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Nació en una pintoresca aldea incrustada en la cordillera de los Andes del Perú. En el pueblo que hoy se ha convertido en la capital de la provincia de San Miguel de Pallaques (Cajamarca). Algunos años de su infancia transcurrieron también en medio de la exuberante selva amazónica, a orillas del río Utcubamba compartiendo aventuras con la etnia Aguaruna. Antes de cumplir los 12 años llegó a Lima, donde para sobrevivir tuvo que ponerle infinidad de trampas a la vida. Después de terminar la secundaria en la GUE “Pedro A. Labarthe”, estudió a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Universidad de Colonia (Alemania).
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Foto: Klaus Kammerichs |
En Lima vivió en Collique (Comas), una barriada del Cono Norte de la capital peruana. Con 17 años, metido entre viejos y curtidos dirigentes sindicales y barriales, participó en la fundación del periódico local “El Obrero”, con esta experiencia, entre el miedo y el acoso, fundó “Opinión Barrial” hasta que finalmente, los vientos del destierro lo trasladaron a la ciudad alemana de Colonia, ciudad donde reside actualmente y por eso tiene el gusto de hablar y discutir en alemán, escribir en castellano y amar con el corazón de un mestizo, de un cholo.
Estudió medicina, de algo hay que morir, pero se siente en el otro mundo a la hora de escribir, a la hora de llenar y llenar "páginas" en la computadora. La locura, los sueños, la incapacidad de no poder hacer otra cosa lo guían por los caminos de la literatura, de la creación literaria. Cuando no escribe ni lee se dedica a otro de sus hobbys: trabajar en un hospital.
Colabora con la revista alemana “ila” (Bonn). Así mismo integra el grupo ALA (Autores Latinoamericanos de Alemania). Comparte la coordinación de la Tertulia Literaria La Ambulante que se reúne una vez al mes. Y, sin querer queriendo, es el (i)rresponsable de Arte y Literatura del portal www.latinosenelmundo.de
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1) En las revistas alemanas Ila, Ila-latina, el Colibrí y Peru-Info.
2) Nouvelles d’ailleurs, (Cuentos). Francia, 1993.
3) De botellas y náufragos, (Cuentos). Ediciones Talleres de Escritura Creativa. Madrid-España, 1996.
4) Narrativa 1998, IV concurso Voces del Chamamé, Editorial del Norte, Oviedo-España, 1999.
5) Recuento, (Relatos hiperbreves). Publicaciones Acuman, Toledo-España, 2002.
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6) Nationalität: Schriftsteller – Zugewanderte Autoren in Nordrhein-Westfalen. Free Pen Verlag, Bonn-Alemania, 2002.
7) Cincuenta años de narrativa andina, (Cuentos). De Mark R. Cox. Editorial San Marcos. Lima-Perú, 2002.
8) Diversas historias y crónicas en la revista virtual www.ciberayllu.com (USA).
9) Nationalität: Schriftsteller – Zugewanderte Autoren in Nordrhein-Westfalen, Walter Lingan, Peru de Eva Weissweiler y Klaus Kammerichs. VHS-video y DVD, 13 minutos. Carasana Videoproduktion, Colonia-Alemania, 2004.
10) Comer con la mirada. Cuentos. Compilación y prólogo de Esther Andradi. Desde La Gente - Ediciones Instituto Movilizador de Fodos Cooperativos C. L. Buenos Aires - Argentina, 2008. |
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Arteidea Editores, Lima-Perú, 2008.
Escribir sobre el Perú constituye actualmente un verdadero desafío, y lo es más si junto a ello se exorciza a los demonios que cohabitan caprichosamente el tejido de nuestra realidad y la interpretación creativa que de ella hacemos.
Al parecer, Walter Lingán siempre tuvo presente esta premisa, pues sus cuentos tienen mucho de aquella experiencia inigualable que es aprovechar los detalles reales y sobrenaturales del ande peruano, su lugar de origen, pero también exhiben muy bien el estremecimiento y el mensaje producidos por estas experiencias que, en su estro, prosperan con maestría desde la asimilación inconsciente hasta la plasmación vehemente.
El Perú es un lienzo que concede múltiples recreaciones, y Lingán es un artista que no deja escapar nada: excelente trazo lingüístico, ambientación de primera mano, plasticidad técnica, realismo ineludible, temática vigente, simbología sugerente, denuncia social… La danza de la viuda negra bien merece integrar la nómina de los mejores libros de narrativa peruana publicados en los últimos años. (Ricardo Ayllón, Lima-Perú).
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Arteidea, grupo editorial. Lima 2009.
Los relatos de Walter Lingán reunidos en “La ingeniosa muerte de Malena” son sanos, frescos, y delatan su condición de forastero en Germania de bella manera, es decir, con arte literario. El bisturí lingüístico acecha, se incrusta y saja. La frase serpentea desde Colonia hasta Hamburgo, pasando por Lima y Estambul. porque su escritura ondula muy bien. Se ve que la ciudad de Colonia, donde reside el autor, le ha proporcionado bastante material de escritura (Miguel Rodríguez Liñán, París)
Todos los cuentos son lindos, anecdóticos, cuidadosamente pulidos y barnizados, y sacan pecho por nuestra Latinoamérica. Alterna jerga, canciones rafaelescas y otras yerbas, en itálica. La prosa-rosa de Lingán se lee y se deleita como esa música antillana, el calipso. Se va desgranando por nuestros ojos como un eucalipto florido, desgranando colores y sonidos más allá de la cutre realidad, más cerca del sueño y la fantasía. (David Hernández, El Salvador).
Manuel Scorza dijo que trabajó con mucho cuidado para escribir bien porque había tanta crítica de la calidad de la escritura en la narrativa regional. Así también Walter Lingán trabaja la letra con mucho éxito y es un placer leer su obra. Lingán no escribe narrativa indigenista o neoindigenista, corrientes ya pasadas y despreciadas por un segmento de la crítica literaria, sino que forma parte de un grupo estimable de escritores peruanos que se preocupa profundamente por su país. A diferencia de lo que dicen unos críticos, inquietarse por lo social no significa repetir los excesos del indeginismo, carecer de un sentido de humor o escribir mal. Walter Lingán es un escritor que escribe bien, tiene historias divertidas y posee un buen sentido de humor. Es un escritor de peso cuya fama va a seguir creciendo. (Mark Cox, USA).
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Arteidea, grupo editorial. Lima 2009.
