,
amor y libertad Señor.
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Mientras espero la llegada de Sixto Ayvar, frente a la catedral de Colonia, me entretengo mirando la multitud de rostros diferentes y lenguas tan raras que pueblan la plaza. Primero aparece Víctor Valle, me saluda y me confirma que Sixto está ya en camino, junto con Lennin De La Torre. Me sorprende la puntualidad exagerada, incluso un día antes me llamaron para recordarme la cita que teníamos. Cosa rara entre latinoamericanos, y mucho más entre artistas conocidos por su inmensa informalidad. A las seis de la tarde, exactamente, aparecen y nos acercamos al bar más cercano con vista a la catedral de Colonia.
Y claro, pienso, no podía ser de otra manera, como dice el refrán popular: de tal palo tal astilla. Sixto “Sixtucha” Ayvar, fundador del grupo de música Alborada, proviene de una familia musical. A la manera del legendario grupo, guardando las diferencias, de la familia Rodríguez, o algo más cercano al público alemán, a la de la Kelly Familie. En casa de los Ayvar todos cantan o tocan un instrumento. El padre, canta-autor bohemio, es secundado por la serena y alegre voz de su esposa. A los hijos se les intentó prohibir esta opción artística, pero más pudo la vocación y el exceso de musicalidad hogareña. “Sixtucha” empezó cantando en la escuela, después vendría el aprendizaje de la guitarra. Con su maestro Fredy Ortiz, “quien se loqueaba con el rock”, afianzó su destreza en el manejo de este instrumento. Pero sus inicios en el folklore, cuyas notas y ritmos los bebió desde cuna, lo llevó a orientarse también por la interpretación de la zampoña y la quena. En 1984 funda el grupo Alborada en Ocobamba, pueblo donde nació y vivió sus primeros años. Su inquietud por conocer otros lugares y llevar la música de su región a otras latitudes, emigra a Lima en donde integraría diversas bandas de música andina y popular. En la capital peruana alternaría con los hoy famosos guitarristas Manuelcha Prada y Julio Humala, quienes lo apoyaron y alentaron en todo momento. Convencido de su vocación abandonó los estudios y se dedicó intensamente a la música. “De esta manera, dice Sixtucha, la música se convirtió en parte de mi vida y sólo tocando me siento feliz”. Hasta sus padres tratan ahora de apoyarlo en todo lo que se puede. Además todos los hermanos están en el mundo del canto y la música.
En 1990 llega a Alemania. Desde Düsseldorf se convirtió en intenso viajero, visitó las principales ciudades alemanas hasta que decidió quedarse en Colonia. Sus primeras grabaciones en 1991 y 1996 las hizo con el concurso de Manuelcha Prada y Julio Humala. De ellos también heredó la empresa de rescatar la música tradicional andina y renovarla, perennizarla en las generaciones venideras. “No tenemos nada contra los tradicionalistas, pero debemos considerar que todo cambia, los mismos instrumentos han evolucionado, sólo renovándose no va a morir la tradición”. Mientras tanto son ya 15 CDs grabados. Cada uno tiene un motivo especial y fieles a su compromiso de renovación, de modernización, de actualización de la música autóctona o popular, han musicalizado villancicos navideños, boleros, cumbias, “chicha”, esa especie de cumbia andina, música chanca, rock, regatón y meditación andina. Es que una vez llegados a las grandes urbes se empapan de nuevos sonidos y lenguajes, de una sensibilidad artística transformadora. El artista reacciona frente al medio, un medio cosmopolita, universalista. En Alemania es otro el bullicio de sus calles, de sus fiestas, hay otros rostros, otras sonrisas y miradas, confluyen otras nacionalidades con sus gustos, sus modas y sus estilos, entonces el músico no hace más que desplegar su sensibilidad mediante los instrumentos más exóticos sin interesarle la condición ni la procedencia. A eso responden Tropical, Encuentros, Dedicado, Meditación inca, Transfusión.