Walter Lingán (San Miguel de Pallaques-Cajamarca), convertido en un escritor migrante como muchos otros autores, ha publicado Un pez en el ojo de la noche (Arteidea, grupo editorial). Se trata de un texto que se alimenta de lectura de libros, de poesía y novelas, preferentemente de su propia experiencia humana, vital. Esta su última novela viene a ser una historia en la que se mezclan ficción, añoranza, soledad y realidad, más “la experiencia de un lector insomne”. Bien podría afirmarse que es preciso seguir el desarrollo literario de Walter Lingán, debido a su innato talento para narrar y recrear la soledad de las multitudes, la soledad que originan las grandes ciudades, pese a la modernidad y algunas comodidades. (Luis Ayala, Lima-Perú).
Es peligroso asomarse a estas páginas en las que Walter Lingán tantea los límites de la razón y la paranoia. Las páginas de sus libros destilan intriga, sexo salvaje, fantasmas indígenas y cotidianos, y hasta el terror de la realidad. Un mundo privado que su elegante estilo pone a nuestra disposición. Es peligroso dejarse cautivar por la prosa de un autor llamado a ser uno de los grandes de nuestro tiempo. (Javier Menéndez Llamazares, España).
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Presentación de la novela "Un pez en el ojo de la noche" en Ginebra |
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Opto por enviar esta carta por la vía abierta con la esperanza que llegue a alguna computadora instalada en el Palacio de Gobierno, aunque seguro no va a ser leída, ni tomada en cuenta para nada, pero lo hago por una cuestión de ciudadano solidario con los pueblos amazónicos y con el pueblo peruano. Lo escribo pensando en Bagua Chica, pequeña ciudad en aquel entonces cuando llegué con mi familia con los aires de gran “colonizador”. Era casi un niño y no era consciente que nuestra presencia, tratando de salvarnos de la miseria en los andes, junto a la de miles de “colonizadores”, mejor dicho invasores de territorios aguarunas, awajún y otras etnias, significaba la destrucción y desnaturalización de las tierras comunales nativas.
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Seguramente tú, Alán García, como Fernando Belaúnde que tiraba al tacho de basura las cartas de protesta por la violación de derechos humanos en la sierra ayacuchana y otras zonas, vas a ignorar lo que te diga, te pida y exija. Te tuteo, sí, eso hago, así estaremos más cómodos, así dejaremos protocolos y formalismos para poder expresar las ideas con mayor libertad, como si fuéramos amigos, pero no somos amigos y gracias a Dios, pues soy ateo, no tengo esa desgracia. Dirás que te estoy faltando el respeto debido a tu gran investidura que te fue otorgada por el voto de un sector de peruanos.
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Pero si fuiste elegido autoridad máxima del país fue para promover la vida, para respetar a quienes te eligieron, para velar por el progreso del país beneficiando a todos sin distinción, y cuando de pronto pierdes los papeles y ordenas apagar las protestas de los pueblos amazónicos a sangre y fuego, has perdido para mí todo respeto y consideración. Y no me vengas con que presente mi candidatura y si me eligen, entonces puedo hacer leyes para darle el gusto a los protestones. Como electores, como ciudadanos, criollos o iondígenas, también tenemos derecho a la voz, al reclamo justo e incluso a la desobediencia.
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Cuando escuché en las noticias televisivas la palabra Bagua volví a mis felices años de niño “colonizador de la selva”. Escribo Bagua y estalla en mis recuerdos el aroma de las ciruelas y los mangos por las calles que me conducían al colegio Manuel Mesones Muro. Se me antoja revivir los partidos de fútbol en la calle El Comercio capitaneados por Juan y Braulio Rojas Nuñez y la dupla de Weche y Nene Quiróz. La iglesia y su bullangero campanario frente a la plaza vieja sembrada de tamarindos, celosamente guardada por una estación policial que parecía dormitar eternamente agobiada por el calor. El bullicio del mercado, el reconfortante y madrugador caldo de cashcas. El camino al río transitado por asémilas cargando agua para venderlo en latas casa por casa. Los bosques de cacao, plátanos, cañas, piñas desafiando a la corriente del Utcubamba.
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El verdor del arroz tierno en las pozas a punto de ser transplantado allí, vadeando el río, en esa extensa planicie frente a la ciudad. Recuerdo a los mellizos, cuyos nombres he olvidado, que sabían administrar su semejanza y nos hacían infinitas trampas para no pagar sus cuentas perdidas en los juegos de canicas y de trompos. Nuestras tardes, bajo el sol calcinante, dedicados a zambullirnos en las refrescantes aguas del Utcubamba. Las horas más frescas de la noche pegados a los libros junto a Sebastiana López Coral, Jorge Serrano y Concepción Quiróz Alcántara. ¡Ay, Bagua! Me duelen tus heridas abiertas ahora, tus venas goteando muerte otrora benefactoras de la vida. Parafraseando la canción de Pablo Milanés: yo pisaré las calles nuevamente / de lo que fue Bagua ensangrentada / y en su hermosa plaza de armas / me pondré a llorar por los ausentes... Por eso me dirijo a ti para manifestarte mi más enérgico repudio y condena a la masacre que acabas de perpetrar contra los pueblos originarios de la amazonía peruana, alzados en lucha pacífica en defensa de sus derechos ancestrales y la preservación del territorio y medio ambiente.
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Y no es la primera vez que la paloma blanca, el símbolo de tu partido, que convertida en negra mensajera llega con la muerte en el pico. Fue un junio de 1986 que convertida ya en cuervo voló entre las cárceles de Lima y El Frontón y sacó los ojos a los presos rendidos, casi nadie dijo nada pues se corrió la voz que los asesinados eran peligrosos terroristas, delincuentes armados de una idelogía extranjera: el comunismo. Cerca de 300 muertos y hasta ahora no hay responsables. Tú mismo dijiste que los responsables tienen que pagar por tan vil asesinato. O ellos, dijiste, o me voy yo del gobierno, pero no pasó nada, más bien la galopante inflación, la corrupción y el desgobierno te obligaron a irte con el rabo entre las piernas. Te fuiste al extranjero sin importar un carajo el destino de millones de peruanos que sufrieron las inclemencias de tu política económica desastrosa.
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En Colombia y Francia hay testimonios de la gran vida que llevabas, que te debería dar vergüenza comparando la vida de millones de peruanos a quien dices representar. Y es otra vez un junio del 2009, cuando han pasado tan solo 23 años, que la paloma metamorfoseada en ave de rapiña se vuelve contra los indefensos pueblos amazónicos. Tu soberbia y cinismo no tienen límites, han enlutado cientos de hogares y la sangre derramada te ha de perseguir como a Caín preguntando por la vida de los hermanos muertos, asesinados, quemados, también por los degollados, la carne de cañón guiada por la paloma-águila.