La llegada al grupo del argentino Víctor “Toto” Valle y del ecuatoriano Lennin “Allin Qampy” De La Torre le imprimen otra dinámica, nuevos aires, se inicia una nueva fase. La historia de estos dos músicos es similar a la de “Sixtucha”. La madre de “Toto” lo reprendía severamente por pasarse “todo el santo día labrando cañas”. Fue su abuelo quien lo inició en la construcción y en el aprendizaje de la quena. A los 13 años empezó a trabajar en la música y abandonó el conservatorio de música después de dos años de aburrimiento. “No era para mí eso, no me satisfacía ni servía a mis intereses… yo quería tocar”, cuenta “Toto”. Integró diversos grupos de música folklórica y en 1990 con “Los Tillareños” graba su primer disco. Luego hizo también un album de cumbia-folklórica. Con su esposa llegan a Osnabrück y desde hace cinco años vive en Colonia.
Lennin “Allin Qampy” en cambio logra primero graduarse de arquitecto en Quito, aunque desde los once años tocaba ya quena, zampoñas y guitarra en forma autodidacta. Más tarde toca en los grupos “Tical” y “Llanuras”. Cuando en 1992 emprende viaje hacia Europa ya sabe que no ejercerá su profesión de arquitecto. Primero se pasa un buen tiempo viajando por diversos países, pero con estadía oficial en Italia, hasta que en 1994 viene definitivamente a Colonia. Su encuentro con “Sixtucha” y “Toto” fue el detonante para esta decisión.
Ahora los tres son los culpables del nuevo sonido de Alborada, los tres son responsables de que la música y la cultura Chanca viva, camine y se difunda envuelta con una nueva vitalidad, globalizadora, acorde de estos tiempos velozmente cambiantes. A los nuevos sonidos y ritmos que traen “Toto” y “Allin Qampy” de sus comunidades respectivas se suman las experiencias que ganaron al visitar culturas indígenas de Canadá y USA. En sus últimos discos como Caminos al sol o Instrumental podemos ya cerciorarnos de los vertiginosos cambios que ha experimentado el grupo Alborada. Más claridad, nitidez y seguridad en sus interpretaciones. Lo más grato es saber el éxito con que ha sido recibido en Perú, teniendo en cuenta que es un grupo “foráneo”, de quien sólo recibían noticias de su existencia los amigos ligados al quehacer musical. A pesar de haber participado junto a los internacionalmente famosos grupos bolivianos Savia Andina y Los Kjarkas, recién les llega el espaldarazo del público peruano al presentarse en el festival de música que se realizó en el Parque de la Exposición en marzo del 2004. En esta fiesta musical y a los 22 años de su fundación Alborada logró reunir 22 músicos, entre ellos a su nueva adquisición: Wilber “Cebollita” Ayvar. Esto a servido también para ser invitados a tocar en noviembre del 2005 en el festival de homenaje por el 35. Aniversario de la Familia Rodríguez.
Alborada ya no es sólo el grupo musical de música folklórica a ultranza, ahora es una propuesta artística que incluye música, danza y perfomances visuales, por lo que cada presentación es un acontecimiento novedoso. Su último CD y DVD Alborada… live con la participación de músicos procedentes de vertientes disímiles confirman que las fusiones son posibles y saludables, y además una seria advertencia de que sólo se mantendrá la tradición renovando las raíces ancestrales. Es admirable el acoplamiento de las guitarras del ayacuchano Ronald Contreras, Oscar Cavero, guitarrista de Armando Manzanero, y Felipe Humareda, bajista de Eva Ayllón. Así mismo César Lezcano, baterista de Gianmarco, y los percusionistas Kike Herrera, Leonardo Parodi y Hugo Bravo, este último ganador de un Grammy junto a Susana Baca, muestran su capacidad de diálogo con lo andino. Hay ternura en las voces de los coros a cargo de Yuli Humareda, Claudia García y del profesor de canto Julio Zavala. La nota clásica y moderna la colocan César Pacheco en el cello y la concertista de la Sinfónica Nacional del Perú Maria Elena Pacheco en el violín. Y todo bajo la batuta y los arreglos de Iván Raffo Lazarte.
Finalmente antes de despedirme de estos inquietos y avisores músicos, me dice “Sixtucha”, casi rayando en la más profunda humildad: “Nos llena de orgullo que después de una de nuestras actuaciones el director del colegio von Humboldt nos invite a impartir unos talleres en sus aulas. Es lindo escuchar a un grupo de ‘gringuitos’ interpretando dos canciones en quechua. Entonces sabemos que nuestra propuesta de rescatar la cultura de los Chancas y el idioma de nuestros orígenes, el quechua, no es en vano”. Sus dos compañeros “Toto” y “Allin Qampy” sonríen con cierta timidez y sus miradas se pierden entre la gente que pasan por la calle frente a la catedral de Colonia. Me voy pensando que Alborada es música y cultura irreverente, fiesta, tradición y modernidad. Será pues que la diversidad, la multiculturalidad es fecunda en este mundo que tiende a la uniformidad.