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Para colmo nos sales con el sanbenito de que son indios ignorantes, que se oponen al progreso del país, pobres perros del hortelano los que no comen ni dejan comer, que son manipulados por ideologías extranjerizantes, como si el ideario del APRA, de tu partido, no bebiera de las ideas revolucionarias surgidas en el continente europeo, claro, ahora ya las ideas primigenias de tu partido han sido enterradas en el sarcófago de tu viejo líder. Y gritas: ¡Complot internacional! Te llenas la boca con mentiras y más mentiras que ya nadie cree a estas alturas del partido. Ni se diga de tu socio, el premier Yehude Simón, que de incendiario (ayer socio activo del MRTA, del cual ahora reniega y jura y rejura ser católico empedernido, además de humanista) hoy a tu lado se ha convertido en bombero de las luchas populares.
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Ay, Yehude Simón, tu traición no tiene nombre, y no nos has traicionado a nosotros sino al sentido de la palabra: Humanismo. Todos sabemos, Alán García, no nos vengas con triquiñuelas, porque conoces muy bien que el Convenio 169 de la OIT, firmado y ratificado por la república del Perú, obliga a tu gobierno a consultar a los pueblos originarios toda intervención en sus territorios. Pero tú y todos los parlamentarios, que más están planeando como llenarse los bolsillos, se hicieron los locos de estos acuerdos e impusieron 9 decretos legislativos que abren camino a las condicionantes del Tratado de Libre Comercio suscripto entre el Perú y los Estados Unidos.
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Ni corto ni perezoso, sobre la sangre que acabas de regar, llegaste a inferir que detrás de esto “puede haber intereses comerciales del extranjero”. Que duda cabe, son los intereses que tú defiendes y por los que, una vez más, has llegado a ordenar la muerte. Eres tú, Alán García, quien privilegia los intereses de las transnacionales sobre la vida de los pueblos originarios de la amazonía peruana, del pueblo peruano, del país.
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Han muerto policías y pobladores del amazonas, hijos del pueblo, como siempre, no es nuevo, pueblo uniformado contra pueblo sin uniforme, pero qué manera más burda de utilizar a los muertos de los policías para cargar agua a tu molino. Has lanzado al aire un spot publicitario donde sólo mencionas a los policías muertos. Quieres mostrar la crueldad salvaje de los nativos. ¿Y qué de los nativos asesinados, de los desaparecidos, de los cadáveres quemados, de los cadáveres metidos en bolsas de plástico y lanzadas a las aguas del Utcubamba? Si todo eso es falso, demuéstralo, pues las fotografías y los videos filmados in situ no mienten. Intentaron acallar las noticias y requisaron celulares, cámaras y amenazaron a los periodistas, pero la verdad es más fuerte que la represión, y eso también lo sabes.
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Como ciudadano de pie, si es que tienes un poco de vergüenza te ruego, te pido, ya no sólo que se investigue todo lo sucedido en nombre de la verdad sino que dejes el Palacio de Gobierno, renuncia y haz algo realmente digno alguna vez en tu vida y en la historia de la política peruana. Seguro te reirás de lo que te pido, de lo que te solicito, pero recuerda que el crimen se castiga, aunque la justicia tarda pero nunca olvida. Es una mujer, la ministra Carmen Vildoso, que ha tenido el coraje de renunciar a su puesto por la manera escandalosa como mientes tú, apoyado por tus ministos y parlamentarios, como han tratado el asunto de los nativos y por ese insultante spot publicitario que se difunde por la televisión estatal financiada con el dinero de todos los contribuyentes. Han muerto cientos de peruanos y no sólo policías.
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La lucha de los pueblos originarios del Abya Yala, (manifestado en la cumbre de pueblos originarios realizada recientemente en Puno) y por las organizaciones sociales de todo el continente recién ha empezado. De modo que, tenlo por seguro, aunque te largues del Perú, de paso ya empezaste enviando a tus hijos fuera del país, no habrá descanso hasta que respondas por sus crímenes. Tú no debes explicaciones sólo al Perú, donde gracias a ciertos sectores que metieron miedo con eso de “las ideologías extranjerizantes” te resultó fácil evadir responsabilidades con respecto a la masacre de los penales de aquel junio de 1986 y fuiste elegido presidente por segunda vez. Ahora, de nuevo, tú y tu paloma-cuervo, ave malnacida, se han convertido en criminales de lesa humanidad y la persecución no cesará hasta que respondan por sus actos. No es una amenaza, no, nada de eso, pero mira a Fujimori, a Montesinos y a Guzmán, hoy en la cárcel disfrutan de las tempestades que sembraron.
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Este junio del 2009 los brutales sucesos que has originado han mancillado la confianza que el pueblo peruano te otorgó dándote una segunda oportunidad. Si realmente quieres al Perú, si lo amas con ese patriotismo con que te llenas la boca, deja el gobierno, convoca a un gobierno provisional o como quieras llamarlo, quizás así tus “pecados” serían atenuados en algo, digo yo. Ya sé que tu soberbia y tu orgullo no te lo permitirán, además están de por medio los intereses extranjeros que defiendes antes que la soberanía y el bienestar del Perú.
Mañana volveré a Bagua y pisaré de nuevo las calles y los parques ensangrentados, lloraré por sus muertos, por sus desaparecidos, me iré al río Utcubamba a bañar mis esperanzas por un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo.
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Porque soy cholo venido al mundo a más de dos mil metros sobre el nivel del hambre en San Miguel de Pallaques (Cajamarca). Porque me oriné apenas nacido en la bandera peruana que mi madre, empujada por la necesidad y la pobreza, improvisó como pañal. Porque soy mestizo, o sea, una mezcla de andino y criollo. Porque escribo en castellano, hablo, leo y discuto en alemán. Porque no puedo ser otra cosa que andino, criollo, mestizo y alemán, o sea, extranjero hasta los huesos. Porque leo a Hermann Hesse, Goethe, José María Arguedas y Ciro Alegría. Porqué alguna vez leí a Carlos Marx y a José Carlos Mariátegui y casi no les entendí nada, salvo que el capital es inmoral y que la revolución en el Perú no debe ser ni calco ni copia. Porqué me entretuve descifrando la dialéctica de Engels, los escritos de Lenín y otros marxistas europeos. Porque leí a Paul Sartre, a Simone de Beauvoir, a Herbert Marcuse, a Rosa Luxemburg y a Georg Lukács. Porque leí Mao II de Don Delillo y me convertí en fanático maoísta. Porque después descubrí el Foro de Yenán, Las Cinco Tesis y algo sustancial de las Obras Escogidas de Mao Zedong. Porque los intelectuales de mi país discuten, arman broncas en nombre del pueblo bebiendo café latte y saboreando caviar importado, que no está nada mal, sabroso. Porque mi padre con su ejemplo me enseñó que vale más un trabajador que lucha por sus derechos antes que un esclavo de corbata. Porque lloro cuando fracaso en algún propósito y no dejo de ser hombre. Porque veo como el mundo se resquebraja por acción destructora de ciertos hombres. Porque es verdad que el capital no tiene patria ni dios ni moral. Porque a los políticos que gobiernan el Perú no les interesa un comino el Perú ni las aflicciones de su gente. Porque la prepotencia de algunos políticos, intelectuales y comerciantes convierten al Perú en un arti-culito que mean o venden a su placer. Porque Alán García y compañía no tienen idea de cultura ni respeto por la creación artística. Porque la literatura y el arte han sobrevivido como una flor de cantuta frente a las miasmas de Fujimori y Montesinos. Porque deseo que todos tengamos las mismas oportunidades. Porque no hay indios brutos ni limeños inteligentes, todos somos capaces de aprender siempre y cuando se nos conceda las herramientas necesarias mínimas. Porque resulta peligroso amar la justicia y la belleza, amo a partida doble.
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Porque me gusta la prosa de Julio Cortázar y la poesía de Rubén Darío. Porque leo con ahínco a Mario Benedetti y a Mario Vargas Llosa, así como a Iván Thays y Alfredo Bryce Echenique. Porque no hay premios literarios municipales, ni regionales y mucho menos nacionales. Porque leo con gusto la poesía de Mario Florián y Javier Heraud. Porque Alonso Cueto puede escribir La hora azul sin una pizca de rojez en sus Grandes miradas y Fernando Ampuero le manda un Caramelo verde a la gran Puta linda. Porque Enrique Verástegui es soprendente con su Terceto de Lima y es combativa la poesía de Gustavo Valcárcel. Porque Ese oficio no me gusta de Rocío Silva Santisteban recuerdo haberlo leído en algunas de mis horas más sentimentales. Porque algunos poemas de Antonio Cisneros no me gustan ni me dan ganas de leerlos. Porque la poesía de César Vallejo, a quien admiro, me deprime y sin embargo lo evoco, lo transcribo y lo menciono hasta la saciedad. Porque leí, entre muchos otros, con el mismo placer El cazador de gringas de Mario Guevara, Cuando llegue la noche de Patricia de Souza, Los sueños de América de Eduardo González Viaña, el Canto de sirena de Gregorio Martínez así como Die dunkle Seite der Liebe de Rafik Shami, Der Samurai von Savannah de T. C. Boyle y Pastoral americana de Philip Roth. Porque me gusta la sencillez lírica de Melacio Castro, el conquistador silencio de Blanca Varela, la frescura transgesora de Luis Hernández y Sui-Yun. Porque ciertos letratenientes escriben sobre una señora guerra que habitaba en los Andes y ciertos proletras, cholos-indios-andinos, desde el centro de las cordilleras y las cárceles abren el baúl de los recuerdos y sacuden la ceguera de los que aún no quieren ver Amarillito, amarillando flor de retama. Porque Luis Nieto Degregori dice que en Ayacucho hubo Harta cerveza y harta bala. Porque Areli Aráoz grita con toda tranquilidad Después del silencio y Miguel Gutiérrez nos pone al día sobre la guerra como debe ser con las Confesiones de Tamara Fiol.
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De Izq. a Der.: W. Lingán, J. R. Ribeyro, L. Chariarse, P. Barrantes y A. Barrantes. Sentada: M. Li Lingán (Foto archivo personal, 1984) |
Porque Julio Ramón Ribeyro a quedado en mi memoria como un señor muy flaco conversando con Leopoldo Chariarse en Düsseldorf. Porque me gusta la hermosa Raquel Welch y también Julia Roberts por ese su no sé qué que tiene. Porque Magaly Solier no es Raquel Welch ni Julia Roberts y sin embargo me gusta y además canta bonito en quechua. Porque amo a todas las mujeres sin distinciones, en cantidades abundantes y democráticamente. Porque nunca entendí pero me gusta la música de esos ex-pelucones llamados The Beatles y me encantan las canciones del ex-negro Michael Jackson. Porque cuando escribo o leo tengo como fondo musical a Radio Köln, al Picaflor de los Andes, a los Reales de Cajamarca, a Los Embajadores Criollos, a Lucha Reyes, a Sandro, a Palito Ortega, a Leo Dan, a Raphael, a los Hermanos Gaytán Castro, a Luis Ayvar, a la Estudiantina Lampa, a la Pastorita Huaracina, al Dúo Ayacucho, a Chacalón y su Nueva Crema, a Juan Luis Guerra, a Los Prisioneros, a Gloria Estefan, a Oscar D’León, y a muchos más. Porque leo con Pudor a Santiago Roncagliolo, con curiosidad me meto en Las noches de Morgana de Jorge Benavides, con temor voy descubriendo el Ajuar funerario de Fernando Iwasaki y espectante me sumerjo en La agonía del condenado de Julio Mendívil. Porque atravieso a oscuras Die Straße de Cormac McCarthy, desesperado leo Der kurze Brief zum langen Abschied de Peter Handke y me lagrimean los ojos Beim Häuten der Zwiebel de Günter Grass. Porque el País de Jauja de Edgardo Rivera Martínez me trasladó a mi infancia por las quebradas serranías de Cajamarca. Porque la Violencia del tiempo de Miguel Gutiérrez me ocupó mucho más tiempo que la violencia. Porque gracias a Oswaldo Reinoso ahora sé que realmente En octubre no hay milagros. Porqué estoy convencido de que mi paisano Elqui Burgos es un Cazador de espejismos y, otro de mis paisanos, Alfredo Pita es definitivamente El cazador ausente. Porque Óscar Colchado Lucio me permite pasear de la mano con Cholito en la ciudad del río hablador y subir jadeando la Cordillera Negra. Porque ahora apresurado, raudo, paso frente a Das Haus de Mark Z. Danielewski. Porque por el Camino de Ayrabamba y otros cuentos encontré a Susana Guzmán en Mi noche sin fortuna. Porque en medio del carnaval de Colonia el Bombardero de César Gutiérrez y los diablos sueltos de Christian Reynoso celebran el Febrero lujuria.