Frente a los poderosos movimientos populares de América Latina en las décadas del 60 y 70 que amenazaron derrumbar gobiernos y democracias corruptos saltaron al ruedo las fuerzas armadas dispuestas a todo. Salpicaron de sangre la historia y enlutaron la vida de pueblos enteros. Miles de ciudadanos salieron al exilio. Y Los escritores, especialmente chilenos y argentinos, llenaron páginas de martirios, de persecuciones, asesinatos masivos, configuraron imágenes de una soldadesca simiesca y abominable, pintaron los contubernios de las elites religiosas y militares. Después de despertar una gigantesca ola de solidaridad con los pueblos masacrados, se ocuparon del desarraigo, de los asuntos de la identidad, del eterno retorno, del miedo ante lo nuevo, de la soledad.
Los del exilio
En 1975 llegó a Berlín el chileno Antonio Skármeta y ahora ha vuelto en calidad de diplomático. El discurso de sus novelas Soñé que la nieve ardía (1975), No pasó nada (1980) y La insurrección (1982) que se lo podría calificar de “realismo revolucionario” es un alegato continuo sobre el proceso democrático chileno, el exilio y la lucha contra la dictadura y la opresión. Hernán Valdés (Chile/Kassel) también se hizo de un nombre con sus célebres novelas del exilio traducidas incluso a varios idiomas europeos: Tejas Verdes (1974), A partir del fin (1984) y la Historia subyacente (1984). Omar Saavedra, después de habitar largo tiempo en Rostock ha fijado su domicilio en la cosmopolita Berlín. Si bien el transfondo de la obra de Saavedra está signada por la problemática del exilio y la identidad. Hay un constante combate por la asimilación, un rescate de lo más positivo y una exquisita confabulación de la cultura europea y alemana desde la mirada del extraño, lo que da un toque de humor y flexibiliza el acartonamiento alemán. Lamentablemente su obra no tiene la difusión que se merece, aunque no dudo que le llegará su turno. Su novela Blonder Tango (Tango rubio, 1983) fue llevada al cine, después aparecieron Felipe kommt wieder (El regreso de Felipe, 1987) y Frühling aus der Spieldose (Primavera en caja de música, 1990) que fue un éxito en los tiempos de la Alemania Democrática. Su último libro es Die grosse Stadt (2001). Otro fugado es David Hernández (El Salvador/Hannover) quien ha publicado, entre otros, Putolión (1999). Isabel Lipthay (Chile/Münster) posee una prosa y una redacción impecables, sin embargo, el ejercicio del “voluntarismo revolucionario” le resta brillo a muchos de los cuentos editados en Aquel Encuentro /Die Begegnung (1998).
Los nuevos novedosos cuenteros
Los escritores latinoamericanos de Alemania somos una especie de marginados a partida doble. No estamos en Latinoamérica ni en Alemania. Somos fantasmas escribientes o escritores casi clandestinos. El Boom literario nos abruma. Los últimos fallidos inventos comerciales como el boomerang, el crag, más mexicano que otra cosa, y el McOndo sólo son noticias. Las agencias literarias, las editoriales y los medios de comunicación, sean estas teutonas o españolas, no se interesan por las obras que de alguna manera se arruman en las estanterías de algunas librerías. A pesar de todo, la literatura está presente en la vida cultural germano-latinoamericana. En nuestros textos hay un parentesco con las corrientes del crag y McOndo. El exilio y el compromiso social han dejado sitio al urbanismo, a una notable banalidad, a la mirada interior, a la soledad y el desarraigo, al amor, a la sexualidad y a la muerte en tiempos de globalización, a una sensación de extravío. Pero esto no es propio sólo de los latino-alemanes, la atomización, el desconcierto, la desesperanza es global, mundial. Ismos letales consolidan la desesperanza: terrorismo, fanatismo, extremismo, absolutismo, colonialismo se afianzan en el mundo sin que haya una fuerza masiva que las detenga. El exotismo ha sido reemplazado por la universalidad temática y los lectores europeos deberán entender que en nuestra literatura ya no está presente la fiera naturaleza y sus pasiones tropicales, que la absurda y exagerada mágica realidad no necesita de la ayuda del escritor pues la realidad latinoamericana es en sí misma una realidad trastornada.