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Porque escribir es un oficio ingrato, difícil y placentero y otorga muchos privilegios. Porque leer también tiene sus bemoles, mucho más cuando debo revisar con suma urgencia una especie de manual de Angiographie – angiographische Interventionen para poder escribir, es decir, para vivir y escribir. Porque sobre mi mesa se apilan Eine Liebe Swans de Marcel Proust, Amerika de Franz Kafka, Das Bildnis des Dorian Gray de Oscar Wilde, Ein Porträt des Künstlers als junger Mann de James Joyce a la espera de que les preste atención para una relectura. Porque Las intermitencias de la muerte de José Saramago, Contra Bush de Carlos Fuentes, Las ventanas y las voces de Juan Carlos Botero y Mein Gott ist Schwarz de Hidir E. Celik me piden a gritos que por fin los lea. Porque leí Coquito y Carlitos y a mis siete años me enamoré locamente de mi maestra de la primera escuelita fiscal. Porque podría seguir mencionando a tantos autores que he leído y los que aún están pendientes de ser leídos. Porque miro la estantería de la habitación donde trabajo y me entretengo, y admito que es demasiado aburrido enumerar a los autores que he leído, los libros que más me han gustado y todos aquellos que después de tres o cuatro páginas los volví a cerrar definitivamente.
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Porque muchos políticos de izquierda, luego del fracaso del “senderismo”, mejor dicho, del terrorismo, y en nombre del reciclaje y la modernidad, o sea, la moda y el Tratado de Libre Comercio, ahora son humanistas, liberales, neoliberales, apristas, evangélicos, escépticos, estéticos, nacionalistas, cristianos y otras cosas más por inventar. Porque después de la Caída del Muro de Berlín el mundo es otro mundo peor. Porque los escritores somos seres humanos normales y corrientes, con deberes y obligaciones, entonces tenemos el derecho de elegir y ser elegidos, por lo tanto no es extraño que abracemos y defendamos una ideología. Porque muchos escritores fueron en su tiempo anarquistas, otros socialistas, otros socialdemocrátas, otros comunistas, otros fascistas, otros conservadores, otros ultraderechistas y otros ultraizquierdistas. Porque algunos poetas, como Javier Heraud, consecuentes con su pensamiento y sus esperanzas, se fueron a la guerra, y otros, por cuestión de acomodos y modas y vergüenzas hoy están en nada o se han pasado a la otro orilla, a la de los vencedores. Porque ser maoísta no es lo mismo que ser terrorista, senderista, enemigo de la patria. Porque nadie tiene comprada la verdad. Porque en el Perú un grupo político armó, en nombre de un pueblo que nunca se lo pidió, la guerra popular prolongada, mejor dicho, armó el terror contra el pueblo y los gobernantes de turno. Porque el Estado Peruano con sus Fuerzas Armadas y Policiales organizó también una encarnizada persecución contra los terroristas y todo aquello que no le gustaba o tenía cierto color sospechoso. Porque los derechos humanos sólo existen en la letra. Porque las leyes no se cumplen y la corrupción es un sambenito imparable. Porqué milité en un partido de izquierda por razones de conciencia. Porque me privaron de la militancia de ese partido por razones de indisciplina y por otras razones indiscutibles. Porque ahora la izquierda es electoralmente cero a la izquierda y alguna izquierda esta sentada a la diestra de la derecha. Porque no me gustan los escritores panfletarios ni tampoco creo que un libro o un poema pueden cambiar el mundo. Porque leer es bueno, abre los ojos, ayuda a reflexionar. Porque la revolución es una cosa seria, una cuestión de todos los días y toda la vida. Porque me pueden acusar de terrorista, de marxista, de maoísta o de lo que quieran, pero nunca me acusarán de no haberme solidarizado con los pueblos y los pobres de este mundo, con los que sufren y luchan, con los que sueñan y amanecen con las esperanzas renovadas. Porque creo fervientemente en el socialismo, en el bienestar para todos, en la justicia y en la libertad, en la belleza y en el amor. Porque a partir de ahora me llamarán de todo, no me invitarán a ningún congreso literario, ni a una lectura, ni a sus programas en la radio y la televisión, ni me harán una entrevista, ni escribirán reseñas de mis libros en sus revistas o periódicos y de ciertas editoriales inciertas me correrán como a un apestado.
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Porque el Perú es un país andino no creo en la existencia de las literaturas “andina y criolla”. Porque criollo, criollismo, son sinónimos de vivo, pendejo, sapazo. Porque creo que la dicotomía andino-criolla en la creación literaria del Perú es un invento de ciertos intelectuales para tener un pretexto de un café latte y llenar blogs exhibiendo sus enjundiosas teorías de la nada. Porque hay limeños que escriben y también hay provincianos que escriben. Porque en Lima hay de todo y en las provincias falta de todo, sin embargo la imaginación es grande, nada envidiable a la fantasía limeña. Porque en Lima hay escritores del Cercado y hay otros escritores de las barriadas o Pueblos Jóvenes. Porque la literatura peruana en general es buena y tiene futuro, lo que falta es que se difunda debidamente y que no sólo los textos premiados en Perú o Europa sean considerados los emblemas de la literatura peruana. Porque hay escritores mediáticos, leigth y se mueren por aparecer en todo sitio, en todo lugar y hay escritores que escriben y escriben sin esperar mucho o nada o muy poco y de ellos será la gloria. Porque la ignorancia de los críticos y estudiosos de la literatura peruana en Perú y en Europa va a cambiar en la medida que la literatura de provincianos y limeños tengan los mismos e idénticos canales de difusión y venta. Porque los concursos literarios dejan mucho que desear y gran parte de ellos se organizan sólo por razones comerciales. Porque los concursos literarios que introducen a los ganadores en el mundo del comercio son necesarios. Porque hay, deben haber, escritores de derecha, conservadores y también hay, deben también haber, de izquierda, revolucionarios. Porque son escritores de derecha o proimperialistas no significa que sean mejores, ni los únicos representantes de la literatura peruana. Porque son escritores de izquierda o revolucionarios no quiere decir que tengan la razón y descalifiquen a los colegas que no tienen su mismo credo.
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Porque el Perú es múltiple en forma, colores, tonos y sabores. Porque sólo hay buenos escritores al margen de las ideologías, de los credos y los dogmas: esos son los “guías luminosos” de la literatura peruana. Porque los poetas superen los calvarios de César Vallejo. Porque los narradores se desprendan de la teta de Mario Vargas Llosa y de José María Arguedas. Porque la literatura, su lectura y calificación también es una cuestión de gustos y disgustos. Porque con mafias o sin mafias los escritores peruanos tienen la urgente tarea de crear, imaginar nuevos mundos, nuevos fantasmas y abrir nuevos caminos para bien de las letras, del andinismo, del criollismo, del charqui y el cau-cau.
Finalmente, disculpen por incluirme en el oficio de los escribidores aunque sólo haya publicado algunos libros y siga siendo el famoso escritor casi inédito, casi desconocido en mi país de origen. Quiero terminar parafraseando al famoso y conocido escritor norteamericano Truman Capote que dijo: Ich bin Schwul. Ich bin ein Genie... na und? Dicho esto en cristiano: Soy homosexual, soy un genio... ¡y qué! Yo quiero decir, por todo lo anterior y por todo lo que vendrá, y aunque se caiga el cielo, desaperezcan el sol y la luna y la tierra se haga pedazos: Soy maoísta, soy escritor... ¡y qué!
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Walter Lingán preparado para carnavalear (Foto: Archivo personal). |
El carnaval de Colonia o la quinta estación del año
Texto: Walter Lingán
Fotos: Luisa Pérez.
Vengo del Sur, de un pueblo perdido entre los Andes peruanos. En la escuela me llamaban: Cholo-de-mierda, otras veces: Cholo-come-papa-con-gusano. En una ocasión me llamaron: Cholo-huevo-frito-sin-cuaderno, y es que una tarde, cuando el maestro aún no entraba en el aula, uno de mis compañeros, Limeño-de-pura-cepa, arrojó mi cuaderno de historia por los aires. Entonces, perdiendo el miedo y decidido, el Indio-que-vive-en-mí se levantó y estrelló un puño contundente en el rostro lechoso del muchacho. Desde ese día Limeño-de-pura-cepa-nariz-rota no tuvo más ganas de fregarme la pita.
Hace unos días, mientras caminaba por el atrio de la catedral de Colonia se me acercó un niño rubio, de piel blanquirojiza, casi transparente, me tocó y, alejándose a toda carrera, decía contento: Ich habe einen echten Indianer berührt!1. Los alemanes me llaman Indianer, sólo Indianer. Y fue recién en Colonia que el Indio-que-vive-en-mí se enteró de lo que todo el mundo sabe sobre los alemanes. Pudo comprobar que los alemanes son muy disciplinados, puntuales, serios y trabajadores. Aunque en realidad es una verdad a medias. Sin ser socialistas, gente un poco rara que ya no existe en el planeta por obra y gracia del pujante capitalismo, todo lo tienen fríamente calculado, numerado, organizado y planificado. Son puntuales sacando al perro a la calle para cagar los jardines y mear los postes. No les gusta el ruido ni el menor asomo de alegría, defecto que ostentan ciertos extranjeros tercermundistas alemanizados. Durante los días laborales recorren las calles, apresurados y silenciosos, temerosos de perder el tren o el bus y llegar tarde al trabajo. El transporte público cumple también con rigurosidad suiza sus rutas y horarios, pero como los conductores son extranjeros nunca llegan puntuales a sus respectivos paraderos. Los fines de semana, arrastrando cantidades enormes de alimentos enlatados y cerveza, forman, con una seriedad envidiable, largas colas frente a las cajas de los supermercados.
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Una mañana, el Indio-que-vive-en-mí con sus anteojos de sol, que se pueden usar también para ir a esquiar, todo lo vio de otro color. Era noviembre. El otoño teñía de rojo y amarillo a los árboles y matorrales de calles y parques. Las hojas secas conformaban bulliciosos tumultos. El viento frío, coqueteando con las nubes, jugaba a hacerles el amor. La quietud de algunas calles de la multicultural urbe colonesa había sido rota por el desplazamiento de músicos extraños y comparsas alegres y coloridas. De un taxi bajaron dos soldados vestidos al estilo de la época de Napoleón: charreteras doradas sobre uniformes azul-rojos, espadas brillantes al cinto, botas negras caladas hasta las rodillas, guantes blancos y contorneadas boinas rojo-azules bordadas con hilos de oro y plata. ¡Ah, claro!, —dijo sorprendido el Indio-que-vive-en-mí— aquí los locos viajan en taxi, estamos pues en Alemania, un país desarrollado hasta la locura. Por otra calle, seguida por un grupo de soldados napoleónicos, una banda de músicos armados de cornetas, tambores y platillos, desfilaba alborotando a los tranquilos paseantes. Llevaban estandartes anunciando a la Ehrengarde der Stadt Köln2. ¿Recuerdan acaso el triunfo de alguna guerra? Desde la esquina opuesta hizo su ingreso un nuevo grupo de soldados con curiosas vestimentas, una mezcla de trajes a la romana y francesa de siglos pasados, y se sumó al cortejo. Llevaba una bandera de la Düsseldorf Karneval Gesellschaft e.V. - Weissfracke3. Al final el Indio-que-vive-en-mí, luego de una larga y paciente explicación, pudo comprender de qué se trataba. Le dijeron que cada año en el casco antiguo de la ciudad durante el Elfter im Elfter, carnaval de un día, la ceremonia más entusiasta y chiflada de la fiesta, el alcalde presenta a los superlocos del carnaval: das Dreigestirn4. Ellos son parte de los once elementos del carnaval colonés. Este Trifolium, tres hombres aún sin sus ornatos: el Príncipe, el Campesino y la Doncella, son los flamantes monarcas del loquerío. Cualquier joven habitante de la ciudad o de sus alrededores podría ser elegido para integrar este monárquico trío de estrafalarios, pero tienen que estar en condiciones de poder solventar los altos costos que requiere la aventura de hacer realidad sus sueños de Príncipe de los locos.
El día once del once a las once y once de la mañana empieza la gran fiesta y quizás este sea el origen del Elf, der Jeckenzahl5, aunque en realidad esto siga siendo un misterio. Algunos creen que a la sombra de los once del Elferrat6 se agrupan todos los locos constituyendo una unidad de locura indisoluble. Sin embargo cada uno de los miembros del Elferrat es un individuo independiente, con igualdad de derechos, mejor dicho: «uno junto al otro». Hay quienes creen que tiene que ver con las «once mil doncellas colonesas» y otros lo relacionan con las iniciales de la consigna francesa: Egalité, Liberté, Fraternité = ELF. Bueno, no importa ahora el verdadero significado del Jeckenzahl, la fiesta de los locos se ha iniciado. Kölle Alaaf!7, los diablos andan sueltos. ¡Hurra!