La diversidad, la ficción y el juego escritural reinventando lenguajes y realidades son las características que encontramos en La agonía del condenado (1998) de Julio Mendívil (Perú/Colonia), en la novela Eclipse de Dama (2005) de Israel Pérez (Ecuador/Colonia), en la narrativa de Esther Andradi (Argentina/Berlín) autora de Tanta vida (1998) y Sobre Vivientes (2001), así como en Teresa Ruiz Rosas (Perú/Colonia) que escribió El Copista (1994) y Detrás de la calle Toledo (2004). En cambio Zé do Rock (Brasil/Munich) le dio una voltereta completa al idioma alemán y alborotó los medios académicos ligados a la reforma gramatical con su novela fom winde ferfeelt (1995). Hay un humor vital, aunque la hilarante fiesta de palabras para un aprendiz del alemán puede resultar un hueso duro de roer, sin embargo vale la pena aventurarse en estas páginas. Y claro, Lucía Charún-Illescas (Hamburgo/Perú) con su novela Malambo (Lima, 2001) le pone una nota de negritud a la literatura pero desde la esquina observadora de una mujer con una prosa y un estilo sustentados en una sobria estructura dramática. Mención especial merece Luis Fayad (Colombia/Berlín) que se dio a conocer junto a las grandes figuras del boom. En su novela Los parientes de Ester — Auskunft über Esters Verwandte (1978/1987) trata los vicios, los defectos y los miedos en el seno de la vida familiar de un reciente viudo y en Compañeros de viaje (Bogotá, 1991) los tiempos de la juventud rebelde. Su última novela es La caída de los puntos cardinales (2001). También Ricardo Colmenares (Colombia/Dusseldorf) constituye una novedosa irrupción por estos lares con Martiroligio (2002) y Manojo de Margaritas (2004). Así mismo Patricia Cerda-Hegerl (Chile/München) publicó la interesante novela El pozo del pasado (1999) que un viaje a los orígenes.
Naturalmente existes muchos “cuenteros” más, y ya los estaremos presentando por estas páginas. Aunque es justo decirlo que si bien toda la producción literaria está orlada por hermosos aciertos creativos, existe por otro lado alarmantes deficiencias, una clamorosa falta de calidad. Esperemos las novedades que algunos autores han anunciado y que de sus páginas se desprendan nuevas esperanzas aunque sea para morir en el estante de una biblioteca de cualquier parte en cualquier edad.
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Tienen nombres como Zsuzsa Bánk, Sherko Fatah, SAID, Emine Sevgi Özdamar, Yoko Tawada, Ilija Trojanow o José F.A. Oliver; nacieron en Estambul, Tokio, Budapest, Teherán , Sofía o tal vez en Berlín o en la Selva Negra pero en sus venas corre sangre kurda, española, turca, persa, húngara... y si algo los reúne es el idioma que han elegido para ejercer su literatura: escriben en alemán aunque son hijos de otras lenguas y culturas. Desde hace por lo menos dos décadas han aparecido en el horizonte de la literatura alemana autores de diversos orígenes, y mientras la academia se quema las pestañas para definirlos a partir de la llamada literatura “nacional”, ellos fabulan con una vitalidad y frescura poco comunes en estas tierras. ¿Cómo catalogar lo que escriben? ¿Literatura de inmigrantes? ¿Intercultural? ¿Multicultural...? En 1985 se creó un premio para galardonarlos. Me refiero al Adelbert von Chamisso, que la Fundación Bosch otorga desde entonces a escritores alemanes que provienen de otras lenguas, y ello en homenaje al naturalista y poeta galo (París, 1781) que vivió en Berlín, donde murió en 1838, y aunque el francés era su lengua materna, escribió la mayor parte de su obra en alemán.
“Hace años dije que la literatura de los países centrales europeos iba a ser transformada desde la periferia. Desde la inmigración...” me comentó Juan Goytisolo durante una de sus visitas a Berlín. “Los hechos me dieron la razón: el idioma francés ya está mediatizado por la literatura de los inmigrantes de origen árabe, y en Alemania se está consolidando la literatura de los turcos de la segunda generación...”