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En diciembre el invierno se acentúa. Apenas pasada la navidad y el año recién estrenado se pone vigente, los escaparates de las tiendas comerciales empiezan a vestirse de carnaval: globos, serpentinas, cadenetas; gordas narices de cartón, muñecos, caras de payasos, miles de monstruos, demonios y brujas pueblan el ambiente. Los bares chillan con la música de los Bläck Fööss, Die Kolibries o el rasposo canto del Colonia Duett. Sin embargo se dice que el Festkomitee8 no deja de trabajar ni un minuto del año. Organizando sobre todo el famoso Rosenmontag9. El clima también es un tema que preocupa a la gente, a pesar de los peores pronósticos, éste tiene sus veleidades: en verano llueve, en invierno la nieve puede estar ausente, y en febrero, durante los días centrales del carnaval, o sea, durante la quinta estación del año, se espera un clima bastante despejado, benévolo. Kölle Alaaf!
Das Dreigestirn, con corona, cetro y manto de púrpura, será proclamado por el alcalde y el presidente del Festkomitee a inicios de enero en Gürzenich, barrio ancestral de Colonia, y hasta el miércoles de ceniza, unas seis o nueve semanas, estará desplazándose por escuelas, asilos de ancianos, hospitales, cuarteles, barrios y calles. Sólo dos veces se rompió con la tradición y se reunieron los encantos de dos mujeres como doncellas junto al desvergonzado humor y desfachatada extravagancia del Príncipe y del Campesino. Fueron aquellos años en que los ojos de Hitler no quisieron ver a un hombre disfrazado de mujer y tenía a sus hordas metidas hasta en la sopa persiguiendo a homosexuales. Froni, una de las últimas doncellas, luego de su proclamación, emocionada, dijo: «Al comienzo sentía algo así como si fuera una verdadera mozuela durante la primera vez... Después, después fue simplemente hermoso».
¡Alaaf por nuestro Dreigestirn!, grita entrando en calor la High-Society colonesa. Y el Dreigestirn, bajo la divisa: «Los sueños pasan, pero una cosa es clara, el carnaval de Colonia dura todo el año» o Typisch Köln10, gobierna la jungla urbana encaramada sobre el volcán de la alegría. Durante estos días la ciudad adquiere otro ritmo, es un ritmo de locura que hasta la fecha el Indio-que-vive-en-mí no puede comprender. El vecino, días antes huraño y odioso, se deshace en amabilidad con su rostro de payaso y sonrisa de oreja a oreja. La vecina renegona, con faldita corta, medias rayadas y peluca roja-verde alborotada al viento, invita a beber de su botella de cerveza a la fauna multicultural que se le atraviesa en el camino. Mientras muchos extranjeros, sorprendidos por el repentino cambio suscitado en los súbditos alemanes, quisieran ir a la comisaría más cercana y denunciar a tanto escandaloso, a tantos monstruos que cantan, bailan, gritan y beben como barriles sin fondo. Yo me río viendo marchar la borracha alegría de mis vecinos. Entonces el Indio-que-vive-en-mí, salta, se pone su casaca negra y sale dispuesto a bailar y cantar bajo la nieve de colores que cae desde todas las ventanas. Es el Konfetti11 acariciando mi rostro, pintando mi cabello.
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El Indio-que-vive-en-mí, borracho y alegre, confundido con payasos, piratas, generales, bárbaros, blancos pintados de negros, caníbales negros con los pechos blancos, se ríe estruendosamente cuando ingresa al bar un hombre disfrazado de mujer con el culo de plástico rosado y los senos voluminosos saltando, tintineando. Abraza a su novia embozada de jeque árabe. El mundo se ha invertido. La noche trasnocha, sube el alkoholspiegel y los decibeles rompen la barrera del silencio. Los ricos se visten de pobres y los patrones se ponen al servicio de los esclavos del salario. Alemanes y extranjeros se abrazan, se besan, hacen el amor sin importarles el racismo y la xenofobia. El Indio-que-vive-en-mí grita: ¡Aláa!, y como todos están borrachos creen que ha gritado: Alaaf! Una vampiresa se le acerca, le muestra los dientes amenazantes, se prende de su corbata y unas tijeras diminutas la despedazan. Otras mujeres hacen algo semejante con otros hombres, armadas de tijeras se desplazan cazando corbatas.
Al inaugurarse el Straßenkarnaval12 en el Alter Mark, con la presencia del Dreigestirn y los prominentes de la ciudad, la locura popular alcanza su máximo punto. Bailarán, se balancearán cogidos de los brazos, y el amor, borracho, libre y travieso, hará de las suyas. Es jueves, brujas con sus escobas sujetas a la cintura, vampiresas con sus mamaderas llenas de sangre y ron, empapadas de delirio, celebran su aquelarre: die Weiberfastnacht13, en todos los barrios de Colonia. El Indio-que-vive-en-mí se despierta, la cama huele a vino, a cerveza, a perfume de mujer. Se levanta, su cabeza tiene dimensiones nunca imaginadas y no puede atravesar la puerta. Vuelve a la cama y ve tres mujeres de carne y hueso, sus rostros tienen huellas de maquillaje, los colmillos blancos de una vampiresa están sobre la mesa junto a su vestido negro; la máscara de bruja de la otra mujer descansa en el piso, la otra mujer conserva su nariz de cerdo. En eso ingresa un elegante Chaplín y le dice al Indio-que-vive-en-mí: Meine Frau ist sehr schön, y se acuesta al lado de una de ellas. La cabeza del Indio-que-vive-en-mí adquiere su verdadero tamaño y sale de la casa. En la calle silba el viento y el cuerpo, adormecido por el alcohol, es un cuchillo cortando el frío.
El domingo de carnaval el Indio-que-duerme-en-mí es arrastrado por las caravanas carnavalescas organizadas por las escuelas y los diferentes barrios de Colonia. Cientos de ingeniosas figuras desfilan haciendo las delicias de la gente que aplaude, grita y bebe cerveza o Glühwein14. La noche es cristalina como el agua y las estrellas arrebatadoras, con su belleza seráfica, tentadora, desparraman sandunga y luz por la tierra. La luna es roja, el sol es azul, las nubes verdes, los autos son caballos con herrajes de nácar y jinetes venidos de Marte y Saturno. El Geisterzug, el desfile de los fantasmas, arrastra cadenas vitales y profiere gritos venturosos al borde de la medianoche. Los alegres espíritus, al compás de música y cerveza a chorros, parecen almas que lleva Cupido para hacer el amor sin mirar a quien, para amarse los unos a los otros...