En efecto, el mismo fenómeno que en Francia cobró cuerpo en los ochenta cuando los descendientes de las ex colonias, además de jugar bien al fútbol (gloria, oh, Zidane), comenzaron a escribir y publicar en francés, se está reconociendo ahora en Alemania. En la última Feria del libro de Leipzig, en marzo pasado, la novela Der Weltensammler –El coleccionista de mundos– de Ilija Trojanow, escritor nacido en Bulgaria y que vive en Berlín, fue elegida como la mejor novela alemana.
“Estamos cada vez más cerca, pero sólo cuando algún escritor nacido fuera de Alemania o hijo de padres no alemanes reciba el Premio George Buechner [la distinción literaria más importante en lengua alemana, que se otorga desde 1951] pues entonces habremos entrado definitivamente al canon”, asegura José F.A. Oliver. Nacido en la Selva Negra en 1961 e hijo de trabajadores andaluces, Oliver ha sido catalogado por la crítica como uno de los mejores poetas alemanes de estos tiempos. Con una docena de poemarios publicados y autor de la prestigiosa editorial Suhrkamp, este trovador moderno transformó la lírica alemana contemporánea, recuperó la estética de la lengua popular al traducir sus libros al dialecto –allemanis– de la Selva Negra donde nació y vive, inventa palabras, escribe todos los nombres en minúscula, como ya lo habían hecho los concretistas, y su poesía se canta y se baila. “Dos mundos viven en mí” sintetiza el poeta. “Escribir en alemán sin ser alemán, ése es el tema. Me toca resistir [...] porque en mis versos y en mis sentimientos yo soy judío, turco, gitano y cholo”.
En el marco del último Congreso Internacional del PEN Club realizado en Berlín en mayo pasado, seis de estos autores y autoras fueron “presentados en sociedad” en una mesa redonda bajo el lema “Ah, pero ¿usted escribe en alemán...?” Allí hablaron de su relación con el idioma, de sus motivos, de sus pasiones, del viaje gramatical de una lengua a otra, y como cierre leyeron sus textos con todos los matices de una sinfonía.
Nada delataba su origen al oírlos: es literatura alemana. Y punto. Nada más ni nada menos. Pero al verlos, la huella de las sangres y otros soles y hemisferios marcan ciertos rasgos, los ojos, el tinte de la piel, la forma de moverse o gesticular. En algo sin embargo son nuevos, frescos y únicos: en su forma de abrazar el idioma, dirigir la mirada, moldear la escritura. Ya no se trata de excepciones sino de una verdadera corriente que renueva, transforma y enriquece la lengua de Goethe y Schiller atravesando fronteras, demostrando que los inmigrantes son algo más que una estadística incidente –para mal o para bien– en lo económico y lo social: también han puesto sus pies en la fuente de la cultura y relajan el alma en el agua del idioma.
Ilija Trojanow, por ejemplo, nacido en Sofía y residente en Berlín, es dueño de una capacidad de fabulación y un estilo lúdico en la escritura como pocos. Su último libro Der Weltensammler, que se mantiene en las listas de best sellers desde marzo, es la historia del colonizador relatada desde la mirada del colonizado, en un claro diálogo con ese otro alemán que se llama Georg Christoph Lichtenberg y que en uno de sus geniales aforismos escribió.
“Cuando los aborígenes descubrieron a Colón, hicieron un amargo descubrimiento”.
–Cuando estoy como turista en Nueva York me tratan como si fuera americana, en cambio en Hamburgo, donde vivo desde hace quince años, siempre soy extranjera –reflexiona Yoko Tawada, una talentosa japonesa que a los veintiuno eligió vivir en Alemania, escribe poesía, ensayo, novela y teatro, en alemán y japonés. Su última obra, Sancho Panza, fue estrenada en Barcelona por el grupo de teatro Lasenkan.
–¿Y a qué se debe esto? ¿Es que para los alemanes un extranjero siempre es extranjero?
–Bueno, para verlo positivamente, yo diría que los alemanes son más curiosos que los norteamericanos, prefieren preguntar para entender –responde Tawada después de pensarlo un poco. Y sonríe, como los textos que acaba de leer. ~