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La claridad del amanecer empieza a romper la oscuridad luminosa y el lunes asoma con el rostro más alegre del mundo. El Rosenmontag15, el acontecimiento más esperado de la delirante festividad, está a punto de partir. El Indio-que-vive-en-mí está apostado frente a la catedral, con el paraguas invertido para recibir, con mayor facilidad, caramelos, chocolates y ramilletes de flores. También hay otros latinoamericanos en idéntica posición, piensan llenar unas cuantas bolsas para endulzar, todo un año, la pobreza de sus familiares que viven en el Sur. Policías a caballo y otros, con pelucas africanas o la nariz pintada de rojo, se desplazan intentando poner orden. Miles de locos ocupan el centro de la ciudad: tocan flautas, tambores, platillos, cargan botellas de ron y botes de cerveza. Da lo mismo si llueve o sale el sol, el carnaval, o sea, carne vale, viva la carne, lebewohl Fleisch, saca de sus hogares a toda la gente para disfrutar de los días más bellos del año. Ahí están, «ya vienen, paso de vencedores». En inmensos carros alegóricos, rodeados de ambrosianas bailarinas dibujando malabares en puntas de pie y graciosos danzantes, aparece el Elferrat, le sigue el Dreigestirn, delante de ellos marcha una poderosa banda de músicos napoleónicos. El Indio-que-vive-en-mí toma cerveza, abraza a una muchacha, la besa, grita: Kole Alaá! La muchacha responde: Alaaf! Un elefante, con una botella en la mano, canta: Drink doch eine met...16. Un gorila le dice a una gata de barbas negras y ojos verdes: Denn et Heimwih nimmste met...17 La disciplina, el orden, el silencio y la tranquilidad tan sólo son palabras sin sentido y en las calles, la gente borracha, tambaleando, celebra la pérdida del sentido. Después de las primeras carrozas y comparsas se suceden, con breves pausas, una tras otra y otra... Parece un sueño de varios kilómetros, un libro ilustrado escapado de las entrañas fantásticas de Las mil y una noches. Una rodante Revue de farsa y parodia, un desfile saturado de drástica sátira con ribetes obscenos. Políticos y gobiernos caricaturizados por una enjundia popular que desdice la tan afamada parquedad y seriedad del pueblo alemán. Entre broma y realidad el ingenio poético sale a relucir: Schafft die Kriege ab / nicht den Karneval18. Marchan los muñecos de Kohl, Schröder, Fischer, y otros políticos reconocidos internacionalmente, aunque el Indio-que-vive-en-mí no recuerda haber visto a Carlos Marx, que desde Tréveris vino a Colonia, y entre carnaval y carnaval, publicaba su Gaceta del Rin. El día empieza a decaer cuando los últimos metros del cortejo pasan frente a la catedral. Hombres y mujeres, viejos y niños regresan con bolsas llenas de golosinas. En los oídos borrachos del Indio-que-vive-en-mí resuena la ininterrumpida exclamación que la gente hacía a los locos encaramados en los vistosos carruajes: Kamelle! Strüßje! Kamelle!19 Grito resuelto y vehemente que salta de la boca de quienes, apostados a lo largo de la ruta que sigue el desfile carnavalesco, esperan el maná del carnestolendas.
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Walter Lingán preparándose para carnavalear. |
El martes de carnaval es otra locura en los barrios. El Indio-que-vive-en-mí, borracho y cantando cilulos y carnavalitos, camina zigzagueando por la Zülpicherstrasse en busca del carnaval de Sülz. Finalmente a medianoche la locura, en todas sus formas, sale de los bares y a los gritos de Kölle Alaaf! se va concentrando en la Roonstrasse para quemar al Nubbel20, se leen discursos críticos a la política oficial y de este modo se pone fin a la Narrenfest21. El carnaval se acaba, soldados napoleónicos y romanos, payasos y bárbaros, seres extraños venidos de otros planetas o países beben los últimos tragos, las parejas emparejadas durante esos días se dan los últimos abrazos, los últimos besos, procuran los últimos segundos de placer, se despiden. Al día siguiente todos vuelven a sus quehaceres cotidianos, la seriedad, el orden y la disciplina cobran su habitual acartonamiento. El Indio-que-vive-en-mí se torna triste, taciturno, su vecino se queja por el ruido que hacen los hijos de una pareja extranjera, los perros puntuales salen a cagar los jardines, la vecina pierde su bondad multicultural y toda la gente lleva una cara de «si un poto se ha roto, yo no fui...»
El miércoles de ceniza, con la acostumbrada seriedad y disciplina alemana, se comerá pescado y si usted quiere saber lo que seguirá a continuación, sólo tiene que volver a leer esta historia. Also Kütt!22
1 ¡He tocado a un indio verdadero!
2 Guardia de honor de la ciudad de Colonia.
3 Sociedad del carnaval de Düsseldorf — Weissfracke.
4 El Triunvirato, conformado por der Prinz (el Príncipe), der Bauer (el Campesino) y die Jungfrau (la Doncella o muchacha virgen).
5 Once, el número loco.
6 El Concejo de los Once.
7 Esta frase se podría traducir como: ¡Viva Colonia!
8 Comité de Fiesta, gremio organizador del carnaval.
9 Lunes de Carnaval, el día más esperado, donde desfilan cientos de carros alegóricos.
10 Típico colonés.
11 Papel picado.
12 Carnaval callejero.
13 El Carnaval de las Mujeres.
14 Vino caliente, aderezado con canela, clavo de olor, jugo de naranja, nuez moscada y azúcar.
15 El desfile del lunes de carnaval, cientos de carros alegóricos atraviesan las principales calles de la ciudad de norte a sur; coloneses, extranjeros y turistas se vuelcan a las calles.
16 Toma un trago conmigo. Canción escrita en colonés e interpretada por el celebrado grupo musical: Bläck Fööss.
17 Por qué pues te llevas la nostalgia. Canción interpretada por Et fussich Julche.
18 ¡Abolir las guerras / no el carnaval!
19 ¡Caramelos! ¡Flores! ¡Caramelos!
20 Figura de paja, al quemarla se termina simbólicamente con las penas y los sufrimientos.
21 La fiesta de los locos, así se le llama también a la fiesta de carnaval.
22 Frase colonesa que quiere decir algo como: Entonces vamos, bueno pues vamos.
Publicado en Quehacer Nro. 165 y en la revista virtual Ciberayllu.
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